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¿Por qué cuando dormimos dejamos la mano semiabierta?

20 marzo 2009

En condiciones de relajación total, cuando los músculos y los tendones se distienden, la mano adopta una posición que no es del todo abierta ni cerrada. Su grado de abertura depende de cómo esté apoyada: si descansa sobre el dorso, tiende a quedarse semiabierta, porque los dedos caen sobre la palma por su propio peso; si se apoya sobre la palma, entonces el peso de la mano y del brazo la aplasta de modo que se queda prácticamente abierta o por el contrario, cerrada en un puño.

Las distintas posiciones de relajación ocurren en función del equilibrio entre la fuerza de la gravedad, el peso de la mano y el rozamiento con la superficie de apoyo.

No siempre las posturas que parecen naturales, como la de la mano extendida, se corresponden con un estado de relax muscular. De hecho, para poner los dedos estirados hay que hacer un esfuerzo adicional.

Lo mismo sucede con la cabeza. Esta se mantiene erguida todo el día aparentemente sin esfuerzo, pero en realidad lo logra gracias a la mediación de la poderosa musculatura del cuello. Sin su trabajo, la testa estaría tan inestable como la de un recién nacido.

 

(Extraído de Muy Interesante)

¿Por qué entra sueño después de comer?

04 julio 2008

Las “caídas del sistema” que sufrimos tras una opípara pitanza pueden ser responsabilidad directa de la glucosa, que hace descender en el hipotálamo los niveles de orexina, una clase de proteínas cuya misión es mantenernos alerta. Denis Burdakov y su equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, demostraron que incluso una subida casi imperceptible de glucosa disminuye sensiblemente la actividad neuronal.

Por eso, si se quiere seguir despierto se deberá evitar las comidas ricas en carbohidratos o grasa; en cambio, mantendrá los ojos bien abiertos tras un banquete de proteínas. Hay, no obstante, voces discrepantes. Según Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona, esta sensación de sueño simplemente responde a la necesidad de descansar tras ocho horas de vigilia.

 

 

(Fuente: Muy Interesante)

¿Por qué no se puede evitar que, al dar una cabezadita estando sentados, la cabeza se nos vaya hacia delante?

17 enero 2008

A todo el mundo le ha pasado alguna vez: la conferencia es un poco aburrida o el viaje en tren no se acaba nunca. Uno cada vez va estando más cansado hasta que, al sentarse, se queda dormido. Entonces ocurre lo de siempre cuando pasamos del estado de vigilia al de sueño: nuestra musculatura se relaja y con ella también lo hace nuestro cuerpo. En circustancias normales, uno se acuesta para dormir y no surge ningún problema. Pero si estamos sentados o de pie, al ceder el aparato de sostén de la cabeza, ésta cae hacia delante, hacia detrás o a un lado. Esto se interpreta como un mecanismo de protección del cuerpo, ya que la posición normal del sueño es horizontal. Suele bastar con enderezar la cabeza caída para volver a ahuyentar el sueño. Sólo se mantiene ese efecto de somnolencia si se engaña al organismo a base de sostener la cabeza del durmiente o si la persona afectada adopta una postura ligeramente recostada.

 

 

 

Info extraída del libro: ¿Cuánto pesa una nube? de Iris Hammelmann
Editorial: Ma Non Troppo – ISBN: 9788496222878
Fuente de la imagen: Fotomaf de Mauro A. Fuentes

¿Cuál es la fase REM del sueño?

25 junio 2006

La fase REM es la tercera del sueño, su nombre es abreviación de Rapid Eye Movements que en español se traduce como Movimientos Oculares Rápidos (MOR).

La profundidad del sueño no es igual en toda su duración. La etapa MOR es la tercera fase del dormir. Durante ésta, el individuo se encuentra profundamente dormido, goza de intensa relajación muscular y pueden apreciarse los movimientos oculares típicos, perfectamente visibles si se observan los párpados de un durmiente durante esta etapa. Además se dan alteraciones en la frecuencia cardiaca y respiratoria y, en los varones, aparecen erecciones con regularidad.

El período MOR supone el 25 por 100 del total del dormir en el adulto y es más dilatado en los niños, hasta el punto de que en el recién nacido alcanza casi la mitad del tiempo absoluto. Es en este momento cuando ocurren los sueños: la actividad cerebral es máxima, lo que delata el carácter activo de estos períodos en contraposición a otras interpretaciones que los concebían como fruto de la relajación y la inconsciencia.

“Durante la siesta, es conveniente no llegar a la fase REM del sueño. Si llegamos al sueño profundo y nos despertamos, tendremos una sensación de aturdimiento que nos resultará desagradable de cara al trabajo. Por ello se recomienda que la siesta no supere los cuarenta y cinco minutos. En este sentido, algunos estudios incluso defienden una duración del descanso de quince minutos”