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“Mejor ir mentalizada de parir sin epidural”

Fue un consejo de mi matrona, a la que siempre recordaré con cariño como una buena profesional apasionada con su trabajo (tanto que creó su propia página web divulgativa con el nombre Vivir la maternidad), cuando estaba embarazada de Julia. Fue hace ya casi una década, en las clases de preparación al parto.

Nos contó, a la docena de embarazadas que estábamos allí sentadas, aguantando el pis y las incertidumbres, que era mejor ir al parto mentalizadas de hacerlo sin epidural. “¿Pero cómo? Si yo estoy convencida de quererla. Si no tengo ningún interés en intentar parir sin ella”, pensaron muchas y verbalizaron algunas.

Entonces nuestra matrona nos contó que hay muchos motivos por los que nos podemos encontrar en pleno trabajo de parto sin posibilidad de acceder a esta forma de mitigar el dolor. Puede pasar que el anestesista esté atendiendo una urgencia y no pueda acudir a tiempo a atender a la parturienta, puede ser que la dilatación avance deprisa o lleguemos tarde al hospital y ya no proceda ponerla (a partir de los 8 o 9 centímetros de dilatación), puede que el anestesista vea algo que le desanime a ponerla, puede ser que nos la pongan y no funcione…

Pasa con más frecuencia de lo que parece. En una noticia de 2014 publicada en 20minutos se contaba que los partos en los que se emplea la epidural se encuentran alrededor del 80% y que de entre estas mujeres que optan por esa técnica analgésica, en un 75% funcionará bien. Es decir, que en un 25% no lo hará. Una de cada cuatro, que no es poca cosa.

También nos contó que se había encontrado bastantes partos en los que la embarazada iba confiando en la epidural y cuando resultó que no se le podía poner por alguno de estos motivos, se bloquearon, casi colapsaron al darse cuenta de que se les venía un parto encima sin esa ayuda. “Así que mejor ir mentalizada de partir sin epidural por si acaso, por si no puede ser con ella, para no llevarse el susto”.

Recordé sus palabras en mi propio parto. Yo iba intentando citar a conciencia la epidural, porque no quería correr el riesgo de que se prolongase el parto, porque quería ayudar a mi hija, porque quería sentirlo, quería poder moverme (ahora hay más opciones para lograrlo, epidurales mejoradas, no era una opción entonces en mi hospital). Nueve horas después y con una niña de casi cuatro kilos y 90 de percentil de cabeza, la pedí porque no podía más. Y no funcionó. Mejor dicho, solo funcionó en la mitad de mi cuerpo, me impidió levantarme y caminar y no ayudó demasiado.

Las he vuelto a recordar de nuevo hace poco, tras el parto de una amiga en el que la epidural no funcionó en absoluto (no es el único caso que me he encontrado entre medias). Y volví a pensar, casi diez años después, en la razón que tenía mi matrona, que también decía que el parto era más cansado que doloroso y en lo que creo que también tenía razón.

 

Walking epidural (HOSPITAL DE MANISES/CHANAWIT)

¿cómo se pone la epidural? Hay que sentarse o tumbarse sobre el lado izquierdo y permanecer muy quieta. Se limpiará la zona, se inyectará un anestésico local y luego se insertará una aguja en el espacio epidural, entre las vértebras lumbares ojo, que los tatuajes en esa zona pueden impedir el procedimiento).

Luego se colocará un catéter que irá introduciendo la medicación según la pauta decidida por el anestesista. Existe la opción de que la parturienta se suministre las dosis cuando sienta que las necesita (y limitadas, claro).

Existe la opción de lo que llaman ‘walking epidural’, que permite una mayor libertad de movimiento. No obstante, cualquier tipo de epidural afecta a la fuerza, el equilibrio y la capacidad de reacción.

Y para terminar, unos consejos que la que fue mi matrona tiene en su web relacionadas con este tema:

La manera de recibir a un hijo es decisión de la madre y no de los profesionales. Nuestra misión es acompañaros durante todo el proceso de maternidad para que lo viváis de forma saludable y feliz. Existen muchas alternativas para aliviar el dolor durante el parto no farmacológicas. En el siguiente enlace podrás informarte de ello.

Es interesante que ese enlace consultes el documento elaborado por el Ministerio de Sanidad. Ofrece unos consejos sobre estrategias alternativas para aliviar el dolor durante el parto.

También te aconsejamos que lleves tu plan de parto, esto es, un documento escrito que la mujer embarazada utiliza para manifestar sus deseos y expectativas en relación al desarrollo del parto. Puedes consultar el siguiente enlace donde hay plan de partos.

También te recomiendo que visites la maternidad y que te hagan una visita guiada. Seguro que cogerás información muy valiosa. Espero que todo te ayude a que tengas una vivencia como la que habías soñado desde siempre.

¿Pastillas contra el dolor del parto?

Por fin en España se empiezan a vender pastillas contra el dolor del parto, bajo el nombre comercial “pastillas CDP”. Tras tantos años de espera finalmente han pasado los filtros de ensayos y pruebas de laboratorios, incluido un amplio estudio a más de 16.000 mujeres de varios países. Y lo mejor de todo es que podemos decir que no tienen efectos secundarios.

¿Pastillas contra el dolor del parto? ¿Cómo? ¿De qué estamos hablando?. Eso es lo primero que pensé al ver el correo. Vale, estoy muy desactualizada. Como mis niños son ya mayores no escribo ni leo demasiado últimamente sobre el embarazo y el parto. Pero de algo así me tendría que haber enterado. De no ser porque me lo enviaba Esther Martín, la matrona que tuve la suerte de tener en mis dos partos, no hubiera mirado dos veces el correo.

“Son buenísimas. Mira el enlace y descubrirás todo lo que se necesita para el parto. Seguro que te gusta. Ha sido un folleto elaborado por el Ministerio“, me dice.

Y Esther es una profesional como la copa de un pino, madre reciente y una persona excelente, con la que da gusto tratar. En su afán divulgador ha creado una página de lo más recomendable que se llama Vivir la maternidad, así que he sido obediente y, pese a que el escepticismo ha hecho clic junto con mi dedo en el ratón, he seguido el enlace para informarme.

Obviamente nadie ha inventado o va a comercializar unas pastillas sin efectos secundarios contra el dolor del parto (ojalá), pero el folleto (o por lo menos sus principios activos) me ha gustado tanto que aquí os lo dejo:

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Más del 70% de las mujeres tienen pensado pedir la epidural en su parto

Al leer esta noticia he vuelto a recordar el consejo que nos dio mi matrona en las clases de preparación al parto previas al nacimiento de Jaime. Recuerdo perfectamente que nos aconsejó ir mentalizadas de parir sin epidural. Contaba que hay muchas madres que van al parto pensando en la epidural, convencidísimas de que será su tabla de salvación al dolor y al cansancio, pero que hay muchas razones por las que pueden encontrarse luego sin ese anestésico y que entonces muchas se bloquean, se les derrumba el castillo de naipes del parto para el que estaban mentalizadas.

Ella recomendaba por eso que la mentalización cuando estamos embarazadas fuera en sentido opuesto, que nos hiciéramos a la idea de tener un parto sin epidural incluso aunque indicásemos nuestra intención de ponernosla nada más pisar el hospital.

Creo que tenía razón. El día que tuve a Julia el anestesista estaba atendiendo una urgencia y no pudo bajar a poner epidurales hasta pasado un buen rato. Para mi vecina de sala de dilatación fue tarde, ya había dilatado demasiado y la epidural no se podía poner.

Yo la pedí y me la pusieron (iba pensando en no ponérmela, pero claudiqué), pero no me agarró bien. Sólo tuvo efecto en la mitad del cuerpo. Y además yo tenía que suministrármela con un pulsador y salvo por la primera dosis no lo apreté luego en ningún momento. Es decir, que mi parto podría decirse que se desarrolló sin epidural pese a habérmela puesto.

No tendré más hijos, salvo accidente, pero si tuviera otro (y pese a saber que mis niños son de cuatro kilos y cabezones) intentaría de nuevo no ponerme la epidural para ahorrarme sus efectos secundarios y poder moverme con libertad durante el expulsivo.

Pero más allá de quererla o no desde un principio, me sigue pareciendo un buen consejo ir mentalizada para parir sin ese sostén.

¿Cómo lo véis?

El 71,7% de las mujeres embarazadas atendidas en el Hospital de Manises tiene pensado solicitar la anestesia epidural, según la encuesta efectuada por este centro sanitario entre las asistentes a sus clases de preparación al parto.

Además, un 12% de las encuestadas se mostró en contra de este tipo de anestesia en el parto, mientras que el restante 16,3% no se manifestó al respecto.

El estudio, elaborado por los servicios de Obstetricia y Anestesiología del departamento de Salud de Manises, analiza el grado de información del que disponen las futuras madres y sus preferencias en cuanto a parto natural y anestesia epidural, informa en un comunicado la Generalitat.

Según el informe, el 55% de las embarazadas afirma que antes de asistir a los cursos de formación de este hospital no tenía información suficiente sobre la epidural, a pesar de que pensaba pedirla.

Aquí las ventajas e inconvenientes resumidas, extraídas de un artículo de Universia.

Entre las ventajas cabe destacar que es una de las técnicas más utilizadas y más efectivas que permite a las mujeres disfrutar del parto al disminuir notablemente el dolor. Además, mejora la circulación placentaria y disminuye la mortalidad perinatal, especialmente en recién nacidos de bajo peso.

Sin embargo, cabe tener en cuenta, también, los inconvenientes de la epidural. No siempre es posible realizarla, y a veces el resultado no es óptimo y puede alargar la duración del parto lo que puede provocar que los fármacos lleguen a la placenta y el bebé nazca un poco sedado. Además, la madre podría perder la capacidad de empujar llegado el momento del expulsivo y esto hace necesario recurrir al fórceps. Destacan también las últimas estadísticas, que muestran un incremento del número de cesáreas realizadas debido a la aplicación de la epidural.

Unas cuantas horas que no se olvidan jamás


Se confirma que la paciente está de parto, ingresando en paritorio. Monitorización fetal hasta la amniorrexis espontánea (líquido claro) y posterior monitorización fetal. Dinámica espontánea eficaz que no requiere el empleo de oxitocina. Profilaxis antibiótica por cultivo positivo. Tipo de anestesia: epidural.

Comienzo: inducido por PGE2. Tipo de parto: forceps. Cordón normal sin alteraciones. Episiotomía. Expulsión espontánea de la placenta sin incidencias. Revisión del canal del parto normal. Peso 3840 gramos. 36 centímetros de perímetro craneal. 49,5 centímetros de largo. Test APGAR minuto 9 5 minutos 10. Reanimación 0.

Esa es la descripción que hacen de mi parto los profesionales en el informe que me entregaron con el alta. ¿Un tanto fría, verdad? La mía va a ser algo más larga (espero que tengáis tiempo) y subjetiva.

Nos presentamos algo antes de las nueve de la mañana en el hospital universitario de Getafe y no nos hicieron esperar: nos pasaron a mi santo y a mí a una sala privada de monitorización, me tomaron la temperatura y la tensión y me exploraron, viendo que tenía una dilatación de apenas un centímetro.

Y decidieron ingresarme e inducir el parto con progesterona. Así que me dieron una bolsa de basura para guardar mi ropa, me puse uno de esos fantásticos camisones de hospital que te dejan el culo al aire (sobre todo porque es para alguien cuatro tallas más grande) a mi santo le pusieron unos patucos verdes y nos condujeron a la sala de dilatación. La número 1 por cierto.

Os pongo una foto de la sala que hice justo antes de romper aguas, mientras andaba dando paseos. Tenía también, aunque no se ve, un sillón para el acompañante y un baño con ducha.

La matrona que me atendió durante todo el día y que resultó ser encantadora me preguntó si quería ponerme un enema. En mi hospital, en el que por cierto no te rasuran, el enema es decisión de la futura madre. Yo decidí ponérmelo. Recordé que con la cesárea programada del peque, que ahí sí que es obligatorio, no me molestó en absoluto y agradecí los primeros dos días no tener que preocuparme de ir al baño.

Tras el enema vino la ginecóloga y me introdujo el tampón de progesterona, tras lo cual me tocó estar dos horas tumbada con la monitorización puesta. Aunque me advirtieron que podían esperar hasta 24 horas a que hiciera efecto, a los pocos minutos comencé a tener contracciones rítmicas, aunque no dolorosas.

También me tomaron una vía y me pusieron suero y la primera de las tres dosis de antibiótico (el exudado vagino rectal había dado positivo).

A las dos horas me liberaron de los enganches y me puse a pasear por la habitación mientras mi santo se iba a dejar mi ropa en el coche y a comer algo rápidamente. Sería lo último que comería en casi 24 horas.

En cuanto él regresó salimos de la habitación para pasear por el pasillo y casi nada más cruzar la puerta comenzaron las contracciones a ser dolorosas. Regresamos a la habitación justo a tiempo de romper aguas.

Avisamos a la matrona que me exploró y comprobó que había dilatado dos centímetros y me puso otro rato los monitores. Las contracciones eran fuertes y frecuentes, con el dolor localizado a la altura de los riñones, y me dijo que probablemente no me pondrían oxitocina.

Y a aguantar contracciones con la respiración y buscando la mejor postura, que resultó ser sentada a lo indio en la cama con la espalda muy erguida y la almohada a lo largo.

Al cabo de un rato largo, no sé decir cuánto porque en esos momentos no era capaz de distinguir una hora de dos, volvió, comprobó que tenía tres centímetros y me puso de nuevo monitores y oxitocina “por orden de los ginecólogos”.

Estuve únicamente una hora con oxitocina. Y ahí fue cuando pedí la epidural como os contaba ayer. El dolor ya no remitía entre contracción y contracción. La matrona me liberó de monitores mientras esperaba al anestesista, que tardó bastante.

Cuando llegó, bien avanzada la tarde, me tocó aguantar las contracciones sin moverme mientras me la ponía. Afortunadamente fue rápido. Otra vez me engancharon a los monitores y ya no me soltarían.

El efecto de la epidural sólo se hizo sentir en la mitad izquierda del cuerpo. Me pusieron de lado un rato pero no sirvió de nada. Al rato bajó de nuevo la anestesista y me planteó la posibilidad de mover la vía o incluso pincharme de nuevo, pero le dije y le pareció bien que sería mejor dejar las cosas como estaban. Las contracciones eran soportables con media epidural y prefería tener el control de los pujos y ser consciente de las sensaciones del parto.

Y pasó muy poco tiempo cuando noté ganas de empujar. Ya eran aproximadamente las nueve de la noche. Mi santo no creía que después de tantas horas con contracciones para dilatar tres centímetros en apenas una hora hubiera dilatado otros siete.

Pero llamamos a la matrona y, efectivamente, ya estaba en la fase del expulsivo. “Toco la cabeza a esta distancia” dijo señalando falange y media de uno de sus dedos.

Y comencé a empujar, tres o cuatro veces cada contracción. A la hora vino otra matrona, más enérgica, que dijo que la cabeza de la niña no estaba girando como debía, que debía empujar más y mejor y se quedó un rato dirigiendo mis pujos. Luego le tocó a mi santo hacer de entrenador personal.

Fueron en total algo más de dos horas de expulsivo. Yo estaba cansada, pero Julia debía estar agotada porque sus pulsaciones bajaban mientras yo empujaba.

Me llevaron a quirófano y me dijeron que la niña estaba ahí mismo pero que nacería con la ayuda de los fórceps. Me pusieron una mascarilla de oxígeno y me dijeron que serían sólo dos empujones más cuando ellos me avisaran y que tenía que echar el alma en ellos.

La camilla era semi icorporada, con dos estribos y dos agarres para empujar mejor. Hicieron salir al padre inminente me agarré de los mandos y empujé cuando me dijeron. Al día siguiente descubrí pequeños derrames internos en la cara interior de las manos consecuencia de esos dos empujones.

No soy de gritar. No lo había hecho antes, pero me percaté un tanto sorprendida de que lo estaba haciendo. Era un bramido más que un grito y no parecía mío.

La epidural hacía tiempo que había dejado de hacer efecto: apenas apreté un par de veces el botón de las dosis al principio de ponérmela. Pero es curioso que no recuerdo dolor con el corte de la episiotomía y los fórceps.

Hicieron pasar a mi santo rápidamente, que llegó a tiempo de ver salir a Julia y como me la colocaban sobre el pecho, llorando y cada vez más morada. Eran las 23:27 del día 9 de marzo. La placenta salió casi inmediatamente.

Y todo acabó y se olvidó mágicamente: las horas de contracciones, los pinchazos, las exploraciones, los pujos…

Se la llevaron, pero volvió enseguida con mi sangre en el pelo, bajo el gorro de hospital, y bien envuelta. Su padre la sostuvo mientras me cosían con anestesia local.

Me pusieron en mi cama de nuevo y con la niña en el pecho salimos de quirófano de nuevo rumbo a la sala de dilatación: allí permanecimos dos horas más para asegurarse que todo iba bien.

La segunda foto está tomada en ese momento, con la campeona ya enganchada a la teta mientras me tomaban la tensión.

A las dos y media de la madrugada me quitaron todas las vías y nos subieron a planta.

Por cierto, en el informe con el que iniciaba este post, el más largo que he redactado (y a una mano, que en el otro brazo está la peque), está escrito algo con letra de médico que parece poner “procidencia mano” que hizo una semana más tarde que la pediatra me dijera “hija, qué mal se te colocan los niños”.

En el quirófano lo que me dijeron mientras cosían la episiotomía (más de media hora se tiraron) es que se presentó con la mano por delante y que me había rozado al salir, que eso me escocería al orinar más que los puntos.

Y no puedo quitarme de la cabeza la imagen de que vino volando al mundo con la mano al frente, como una pequeña supergirl.

¿Es la epidural un derecho de las mujeres?

Ayer mismo me vi inmersa en este debate con mi cuñada.

Le contaba algo que ya os dije a vosotros hace tiempo: la matrona nos insistía en ir mentalizadas de no tener epidural, porque había muchas razones por las que podríamos encontrarnos sin ella y muchas mujeres que iban al parto confiadas en el efecto de la anestesia se bloqueaban al ver que no iban a disponer de ella.

El tema salió hablando de mi experiencia el día del parto: pese a ir decidida a no ponerme la epidural he de confesar que me rajé y la pedí.

Entre la oxitocina, que el parto fue largo y que el dolor estaba localizado en la espalda, a la altura de los riñones y muy pronto comenzó a ser constante sin darme tregua entre contracción y contracción, pues me vi firmando la hoja de consentimiento informado.

Llevaba ya cuatro horas de contracciones muy intensas cuando me la pusieron. Y mi caso fue uno de esos tan frecuentes en los que la epidural no funciona bien.

Únicamente me alivió la mitad izquierda del cuerpo. En la derecha no hizo efecto. Y he de confesar que me alegré: hizo las contracciones soportables sin privarme de las sensaciones del parto.

En mi hospital te ponen una dosis mínima y te dan un botón para que te vayas “pegando chutes” como dijo mi santo, con un tope de analgésico programado eso sí.

Sólo lo pulsé en dos ocasiones, noté perfectamente las ganas de empujar y empujé. Podía cambiar de postura y al paritorio llegué ya sin notar los efectos de la epidural.

De hecho tuvieron que ponerme anestesia local para coserme.

Os contaba que tardaron bastante en ponérmela: coincidió que todos los anestesistas estaban ocupados en el quirófano.

A mi compañera de la sala de dilatación de al lado le sucedió otro motivo muy frecuente por el que te quedas sin epidural: cuando el anestesista pudo bajar ya había dilatado tanto que no pudieron ponérsela.

Y aquí empezó el debate.

Yo entiendo que puede haber muchos motivos por los que te quedes sin epidural. Y que igual de legítimo es que no te funcione bien o que dilates rápidamente, como que el anestesista esté ocupado con un accidente de tráfico.

Mi cuñada no: ella, y es obvio que su opinión es tan respetable como la mía, cree que eso de “el anestesista está ocupado” no es una razón válida porque supone dejar a las mujeres en segundo plano.

Que igual que no se les ocurre operarte de otras dolencias sin anestesia, deberían hacer lo mismo en los partos. Que escudarse en que se puede parir sin epidural como se ha hecho toda la vida es ridículo; también antes se amputaba y sacaban muelas sin anestesia.

En definitiva, que la epidural es un derecho y las mujeres deberíamos defenderlo como tal.

No llegamos a ponernos de acuerdo, pero fue una conversación interesante y quería trasladárosla.

Sigo buscando tener un buen rato y las manos libres para describiros mi parto, desde mi punto de vista y desde el de mi santo, y la relación de Jaime y Julia…

“Mejor ve mentalizada para parir sin epidural”

Eso me dijo mi matrona en las anteriores clases de preparación al parto. Y creo que tenía razón.

Contaba que puede haber muchas causas para que no nos pongan la epidural. Desde que el anestesista esté ocupado con una urgencia mayor que un parto a que el parto ya esté demasiado avanzado.

Lo he recordado tras leer la siguiente noticia:

El edil de Salud del Ayuntamiento de Elche, Carlos Ávila (PSOE), ha denunciado hoy que la Consellería de Sanidad ha suprimido la anestesia epidural en el Hospital General de Elche durante el periodo vacacional de Navidades y Reyes.

La matrona contaba que era relativamente frecuente que llegaran madres mentalizadísimas de tener la epidural a su disposición que cuando se encontraban con que no podrían contar con ella se bloqueaban por completo e incluso entraban en modo pánico.

Y que por eso lo mejor era ir pensando que no te la pondrían. Mejor estar preparada para lo peor vamos.

Claro que ya sabéis que para mí no es lo peor, ya os he contado que yo iré con la idea de prescindir de la epidural.

En uno de los últimos cursos de preparación al parto me convencieron de ello aún más: durante un buen rato la matrona estuvo explicándonos cómo empujar en la fase expulsiva.

Y no paraba de recalcar en la importancia de aprender a hacerlo bien para ayudar al bebé.

Además, debes empujar cuando te lo ordenen, ya que tú no sentirás la necesidad de hacerlo.

También nos dijo que ese aprendizaje sólo es necesario cuando te han puesto epidural. Sin ella no hace falta aprender nada: los pujos salen solos, fuertes y sostenidos por obra de la madre naturaleza.

Y obviamente ahí está la necesidad de empujar presente sin que nadie tenga que decirte que lo hagas.

Es algo que me han confirmado las madres con las que ya he hablado.

Y aquí las ventajas e inconvenientes, extraídas de un artículo de Universia.

Entre las ventajas cabe destacar que es una de las técnicas más utilizadas y más efectivas que permite a las mujeres disfrutar del parto al disminuir notablemente el dolor. Además, mejora la circulación placentaria y disminuye la mortalidad perinatal, especialmente en recién nacidos de bajo peso.

Sin embargo, cabe tener en cuenta, también, los inconvenientes de la epidural. No siempre es posible realizarla, y a veces el resultado no es óptimo y puede alargar la duración del parto lo que puede provocar que los fármacos lleguen a la placenta y el bebé nazca un poco sedado. Además, la madre podría perder la capacidad de empujar llegado el momento del expulsivo y esto hace necesario recurrir al fórceps. Destacan también las últimas estadísticas, que muestran un incremento del número de cesáreas realizadas debido a la aplicación de la epidural.

¿Epidural sí o no?

La semana pasada contaba de pasada en ¿Quién decidió el momento del parto? ¿El médico o tu bebé? que yo afrontaba el parto dispuesta a no ponerme la epidural.

Y no es que sea masoquista. Pero he leído algo al respecto y parece que el parto es más rápido sin epidural.

Además, puedes ayudar mejor al bebé a salir, tiene que trabajar menos porque haces más fuerza.

Por otro lado, creo tener un umbral del dolor bastante alto. Los que me conocen pueden confirmarlo. Los tatuajes, las depilaciones, los golpes que dejan moratones, ni los siento.

Y no querer la epidural no significa que no te puedan poner otros calmantes.

Tampoco iba empeñada a negarme contra viento y marea. Si me hubiera encontrado con un dolor difícilmente soportable, la hubiera pedido y no hubiera pasado nada.

Pero creo que es mejor eso que ir mentalizada en ponértela y encontrarte luego que no ha podido ser.

Eso nos aconsejó la matrona en los cursos preparto. Y creo que es un buen consejo.

Hay muchos motivos por los que puedes quedarte con el chasco: los anestesistas ocupados por alguna urgencia, un tatuaje en la parte inferior de la espalda, que pase el momento idóneo…

Y yo conozco al menos a una madre que padeció como efectos secundarios un terrible dolor de cabeza que le duró días y la retuvo en el hospital una semana. Pasa poco, pero pasa.

Estos son los posibles efectos secundarios más comunes:

• Adormecimiento o piernas pesadas. Esto es normal y desaparecerá una vez se deje de dar la medicina.

• Presión arterial baja. Esto se puede atender fácilmente.

• Sensitividad en la espalda donde se colocó la aguja y el tubo. Esta sensitividad puede durar por algunos días pero los estudios no muestran que las epidurales causen dolores de espalda a largo plazo.

• Moderado o severos dolores de cabeza después de una epidural. Esto sucede en dos o tres mujeres de 100 y no es permanente ni pone en peligro su vida. Hay tratamientos disponibles

para dolores de cabeza severos.

• Comezón, dificultad moderada de dormir y dificultad de orinar. Estos problemas duran solo por un corto periodo de tiempo y desaparecen por si solos sin tratamientos.

• Fiebre no causada por una infección. Esta fiebre no es peligrosa para la madre o su bebé.

• Partos mas largos para algunas mujeres

Soy consciente de que es una decisión personal, pero polémica. Cuando estaba embarazada y contaba mi intención de prescindir de la epidural, las había que me decían de todo: desde que los avances de la ciencia están para usarlos hasta que no se quería menos a un hijo por ponérsela.

Y estoy de acuerdo con esas dos objeciones, pero sigo pensando lo mismo. Lo mejor es ir mentalizada de tener un parto sin epidural.

¿Tú te pusiste la epidural? ¿No la quisiste o no pudo ser? ¿Cómo te fue?