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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Las vacunas no causan autismo, Javier Cárdenas, las vacunas salvan vidas y tenemos la responsabilidad de transmitirlo así

No escucho a Javier Cárdenas. No por nada. Simplemente no lo hago. Pero sí que he estado oyendo la conclusión de su programa diario después del aviso de Estela Jisela por Twitter.

Así que he buscado su programa y me he puesto los últimos minutos, en los que reflexiona lo siguiente (la transcripción, literal, es mía):

“Una reflexión más que interesante, sobre todo a los que nos toca de cerca. Ya lo dijo incluso Obama, el autismo se ha convertido en una epidemia. Para que veas hasta qué punto algo se está haciendo mal. Seguro. Desde un punto de vista de vacunas, como muchos sostienen esta teoría y es una teoría apoyada en hechos importantes; que tienen metales pesados que los niños no saben absorber, que sus cuerpos no saben absorber. O por la razón que sea. Pero en Estados Unidos han aumentado un 78% en los últimos diez años.  ¡Un casi 80% de los casos de autismo! Y obviamente no han aumentado de casualidad”.

A continuación se escucha un corte con audio latino que da el dato del incremento, especialmente en las comunidades afroamericana y latina. Incremento no necesariamente en el número de casos, sino en su localización y diagnóstico. Y sigue hablando.

“¿Hay que esperar mucho más para actuar? ¿Para investigar y para comparar? Por mucho que sean lobbies enormes, ¿qué pasa con las vacunas por ejemplo? Porque a la mayor parte de niños les ocurre siendo muy pequeñitos.  Es decir, nacen, son como otros niños, totalmente normal, y cuando pasa el tiempo, sobre todo una gran parte de ellos a raíz de las primeras vacunas, comienza ese calvario para tantas familias. Te lo dice alguien que le ha tocado muy de cerca, muy, muy de cerca. Así que algo está ocurriendo  pero que no es casualidad. No entiendo  como no se investiga de forma realmente… Es decir se sabe el dato, pero se está como dejando, como dejando. Y no se puede permitir. Es una epidemia lo que está ocurriendo. Ya no en Estados Unidos. En nuestro país. Como aumenta de una forma tremenda. Hay asociaciones que se dejan la vida por ayudar a personas con autismo. Tremendo, de verdad”.

Vayan por delante todos mis ánimos Javier (permite que te tutee, es lo que he visto que tú sueles hacer y lo hago con respeto). Es complicado cabalgar a lomos del dragón azul del autismo, es cierto. Aunque también se puede ser feliz y disfrutar de la vida durante el viaje. Cuentas con mi respeto dado que amas a alguien con autismo, dado que te preocupas por él. Parece que eso lo tenemos en común.

Es cierto que hay asociaciones que se dejan la vida por ayudar a personas con TEA. Es también cierto que toda investigación es poca, que todo lo que se pueda avanzar es bienvenido. Es un camino lleno de oscuridad, en el que nadie te lleva de la mano, en el que se sientes huérfano de ayuda médica. Y en el que corres el riesgo por tanto de equivocarte de antorcha, aferrándote a una que ilumina  y te hace avanzar por terrenos peligrosos que en nada van a  ayudar a las personas con autismo y pueden perjudicarnos a todos.

Las vacunas no causan el autismo. Es un falso mito descartado hace muchos años. Te invito a que te informes, a que tus reflexiones en un medio con tanta audiencia se apoyen en evidencias científicas reales y actuales, por la responsabilidad que tienes, que tenemos. En tu caso la responsabilidad es mucha, tanta como el número de tus oyentes. Y se agradecería sobremanera escuchar en tu programa la historia de Wakefield y una defensa de la necesidad de vacunar a nuestros niños.

Las vacunas salvan vidas. Estamos aún lejos de conocer los desencadenantes del autismo, pero sabemos que las vacunas no lo son.  Y no es algo que diga yo.

 Así de bien lo explica (y enlaza) el periodista especializado en ciencia y biólogo Javier Yanes:

(iStock)

La idea de que existe un rápido crecimiento de los casos de TEA puede ser tan solo una interpretación simplista de los datos. La biblia del diagnóstico psiquiátrico, el DSM, incluyó por primera vez el autismo en 1980; hasta entonces no existía una separación de la esquizofrenia. Desde aquella definición a la actual de TEA se han ampliado enormemente los criterios, de modo que hoy entran en el diagnóstico de TEA muchos casos que no encajaban en el de “autismo infantil” de 1980. Ante los gráficos presentados por ciertas fuentes, en los que parece reflejarse un crecimiento brutal de los casos de TEA en el último par de décadas, algunos investigadores han dejado de lado el titular sensacionalista y han entrado a analizar los datos. Y entonces, la cosa cambia: aunque podría existir un pequeño aumento en el número de casos, la mayor parte de lo que algunos presentan como una explosión de casos se debe realmente al cambio de los criterios diagnósticos.

 Como no podía ser de otra manera; en general, los defensores de la “explosión” de casos suelen estar guiados por el interés de colocar a continuación su idea de que el autismo está causado por su obsesión favorita.

 Claro que esa obsesión favorita puede traducirse en el motivo más viejo de la humanidad. La idea del vínculo entre vacunas y autismo fue un “fraude elaborado” creado por un tipo llamado Andrew Wakefield, exmédico. Su licencia fue revocada después de descubrirse que su estudio era falso. Posteriormente, una investigación de la revista British Medical Journal reveló (artículos originales aquíaquí y aquí) que Wakefield había recibido para su estudio una suma de 674.000 dólares de una oficina de abogados que estaba preparando un litigio contra los fabricantes de vacunas. Al mismo tiempo se descubrió que Wakefield preparaba un test diagnóstico de su nuevo síndrome con el que planeaba facturar 43 millones de dólares.

Habrá que repetirlo las veces que sea necesario: no existe ni ha existido jamás ningún vínculo entre vacunas y autismo. La idea procede en su totalidad de un estudio falso fabricado por un médico corrupto. Más de 100 estudios y metaestudios han concluido que no existe absolutamente ninguna relación entre vacunas y autismo.

Esto es lo que no es. En cuanto a lo que es: hoy no hay pruebas para sostener otra hipótesis diferente a que los TEA tienen un origen genético complejo debido a variantes génicas no necesariamente presentes en los genomas parentales, y que el riesgo podría aumentar con la edad del padre y tal vez de la madre (lo cual no es diferente a lo que tradicionalmente se ha asociado con otros trastornos, como el síndrome de Down). No se puede negar una posible modulación del nivel de riesgo genético por causas externas ambientales, pero hasta ahora no hay pruebas sólidas de la influencia de ninguno de estos factores. Esto es lo que hay, y lo demás es propaganda.

 

Y aquí tienes un vídeo divulgativo en la misma línea de la divulgadora, farmacéutica, nutricionista y óptica Marián García, Boticaria García.

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No poner vacunas no sólo puede afectar a nuestros hijos, también a los de los demás

Mi madre tuvo dos hermanos mayores que murieron siendo muy pequeños, casi con toda seguridad por enfermedades por las que ahora no hay que preocuparse gracias a las vacunas pero que eran intratables en un pueblecito extremeño. Los dos se llamaron José Luis, aún hubo un tercer José Luis que sobrevivió. Parece obvio que mi abuela una mujer poco dada a las supersticiones.

Mi padre estuvo bastante mal de pequeño, también de una enfermedad que a día de hoy nos evoca novelas como Mujercitas pero que en la Asturias de hace sesenta años aún no era tan rara.

Si mis dos abuelas hubiera tenido a su disposición vacunas como las que tenemos hoy día en España para poner a sus hijos seguro que lo se las habrían puesto. ¿En qué cabeza cabe negar algo que puede preservar la salud, incluso salvar la vida de tus hijos? Algo así me habrían dicho ambas, cada una con su acento del norte y del sur.
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Mi hijo tiene ocho años y autismo, sobre todo los primeros años pero aún ahora todavía me preguntan por las vacunas como supuestas causantes del autismo. Es algo que se ha demostrado tan equivocado como peligroso, pero la creencia, que fue alentada por algunas celebrities irresponsables, aún perdura.

Acaba de ser noticia que un niño de seis años, la misma edad que tiene mi hija, está hospitalizado grave. Tiene difteria, el primer caso en España en veinte años. No le habían vacunado.

No conozco el motivo por el que ese niño no estaba vacunado. No voy a culpabilizar a nadie, lo único que deseo es que se restablezca pronto y sin secuelas.

Os miento, hay algo más que también quiero y es recordar aquí que las vacunas son uno de los grandes logros del ser humano, a ver si nos vamos dando cuenta todos. No ponerlas no sólo puede afectar a nuestros hijos, también a los hijos de los demás.

Os recomiendo el encuentro digital que hubo el 30 de abril en 20minutos con la Dra. María J. Cilleruelo, experta en vacunas.

No vacunar a los hijos puede ser una actitud en cierto modo egoísta, ya que se están beneficiando de la inmunidad colectiva que se genera gracias a la vacunación a gran escala. La vacunación de una parte de una parte muy importante de la población hace que los gérmenes no circulen y los niños no vacunados se benefician de eso. Es cierto que en los brotes que estamos teniendo de sarampión y rubeola la mayor parte de los niños que enferman son niños no vacunados.

Y también este post de mi compañero del blog Ciencias Mixtas, escrito tras el reciente brote de casos de sarampión en Estados Unidos. Yo os ahorro el clic dejando aquí la carta que el escritor Roald Dahl, conocido mundialmente por Charlie y la fábrica de chocolate, escribió tras perder a su hija animando a vacunar a los niños y que yo descubrí gracias a Javi Yanes.

El sarampión: una enfermedad peligrosa, por Roald Dahl (1988)

Olivia, mi hija mayor, cogió el sarampión cuando tenía siete años. Mientras la enfermedad seguía su curso habitual, recuerdo que a menudo le leía en la cama y no me sentía particularmente alarmado sobre ello. Entonces, una mañana, cuando ella estaba ya en el camino de la recuperación, yo estaba sentado en su cama mostrándole cómo fabricar pequeños animales con limpiapipas coloreados, y cuando llegó su turno de hacer uno, noté que sus dedos y su mente no estaban trabajando juntos y no podía hacer nada.

“¿Te encuentras bien?”, le pregunté.

“Tengo mucho sueño”, dijo.

En una hora, estaba inconsciente. En doce horas había muerto.

El sarampión se había convertido en una cosa horrible llamada encefalitis del sarampión y los médicos no pudieron hacer nada para salvarla. Aquello fue hace 24 años, en 1962, pero incluso ahora, si un niño con sarampión llegara a desarrollar la misma reacción letal que Olivia, aún no habría nada que los médicos pudieran hacer para ayudarle.

Por otra parte, hay algo que hoy los padres pueden hacer para asegurarse de que una tragedia como esta no les ocurra a sus hijos. Pueden insistir en que sus hijos sean inmunizados contra el sarampión. Yo no pude hacerlo con Olivia en 1962 porque en aquellos días no se había descubierto una vacuna fiable. Hoy existe una vacuna buena y segura disponible para todas las familias, y todo lo que ustedes deben hacer es pedir a su médico que se la administre.

No está generalmente aceptado que el sarampión sea una enfermedad peligrosa. Créanme, lo es. En mi opinión, los padres que ahora rehúsan inmunizar a sus hijos están poniendo en riesgo las vidas de esos niños. En Estados Unidos, donde la vacunación contra el sarampión es obligatoria, tanto el sarampión como la viruela han sido virtualmente erradicadas.

Aquí en Gran Bretaña, donde muchos padres se niegan, ya sea por obstinación, ignorancia o miedo, a que sus hijos sean inmunizados, aún tenemos 100.000 casos de sarampión al año. De estos, más de 10.000 sufrirán efectos secundarios de un tipo u otro. Al menos 10.000 desarrollarán infecciones de oído o de pecho. Unos 20 morirán.

QUE ESTO SE ENTIENDA BIEN.

Cada año, en torno a 20 niños mueren de sarampión en Gran Bretaña.

¿Y qué hay de los riesgos que corren sus hijos con la inmunización?

Son prácticamente inexistentes. Escuchen esto. En un distrito de unas 300.000 personas, ¡habrá solo un niño cada 250 años que desarrollará efectos secundarios graves de la inmunización contra el sarampión! Es aproximadamente una posibilidad entre un millón. Pienso que su niño tiene más riesgo de atragantarse mortalmente con una barra de chocolate que de enfermar gravemente por la inmunización contra el sarampión.

Así que, ¿de qué demonios se preocupa? Realmente, es casi un crimen dejar a su hijo sin inmunizar.

Lo ideal es hacerlo a los 13 meses, pero nunca es tarde. Todos los escolares que aún no hayan sido inmunizados contra el sarampión deberían suplicar a sus padres que se les vacune lo antes posible.

Por cierto, dediqué dos de mis libros a Olivia; el primero fue James y el melocotón gigante. Eso fue cuando ella aún vivía. El segundo fue El gran gigante bonachón (The BFG), dedicado a su memoria después de su muerte a causa del sarampión. Verán su nombre al comienzo de esos dos libros. Y sé lo feliz que ella se sentiría si tan solo pudiera saber que su muerte ayudó a ahorrar muchas enfermedades y muertes de otros niños.

Se acabaron las vacunas hasta los 14 años

Ayer vacunaron a mis dos hijos. A Julia le tocaban las saetas de los 18 meses en sendos muslillos mientras tomaba el pecho. A Jaime la de los cuatro años en los brazos mientras le cantábamos la canción del vídeo.

Algo lloraron ambos. Cualquiera no lo haría en sus circunstancias… pero se les pasó pronto.

El peque tiene más suerte que su hermana: ya puede olvidarse de las vacunas hasta que cumpla catorce años. Toda una década…

Julia tendrá que volver a los cuatro y también a los once para la varicela. Aquí está todo el calendario vacunal de Madrid.

Ya nos advirtió la enfermera de que en uno de los brazos la reacción de la vacuna de Jaime podía ser bastante exagerada, y así ha sido. Tiene una superficie como de un billete de 50 euros roja, caliente y dura al tacto.

Por lo que nos contó, hay niños a los que se extiende por todo el brazo llegando incluso al rostro.

Le tocó el siguiente cóctel vírico: Difteria-Tétanos-Tos ferina acelular en un brazo y Sarampión-Rubéola-Parotiditis en otro.

Y por si hay alguno por ahí pensándolo: sí, yo vacuno a mis hijos, no creo en la relación entre vacunación y autismo. Un tema que puede dar para mucho.

Sí que creo en la efectividad de las vacunas para erradicar o limitar enfermedades potencialmente muy peligrosas en los niños pequeños.

Cuando pasen unos años y sean capaces de entenderlo a modo de cuento, les contaré como nacieron las vacunas al percatarse unos tipos muy listos de que las personas que estaban en contacto con las vacas y contraían levemente la viruela de las vacas luego parecían inmunes a la peligrosa viruela humana y se arriesgaron a inocular en niños la viruela vacuna (la variante de la enfermedad en las vacas) para librarles de entonces muy común y ya por suerte superada viruela.

De momento bastará con esta canción:

A vueltas con la vacuna del rotavirus

Hace ya mucho saqué el tema de esta vacuna en el blog. Es optativa en Madrid, y andaba yo dudando si ponérsela o no a Julia.

Al final, pese a lo que creía que iba a hacer al principio, opté por no hacerlo. ¿Por qué? Pues por varias razones. Pero sobre todo por tres: no protege contra todas las gastroenteritis, en el primer mundo es difícil que un niño muera a consecuencia de ello y estaba alimentada en exclusiva al pecho.

Es curioso, hablándolo con una madre reciente de mi familia, la pediatra que lleva a su hija si siquiera planteó la opción a los padres.

Hoy leo en el blog de Amalia, la mamá pediatra, que han retirado uno de los dos tipos de vacunas disponibles para el rotavirus: Rotarix.

Ella explica mejor que yo los motivos, con enlaces aún más explicativos.

La retirada de la vacuna se produce porque se han detectado en algunos lotes restos de ADN de un virus que se se llama circovirus porcino. Aunque el virus no representa un problema de salud ya que no origina patología ni en los humanos ni en los animales, la Agencia Española del Medicamento ha decidido no autorizar la venta de nuevas dosis de vacunas ya que los fragmentos de virus no deberían estar ahí.

Los que la hayan puesto en principio pueden estar tranquilos. Los que están a medio vacunar, pueden seguir la pauta con la vacuna del otro laboratorio.

Rotateq, de la que se administran tres dosis en lugar de dos, se sigue vendiendo.

En cualquier caso, Amalia tampoco está muy por la labor de vacunar del rotavirus:

Aunque en diversas ocasiones he manifestado mi firme apoyo a las vacunas, he de reconocer que la vacuna contra el rotavirus nunca ha sido santo de mi devoción. Aunque la diarrea es una causa de mortalidad en el mundo muy importante hoy día, realmente es excepcional que esa mortalidad se produzca en nuestro medio, por nuestras condiciones higiénicas, económicas y sanitarias. Así si bien el rotavirus causa numerosas gastroenteritis y es verdad que genera ingresos hospitalarios, en los países desarrollados los niños no se mueren por esta causa ni quedan con secuelas. De forma que es una vacuna útil, pero seguramente mucho más necesaria en otras latitudes.

En fin, que esto del calendario vacunal en España, que no tiene nada que ver de una comunidad autónoma a otra, sinceramente, me parece un cachondeo.

¿Tu enfermera/o de pediatría hace algo para aliviar el dolor de las vacunas?

Otra vez es el bueno de Armandilio con uno de sus posts quien me inspira el tema del día.

Os pongo un fragmento, pero os recomiendo que lo leais entero en su blog.

¿Recordáis que os conté que estoy haciendo un postgrado de pediatría?

Bien, pues algunas clases han dado bastante que hablar entre las compañeras y una de ellas fue una que nos dieron sobre vacunas y quiero hablar de ella.

Según la profe hay dos corrientes al respecto del dolor en los bebés y niños ante una vacunación. Unos autores están de acuerdo en evitar el dolor y otros comentan que las vacunas son así, que duelen y que lo tienen que vivir o incluso que no deben dolerles tanto como se cree.

Posibles técnicas para evitar el dolor ante una administración vacunal serían:

Tratamiento con anestésicos tópicos. La mezcla eutética de crema anestésica (EMLA) aplicada bajo un apósito oclusivo logra analgesia durante la inyección y durante 24 horas después.

Debe aplicarse más o menos una hora y media antes de la administración de la vacuna aplicando un poco de crema en la zona y tapándola con un apósito (gasas y esparadrapo) que se retirará antes de aplicar la inyección (o antes de entrar a la consulta).

Existen parches ya preparados cuya pauta de administración es idéntica, es decir, colocar el parche una hora y media antes y retirarlo al ir a administrar la vacuna.

Tratamiento con analgésicos orales. La administración de paracetamol o de ibuprofeno antes de la vacunación también disminuye el dolor de las vacunas. Para que sea efectivo deben haber pasado unas 6 horas y continuar con la administración del mismo durante 24 horas.

Tratamientos no farmacológicos. La presión local sobre la zona a pinchar durante unos 10 segundos antes del pinchazo disminuye levemente el dolor. Una cucharada de azúcar antes de la administración también puede disminuir las molestias.

Pinchar a los niños estando en brazos de sus padres o incluso, si toman pecho, mientras son amamantados son buenos sistemas para que el niño esté más relajado y sienta menos dolor.

En niños de mayor edad son eficaces técnicas de respiración y distracción como “alejar el dolor soplando”, utilizar sopladores festivos (alias “matasuegras” – ¿por qué se llamarán así?), hacer burbujas de jabón, leer libros, cantar alguna canción o usar música.

Actualización: Desde que escribiera este post en Bebés y más allá por noviembre he leído algún estudio sobre el manejo del dolor y parece ser que lo más efectivo es la succión durante la prueba (pecho o chupete) y, si es con chupete, que haya tomado antes de entrar un poco de sacarosa (si es con el pecho, pues que tome un poco de pecho antes y durante).

Pues a mi peque grande le pusieron las vacunas a lo bonzo. Sólo cuando tuvo extracción de sangre le recetaron la crema anestésica.

Siempre estuve presente eso sí. ¡Faltaría más!

Con la peque peque en su prueba del talón mi enfermera de pediatría me dijo que la pusiera al pecho mientras estrujaba su pie, que así era el nuevo protocolo aunque no parecía muy convencida de su efectividad.

A partir de ahora os aseguro que procuraré que siempre se intente aliviarles.

La ¿optativa? vacuna contra el rotavirus

El peque participó en un estudio clínico del que ya os hablaré en agún otro post, así que no pudo ponerse esta vacuna. Tampoco le ha hecho falta afortunadamente. Es un niño que apenas es ha resfriado un poco en alguna ocasión. Tocaremos madera para que siga así.

Pero ahora con Julia ya me han dicho que tengo que decidir si la vacunaré contra las gastroenteritis ocasionadas por el rotavirus.

Son tres dosis orales que cuestan unos 70 euros cada una y que se compran en la farmacia. La primera tocaría en la vacunación de los dos meses y habría que repetir a los cuatro y a los seis meses.

Es una vacuna que a veces da una reacción algo fuerte según mi pediatra, pero dice que merece la pena.

He investigado un poco y creo que haremos caso y se la pondremos.

Espero que no le cause mucha reacción. Es aún tan pequeña… y ese día le meterán un buen cóctel de vacunas.

Os pongo un extracto de una nota de EFE de febrero del año pasado en la que los pediatras y la OMS lo recomiendan.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha incluido por primera vez este año en su calendario de vacunas la recomendación de vacunar a los niños frente al rotavirus, el que supone la principal causa de hospitalización infantil por gastroenteritis aguda en Europa.

Desde la AEP han explicado que diversos estudios constatan el 100% de eficacia de esta vacuna en la prevención en niños de casos de gastroenteritis aguda grave causados por este virus y que, además, también “es eficaz y segura en niños prematuros”.

Según apuntan, la gastroenteritis por rotavirus es una enfermedad con una elevada morbilidad y constituye la tercera causa de mortalidad en el mundo en niños menores de cinco años que puede prevenirse mediante vacunación.

Añaden que, por otro lado, no existen “grupos de riesgo” identificados que permitan hacer una prevención selectiva, motivo por el que recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha mostrado a favor de la universalización de esta vacuna y la AEP ha recomendado la vacunación de niños contra este virus “antes de los 6 meses de edad”.

La pregunta que queda en el aire es: ¿si tan recomendable es, por qué no es obligatorio ponérsela? Imagino que acabará entrando en el calendario de vacunación. O al menos eso quiero creer.

¿Viene bien la vacuna contra la gripe en el embarazo?

Ayer viernes nos llegó un correo a todos los integrantes de la empresa en el que se nos ofrecía la vacuna de la gripe.

Y me hizo pensar.

Nunca me he puesto esa vacuna. Hablé hace años con mi médico de cabecera, de absoluta confianza, y me dijo que siendo joven, estando sana y enfermando tan poco a menudo como lo hago, no había necesidad alguna.

Mis padres y mis abuelos, unos por la edad y otros por ser enfermos crónicos, son en cambio asaeteados religiosamente cada año.

¿Y una embarazada? ¿Qué es lo más conveniente?

Podría razonarse que le viene especialmente bien la vacuna, está en una situación de sobre esfuerzo físico y además, si enferma, no puede recibir fármacos.

La verdad es que no tengo ni idea si es recomendable vacunarse o todo lo contrario en mi estado.

Le preguntaré a mi matrona y a la ginecóloga y os contaré que me dicen.

¿Vosotros qué creéis?