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Entradas etiquetadas como ‘derechos de la infancia’

La silenciosa crisis del este de Camerún

Asentamiento de refugiados en la región Este de Camerún. UNICEF/A.Brecher

Asentamiento de refugiados en la región Este de Camerún. UNICEF/A.Brecher

Después de la guerra civil, 260.000 refugiados centroafricanos encontraron asilo en su vecino Camerún. De ellos el 62% son niños, que viven en condiciones verdaderamente precarias en asentamientos de refugiados o en comunidades de acogida. Más de 88.000 niños siguen sin poder ir al colegio. Debido a la grave falta de financiación, es imposible actualmente para UNICEF y sus aliados dar una respuesta que asegure que ningún niño queda atrás.

“No soy feliz en casa. No quería casarme, no quería tener un bebé. Quería ir al colegio. Con 13 años se es demasiado joven para ser una adulta”.

Kulsumi intenta sonreír, pero sus ojos están llenos de esa tristeza que ningún niños debería sentir jamás. Estamos en Tongo Gandima, un pequeño pueblo de la región este de Camerún, a cien kilómetros de la frontera con la República Centroafricana (RCA), el país del que huyó en 2014 cuando la violencia llegó a su pueblo.

“A mis padres les asesinaron delante de mí”, recuerda Kulsumi. “A mi hermano mayor también, al final hui sola. Seguí a un pastor, cuando se puso a dormir lo hice yo también. Por la mañana nos marchamos. Nunca he vuelto”.

Después de unas semanas de camino llegó a Camerún. Primero vivió en el asentamiento de refugiados de Gado. Después cuando encontró una familia de acogida, se mudó al pueblo de Tongo Gandima.

“Ahí es cuando las cosas fueron mal. Mi familia de acogida no tenía dinero para mandarme al colegio. Me casaron con un chico mayor que yo. No quería, pero no tenía otra opción. Ahora soy la madre de un bebé de 4 meses. Quiero a mi hijo, pero a veces siento que me han robado mi infancia”.

Kulsumi con su hijo. Foto: UNICEF/A.Brecher

Kulsumi con su hijo. Foto: UNICEF/A.Brecher

Kulsumi es una de las miles de niñas con historias desgarradoras similares. Un matrimonio temprano es el destino de más de la mitad de las chicas jóvenes que viven en una de estas dos regiones afectadas por la crisis: la región Este y Adamawa. Los padres prefieren no enviar a sus hijos al colegio para que puedan ayudar en casa en el trabajo del campo, y entregan a sus hijas para casarlas.

Cuando una niña llega a la pubertad, se la aparta del colegio”, explica Sylvie Ndoume, una directora de colegio del pueblo de Gado. “Hace 10 años que trabajo aquí y en todo este tiempo he visto solo a una niña llegar a noveno. Aquí el precio de una niña es un pack de cervezas y una gallina, que se le da al padre. Y ahí se acaba la historia”.

Desde el principio de la crisis, el Ministerio de Educación, UNICEF y sus aliados han llevado a cabo campañas públicas a gran escala para convencer a los padres de que envíen a sus hijos al colegio. Pero de los 250 pueblos a los que iba dirigida solo se ha llegado hasta el momento a 59, debido a una falta de recursos que obstaculiza seriamente los esfuerzos que se realizan para que los niños vuelvan al colegio. Este año, la sección de educación de UNICEF solo ha recibido el 20% de la financiación necesaria para las crisis de las regiones de Adamawa y del Este.

Niños frente a espacios de aprendizaje construidos por UNICEF y sus aliados en asentamientos de refugiados en las regiones Este y Adamawa de Camerún. Foto: UNICEF/A.Brecher

Niños frente a espacios de aprendizaje construidos por UNICEF y sus aliados, en asentamientos de refugiados en las regiones Este y Adamawa de Camerún. Foto: UNICEF/A.Brecher

“Hoy en día hay 88.000 niños que no pueden ir al colegio. ¿Qué tipo de futuro les espera?” se preguntaba Felicite Tchibindat, representante de UNICEF en Camerún. “Solo el 12% de los niños iban al colegio en la RCA. Con nuestras intervenciones, hemos conseguido aumentar esta cifra hasta el 30%, pero sigue sin ser suficiente. Cuando los niños no están en el colegio, su capacidad para alcanzar su pleno potencial desaparece”.

Leila es la madre de seis niños. Escapó de la RCA en lo que recuerda como la peor noche de toda su vida. “Disparaban por todas partes”, recuerda. “Asesinaron a todos mis vecinos. Milagrosamente conseguí llegar con mis hijos al asentamiento de refugiados de Gado, pero sigo sin noticias de mi marido”.

Aunque consiguió que cuatro de sus hijos accediesen a la escuela, los dos pequeños Amadou, de 3 años y Hissen de 4, tienen que quedarse en casa todo el día. No hay actividades para los niños de su edad.

“Mis hijos han visto la guerra, a la gente morir, han escuchado el ruido de las armas. Sé que no están bien. Están muy callados, y a veces se ponen a llorar sin motivo. ¿Qué les pasará cuando tengan que ir al colegio?”

En 2016 UNICEF consiguió dar apoyo psicosocial a través de ONG aliadas a 15.000 niños, pero se estima que otros 75.000 niños necesitan este tipo de apoyo para recuperarse de sus horribles experiencias durante el conflicto.

Más de 200 alumnos en una sola clase. No es una imagen inusual en el este de Camerún Photo: UNICEF/A.Brecher

Más de 200 alumnos en una sola clase. No es una imagen inusual en el este de Camerún Photo: UNICEF/A.Brecher

Este estatus quo conduce a una “tormenta perfecta” que pone en peligro el futuro de miles de niños. La ausencia de servicios de protección significa que estos niños no se pueden recuperar como debieran de su sufrimiento. Cuando llegan al colegio se enfrentan a condiciones muy duras por falta de profesores e infraestructuras. No es inusual encontrarse en el este de Camerún con 250 alumnos para un solo profesor. Además es frecuente que dejen de ir a la escuela cuando llegan a la edad en la que pueden trabajar con sus padres o casarse.

“La situación es extremadamente difícil, pero no irreversible”, añadía Felicite Tchibindat. “Podemos convertirla en una oportunidad para que los padres puedan ofrecer una vida mejor a sus hijos. Pido a la comunidad internacional que no se olvide de estos niños. Esta no puede convertirse en una crisis silenciosa. Todavía estamos a tiempo de actuar, pero si no lo hacemos ahora mismo, deberemos hacer frente a consecuencias mucho peores en el futuro”.

Alexandre Brecher, especialista en comunicación de UNICEF Camerún

 

 

Huracán Matthew: un mes después en Haití

Por UNICEF Comité Español, que lanza su Campaña centrada en niños en emergencias, como la de Haití

© UNICEF/UN035940/LeMoyne and © UNICEF/UN034856/Abassi, UN-MINUSTAH

© UNICEF/UN035940/LeMoyne and © UNICEF/UN034856/Abassi, UN-MINUSTAH

Durante todo el año pasado, 98 millones de personas, más de 2 veces la población de España, sufrieron las consecuencias de graves desastres naturales. Una gran parte de todas estas personas eran niños. Durante el pasado 2015 UNICEF respondió a 310 emergencias humanitarias, una cifra que se eleva muy por encima de la media de las últimas décadas.

En Haití, un país que ya sufrió las consecuencias de un terremoto terrible en el año 2010, más de 2 millones de personas a día de hoy siguen afectadas por el Huracán Matthew. De ellas 900.000 son niños, de los cuales 600.000 necesitan ayuda inmediata.

© UNICEF/UN035940/LeMoyne and © UNICEF/UN034856/Abassi, UN-MINUSTAH

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Unos 500.000 niños viven en los departamentos Sur y Grande Ansa de Haití, las zonas más afectadas por la peor ráfaga del huracán Matthew, de categoría cuatro. (Izquierda) Un cuenco de habichuelas recogidas de un cultivo devastado de Júreme. (Derecha) Vista aérea del sur de Haití.

Las ciudades costeras quedaron gravemente dañadas, al igual que numerosas viviendas de regiones montañosas remotas. Muchas personas están viviendo en refugios temporales. (Izquierda) Preparación de comida frente a una iglesia de Jeremie que acoge a desplazados por el huracán.

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

Los casos crecientes de diarrea y de posible cólera son preocupantes, pues sus consecuencias pueden ser mortales en los niños. Antes del huracán, uno de cada cinco niños ya sufría desnutrición crónica. (Izquierda) En una escuela de Les Cayes, una niña sostiene un cuenco vacío. (Derecha) Unas niñas en una iglesia de Jeremie.

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

© UNICEF/UN035881/LeMoyne and © UNICEF/UN035886/LeMoyne

“La destrucción masiva de campos de cultivo, ganado y otras formas de sustento está poniendo aún más vidas en peligro”, asegura Marc Vincent, Representante de UNICEF en Haití.

(Izquierda) Preparación de comida junto a una iglesia de Jeremie mientras (derecha) una niña prepara arroz dentro”.

© UNICEF/UN035147/LeMoyne and © UNICEF/UN035942/LeMoyne

© UNICEF/UN035147/LeMoyne and © UNICEF/UN035942/LeMoyne

Hasta un 90% de los cultivos se han perdido con el paso devastador de Matthew, y 800.000 personas necesitan ayuda urgente para comer. (Izquierda) Una olla con maíz en la escuela de Catiche. (Derecha) Una mujer rodeada de aguacates podridos y un árbol caído al exterior de su casa, en Duchity.

 

La juventud canta para cambiar el mundo

Florence Cisse, Plan International en Senegal

En el Estudio Timbuktu, en Senegal, los jóvenes aprenden a utilizar su voz no sólo para crear música, sino para convertirla en un instrumento de transformación.

En los suburbios de Dakar, existe un estudio de música muy especial llamado Timbuktu. Aquí, los bolígrafos componen canciones sobre el papel, los ritmos hacen latir los altavoces, y la juventud de Dakar rapea la realidad de sus comunidades.

El Estudio Timbuktu utiliza la cultura y acoge a los jóvenes con ganas de hablar sobre su vida en canciones. El estudio forma parte de un proyecto puesto en marcha por Plan International con el apoyo del rapero sueco Jason Diakité, también conocido con el nombre artístico Timbuktu.

El rapero Timbuktu con algunos de los chicos y chicas que acuden al estudio impulsado por Plan International en Senegal

El rapero Timbuktu con algunos de los chicos y chicas que acuden al estudio impulsado por Plan International en Senegal

El proyecto tiene como objetivo promover la música rap como herramienta para defender y promover los derechos de los niños y las niñas. De esta forma, los jóvenes se forman acerca de sus derechos y aprenden diferentes vías de participación en el desarrollo de sus comunidades.

Un equipo de técnicos y productores jóvenes comprometidos ayuda a los chicos y chicas para que tomen contacto con el mundo de la composición, la programación, la grabación y la producción musical.

Hace poco, el estudio pidió a 15 jóvenes que trabajasen en una serie de temas centrados en los abusos sobre la infancia (particularmente en el caso de las niñas), el acceso a la educación y el liderazgo juvenil. Las canciones fueron recopiladas en el primer CD de rap en defensa de los derechos de la infancia en Dakar.

Los jóvenes que participan en el estudio aprenden a desenvolverse para poder producir su propia música

Los jóvenes que participan en el estudio aprenden a desenvolverse para poder producir su propia música

El Estudio Timbuktu ha producido el primer CD de rap en defensa de los derechos de la infancia

El Estudio Timbuktu ha producido el primer CD de rap en defensa de los derechos de la infancia

Cultivando sus capacidades y reconociendo los retos a los que se enfrenta la juventud en Dakar, el Estudio Timbuktu empodera a los jóvenes enseñándoles a utilizar sus voces para cambiar el mundo.

“Veo cómo mejoran, cómo han pasado de no saber apenas nada acerca de componer, al punto en el que están actualmente: ahora lo llevan en la sangre”, afirma el cantante Jason Diakité.

Echando la vista atrás a lo largo de su recorrido como rapero, que comenzó cuando tenía 14 años, Jason ve el estudio como una forma de hacer que los chicos y chicas que participan en él encuentren motivos para estar orgullosos, aumenten su autoestima y se empoderen.

Diakité explica: “Saber de lo que eres capaz, en eso consiste el empoderamiento. Los adultos quizá no entienden lo importante que es para los jóvenes tener voz, sentir que pueden hacer algo valioso. Tener una idea y ser capaces de plasmarla en un papel y cantarla, les hace sentirse a gusto consigo mismos”.

El papel del Estudio Timbuktu crece cada año, incrementando el número de chicos y chicas que toman parte en la lucha a través de la música y utilizando el estudio como espacio de producción así como una fuente de inspiración y creatividad musical.

Diakité mira al futuro con ilusión: “Mi esperanza para los próximos tres años es que más jóvenes puedan venir – que más personas, tanto chicos como chicas, puedan venir y aprender”.

La organización de ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo Plan International trabaja para garantizar y proteger los derechos de los niños, niñas y jóvenes. A través de programas de emprendimiento y participación juvenil, Plan International en España garantiza que los jóvenes puedan continuar su educación, accedan a un trabajo digno y tengan mejores oportunidades de futuro.

 

Día Universal del Niño: que se cumpla tu sueño, pequeña Nabiha

Por Belén Ruiz-Ocaña, UNICEF en Serbia

Hoy es 20 de noviembre. Y los niños ocuparán unas líneas, tal vez incluso una página, en los periódicos; serán los protagonistas de alguna noticia en televisión; tal vez hablen de ellos en la radio. Las redes sociales les cederán un hueco entre la vorágine de mensajes que se lanzan cada día.

Porque hoy, 20 de noviembre, es el Día Universal del Niño. Una fecha en la que, desde las organizaciones que trabajamos por la infancia, recordaremos que todos los niños, sean de donde sean, estén donde estén, tienen unos derechos que deben cumplirse. Hablaremos de los millones de niños que sufren desnutrición, de los que no pueden ir a la escuela, de los que no tienen acceso a servicios sanitarios básicos, de quienes sufren la violencia.

Pero detrás de cada número, de cada cifra, hay una cara y un nombre, una historia real que merece ser contada. Como la de la pequeña Nabiha, que me mira con timidez sin decidirse a hablar conmigo.

Nos conocemos en el centro de registro de refugiados en Presevo, Serbia. Tiene una mariposa pintada en la cara, se la han dibujado en la frontera con la antigua República Yugoslava de Macedonia, tan solo unos kilómetros más atrás. Una mariposa que le hace sonreír y que le quita el miedo, aunque sea por un rato.

Tiene 12 años y es de Alepo, Siria. “Estoy bien”, nos cuenta, “pero cansada”. Salió de su país hace casi 20 días con sus padres, su hermana y su hermano. Huyen de la violencia. Son solo una familia entre los miles de refugiados que llegan a este centro cada día. Aquí pasan tan solo unas horas, el tiempo que tardan en registrarse y coger el autobús o el tren que les llevará a la próxima frontera, la que separa Serbia y Croacia. Y desde allí, un nuevo viaje en busca de un futuro mejor.

Que se cumplan tu sueño, pequeña Nabiha

Nabiha, delante de los dibujos realizados por niños en el espacio amigo de la infancia de UNICEF en Presevo, Serbia / ©UNICEF

Un futuro que Nabiha quiere encontrar en Alemania. Y allí, ¿qué te gustaría ser cuando seas mayor? “Peluquera”, y sonríe convencida. Le pregunto si no preferiría volver a su país. Su “no” es tan rotundo que sorprende, viniendo de una niña. “He visto mucha gente muerta, y muchos de mis amigos perdieron a sus padres. No había electricidad, ni comida, ni agua”. Y su mirada oscura ya no me parece la de una niña.

Su historia es parecida a la de los niños que nos rodean, casi todos ellos sirios, iraquíes y afganos. Estamos en el espacio amigo de la infancia que UNICEF ha habilitado en este centro de Presevo para que, mientras los padres realizan los trámites de registro, sus hijos puedan jugar o descansar. Ser niños de nuevo.

Casi todos llegan con lo puesto, y las organizaciones que trabajan en el centro les dan comida y otros artículos. UNICEF les da ropa de abrigo, porque aunque aquí nos cuentan que este año el invierno se está retrasando, el frío se acerca. Y todavía tienen muchos kilómetros por delante en busca de ese futuro que la guerra les impidió encontrar en su país de origen.

Por eso, en este 20 de noviembre, para mí el Día Universal del Niño tiene la cara de Nabiha y de todos los niños que, como ella, están atravesando Europa huyendo de lo que ningún niño nunca, en ningún lugar, debería vivir.

Pequeña Nabiha, ojalá se cumpla tu sueño y, dentro de unos años, seas la peluquera siria más feliz del mundo.