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Haití: despedida desde “el patio de atrás”

Por Amos Hercz (Haití, MSF)

Hay un aspecto de la pobreza de Haití que llama especialmente la atención del mundo y de la prensa: lo cerca que está del país más rico del planeta. Es una idílica isla tropical “en nuestro patio de atrás”. Esta puede parecer una frase hecha de la prensa, pero en el caso de Anse-a-Pitre, ciudad fronteriza, es una descripción literal.

En muchos aspectos, es sólo otra comunidad más como las que he visitado: pocas carreteras asfaltadas, y la mayoría de las casas son chozas sin ventanas levantadas a base de barro y maderos. No es posible comprar gasolina, rara vez hay electricidad y, desde luego, no hay internet.

Y al otro lado de la frontera y perfectamente a la vista, está Pedrales, en República Dominicana. Allí hay señales de tráfico. Hay aceras. Hay líneas de alta tensión. Hay casas con pulcros jardines delanteros. Hay cafeterías y restaurantes. Hay un hospital con salas de hospitalización, urgencias, e incluso ambulancias aparcadas en la puerta. Como en mi país.

Por cierto, ya vuelvo a casa, mi misión aquí ha terminado. Os agradezco a todos los lectores de este blog el apoyo prestado durante estas semanas.

Llegué a Haití a mediados de noviembre, y aquella semana MSF trató a 12.000 pacientes con cólera; es decir, en una semana, atendimos en este país a más gente de la que solemos atender en otras epidemias de tres o cuatro meses de duración en otros países. Esperemos que la próxima sea menos grave.

Hasta la próxima,

Amos.

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Foto superior: Escombros en Puerto Príncipe (© William Martin / MSF)

Foto inferior: Pacientes en el Centro de Tratamiento de Cólera de Dessalines (© Amos Hercz)

Haití, doce meses después

por Amos Hercz (Haití, Médicos Sin Fronteras)

Hoy se cumplen doce meses del terremoto de Haití, la primera de las dos emergencias que han golpeado al país este año. La segunda es la del cólera.

Nadie está seguro de lo que sucederá en la estación de las lluvias, que es cuando normalmente ataca el cólera. La epidemia actual comenzó fuera de esta estación. Aunque el número de casos está disminuyendo en algunas áreas, otros lugares están reportando brotes nuevos. El futuro es incierto. En particular, el futuro de la epidemia en Puerto Príncipe, la capital, sigue siendo una gran incógnita.

Estoy en Saint-Marc, y aquí, hemos ampliado nuestra intervención contra la epidemia cada vez más hacia las zonas rurales. A medida que el número de casos urbanos se estabiliza, siguen llegando nuevos pacientes a nuestras unidades de tratamiento en muchas áreas remotas.

Los pacientes de nuestro centro de tratamiento  del cólera (CTC) en Dessalines, que visito con regularidad, proceden de 173 comunidades diferentes. Una concentración de casos en un solo punto geográfico puede indicar la existencia de un brote de la epidemia. Así que los evaluamos todos.

En algunas comunidades, nos hemos encontrado con que las estructuras locales de salud están saturadas de pacientes, o simplemente ni siquiera están funcionando. La tarea es complicada por los diferentes nombres que puede recibir un mismo sitio o las distintas grafías de un mismo topónimo: a menudo los mapas muestran sólo los nombres en francés, cuando los habitantes de la zona pueden usar hasta dos o tres nombres criollos diferentes para un mismo pueblo.

Muchos de estos lugares no son accesibles por carretera y no tienen comunicación telefónica. Pero no podemos tomar decisiones basándonos en rumores, así que tenemos que desplazarnos:  hemos creado equipos para misiones exploratorias con nuestro propio personal, a los que enviamos ‘in situ’ con el equipamiento médico necesario, para que elaboren informes de primera mano.

Asimismo, estamos tratando de establecer relaciones con las comunidades locales a las que ha llegado el cólera, para construir una capacidad de gestión de casos.

Recientemente han llegado al CTC de Saint-Marc numerosos pacientes de una misma comunidad. Nos desplazamos allí, y nos encontramos con un estupendo dispensario a unos treinta minutos andando del pueblo. El personal del dispensario nos saludó calurosamente y nos enseñó sus amplias instalaciones, que cuentan con depósito de agua potable y generadores de energía solar. Estaban bien financiados por una ONG extranjera.

Nos aseguraron que estaban tratando a pacientes de cólera, pero su registro sólo mostraba tres pacientes en la última semana. Nos marchamos, para reunirnos con la comunidad local, que nos comentó que, de hecho, el dispensario se negaba a tratar el cólera, y que en general la población de la zona tenía un reducido acceso a la atención médica a pesar de tener allí aquel centro médico.

Desafortunadamente, este es un ejemplo entre muchos. Las causas no están claras. Probablemente se debe a que el cólera sigue estando estigmatizado en Haití. He visto a enfermeras capacitadas negarse rotundamente a atender a enfermos de cólera.

Seguramente ignoran cómo se transmite el cólera: muchos evitan todo contacto con los enfermos por miedo, pero luego no saben que es esencial tener agua limpia y que deben tratarla. 

Y tal vez también hay algo de apatía. Si alguien ya está tratando el cólera, ¿por qué empezar yo ahora? Esta última razón es especialmente frustrante.

La verdad es que, si bien el tratamiento es sencillo y las medidas de prevención por todos conocidas, la logística que rodea a la respuesta a una epidemia de cólera es algo más complicada. Mi trabajo como médico es fácil: todo lo que tengo que hacer es coger un catéter, ponérselo al paciente con una vía, y colgar una bolsa de suero intravenoso de rehidratación.

Pero alguien tiene que traer todo este material y ponerlo en mis manos. Alguien tiene que abastecernos de agua y solución de cloro para potabilización. Y alguien tiene que construir el centro de tratamiento de cólera en el que yo atiendo a los pacientes. Hay miles de ONG aquí, pero no veo muchas con ese tipo de capacidades.

MSF lleva tres décadas respondiendo a epidemias de cólera. Aunque esta es mi primera misión en una, tengo aquí a compañeros con experiencia en tres, cinco, ocho, hasta once epidemias como esta. En esta hemos atendido a un volumen enorme de pacientes: 91.000 hasta la fecha, más de la mitad del número total de pacientes tratados hasta el momento. Es de hecho la mayor intervención de cólera en la historia de MSF.

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Fotos: Centro del Tratamiento del Cólera de MSF en Dessalines, Haití (© Amos Hercz).

Respondiendo a nuevos brotes de cólera

Por Amos Hercz (Haití, Médicos Sin Fronteras)

El cólera no ser queda quieto por mucho tiempo en Haití. Ya me estaba acostumbrando a la rutina en el Centro de Tratamiento de Cólera (CTC) aquí en Dessalines, cuando nuestro equipo de consultas externas empezó a detectar nuevos brotes en las localidades circundantes.

Así que empezamos a llevar medicamentos, materiales y médicos, para organizar el tratamiento local del cólera. Algunos pueblos están muy apartados. La carretera a Nampol, por ejemplo, zigzaguea abruptamente montaña arriba. El viaje me permitió admirar hermosas vistas del valle de Artibonite, donde comenzó la epidemia de cólera. Es zona rural, pero hay gente por todas partes, trabajando en el campo, caminando, descansando, comiendo, lavándose, bañándose, mirándonos pasar, saludando con la mano… Haití es un país densamente poblado.

El dispensario local de Nampol ya estaba proporcionando tratamiento a pacientes con cólera cuando llegamos. Los enfermos estaban siendo atendidos justo al lado del pozo que abastece de agua al pueblo. Había camas por todas partes, y era imposible circular entre ellas. La electricidad en la región rara vez funciona, y las enfermeras estaban atendiendo a los pacientes a la luz de las velas.

El panorama preocupó mucho a nuestra logista. El control del contagio se estaba viniendo abajo. Era imposible distinguir a los enfermos de sus familiares, o identificar a los pacientes en estado más grave. De hecho, ella incluso fue testigo de cómo alguien lavaba directamente en el pozo las tazas utilizadas por los enfermos para rehidratarse. Una forma bien eficaz de propagar la epidemia…

Esto es lo que nos encontramos al llegar, así que nos pusimos manos a la obra de inmediato.

Cercamos la instalación y redirigimos la circulación, de forma que quienes quisieran llegar al pozo tuvieran que rodear la unidad de tratamiento. También limitamos a uno el número de visitantes por paciente.

La gente nos miraba con asombro. ¿Por qué estos extranjeros insisten en tener camas vacías, en filas ordenadas, cuando hay gente fuera, en el barro? Es difícil de explicar, pero explicarnos es parte de nuestro trabajo. Las camas vacías son para los pacientes que aún no han llegado, es la preparación básica de emergencia: los pacientes con cólera a menudo llegan moribundos, necesitan una atención inmediata, y eso supone que tiene que haber camas de hospitalización disponibles en todo momento.

También es muy posible que la enfermera local nunca haya visto un moderno servicio de urgencias. Me reúno con los médicos locales que hemos contratado, con la idea de que puedan asumir un papel activo en la organización y gestión de la instalación. La mayoría acaban de comenzar sus carreras y no están acostumbrados a tal responsabilidad. Necesitaremos algo de tiempo para “construir” un servicio eficiente, así que, mientras trabajamos en ello, transferimos a los pacientes más enfermos a nuestro CTC en Dessalines.

Volví a Dessalines para esperar al primer grupo de pacientes que íbamos a trasladar desde Nampol. Estoy habituado a las referencias de pacientes en Canadá, pero, a diferencia de allí, en Haití no hay helicópteros con telemetría cardiaca. A pesar de que un enfermero acompaña a los pacientes, las condiciones del viaje eran muy complicadas. Cuando llegaron, ya estaba oscuro y había poca visibilidad, y la lona que cerraba la trasera del camión lo oscurecía todo aún más.

Me di cuenta de que no tenía idea de en qué estado llegaban los pacientes. Así que les pedí a todos que se pusieran en pie. No parecía una orden amable en sus circunstancias, pero lo cierto es que era la única forma de identificar a los que no podían moverse y comprobar su pulso en primer lugar. Todo el mundo tenía pulso. Pocos podían caminar. Fue un viaje difícil, pero conseguimos que pasaran la noche en Dessalines.

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Fotos: Todas: © Amos Hercz

Día de traslado

Por Amos Hercz (Haití, Médicos Sin Fronteras)

Nuestro nuevo Centro de Tratamiento del Cólera (CTC) está listo para recibir pacientes, así que ha llegado la hora de trasladarnos desde el abarrotado patio del hospital en el que hemos estado trabajando hasta ahora.

Nuestro logista está visiblemente cansado, pero sonríe de oreja a oreja. Ha montado el nuevo CTC, en lo que era una estéril franja de terreno, en apenas una semana. Varias ONG han estado visitando el centro, ya que es la mejor estrategia para tratar el cólera.

En todos los puntos de entrada, así como entre las diferentes secciones del CTC, hay puntos de limpieza para el calzado y las manos. Todos los movimientos de personas, suministros y coches están organizados a la perfección para evitar la propagación del cólera.

También incineramos los residuos, cloramos nuestra propia agua y preparamos aquí la comida. Incluso la ropa de los pacientes se desinfecta al llegar.

El centro cuenta con electricidad, agua corriente, letrinas, almacenes, oficinas, una cocina, una farmacia, y una entrada independiente de vehículos de suministro. Y se ha diseñado de forma que podemos duplicar rápidamente su capacidad si fuera necesario.

¿Pero cómo haces el traslado de un hospital entero abarrotado de pacientes? Debatimos varios planes de traslado en reuniones que se prolongaron hasta bien entrada la noche. Esperábamos que la gente se recuperara rápido (como es normal en el cólera, ya que el tratamiento dura dos o tres días) y no tuviéramos que trasladar a nadie.

También pensamos en la posibilidad de trasladar a todo el mundo en camillas, pero la logística que requiere un operativo tal, con carreteras en mal estado, sin ambulancias, días cortos y personal dividido entre dos centros diferentes, planteaba bastantes dudas.

Pero sería erróneo decir que no teníamos un plan. De hecho teníamos múltiples planes, y planes de contingencia, y planes de emergencia. Simplemente estábamos nerviosos porque no sabíamos qué plan elegiría el día para nosotros.

Contratamos camiones. Esperamos hasta la tarde, con la idea de que el máximo de pacientes posible estuvieran recuperados para darles el alta.

Habíamos comunicado el traslado a la comunidad con tiempo, así que todos los nuevos pacientes estaban llegando ya directamente al nuevo CTC. ¡Los anuncios en la radio habían funcionado!

Sin embargo, a la hora fijada para el traslado, aún había muchos pacientes en el antiguo CTC. Todo el mundo se sube a los camiones: madres con sus hijos en brazos, ancianos que demuestran una agilidad sorprendente, enfermeras que acompañaban a los pacientes sujetando las vías y sueros de rehidratación intravenosa, familias de los enfermos que cargan con sus efectos personales…

Cuando la primera caravana de camiones había salido, preparamos la segunda. Debimos mover entre 15 y 20 pacientes por viaje. No estaba muy seguro de cómo iría el traslado de los pacientes que debían guardar cama, pero los trasladamos también… ¿por qué no? Los subimos a los camiones con cama y todo, con las vías puestas, claro, y los llevamos al nuevo CFTC cuando la noche ya caía.

En Haití, a veces las cosas más sencillas tardan siglos en hacerse, y otras, la gente consigue que lo imposible ocurra en una sola tarde.

Me llaman del nuevo CTC. Hay mucho ruido y gente al otro lado de la línea. Nos informan de que no ha habido incidentes durante el traslado. Ahora ya es completamente de noche. No es habitual escuchar el silencio en Haití, pero una vez cuelgo el teléfono, en nuestro patio antaño abarrotado no se oye ni un ruido.

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Fotos: Traslado de pacientes del CTC en eln patio del hospital al nuevo CTC. Dessalines, diciembre de 2010. Todas © Amos Hercz.

Cólera: un día… y otro… y otro…

Por Amos Hercz (Haití, Médicos Sin Fronteras)

Empiezo el día visitando pacientes con Elena, una médico que llegó aquí dos semanas antes que yo. Las notas de los médicos son breves y concisas. Las reevaluaciones son frecuentes. Estamos tratando una enfermedad: cólera. Pero a veces también llegan pacientes con fiebre y signos de anemia: tienen malaria, que también puede producir diarrea. Mientras intentamos asegurar el diagnóstico, tratamos la malaria y otras complicaciones, pero lamentablemente no podemos hacer mucho por los pacientes con enfermedades crónicas.

Para cuando llega la tarde, ya estoy corriendo como un loco: ya he asumido las funciones clínicas de Elena. Esto le ha permitido regresar a la oficina y concentrarse en analizar las estadísticas, evaluar las necesidades de suministros médicos, contratar personal y, en general, intentar planificar para lo imprevisible.

Visitamos el centro de tratamiento del cólera (CTC) que estamos construyendo. Va rápido. Y después de la cena, seguimos con las reuniones hasta bien entrada la noche. Hemos estado recopilando datos sobre las localizaciones de las que proceden los pacientes, e identificando las comunidades donde parece que hay más casos agrupados. Nuestro enfermero de consultas externas irá allí mañana para determinar si tenemos que organizar puntos de rehidratación oral.

Y efectivamente, así es. Nuestro enfermero establece puntos de rehidratación en numerosas comunidades de los alrededores, como Niels, Gilbert, Coupe à L’Inde. En una de ellas, Post Pierrot, se estaban registrando hasta 50 casos nuevos por día, así que establecemos directamente un centro de tratamiento.

En Dessalines, hemos estado trabajando con médicos haitianos con el fin de optimizar la gestión de los casos de cólera. Esto es nuevo para todos ellos, porque no ha habido un caso de cólera en Haití en más de una generación. Ahora que estamos “construyendo” nuestra fuerza laboral, podemos enviarles también a las intervenciones fuera de Dessalines. Por ejemplo, Post Pierrot necesita cobertura médica ininterrumpida durante las 24 horas del día.

Es complicado contratar personal médico aquí. Ya antes del terremoto había poco, y muchos murieron en la catástrofe cuando los hospitales se derrumbaron. Promociones enteras de estudiantes fallecieron también. Es una tragedia, aunque es un detalle más dentro de la enormidad de la tragedia en Haití. Yo estudié Medicina en la Universidad de Calgary, en Canadá. Intento imaginar a toda mi clase sucumbiendo de repente en un desastre natural.

Al menos esta mañana, es algo que desafía mi imaginación…

(Continuará…)

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Foto 1: Suero de rehidratación intravenosa para pacientes de cólera, en Dessalines (© Amos Hercz).

Foto 2: Descarga de suministros médicos para el cólera en Dessalines (© Amos Hercz).

Foto 3: Un médico del personal de MSF, entre los escombros del hospital La Trinité de MSF en Puerto Príncipe,  parcialmente destruido en el terremoto del 12 de enero de 2010.  La foto fue tomada tres días después del seísmo. (© Julie Rémy)

De Saint-Marc a Dessalines

Por Amos Hercz (Haití, MSF) 

Me llamo Amos Hercz. Son médico, canadiense, y estoy trabajando con Médicos Sin Fronteras en la epidemia de cólera de Haití.

No pude conciliar el sueño la noche antes de salir con MSF en mi primera misión en terreno. Y creo que no conozco aún a nadie que lo haya conseguido. Esto es una audacia total… el turismo es una cosa, pero “insertarte” en la vida, la enfermedad y la desgracia de otro es muy diferente. Me moría de los nervios.

Llegué a Haití el pasado 15 de noviembre. Me enviaron a Dessalines, en el valle de Artibonite, donde comenzó la epidemia de cólera.

De camino a Dessalines, paramos en Saint-Marc. El Centro de Tratamiento del Cólera (CTC) que MSF había montado allí había salido en las noticias, ya que se produjo una manifestación de gente que no quería tener uno de estos centros en su barrio. Hay mucho estigma rodeando al cólera en Haití.

Cuando llego a Saint-Marc, el CTC está desbordado de enfermos. Un verdadero ejército de médicos y enfermeros se abren camino entre ellos, yendo de un lado a otro sin apenas espacio para moverse. Según pasamos por la zona pediátrica, una niña deja de responder y muere a pesar de los esfuerzos de reanimación. Estoy arrinconado en el espacio abarrotado. En la cama de al lado a otro niño le pasa lo mismo, pero esta vez consiguen reanimarle. Volvemos a los coches y seguimos camino. Tengo un nudo en el estómago.

Al llegar a Dessalines, paso al CTC. Entramos a través del punto de limpieza de manos y calzado: rocían solución de cloro sobre mis zapatos. Personal cargado con tanques de cloro a la espalda anda a diestro y siniestro desinfectando bancos y las zonas del suelo manchadas con fluidos corporales. En Saint-Marc, me había atrapado el olor. Olía… como en una piscina. El cólera no huele, lo único que huele es el cloro. Es un pequeño alivio para los enfermos.

Los pacientes severos tienen un aspecto terrible. Tienen los ojos hundidos debido a la deshidratación, están en silencio, apáticos. No he visto fotos de personas en este estado en la prensa. Creo que los periodistas no se sienten bien fotografiando a personas en este estado, lo cual me parece bien.

MSF llegó a Dessalines el 8 de noviembre. Llegan unos 200 casos de cólera al día. De forma provisional, empezaron a tratar a los pacientes en el patio del hospital local. Se impedía entrar en el hospital a cualquier persona con síntomas de cólera, con el fin de evitar contagios entre los demás pacientes. Pero el patio no es un sitio ideal, es pequeño, irregular, y las diferentes “salas” de nuestro CTC invaden hasta el último rincón. Incluso algunas de las camas son difíciles de alcanzar con comodidad.

Todo el mundo pasa por el “triage”, y es mantenido en observación durante un par de horas, durante las cuales podemos evaluar la gravedad del caso. Quienes responden bien a la rehidratación oral y son capaces de hacerlo por sí mismos, son mantenidos aparte del resto. Quienes están más graves son hospitalizados para dispensarles suero por vía intravenosa, y les instalamos donde podemos, en una cama, una camilla, un banco… y al fondo está la morgue, porque el cólera puede ser mortal.

A veces vienen padres con hijos que acaban de fallecer. Desgraciadamente, la mala gestión de los cadáveres puede contribuir también a la propagación del cólera, así que los desinfectamos con solución de cloro antes de devolverlos a sus familias para el entierro.

(Continuará)

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Fotos: Centro de Tratamiento del Cólera de MSF en Dessalines, Haití (© Amos Hercz)

Haití, diez meses después: Vibrio Cholerae

Por Miriam Alía (Haití, Médicos Sin Fronteras)

Después de casi un año en el equipo de emergencia de Nairobi, el NET para los amigos, por fin he saltado a un nuevo continente. Hace diez días que estoy en Haití. No estoy en Puerto Príncipe: a mí la única ciudad que me gusta es Madrid, así que estoy en Dessalines, una zona de 100.000 habitantes, justo en la región donde empezó la epidemia.

Dessalines es una pequeña ciudad colonial. Me recuerda a Cienfuegos, en Cuba, pero en deteriorado: casas de colores con barandas de madera y adoquines en las calles… y ruido, mucho ruido. A diferencia de Puerto Príncipe, esta zona no estuvo afectada por el terremoto y es bastante más tranquila, aunque en Haití, la gente lleva años viviendo y creciendo rodeada de violencia. Y el trauma del terremoto no ayuda nada, claro. Pero al menos en Dessalines el director de salud de la zona y el señor alcalde están de nuestra parte.

En Haití no ha habido cólera en 100 años, y el rumor de que es una enfermedad importada y traída por los extranjeros nos ha puesto las cosas difíciles, pero aquí la verdad es que nos han acogido bien. Mucho trabajo con la comunidad, y de sensibilización, porque hay muchos rumores y leyendas sobre la forma de transmisión.

Así que, cuando el primer equipo llegó aquí, abrieron un “punto de rehidratación oral” para tratar a los pacientes moderados, y estabilizar a los severos, y luego trasladarlos a Saint-Marc, que es donde estaba nuestro hospital. Al cabo de 2 días, pusimos 10 camas, y montamos una CTU, una unidad de tratamiento del cólera. Pero al día siguiente había 40 pacientes severos, y al otro, 200, así que al final montamos un nuevo centro de tratamiento, un CTC, con 80 camas. Nos metimos en el patio del hospital, en plan “okupas”. Y mientras hemos estado construyendo un nuevo centro, con 200 camas, a las afueras de la ciudad y nos trasladamos ya mismo.

De momento, parece que el número de casos no aumenta mucho en la ciudad y alrededores, aunque la epidemia no deja de subir y bajar. El problema está en la periferia, donde tenemos muchos casos y no podemos trasladarlos. Así que tenemos un equipo, integrado por una enfermera y una logista, que se encargan de montar unidades ambulatorias; y vuelta a empezar… organizamos un punto para dar suero oral, le acabamos poniendo un par de camas, que suben a diez, y en algunos sitios ya estamos en 30. Mi “favorito” es Poste Pierrot, donde cada día tenemos 50 casos, y para llegar hay que cruzar dos ríos a pie, y mandar el material en burros.

El principal problema es encontrar personal sanitario cualificado. Como os decía, hace un siglo que no ven cólera en Haití, así que no saben cómo tratarlo (cómo echo de menos a Sypiila, la enfermera jefa de Lusaka, en Zambia…). Hay que empezar de cero, y el personal es escaso. Que, además, acepten irse a los pueblos y quedarse allí, casi imposible. En Dessalines, nos salvan unas enfermeras formadas en Cuba, y algún médico que estudió en República Dominicana. Así que de momento el personal médico y sanitario internacional tiene que cubrir estas deficiencias, mientras vamos formando al personal local.

El segundo problema es que hay casos en muchos sitios, y de momento sólo un puñado de organizaciones, entre ellas MSF, están haciendo tratamiento. De hecho, MSF está atendiendo cerca del 75% de los casos y, a pesar de tener aquí cientos de expatriados, incluyendo muchos prestados por nuestras misiones regulares, no damos abasto. Y no sabemos si estamos en el pico, o esto puede ir a peor.

Continuará, de la mano de uno de mis compañeros aquí en Dessalines o en alguna otra de las muchas zonas golpeadas por la epidemia…

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Foto superior: Pacientes ingresados en el Centro de Tratamiento del Cólera (CTC) de MSF en el barrio de Sarthe, en Puerto Príncipe (© Francois Servranckx/MSF)

Foto inferior:  Pacientes en el CTC de MSF en el Hospital Choscal del barrio de Cité Soleil, Puerto Príncipe. (© Richard Accidat/MSF)

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