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Historias de la Esclerosis Múltiple

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La culpabilidad de la lactancia artificial

Flickr/Frédérique Voisin-Demery

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Si algo me está resultando duro, emocionalmente hablando, es dar lactancia artificial en vez de lactancia materna, y además tener que hacerlo para ponerme un tratamiento por tener una enfermedad. Quizá si fuese por otra razón más común o lo hubiese intentado pero por algún problema no lo hubiese conseguido, también me sentiría mal, pero seguramente de manera distinta. Me siento sola en este tema, sin apoyos y sin conocer a nadie que haya o esté pasando por el mismo trance. Y a pesar de conocer a madres que han tenido que cambiar de lactancia materna a artificial por diversos problemas (mastitis, no tenían suficiente leche, etc…), no son las mismas circunstancias y no termino de identificarme con ellas.

Durante el embarazo y los días de hospitalización, pensé que algún médico me comentaría algo, haciéndome ver lo equivocada que estaba, pero desde el principio todos entendieron mi postura. Aunque lo contaba con tristeza, las reacciones de todo el equipo médico me aliviaron hasta que nació Nora y se fue directa a mi pecho, gesto que sigue haciendo habitualmente.

Sé que he tomado la decisión correcta, a largo plazo es lo mejor para las dos, y si volviese atrás haría otra vez lo mismo. No me da miedo cambiar de tratamiento, pero sí, estar sin tomar nada mucho tiempo y además hacerlo, durante el posparto cuando aumenta el riesgo de sufrir un brote. Y aunque se supone que la lactancia también me protege, no percibo en los médicos la misma rotundidad que con en el embarazo. Ni siquiera sé si mi cuerpo aguantaría las exigencias de la lactancia materna. La artificial, me permite descansar, ponerme el tratamiento y disfrutar de ella porque afortunadamente, me sigo encontrando bien.

Para mí y mi forma de sobrellevar la enfermedad, el verbo intentar está presente en cada minuto desde mi diagnóstico pero esta vez no ha podido ser. Esto sumado al instinto de Nora, siento que de alguna manera la he fallado por querer estar bien y me he perdido una experiencia maravillosa por la esclerosis múltiple.

¿Qué hacer cuando encuentras en la red información contradictoria?

Flickr/@sage_solar

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Doctor Google es una realidad, nos guste más o menos, todos buscamos información médica en Internet, y a veces, te puedes encontrar con información y experiencias que no concuerdan con lo que te ha dicho el médico. Siempre recomiendo hacer caso a lo que te dice el especialista, y si no te convence, consultar a otro.  Nunca me había encontrado información tan dispar (y mira que rebusco), pero a la hora de buscar sobre la lactancia, la vuelta al tratamiento en el post-parto y la esclerosis múltiple, me ha sorprendido lo encontrado.

Cuando publiqué la entrada de mi decisión sobre la lactancia materna, fuisteis muchos los que me recomendasteis visitar e-lactancia y comprobar si mi medicamento es compatible con la lactancia. Según los resultados de la web es bastante seguro y es improbable su excreción en leche.

Después, me fui a la FDA (Agencia Americana del Medicamento) y miré la ficha del tratamiento. Menciona que no se sabe si se excreta en la leche y que si lo hace, podría dañar al bebé y recomienda hablarlo con el médico. Obviamente, no hay ningún ensayo clínico que demuestre ni lo uno ni lo otro.

Además, tuve la oportunidad de preguntar vía Twitter a un neurólogo que estaba realizando una ponencia sobre embarazo y esclerosis múltiple en Madrid:

Es inevitable que los pacientes busquemos más información en Internet, es más, creo que es bueno esa inquietud de querer saber más, y de preguntar y volver a preguntar al especialista sobre lo que hemos encontrado. Pero también creo que debemos seguir sus recomendaciones, y si no estamos de acuerdo, consultar nuestras dudas con otro médico, aunque como siempre la última palabra la tenemos nosotros.

Otro estudio sobre la lactancia en la esclerosis múltiple

Por el proceso en el que me encuentro, no podría pasar sin comentar el artículo que apareció sobre la lactancia materna: “El papel de la lactancia materna en esclerosis múltiple“. En la entrada que dediqué sobre la lactancia y mi decisión de no darla, mencioné que había varios estudios sobre la supuesta protección que ejerce la lactancia en nuestra enfermedad. Muchos me animasteis a que visitase la web de e-lactancia y comprobase si era seguro o no dar lactancia, curiosamente, me el resultado es completamente contradictorio a lo que recomienda la FDA, pero esto ya lo trataré en otra entrada.

Flickr/myllissa

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Los datos del estudio, aunque son esperanzadores, todavía queda mucho camino por recorrer porque la diferencia de brotes post-parto de los dos grupos de mujeres (las que dan lactancia exclusiva durante dos meses y las que no) apenas se diferencias en un 14%. Aunque lo que me gustaría saber es algunos datos de la historia clínica de esas mujeres, es decir, el número de brotes, años de diagnóstico, … Porque para mí, no es lo mismo que una mujer que haya tenido un único brote y decida dar lactancia, que otra, que haya tenido varios brotes.

Coincido con el artículo, en dos puntos fundamentales. El primero, es que al igual que pasa con el embarazo, antes también se desaconsejaba para mujeres con esclerosis múltiple, los neurólogos, actualmente, se han vuelto mucho más tolerantes a la hora de que el paciente tome sus propias decisiones (algunos, no todos, pero vamos mejorando). El segundo, es exactamente lo que me dijo el neurólogo y que aparece en uno de los últimos párrafos:

A día de hoy, explica Moral, se recomienda lactar o no “dependiendo de qué tratamiento siga la paciente”. “Si la enfermedad es muy severa”, cuenta, “se recomienda empezar el tratamiento nada más dar a luz, porque éste le va a proteger más que la propia lactancia”.

(Cambiando severa, por activa)