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¿Por qué cuando nos ponemos nerviosos se nos suele secar la boca?

Una de las sensaciones más desagradables que puedes experimentar cuando tratas de dar una charla ante un auditorio (aparte de quedarte en blanco) es notar que la boca se te va quedando seca, lo cual provoca que cueste cada vez más pronunciar adecuadamente, hasta que recurrimos a un botellín de agua (que debemos tener estratégicamente controlado) y tras dar un sorbo todo vuelve a la normalidad.

¿Por qué cuando nos ponemos nerviosos se nos suele secar la boca?

El hecho de que se nos ocurra es debido al momento de nerviosismo por el que, algunas personas, pasamos en el momento de estar y hablar frente al público (personalmente, por muchos años que lleve dedicándome a la divulgación, en todos los eventos en los que he participado me ha sucedido) y el responsable directo de la sequedad bucal es nuestro cerebro o, mejor dicho, las áreas del mismo (frontales e hipocampo) que se activan en momentos de estrés o ansiedad, lo cual afecta directamente a las glándula salivales y provoca que estas no hagan su correcta función de producir el líquido acuoso (saliva) que permite mantener la boca hidratada (y que ayuda a tragar los alimentos ingeridos a la hora de comer).

Ante un estado de estrés o nerviosismo nuestro cerebro se pone alerta, aunque sin detectar si por lo que estamos pasando realmente es por un momento de peligro o no. Así que pone toda su atención en preparar nuestro organismo para liberarnos de ese instante de angustia y, entre otras cosas, contrae los vasos sanguíneos que riegan las mencionadas glándulas salivales las cuales no expelen saliva hacia nuestra boca.

Curiosamente, el notar que la boca se nos está secando provoca que nuestro grado de nerviosismo vaya en aumento, lo cual empeora la cosa. De ahí que sea conveniente tener bien localizado algún vaso o botellín de agua (o llevarlo en la mano en el momento de dar la charla). Incluso algunos oradores experimentados aconsejan llevar algunos granos de sal en un bolsillo e introducírselos en la boca en el momento en el que se note la sequedad, ya que el cloruro sódico ayuda a que se activen las glándulas salivales.

El ‘síndrome de la boca seca’ también conocido como Xerostomia’, término que procede de los vocablos griegos ‘xeros’ (seco) y ‘stoma’ (boca).

 

 

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Fuente de la imagen: maxpixel

 

La curiosa leyenda urbana sobre las amapolas y el opio

La leyenda urbana sobre las amapolas y el opio

Circula desde hace mucho tiempo una leyenda urbana que dice que el opio se extrae de la amapola silvestre. Esta planta, cuyo nombre binomial es papaver rhoeas, es una vistosa flor cuyas hojas o pétalos son de un llamativo color rojo, siendo muy común verla crecer en campos, descampados y a los lados de la carretera.

Muchas son las historias que han corrido alrededor de las amapolas en las que se explican todo tipo de hechos que relacionan directamente a esta planta con la droga. Ese es el motivo por el que es muy común que algunos propietarios de terrenos se encarguen de arrancarlas rápidamente tal y como observan que han crecido amapolas en sus campos o fincas, ante el miedo de recibir la visita de los agentes de la autoridad y evitando así cualquier posible sanción.

La leyenda urbana sobre las amapolas y el opioEn realidad, lo que ha llevado a la confusión a muchas personas, para relacionar a las amapolas con la extracción de opio, es su gran parecido con otra planta muy similar llamada comúnmente adormidera [papaver somniferum] cuyas hojas o pétalos son blancas, rosáceas o violeta claro, pero no de color rojo.

De la adormidera sí que se extrae el opio debido a que posee un gran número de alcaloides como la morfina, la papaverina o la codeína y su toxicidad desaconseja el consumo continuado.

Respecto a la amapola, lo que sí es cierto es que puede resultar ligeramente venenosa si es ingerida por animales herbívoros, pero cocinada o infusionada pierde su toxicidad. Los alcaloides contenidos en la flor tienen propiedades sedantes, por lo que es utilizada por algunas personas para realizar infusiones, que se recomiendan en casos de insomnio, ansiedad, depresión, nerviosismo… Otras de sus propiedades son sus efectos expectorantes y su uso para combatir la tos.

 

Lee y descubre más historias como esta en el apartado ‘Destripando Mitos, Leyendas Urbanas y Supersticiones’ de este blog

 

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Fuentes de las imágenes: Gunnar Ries (Flickr) /ykanazawa1999 (Flickr)

¿Por qué nos quedamos en blanco?

¿Por qué nos quedamos en blanco?Muy probablemente en alguna ocasión os ha ocurrido que, cuando ibais a hablar en público, de repente os habéis quedado totalmente en blanco y sin recordar aquello que debíais decir.

La culpable de que eso nos ocurra es una hormona llamada corticosterona (que se produce en el córtex de la glándula suprarrenal) y la cual segregamos en momentos de ansiedad, estrés o miedo.

Estos síntomas suelen ocurrir a causa de un momento de máximo nerviosismo justo en el instante anterior a exponernos en público: al dar una charla, un actor/actriz que debe salir a escena o incluso cuando hay que hacer un examen oral, produciéndose lo que popularmente se conoce como ‘miedo escénico’, el cual hace que haya una segregación de corticosterona que nos provoca una repentina pérdida de memoria respecto a lo que debíamos decir… En ese momento sabemos quiénes somos, dónde estamos, en qué día vivimos, pero somos incapaces de recordar el texto y/o datos que teníamos que exponer.

No es hasta el momento en el que nos serenamos en el que nuestro cerebro vuelve a recuperar los datos y estos fluyen de nuevo como si nada hubiese pasado.

Cabe destacar que el acto de ‘quedarse en blanco’ no tiene nada que ver con la expresión ‘pasar la noche en blanco’

 

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Fuente de la imagen: socialconfidencecenter

¿Por qué cuando tenemos hambre nos ponemos de mal humor?

Como ya os he explicado en otros post, nuestro organismo es sabio y sabe en cada momento qué es lo que necesita para seguir en condiciones óptimas. Si tenemos frío se contraen y relajan, rápida y repetidamente, algunos de nuestros músculos para producirnos tiritera y así poder mantener nuestros órganos internos a una temperatura óptima. Pues cuando tenemos hambre pasa algo parecido… nuestro cuerpo se pone en marcha para autoalimentarse.

Esto hace que vaya echando mano de las reservas energéticas que tenemos (glucógeno), pudiendo provocar que el nivel de glucosa en nuestra sangre descienda  y ello nos provoque el  típico enfado y mal humor tan común en muchas personas  cuando tienen hambre.

Quienes más lo padecen son los niños, cuyas reservas son menores y necesitan ingerir alimentos en periodos más cortos de tiempo, llegando a ponerse insoportables y/o con un buen berrinche.

Pero hay otro elemento que puede provocar que nos enojemos con más facilidad cuando tenemos hambre y éste es la serotonina. Cuando sus niveles son bajos es uno de los causantes de nuestra irritación. La serotonina es una hormona encargada de controlar nuestros diferentes estados, como la ira, ansiedad, apetito, excitación, sueño, angustia, etc…

También debemos tener en cuenta que el ayuno prolongado y posterior descenso de glucosa en sangre (hipoglucemia) puede venir acompañado de algún mareo y malestar; algo que comúnmente muchas personas describen como “un bajón de azúcar”, el cual suele pasarse tras tomar algún alimento o bebida dulce.

 

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Fuentes de consulta: fisterra / nbcnews
Fuente de la imagen: somospacientes