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Stupeo, el verbo latino del que surgieron términos tan diversos como: estúpido, estupor, estupefaciente, estupefacto o estupendo

Stupeo, el verbo latino del que surgieron términos tan diversos como: estúpido, estupor, estupefaciente, estupefacto o estupendo

Numerosísimos son los términos provenientes del latín que se han incorporado a nuestro idioma y de los que han surgido muchísimas palabras de las que hoy  en día utilizamos de modo coloquial, pero lo curioso son aquellos vocablos que de un solo tronco han ramificado proporcionando varios términos que, aparentemente, no tienen relación alguna entre ellos pero que realmente tienen mucho que ver.

Este es el caso de ‘stupeo’, un verbo que los antiguos romanos utilizaban para referirse al estado de quedarse parado o aturdido.

De stupeo podemos encontrar que surgieron los términos:

Estúpido: Necio, falto de inteligencia (debido a que se  señalaba como estúpido a un individuo bobo que se quedaba ‘parado’ al contemplar/escuchar algo que no comprendía)

Estupor: Asombro (estado de inmovilidad que se quedaba alguien al asombrarse)

Estupefaciente: Droga que produce alucinaciones o tranquiliza (por el poder paralizante de ese tipo de sustancias)

Estupefacto: Atónito, pasmado o incapaz de reaccionar (quedarse paralizado a causa de algo que nos ha dejado maravillado o desconcertado)

Estupendo: Algo admirable o asombroso (lo cual dejaba pasmado/parado ante una sorpresa)

 

 

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Fuente de la imagen: nubedepalabras

La cruel manera que tenían en la Antigua Grecia de expiar sus desgracias culpando a alguien inocente

La cruel manera que tenían en la Antigua Grecia de expiar sus desgracias culpando a alguien inocenteA lo largo de la Historia cada cultura, pueblo y religión ha tenido una manera propia de expiar sus pecados o echar la culpa a algo o alguien de las desgracias y penurias que padecían.

Había quien hacia responsables a unos dioses concretos (ciertas deidades encomendadas a llevar el infortunio), también quien usaba animales como forma de expiación (por ejemplo la ceremonia del rito judío que consistía en elegir un macho cabrío –chivo- que era llevado al desierto, apedrearlo y abandonarlo con el fin de que pagase por los pecados cometidos por el pueblo… de ahí nació el término ‘Chivo expiatorio’).

La manera que tenían en la Antigua Grecia de purgar sus pecados y hacer a alguien responsable de todas las penurias y calamidades que habían ocurrido a lo largo del año era conocido como ‘Pharmakos’ y consistía en escoger a ciudadanos a los que se les culpaba de todas sus desgracias (aunque no tuvieran nada que ver con ello).

Dicho sacrificio tenía lugar durante las ‘Targelias’, festividades atenienses en honor a las deidades Apolo y Artemisa, que se celebraban los días sexto y séptimo del mes de Targelión, en el calendario ateniense (hacia finales de mayo en el calendario gregoriano por el que nos regimos actualmente).

Las personas escogidas para ser sacrificadas en el Pharmakos solía ser un hombre y una mujer (a veces varios individuos de un mismo sexo) y el criterio para escoger quién sería el elegido podía ser arbitrariamente alguien con alguna malformación, delincuentes que tenían alguna pena pendiente por cumplir e incluso algunos que ya habían cumplido con la justicia (algo así como ‘echar el muerto a otro‘).

Estas personas eran expulsadas de la ‘polis’ (ciudad) y, dependiendo de la gravedad de la desgracia por la que se le hacía responsable (una plaga, terremoto, invasión, hambre…) se le enviaba al ostracismo durante un tiempo o incluso se le podía sacrificar (ya fuera a pedradas, fustigándoles los genitales hasta hacerles morir o mediante el linchamiento).

El término griego Pharmakos significaba literalmente ‘remedio’ (aunque también tenía otros muchos significados como: veneno, antídoto, droga… de ahí que los medicamentos también se les llame ‘fármacos’).

 

 

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Fuente de la imagen: Pinterest

La curiosa leyenda urbana sobre las amapolas y el opio

La leyenda urbana sobre las amapolas y el opio

Circula desde hace mucho tiempo una leyenda urbana que dice que el opio se extrae de la amapola silvestre. Esta planta, cuyo nombre binomial es papaver rhoeas, es una vistosa flor cuyas hojas o pétalos son de un llamativo color rojo, siendo muy común verla crecer en campos, descampados y a los lados de la carretera.

Muchas son las historias que han corrido alrededor de las amapolas en las que se explican todo tipo de hechos que relacionan directamente a esta planta con la droga. Ese es el motivo por el que es muy común que algunos propietarios de terrenos se encarguen de arrancarlas rápidamente tal y como observan que han crecido amapolas en sus campos o fincas, ante el miedo de recibir la visita de los agentes de la autoridad y evitando así cualquier posible sanción.

La leyenda urbana sobre las amapolas y el opioEn realidad, lo que ha llevado a la confusión a muchas personas, para relacionar a las amapolas con la extracción de opio, es su gran parecido con otra planta muy similar llamada comúnmente adormidera [papaver somniferum] cuyas hojas o pétalos son blancas, rosáceas o violeta claro, pero no de color rojo.

De la adormidera sí que se extrae el opio debido a que posee un gran número de alcaloides como la morfina, la papaverina o la codeína y su toxicidad desaconseja el consumo continuado.

Respecto a la amapola, lo que sí es cierto es que puede resultar ligeramente venenosa si es ingerida por animales herbívoros, pero cocinada o infusionada pierde su toxicidad. Los alcaloides contenidos en la flor tienen propiedades sedantes, por lo que es utilizada por algunas personas para realizar infusiones, que se recomiendan en casos de insomnio, ansiedad, depresión, nerviosismo… Otras de sus propiedades son sus efectos expectorantes y su uso para combatir la tos.

 

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Fuentes de las imágenes: Gunnar Ries (Flickr) /ykanazawa1999 (Flickr)

El curioso origen de la palabra ‘asesino’ y su relación con los adictos al hachís

El curioso origen de la palabra ‘asesino’ y su relación con los adictos al hachís

El término ‘asesino’ proviene del árabe ‘ḥaššāšīn’ cuyo curioso significado quiere decir ‘adicto al cáñamo indio/hachís’.

Bajo este nombre se conoció entre los siglos VIII y XIV a los miembros de una secta militar chiita (los nizaríes) que apareció en el Medio Oriente en plena época de las Cruzadas.

Según recogen múltiples crónicas, los nizaríes eran adictos al hachís (de ahí que se les aplicase el sobrenombre de ḥaššāšīn)  pero sobre todo pasaron a la historia por llevar a cabo una actividad en la que su fin era acabar con la vida de reyes, miembros religiosos, militares y políticos de la época.

El término comenzó a popularizarse como sinónimo del acto de quitar la vida a alguien, pero específicamente a personajes importantes e ilustres. A pesar de que hoy en día las palabras asesino, asesinar y asesinato se aplican a aquel que comete un crimen por el que quita la vida a alguien, sin importar la relevancia de la víctima.

Cuando la palabra ḥaššāšīn llegó a Europa fue adaptándose a las diferentes lenguas del continente, encontrándonos que el resultado fue ‘assassins’ (en inglés), ‘assassin’ (francés), ‘assassinen’ (alemán),  ‘assassino’ (en italiano y portugués),  assassīnus (latín) y ‘asesino’ (en español).

La primera vez en la que aparece escrita la palabra ‘asesinar’ (assessinorum) data del año 1259, realizado por Mateo de París, quien recogió en su crónica medieval manuscrita e ilustrada “Chronica Majora” el siguiente texto en latín: “Qui tandem confessus est, se missum illuc, vt Regem more assessinorum occideret, à Willielmo de Marisco” (Él finalmente confesó que había sido mandado de vuelta por William de Marisco para asesinar y matar al Rey).

Por su parte, los británicos defienden que el primer uso escrito del término ‘assassination’ (asesinato) fue realizado en 1605 por William Shakespeare en la tragedia ‘Macbeth’.

 

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Fuentes de consulta: vaguelyinteresting / etimologias.dechile / RAE
Fuente de la ilustración: Stephen Poff (Flickr)