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Luces Largas, Luces Cortas

El largo y el corto plazo son una misma realidad, sólo depende de la lupa con la que se mire. La simbiosis entre el largo y el corto plazo es total: el corto plazo carecería de guía sin metas a largo plazo, y éstas no se podrían cumplir si no se fueran superando lo hitos marcados a lo largo del camino.

Este principio, de validez general, adquiere especial relevancia cuando se trata del cumplimiento de objetivos en materia de clima y de energía. Los cambios en las pautas de inversión, producción y consumo necesarios para la descarbonización requieren plazos amplios que no son compatibles con la improvisación. En el sector eléctrico, el aumento en la penetración de las energías renovables exige llevar a cabo inversiones en nuevas plantas de generación renovable. Exige construir más subestaciones eléctricas y desplegar más kilómetros de líneas de alta tensión y de distribución que lleven la electricidad de los puntos de producción a los de consumo. Exige aumentar la capacidad de interconexión eléctrica con los países vecinos para compartir los excesos de producción renovable que se verifiquen a cada lado de la frontera, así como para compartir la reserva de capacidad firme que es necesaria en ausencia de sol, viento o agua. Exige también desarrollar nuevas actividades que doten de empleo y actividad a las comarcas que se verán afectadas por el cierre de las centrales eléctricas contaminantes.

 

A su vez, la reducción de emisiones en el sector del transporte exige que se reoriente la producción y adquisición de automóviles hacia el vehículo eléctrico, que se redoblen los esfuerzos en I+D+i para aumentar la autonomía de las baterías y reducir sus costes, y que se instalen puntos de carga en lugares públicos, hogares y centros de trabajo. En el sector de la edificación, se requiere la rehabilitación de viviendas con criterios de eficiencia energética, y en la agricultura y la industria, serán necesarias inversiones que reduzcan las emisiones y mejoren la eficiencia energética de los procesos productivos.

Nada de esto sería posible sin una planificación –en muchos casos vinculante– en horizontes que hagan posible cambios de tal envergadura. Por ello, a nadie debiera sorprender el que el Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, cuyas líneas generales ya se han hecho públicas, plantee objetivos a más de diez y a más de treinta años vista. Así, en el horizonte 2030, el texto contempla una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de al menos un 20% con respecto a 1990 (un 37% por debajo de su nivel actual), un aumento en el peso de las energías renovables sobre el consumo de energía final hasta alcanzar el 35% (para lo cual el 70% de la generación eléctrica habrá de ser renovable, doblando la cifra actual), y mejoras sustanciales en la eficiencia energética. En el horizonte 2050, las emisiones deberán haber caído un 90% por debajo de los niveles de 1990, y el sector eléctrico habrá de quedar libre de emisiones.

Cuando, previsiblemente antes de final de año, se envíe el Anteproyecto de Ley al Parlamento, a los diputados – o al menos así lo espero – no les resultará difícil aprobar objetivos que serán vinculantes para cuando, parafraseando a Keynes, todos estén muertos – con perdón de sus señorías ¿O es que alguno va a poner en duda la conveniencia de que los diputados que vengan después asuman el compromiso de cumplir con los objetivos de reducción de emisiones que ellos ahora establezcan?

Pero, si de verdad asumen la responsabilidad de luchar contra el cambio climático, los responsables políticos deberían además definir, aprobar y hacer cumplir cuestiones que afectan al presente inmediato. Sin una definición de las medidas a corto plazo, el cumplimiento de los objetivos a largo puede quedar comprometido.

Sólo en lo que concierne al sector eléctrico, la lista de preguntas sin respuesta es larga ¿Cómo se va a reformar el mercado eléctrico para permitir que las inversiones en energías renovables tengan lugar? ¿Cómo se pueden descargar sus cuentas de costes innecesarios e injustificados, y con ello permitir que la descarbonización no suponga una mayor presión sobre las tarifas eléctricas? ¿Cómo se van a diseñar las nuevas subastas para la incorporación de renovables? ¿Cómo se va a establecer la prioridad entre centrales cuando la producción renovable supere a la demanda de electricidad? ¿Cómo se va a promover el desarrollo de las baterías y cómo y por quién van a ser gestionadas? Y la energía hidroeléctrica, que es la mayor batería del sistema, y que junto con las interconexiones, deben de jugar un papel crucial para mantener los equilibrios de un sistema eléctrico con alta penetración de renovables, ¿cómo y quién va a gestionar ambas? ¿Cómo se va a promover la inversión y disponibilidad de las centrales que aportan capacidad firme al sistema eléctrico? ¿Y cómo se va a potenciar una mayor flexibilidad de la demanda? ¿Se va a anunciar ya el cierre de las centrales nucleares que en breve irán alcanzando los 40 años de vida de diseño desde el inicio de sus operaciones, la primera Almaraz I en 2021?…

En definitiva, poner las luces largas para establecer objetivos a medio y largo plazo es fundamental para que los agentes económicos puedan planificar y readaptar sus decisiones. Pero de poco sirve saber dónde queremos llegar, si no tenemos puestas las luces cortas para saber cómo y por dónde empezar a recorrer este camino tan necesario.

Por Natalia Fabra – Catedrática de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Carlos III de Madrid y Patrona de la Fundación Renovables

La transición energética es cosa de todos

El cambio climático supone una alteración anómala de los fenómenos meteorológicos, debido al incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Esto hace que aumente la temperatura y haya más energía disponible en la atmósfera. Así, como estamos viendo, los fenómenos meteorológicos son cada vez más intensos. De manera que, o dejamos de emitir gases a la atmósfera, o las condiciones para la vida se van a volver cada vez más complicadas.

Todos los estudios científicos demuestran que el cambio climático es ya una realidad a la que tenemos que enfrentarnos diariamente y que la intensidad de este cambio y sus efectos irán en aumento en los próximos años. Los científicos estiman que el tiempo de reacción que nos queda, si no hacemos nada, para que se produzcan efectos catastróficos irreversibles, es tan sólo de doce años (2030). Esta es la razón de que 2030 aparezca como una fecha objetivo en los planes de reducción de emisiones de la Unión Europea y de muchos países del planeta. También nos dicen los últimos informes que las emisiones globales a la atmósfera siguen aumentando.

La llamada Transición Energética consiste en ser capaces de cambiar nuestro modelo energético actual a otro más respetuoso con el medio ambiente, lo que significa básicamente dejar de utilizar combustibles fósiles y cubrir nuestras necesidades de energía a partir de fuentes renovables. Sólo así podremos frenar el cambio climático y necesitamos hacerlo de forma urgente.

El nuevo Anteproyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, presentado hace unos días por el Gobierno, es, sin duda, una buena noticia, aunque debe considerarse sólo como un primer paso para afrontar la necesaria descarbonización de la economía española. En su tramitación parlamentaria y, sobre todo, en su desarrollo normativo posterior y en su aplicación, podremos calibrar la profundidad y efectividad de las medidas que se anuncian para luchar contra el cambio climático. Un documento que, como hemos denunciado desde la Fundación Renovables, carece de la ambición necesaria para llevar a cabo la Transición Energética y que no es coherente ni con la urgencia del problema ni con los objetivos de emisiones cero en 2050 que recomiendan los expertos.

No se trata de un problema ideológico. Las energías renovables han alcanzado una madurez tecnológica que hacen posible su utilización a gran escala a precios competitivos respecto a otras tecnologías. Las ventajas son evidentes para un país con una muy alta dependencia de los combustibles fósiles, que lastran nuestra balanza comercial, y que tiene gran disponibilidad de recursos renovables, principalmente sol y viento. Por tanto, debería resultar sencillo que los diferentes partidos políticos se pusieran rápidamente de acuerdo en este tema.

En las sociedades democráticas, donde los ciudadanos elegimos a nuestros representantes políticos, medidas como las que hay que tomar para afrontar este cambio, a menudo drásticas, e implementadas en un corto plazo tiempo, requieren que los ciudadanos estemos convencidos y participemos activamente en este cambio, toda vez que los responsables políticos no parecen estar muy dispuestos a tomar medidas que puedan poner en riesgo inmediato su empleo. Tendremos que exigírselo y las próximas convocatorias electorales es un buen momento para ello.

Las energías renovables han alcanzado una madurez tecnológica que hacen posible su utilización a gran escala a precios competitivos respecto a otras tecnologías

Una de las cosas que más llama la atención de esta Ley es la ausencia de medidas para la democratización del sistema energético y la participación de la ciudadanía, aspectos claves para el éxito de la misma.

Por tanto, bienvenida la nueva Ley, pero recordemos que no es posible  llevar a cabo la Transición Energética sin la participación ciudadana. Participación política, organización social y responsabilidad deben jugar un papel clave.

Durante muchos años, hemos diseñado un modo de vida totalmente dependiente de los combustibles fósiles que, ahora, por un problema de supervivencia, tenemos urgentemente que cambiar.  ¿Cómo nos convencemos, cada uno de nosotros, de que no hay otro camino, de que es urgente hacerlo?

En este debate político y social, aquellos que ven peligrar sus intereses económicos van a intentar oponerse y retrasar todo lo posible este cambio. Pero las evidencias son abrumadoras. Cuanto más tardemos peor.

Nos movemos en permanentes contradicciones que dificultan este proceso:

  • Confundimos nuestros derechos fundamentales con hábitos, costumbres y usos. Poder respirar aire limpio es un derecho, tener vehículo privado no, como no lo es tener un barco o un avión privado, por más que en casi todas las familias tengamos al menos un coche y lo consideremos parte fundamental de nuestro modo de vida.
  • Nos parece bien que se mejore la calidad del aire en las ciudades que vivimos, pero nos oponemos a que se tomen medidas para restringir el uso de vehículos privados en las mismas, sobre todo si eso implica dejar el vehículo propio en casa. Lo mismo ocurre con el tiempo que pasamos en atascos de tráfico, que nos parecen insoportables. No acabamos de visualizar que somos a la vez responsables y víctimas de un problema que nosotros mismos provocamos con nuestros comportamientos diarios y que, por lo tanto, somos parte de la solución. Bajo el argumento, muchas veces cierto, de que el transporte público, que nos permitiría una alternativa de movilidad sostenible, es deficiente no cambiamos nuestros hábitos ni exigimos un transporte público eficiente. No queremos ni oír hablar de subidas de impuestos, ni de impuestos a los combustibles fósiles. Tampoco invertimos dinero en instalaciones de autoconsumo ni en medidas de ahorro energético, a no ser que estén subvencionadas.

Si democratizamos nuestro sistema energético y empoderamos a los ciudadanos para que sean responsables y artífices de la transición energética estaremos poniendo las bases de una transformación económica mucho más profunda, donde la tasa de crecimiento deje de ser el único parámetro económico que mida nuestro bienestar.

La frase que el  economista británico Kenneth Boulding utilizaba allá por los años 60, “Quién cree que un crecimiento infinito es compatible con un planeta finito o está loco o es un economista”, recobra con la transición energética todo su sentido y vigencia. Mi experiencia me dice que economistas no hay tantos.

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

¿Cómo ha cambiado el clima en tu ciudad desde que naciste?

El calentamiento global del planeta va tan deprisa que, salvo para los niños y los muy jóvenes, a los demás nos resulta perfectamente posible darnos cuenta del cambio climático que se ha producido a lo largo de nuestra vida. En cuanto nos paremos a pensar un poco, tratando de recordar cómo eran los otoños, los inviernos, las primaveras y los veranos de hace unas décadas en comparación con los de ahora, caeremos en la cuenta de que el cambio que se ha producido en tan poco tiempo es realmente significativo.

Hace unas semanas descubrí que ‘The New York Times’ (NYT) había publicado una página web, realizada con la colaboración del Climate Impact Lab (un grupo de científicos del clima, economistas y analistas de datos de varias universidades y centros de investigación de Estados Unidos) donde se puede ver, de una forma muy gráfica, cómo ha ido aumentando la temperatura en muchas ciudades del mundo, desde una fecha concreta hasta hoy.

planeta

La aplicación te propone hacer la comparación de la situación actual con la que había el año de tu nacimiento en tu ciudad natal. Una vez introducidos esos dos datos te muestra, en primer lugar, una gráfica donde se representa la diferencia de temperatura en esa población respecto a la del año en que naciste. En concreto, lo que la gráfica proporciona es el número de días muy calurosos en los que se alcanzó una temperatura de 32ºC o más. Después, la aplicación te muestra una previsión a futuro, en el marco de lo que prevén diversos modelos climáticos desarrollados por los científicos.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, la edad media (tomados ambos sexos) de la población española es de 43 años. Así pues, introduje en esa web la fecha de 1975 como año de nacimiento del ciudadano promedio en España y fue introduciendo diferentes ciudades en el campo “localidad”. Supongamos que somos ese ciudadano promedio.

Para el área de Madrid, la gráfica resultante señala, en primer lugar, que cuando naciste, en 1975, se podía esperar cerca de 31 días al año en los que se alcanzaban al menos 32ºC y luego muestra, con una tendencia al alza muy clara, cómo el número de éstos sube con respecto a dicho año hasta llegar a los 54 días calurosos (con 32ºC o más) que se pueden esperar en la actualidad. Para el 2055, cuando tengas 80 años, los modelos muestran que podrás sufrir 74 días muy calurosos (el rango probable está entre 65 y 89 días, según se consideren los diferentes escenarios).

Para el área de Ibiza, la aplicación da los siguientes datos: 48 días calurosos en 1975, 84 en la actualidad y un promedio de 104 días en 2055 (el rango probable está entre 97 y 119).

En Sevilla: 72 días calurosos en 1975,  92 en 2018 y un promedio de 110 días en 2055 (rango entre 102 y 121).

 

En Cáceres: 45 días calurosos en 1975,  69 en 2018 y un promedio de 87 días en 2055 (rango entre 81 y 97).

Según este análisis del Climate Impact Lab para el NYT, en España, salvo las zonas con mayor influencia del Atlántico y del Cantábrico, el resto de áreas seguirá sufriendo un pronunciado aumento de las temperaturas en los próximos años. Y ello incluso si todos los países del mundo hacen sus deberes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que si, por el contrario, aquellos continuasen emitiendo a las altas tasas del pasado, el futuro podría ser todavía más caluroso.

Sufrir temperaturas altas no es solo una molestia con respecto al grado de confort que preferimos tener, es un problema que puede tener repercusiones muy graves para la salud pública, especialmente para los sectores de población más vulnerables. Además, el abastecimiento de agua, el suministro de energía y comida, y, por supuesto, los ecosistemas naturales, pueden verse muy seriamente trastornados.

Sufrir temperaturas altas no es solo una molestia con respecto al grado de confort que preferimos tener, es un problema que puede tener repercusiones muy graves para la salud pública, especialmente para los sectores de población más vulnerables

Cada vez con más frecuencia nos impactan noticias que demuestran que las previsiones sobre los efectos esperados del cambio climático ya se están cumpliendo. En las últimas semanas, por ejemplo, las de las tremendas inundaciones ocurridas en las Baleares y diferentes partes de la costa mediterránea y en el sur de Francia; la de que el huracán Leslie llegase a la Península Ibérica convertido en tormenta tropical, causando destrozos y dejando miles de casas sin luz en Portugal y otros trastornos menores en diversas partes de España; la del tornado que dejó a oscuras durante varios días a media isla de Menorca después de destruir varias torres de alta tensión doblándolas como si hubieran sido de plastilina; la de los gravísimos incendios forestales en California, aún activos a la hora de escribir estas líneas, con resultado de decenas de muertos y centenares de desaparecidos, 40.000 evacuados, más de 12.000 edificios destruidos (en su mayoría en la localidad de Paradise, que ha quedado completamente engullida por las llamas) y que han quemado cerca de 60.000 hectáreas de vegetación.

También quiero referirme a la prolongada y gravísima sequía sin precedentes sufrida por todo el norte de Europa desde mayo (en determinadas zonas, desde marzo) hasta mediados de agosto, que secó ríos y embalses en países como el Reino Unido, devastó cosechas causando un aumento de los precios de las cereales y otros productos hortícolas, provocó graves incendios forestales en Suecia (incluso en zonas del Círculo Polar Ártico) que tuvo que recurrir a la ayuda de la Unión Europea para tratar de contener los hasta 40 focos que llegó a tener activos simultáneamente. Según los científicos, estas grandes anomalías, en especial la ola de calor del norte de Europa no se explican sólo por la variabilidad natural.

Aunque no se pueda achacar al cambio climático la ocurrencia de ningún evento meteorológico concreto, todos los escenarios científicos apuntan a que, en conjunción con el aumento de la temperatura media global del planeta, fenómenos extremos de distinta naturaleza, como los mencionados, irán a más en los próximos años.

 

Tampoco debemos ignorar otros efectos esperados del cambio climático, asociados a la salud, como la aparición de nuevas enfermedades (o reaparición de algunas hace tiempo olvidadas). Así, en 2018, se han confirmado tres casos de dengue contraídos, por primera vez, en territorio español. También se está expandiendo por nuestras latitudes otro virus, el de la fiebre del Nilo occidental, transmitido -como el del dengue- por mosquitos, que ha sido la causa de la muerte de 85 personas este verano en varios países de sur de Europa. A consecuencia del calentamiento global, se reproducen las condiciones climáticas que favorecen la proliferación de las especies de mosquitos que transmiten esos virus.

Las consecuencias de llegar a un incremento de 1,5ºC serían mucho más graves, como nos ha recientemente alertado el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático

Estos hechos son algunas pinceladas de lo que conlleva un aumento de 1ºC en la temperatura media de La Tierra. Pero hay que tenerlo en mente porque las consecuencias de llegar a un incremento de 1,5ºC serían mucho más graves, como nos ha recientemente alertado el Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC, en sus siglas inglesas), autoridad científica auspiciada por Naciones Unidas sobre esta materia.

El IPCC nos advierte en su último informe de que el cambio climático avanza a un ritmo mayor del esperado y que se nos acaba el tiempo para hacer frente a este problema. Aunque ya estamos sufriendo sus consecuencias, si reaccionamos hoy, con suficiente diligencia, aún estaremos a tiempo de evitar las consecuencias más catastróficas e irreversibles que conllevaría alcanzar un escenario con un aumento de 1,5ºC de la temperatura media del planeta. Para ello el IPCC reclama que hay que hacer rápidamente cambios “de gran alcance y sin precedentes” en nuestro sistema energético y económico.

Dentro de menos de un mes se celebrará la cumbre anual sobre cambio climático de Naciones Unidas (COP24) en Polonia. De cara a esta reunión, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha publicado una encuesta (25.000 participantes, de más de 18 años, de 30 naciones, de la Unión Europea más Estados Unidos y China) sobre la percepción ciudadana sobre el calentamiento global. Con respecto a los ciudadanos europeos, un 78% de los encuestados se declaró preocupado o alarmado al respecto, siendo las poblaciones del sur de Europa las que mostraron un mayor grado de preocupación por los efectos del cambio climático. En España, el porcentaje subió a un 87%, bastante por encima de la media europea, sólo por detrás de Portugal, Grecia, Chipre y Malta. Un 70% de los españoles afirmó que cree que el cambio climático es una amenaza para la humanidad.

Estos datos demuestran que la ciudadanía ha tomado mayoritariamente conciencia del problema. Ello da a los gobiernos legitimidad para poner urgentemente en marcha políticas ambiciosas para hacer frente al desafío del cambio climático. Y deben darse prisa porque no hay tiempo que perder.

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

¿Qué implican las nuevas etiquetas de las gasolineras?

Muchas personas se habrán hecho esta pregunta al ir a repostar, al ver unas nuevas etiquetas en los surtidores. A otros les habrán pasado desapercibidas, dado su pequeño tamaño, pero más vale acostumbrarse porque acabarán reemplazando a los indicadores actuales. El nuevo etiquetado se estrenó el 12 de octubre, cuando entró en vigor la aplicación de la normativa europea que obliga a etiquetar, de forma diferente a la habitual, los surtidores de cada tipo de combustible en las gasolineras. Y aunque cada vehículo lleva un tipo de combustible, es una buena ocasión para reflexionar sobre las alternativas disponibles, especialmente si ello lleva a cuestionarse el tipo de vehículo y el uso que hacemos de él.

gasolineras

Lo que nos encontramos ahora en las gasolineras es un nuevo etiquetado en los surtidores: circular para gasolina, cuadrado para gasoil y rombo para el gas. Con esto se nos quiere informar de las alternativas disponibles entre los distintos combustibles. Sin embargo, no son todas las opciones disponibles.

La primera cuestión a tener en cuenta no es cuál es el mejor combustible, sino cómo evitar, o al menos reducir, el consumo de combustible. Y ahí la primera alternativa es el “no-coche”, es decir: evitar los desplazamientos innecesarios (por ejemplo, mediante el teletrabajo, las videoconferencias…), desplazarnos a pie, usar vehículos no motorizados como la bicicleta o usar transporte colectivo (autobús, metro, tren, tranvía…).

Si ninguna de esas opciones nos vale para evitar el coche, entonces se puede recurrir al vehículo compartido, de manera que usamos un vehículo (que puede ser coche, moto, bici…) que no es de nuestra propiedad, sino que puede ser un servicio público o de una empresa privada o de un particular. De esta forma, un mismo vehículo puede ser usado por distintas personas, que pagan por el uso, no por el vehículo. O bien, distintas personas comparten un trayecto en el vehículo de una de ellas.

Si vamos a usar un coche, sea o no de nuestra propiedad, la mejor opción, en cuanto a rendimiento y consumo, es el eléctrico (lo mismo vale para motos y cualquier otro tipo de vehículo motorizado). Cada vez son más los modelos disponibles, aunque estamos aún en una etapa muy incipiente. El motor eléctrico obtiene su energía de la electricidad, no de un combustible directo, aunque es clave que la electricidad sea producida con energías renovables, no con combustibles fósiles ni nucleares. Pero siendo una alternativa real, la recarga de vehículos eléctricos no está incluida en la actual normativa de etiquetado de surtidores, así que esta es otra de las opciones que, por ahora, seguiremos sin ver en las gasolineras.

Los “bio”combustibles no constituyen una alternativa a la necesidad de evitar los combustibles fósiles causantes del cambio climático, pues es muy difícil garantizar que la forma en que se hayan obtenido no haya producido impactos ambientales o sociales iguales o mayores

De manera que el nuevo etiquetado solo es relevante para aquellos vehículos que necesitan un combustible. De éstos, los más eficientes actualmente son los híbridos, que combinan motor de combustión y eléctrico.

Los vehículos que usan gasolina se irán al surtidor con etiqueta circular y los que usan gasoil a los de etiqueta cuadrada. Las letras que aparecen dentro de las etiquetas indican la proporción de combustible de origen vegetal mezclado con el combustible de origen fósil (gasolina o gasoil derivados del petróleo). Esto daría para otro artículo, pero es suficiente con saber que los “bio”combustibles no constituyen una alternativa a la necesidad de evitar los combustibles fósiles causantes del cambio climático, pues es muy difícil garantizar que la forma en que se hayan obtenido no haya producido impactos ambientales o sociales iguales o mayores. Por tanto, no merece la pena perder el tiempo con las letras, salvo lo que indique el fabricante del vehículo.

La mayor novedad está en las etiquetas en forma de rombo, las de los combustibles gaseosos. Ahí sí hay diferencias importantes a tener en cuenta en las letras. LPG se refiere a los gases licuados del petróleo (el butano y el propano de toda la vida), que como su nombre indica provienen del petróleo, así que el problema de fondo es el mismo que con la gasolina o el gasoil. Los que usen gas natural tienen dos indicadores: CNG si el gas es comprimido o LNG si el gas es licuado. Pero a pesar de su bonito nombre, el gas natural es otro combustible fósil, en principio menos contaminante que el petróleo, pero del que también debemos prescindir para hacer frente al cambio climático. H2 es hidrógeno, un combustible limpio al obtenerlo (si se ha producido con energías renovables) y al utilizarlo, pues al quemarse produce vapor de agua solamente, por lo que sería la mejor opción de futuro para aquellos vehículos que no puedan ser directamente eléctricos.

Cada vez que echo gasolina en mi vehículo híbrido, estoy subvencionando al coche diesel de al lado, ya que los impuestos que paga el gasoil son muy inferiores a los que paga la gasolina, de ahí de la diferencia (artificial) del precio

Evidentemente, con todo esto hemos tratado de responder a la pregunta inicial para aquellas personas preocupadas por la calidad del medio ambiente, la salud o, simplemente, el uso racional de la energía. Para quienes solo les preocupe el efecto directo en su bolsillo puede haber otras respuestas, aunque convendría recordarles que, cada vez que echo gasolina en mi vehículo híbrido, estoy subvencionando al coche diesel de al lado, ya que los impuestos que paga el gasoil son muy inferiores a los que paga la gasolina, de ahí de la diferencia (artificial) del precio. Esperemos que esto cambie pronto, como ha prometido el Gobierno, y que cada combustible y cada vehículo pague todo el impacto ambiental que produce. Entonces estas recomendaciones serán igualmente útiles para todos.

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace

Gas fósil en transporte. Nuevo informe de T&E ¿Estamos locos?

La UE se ha comprometido a reducir sus emisiones entre el 80% y el 95% en 2050. La mayor parte de las emisiones corresponden a la generación de electricidad, el transporte y la calefacción. Pero una tercera parte están repartidas entre agricultura, ganadería, procesos industriales, bosques, residuos y otros. Para descarbonizar algunos de estos procesos (ganadería, industria) o bien carecemos por el momento de la tecnología o bien es demasiado cara. Simultáneamente, la demanda de bienes y servicios, incluida la energía, seguirá subiendo en la UE y en el resto del mundo. Por lo tanto, para poder cumplir sus objetivos, la UE deberá apostar por programas ambiciosos de Eficiencia, Electricidad Renovable y Electrificación del Transporte y la Calefacción. Por lo tanto, en 2050 las emisiones por Electricidad, Transporte y Calefacción deberán ser CERO o Casi-CERO.

gas

Fuente: www.transportenvironment.org

Hay un intento por parte de las grandes empresas de Oil&Gas de realizar esa transición con gas fósil. Con la pretensión de que el gas es limpio y el complemento necesario para la generación renovable y el camino hacia el gas renovable: biometano e hidrógeno.

El gas natural no es limpio. Al quemarlo produce el 85-90% del CO2 que producen la gasolina o el gasóleo (del tanque a la rueda, Tank-to-Wheels, TTW). Pero al extraerlo, licuarlo, transportarlo, regasificarlo y distribuirlo, se producen fugas de metano. Y el metano es entre 28 y 86 veces más potente que el CO2 atrapando calor (dependiendo de que repartamos su efecto en 100 o en 20 años, respectivamente). Aceptando un valor intermedio, digamos 50, bastaría con fugas acumuladas del 1% para que el efecto invernadero del Pozo al Tanque fuera el 50%, (Well to Tank, WTT). Es decir, el efecto invernadero TOTAL del gas natural es comparable al de los demás hidrocarburos, gasolina o gasóleo. “Es mejor para la calidad del aire”, dicen. Bueno, es casi lo mismo, según veremos.

En conclusión, utilizar el gas para una transición hacia la descarbonización es como beber brandy (38º) en lugar de vodka (41º) en el camino hacia la desalcoholización.

Transport & Environment ha publicado hoy este informe-tesis de 80 páginas, titulado Vehículos y buques propulsados por gas natural: Los hechos, donde analizan los impactos ambientales del uso masivo del gas fósil en transporte terrestre y marítimo. Y estas son sus conclusiones:

1.- Efecto climático

Las emisiones del pozo a la rueda (o a la hélice) de los vehículos a gas son entre el 88% y el 109% de las emisiones con diésel.

Para turismos, ese rango está entre el 93% y el 106% comparado con turismos equivalentes a gasóleo. Para camiones, estiman que el rango es entre el 98% y el 105% comparando con el mejor camión a gasóleo y dependiendo de la tecnología. Para el transporte marítimo, ese rango es entre el 88% y el 109% comparando con el gasóleo marino (MGO).

Los datos definitivos dependen de las fugas de metano. Y estas son muy difíciles de medir. En algunos procesos, como el fracking, las fugas son inmensas e imposibles de medir. En otros procesos, como extracción, licuefacción, transporte, regasificación y distribución… depende de muchos factores, de los países en los que están esas infraestructuras y de su estado de conservación. En 2010, el metano representó el 20% de las emisiones mundiales de gases invernadero. Alcanzaron las 550 Mt y crecen cada año en unas 25 Mt, de las cuales, 17 Mt se atribuyen a la extracción de Oil&Gas.

2.- Efecto en la calidad del aire

Los turismos a gas emiten NOx y partículas a niveles parecidos a los equivalentes a gasolina y algo menos que sus equivalentes a gasóleo que cumplen con los límites RDE. Pero los gasóleo Euro 7 serán comparables al gas o la gasolina en este apartado.

Para camiones, ni el GNL ni el GNC ofrecen mejoras significativas  con respecto a los Euro VI.

Para buques, la ventaja del GNL es clara, solo si la comparamos con el fuel oil pesado (HFO), pero se pueden conseguir emisiones similares equipando los buques con sistemas de postratamiento SCR y DPF y utilizando el gasóleo marino (MGO) de bajo contenido en azufre.

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Fuente: https://www.transportenvironment.org

3.- Biometano

Sin duda, el metano de origen en vertederos, granjas, residuos, etc. puede considerarse sin emisiones NETAS, pues ese metano ya existe. Por lo que lo mejor que podemos hacer es quemarlo. Por desgracia, el potencial de este combustible lo calculan entre un 6,2% y un 9,5% de las necesidades del transporte… Hay mejores usos de este gas, por ejemplo, descarbonizar la calefacción o la electricidad en el sitio donde se produzca. Sin tener que transportarlo a las gasineras.

4.- Fiscalidad

Hoy el gas fósil apenas contribuye a los impuestos de hidrocarburos en la UE. Su única posibilidad de expansión desde el punto de vista comercial es que esas exenciones fiscales se mantengan. De media, en la UE, el gas paga 9,51€/GJ menos que el gasóleo y 16,21€/GJ menos que la gasolina. En España, el gas natural de movilidad ni siquiera contribuye al mantenimiento de las carreteras. Esto no tiene ningún sentido.

5.- La transición hacia el futuro utilizando GAS

La transición masiva hacia el gas requeriría inversiones billonarias en infraestructuras, en vehículos y redes de distribución. Y mantener el apoyo fiscal permanente a un combustible casi tan nocivo como lo que se quiere erradicar. En una región, la UE, que apenas produce gas fósil y que debería multiplicar sus importaciones de Rusia, Norte de África y EEUU (LNG) ¿Estamos locos?

Lo que la UE debe hacer es apostar con ambición por la movilidad de emisiones CERO.

 Anexo:

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Fuente: https://www.transportenvironment.org

La Tabla 6 del informe (arriba) muestra las emisiones de cinco modelos “iguales”, de prestaciones similares, con los datos oficiales del fabricante. Y sus emisiones desglosadas, del tanque a la rueda (TTW, emisiones en uso) + del pozo al tanque (WTT, de la cadena de suministro). Los resultados son inapelables: el coche a gas-gasolina emite entre 123 y 149 gramos/km, lo mismo o más que el de gasolina (130) o el de gasóleo (132). Solo el eléctrico a baterías emite 36 g/km, según el mix de generación UE 2017. Además, ese mix será tendente a CERO en 2050.

Por Emilio de las Heras – Experto en Cambio Climático y Economía "

Baleares puede ser pionera en la Transición Energética

El Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética de las Islas Baleares acaba de iniciar su tramitación reglamentaria en el Parlament balear. El carácter pionero de esta iniciativa dentro de España despertó ya hace meses el interés en medios internacionales, seguramente en contraposición con el retraso y la desidia del Gobierno Rajoy en presentar su propio proyecto de ley en esta materia, pese a haber ratificado la Unión Europea el Acuerdo de París en octubre de 2016 (y España en enero de 2017).

Se trata de un Proyecto de Ley con objetivos ambiciosos de cara a la reducción de emisiones de CO2 y la descarbonización del sistema energético balear, a día de hoy inmensamente dependiente de los combustibles fósiles en todos los sectores.

Así, por ejemplo, la generación de electricidad en las Islas Baleares está predominantemente basada en centrales térmicas de combustibles fósiles (carbón, fueloil, gasóleo y gas). A finales de 2017, en toda la Comunidad Autónoma sólo había 4 MW instalados de energía eólica y 78 MW de solar fotovoltaica, según datos de Red Eléctrica de España.

Pretende avanzar hacia la autosuficiencia energética mediante el abandono progresivo de los combustibles fósiles, el incremento de la eficiencia energética (reducción del consumo primario en un 26% para 2030 y un 40% para 2050 con respecto a los niveles de 2005) y aumentar la capacidad para generar en el territorio de las Islas Baleares, mediante energías renovables

La movilidad terrestre en Baleares se basa mayoritariamente en el uso del vehículo privado. Así, la ratio de coches privados por habitante es superior a la media estatal, entre otras cosas, porque no se ha hecho hasta ahora una apuesta decidida por el transporte público colectivo ni la intermodalidad.

Los objetivos generales de este Proyecto de Ley balear son la mitigación de las causas del Cambio Climático y la adaptación de la economía, la sociedad y los ecosistemas a los impactos que éste provocará, además de impulsar la democratización de la energía y, por supuesto, dar cumplimiento al Acuerdo de París.

Para ello, se pretende avanzar hacia la autosuficiencia energética mediante el abandono progresivo de los combustibles fósiles, el incremento de la eficiencia energética (reducción del consumo primario en un 26% para 2030 y un 40% para 2050 con respecto a los niveles de 2005) y aumentar la capacidad para generar en el territorio de las Islas Baleares, mediante energías renovables, al menos el 70% de la energía final que se consuma en ese territorio en el 2050. A este respecto, para la penetración de las energías renovables se plantea como objetivos el 35% en 2030 y el 100% en 2050, porcentajes entendidos como proporción de la energía final consumida en el territorio balear.

Baleares

El texto prevé la transformación progresiva de las flotas de vehículos de alquiler (muy numerosos en la cada vez más larga temporada turística en Baleares) desde 2020, cuando un 2% de los vehículos deberán ser eléctricos, hasta alcanzar el 100% de éstos en 2035. La medida irá acompañada de importantes inversiones en infraestructura de puntos de recarga eléctrica.

Además se plantea la prohibición de entrada a las islas de vehículos “fósiles”. En 2025 se restringirá la entrada de vehículos diésel a las islas, así como su venta, y en 2035 lo mismo sucederá con los de gasolina y demás derivados del petróleo, de manera que en 2050 el parque móvil esté totalmente descarbonizado. Esta, no obstante, ha sido una de las medidas que más críticas han suscitado en determinados sectores.

Plantea la prohibición de entrada a las islas de vehículos “fósiles”. En 2025 se restringirá la entrada de vehículos diésel a las islas, así como su venta, y en 2035 lo mismo sucederá con los de gasolina y demás derivados del petróleo

Todas las medidas previstas en el citado Proyecto de Ley, permitirán, según lo anunciado por el Gobierno balear, una reducción de las emisiones de CO2 del 40% en 2030 y de un 90% para el 2050, con respecto a los niveles de 1990.

En el marco de la recientemente iniciada tramitación parlamentaria de este texto, Alianza Mar Blava y la European Climate Foundation (ECF) han organizado en el Parlament balear un ciclo de jornadas técnicas y de debate sobre diferentes aspectos de la problemática y de los temas abordados en dicho proyecto de ley, ciclo que terminará el 31 de octubre con una mesa redonda entre los partidos políticos baleares para confrontar sus posturas frente al desafío climático y la necesidad de iniciar la transición hacia la sostenibilidad energética y la velocidad que ha de darse a este proceso.

El objetivo de Alianza Mar Blava y la European Climate Foundation es conseguir la aprobación de una ley ampliamente consensuada para poder afrontar eficazmente el desafío del Cambio Climático.

Es decir, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética que se pretende aprobar en esta legislatura tendrá que ser desarrollada y aplicada sin contratiempos ni sobresaltos, no sólo en la próxima legislatura sino en un marco temporal de varias décadas, para poder hacer frente con éxito a un reto tan importante para toda la sociedad y el medio ambiente como es el del cambio climático. Sin duda, ello sólo será posible si esta ley consigue contar con un amplio consenso social, empresarial y político; dicho de otra forma, si se logra que la inmensa mayoría de la sociedad balear la considere como una ley necesaria y positiva.

Los impactos esperados del Cambio Climático en las próximas décadas en las islas Baleares serán especialmente graves, lo que debiera ser motivo de honda preocupación para la sociedad balear y para todas las fuerzas políticas que la representan.

La gravedad del problema del Cambio Climático nos fuerza a avanzar de forma urgente y decidida en la transición energética hacia un modelo completamente descarbonizado, libre de combustibles fósiles, y 100% renovable. No sólo porque éste sea nuestro compromiso internacional al haber ratificado el Acuerdo de París, sino porque la comunidad internacional se está moviendo muy despacio al respecto y se nos acaba el tiempo, si es que queremos evitar los efectos más catastróficos del Cambio Climático.

Los datos de los científicos no dejan lugar a dudas. Los impactos esperados en las próximas décadas en las islas Baleares serán especialmente graves, lo que debiera ser motivo de honda preocupación para la sociedad balear y para todas las fuerzas políticas que la representan.

En base a las conclusiones de los modelos climáticos, el incremento de la temperatura media en las Islas Baleares a lo largo del siglo XXI será superior al que se registrará globalmente. Debido al aumento esperado de las temperaturas medias, es muy probable que se produzcan fuertes olas de calor y episodios de temperaturas extremas al tiempo que aumentaría el riesgo de que se produzcan situaciones de grave escasez de agua. El aumento del nivel del mar tendrá consecuencias negativas para el litoral, el suministro de agua (por la salinización de acuíferos), el urbanismo, etc. Así, el aumento del nivel del mar conllevará la pérdida irreversible de muchos metros de sus hermosas playas antes de 2050.

De todo ello se deduce que las Islas Baleares van a verse especialmente afectadas por el Cambio Climático y, dado que es un territorio que concentra un alto porcentaje de población, de actividad económica y de sistemas naturales muy sensibles a los cambios ambientales, se puede afirmar, por tanto, que va a ser especialmente vulnerable a sus efectos, desde diversos puntos de vista: salud, medioambiental y económico.

Sin duda alguna, se trata de un contexto extremadamente preocupante para las Islas Baleares, dada su economía tan dependiente del buen estado de sus aguas y sus costas, de la disponibilidad de agua para el suministro, factores básicos, entre otros, para poder seguir manteniendo su liderazgo en el ámbito turístico, su principal industria.

Estamos en un momento clave. Las islas Baleares pueden convertirse en un referente mundial en la lucha contra el Cambio Climático y ser, en unas décadas, 100% renovables. Es sólo cuestión de voluntad política y compromiso ciudadano.

Por Carlos Bravo – Coordinador del Secretariado Técnico de la Alianza Mar Blava

Cambio climático, desigualdad y medidas insuficientes

Por Marta Victoria – Observatorio Crítico de la Energía marta victoria

No todas las personas somos responsables en la misma medida de provocar el Cambio Climático. Nuestro impacto es, en realidad, tremendamente desigual, como muestra la siguiente estadística elaborada por Oxfam: el 10% de la población mundial más rica genera casi la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, el 50% más pobre solo genera el 10% de las emisiones globales.

Los países industrializados han basado su desarrollo fundamentalmente en el uso de combustibles fósiles alcanzando en la actualidad tasas de emisión de CO2 per cápita que pueden ser hasta 100 veces más altas que las correspondientes en los países en vías de desarrollo. Por ello, en los acuerdos internacionales sobre el clima suele utilizarse el principio de responsabilidades compartidas pero diferenciadas: compartidas porque todos habitamos un mismo planeta, que es finito y, por tanto, tiene límites físicos, pero diferenciadas porque no todos hemos contribuido del mismo modo hasta aproximarnos peligrosamente a uno de esos límites, el máximo CO2 de origen antropogénico que la Tierra puede absorber sin alterar su equilibrio climático.

La desigualdad extrema de las emisiones de carbono. Nota informativa Oxfam, 2015

El impacto que el Cambio Climático tiene en nuestras vidas tampoco es independiente de dónde nos encontremos. Los países más pobres son mucho más vulnerables. Es fácil prever que un aumento de la intensidad y frecuencia de fenómenos extremos, como sequías o inundaciones, tendrá consecuencias mucho más graves en aquellos países que tengan en la agricultura de subsistencia uno de sus pilares productivos. Entre los colectivos particularmente vulnerables destacan las mujeres.

En primer lugar, por la sencilla razón de que existen más mujeres pobres que hombres y, por tanto, más mujeres especialmente vulnerables a los efectos del Cambio Climático. En segundo lugar, son las mujeres las encargadas del abastecimiento doméstico de agua y recursos energéticos. Que aumente la dificultad de acceder al agua o recoger madera implica directamente que mujeres y niños andarán más horas y recorrerán mayores distancias para transportarlas, reduciendo así el tiempo disponible para estudiar, trabajar o descansar.

Las desigualdades relacionadas con la responsabilidad y la vulnerabilidad ante los impactos del cambio climático no se limitan a una burda separación entre países pobres y ricos. Sabemos que el mundo actual es más complejo e interconectado y que estas desigualdades están también presentes en nuestro país viéndose influenciadas tanto por los ingresos como por el estilo de vida de cada persona. Así, las familias que viven en pobreza energética son especialmente vulnerables a una ola de frío y aquellas que dependen de la agricultura se verán más afectadas por la desertificación de zonas fértiles como consecuencia del Cambio Climático. Al mismo tiempo, no contribuye del mismo modo a acelerar este fenómeno quien se desplaza en transporte público que quien pasea un vehículo 4×4 por el centro de las ciudades.

Una vez que aceptamos que la responsabilidad es compartida y que la necesidad de frenar el cambio climático es urgente, la pregunta pertinente es por qué no somos capaces de llegar a acuerdos efectivos, tanto a nivel internacional en lo que se refiere a compromisos vinculantes de reducción de emisiones, como dentro de nuestro país para, por ejemplo, aprobar una Ley de Cambio Climático y Transición Energética lo suficientemente ambiciosa.

Es muy probable que en la raíz de la respuesta a esta pregunta se encuentre la desigualdad en causalidad y vulnerabilidad frente al Cambio Climático. La mayoría de disputas relacionadas con el Medio Ambiente a lo largo y ancho del mundo pueden entenderse como un conflicto ecológico distributivo donde una minoría obtiene beneficios al apropiarse de unos recursos comunes, por ejemplo, los ingresos derivados de una explotación petrolífera, y una mayoría recibe los pasivos ambientales generados en ese proceso, que pueden incluir, entre otros, la destrucción del territorio o la contaminación de aguas cercanas.

El próximo sábado 8 de septiembre hay convocada una jornada mundial para reclamar medidas urgentes de lucha contra el Cambio Climático

El Cambio Climático es un conflicto distributivo a escala planetaria. No tomar medidas para su mitigación implica que una minoría se beneficia, es fácil pensar qué empresas disfrutan de estas ganancias en nuestro país, mientras que la mayoría nos quedamos con los impactos negativos del mismo. También empieza a ser muy fácil identificar estos impactos muy cerca de nosotros.

Los conflictos distributivos requieren soluciones políticas y limitarnos a utilizar mejoras tecnológicas o actuar individualmente resulta insuficiente. Las mejoras tecnológicas son una herramienta para mitigar el Cambio Climático. Necesitamos avanzar en tecnologías que permitan generar energía, transportarnos y calentarnos de manera eficiente y con muy bajas emisiones de CO2 asociadas, pero no vamos a encontrar una fuente de energía ilimitada y gratuita, de la misma forma que ninguna de las estrambóticas soluciones de geoingeniería nos ahorrará pensar en este problema. Es imprescindible también cambiar nuestro estilo de vida y tomar decisiones personales que ayuden a frenar el Cambio Climático como contratar electricidad de origen renovable, utilizar menos el coche y el avión o consumir menos carne.

Pero todo lo anterior no invalida el hecho de que evitar un Cambio Climático de consecuencias catastróficas requiere una solución política. Para poder encontrar soluciones más justas y equitativas, necesitamos modificar los equilibrios actuales en todas aquellas disputas relacionadas con este fenómeno (entre estas disputas se incluye el cierre de las centrales de carbón, el “impuesto al sol” y el desarrollo de fuentes renovables pero también qué modelo de ciudad queremos o qué medidas son necesarias desincentivar el uso del coche).

Para que estas propuestas cristalicen en medidas concretas es imprescindible que el Cambio Climático gane importancia en la agenda política y que la ciudadanía mande un mensaje nítido

El escenario actual nos permite ser ligeramente más optimistas que hace unos meses. Por un lado, y por primera vez en la historia, nuestro país tiene una Ministra de Transición Ecológica. Por otro, el grupo parlamentario de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea ha registrado recientemente una Proposición de Ley sobre Cambio Climático y Transición Energética que, en caso de ser aprobada, se convertiría en uno de los textos más ambiciosos a nivel internacional. Para que estas propuestas cristalicen en medidas concretas es imprescindible que el este problema gane importancia en la agenda política y que la ciudadanía mande un mensaje nítido: no estamos dispuestos a retrasar la Transición Energética para que una pequeña minoría pueda seguir disfrutando de beneficios injustos.

Una de las formas más efectivas para desplazar los equilibrios mencionados es empezar a hablar mucho más sobre Cambio Climático. Es importante transmitir a las personas que nos rodean nuestra preocupación y nuestro convencimiento de que existe una forma alternativa de generar y utilizar la energía, más respetuosa con el planeta y con el resto de personas que habitan en él.

El próximo sábado 8 de septiembre hay convocada una jornada mundial para reclamar medidas urgentes de lucha contra el Cambio Climático, una transición ecológica rápida y justa a un escenario con energía 100% renovable y el fin inmediato de las nuevas inversiones en proyectos fósiles. La cita en Madrid es en la plaza del museo Reina Sofía a las 19:00. Seguro que será una buena oportunidad para empezar a construir juntos esta alternativa.

Movilización #EnPiePorElClima. Sábado 8 de septiembre, 19:00 Plaza del museo Reina Sofía.

Un otoño caliente para el clima

José Luis García – Área de energía y cambio climático de Greenpeace


No sabemos qué tiempo meteorológico va a hacer en este próximo otoño, pero sí sabemos que los próximos meses van a ser decisivos para comprobar si podemos mantener el Cambio Climático bajo control o se nos escapará de las manos.

La preocupación ha subido muchos enteros con la publicación este verano de un estudio científico que advierte del grave riesgo de sobrepasar un umbral a partir del cual los efectos del Cambio Climático se convierten en causas que lo aceleran aún más, entrando en un círculo de retroalimentaciones que nos llevaría a un planeta inhabitable para la mayoría de la población humana (y de muchas especies). Mientras ese proceso de clima descontrolado se prolongaría durante siglos o milenios, el margen de tiempo para evitarlo es de tan solo diez o veinte años a lo sumo.

Esto reafirma la necesidad de hacer todo lo posible para evitar que el calentamiento global sobrepase 1,5ºC, tal como se establece en el Acuerdo de París.

Afortunadamente, hay señales que indican que la capacidad y la disposición de hacer frente al problema han mejorado, aunque la disposición es mayor en los actores no gubernamentales (empresas, municipios, sociedad civil) que en muchos gobiernos. Repasemos algunas recientes señales esperanzadoras:

  • El gigante electrónico Samsung se ha comprometido a suministrarse al 100% con energía renovable para las necesidades energéticas de sus instalaciones en Estados Unidos, Europa y China para 2020, y a influir positivamente en los esfuerzos del gobierno coreano en esa dirección.
  • La “Powering Past Coal Alliance” (una alianza global de más de 20 países para la eliminación progresiva del carbón) ha empezado a trabajar más allá de hacer declaraciones, de manera que los países que ya tienen decidido acabar con el uso del carbón se están organizando para influir en otros países que están en el proceso de decidirlo, como es el caso de Alemania.
  • Los cambios de gobierno en España e Italia han modificado el equilibrio de fuerzas dentro de la Unión Europea a favor de la lucha contra el cambio climático, de las renovables y la eficiencia energética, como ya se ha visto en las negociaciones que culminaron en la aprobación de una nueva directiva de energías renovables con un objetivo más ambicioso que el inicial y que deja fuera de juego el impuesto al sol.
  • En Latinoamérica también ha habido cambios de gobierno significativos. A efectos del cambio climático, destaca el de Costa Rica, que quiere que el país sea libre de combustibles fósiles en 2021.

Por otro lado, el IPCC (grupo de expertos de Cambio Climático de la ONU) va a publicar a principio de octubre un informe decisivo sobre la ambición y urgencia, necesaria y posible, de evitar un calentamiento de 1,5ºC. También advertirá de las graves consecuencias de no hacerlo: ese umbral puede ser suficiente para desequilibrar las cubiertas de hielo de Groenlandia o la península Antártica, matar al 90% de los corales de aguas cálidas, causar severos problemas al Ártico y los océanos, etc. No es fácil evitarlo, no estamos en camino, pero no hay más remedio que hacer todo lo posible. Este informe ha de ser la referencia científica que ilumine las negociaciones de Cambio Climático hacia la cumbre del clima (COP 24) de Polonia y más allá.

Con estos y otros elementos sobre la mesa, la hoja de ruta para conseguir que los compromisos mundiales permitan evitar el calentamiento de 1,5ºC tendría estos hitos:

  • En la UE, se han de identificar en 2018 los países que quieren participar de una “coalición de alta ambición”, que se formalizaría en 2019, cuando la Comisión Europea ha de publicar su nueva hoja de ruta de emisiones para mitad de siglo, de forma que en 2020 se adopten nuevos objetivos para 2030 alineados con el Acuerdo de París. España debe estar en esa coalición.
  • China activa este año sus relaciones internacionales, para anunciar en 2019 la revisión de su compromiso nacional, que formalizaría junto con la UE en 2020 en forma de objetivos más ambiciosos para 2030. El papel de China es clave, puesto que, siendo el mayor emisor del mundo, ha alcanzado su objetivo de emisiones para 2020 con tres años de antelación. Está por ver si ejercerá la influencia en renovables que necesitan otros grandes países emisores como India, Brasil, Sudáfrica, Indonesia o Turquía, que compense la negativa influencia de los EE.UU. de Trump.
  • Los líderes mundiales de los actores no gubernamentales se identifican y reúnen este año (la cumbre de California en septiembre es el momento), se organizan y expanden durante 2018 y ejercen su presión positiva sobre los gobiernos en 2020.
  • La comunidad científica consigue este año que su llamada de atención sobre la necesidad de aumentar la ambición entre en la agenda política. Esa influencia ha de manifestarse en los discursos políticos durante 2019 y reflejarse en los compromisos a adoptar en 2020.

Todo dependerá de lo que veamos este otoño. La clave será que los gobiernos escuchen la llamada de atención de los científicos del IPCC y se decidan a aumentar su ambición climática (o sea, que se dispongan a asumir compromisos mayores que los asumidos hasta ahora) de cara a la cumbre del clima de Polonia. Allí el tema candente será el carbón, el combustible fósil que más incide en el Cambio Climático, puesto que la cumbre tiene lugar en Katowice, el corazón de la región carbonera de Polonia, el país que en mayor proporción usa el carbón en toda Europa.

En un otoño donde será patente la urgencia, la posibilidad y la responsabilidad de poner límite al Cambio Climático, el gobierno español tiene la oportunidad de demostrar que va en serio y aprovechar la cumbre de Polonia para que España deje de ser el único país de Europa occidental sin un plan de abandono del carbón aprobado ni en discusión, asumiendo el compromiso de que España deje de quemar carbón para 2025.

Sociedades avanzadas, civilizadas y sostenibles

Elena Alonso Asensio – Responsable de Comunicación de Fundación Renovables

El verano da mucho de sí. Lees más, viajas mucho, conoces gente distinta, visitas lugares diferentes y tienes largos ratos de asueto en el que las altas temperaturas u otras idiosincrasias del estío te obligan a poner en reposo tu organismo. Sea que estés en una terraza, en una tumbona, esperando en el aeropuerto o viajando en tren, es una época que te ofrece muchas oportunidades para observar.

No deseo hacer en este artículo comparaciones, si bien no he podido evitar hacer este ejercicio íntimo a la hora de valorar cosas que he visto. Pero prefiero quedarme aquí con lo bueno, que es lo que hay que hacer cuando uno saca conclusiones o viaja. Y me he traído grandes alegrías y muy buenos ejemplos que copiar.

Gracias a la suerte o al esfuerzo, o seguramente a ambos, he podido enfocar mi profesión de periodista hacia el mundo de la sostenibilidad, una vocación vital que trato de cultivar -porque todos podemos cada día descubrir nuevas formas de hacerlo mejor-, de manera que mi trabajo se entremezcla inevitablemente con parte de mi proyecto de vida, mis ratos de ocio y los valores que intento inculcar a mis hijas.

Así que, esté donde esté y haga lo que haga, tengo la costumbre de pasar por el filtro de la sostenibilidad todo lo que veo. A cada paso se me vienen las lecturas del invierno sobre los grandes retos a qué nos enfrentamos. No sólo en lo que se refiere al Cambio Climático, también en cuánto a la crisis medioambiental y de recursos que padecemos.

Me quedo, por ejemplo, con que he visitado lugares en lo que no te vendían plástico de un solo uso bajo ninguna circunstancia; también con que me han plantado la jarra de agua en un restaurante sin haberlo pedido, como si me estuvieran leyendo el pensamiento; me ha alegrado que las tiendas estén llenas de alternativas a las botellas de usar y tirar para beber agua; me ha encantado cómo gente mira a otra gente que tira colillas al suelo, cómo en mi playa de toda la vida ya hay contenedores para separar los residuos antes de salir o en mi pueblo de montaña favorito han puesto, además, un cuarto cubo de “rechazo”. Y una satisfacción personal: mis hijas recogiendo latas de la cuneta mientras hacíamos senderismo sin querer dejar ninguna cuando ya no cabían en sus manos. El futuro.

sostenibles

Vuelvo contenta. Se me viene a la mente la frase de Don Quijote: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos”. Yo diría ahora mismo: “Nos movemos, luego avanzamos”. “Avanzar” ¡qué palabra! Recuerdo cuando era pequeña y algún familiar tras llegar de viaje nos hablaba de sociedades “avanzadas” en el que las personas eran “civilizadas” y miraban por los demás, por los que venían detrás, y por sus ciudades, en sus actividades diarias (no tiraban basura al suelo, respetaban la vegetación, trataban de ahorrar recursos…). Según la RAE “civilizar” es “elevar el nivel cultural de sociedades poco adelantadas” y “mejorar la formación y comportamiento de personas o grupos sociales”. No me parece un concepto muy ajeno al de sostenibilidad.

Y, lo más importante, sobre todo, nos movemos las ciudadanas y los ciudadanos. Cada vez somos más los que nos preocupamos por saber qué impactos tiene un coche diésel o los beneficios que aporta que no utilicemos combustibles fósiles para calentarnos o qué el transporte público sea 100% eléctrico.

Ellas y ellos son para la Fundación Renovables el centro de todo a la hora de acometer una Transición Energética Sostenible, en la que trabajamos para que sea inclusiva, social y justa, y que no podemos entender sin poner al frente del proceso a las personas, que emergemos como sujetos responsables, empoderados y que tenemos el derecho y el deber moral de participar y actúar con criterios de sostenibilidad y respeto al medioambiente. Pero para eso es imprescindible que sepamos qué podemos cambiar y si los cambios a los que aspiramos son viables en términos de eficiencia y sostenibilidad.

Por esta razón, en nuestro informe de propuestas para el cambio a un nuevo modelo hemos elaborado un Decálogo para “Ciudadanos 100% Sostenibles”:

1. Reclama información veraz, clara y rigurosa a medios de comunicación, comercializadoras de energía, asociaciones, empresas y administraciones públicas.

2. Conoce la importancia del cambio climático y sabe lo que nos jugamos con el aumento de dos grados de la temperatura. Entiende que el futuro del planeta pasa por un nuevo modelo energético en el que la erradicación de los combustibles fósiles es una necesidad y no una opción. Tiene conocimientos básicos sobre sostenibilidad, energías renovables, facturación, eficiencia y ahorro energético, reciclaje y vertederos, movilidad, cambio climático, autoconsumo, …

3. Apuesta por las diferentes energías renovables para el cambio de modelo energético.

4. Sabe que la sostenibilidad ambiental no va ligada a una orientación política. Es un asunto transversal unido a una mejor supervivencia y mantenimiento del planeta.

5. Asume el autoconsumo como mecanismo clave para la responsabilidad ambiental y energética.

6. Adopta comportamientos de movilidad sostenibles: tramos a pie, utilización de transporte público, carsharing y carpooling, etc.

7. Recicla por convicción y por conocimientos, no por moda. Conoce el impacto y la necesidad de reciclar.

8. Participa en la sociedad de forma activa, formando parte de asociaciones, movimientos sociales, con el máximo grado de implicación posible. Difunde lo que sabe, es decir, hace pedagogía social en su esfera privada.

9. Entiende y conoce la huella de carbono que tienen las prendas que viste, los artículos que adquiere en la cesta de la compra, …

10.Consume energía desde la óptica de la demanda y no desde la oferta, bajo un prisma de ahorro y eficiencia.

Así que, muy animada, empiezo este nuevo curso con muchas ganas de seguir trabajando por sociedades avanzadas, civilizadas y sostenibles ¡Yo sí quiero 100% renovables!

El cambio está en marcha, es la hora de acciones disruptivas que lo aceleren

Domingo Jiménez Beltrán – Patrono fundador de la Fundación Renovables

El mantra de todos los sectores que tienen que cambiar (energético, eléctrico, automóvil, petroquímica, plásticos, construcción, agrario…) ante la inexorable descarbonización de la economía para mitigar el Cambio Climático y consiguiente desenergización y desmaterialización de la misma para conseguirlo es siempre el mismo: “Hay que hacer el cambio aunque de forma progresiva”.

No son solo los empresarios los que piden tiempo, también los sindicatos, aunque éstos cada vez aceptan más la transición entendida como “transición justa”, es decir, que se prevea el impacto en el mundo laboral para que el proceso de inevitable pérdida de puestos de trabajo en los sectores que tienen que cambiar se mitigue con el posible trasvase a empleos en los nuevos sectores o, en todo caso, con planes de adaptación y de medidas socioeconómicas para mitigar los impactos.

El desafío es que como decía el propio Papa Francisco en su encíclica “Laudato si”, el recurso más escaso frente al Cambio Climático es el tiempo. No hay tiempo que perder. No solo ambientalmente sino también desde el punto de vista socioeconómico, dados los enormes costes del fenómeno y los beneficios del nuevo orden económico, que permiten decir que esta Transición Ecológica de la economía es oportuna y urgente aunque no hubiera calentamiento global.

La historia ambiental reciente muestra que frente a los desafíos ambientales no tenemos más que lo que se conoce como “falsos negativos”, o lo que es lo mismo, que a base de negar la evidencia, de minimizarla o de ralentizar las respuestas acudiendo a una interesada cautela, siempre hemos llegado demasiado tarde.

emisiones

Quien no lo crea que repase los dos sesudos y bien documentados informes de la Agencia Europea del Medio Ambiente, AEMA, del año 2000 y 2013  “Lecciones tardías de alertas tempranas“ (1) donde se muestra y demuestra que llegamos demasiado  tarde en temas como el amianto (casi cien años tarde), la destrucción de la capa de ozono, el plomo en la gasolina, el mercurio (enfermedad de Minamata), el insecticida DDT o Dicloro difenil tricloroetano (50 años después de “La Primavera Silenciosa” de R. Carlson).

Actualmente estamos no solo repitiendo sino magnificando la historia en el caso del Cambio Climático (ya lo predijo, y con suficiente precisión, el Premio Nobel de Química en 1903 Svante A. Arrhenius hace más de cien años) que, además, a diferencia de casos anteriores, tiene ventajosas respuestas para su mitigación incluso desde el punto de vista socioeconómico.

Las partes interesadas se resisten y piden a que el cambio sea lento para que sus intereses no se vean afectados, sus activos no se devalúen y les dé tiempo a pasar a situaciones dominantes en el nuevo escenario.

Una vez más, estamos en un proceso de cambio urgente, inexorable y ventajoso. Una vez más, las partes interesadas se resisten y piden a que el cambio sea lento para que sus intereses no se vean afectados, sus activos no se devalúen y les dé tiempo a pasar a situaciones dominantes en el nuevo escenario.

Una vez más, y esta vez tasado en el tiempo, ya llegamos tarde. La temperatura media global no debe aumentar más de 1,5ºC al final del siglo, cuando ya hemos superado ampliamente el 1ºC en incremento y la tendencia es a superar los 3-3,5ºC al final del siglo, sabiendo que un incremento de 4ºC es equivalente a una glaciación a la inversa, o sea, estamos, como dicen un grupo de científicos de EEUU, ante una “big shit”.

Hace unos días pude apreciar en el aeropuerto de Bruselas la campaña que la gran empresa petrolera estatal noruega StatOil (principal aprovisionadora del mayor fondo soberano del mundo que curiosamente restringe fuertemente sus inversiones en activos fósiles) ha iniciado para reposicionarse frente a la inexorable mengua de la economía fósil y sus activos tóxicos.

Su anuncio en grandes letras en el túnel de embarque decía: ”Última llamada para StatOil. Equinor parte hacia el futuro. StatOil cambia su nombre a Equinor”. No requiere explicación de lo que claramente es un reposicionamiento hacia el futuro para el que solo pide un tiempo que no tenemos.

Tiempo que también piden muchos de los Estados Miembros de la UE, haciéndose eco de los intereses de las grandes empresas de la economía, al frenar las exigencias del Parlamento Europeo en cuanto a objetivos más ambiciosos para 2030 del llamado Paquete de Invierno en materia de Cambio Climático y Energía.

molinos eólicos

En Bruselas tuve ocasión de hablar recientemente con miembros del Parlamento Europeo y en particular con la que fuera ministra de Medio Ambiente Finlandesa, Sirpa PietikaInen, sobre estas situaciones de urgencia de cambio y el recurso a “medidas disruptivas”, que inexorablemente forman parte del cambio y que tiene la virtud de provocar el cambio de  forma rápida/rupturista, aunque exigen mucho coraje, responsabilidad política, pedagogía y el mayor apoyo social posible.

Para Pietikainen un caso ejemplar fue el del tabaco. Después de años de programa antitabaco, prohibición de la publicidad (que fue ya muy contestada por la prensa, incluyendo un gran medio español, que amenazaba en Bruselas con el fin de la prensa escrita debido a los ingresos que perderían si faltaba esta publicidad), etc. fue la prohibición generalizada de fumar en lugares públicos o incluso cerca de los mismos, en centros de trabajo o en los automóviles, la medida disruptiva que permitió un cambio relevante y sin ninguno de los efectos colaterales, que como el de la desaparición de la hostelería, se auspiciaban, sino todo lo contrario, ya que nunca había sido tan placentero ir a bares y restaurantes, ni tan buen negocio.

La lista de medidas rupturistas para acelerar obligadamente el cambio, para empezar a vivir y disfrutar ya de la Transición Ecológica de la economía sin tener que esperar a los grandes proyectos normativos de los que inexorablemente forman parte pero que no nos pueden retrasar es tan amplia como prometedora y solo requiere diálogo social y responsabilidad, propósito y coraje político.

La lista de medidas rupturistas para acelerar obligadamente el cambio, para empezar a vivir y disfrutar ya de la Transición Ecológica de la economía sin tener que esperar a los grandes proyectos normativos de los que inexorablemente forman parte pero que no nos pueden retrasar (llevamos diez años esperando el prometido  escenario energético 2030 y ya se hace larga la espera para la Ley de Cambio Climatico y Transición Energética, que puede reducirse por el obligado Plan integrado de Cambio Climático y Energía  para la Comisión a finales de año)  es tan amplia como prometedora y solo requiere diálogo social y responsabilidad, propósito y coraje político.

Mencionaré solo cuatro a modo de incentivo para establecer una lista abierta que acompañe, para acelerarla, a la Transición Ecológica de la economía española, conformando un verdadero “plan de choque” como propone la Ministra del ramo Teresa Ribera.

Para acelerar el cambio del modelo energético como vector de cambio de la Transición Ecológica:

A la espera de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que incluya objetivos más ambiciosos que los de la UE para 2030, que sería una medida disruptiva en sí misma:

 1.- Generalización del autoconsumo eléctrico con balance neto. Modificar la normativa española para maximizarlo y no limitarlo, como ahora, y promover la armonización a nivel UE, pudiendo llegar a 16 000 Mw instalados en 2030  (2) en España, lo que no solo contribuiría a generalizar rápidamente las renovables en generación distribuida sino también al empoderamiento de los ciudadanos y PYMEs que, además, no requerirían  incentivos, solo que no se pusieran obstáculos.

2- Comercialización solo de vehículos limpios, eléctricos fundamentalmente,  a partir de 2030 o incluso antes con objetivos intermedios. Con fuertes incentivos (que podrían provenir de impuestos a los carburantes fósiles y decreciendo con su desaparición) para los vehículos eléctricos y red de recarga siguiendo ejemplos como el de Noruega.

3- Un Plan ambicioso de rehabilitación de viviendas existentes en clave energética y de habitabilidad. Con incentivos sobre todo fiscales y financieros para rehabilitar anualmente, hasta 2030 y mas allá, más de un 2% del parque de viviendas existentes (como pedido por la Comisión en su Hoja de Ruta 2050 para uso eficiente de recursos (2)), más de  medio millón al año, priorizando las más deficitarias (3). Se potenciaría con una moratoria de diez años para nuevo suelo urbanizable.

Para la necesaria desmaterialización de la economía, hacia el “residuo cero”, clave para la Transición Ecológica:

4– Introducción de Sistema de Depósito en las cadenas de generación de residuos para asegurar su retorno a la cadena de producción y, cuando sea posible, su reutilización.

La sola introducción de un depósito cuando se adquiere un producto de cuyo uso se va a derivar un residuo al final de su vida útil o un residuo en consumo hace que el residuo, definido como algo que su poseedor destina  al abandono ya no lo sea al tener un precio y convertirse en un recurso.

Este sistema puede ir desde un depósito para los envases de bebidas hasta para los escombros de una obra pasando por los teléfonos móviles.

Con recuperación del depósito en el caso de los envases al devolver el casco, como hacíamos en su tiempo con “la casera” y  como ya se hace con gran éxito en reutilización y reciclado en muchos países  (hasta del 98% en Alemania) (4)

La sola aprobación de la reciente propuesta (28 de Mayo) de Directiva de la Comisión Europea para reducir el plástico en los envases alimentarios de un solo uso, con el objetivo de  superar  el 90% en su reciclado antes de 2025, no podría cumplirse en el caso de envases de bebidas sin recurrir a sistemas de depósito, lo que muestra la virtud y capacidad disruptiva de “obligaciones de medios” frente a obligaciones de resultados difíciles de controlar.

Ante la dilación en la acción forzada por los intereses sectoriales y  secundada por la lentitud de los grandes proyectos legislativos pidamos la disrupción

Depósito que cuando hay demoliciones en un edificio se paga al obtener la licencia de obra según el escombro que se prevé y que se recupera al entregarlo en los centros de reciclado previstos (caso de Dinamarca entre muchos otros).

En el caso  de los teléfonos móviles, de los que todos tenemos unos cuantos acumulados en casa, que son verdaderas minas de metales preciados y raros, se pueden depositar en máquinas sofisticadas que no solo devuelven el depósito sino algo más si el aparato se comprueba como reutilizable y no solo reciclable.

De hecho hay pocos residuos de productos de consumo no consumibles que no puedan ser sometidos a sistemas de depósito (5) y con ello hacer realidad el “residuo cero” y la economía circular auspiciada por la Comisión Europea (6).

Ante la dilación en la acción forzada por los intereses sectoriales y  secundada por la lentitud de los grandes proyectos legislativos pidamos la disrupción, pidamos ya desde la sociedad civil medidas que inexorablemente forman parte del futuro,  que son deseables y viables ya y aceleradoras de un  cambio ilusionante.

 

(1) https://www.eea.europa.eu/publications/late-lessons-2

(2) http://www.europarl.europa.eu/meetdocs/2009_2014/documents/com/com_com(2011)0571_/com_com(2011)0571_es.pdf

(3) https://fundacionrenovables.org/documento/hacia-una-transicion-energetica-sostenible/

(4) http://www.retorna.org/es/

(5) https://reloopplatform.eu/

(6) https://ec.europa.eu/commission/priorities/jobs-growth-and-investment/towards-circular-economy_es