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¿De dónde surge la expresión ‘Es caro como el Aceite de Aparicio’?

Expresión que está prácticamente en desuso (es de las que yo suelo catalogar como ‘expresiones viejunas’ y de las que ya os he hablado en varias ocasiones).

¿De dónde surge la expresión ‘Es caro como el Aceite de Aparicio’?

Hace referencia al ‘Aceite de Aparicio’, una especie de ungüento medicinal al que se le atribuían numerosos beneficios y que, según crónicas antiguas, servía para curar o aliviar gran cantidad de dolencias y heridas.

Gracias a sus propiedades este aceite también era de los considerados en su época como ‘Oleum Magistrale’ (Aceite Magistral) y fue elaborado por Aparicio de Zubia, curandero de profesión y natural de Lequeitio (Vizcaya).

Parece ser que el mencionado ungüento no estaba al alcance de todo el mundo y tan solo los más pudientes podían hacerse con él, motivo por el que surgió la expresión ‘Es caro como el Aceite de Aparicio’, la cual, con el paso del tiempo, se utilizaba para indicar que alguna cosa tenía un elevado precio.

Cabe destacar que el ‘Aceite de Aparicio’ aparece mencionado en la segunda parte de El Quijote (concretamente en el capítulo XLVI):

[…] Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba. Más, en fin, el duque se le desarraigó y le echó por la reja.
Quedó don Quijote acribado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy despechado porque no le habían dejado fenecer la batalla que tan trabada tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y la misma Altisidora, con sus blanquísimas manos, le puso unas vendas por todo lo herido; y, al ponérselas, con voz baja le dijo:
-Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo yo, que te adoro. […]

 

 

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¿De dónde proviene la expresión ‘No todo el monte es orégano’?

A través del perfil de este blog en Instagram (@yaestaellistoquetodolosabe2), recibo un mensaje de Alba Cabrera en el que me pregunta sobre el origen de la expresión No todo el monte es orégano’.

¿De dónde proviene la expresión ‘No todo el monte es orégano’?

Esta se trata de una locución que se utiliza para indicar a alguien que, en ciertas ocasiones, puede surgir alguna dificultad a la hora de conseguir un propósito y que no siempre el camino es fácil.

Esa analogía sobre las dificultades y el orégano viene desde hace muchos siglos atrás, debido a que dicha planta aromática estaba considerada en la antigüedad como algo de gran utilidad, ya no solo para aromatizar los guisos sino también para realizar ungüentos y pomadas a los que se les atribuían propiedades curativas.

La planta del orégano crece muy fácilmente por toda la cuenca mediterránea y habitual era ver campos inmensos en los que crecía. Esa facilidad para acceder a ella es lo que hizo que, con el tiempo, se utilizase la mención de la misma para indicar que en esta vida no todo es fácil de conseguir.

Etimológicamente, el término ‘orégano’ lo hemos recibido desde el latín ‘origănum’ y a éste llegó desde el griego ‘oríganon’, compuesto por ‘óros’ (montaña) y ‘gános’ (resplandor, alegría, destello, júbilo), por lo que su traducción literal vendría a ser ‘planta que alegra el monte’, ‘alegría de las montañas’ e incluso ‘orgullo de las montañas’ (dependiendo del traductor que consultes te dará un resultado u otro).

 

 

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Fuentes de consulta: RAE / cvc.cervantes / etimologias.dechile / 300 historia de palabras de Juan Gil (Editorial Espasa)
Fuente de la imagen: publicdomainpictures

¿Cuál es el origen de la expresión ‘No hay tu tía’?

¿Cuál es el origen de la expresión ‘No hay tu tía’?

La expresión ‘No hay tu tía’ es utilizada coloquialmente para referirse que no hay remedio respecto a alguna cosa e incluso se llega a utilizar para decir que no hay manera de que ocurra algo o es imposible: «Estoy desesperado, no hay tu tía de que me haga caso».

En realidad la frase es una derivación errónea de la original «no hay atutía». La atutía era el resto de óxido de cinc que quedaba adherido en las paredes de los hornos tras la fundición del latón (aleación de cobre y cinc).

Siguiendo la receta de la antigua medicina árabe, de donde procede la palabra (attutíyya), se preparaba un ungüento medicinal realizado con este hollín de óxido de cinc y que era utilizado para curar todo tipo de enfermedades, sobre todo oculares.

Con el transcurrir de los siglos la palabra perdió la primera letra, quedando en «tutía» y así es como debería escribirse la famosa expresión: «No hay tutía».

 

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