Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
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A los pies del Poirot de Kenneth Branagh por Dickensianizarme el Orient Express

Retarme a ir ver una película basada en una novela que adoro y que ya tiene una buena adaptación previa es jugar con fuego valyrio en reginaexlibrislandia.

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

Pero como me tentó uno de mis libreros acepté, y tras echar el cierre en la librería enfilé al cine. La versión oficial en reginaexlibrislandia es que iría a ver Asesinato en el Orient Express (2017) por el bien de la literatura y de mis reginaexlibrislandianos.

Eso sí, en confianza os digo que la verdad es menos filantrópica y pelín más novelesca: ni por cien libros iba yo a desperdiciar la oportunidad de lanzarle mañana al infeliz una biblioperorata agathachristínica post decepción fílmica by Regina Exlibris precedida de un rotundo “Te lo dije, querid@“).

Así que me planté en el cine bien cargadita de prejuicios y con el colmillo afilado, salivando al previsualizar a mi presa atrapada en mis mandíbulas.

Y todo iba rodado, porque ya en los primeros minutos de proyección di con el atuendo perfecto para la escenita que pensaba montar al día siguiente en la librería: iría embutida en la piel de la Sra. Hubbard (Michelle Pfeiffer), una víbora sinuosa dispuesta a merendarse a cualquiera con garras de astracán para escupir después los restos con hiriente elegancia. ¡Ay, NO podía pedir más!

Peeero la Providencia Librera, que sabe que cuando patino lo hago a lo grande y con toda la puñetera pompa regia, me tenía preparada una sorpresita bibliodiabólica que se proyectaría ante mis ojos en 3, 2, 1…

Y es que desde aquí os lanzo la misma pregunta que me hice apuntalada a mi butaca:

¿Cómo demonios iba yo a imaginar que el Poirot de Sir Kenneth Charles Branagh iba no solo a leer y desternillarse con Historia de Dos ciudades de Dickens en varias de escenas con peso propio en el metraje, sino que además y no contento con eso iba a bramar a todo el pasaje del maldito Orient Express eso de ”Oh, mon cher Dickens!”?

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

Llegada a esa escena ya no tuve más remedio que bajar los brazos, quitarme el pelucón dorado, soltar la marta cibelina, reconocer mi derrota y disfrutar de una estupenda adaptación de la novela homónima de Agatha Christie mientras la parafraseaba para auto-recriminarme con venenosa compasión: “Ahh, pobre criatura, es sueca”. (Es una de sus frases más memorables, y me venía al pelucón ahora, claro).

Id a ver la película si podéis, querid@s. Porque además de disfrutarla os garantizo que saldréis de la sala con ganas redobladas nos solo de leer (o releer) Asesinato en el Orient Express sino también Historia de dos ciudades de Charles Dickens.

Así que lo hago público ante Reginaexlibrislandia en pleno:

A sus pies, Poirot de Sir Charles Kenneth Branagh (y resto del elenco), por Dickensianizarme el Orient Express al completo

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

(Asesinato en el Orient Express, 2017 / 20th Century Fox)

  • Y vosotros, queridos, ¿visteis la nueva adaptación de Asesinato en el Orient Express? ¿Qué os pareció? ¿Y la que filmaron en 1974?
  • Hazte un bibliofavor y lee Asesinato en el Orient Express
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Borges y su Biblioteca de Babel

Si eres devoto de Borges sólo hay una cosa que puedes desear más que perderte por entre sus líneas: que el maestro te facilite su canon bibliófilo particular. Pues bien, él lo hizo, y hace apenas unas horas hablaba de ello con un reginaexlibrislandiano asiduo, que me preguntó:

 

Cliente: Oye, Regina, ¿Conoces una colección que llevó Borges en Siruela? Es que me gustaría completarla…

La historia es ésta: arrancaban los años 80 y la editorial Siruela propuso a Borges coordinar una colección de más de una treintena de títulos seleccionados y prologados por él.

Así nació uno de los tesoros bibliófilos más exquisitos y a día de hoy absurdamente inalcanzables de todos los tiempos: La Biblioteca de Babel, bautizada como el relato homónimo de Borges que hoy aparece recogido en Ficciones y que versa sobre una biblioteca infinita.

Con una edición impecable y unas ilustraciones maravillosas, los treinta y tres títulos salieron a la venta entre 1983 y 1987. Lamentablemente desde hace dos décadas es imposible hacerse con ejemplares sueltos en librerías como reginaexibrislandia, y en establecimientos de lance y en Internet alcanzan precios escandalosos.

Pero no desisto. Y así, inasequible al desaliento, un par de veces al año llamo a Siruela con la esperanza de recibir noticias de una inminente reedición. Hasta ahora sigo teniendo el NO por respuesta, pero en plena charleta con mi reginaexlibrislandiano sobre el tema tuve una revelación bibliófila:

 

– Cliente: Pues vaya, es una putada que se pierda…- Regina: Sí, y no ya sólo por la colección en sí con su edición original, sino porque es una auténtica guía de lectura borgiana.

– C.: ¡Anda, claro! ¿Quién mejor que Borges para sugerirte libros?

 

Así que aquí estoy, a punto de revelar los treinta y tres títulos elegidos por Jorge Luis Borges para su Biblioteca de Babel, misión a todas luces imposible de no haber sido por la inestimable labor de ‘Los Conseguidores’ de La Tercera Fundación, que en su día recopilaron las portadas y los textos de las contras de todos los títulos.

¿Listos? Pues allá vamos:

 

 

Las muertes concéntricas, Jack London; Venticinco agosto 1983 y otros cuentos (Borges y VVAA); El cardenal Napellus, Gustav Meyrink; Cuentos descorteses, León Bloy; El espejo que huye, G. Papini; El crimen de Lord Arthur Saville, Oscar Wilde; El convidado de las últimas fiestas, Villiers de l’Isle-Adam; El amigo de la muerte, Pedro Antonio de Alarcón; Bartleby, el escribiente, Herman Melville; Vathek, W. Beckford; La puerta en el muro, H.G. Wells; El invitado tigre, P’u Sung-Ling; La pirámide de fuego, Arthur Machen; La isla de las voces, R.L. Stevenson; El Ojo de Apolo, G.K.Chesterton; El diablo enamorado, Jacques Cazotte; El buitre, F. Kafka; La carta robada, E.A. Poe; La estatua de sal, Leopoldo Lugones; La casa de los deseos, Rudyard Kipling; Las mil y una noches según Galland; Las mil y una noches según Burton; Los amigos de los amigos, Henry James; Micromegas, Voltaire; Relatos científicos, Charles Hinton; El gran rostro de piedra, N. Hawthorne; El país del Yann, Lord Dunsany; La reticencia de Lady Anne, Saki; Cuentos rusos, Dostoievsky, Leon Tolstoi, Leonidas Andreiev; Cuentos argentinos, VVAA; Nuevos cuentos de bustos Domecq, Bioy Casares y Borges; Libro de sueños; Borges A-Z, Borges y A. Fernández Ferrer.

 

Y vosotros, reginaexlibrislandianos de pro, ¿conocíais la existencia de La Biblioteca de Babel? ¿Cómo llegasteis a ella? ¿Os gusta Borges?

Como borgiana sugeriría a quienes aún no os habéis adentrado en el universo literario del genio argentino que empezarais por El Aleph, aunque hablando de Borges cualquier texto es soberbio, palabra de Regina.

Y como broche, homenaje y rareza hete aquí la primera de las diez partes de una mítica entrevista a Borges en TVE allá por 1976:

 

 

Si queréis ver toda la entrevista la encontraréis fraccionada en varios episodios desde aquí.

¿Qué libros salvarías de un incendio?

Esto de ser tan condenadamente permeable a estímulos externos acabará conmigo, queridos, y si no al tiempo… Ayer tuve la regia idea de regalarme un visionado de El Nombre de la Rosa, y maldita la hora, la verdad.

No me malinterpretéis. Adoro la novela de Umberto Eco y aunque la adaptación de Jean-Jacques Annaud siempre será uno de mis refugios de celuloide es la primera vez que volvía a ella desde que estrené esta mi nueva vida como librera.

Total, que lo que pintaba como una plácida velada de cine casero devino en el germen de mi nueva paranoia: que reginaexlibrislandia pueda ser, en un descuido, pasto de las llamas ávidas de mis libros.

En mis pesadillas me vi embutida en el recio hábito de Guillermo de Baskerville correteando desesperada por lo que parecía ser un cruce entre la laberíntica biblioteca de la abadía y reginaexlibrislandia. Cercada por lenguas de fuego hambrientas, me debatía entre la desgarradora encrucijada de qué libros salvar y qué otros condenar a las cenizas.

Si antaño empatizaba totalmente con el sufrimiento del personaje encarnado por Sean Connery ahora hasta notaba la falta de oxígeno, el calor asfixiante y, ya que estamos, la inesperada cualidad exfoliante del saco de fraile franciscano.

Desperté empapada en sudor y con el pelucón enmarañado, que es por donde se me desestabiliza a mi el espíritu. Por eso de camino a reginaexlibrislandia decidí tomar medidas drásticas: adiós a la cafetera, que los enchufes los carga Belcebú. Después sumé al extintor de pared otro más manejable que dejé bajo mi mesa, y que el Señor se apiade del pobre insensato que olvide apagar su cigarrillo antes de plantar un pie en reginaexlibrislandia.

Descafeinada y con el extintor a mano decidí adelantarme a lo inevitable y me puse a pensar en qué libros salvaría primero en caso de espantada por llamaradas en la librería.

De entrada condenaría las pilas de novedades, la verdad, porque vienen a ser los complementos con los que atuso reginaexlibrislandia.

En cuanto al fondo, mi fondo, el alma y los órganos vitales de mi librería, me siento incapaz de decidir, así que actuaría por impulso y desgarrada por dentro, como Guillermo de Baskerville.

Y vosotros, queridos, si un incendio devorara vuestra biblioteca particular, ¿qué libros salvaríais de las llamas?