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Cuando en el mar virtual te abordan piratas: gestión emocional de un hackeo

Hace cosa de un mes recibí un mensaje de Instagram de una persona a quien acompañé como coach: Verás, no quiero molestarte, pero te quería pedir un favor, leo en la cajita de diálogo en un catalán perfecto. Claro, ¿qué necesitas? ¿Te llamo?, respondo yo. No, no hace falta…Verás me estoy presentando de influencer y quería pedirte que me votaras. Recibirás un enlace en tu móvil y solo tienes que copiarlo y pegarlo, me dice ella. Ah vale, le digo. Recibo el enlace y se lo mando por whatsapp. Ya lo tienes, te lo he mandado por whatsapp, le digo. No, mejor por aquí, me dice.

Sin pararme a pensar que aquello no cuadra, mis dedos corren más que mis pensamientos. Copio el enlace y lo pego en Instagram. Con un pequeño gesto he ayudado a alguien a quien aprecio, me siento bien.

A las horas, recibo un mensaje de Instagram: Has cambiado tu correo de acceso y contraseña. Entonces ato cabos y entro en pánico: ¡Eran hackers! ¡Han suplantado mi identidad a través del phising! ¡No tengo acceso a mi cuenta de Instagram! Presa por el miedo creo otra cuenta de Instagram, diciéndome que al menos podré ver lo qué hacen los piratas con mi cuenta. Pero hago algo mal y entonces Instagram me bloquea. Me dice que la cuenta nueva está suspendida por movimientos sospechosos. Esto es el colmo…¡ahora resulta que la pirata soy yo!

Empiezan a llegar mensajes de whats preguntándome por mis stories de criptomonedas. ¿Magda, eres tú quien pone eso? Empiezo a explicarme… ¡que vergüenza! En paralelo contacto a dos informáticos pidiéndoles ayuda. Al poco me dicen que no se puede hacer nada, más allá de reclamar a Instagram. Lo hago repetidamente, con pruebas de identidad, con facturas de publicidad de mis cursos, y lo que recibo por respuesta es: NADA.

Los piratas intentan hackear las cuentas de mis contactos y a raíz de eso me contactan muchas personas de quien no tengo noticias desde hace tiempo: compañeros del instituto, personas que leen mis artículos, amigos…Algo positivo de todo ello, me digo. Pasan los días y elijo seguir navegando esta patética situación de la siguiente forma:

(Prateek Katyal, UNSPLASH)

SIN DRAMA

Sí me han hackeado la cuenta de Instagram, un altavoz para compartir mis ideas y hacer visible mi profesión. Sin embargo, mi fuente de trabajo es el boca oreja y mi audiencia principal no pasa por este medio. En cualquier caso, no tiene demasiada importancia. No la tiene cuando el planeta se está calentando hasta límites insospechados. Cuando estamos de lleno en la sexta extinción masiva. Cuando con los próximos comicios del país está demasiado en juego. Cuando tú y yo nos vamos morir. De modo que, decido olvidarme y centrarme en terminar este artículo, ir a por el pan, hacer de madre.

SIN CULPA

Ayer hablaba con una persona a quien hackearon su cuenta a través de la mía. A tocar de los setenta años, me decía, vaya es que yo a mi edad, me he dejado engañar, estas cosas ya no son para mi…su voz estaba llena de culpa y remordimiento. Le pedí que por favor que no se culpara por ello. Los piratas se aprovechan de la buena fe. De la confianza que tenemos los unos en los otros. De nuestras ganas de ayudar. Y esto no es algo de lo que avergonzarse, al contrario, nos tendría que enorgullecer pues es lo que nos hace humanos. Por ello decido no culparme por haber caído en la trampa de personas con malas intenciones y sin principios. Si alguien tiene un problema y de graves consecuencias son los hackers.

CON RESPONSABILIDAD Y APRENDIENDO

Según Heidegger, cuando las cosas se rompen o no funcionan como esperábamos, es entonces cuando la realidad se muestra de verdad. Cuando yo decía que tenía una cuenta en Instagram, no era cierto. Era Instagram quien tenía mis datos y cuando personas malintencionadas han querido apropiárselos, pues lo han hecho sin dificultad. Por ello, a partir de ahora, además de andarme con sumo cuidado en el mundo virtual, no voy a abrir ninguna otra cuenta en Instagram.

Recibir la experiencia con el asombro de quien sale de la caverna y por fin ve la luz es el regalo de cualquier crisis, tropiezo o decepción. También ser el blanco de un hackeo en toda regla.

PS: Si quieres echarme un cable, puedes denunciar la cuenta a mi nombre pirateada en Instagram en este enlace. Cuantas más personas la denuncien, más pronto la cerrarán 😉 .

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Ohio – Tarragona

Cuando pienso en Ohio, pienso en la entrañable serie de los ochenta Cincinnati WKRP, en la película Aguas Oscuras que narra los hechos reales del estropicio medioambiental de Dupont y la lucha de un abogado para hacer valer la verdad y la vida, y por supuesto, en el descarrilamiento de trenes del pasado 3 de febrero. El accidente ferroviario provocó una explosión que obligó la evacuación de 2000 residentes, mientras grandes cantidades de productos químicos tóxicos se liberaron al suelo para evitar que explotaran, contaminando la tierra y los ríos.

Ohio cuenta con abundante industria de todo tipo. También industria química, al igual que la provincia de Tarragona, donde nací y vivo actualmente, en la que sitúa el mayor polo industrial químico del sur de Europa. Mientras que en EEUU cada año se transportan 4,5 millones de toneladas de productos tóxicos vía ferroviaria, entre Tarragona y Sant Vicenç de Calders se transportan cada año 142.000 toneladas de productos tóxicos o altamente tóxicos.

Una de las principales causas de la tragedia en Ohio se explica por un mantenimiento negligente de las vías. Durante los dos últimos años, Norfolk Southern, la empresa encargada del mantenimiento, había dado un significativo incremento  de beneficios, paralelo a un incremento de los accidentes y de la precariedad laboral.

En Tarragona el transporte de mercancías tóxicas y altamente tóxicas – y a menudo inflamables – vía ferroviaria es una cuestión que preocupa. Rafa Marrasé, el fundador del portal de investigación Porta Enrere y coautor del libro La gran explosió en el que con una prosa irresistible, articula el grave impacto, dudosas prácticas y corrupción en la industria química de Tarragona, informa que los accidentes de trenes que transportan mercancías químicas en la zona responden a la alarmante cifra de dos por año. El claro riesgo que esto supone para la población civil ha llevado a la plataforma ciudadana Mercaderies per l’interior a pedir, de momento sin éxito, que el transporte de estas mercancías se realice por el interior, mientras que el de viajeros se mantenga por la costa.

En paralelo, está el pésimo estado de las vías como ejemplifican las vías por las que circula óxido de propileno producido en Repsol, un material altamente tóxico, cancerígeno, inflamable y explosivo. Según el portal Octuvre, fruto de las denuncias de los vecinos de la zona, el grupo ecologista Gepec contactó al gobierno autonómico, a ADIF, a la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria y a Repsol pidiendo responsabilidades. Algunos no dieron respuesta, otros se lavaron las manos diciendo que no era de su competencia. Entretanto, las vías siguen igual, nadie asume responsabilidad sobre ellas, con lo que el riesgo de una catástrofe como la de Ohio sigue planeando sobre Tarragona.

Evolucionar significa aprender. Para aprender las personas tenemos dos vías fundamentales. La primera es aprender de lo que nos pasa. La segunda es aprender sobre lo que les pasa a otros. A nivel colectivo no es distinto. Por esta razón, el trágico descarrilamiento de Ohio es una llamada colectiva a la acción para que una catástrofe de esta envergadura no tenga lugar en nuestro país.

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Por qué tienes que dejar de decir “me haces sentir” 

¿Qué diferencia hay entre decir “esto me hace sentir” y decir, “cuando esto ocurre, me siento…”? Pues toda. Son dos universos totalmente distintos, que a menudo trabajo en mi práctica de coaching.

Cuando dices “esto me hace sentir” estás dando poder a algo externo sobre ti. Al hacerlo, este algo toma el poder – aunque no lo ha pedido – y lo ejerce en tu contra. Sí es una ilusión pero las ilusiones son reales, cuando…te las crees. Y hablar con frases como “fulanito me hace sentir” es dar vida a una falsedad, que al creértela modela tu experiencia.

La cultura popular está plagada de estas fórmulas para nada inocuas y es así como sin querer empezamos a usarlas. Por ejemplo el Like a virgin de Madonna – una ya tiene una edad 😉 – cuenta con varios “Me has hecho sentir que no tengo nada que esconder” – pero también Raw Alejandro con su «Me gusta tu olor, de tu piel el color y cómo me haces sentir», en Todo de ti. En series y en películas esta fórmula también está por doquier.

¿Pero… cómo funciona? Bien pues como he dicho, primero das el poder a algo que ocurre: pierdes las llaves, o comes demasiado o vas a un sitio al que no quieres ir…o a alguien: a tu pareja, a tu compañero de trabajo, a tus hijos… por hacer o dejar de hacer algo: no recoger el cuarto, hablar demasiado, no llamarte, trabajar en exceso…Por ejemplo:

  • “Me haces sentir triste al trabajar tantas horas.”
  • “Trabajar en este proyecto me hace sentir desmotivado.”
  • “Cuando me hablas así me haces sentir que no valgo nada.”

De forma inconsciente, cada vez que dices “tu me haces sentir” o “esto me hace sentir” te haces la víctima. Te estás diciendo y estás diciendo al mundo: “mirad, pobre de mi, ¿quién soy yo para mercer esto?…si yo no he hecho nada». Luego esperas que el mundo o los otros te resarzan y tu ego sonríe satisfecho pues tiene una razón para existir.

Persona detrás de cortina

(Ben White, UNSPLASH)

En cambio cuando dices “Cuando esto ocurre, me siento…” todo es distinto. Al principio puede ser que te sigas haciendo la víctima como en el caso anterior. Pero con la práctica tu experiencia se transforma. Esto es así porque el lenguaje modela la consciencia y la consciencia modela el lenguaje. Empiezas entonces a ver el vínculo entre cuando algo ocurre y tu forma de reaccionar a ello, pero no das el poder a nadie. De pronto te das cuenta que no tienes porque sentirte como te sientes. Puedes fijar tu atención en otra cosa y transformar como te sientes. También puedes expresar tus deseos de forma impecable, sin necesidad de culpar al otro.

Sustituir el “lo que tu haces me haces sentir…” por “cuando esto ocurre, me siento…” es un gesto minúsculo pero poderoso. Ponlo en práctica y empezarás a asumir responsabilidad sobre tu vida emocional, descubriendo que la forma en cómo te sientes, depende única y exclusivamente de ti.

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Guerra, cambio climático, crisis económica… ¿Qué hacer antes de que el karma te atrape?

Los occidentales nos alzamos sobre las cenizas de la colonización. Somos herederos de la expoliación de pueblos, su opresión y exterminio. La herencia sobre la que caminamos toma forma de un karma colectivo cargado de negatividad. Existe el karma individual, que no es más que el efecto de nuestras propias acciones individuales y luego existe el karma colectivo, que es el resultado de las acciones tomadas por las organizaciones a las que pertenecemos y los políticos que nos representan.

Pensando en términos de nuestra pequeña vida, es fácil que al preguntarte ¿qué culpa tienes tú de qué Occidente cerrara los ojos a la opresión soviética de sus pueblos y al régimen que la sucedió durante tantos años? ¿Qué culpa tienes tú del exterminio de pueblos indígenas en el nuevo mundo? ¿Qué culpa tienes tú de que se siga explotando a minorías étnicas a través del neocolonialismo de grandes multinacionales españolas que contaminan regiones y enferman a las personas que viven allí?, respondas que tú no tienes nada que ver con todas estas injusticias.

(Saad Chaudhry, UNSPLASH)

Pero esto no es así. Por indeseable que sea la herencia, aunque no estemos de acuerdo, aunque hayan pasado muchos años, aunque nos parezca que no podemos hacer nada, estas injusticias sobre las que nos alzamos tienen todo que ver con nosotros. Alguien siempre acaba asumiendo la responsabilidad o dicho de otra forma, pagando el pato. Si no somos nosotros los responsables ¿quién va a ser?

La prueba de nuestra responsabilidad es que las consecuencias de nuestras acciones, individuales y colectivas siempre llegan. Tardarán más o menos pero se van a presentar y ya lo están haciendo. Lo hacen en forma de una guerra inesperada, de la subida de la luz, del cambio climático, de un ataque terrorista, de una crisis económica o de cualquier otro entramado de formas. Si no las recibimos nosotros, lo harán las generaciones futuras.

Y mientras tanto ¿qué puedes hacer con todas estas semillas de negatividad plantadas en nuestro espacio colectivo? Atención: puedes hacer MUCHO. ¡Puedes hacer tanto! Puedes convertirte en agente purificador de karma colectivo, liberándote y liberando a las generaciones venideras de su tóxica losa y ¡atención!: puedes disfrutar haciéndolo. Te doy algunas ideas:

  1. INFÓRMATE. Infórmate y deja que la información relativa a tu karma colectivo te afecte, no para encerrarte en tu cinismo, sino para hacerte más humano, abriéndote el corazón.  Pídele a Dios que el dolor no te sea indiferente. Ensancha así comprensión de tu entorno y del maldito fardo que cargas, que cargamos. Asúmelo como tuyo.
  2. SÉ CRÍTICO CON TUS GOBERNANTES. Por ejemplo El PSOE dijo en su último programa electoral que respetaría el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Pues mintió. Cuando algo así ocurra con cualquier partido político, pues expresa tu desacuerdo y no les vuelvas a votar. Si muestras neutralidad frente a injusticias, estás como decía Desmond Tutu, poniéndote al lado del opresor.
  3. NO TRABAJES PARA EL MAL. Si la organización por la que trabajas explota a seres humanos, contamina, destruye o genera cualquier tipo de mal, no lo dudes, cambia de trabajo.
  4. CONTRIBUYE con lo que puedas. Habla de ello con tu entorno. Solidarízate con la causa que más te mueva. Dedica tiempo, energía y dinero, el que puedas pues ¡todo suma!
  5. SIENTE LAS EMOCIONES. Cuando te acerques a las injusticias, reconócelas y siente lo que emerja. Aunque pueda sonar a poco no lo es. Recuerdo que en la etapa del camino de Santiago desde Pamplona a la cuesta del Perdón, me entraron unas repentinas ganas de llorar sin saber porqué. Dejé brotar las lágrimas durante un buen rato, y al reprender la marcha encontré un cartel indicando que en aquél lugar habían sido fusilados una veintena de personas durante la Guerra Civil. Este post no da para explicarlo, pero cada vez que sientes emociones que no pudieron ser expresadas por las personas que recibieron el trauma, estás liberando a la vida misma de las cadenas causadas por acciones negativas1.

Te animo a ser consciente del karma colectivo, para que cuando llegue y te ponga de rodillas2, no te sorprendas demasiado. Muy pronto vas a estar muerto, así que ponte las pilas y conviértete en un agente purificador de karma. Brillarás y puede que sea lo que más sentido dé a tu fulgurante vida.

(1) Para más información, te recomiendo el trabajo de Thomas Hübl.

(2) De la canción Instant Karma de John Lennon.

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La responsabilidad radical es la solución: ponla en práctica con cinco pautas

En cuestión de un mes extravié mi cartera tres veces. La primera, en la capucha de la chaqueta de mi hija después de sacarla del bolso. La segunda, un día por la calle siento que alguien urga en mi mochila y me grita con malas pulgas“¡eh que andas con la mochila abierta,… te van a robar!”. «Vale, vale gracias» le digo y me la devuelve. El tercer día, fue saliendo del súper a última hora cuando se cayó al suelo y no me di cuenta.

LOS SÍNTOMAS

Tuve la suerte que una cajera la encontró y pude recuperarla. Después de esto, pude haberme olvidado del tema y ya. Sin embargo, hubiese sido engañarme a mi misma. Para mi horror, esa misma mañana tras examinar un extracto de cuenta descubrí varios cargos de conceptos raros de los que no tenía constancia…Aunque esta es otra historia, apuntaba en la misma dirección. Mi relación con la materialidad necesitaba ser examinada sino quería «invitar» cosas peores…

Árbol con raíces

(Eilis Garvey, UNSPLASH)

Este post es una continuación de mi post anterior Por qué tienes que soltar la esperanza. La vida nos muestra constantemente las dimensiones de las que rehuimos responsabilidad. Nos lo muestra con todo tipo de cosas que “nos pasan”, mientras miramos a lado y lado como diciendo, ¿de dónde se viene ésto?

CÓMO TOMAR RESPONSABILIDAD RADICAL EN 5 PAUTAS

¿Pero qué significa tomar responsabilidad radical? Pues dejar de mirar al otro lado. No esconder la cabeza bajo el ala. Tomar el toro por los cuernos. Más en concreto:

  1. DESPERTAR A LO QUE OCURRE. Una forma de despertar a lo que ocurre es fijándote en los SÍNTOMAS. Digamos que llevas meses, tal vez años muy cansada. Las analíticas salen bien, pero algo en tu vida no fluye. En este momento no tienes que hacer nada. Simplemente aceptar que hay algo que no cuadra y ojo lo más importante: tú estás contribuyendo a crearlo aunque no sepas cómo. Observa este hecho y sostenlo.
  2. EXAMINAR TUS CREENCIAS sobre el tema. Pongamos que tu pareja te habla con cierto resentimiento de un tiempo para aquí. Tal vez pienses, algo como «bueno las parejas que lleven tantos años juntos ya se sabe». ¡BANG! Ahí está la creencia que sin que te des cuenta te ata de manos para tomar cartas en el asunto. Esta creencia justifica tu inacción y con ella contribuyes a alimentar el problema. Soltar esa creencia te libera para tomar cartas en el asunto.
  3. HACER ALGO SIGNIFICATIVAMENTE DISTINTO de lo que has venido haciendo hasta ahora. Si tu caso tiene que ver con auto-estresarte llenándote de actividades sociales, pues tomar responsabilidad pasa por empezar a jugar con espacios y momentos sin programar. Tal vez pase por practicar el aburrirte. En cualquier caso no hace falta que tengas la solución. Más bien se trata de empezar a cambiar el guión que has venido interpretando hasta el momento y ya.
  4. SOSTENER EL CAMBIO tal vez sea lo más difícil. En cualquier caso es imprescindible. Si estás hasta arriba de tu trabajo vas a tener que dedicar energía a buscar otro. Sostener el cambio significa dedicar tiempo, dinero, recursos y atención a la esfera que deseas transformar.
  5. SIN CULPA. Tomar responsabilidad radical nada tiene que ver con sentirte culpable, todo lo contrario. En cuanto la culpa emerge te estás autojuzgando desde un espacio externo a ti o bien estás juzgando a otros. Mantenerte en la responsabilidad radical no deja espacio al juicio, solo a la aceptación de tu situación lo que te fortalece.

Tomar responsabilidad radical no significa que te vayas a librar del problema. Lo que sí se va a transformar es tu relación con él. Y esto es mucho. Lo es todo. Porque en lugar de ver a tu problema como algo ajeno y externo a ti, pasarás a entenderlo como algo en lo que tu participas íntimamente. Con este tectónico cambio se abrirán ante ti insospechadas posibilidades de evolución.

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Por qué tienes que soltar la esperanza

Muchas personas vienen a mi práctica de coaching con la creencia que la vida les ha tratado mal. Ignacio carpintero, a sus sesenta y pocos, mira su vida atrás con resentimiento y pena. Él que se sabe buena persona, cansado de trabajar demasiado y vivir en una casa vacía, se pregunta perplejo ¿Por qué la vida me ha tratado así? Mila siente otra versión de lo mismo. A sus cuarenta y muchos siente que la vida es injusta. Ella no se merecía todo lo que le ocurrió. Ni sus fracasos amorosos, sus jefes incompetentes, ni tan siquiera el divorcio de sus padres. Ignacio y Mila viven inconscientemente en el resentimiento y la amargura lo que no hace más que empeorar las cosas.

ESPERANZA NAIF

Si resuenas con Ignacio y Mila tal vez al igual que ellos, junto a reprocharle a la vida las cartas que te dio, coexista la esperanza boba de que alguien venga a salvarte. Tal vez un nuevo trabajo, tu coach o una nueva pareja. En este sentido, la esperanza mal orientada refuerza la falsa creencia – de que la vida no es justa-, apuntando a algo externo para la resolución de todos tus males.

Manos

(Jeremy Yap, UNSPLASH)

SÍ, ES TU KARMA

Sin embargo, tras examinar las vidas de muchas personas – y por supuesto la mía – la conclusión es la misma: una parte de la responsabilidad de lo que ocurrió, por terrible que fuera, estaba en nuestras manos. Un 100% de las veces. Bien no se quiso ver aquello que era evidente en el primer momento. Bien no se habló, cuando se tenía que hacerlo. Bien se descuidó una relación. Bien no se escuchó al cuerpo cuando daba las primeras señales. Y un sinfín actos como estos.

El concepto de karma encapsula la ley de la causa y efecto. Es decir que cualquier acción que realices tiene sus efectos. Estos pueden tardar a llegar – incluso pueden saltarse generaciones – pero siempre llegan. Por otro lado está la suerte, buena o mala. Circunstancias ajenas a tí que contribuyen en un sentido u otro a lo que nos pasa. Mientras que la suerte no se puede controlar, sí que puedes responsabilizarte de tus acciones. De hecho es lo único que está en tus manos. Tomar conciencia de las mismas y darte cuenta de cómo tus circunstancias presentes, son un resultado más o menos directo de tus acciones anteriores.

DA IGUAL QUE NO LO VEAS

Si no ves el vínculo entre tu situación actual y tus acciones pasadas, esfuérzate un poco y terminarás por verlo. Y si no lo logras, da igual. Toma la premisa de que lo que ocurre en cualquier momento es correcto. En cierto modo te lo mereces. Hacerlo es la vacuna perfecta contra el victimismo, el pelotas fuera y el resentimiento de serie. Sobretodo te inocula sobre la dañina esperanza naif de que la salvación vendrá de afuera. Es, definitivamente, el primer paso para tomar responsabilidad radical sobre tu vida, y transformarla. Más en mi próximo post.

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Cuando descubres lo que hay tras el porno

Llegas a casa cansado. Tu pareja está preocupada por vuestro hijo pre-adolescente que lleva fatal la vuelta al cole. Hace días que no tenéis relaciones. Te sientes cargado y los problemas en el trabajo no ayudan. También está el fichaje nuevo, un pedazo de mujer de unos suculentos cincuenta. Aunque fantaseas recorriéndole sus curvas, sabes que no es buena idea y lo descartas.

Con la crisis del covid han caído las ventas en la editorial y tu jefe no te deja en paz. Estás harto de los semi-confinamientos, del teletrabajo y de no poder volver a tu vida de antes, con tu deporte, tus salidas con amigos, tus escapadas en bici. Tienes ganas de liberar toda esa tensión. Nada mejor que montártelo tú solo. Tu mujer y tus hijos ya duermen, es el momento.

Móbil entre sábanas

(Charles Deluvio, UNSPLASH)

Pillas el móvil y te encierras en el baño. Tecleas las palabras mágicas y… ¡tachan!: menú del día. Hoy eliges por detrás. O mejor un trío. Mira por dónde ¡hoy puedes ver a una chica de verdad en tiempo real y pedirle lo que quieres que haga! Venga, vamos a probarlo, te dices excitado. Aceptas el pago con tu tarjeta ya en el sistema, y de pronto te encuentras a Sara en la pantalla.

O más bien el culo de Sara, que se muevo al ritmo de una canción de Coldplay. Lleva puesto un tanga fucsia y por lo que consigues ver, una camiseta transparente por detrás. Te pones manos a la obra. Ves el chat, al que acceden otros clientes con peticiones de todo tipo. Al lado hay los tokens, lo que paga cada uno para que su deseo se convierta en realidad. La visión te excita y empiezas. Todavía no le has visto la cara, pero tampoco te hace falta. La han pedido que se introduzca el móvil con el que juega. Ahora la chica se da la vuelta, y consigues ver sus tristes ojos. No lo puedes creer….Aunque va maquillada a fondo, te das cuenta de que no es mayor que tu hija Leila de 15 años. Se te corta el rollo,… te dices ¡al carajo! y cierras la pantalla.

Al día siguiente, surfeando internet te cruzas con una entrevista en la que hablan del site que visitaste ayer. La entrevistada, cineasta y activista, explica de qué forma niñas como Sara, son captadas, obligadas y extorsionadas. Una vez los videos se hacen públicos, las tienen pilladas. Su reputación queda manchada para siempre. También descubres que la misma mafia del porno que consumes es la que cada año engaña y explota a miles de mujeres, niñas y niños en situación de pobreza, en prostíbulos de todo tipo, para romper y tirar sus cuerpos impunemente. Tu estómago se revuelve, te sientes mal.

Pasan los días y sigues investigando sobre el tema. Tanto te abruma lo que descubres que cambiar de lado y empezar a combatir la esclavitud del siglo XXI te resulta inevitable. Se te ocurren muchas formas de hacerlo. Sabes por dónde empezar: nunca más volverás a consumir esa mierda.

Estas Navidades, no decidas tú por tus mayores

El miedo a contagiar a nuestros mayores estas Navidades está presente en muchos de nosotros. Las familias con niños o adolescentes estamos más expuestas al virus por la escuela, las extraescolares, el parque…

El riesgo de contagio es real. No sólo en Navidad, sino en cualquier momento. Todo tiene un riesgo. La soledad tiene un riesgo. Ponerse hasta arriba de comer tiene un riesgo. Amar a corazón abierto tiene un riesgo. Los entornos libres de riesgos son de otros planetas. Hasta los vampiros que son inmortales son vulnerables. Y al igual que ellos, es precisamente nuestra vulnerabilidad lo que nos humaniza.

Mano de niño

(Markus Spiske, UNSPLASH)

No te engañes. ¿A ti qué te mueve? ¿Detestas las Navidades y el Covid-19 es la excusa perfecta para saltártelas? ¿No te sientes capaz de cargar la culpa de ser fuente de contagio? ¿O eres tú el que no te quieres contagiar? Acepta tus motivos sin juzgarte. Examina tu miedo y sentimiento de culpa ante un posible contagio a tus seres queridos. Si puedes asumir estos sentimientos, sin negarlos, ni dejarte llevar por ellos, estarás preparado para la conversación sobre qué riesgos asumir con tu familia.

Cuando abras este melón, ten cuidado de no infantilizar a tus mayores. Es decir, decidir tú por ellos. La tentación es grande, porque claro, nosotros “sabemos” mejor que ellos lo que les conviene. Haz todo lo contrario y pregúntales qué Navidades quieren celebrar. Solo ellos pueden decidir si asumir el riesgo o no. ¡Y ojo! si eres una persona mayor, la decisión está en tus manos.

Decidas lo que decidas, recuerda que la vida no es un problema a resolver, y la Navidad tampoco.