Archivo de octubre, 2020

¿De dónde surge decir a alguien que es ‘como el capitán Araña’?

Decirle a alguien que es ‘como el capitán Araña’ no es referirse a éste como un superhéroe o algo similar, sino que esta locución es sinónimo de llamarle embaucador o que convence a otros para hacer algo y luego se queda al margen.

¿De dónde surge decir a alguien que es ‘como el capitán Araña’?

La expresión está extraída de una mucho más larga que decía literalmente ‘el capitán Araña, que embarcaba a la gente y se quedaba en tierra’ y que surgió a raíz de un curioso personaje del siglo XVIII.

Sabido es que, en aquel siglo, fue muy necesaria la contratación de numerosos hombres que quisieran embarcarse en las expediciones que surcaban hacia las diferentes posesiones del Imperio y parece ser que había una serie de personajes que se encargaban de reclutar y convencer a nuevos marinos, quienes se embarcaban rumbo a las colonias.

Uno de esos captadores de hombres era un tal capitán Arana, quien tras persuadirlos para embarcarse se quedaba en tierra, en busca de más voluntarios para otras expediciones (y, evidentemente, percibiendo un pago por el trabajo de mediador).

Hay ciertas discrepancias sobre el origen de ese tal capitán Arana, apuntando algunas fuentes que era vasco y otras gaditano. También podemos encontrar que el lexicógrafo José María Iribarren indicaba que este capitán era de nacionalidad portuguesa y su apellido era ‘Aranha’ (no olvidemos que la ‘nh’ de los portugueses tiene una sonoridad similar como nuestra ‘ñ’).

 

 

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Fuentes de consulta: ‘Florilegio ó Ramillete alfabético de refranes y modismos comparativos y ponderativos de la lengua castellana’ de José María Sbarbi / ‘El porqué de los dichos’ de José María Iribarren / ‘ ¿Qué queremos decir cuando decimos…?’ de José Luis García Remiro / ‘Del hecho al dicho’ de Gregorio Doval
Fuente de la imagen: wannapik

¿De dónde surge la expresión ‘Juventud, divino tesoro’?

A través de mi cuenta @curiosisimo en la red social TikTok, un usuario me pregunta de dónde surge la expresión ‘Juventud, divino tesoro’.

¿De dónde surge la expresión ‘Juventud, divino tesoro’?

Esta locución suele ser pronunciada por personas de cierta edad (sobre todo adultos y ancianos) y se hace con la intención de rememorar y añorar los años de juventud, teniendo cierto componente de melancolía y recuerdo.

La primera constancia escrita de la expresión la encontramos en el libro de poemas ‘Cantos de vida y esperanza’, publicado en 1905 por el poeta nicaragüense Ruben Darío, quien iniciaba el poema ‘Canción de otoño en primavera’ del siguiente modo:

[…]Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…[…]

La obra se hizo inmensamente famosa y la frase ‘Juventud, divino tesoro’ se ha repetido hasta la saciedad desde entonces.

A continuación podéis leer el poema ‘Canción de otoño en primavera’ al completo:

   Juventud, divino tesoro,                          
¡ya te vas para no volver!                          
Cuando quiero llorar, no lloro…                              
y a veces lloro sin querer…                        

   Plural ha sido la celeste                            
historia de mi corazón.                
Era una dulce niña, en este                       
mundo de duelo y de aflicción.                

   Miraba como el alba pura;                     
sonreía como una flor.                
Era su cabellera oscura               
hecha de noche y de dolor.                       

   Yo era tímido como un niño.                  
Ella, naturalmente, fue,                              
para mi amor hecho de armiño,                             
Herodías y Salomé…                    

   Juventud, divino tesoro,                          
¡ya te vas para no volver!                          
Cuando quiero llorar, no lloro…                              
y a veces lloro sin querer…                        

   La otra fue más sensitiva,                       
y más consoladora y más                          
halagadora y expresiva,                            
cual no pensé encontrar jamás.                             

   Pues a su continua ternura                    
una pasión violenta unía.                          
En un peplo de gasa pura                          
una bacante se envolvía…                        

   En sus brazos tomó mi ensueño                          
y lo arrulló como a un bebé…                   
y le mató triste y pequeño,                        
falto de luz, falto de fe…                            

   Juventud, divino tesoro,                          
¡te fuiste para no volver!                           
Cuando quiero llorar, no lloro…                              
y a veces lloro sin querer…                        

   Otra juzgó que era mi boca                   
el estuche de su pasión;                              
y que me roería, loca,                  
con sus dientes el corazón.                        

   Poniendo en un amor de exceso                          
la mira de su voluntad,               
mientras eran abrazo y beso                    
síntesis de eternidad;                   

   y de nuestra carne ligera                         
imaginar siempre un Edén,                       
sin pensar que la Primavera                     
y la carne acaban también…                    

   Juventud, divino tesoro,                          
¡ya te vas para no volver!                          
cuando quiero llorar, no lloro…                              
y a veces lloro sin querer.                           

   ¡Y las demás! En tantos climas,                            
en tantas tierras, siempre son,                
si no pretextos de mis rimas,                    
fantasmas de mi corazón.                         

   En vano busqué a la princesa                
que estaba triste de esperar.                    
La vida es dura. Amarga y pesa.                            
¡Ya no hay princesa que cantar!                             

   Mas a pesar del tiempo terco,                              
mi sed de amor no tiene fin;                     
con el cabello gris me acerco                    
a los rosales del jardín…                             

   Juventud, divino tesoro,                          
¡ya te vas para no volver!                          
Cuando quiero llorar, no lloro…                              
y a veces lloro sin querer…                        

   ¡Mas es mía el Alba de oro!

 

El poema fue musicalizado y cantado por el gran Paco Ibáñez, quien realizó una brillante versión que interpretó por primera vez en el concierto ofrecido el 9 de enero de 1988 en el teatro Olympia de París. En el siguiente vídeo podéis escuchar la grabación incluida en el disco recopilatorio ‘Canta a los poetas latinoamericanos‘ (2012):

 

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Fuente de la imagen: needpix

¿Cuál es el origen del término ‘pedigrí’?

A través de un comentario dejado en otro post, readhead me pregunta sobre el origen del término ‘pedigrí’.

¿Cuál es el origen del término ‘pedigrí’?

Se conoce como ‘pedigrí’ a la genealogía o documento de un animal en el que consta su ascendencia y algunas de sus características más importantes (como la pureza de su raza) y que es utilizado, sobre todo, en caballos, perros y gatos, con el fin de determinar el valor genético de estos (muy importante en animales de exhibición y competición). Decir que cierto ejemplar tiene pedigrí es añadirle un plus a su valoración.

Etimológicamente el término llegó al castellano desde el inglés ‘pedigree’ (de idéntico significado) y los anglosajones lo tomaron y transformaron el vocablo del francés ‘pied de grue’ cuya traducción literal es ‘pata de grulla’.

¿Cuál es el origen del término ‘pedigrí’?Antiguamente, los criadores de caballos calificaban algunos ejemplares de estos animales siguiendo unos estándares de calidad, pureza raza, sexo y otros datos que determinaban el valor de los equinos. Y lo hacían realizando una marca que constaba en tres segmentos de líneas, cuya disposición parecía la huella que dejaba la pisada de una grulla (ave zancuda de gran tamaño y patas largas).

Algunas fuentes indican que dicha marca (pied de grue) se hacía directamente sobre el caballo (con un hierro candente) y otras indican que se realizaba dibujándolo sobre un documento, en forma de ‘árbol genealógico’ del animal y, de ahí, que recordara la mencionada pata de una grulla.

El hecho de que la denominación francesa ‘pied de grue’ acabase en la forma inglesa ‘pedigree’, parece ser que fue ante la dificultad de estos en pronunciarla correctamente, aunque también hay quien señala que, probablemente, se realizó un mix entre el vocablo francés y el término inglés ‘degree’ (grado, nivel, categoría de algo).

La palabra fue incorporada al Diccionario de la RAE en su edición de 1992 en la forma castellanizada ‘pedigrí’. Su plural debe escribirse como ‘pedigríes’ o ‘pedigrís’ (ambas formas están admitidas) y, señalan en el Diccionario panhispánico de dudas, debe evitarse la forma ‘pedigré’, la cual es la forma afrancesada del anglicismo.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

 

Fuentes de consulta: Diccionario de la RAE / Diccionario panhispánico de dudas / etimologias.dechile / elcastellano / blog.lengua-e / cnrtl.fr / etymonline
Fuentes de las imágenes: snappygoat / pixabay

¿De dónde proviene la expresión ‘Hablar por los codos’?

A través de un comentario dejado en otro post, ignotis parentibus me pregunta sobre el origen de la expresión ‘Hablar por los codos’.

¿De dónde proviene la expresión ‘Hablar por los codos’?

La expresión ‘Hablar por los codos’ es utilizada para indicar que alguien habla demasiado, muy seguido y sin parar e incluso sin decir nada de relevancia. Es utilizada también en la forma ‘Hablar hasta por los codos’.

Sobre su origen hay muchas hipótesis y ninguna es concluyente. Lo que sí se sabe es que no se trata de ninguna locución moderna, debido a que ya aparece recogida en el Diccionario de Autoridades de 1739, dándole la acepción: ‘Phrase vulgár con que se pondéra, y exagéra, que algúno habla mucho’.

Algunas fuentes indican que dicha expresión ya fue utilizada en el siglo I a.C. por el poeta romano Quinto Horacio Flaco, quien la incluyó en su obra ‘Sátiras’ (una colección de poemas satíricos que exploran los secretos de la felicidad humana).

El hecho de indicar que cuando se habla mucho se hace por los codos (y no por otra parte de la anatomía) también tiene diversas suposiciones, todas ellas bastantes válidas.

Por una parte hay quien indica que la mención a los codos podría referirse al acto que hacen algunas personas de tocar el codo (o brazo) del interlocutor para llamar su atención, cuando ve que éste no está escuchando lo que dice.

También podría deberse al típico gesto de ir dando con el codo a la otra persona mientras se le está hablando.

Una tercera hipótesis apunta directamente a los matrimonios, cuando una vez en la cama, la esposa trata de llamar la atención del esposo (que se está quedando dormido) para que éste le escuche lo que le está contando.

Muchos y variados son los diferentes supuestos sobre cuál debe ser el motivo que originó la mencionada expresión.

Como dato curiosos, cabe destacar que en el idioma portugués también es muy utilizada esta locución en la forma ‘Falar pelos cotovelos’, encontrándose numerosa información sobre la misma (casi más resultados que en español) y que viene a indicar lo también expuesto en este post.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades / spanish.stackexchange / debocaembocaatehoje / sabiamquegostodecuriosidades
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Cuál es el origen de la expresión ‘El hombre propone y Dios dispone’?

Existe una célebre expresión que dice ‘El hombre propone y Dios dispone’, la cual es utilizada para indicar que por mucho empeño que pongamos en realizar algo y que esto salga bien, los caprichos del destino hacen que el resultado puede que no sea el esperado o deseado (en este caso, debido a los designios de Dios).

¿Cuál es el origen de la expresión ‘El hombre propone y Dios dispone’?

La locución se hizo inmensamente famosa a partir de ser incluida en la obra ‘Imitación de Cristo’ del canónigo alemán Tomás de Kempis, la cual fue publicada en el primer cuarto del siglo XV y que durante mucho tiempo sirvió como libro de consulta de numerosísimas generaciones de religiosos.

El texto, escrito originalmente en latín, decía literalmente la mencionada expresión como ‘Homo proponit, sed Deus disponit’, siendo esta inspirada por otra similar que aparece en la Biblia (Proverbios 16:9) en la forma: ‘Cor hominis disponit viam suam, sed Domini est dirigere gressus eius’ (El hombre dispone su camino, pero al Señor corresponde disponer sus pasos).

Cabe destacar que varios han sido los escritores que han incorporado la expresión ‘El hombre propone y Dios dispone’ (o alguna de sus variantes) en sus obras, como Miguel de Cervantes (en dos ocasiones) en ‘La gitanilla’ (1613) y la ‘Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha’ (1615), así como Marcos Fernández en su libro ‘Olla podrida a la española’ (1655) o Mariano José de Larra en ‘Ni por ésas. Verdadera contestación de Andrés a Fígaro’ (1836), entre otros.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde surge decir que alguien con paciencia tiene ‘mucha correa’?

‘Tener mucha correa’ es una antiquísima expresión utilizada para indicar que una persona tiene mucha paciencia, conformidad y resignación ante algún asunto.

¿De dónde surge decir que alguien con paciencia tiene ‘mucha correa’?

Originalmente esta locución era ligeramente diferente y se decía en la forma ‘tener más correa que San Agustín’.

Y es que es precisamente a una de las piezas fundamentales y características de la vestimenta que utilizan los religiosos de la orden de los agustinos lo que da origen a la expresión: la correa.

La inmensa mayoría de órdenes religiosas han utilizado desde sus inicios algún tipo de cordón o soga que era anudado en la cintura sobre el hábito, pero los agustinos se destacaron por usar una correa de cuero y, originalmente, con hebilla hecha con un hueso animal.

Esta correa se caracterizaba por ser larga, ya que daba toda la vuelta a la cintura y después caía hasta por debajo de las rodillas.

La orden religiosa de los agustinos (así como su fundador) siempre tuvo fama de poseer una gran serenidad y resignación, de ahí que surgiera la expresión haciendo referencia a la largura de la correa y la paciencia.

 

 

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¿Cuál es el origen del término ‘estreno’?

A través de mi cuenta @curiosisimo en la red social TikTok, un usuario me pregunta de dónde surge llamar ‘estreno’ a la primera representación de una obra que realiza una compañía de teatro o al primer pase de una película.

¿Cuál es el origen del término ‘estreno’?

El término ‘estreno’ deriva del verbo ‘estrenar’ el cual, en su origen, hacía referencia a un regalo que se ofrecía (sobre todo a los más pequeños de la casa) con motivo de la llegada del Año Nuevo.

Esta tradición nació en la Antigua Roma y era denominada en latín como ‘strena’, que venía a significar ‘deseo de buena suerte o augurio’ y a su vez éste provenía del adjetivo ‘strenus’ (buen augurio).

El regalo o estreno que se ofrecía solía ser en forma de monedas, dátiles y algunas frutas, transformándose con el tiempo en abalorios, joyas, complementos y ropa (de ahí que el vestir algo nuevo también se conozca como ‘ir de estreno’).

Con el paso de los siglos el término estreno quedó vinculado con aquello que era nuevo, que se inauguraba, usaba o producía por primera vez, denominándose de ese modo a las primeras representaciones teatrales, óperas o proyecciones cinematográficas.

Cabe destacar que todavía hay lugares e idiomas en los que se utiliza el término estreno (o algún variante similar) para referirse al regalo o  propina que se recibe por Año Nuevo (por ejemplo en catalán se conoce como ‘estrenas’).

 

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¿De dónde surge llamar ‘paria’ a la persona desprovista de derechos en la sociedad?

Se denomina como ‘paria’ a aquellos individuos que han sido desprovistos de ciertos derechos, privilegios y ventajas dentro de la sociedad (por ejemplo, que por orden judicial se le prohíba de por vida a alguien ejercer su derecho al voto).

¿De dónde surge llamar ‘paria’ a la persona desprovista de derechos en la sociedad?

El diccionario de la RAE da como definición de paria: “Persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior”, siendo incluido el vocablo por primera vez en la edición de 1884.

El término llegó al castellano desde el portugués ‘pária’ y éste lo tomó del sánscrito (lengua clásica de la India) ‘parâyatta’, cuyo significado era ‘sometido o subordinado a la voluntad de otro’ y hacía referencia a los miembros de la clase más baja entre los habitantes de la India quedando fuera la ‘ley de Brahma’ (la cual se clasifica en cuatro castas dentro del hinduismo).

Los parâyatta eran desposeídos de todos los derechos religiosos y sociales y en esta casta se incluía a todos aquellos que provenían de una relación adúltera, los hijos de madre soltera e incluso los nacidos de una viuda casada en segundas nupcias (por poner unos pocos ejemplos) y solo están autorizados a contraer matrimonio entre los del mismo grupo y a acceder a los oficios peor valorados y pagados.

Una vez occidentalizado el vocablo en la forma ‘paria’, también se le dio un sentido de desprotegido social, incluso apareciendo el término al inicio de algunas de las versiones de la famosa canción ‘La Internacional’ (himno oficial de los movimientos de izquierdas).

 

 

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¿De dónde proviene decir que algo es de ‘palabras mayores’?

¿De dónde proviene decir que algo es de ‘palabras mayores’?

Suele utilizarse la forma ‘palabras mayores’ para indicar que algo es de una importancia, gusto o valor mucho mayor de lo esperado o de lo corriente (por ejemplo hablar de cocina y l nombrar a cierto chef decir ‘eso ya son palabras mayores’).

Pero, originalmente, esas ‘palabras mayores’ a las que hace alusión la locución nada tenía que ver con el significado que le damos actualmente, sino que hacía referencia a un listado de términos, insultos, injurias, calumnias o groserías que eran consideradas como impropias, siendo incluso tachadas como blasfemia y que podían constituir algún tipo de delito o pecado, por lo que se procedía a multar y castigar a los infractores que las pronunciaran o que hubiesen sido denunciados y acusados de hacerlo.

 

 

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