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Pasen y vean un eclipse de sol desde la ventanilla de un avión

No puedo imaginar que aquí un astrónomo llamara a Iberia pidiendo retrasar un vuelo para contemplar un eclipse y que la compañía aceptara. Cosas así solo pueden suceder en un país con sus muchos defectos, pero que es el paraíso de la ciencia (y de la anticiencia, como también lo es al mismo tiempo de la mojigatería y del porno; acción y reacción, como dijo Newton).

El eclipse total de sol desde el vuelo 870 de Alaska Airlines. Imagen de Alaska Airlines.

El eclipse total de sol desde el vuelo 870 de Alaska Airlines. Imagen de Alaska Airlines.

El caso es que hace un año el astrónomo Joe Rao, del Planetario Hayden del Museo de Historia Natural de EEUU, se percató de que el vuelo 870 de Alaska Airlines de Anchorage (Alaska) a Honolulu (Hawái) iba a atravesar la estrecha franja de totalidad del eclipse solar de esta pasada semana, pero que lo haría 25 minutos antes de lo preciso para contemplar el fenómeno.

Rao se puso en contacto con Glenn Schneider, del Observatorio Steward de la Universidad de Arizona, y este diseñó un plan de vuelo adecuado para que los pasajeros pudieran disfrutar del eclipse. Así que, ni corto ni perezoso, Rao llamó a la aerolínea para presentar su plan de retrasar el vuelo.

Y creánlo o no, Alaska Airlines accedió. Como era de esperar, una docena de astrónomos y cazadores de eclipses se apuntaron al vuelo 870 del 8 de marzo. Rao tuvo el detalle de distribuir a los 181 pasajeros un folleto de cuatro páginas que explicaba el fenómeno, y otro de los ocupantes, Dan McGlaun, costeó de su bolsillo gafas especiales para todos, como explica Alaska Airlines en su blog. “No puedes hacer algo tan emocionante y no dar a todo el mundo a bordo la oportunidad de participar”, dijo McGlaun.

Trayectoria del vuelo y franja de totalidad del eclipse. Imagen de Alaska Airlines.

Trayectoria del vuelo y franja de totalidad del eclipse. Imagen de Alaska Airlines.

Los afortunados viajeros pudieron ver primero cómo la sombra ovalada de la Luna, de unos 800 kilómetros de largo por 110 de ancho, se desplazaba a casi 13.000 kilómetros por hora. Y a las 17:35, el Sol se ocultó durante un minuto y 53 segundos. Cuando el eclipse terminaba, un pasajero reprodujo en su iPhone el Here Comes the Sun de George Harrison (más abajo, no se pierdan la versión).

El vídeo adjunto fue grabado por Mike Kentrianakis, de la Sociedad Astronómica de EEUU, quien dijo a propósito del gesto de Alaska Airlines: “Una aerolínea que realmente habla con su gente y la escucha; ese es el mejor servicio al cliente”. Y merece la pena subrayar la declaración de Chase Craig, el director de la experiencia a bordo de la compañía: “Reconocemos las pasiones de nuestros clientes. Ciertamente no podemos cambiar los planes de vuelo para cada interés, pero este era un momento especial, así que pensamos que merecía la pena”.

Ya lo ven, una gran experiencia de vuelo no se consigue necesariamente contratando a un chef mediático para que diseñe la presentación de lo que viene siendo un cacho de pollo en la bandeja de la comida. Tres hurras por Alaska Airlines.

Y a ver si reconocen a los astros que acompañan a George Harrison en esta versión.

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