Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

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“¡No leo un libro desde hace tres hijos!”

Si reginaexlibrislandia fuera un ring de boxeo hoy me hubieran dejado cao al primer asalto, queridos.

En apenas un segundo de conversación me atizaron un sopapo dialéctico de esos que no hay púgil librero que encaje: Tres, dos, uno… ¡PLAF! así que terminé noqueada y con el pelucón del revés en mi propio territorio.

La cosa fue así: estaba yo a punto de comerme literalmente un montadito de facturas por revisar cuando frenó en seco ante mi mesa un cochecito flanqueado por bolsas de supermercado repletas y hábilmente enganchadas a todos los salientes imaginables del minivehículo, en cuyo centro dormitaba un bebé.

Detrás apareció una mujer de poco más de cuarenta años con un bolsón en cada hombro y, aferrada a su pierna, otra criaturita con dos coletas que apenas levantaba cuatro palmos del suelo reginaexlibrislandiano y para quien el mundo parecía empezar y terminar en su chupete.

– Clienta: (casi sin aliento) Pe-perdona… ¿me puedes ayudar?- Regina: Si, claro, dígame

– C.: Mi ahijado cumple 16 años y, además del dichoso jueguecito para la Play, quiero regalarle un libro, alguno que le guste de verdad y que no tire sin más.

– R.: Por lo que dice no es muy aficionado a la lectura…

– C.: No, y la verdad es que estoy perdida, muy perdida en esto de los libros.

– R.: ¿No ha leído alguno últimamente que le haya gustado?

Aquí ella me clavó una de esas miradas cargadas de impotencia y aderezadas con unas gotas de ironía que me obligaron a bajar la guardia.

Y entonces ZAS, me asestó el golpe:

– C.: ¿YO? ¿LEER? ¡HIJA MÍA DEJÉ DE LEER HACE TRES HIJOS! Primero vino Carlitos, el mayor, y aparqué la lectura lo que creía que iba a ser una temporadita, porque cuando no estaba con el niño estaba trabajando y demás. Luego llegaron éstos dos, y afronto la realidad: hasta dentro de unos años no podré volver a leer. Ya casi lo asumí.- R.: Ah, pues… claro…

– C.: Hace un par de años le regalé El Guardián entre el centeno y creo que le gustó, pero no sé de otro relativamente similar y que no sea demasiado ‘profundo’.

– R.: Pues se me ocurre Botchan, de Natsume Soseki, uno de los grandes de la literatura japonesa. Esta novelita en concreto se tradujo al castellano por primera vez hace unos meses, y es muy divertida y entrañable, la verdad. Este Botchan ha sido a muchas generaciones de nipones lo que Holden Caulfield a los de Occidente.

– C.: ¿Y de qué va?

– R.: Es de un joven tokiata de ventipocos años que, recién licenciado, va a trabajar de profesor en un instituto de provincias. La cosa está en que es un poco bobalicón y presuntuoso, y se rige por un código de honor un tanto peculiar. Además, el choque entre su presencia en lo que él considera un pueblucho atestado de paletos y la imagen que éstos se hacen de él -un pelagatos engreído de ciudad- es delirante. Cae allí como una cucaracha en un plato de arroz.

– C.: ¿A ver? Mmm, si, lo cierto es que algo así es lo que buscaba.

Entonces la melodía del Para Elisa a un volumen de escándalo la arrancó a ella de sus meditaciones y a mi de las mías. Pero no fuimos las únicas: el bebé empezó a llorar y, acto seguido, su hermanita, como poseída por el mismo demonio, estalló en lágrimas y gritos ininteligibles.

Sin saber muy bien cómo la madre atendió la llamada, serenó a sus dos criaturas y me hizo señas para que le cobrara Botchan y le hiciera el favor de colocárselo bajo el cochecito, todo al mismo tiempo y con una extraña mezcla de decidida resignación en sus ojos.

Y se fue. Pero el eco de su

¿YO? ¿LEER? ¡HIJA MÍA DEJÉ DE LEER HACE TRES HIJOS!

resuena aún ahora, casi diez horas después, bajo mi pelucón.

Me pareció una declaración demoledora, entre vosotros y yo.

Y vosotros, queridos reginaexlibrislanianos de pro… ¿conocéis algún caso similar, alguien que os haya abofeteado así con una verdad similar? ¿Habéis leído Botchan? ¿Qué os parece? Y los que aún no lo hayáis hecho… leedlo, no os arrepentiréis. Palabra de Regina.