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¿De dónde surge decir a alguien que es ‘como el capitán Araña’?

Decirle a alguien que es ‘como el capitán Araña’ no es referirse a éste como un superhéroe o algo similar, sino que esta locución es sinónimo de llamarle embaucador o que convence a otros para hacer algo y luego se queda al margen.

¿De dónde surge decir a alguien que es ‘como el capitán Araña’?

La expresión está extraída de una mucho más larga que decía literalmente ‘el capitán Araña, que embarcaba a la gente y se quedaba en tierra’ y que surgió a raíz de un curioso personaje del siglo XVIII.

Sabido es que, en aquel siglo, fue muy necesaria la contratación de numerosos hombres que quisieran embarcarse en las expediciones que surcaban hacia las diferentes posesiones del Imperio y parece ser que había una serie de personajes que se encargaban de reclutar y convencer a nuevos marinos, quienes se embarcaban rumbo a las colonias.

Uno de esos captadores de hombres era un tal capitán Arana, quien tras persuadirlos para embarcarse se quedaba en tierra, en busca de más voluntarios para otras expediciones (y, evidentemente, percibiendo un pago por el trabajo de mediador).

Hay ciertas discrepancias sobre el origen de ese tal capitán Arana, apuntando algunas fuentes que era vasco y otras gaditano. También podemos encontrar que el lexicógrafo José María Iribarren indicaba que este capitán era de nacionalidad portuguesa y su apellido era ‘Aranha’ (no olvidemos que la ‘nh’ de los portugueses tiene una sonoridad similar como nuestra ‘ñ’).

 

 

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Fuentes de consulta: ‘Florilegio ó Ramillete alfabético de refranes y modismos comparativos y ponderativos de la lengua castellana’ de José María Sbarbi / ‘El porqué de los dichos’ de José María Iribarren / ‘ ¿Qué queremos decir cuando decimos…?’ de José Luis García Remiro / ‘Del hecho al dicho’ de Gregorio Doval
Fuente de la imagen: wannapik

La curiosa tradición de colocar telarañas en los árboles de Navidad en Ucrania

Ucrania es un país cuya religión mayoritaria es la ortodoxa y, por tanto, celebra el día de Navidad el 6 de enero, de acuerdo al «calendario juliano» con el que siguen rigiéndose la mayoría de los católicos ortodoxos, existiendo trece días de desfase respecto al «calendario gregoriano» utilizado en la mayor parte de países de occidente y en la Iglesia Católica.

La curiosa tradición de colocar telarañas en los árboles de Navidad en Ucrania

Las costumbres navideñas de este país de Europa del Este van a medio camino entre la tradición del rito ortodoxo y la festividad consumista occidental y, por tanto, en los hogares hay una amalgama de celebraciones.

Los ucranianos a la hora de decorar el árbol de Navidad (llamado «Yalynka») utilizan las tradicionales bolas, luces, guirnaldas, figuritas y una vez finalizado cubren todo ello con una telaraña, además de esconder una araña entre las ramas.

Evidentemente, tanto el arácnido como la red que se colocan son falsos y esta costumbre se originó a raíz de una antigua leyenda popular de finales del siglo XIX, de la que hoy circulan numerosas versiones con diferentes elementos o protagonistas.

La más famosa es la que explica la historia de una pobre viuda con hijos pequeños que al llegar la Navidad no tenía dinero para comprar los adornos para colocar en el Yalynka. A pesar de su extrema pobreza cogió unas pocas cosas que tenía en la casa (como nueces y algunas frutas) y adornó un árbol que había frente a la cabaña donde vivían, con el fin de conmemorar el nacimiento del Niño Jesús. Esa noche, mientras dormían, un grupo de arañas que había en el árbol tejieron una enorme telaraña que lo cubrió y a la mañana siguiente, tras amanecer, el primer rayo de sol convirtió la red de araña en hilos de oro y plata.

Dependiendo de la región de Ucrania se le da diferentes detalles a esta leyenda, pero los elementos coincidentes de todas las historias son la viuda pobre, el árbol, las arañas y la telaraña que se convierte en los preciados metales.

Siguiendo la tradición, las familias ucranianas cubren sus árboles navideños con una telaraña (suele ser de un spray que se vende, como el usado en la fiesta de Halloween) y esconden entre las ramas del Yalynka una araña, la cuál debe ser encontrada por los más pequeños de la casa el día de Navidad. Quien la encuentre recibirá un regalo adicional, será afortunado todo el año o será el primer miembro de la familia en abrir sus regalos, algo muy similar a lo que se hace con la tradición de esconder un pepinillo y que te expliqué días atrás en otro post de este blog.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Tiene algo que ver una ‘tarántula’ con el baile de la ‘tarantela’?

Tiene algo que ver la ‘tarántula’ con el baile de la ‘tarantela’A través de un correo email, Dolors Sainz me consulta si la tarántula tiene algo que ver con el baile de la ‘tarantela’.

La tarántula es una enorme araña peluda cuya picadura puede causar bastante dolor, pero no la muerte como durante muchísimos años se ha creído y divulgado. Su nombre proviene de la ciudad de Tarento, situada al sur de Italia y en la que, debido a su climatología, abundan las arañas de esa especie.

Tiene algo que ver la ‘tarántula’ con el baile de la ‘tarantela’

En la Edad Media se tenía la falsa creencia de que si una persona era picada por una tarántula, le sobrevenía una crisis de convulsiones y ataques que provocaban que acabase saltando, para así evitar la locura o la propia muerte.

La similitud de esas convulsiones y espasmos con el baile típico de la región, que se realizaba a base de saltos y cuyo ritmo se va acelerando a medida que van tocando los músicos, provocó que esta danza acabase siendo conocida como tarantela, aunque nada tuviera que tener en su origen con la picadura de una tarántula.

 

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Fuentes de las imágenes: Leslie Kirkland (Flickr) / madeinsouthitalytoday

Federico II de Prusia y la araña

Federico II de Prusia llegó al trono a los 28 años. Reinó desde 1740 hasta 1786. Llamado Federico el Grande fue un monarca de gran capacidad gubernativa. Rodeado de filósofos y hombres de letras su gobierno se caracterizó por un despotismo ilustrado bien marcado. Contando entre sus amigos con hombres como Voltaire, favoreció el desarrollo de las artes y entre sus medidas más significativas incorporó a su reinado la enseñanza primaria obligatoria.
La siguiente, más que sólo una anécdota, es una historia desapercibida que alargó la vida de uno de los reyes prusianos más significativos.

Una tarde Federico entró a uno de los salones del palacio de Sans – Souci y sentándose a la mesa pidió a un sirviente su habitual taza de chocolate. El sirviente hizo llegar la orden al cocinero y al tiempo ingresó al salón con el pedido del rey. Una vez que tuvo el tazón delante de sí, Federico fue asaltado por un pensamiento que le hizo postergar por unos segundos la toma del chocolate. Habiendo dejado la llave puesta del arcón donde había dejado unos papeles de gran importancia, decidió ponerse de pie y desplazarse hasta la habitación contigua a solucionar el descuido.
Ya de vuelta a la mesa, se dispuso a ingerir su chocolate cuando detectó un fino hilo brillante que descendía, desde el techo hasta su taza, en perfecta línea recta. Pasó la mano suavemente como para cortar el recorrido de la fina hebra y advirtió que se trataba de la tela de una araña incauta que había descendido sobre su tazón real para darse un chapuzón en el espeso líquido.
Sin perder tiempo, el rey, llamó de inmediato a su criado y pidió que le cambien la taza de inmediato.
Al ver al criado llegar con la taza intacta, el cocinero comenzó a transpirar, los nervios se le quebraron y la angustia iba en aumento a medida que el criado se acercaba.
Al escuchar al sirviente decir que el rey pidió, sin motivo aparente, que le sea cambiada la taza, el cocinero corrió hasta un rincón y se dio muerte súbitamente. La razón: el hombre había puesto veneno en el tazón y, dadas las circunstancias, supuso que el rey había descubierto su plan homicida.
Debido a este confuso episodio es que años después Federico el Grande dispuso que se pintara el techo de la habitación, en la que se encontraba, la imagen de una araña en su tela. Un homenaje merecido a aquella amiga desconocida que fue la más eficaz guardaespaldas del rey y que entregó la vida por el monarca prusiano sin darse cuenta de lo que esto significaba.
Quizás lo más llamativo de esta historia desapercibida radique en lo variado de sus protagonistas: un rey afortunado, un cocinero traicionero y una araña que, sin saberlo, salvó la vida de Su Majestad.

Esta curiosa historia me la ha hecho llegar vía e-mail Joan Almansa -¡Gracias!-
He comprobado que aparece en multitud de Webs y Blogs, pero no he podido verificar su autenticidad, por lo que su publicación aquí es más por lo curioso del relato que por el aporte histórico en si.