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“Mejor ve mentalizada para parir sin epidural”

Eso me dijo mi matrona en las anteriores clases de preparación al parto. Y creo que tenía razón.

Contaba que puede haber muchas causas para que no nos pongan la epidural. Desde que el anestesista esté ocupado con una urgencia mayor que un parto a que el parto ya esté demasiado avanzado.

Lo he recordado tras leer la siguiente noticia:

El edil de Salud del Ayuntamiento de Elche, Carlos Ávila (PSOE), ha denunciado hoy que la Consellería de Sanidad ha suprimido la anestesia epidural en el Hospital General de Elche durante el periodo vacacional de Navidades y Reyes.

La matrona contaba que era relativamente frecuente que llegaran madres mentalizadísimas de tener la epidural a su disposición que cuando se encontraban con que no podrían contar con ella se bloqueaban por completo e incluso entraban en modo pánico.

Y que por eso lo mejor era ir pensando que no te la pondrían. Mejor estar preparada para lo peor vamos.

Claro que ya sabéis que para mí no es lo peor, ya os he contado que yo iré con la idea de prescindir de la epidural.

En uno de los últimos cursos de preparación al parto me convencieron de ello aún más: durante un buen rato la matrona estuvo explicándonos cómo empujar en la fase expulsiva.

Y no paraba de recalcar en la importancia de aprender a hacerlo bien para ayudar al bebé.

Además, debes empujar cuando te lo ordenen, ya que tú no sentirás la necesidad de hacerlo.

También nos dijo que ese aprendizaje sólo es necesario cuando te han puesto epidural. Sin ella no hace falta aprender nada: los pujos salen solos, fuertes y sostenidos por obra de la madre naturaleza.

Y obviamente ahí está la necesidad de empujar presente sin que nadie tenga que decirte que lo hagas.

Es algo que me han confirmado las madres con las que ya he hablado.

Y aquí las ventajas e inconvenientes, extraídas de un artículo de Universia.

Entre las ventajas cabe destacar que es una de las técnicas más utilizadas y más efectivas que permite a las mujeres disfrutar del parto al disminuir notablemente el dolor. Además, mejora la circulación placentaria y disminuye la mortalidad perinatal, especialmente en recién nacidos de bajo peso.

Sin embargo, cabe tener en cuenta, también, los inconvenientes de la epidural. No siempre es posible realizarla, y a veces el resultado no es óptimo y puede alargar la duración del parto lo que puede provocar que los fármacos lleguen a la placenta y el bebé nazca un poco sedado. Además, la madre podría perder la capacidad de empujar llegado el momento del expulsivo y esto hace necesario recurrir al fórceps. Destacan también las últimas estadísticas, que muestran un incremento del número de cesáreas realizadas debido a la aplicación de la epidural.