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¿De dónde proviene la expresión ‘Cuatro putas y un tambor’?

A través de Twitter recibo una consulta de @DvitoreS_ en la que me pregunta de dónde viene la expresión ‘cuatro putas y un tambor’.

¿De dónde proviene la expresión ‘Cuatro putas y un tambor’?

Esta es una de esas expresiones que están prácticamente en desuso (y a las que yo suelo referirme a ellas como ‘expresiones viejunas’) y como tal su origen es algo incierto y se pierde en el tiempo.

Durante bastante tiempo (y aquellos que aún la usan) se decía con la intención de señalar que en lugar había pocas personas (viene a ser como decir que ‘hay cuatro gatos’ e incluso la tan utilizada ‘no ha venido ni el Tato’).

Pero hay que destacar que mucho antes de que se utilizara con esa intención, la expresión ‘cuatro putas y un tambor’ se decía para hacer referencia al ruido y alboroto producido en algún lugar. Esto se sabe porque la locución está extraída de otra más larga que decía:

‘Cuatro putas y un tambor, arman un ruido atroz; pero menos, sin disputa, el tambor que las cuatro putas’

La búsqueda por encontrar el origen de la expresión original me llevó hasta el libro ‘Un viejo maestro de lengua: el refranero’ publicado en 2017 por Juan-Pablo García-Borrón Martínez. Tras contactar con el profesor García-Borrón en la Universidad de Barcelona, éste me indicó que lo había recogido del ‘Refranero General Ideológico’ de Luis Martínez Kleiser, publicado en 1953 y tras hacerme con un ejemplar (de gran tamaño y cerca de 800 páginas conteniendo 65.083 refranes) encontré que la única referencia que se hacía en ese voluminoso libro a la mencionada expresión era ‘Más de 21000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del maestro Gonzalo Correas allegolos de la tradición oral y de sus lecturas’ que el célebre paremiólogo sevillano Francisco Rodríguez Marín publicó en 1926, no hallando referencias que me llevaran más atrás ni a una explicación sobre el hecho que pudo haber originado el mencionado refrán.

 

 

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Fuente de la imagen: maxpixel

Diez expresiones viejunas que posiblemente nunca has escuchado (y que antiguamente fueron muy famosas)

Un gran número de expresiones y términos que utilizamos coloquialmente hoy en día son heredadas del lenguaje y forma de hablar de nuestros antepasados. De hecho, muchas de ellas se han ido transmitiendo por vía oral de una generación a otra hasta llegar a nosotros, teniendo centenares de años de antigüedad.

Diez expresiones viejunas que posiblemente nunca has escuchado (y que antiguamente fueron muy famosas)

Sin embargo otras se han quedado por el camino y aunque antiguamente estuvieron en boca de muchísimas personas las nuevas generaciones no las han adoptado y jamás las han escuchado decir. Sobre una decena de estas últimas va mi post de hoy…

Expresión cuyo origen se le atribuye a la Reina Católica, Isabel de Castilla, y que era utilizada para señalar alguna intención o amenaza oculta. O sea, cuando alguien hacía o decía una cosa malintencionadamente disfrazándola de otra.

Se utilizaba para señalar a un individuo a quien le había salido alguna cosa mal (a causa de una acción equivocada o simple mala suerte) y acababa renunciando a conseguir el propósito, abandonándolo y/o dejando perder lo que ya había conseguido.

Significaba literalmente ‘acampar un ejército’ y se refería al lugar exacto en donde se levantaban las tiendas de campaña militar en la que se guarecían los altos mandos (como los generales e incluso el propio rey). Se usaba para indicar el punto en el que alguien iba a instalarse a vivir provisionalmente durante un tiempo.

Expresión que durante largo tiempo fue utilizada para referirse a aquella persona que se las daba de ilustrada y sabia y que por el contrario no dejaba de ser un ignorante presuntuoso.

Se utilizó durante muchísimo tiempo para señalar la entereza, soberbia y actitud orgullosa que sigue manteniendo aquel que está atravesando por un momento difícil y adverso.

Se conocía como ‘refitolear’ al hecho de andar curioseando e inmiscuyéndose en los asuntos de los demás. Refitorero era como se le conocía al fraile que estaba al cuidado del refectorio, nombre que se le daba a la sala en la que los religiosos se reunían para comer en los monasterios. Ese fraile solía curiosear en las conversaciones de los allí presentes.

El significado de esta expresión es el de intentar desviar la atención sobre un asunto del que no conviene hablar y que se hable de otros mucho más superfluos y livianos. Se originó a raíz de una anécdota acontecida en la Antigua Grecia protagonizada por el militar ateniense Alcibíades Clinias Escambónidas  (siglo V a.C.) quien cortó el rabo a su mascota con el fin de que se hablase de este incidente y no de la corrupción de su gobierno.

Antiguamente fue ampliamente utilizada para referirse a aquel que debía pasar la noche en el cuartelillo (o una temporada en la cárcel) tras haber sido detenido. Hacía referencia a la estatua que representaba al Arcángel Miguel que coronaba el edificio que albergaba la cárcel de la Corte junto a la Plaza Mayor de Madrid durante el reinado de Felipe IV.

Se utilizaba para referirse a una persona que aparentemente no era demasiado lista o no destacaba por su inteligencia y que, inesperadamente, daba un consejo con la solución que resolvía algún problema. Proviene de una parábola del Antiguo Testamento, concretamente en ‘El libro de los números’ (22-24).

Significaba literalmente ‘tener que pagar algo de mala gana’. Se conocía como faltriquera al bolsillo de las prendas de vestir, pero también se usaba este término para llamar así al rudimentario bolso de tela (e incluso un simple paño) en el que se guardaba y/o envolvía el dinero.

 

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