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¿Y cuando el niño se pone malo?

por Esperanza Santos (de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras, desde República Centroafricana)*

Os contaba el otro día el gusto que da encontrarse por lares tan apartados como Ndélé un hospital bien organizado. Como podréis imaginar, en República Centroafricana, esto no siempre es así.

Durante estas semanas, he podido ver el hospital de Bambari, un hospital público que es el hospital de referencia para toda la ‘Región 4’ (el país se divide en cinco, y en la región 4 viven más de medio millón de personas). ¡Madre mía, el hospital! Un desastre…

Para empezar, es como un laberinto: distintos edificios que se van conectando a veces unos con otros y en los distintos departamentos más de lo mismo: habitaciones con camas medio rotas, la mayoría sin colchones y las que los tienen en muy mal estado… el personal se lleva su propio material porque no hay nada. En total he visto 1 termómetro y 2 tensiómetros en todo el hospital, y eran de algunos enfermeros que han decidido comprárselos ellos mismos.

No hay electricidad ni agua corriente, los medicamentos y el material escasean y por supuesto nada es gratuito: los pacientes lo tienen que comprar en la farmacia y llevarlo a los diferentes departamentos para que se lo pongan.

 

Pacientes haciendo cola a las puertas del puesto de salud de Gbadéné, respaldado por MSF (© Cecilia Furió/MSF).

Pacientes haciendo cola a las puertas del puesto de salud de Gbadéné, respaldado por MSF (© Cecilia Furió/MSF).

No es raro. Este es un país muy pobre. Bueno más bien muy poco desarrollado, porque creo que en realidad no es tan pobre: es muy verde, por lo que debe ser fértil y tienen bastantes minas de diamantes. Aunque a veces, a estos es mejor tenerlos lejos…

El nivel educativo es muy muy bajo (la tasa de alfabetización es del 48%) y la de escolarización en primaria también ronda el 50%, el sistema sanitario, además de no ser gratuito, deja bastante que desear. Por ejemplo, en toda República Centroafricana hay sólo 72 médicos: hay 4,4 millones de habitantes así que tocan a un médico por cada 60.000 personas, y de hecho la mayoría de ellos ocupan cargos más administrativos y de gestión que clínicos. Como os decía, no hay luz ni agua corriente en ningún lado, ni siquiera en la capital, Bangui, funcionan bien estos servicios.

Aquí ves la vida tan sencilla que llevan y a veces te da la sensación de que es ideal. Me explico: la imagen es bonita. A las 6:30 o 7 de la mañana, cuando nosotros empezamos a trabajar, ya ves a las familias al lado de sus cabañitas, sentados todos juntos alrededor de un fuego, calentando la ‘bouille’ (como una papilla hecha con arroz) para desayunar, probablemente después de haber ido ya a por el agua, la leña… algunos están ya moliendo la harina, otros barriendo su parcelita para mantenerla limpia, algunos tienen gallinas, cabritos e incluso algún cerdo por ahí correteando.

Esa es la parte ideal de la historia, una vida de familia, tranquila y sencilla, sin necesidades añadidas ni consumismo, ni tonterías.

Claro, pero esta mente mía no me deja quedarme con esa idea bucólica en la cabeza, y enseguida me pongo a pensar… ¿y cuando el niño se pone malo porque por la noche hace frío, se acatarra o le pica un anopheles, qué? Ahí se empieza a romper en pedazos la imagen bucólica…

Atención médica en el puesto de salud de Gbadéné, respaldado por MSF (© Cecilia Furió/MSF).

Atención médica en el puesto de salud de Gbadéné, respaldado por MSF (© Cecilia Furió/MSF).

Si el niño enfermo tiene que caminar con su madre unos 10-15 km para llegar al puesto de salud más cercano y que le atienda un agente de salud que no tiene formación alguna aparte de la experiencia y que muchas veces no sabrá diferenciar si el niño tiene catarro, malaria o sarampión (que es posible porque la cobertura vacunal está por debajo del 50%)… si después de caminar esos kilómetros y que le atiendan, tiene que pagar por esa consulta y por los medicamentos que necesita, si es que los tienen, que no es seguro…  si decide no caminar y probar con la medicina tradicional del curandero del pueblo (que puede funcionar o no) y que le va a costar también casi como la consulta del puesto de salud… si sabes que ese niño es probable que nunca llegue a recibir una formación académica suficiente como para sustituir al agente del puesto de salud y mejorar la calidad… si la madre embarazada no tiene nadie que le haga seguimiento de su embarazo ni ninguna estructura sanitaria a la que acudir en caso de cualquier complicación… pues la imagen empieza a ser menos bucólica ¿verdad?

La vida sencilla y sin consumismo sería ideal si el niño fuese al colegio, si tuviesen puestos de salud en condiciones a los que acudir… y unas cuantas cosas más, empezando porque se termine el conflicto, pero eso de momento es difícil de conseguir.

El conflicto lo único que ha traído para estas familias son más complicaciones si cabe. Las carreteras (si se les puede llamar así) están cortadas por lo que el poco comercio que había ahora es inexistente. Los pocos colegios que había, cerrados. Los pocos puestos de salud que había, sin medicamentos. Y de vez en cuando un grupo armado pasa por el pueblo porque tiene necesidad de comida, de medicamentos y de brutalidad. Así que, no me queda otra cosa que decir, la guerra es una cosa muy mala y que no hay nada que la pueda justificar.

* Esperanza Santos trabaja en terreno con MSF desde 2006. Es enfermera y actualmente es coordinadora en la Unidad de Emergencias. Si quieres leer otros posts de Esperanza en misiones anteriores con MSF, pincha aquí.

Pequeños avances y grandes desafíos

por Esperanza Santos (de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras, desde República Centroafricana)*

Empiezo por el final, por Ndélé. ¡¡Qué lejos está, madre mía!! ¡Tres días de viaje desde Bangui! Eso sí, bonito, repleto de árboles de mango. Hay un parque natural cerca, pero nosotros lo único que vimos por el camino fueron algunos monos y serpientes, nada muy exótico. Bueno, también un cervatillo, pero el pobre iba ya en hombros de un hombre que lo había cazado.

Me vine aquí para echar una mano al equipo del proyecto, que lleva abierto dos años. Se encargan del hospital de Ndélé (que tiene unas 80 camas) y de 8 puestos de salud de la periferia, pero con todo el conflicto (este fue uno de los primeros pueblos que atacaron) llevaban casi dos meses con falta de personal, sin poder salir a la periferia por seguridad y con todas las actividades un poco descontroladas. Estamos poniéndolo todo un poco en marcha de nuevo para intentar recuperar la normalidad.

Ayer llegaron las dos nuevas enfermeras que se van a quedar encargadas una del hospital y la farmacia, y la otra de la periferia, así que me quedo unos días con ellas y luego bajaré de nuevo a Bangui, la capital.

Ndélé es pequeño, unos 15.000 habitantes tiene. No tiene luz ni agua corriente (bueno antes del conflicto había agua, pero ahora hay algo que se ha estropeado y sólo hay un par de horas al día). Así que llevamos una vida más sencilla: ponemos el generador tres horas por la tarde y cuando se apaga a las 9 de la noche, todo el mundo a sus cuartos.

El hospital la verdad es que está bien organizado. Hay poca capacidad quirúrgica, sólo se hacen cesáreas y cirugías de urgencia, pero está bien organizado y más o menos limpio. Esto ya es todo un avance.

Por el contrario, la farmacia, con tanto caos, estaba un poco desorganizada. Creo que mi sino es enfrentarme a farmacias desorganizadas, así que los primeros días me puse a mover cajas, limpiar y organizar, y la verdad es que ya parece otra.

Atención médica en el puesto de salud de Badéné, cerca de Batangafo, durante la ola de combates de finales de 2012 en el centro y norte de República Centroafricana (© Chloé Cébron).

Atención médica en el puesto de salud de Badéné, cerca de Batangafo, durante la ola de combates de finales de 2012 en el centro y norte de República Centroafricana (© Chloé Cébron).

También nos hemos reunido con todos los jefes de los puestos de salud (que no son ni enfermeros, pero les han formado para atender enfermedades básicas) y ha estado bien. A pesar de todo lo que ha pasado, ellos han seguido trabajando en los puestos y les mandaban los medicamentos y material en moto desde Ndélé, así que muy bien.

A ver si a partir de ahora se siguen calmando un poco las cosas y pueden empezar a hacer vacunación también porque ese es uno de los grandes problemas de aquí, y en general de todo el país. De hecho, la semana pasada empezó a haber casos de tos ferina en dos de los puestos de salud, así que martes y miércoles mandamos a dos enfermeros en moto a comprobar los casos, a hacer formación a la gente de los puestos de salud y a llevar tratamiento.

Y todos los casos eran de niños mayorcitos (2-3-4 años) que se supone que ya tendrían que estar vacunados, pero ninguno lo estaba. La mayoría de ellos, la única vacuna que tenían era la de sarampión y porque en mayo organizamos nosotros una campaña de vacunación masiva; pero claro, es muy complicado vacunar a los niños cuando en los puestos de salud no hay frigorífico para guardar las vacunas, a algunos se tarda 5-6 horas en llegar y además hay pueblos a más de 15 km de distancia del puesto de salud así que la gente, que tiene que ir andando, no está acostumbrada a ir.

Pero como os he dicho, es uno de los objetivos para este año: llevar vacunas, poner frigoríficos de gasóleo en algunos de los puestos (porque no hay electricidad por supuesto) e intentar movilizar a la gente para que traigan a los niños a los puestos.

Luego os cuento más…

(Continuará)

* Esperanza Santos trabaja en terreno con MSF desde 2006. Es enfermera y actualmente es coordinadora en la Unidad de Emergencias. Si quieres leer otros posts de Esperanza en RCA y en misiones anteriores con MSF, pincha aquí.

 

Guerra y “paz” en República Centroafricana

por Esperanza Santos (de la Unidad de Emergencias de Médicos Sin Fronteras, desde República Centroafricana)*

Os escribo cuando estoy a punto de terminar mi aventura centroafricana… Me vine aquí para evaluar las necesidades de la población y centros de salud en dos regiones sanitarias (Bambari y Bria) después de la toma de esa zona por los rebeldes. Cuando yo llegué era cuando se estaban acercando a la capital, Bangui, así que en vez de ir a visitar las dos regiones sanitarias, nos quedamos ahí. Dos motivos: para llegar a esas zonas había que pasar la línea divisoria entre las zonas controlados por el Gobierno y la coalición rebelde, y porque queríamos apoyar en Bangui en caso de posibles combates.

Así que nos pusimos de acuerdo con una clínica de Bangui, que llevaba sólo un mes abierta, que tenía bastante material y potencial, pero no estaba montada. Básicamente lo que hicimos fue limpiar y desinfectar el quirófano, poner en su sitio los aparatos que tenían, llevar medicamentos y material para curas al quirófano y montar una sala de emergencia y triage (circuito, material, medicamentos) por si venían bastantes heridos a la vez.

Como la cosa se calmó un poco y parecía que iban a negociar, decidimos preparar de nuevo la exploratoria a las dos regiones y dejar la clínica en manos de gente que estaban en Bangui. Nos pusimos en marcha y hemos visitado 17 centros (dos hospitales, si se les puede llamar así, tres centros de salud y 12 puestos de salud).La verdad es que la situación no es nada buena. El problema es que no era nada buena antes del conflicto y ahora además les falta personal porque algunos se han ido, y material y medicamentos porque no pueden comprarlos, no pueden desplazarse por la carretera y las farmacias están cerradas o vacías… El pillaje post-conflicto ha afectado a todos los niveles. Las carreteras están cortadas, los colegios cerrados, todas las oficinas del gobierno, las gasolineras y los bancos arrasados. Y gran parte de la población ha huido de los pueblos, y está viviendo en el campo.

Clínica móvil deMSF atendiendo a desplazados de Ndélé, RCA (© Sylvain Groulx).

Clínica móvil deMSF atendiendo a desplazados de Ndélé, RCA (© Sylvain Groulx).

Viviendo en una situación si cabe más precaria que antes, más expuestos a enfermedades y con miedo a moverse incluso hasta el puesto de salud más cercano por los continuos movimientos de grupos armados en los caminos. Y no es que los grupos armados estén siendo o hayan sido especialmente violentos contra la población civil, pero aún así puede dar miedo cruzártelos, porque muchos de ellos tienen necesidades básicas sin cubrir, y tienen armas.

Afortunadamente vinimos preparados con kits de material y medicamentos que hemos ido distribuyendo por todos los centros según sus necesidades: medicamentos básicos, principalmente para la malaria, para infecciones respiratorias, diarreas…, y material de curas y para atender partos. Se trata simplemente de un apoyo puntual: las necesidades encontradas son mucho mayores, pero tenemos que asumir también nuestras limitaciones. De poder hacerlo, sería pertinente trabajar en todos los puestos de salud y hospitales de República Centroafricana, pero no tenemos capacidad. Al menos este apoyo les puede ayudar hasta que consigan restablecer su sistema (que aunque sea precario, al menos es un sistema) y a nosotros para darnos cuenta de las necesidades sin cubrir que existen en las diferentes zonas y priorizar unas u otras cuando tengamos la capacidad.

De momento os dejo esta pequeña introducción. En los próximos posts os cuento más de República Centroafricana, espero haber despertado vuestra curiosidad…

(Continuará)

Esperanza Santos trabaja en terreno con MSF desde 2006. Es enfermera y actualmente es coordinadora en la Unidad de Emergencias. Si quieres leer otros posts de Esperanza en misiones anteriores con MSF, pincha aquí.

 

Dicen los libros de Medicina…

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

La historia de Louise y de su pequeña nieta, Micheline, no es una historia ni más excepcional ni más difícil que el resto de historias de los muchos pacientes que a diario vemos en los centros donde trabajamos. Pero es la historia personal, y por tanto única, de dos personas. Una pequeña paciente de apenas tres meses de vida, que nunca tendrá recuerdos de estos días, y de su abuela, que seguro que no olvidará su paso por nuestro centro nutricional de Boda.

Micheline es una paciente con una situación un tanto atípica entre los pacientes desnutridos. De hecho, técnicamente, ella no está desnutrida. Forma parte de los pacientes menores de seis meses que debe recibir un tratamiento especial e intensivo. A Micheline hay que buscarle una forma de alimentación adecuada para su edad y sostenible para al menos los próximos seis meses. La leche materna no está disponible, y los médicos de nuestro centro están usando una técnica para devolver la leche a su abuela, que hace más de 30 años que no amamanta.

Dicen los libros de Medicina que mediante la estimulación del seno se produce la hormona responsable de regular el flujo lácteo, y que es posible que una mujer que alguna vez haya dado el pecho lo vuelva a dar sin necesidad de estar embarazada. En Boda es la primera vez que veo el caso real en el terreno. Aproveché para hablar con Louise y que me contara la historia de cómo llegó a nuestro CNI, el centro nutricional intensivo.

La mamá biológica de Micheline está enferma y no puede hacerse cargo de la niña. El padre despareció. Abuela, madre y ahora nieta viven juntas en la misma casa. Son agricultoras y subsisten con lo poco que les da la cosecha. Ellas son de Bossui, un pueblo al que vamos una vez cada dos semanas con nuestro centro nutricional ambulatorio.

Louise sabía que la única posibilidad de ayudar a su nieta era caminar los 30 kilómetros de distancia entre Bossui y Boda para llegar al hospital. Tardo toda una jornada en recorrerlos. No fue fácil porque, en plena época de lluvias, los aguaceros no dan tregua.

Louise me contó que la técnica de succión consiste en administrarle leche a la niña por una pequeña sonda pegada a su seno. Con la succión que realiza para beber la leche artificial, la niña estimula el pecho y, al cabo de varias semanas, la leche comienza a subir. Me dijo Louise que la última vez que dio de mamar fue en 1972, cuando nació su única hija. Y que, aunque la cosa parecía un poco rara, ella creyó en todo momento a los doctores. “Si ellos decían que podría volver a dar el pecho, sería verdad”. Está bien en el centro y no tiene prisa por irse, la prioridad es la pequeña. “Me iré cuando me den el alta los médicos, no antes”, me dijo con gran confianza en sí misma.

Hablé con Louise hace algunas semanas. Pensé que tal vez estaba bien dejar pasar un tiempo para ver cómo había ido todo. Mes y medio después, la niña está fuerte y sana. Los médicos han comenzado a retirar progresivamente la leche artificial, porque Louise ya tiene buena capacidad para dar de mamar a su nieta. Hemos encontrado una manera sostenible, segura y barata de alimentar a la bebé durante al menos su primer año de vida.

Seguro que, a lo largo de su vida, Micheline tendrá que enfrentarse a muchas más dificultades, pero la primera batalla ya está ganada.

Desde Boda,
Óscar

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Foto: Louise y Micheline en el centro nutricional (© Óscar Sánchez-Rey)

Sobre la mujer

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Desde mi primera misión en Angola no ha dejado de fascinarme el papel de la mujer en la sociedad africana. Cuidadora incasable, madre paciente y trabajadora orgullosa, siempre ha llevado sobre sus hombros el peso de la familia, de la casa y a veces más. Sin duda, las mujeres en África son el eje familiar y el verdadero motor social.

Estoy convencido de que una sociedad fuerte es una sociedad donde las mujeres ocupan un papel protagonista en todos sus estamentos, y lamento la discriminación a la que se ven sometidas en todos los países donde he trabajado. Soy consciente de que con estas afirmaciones no hago ningún descubrimiento. Sin duda esa admiración también la siento por las mujeres de mi sociedad. Por mi madre, por mis abuelas y por las mujeres de su generación.

Pero lo verdaderamente admirable en África es cómo las mujeres siguen cumpliendo ese mismo papel social pero en condiciones casi imposibles. No sólo por el penoso trabajo que supone acarrear agua en la cabeza, cocinar con carbón, lavar en el río, o hacerse caminatas diarias de varios kilómetros, todo mientras transportan al más pequeño en la espalda, sino por las crueles decisiones diarias a las que una mujer en África tiene que enfrentarse desde muy temprana edad: repartir la escasa comida entre la numerosa prole, dejar a los niños solos en casa cuando hay que ir a cultivar o, lo peor, cómo usar el escaso dinero disponible. Esto último a veces ni siquiera supone un dilema: no hay ni lo uno ni lo otro.

Desde que trabajo en Médicos Sin Fronteras y me dan la oportunidad de escribir y mostrar mis fotos en algún medio, siempre he reservado un pequeño espacio de homenaje a la mujer africana. Así pretendo hacerlo de nuevo hoy. He buscado en mi archivo fotográfico de esta última misión en República Centroafricana fotos donde la mujer es la protagonista. No ha sido difícil encontrar algunas para mostraros.

Desde Boda,

Óscar.

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Fotos: República Centroafricana (© Óscar Sánchez-Rey)

Una pequeña revolución

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Las primeras tormentas van haciendo presencia. Estamos entrando en la estación de lluvias. El agua del cielo consigue rebajar un poco el sofocante calor tropical. Con la lluvia también viene la época de cultivar… y los mosquitos… y el barro en las carreteras, que hará un poco más difícil el acceso a los lugares más remotos. Pero durante esta época también seguimos tratando la desnutrición. En esta entrega os cuento un poco cómo en Boda y alrededores seguimos combatiendo la crisis nutricional que, como ya os contaba, comenzó el año pasado.

La forma en la que actualmente se diseña un programa nutricional ha cambiado bastante en los últimos cinco años. Ya no es necesario ingresar a todos los niños desnutridos en centros nutricionales y darles leche terapéutica durante varios meses. A la gran mayoría de los niños los tratamos de forma ambulatoria. Ellos siguen en casa con su familia y sólo tienen que ir al punto acordado al que el equipo se desplaza para hacer el tratamiento. En nuestro proyecto tenemos identificados nueve centros diferentes, a los que acudimos de forma periódica una vez a la semana.

La idea en realidad es bastante simple, se trata de un consulta médica móvil orientada al diagnóstico y tratamiento de la desnutrición. No necesitamos de grandes estructuras. Vale algún pequeño centro de salud local o, en su ausencia, el cobijo de la sombra de un gran árbol…

Lo primero es medir y pesar a los niños. Estas medidas nos van a decir exactamente cuál es su estado nutricional. Después, la consulta médica. Se hace una exploración del estado físico del paciente y se pregunta a la mamá cómo ha pasado la semana. Lo más importante es saber cómo ha tolerado el tratamiento. Es frecuente que, en el curso de esta consulta, el niño presente alguna otra patología, como infecciones respiratorias, malaria o diarrea.

Al final de la visita se prescriben los medicamentos necesarios y los alimentos terapéuticos preparados o ‘listos para usar’, los llamados RUTF por sus siglas en ingles (ready-to-use therapeutic food).

Estos últimos son, en realidad, la medicina que cura la desnutrición. Son productos de composición relativamente sencilla, a base de pasta de cacahuete enriquecida con nutrientes esenciales de origen animal y vegetal, que no se estropean ni se contaminan con el calor ni la humedad, ni necesitan agua para su consumo. Además las mamás se lo pueden llevar y administrárselo ellas mismas a los pequeños.

Así que los RUTF han traído una pequeña revolución al mundo de la desnutrición: nos permiten tratar a muchos más pacientes que en los antiguos programas nutricionales. Y sobre todo han reducido la carga familiar. La mamá sigue en casa atendiendo al niño enfermo y también al resto de la familia. Bueno, a veces hay excepciones, no todos los niños pueden ser tratados a domicilio ya que algunos presentan otras complicaciones: en estos casos más complejos, hay que hospitalizarles. Pero eso os lo cuento en otro blog.

Hoy os dejo con la foto de uno de nuestros pacientes y a su pequeña hermana. Esta última consiguió impresionarme. Acompañaba al más pequeño de sus tres hermanos a nuestro centro nutricional. Ella sabía que nosotros nos encargamos de tratar el Kwashiorkor, una de la formas más comunes de desnutrición y aquí, paradójicamente, uno de los nombres más populares para denominar la enfermedad. Sus padres, por diferentes razones, estaban fuera de casa desde hacía algunos días. Es impresionante la madurez de la mirada de una niña, que con tan sólo 12 años, asume la responsabilidad de ser la cabeza de familia.

Desde Boda,

Óscar

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Foto Superior: © Fernando Calero

Foto Inferior: © Óscar Sánchez-Rey

Explicaciones que no valen

Por Óscar Sánchez-Rey (MSF, República Centroafricana)

Los que sigáis de forma regular este blog quizás me recordéis, ya que el año pasado estuvimos en contacto desde Darfur, en Sudán.

Para los que no, me vuelvo a presentar ya que espero que nos “veamos” por aquí durante algunos meses más: me llamo Óscar Sánchez-Rey, soy enfermero, y esta vez me toca hacer de coordinador de terreno en Boda, en el suroeste de la República Centroafricana, que a veces denominamos por sus siglas, “RCA”. Aún sigo trabajando con Médicos Sin Fronteras en el continente africano, y me gustaría que las fotos que voy a compartir con vosotros os acerquen a él.

MSF está aquí desde julio de 2009. Todo empezó por una urgencia nutricional que afectó de forma devastadora a los niños, sobre todo a los menores de 5 años. Una crisis nutricional que se produjo en una zona especialmente rica en recursos naturales como madera y minerales, y entre los que destacan los famosos diamantes.

Cuando llegué aquí, algunos me explicaron que la crisis local era debida a la caída del precio del diamante en el mercado internacional, a su vez causada por la bien conocida “crisis económica”. Me dijeron que la población en edad de trabajar se dedicaba a buscar los diamantes y que, cuando dejaron de pagarles bien, toda la economía se fue al traste, la gente se quedó sin ingresos y los alimentos empezaron a escasear.

Una vez que conozco Boda y que puedo ver la situación de primera mano, esa simple explicación no me vale.

Quizás la bajada en el precio de los diamantes ha contribuido a la crisis nutricional del año 2009, pero nadie me puede negar que la falta de infraestructuras, de educación, de previsión agrícola y, sobre todo, la falta casi absoluta de acceso a un mínimo de asistencia médica, no han sido factores decisivos para que los niños, una vez más los más vulnerables, sufran las consecuencias de la enfermedad de la desnutrición, patología que se ceba en el círculo vicioso “enfermedad-falta de alimentos”.

En esta primera entrega del blog, a modo de álbum introductorio, os dejo unas fotos para que os hagáis una idea general del proyecto, con una vista de la calle principal de la ciudad y fotos de pacientes que tratamos en el centro nutricional.

También la del camión averiado en mitad del puente que dejó bloqueada la carretera principal de entrada a Boda por algunas horas. El acceso terrestre es una dificultad para trabajar y esta me ha parecido una buena forma de que lo veáis. Esta de debajo corresponde a una vacunación.

El resto, cómo trabajos aquí, cómo vive la gente y la intervención de MSF, os lo cuento en próximas entregas.

Saludos desde República Centroafricana.

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Fotos: Boda, República Centroafricana. © Óscar Sánchez-Rey