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Cómo vacunar a nuestras hijas de la epidemia trans

Aunque dediqué todo un año de mi vida a estudiar género y políticas sociales en una prestigiosa universidad, no había prestado demasiada atención al movimiento trans hasta hace bien poco. A priori las leyes trans me sonaban exageradas, pero pensaba que por el hecho de proteger a una minoría eran buenas. Luego empecé a ver casos de cerca. Amigos de amigos tenían hijos que les amenazaban con suicidarse si no apoyaban su transición médica. Una amiga me consultaba sobre un padre angustiado por el bullying y la depresión de su hija trans…Entonces decidí indagar, empecé a tirar del hilo. Leí leyes, informes, libros, vi documentales. Y tomé consciencia de la envergadura del fenómeno trans y sus graves implicaciones sociales.

La disforia de género se caracteriza por una disconformidad grave y persistente con el sexo biológico según DSM-IV-TR. Suele comenzar el la niñez y aunque puede agravarse en la adolescencia, en la mayoría de casos – casi el 70% – la disforia de género infantil se resuelve1 por si sola después de la adolescencia. Históricamente afectaba a una fracción de la población (alrededor del 0,01 por ciento) y casi en exclusiva a chicos. Sin embargo en la última década en el mundo occidental son chicas de nacimiento las que se identifican como trans, grupo que presenta un crecimiento más dramático, también en nuestro país, según los datos del informe Las leyes trans y el “modelo afirmativo” en España. El informe pone de manifiesto que cada vez son más chicas, cada vez son más jóvenes y que a través de los recorridos trazados por leyes y apoyo institucional se embarcan en tratamientos que causan daños irreversibles (infertilidad, osteoporosis, enfermedades cardiovasculares…), no curan su supuesto malestar y las convierten, en el mejor de los casos, en pacientes de por vida.

Varias cosas confluyen en el deseo de ser trans de una corriente masiva de chicas presas del contagio social, como lo analiza con maestría Abigail Shrier en su libro Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras chicas: el poder de las redes sociales y los influencers en las mentes de los jóvenes; una cultura que denigra a las mujeres a través de la pornografía y la hipersexualización; el activismo trans que ha impuesto el enfoque afirmativo para tratar la disforia de género; médicos que se han subido al carro de tratamientos con graves secuelas; y leyes aprobadas por políticos que lo han legalizado todo, lavándose las manos frente a uno de los mayores escándalos médicos de occidente.

(Joshua Rawson Harris, UNSPLASH)

Como padres y madres, a raíz de de esta tendencia y sus apabullantes cifras, si pensamos que esto no va con nosotros, nos estamos engañando. Nos toca entonces informarnos sobre el tema y, como siempre, asumir la responsabilidad. En este sentido recomiendo el documental sueco El tren trans (I), El tren trans (II), El tren trans (III), el documental Detrans y el ya citado libro Un daño irreversible de Abigail Shrier. De este último, a raíz de su exhaustiva investigación la autora destila siete recomendaciones para inocular a nuestras hijas de esta epidemia social, que reproduzco de forma resumida:

1- No le compres un smartphone a tu hijo

Casi todos los nuevos problemas a que se enfrentan los adolescentes se remontan al año 2007 y el lanzamiento de iPhone por parte de Steve Jobs: acoso, cortes, anorexia, depresión, aumento de la repentina identificación transgénero.

Muchos padres y madres ya se han dado cuenta y están demostrando que no solamente es posible, sino absolutamente necesario posponer el uso de los dispositivos móviles para una paternidad responsable.

2- No renuncies a tu autoridad como padre

Muchos padres con los que hablé, me dijeron que cuando, por ejemplo, su hija de trece años anunció que era lesbiana, la apoyaron de inmediato. (···) Pero el hecho es que una chica de trece años, ya sea lesbiana o heterosexual, sólo tiene trece años. Sois el padre y la madre por una razón. No temáis cuestionar la postura de vuestro hijo. Vuestro adolescente sabrá soportarlo. Los adolescentes tienen que enfadarse y emocionarse. Los padres deben establecer límites. Si de lo contrario, mediante un acuerdo y el apoyo infinito eliminas todo conflicto, puede que sólo la estés animando a subir el nivel de exigencia.

3- No apoyes la ideología de género en la educación de tu hijo

Las epidemias sociales son una realidad y abarcan desde la bulimia, hasta el suicidio, la depresión y los cortes. Y ahora con la identificación trans. En todos los centros hay un número de estudiantes de género confuso o disfórico de género. Si lo conviertes en objeto de una asamblea, propagarás la confusión, por ello hay que castigar el acoso escolar sin dar relevancia a la ideología de género.

4- Reintroduce la privacidad en el hogar

Deja el hábito de compartir cada parte de tu vida (y la de tus hijos) en internet. Para casi todos los padres con los que hablé el hecho que sus hijas anunciaran su identidad de género en las redes sociales supuso un punto de inflexión. Un adolescente puede creer que solo está anunciando su condición de persona adulta, pero también está enviando un señal a los adultos de verdad que se pondrán en contacto de inmediato y predispuestos a sacar partido le ofrecerán su “apoyo”.

 5- Considera la idea de dar grandes pasos para separar a tu hija del daño

En varias de las historias que escuché en boca de padres que lograron cierto éxito a la hora de ayudar a sus hijas a dar marcha atrás de sus nuevas identidades trans hay un hilo común: estas familias se esforzaron mucho para alejar físicamente a sus hijas de las escuelas, de los grupos de pares y de las comunidades on-line que fomentaban sin cesar las decisiones autodestructivas de las niñas.

Si encuentras a tu hija aferrada a una ideología de género con todas sus compañeras, haz lo que sea necesario para separarla y llevártela de allí. Si todavía vive contigo, mudarse parece muy eficaz. Si ya está en la universidad, traétala a casa. De todos los padres con los que hablé, los pocos que trasladaron a toda la familia a pesar de los considerables inconvenientes fueron los que tuvieron mayor éxito. En casi todos los casos, la joven desisitió. Ninguna de las familias se arrepiente de haberlo hecho.  

6- Deja de tratar la niñez como una patología

La adolescencia es especialmente dura para las chicas. Efervescentes de emoción, corcovean y relinchan como caballos salvajes. Aunque como padres suele ser un reto navegar todas estas emociones, si no hay un problema de salud mental grave, como padre no debes esforzarte en eliminar todos los altibajos de tu hija.  

7- No tengas miedo de admitirlo, es maravilloso ser una chica

Cualquiera que sea el tipo de mujer en que las jóvenes se conviertan, todas ellas deberían escuchar a las feministas de épocas anteriores y dejar de tomarse en serio los estereotipos sexuales. Una joven puede ser astronauta o enfermera; una chica puede jugar con camiones o con muñecas. Y les pueden atraer los hombres o las mujeres. Nada de eso la hace ser menos chica ni menos apta como mujer. Hoy día, las mujeres jóvenes tienen más opciones educativas y profesionales que nunca. Recuérdaselo a tu hija. Explícale también que puede que la capacidad más singular de una mujer – parir – sea la mayor bendición de la vida.

Pero cualquier cosa que le enseñes a tu hija, recuerda incluir algo más. Díselo porque a menudo la cultura lo niega. Díselo porque la gente tratará de convertirla en víctima. Díselo porque dudar es algo normal. Sobre todo, díselo porque es cierto. Dile que es afortunada. Es especial. Nació niña. Y ser mujer es un regalo que contiene demasiadas alegrías para renunciar a ellas. 

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(1) Ver publicaciones de Kenneth J.Zucker y J.Ristori y T.D.Steensma

Los males del movimiento trans y el silencio político

Hace un tiempo que sigo el desarrollo del movimiento transgénero, su alcance político y sus consecuencias sociales. Originado en EEUU e Inglaterra, este movimiento se ha introducido en las políticas públicas y las leyes de casi todos los países occidentales. España no es una excepción, con la aprobación e implantación de la Ley trans en el 2023. Sin embargo, en nombre de la inclusión de personas trans – algo legítimo y deseable socialmente-, la implantación de las leyes trans en su forma actual atacan a la infancia, promueven violencia y vulneran los derechos de las mujeres.

CRÍMENES CONTRA LA INFANCIA

Los ataques a la infancia se producen a través de las políticas de afirmación que promueve la ideología transgénero. Estas políticas obligan a profesionales de la sanidad– bajo amenaza de querer perpetrar terapias de conversión -, progenitores y entorno a afirmar algo tan complejo como la identidad sexual a personas menores de dieciocho años. Se promueve el uso de bloqueadores de pubertad de consecuencias nefastas para la salud, así como operaciones que convierten a niños y niñas en enfermos de por vida, robándoles su fertilidad y aumentando la probabilidad que tengan otros tipos de enfermedades. Poco a poco van surgiendo personas que dan voz a esta carnicería como Keira Bell en Inglaterra, Chloe Cole en EEUU y Susana en España. Estos casos, al igual que una gran mayoría según el Informe Cass, encajarían en un diagnóstico de disforia equivocado. En su lugar habría una orientación sexual homosexual, como en el caso de Keira. En muchos otros casos se trata enfermedades mentales como el autismo de Susana y Chloe, cuyo abordaje según expertos es fundamental, previo a cualquier diagnóstico de disforia.

VIOLENCIA

La violencia que promueve el movimiento trans nace a través de actuaciones inquisitoriales hacia cualquier persona que discrepe del argumentario transgénero. Un ejemplo de ello es la violencia verbal contra J.K.Rowling, objeto de todo tipo de amenazas a su persona por su activismo, o hacia las autoras francesas Dora Moutot y Marguerite Stern del libro Transmanía, amenazadas de ser ahogadas en el fondo del Rhin en manifestaciones recientes. También existe la violencia perpetrada por mayormente hombres que se hacen llamar mujeres trans, como el caso del joven trans que agredió sexualmente a una niña en los lavabos de varios institutos de Loudoun county, o los casos de hombres identificados como mujeres trans que han ido a prisiones de mujeres y han agredido y violado a otras mujeres como en cárceles del estado de Washington.

(Delia Giandeini, UNSPLASH)

BORRADO DE LOS DERECHOS DE MUJERES

El discurso trans y su activismo equipara el concepto de género – la construcción social de la feminidad y masculinidad- con la realidad biológica del sexo. Con ello borra legalmente la diferencia biológica entre hombres y mujeres causando todo tipo de injusticias como en el caso de competiciones deportivas. Hombres que decidieron cambiar de sexo para ganar en ligas femeninas, como Quima D. en Barcelona o el caso olímpico de Valentina Petrillo. Para corregir estos abusos, instituciones internacionales como la Federación Internacional de Atletismo han decidido vetar la entrada a personas trans en sus competiciones, al igual que la federación internacional de rugby y la de natación.

Frente a tal magnitud de consecuencias nefastas, algunos países ya están rectificando, como Inglaterra, Suecia y Escocia. El partido laborista, en concreto el lord Keir Starmer a la cabeza de la sanidad pública ha afirmado que el sexo lo define la biología, por tanto, una mujer es aquella que nace mujer. La sanidad pública británica va a reformar su constitución para afirmar que “el sexo es una cuestión biológica”. El posicionamiento de laborismo escocés también va en la misma linea, en palabras recientes del político Anas Sarwar.

Al igual que Inglaterra, Suecia y Escocia están aprendiendo de los errores y rectificando, España también lo hará. Cuantos antes suceda, cuanto antes se rompa el macabro silencio político y mediático que alimenta los males del movimiento trans, menos niños van a sufrir, se reducirá la violencia y los derechos de las mujeres serán restaurados.

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La fábrica de los niños transgénero

– Me gustaría comentarte algo…

– Claro, dispara…

– Verás, un amigo me contactó desesperado por que su hija de once años ha comenzado una transición para ser chico. Ya ha iniciado la terapia hormonal y también se ha cambiado el nombre. Su padre dice que ahora en la escuela se ríen de él y le hacen bullying, está hundido emocionalmente y me ha pedido si conozco un psicólogo que le pueda ayudar. No sé que decirle…

– Yo le diría que ha metido a su hija menor de edad en problemas, puesto que un cambio de sexo a los once años es crearle problemas más grandes que su supuesta disforia de género. Le diría que convenza a su hija de dejar la transición. Que la aplace hasta su mayoría de edad. Que aprenda a convivir con la identidad sexual que la naturaleza le ha regalado. Que tenga paciencia. Y que cuando sea mayor ya podrá decidir con conocimiento de causa…

– Ya pero, si ya ha empezado la transición…

La fábrica de los niños transgénero, un libro de Céline Masson & Caroline Eliacheff

– Da igual…que la pare. El padre y la madre y seguramente la niña se han dejado llevar por una cultura que ha normalizado esta práctica que mutila a los jóvenes…Sin embargo, embarcar a los niños en semejante cambio físico irreversible es una irresponsabilidad…¿No crees?

– Pienso igual que tú…pero parece que la mayoría de personas lo ven diferente, al igual que los psicólogos que conozco que no son pocos. Fíjate el otro día vimos un documental sobre el tema con mi hija mayor y ella convencida que los niños tenían que poder decidir que sexo querían ser desde pequeños…Yo le decía que ni hablar…justamente porque en la adolescencia es el peor momento, el cuerpo cambia mucho y aceptarlo no es fácil y la personalidad justo se está formando…

– Es que sin darnos cuenta nos han vendido la moto de que cambiar el sexo es lo más normal, como cambiar el color del pelo, las redes sociales y medios de comunicación han contribuido a ello. El activismo trans ha sido feroz y ha conseguido imponer su agenda. Pero una cosa es velar por los derechos de las personas trans, la otra es manipular a los niños para que se embarquen en un proceso profundamente traumático e irreversible. Parece que la industria farmacéutica beneficiaria de las terapias trans también está detrás. Si la ciencia permite cambiar el sexo, aquellos que estén realmente convencidos que lo hagan pero cuando sean adultos y no puedan arrepentirse. Muchos países ya han tomado cartas en el asunto. Por ejemplo Finlandia, Noruega, Gran Bretaña y algunos estados norteamericanos ya han prohibido la terapia hormonal y la cirugía de amputación entre los 16 y 18 años. En España todavía no, como siempre va a la cola…Sobre este tema te recomiendo el libro La fábrica de los niños transgénero, un recurso valioso y esclarecedor para padres y madres desorientados.

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Nos fuimos a dormir machistas, nos levantamos feministas. Lecciones del caso Alves

La percepción social cambia de forma progresiva y después de forma súbita. Me vienen a la mente las palabras de Amos Adams, activista social contra la esclavitud en EEUU: “Nos fuimos a dormir una noche con antiguas costumbres, conservadores (···) y nos despertamos abolicionistas radicales”. En España, y en gran parte del mundo occidental, a la luz del movimiento #metoo y demás cambios político-sociales, podríamos decir: “nos fuimos a dormir una noche convencidos que las mujeres eran seres inferiores y nos despertamos convencidos de la igualdad entre todas las personas”, lo que vendría a ser: “Nos fuimos a dormir machistas y nos despertamos feministas”.

El feminismo en España y su acción política es un movimiento que ha contribuido significativamente a la forma en cómo se perciben y tratan hechos que antes se habrían invisibilizado. Esto explica que caso Rubiales no solamente no fuese tapado sino que tuviese serias consecuencias. El mismo cambio sociocultural facilita que el proceso Alves por presunta violación tenga un tratamiento judicial y mediático, con un respeto a la víctima y unas medidas cautelares sin precedentes.

LOS DERECHOS NO SON SUFICIENTES

Los avances sociales promovidos por el feminismo de la igualdad son reales y al mismo tiempo, uno de sus flacos favores es generar la ilusión especialmente entre mujeres jóvenes que el discurso de los derechos las protegerá. El discurso de los derechos y el desarrollo de leyes son necesarios, disuasorios en parte, facilitan el cambio de mentalidad y generan consecuencias una vez el delito ha tenido lugar. Por ejemplo, facilitan el juicio a Alves como presunto violador. Sin embargo, en caso de demostrarse el delito, el grave daño físico y psicológico de la víctima es irreversible, algo que las medidas legales no pueden remediar.

Dani Alves declara sin esposar en el juicio por delito de agresión sexual.
EUROPA PRESS/D.Zorrakino. POOL

Por este motivo, es necesario complementar al discurso de los derechos del feminismo de la igualdad con el discurso del feminismo de la diferencia. El feminismo de la diferencia reconoce la diferencia entre hombres y mujeres y defiende que las mujeres ocupen un espacio social propio, más allá de emular espacios y formas de hacer masculinos. Esta corriente también reivindica el valor de la maternidad y el cuidado, transmitiendo a las nuevas generaciones de mujeres jóvenes, lecciones ancestrales a la luz de datos actuales, como las recogidas por Louise Perry en su imprescindible libro, que reproduzco aquí:

  • No te fíes de ninguna persona ni ideología que te presiona para que no hagas caso de tu intuición moral.
  • La caballerosidad es, en realidad, algo bueno. Todos tenemos que controlar nuestros deseos sexuales, especialmente los hombres, dada su mayor fuerza física y, de media, su más alta libido.
  • A veces (aunque no siempre) se puede identificar fácilmente a los hombres sexualmente agresivos. Existe un puñado de rasgos de personalidad que son comunes en ellos: impulsividad, promiscuidad, hipermasculindad y antipatía. La combinación de estos rasgos debería ponerte en guardia.
  • Hay que huir de los hombres que se excitan con la violencia, usen o no el vocabulario de las prácticas de dominación y sadomasoquismo para justificar su comportamiento. Si pueden mantener una erección mientras golpean a una mujer, no es seguro quedarse con ellos.
  • Los talleres sobre consentimiento son, en su mayoría, inútiles. El mejor modo de reducir la incidencia de violaciones es reduciendo las oportunidades de que potenciales violadores puedan actuar. Esto se puede conseguir manteniendo en prisión a los violadores condenados o limitando su acceso a víctimas potenciales.
  • La categoría de personas que con más probabilidad van a ser víctimas de estos hombres es la de mujeres jóvenes con edades comprendidas entre los trece y los veinticinco años. Todas las chicas y mujeres, pero particularmente las de estas edades, deberían evitar estar a solas con hombres a los que no conocen o con hombres que les dan miedo. No hay que hacer caso omiso al instinto: normalmente se dispara con alguna alerta que merece ser escuchada.
  • Emborráchate o drógate en privado con amigas en lugar de en público o en compañía mixta.
  • No uses aplicaciones de contactos. Las amistades mutuas pueden servir para conocer el historial y castigar las malas conductas. Las aplicaciones de contactos, no.
  • Abstenerse de tener sexo con un novio nuevo durante, al menos, unos meses es un buena forma de averiguar si va en serio contigo o si simplemente está buscando acostarse contigo.
  • Ten sexo con un hombre solamente si crees que va a ser un buen padre para tus hijos, no porque necesariamente tengas la intención de tener hijos con él, sino porque esta constituye una buena regla de oro para decidir si merece o no tu confianza.
  • El matrimonio monógamo es, de lejos, la base más estable y fiable sobre la que construir una familia.

La presunta víctima de Dani Alves está demostrando un gran coraje y determinación yendo adelante con el juicio frente a la presión mediática, la revelación de su identidad y las múltiples ofertas que ha recibido para retirar la denuncia. Su testimonio y todo el proceso son avisos a navegantes de que, por fortuna, corren malas épocas para las culturas de violencia. Al mismo tiempo, las mujeres, especialmente las jóvenes, tienen que abrir los ojos a los riesgos reales de la violencia sexual, frente a la cual, los derechos no tienen la capacidad de protegernos y sin embargo nuestra intuición y lecciones ancestrales, sí.

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Mujer no te engañes, el consentimiento no te protegerá de abusos sexuales

El documental El techo amarillo dirigido por Isabel Coixet arranca cuestionando la utilidad del consentimiento sexual de la voz de sus protagonistas. Mujeres ya adultas que se vieron atrapadas en la compleja telaraña del abuso por parte de su maestro Antonio Gómez en el Aula de Teatre de Lleida, cuando muchas de ellas apenas tenían quince años.

A ellas el consentimiento no solamente no les sirvió sino que fue totalmente irrelevante. En su caso, los abusos se enmarañaron en una relación de admiración hacia su manipulador maestro, aspiraciones de éxito, inexperiencia, desidia de las autoridades y un largo y complejo etcétera, como detallan la investigación de Albert Llimós y Núria Juanico y el mismo documental.

(Vincent Battault, UNSPLASH)

Aunque el consentimiento es una buena idea sobre el papel es una pésima idea para prevenir los abusos sexuales como demuestra aplastante, la realidad. Hacer creer a mujeres jóvenes y adultas que el consentimiento las protegerá es un engaño. Esto es así porque la cultura se come el consentimiento con la primera copa.

La cultura es el agua en la que nadamos, y que sin palabras nos dice cómo comportarnos, lo que se puede esperar, lo que se puede decir, lo que es adecuado…casi todo a nivel inconsciente. Y en el terreno del sexo, la cultura en la que estamos inmersos es la cultura heredada de la revolución sexual con su gran protagonista: el sexo informal. La cultura del sexo informal, amplificada por los medios y adoptada por el feminismo progresista, proclama que el sexo es algo como cualquier cosa, eructar o comerse una hamburguesa con patatas. Y cuando el sexo se convierte en algo banal culturalmente, los abusos sexuales campan a sus anchas.

En El techo amarillo, Míriam relata como el maestro la persuadió después de invitarla a cenar: “Cuando nos tocó volver a casa (···) me dijo, ¿quieres subir a mi casa, a ver una película? (···) realmente me creí que íbamos a ver una película.” Cuando subió a la casa y ocurrió el abuso, la cultura del sexo informal se había apropiado de la escena y el consentimiento no estaba por ninguna parte.

Como tantas, las valientes testigos de El techo amarillo demuestran que para prevenir los abusos sexuales el consentimiento es inútil y engañoso. En su lugar, necesitamos cuestionar ferozmente la cultura del sexo informal y plantearnos el sexo, un terreno en el que se conjugan la integridad de la persona y la generación de nueva vida, como algo a ser tomado en serio.

 

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Cuando el porno no es liberador

Nací en los setenta, en plena revolución sexual. Con la disponibilidad de la píldora y demás cambios sociales se rompieron tabúes sexuales, se despenalizó el aborto, se abrieron las celdas de matrimonios destructivos, el feminismo cobró fuerza. El constructo cultural de la pornografía abanderó la revolución sexual. Con la era tecnológica este artefacto ha evolucionado en sus medios, convirtiéndose en una de las industrias más rentables, con un impacto sin precedentes en las vidas de todos.

A nivel ideológico, la industria del porno se ha apropiado del polo deconstructivista post-moderno en el que todo vale y se defiende de quienes la cuestionan afirmando que su función es liberar pulsiones reprimidas, contribuir a nuestro placer y sostener a las personas que trabajan en la industria, al tiempo que desautoriza a las voces críticas por representar- según la industria claro,- la aborrecible y trasnochada represión de antaño.

Sin embargo, cada vez hay más estudios y evidencia científica del impacto real de la epidemia de pornografía actual. El consumo de pornografía modifica el patrón de excitación sexual, afecta a las relaciones y a la potencia sexual. Valiéndose de la plasticidad del cerebro altera los circuitos hormonales del placer – el de la dopamina – y al igual que cualquier droga, hace que la persona requiera de estímulos más y más fuertes para excitarse. La evolución de la pornografía describe el efecto en sus usuarios: de simples fotografías de mujeres en trapos menores en el siglo pasado, a contenidos de violencia extrema y la normalización del BDSM, en la actualidad.

La industria pornográfica promete placer saludable y alivio de la tensión sexual, sin embargo lo que ofrece es adicción, insensibilización, disfunciones sexuales, una reducción del placer a medio y largo plazo, y sociedades marcadas por la violencia sexual. Al igual que un adicto a la droga, la persona adicta a la pornografía busca un chute cada vez de mayor dosis -mayor intensidad, mayor violencia- para liberar la tensión generada por la adicción. Otra de sus consecuencias consiste en normalizar comportamientos sexuales destructivos sin ser consciente de ello, experiencia que comparte la cantante Billie Elish, que empezó a consumir pornografía a los once años.

(Dainis Graveris, UNSPLASH)

A nivel de pareja uno de sus múltiples impactos es la desconexión en la relación que ocurre cuando uno de los miembros se convierte en adicto a la pornografía, como he constatado en mi consulta de coaching. Un caso famoso es el del exjugador de baloncesto de la NFL Terry Crews. Divulgador de los riesgos de esta adicción que casi le cuesta el matrimonio, afirma por experiencia propia que el porno mata el amor.

En España el creciente número de agresiones sexuales perpetradas por menores está causando alarma social. El consenso de los expertos vincula la mayor incidencia de estas conductas al consumo de porno que hacen los niños a través de internet y de los dispositivos móviles.

La mujeres y las niñas son las que padecen en mayor medida las consecuencias devastadoras del porno, no solo por sufrir mayormente los abusos y violaciones que tienen lugar en encuentros sexuales marcados por guiones de la pornografía, sino porque muchas de las agresiones se convierten en material subido a las redes. Algo que capitalizan plataformas como Pornhub, como denunciaba Nicholas Kristof en el New York Times “[El Pornhub] está infestado de videos de violación. Monetiza la violación de niños, pornografía vengativa, grabaciones de videos espiando a mujeres, contenido racista, misógino y grabaciones de mujeres siendo asfixiadas en bolsas de plástico.”

El porno, como las drogas duras, no es liberador, sino todo lo contrario: daña el cuerpo y la mente del que lo consume, destruye sus relaciones más significativas y violenta a toda la sociedad.

La buena noticia es que para desengancharse del porno o no llegarse a enganchar solo hace falta hacer una cosa: dejar de consumirlo de una vez por todas.

 

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Contra la revolución sexual

El verano antes de embarcarme en un máster de género y política social hace dieciséis años, pregunté por una lectura preparatoria. Me recomendaron leer Gender Trouble de Judith Butler. Al empezarlo a leer, me entró un sudor frío. ¿Qué diablos era aquello? Algo muy denso, retorcido y teórico. Por suerte, la parte de política social del máster me permitió pasar de puntillas por teorías sesgadas como la de Butler, para ahondar en los retos acuciantes de la mitad de la población del mundo.

Las políticas feministas y de igualdad de los últimos años han tenido un efecto variado. Mientras que muchas han sido sus contribuciones, los efectos de cualquier acción tienden a ser complejos y a menudo ambivalentes. Sin ir más lejos, tomemos la Ley del solo sí es sí. Una ley pensada para favorecer a las mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, a día de hoy, cuenta con 721 rebajas a agresores sexuales y 74 excarcelados.

Una de las lecturas que me han inspirado recientemente ha sido Contra la revolución sexual de la periodista Louise Perry. A través de sus investigaciones y experiencia en un centro de atención a víctimas de violaciones cuestiona sin tapujos los dudosos beneficios que el feminismo liberal ha traído a las mujeres. En concreto, enfatiza la forma en cómo al minimizar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, ha proyectado en las mujeres un modelo de sexualidad – y yo añadiría de trabajo, de relaciones y de familia – masculino.

(Charles Deluvio, UNSPLASH)

Este modelo de sexualidad basado en la pornografía campa a sus anchas entre los jóvenes gracias a internet, siendo un 75% de hombres y un 35% de mujeres que la consumen antes de los 16 años. Este consumo está relacionado con un aumento de conductas de riesgo como sexo sin preservativo, el intento de sexo en grupo y sexo con desconocidos. Sin olvidar los vínculos de la industria del porno con la prostitución y la explotación sexual de mujeres vulnerables y niñas.

Perry argumenta que el marco dominante de sexualidad marcado por las relaciones casuales y la pornografía, no solo no es empoderador para las mujeres, sino que resulta desfavorable para ellas, más expuestas y desprotegidas que los hombres. Como respuesta a ello, invita a las mujeres y a todos a: «Fijarnos en las estructuras sociales que ya han demostrado su eficacia en el pasado y compararlas entre sí, en lugar de compararlas con alguna alternativa imaginada que jamás ha existido y que probablemente jamás vaya a existir. El impacto de la píldora llevó a los liberales sexuales a la presuntuosa creencia de que nuestra sociedad podía quedar libre de la opresión de las normas sexuales y que podía funcionar sin problema. Los últimos sesenta años han demostrado que esa creencia era equivocada.»

Y continúa deliberadamente: «Tenemos que volver a levantar las barandillas sociales que se han derribado. Y, para ello, tenemos que empezar por lo más evidente: el sexo se debe tomar en serio. Los hombres y las mujeres son diferentes. Algunos deseos son malos. El consentimiento no es suficiente. La violencia no es amor. El sexo sin amor no empodera. Las personas no son productos. El matrimonio es bueno. Y, sobre todo, haz caso a tu madre».

Una valiente y retadora perspectiva.

 

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Del aborto a los tratamientos de fertilidad: el mindset maldito de la maternidad y cómo superarlo

Luisa tenía un niño de dos años con su actual pareja. Él tenía dos hijos de un matrimonio anterior. No querían más hijos pero Luisa se quedó embarazada. Tomaron la decisión de abortar. La noche antes del aborto Luisa soñó con el niño que llevaba en el vientre. La criatura le suplicaba sin palabras que no abortara. Luisa escuchó y ahora es madre de dos niños maravillosos. Al hablar con ella sobre lo ocurrido sus palabras se me quedaron grabadas: “menos mal que no aborté, de haberlo hecho, me habría quitado la vida.” Conociéndola, sabía que hablaba en serio.

Luisa anticipó el impacto que haber abortado hubiese tenido en su vida. Como coach he acompañado a un buen número de mujeres que han abortado, constatando que las cicatrices psicológicas a raíz de ello continúan a sangrar no importa cuántos años pasen. En demasiados casos, el trauma es tan grande que deriva en enfermedad mental.

El aborto y las políticas para facilitarlo son la punta del iceberg del mindset mayoritario que quedarte embarazada es lo peor que te puede pasar en demasiadas circunstancias: si eres joven, si no has terminado la carrera, si no tienes pareja estable, si no cuentas con muchos recursos, si quieres progresar en tu carrera profesional, y un largo e inconsciente etcétera. Cristina Pedroche en una entrevista decía que no quería ser madre de momento porque quería comerse el mundo. Sus palabras encarnan la visión dominante que la maternidad es un estorbo para la mujer. Un estorbo para su carrera, un estorbo para su independencia, un estorbo para su sexualidad, un estorbo para el disfrute. Pero la maternidad no es un estorbo, no necesariamente. En cualquier caso, esa misma mujer, llega a la treintena o más allá y se plantea ir a por el bebé. Entonces, más a menudo que menos, el bebé no llega y empiezan las pruebas, empiezan los tratamientos, maternidad subrogada y otras soluciones al “problema”.

¿Perdona? ¿No será que como sociedad se nos ha escapado algo? Cuando eres joven, quedarte preñada es lo peor que te puede pasar, y de madura, no te preocupes que si no puedes hay una industria dispuesta a medicalizarte para hacerte un bombo, pagando por supuesto, un buen peaje económico, físico y psicológico. Y ni se te ocurra negarte a pagarlo porque hoy día “todos lo hacen.”

El discurso dominante sobre la maternidad está sesgado hacia los aspectos negativos de ella. Lo sé porque bebí de él durante demasiados años. Es verdad que tener hijos te cambia la vida. Es verdad que no es fácil. Pero también es cierto que acompañar a otro ser a crecer y desarrollarse es de las cosas más bellas que se puedan vivir y que te hace madurar como persona como ninguna otra experiencia en la vida.

(Zach Lucero, UNSPLASH)

Entre las medidas para evitar embarazos no deseados – aborto incluido – y los tratamientos de fertilidad echo de menos un diálogo sincero sobre qué significa tener hijos y el valor de hacerlo. Una conversación en la que se hable sobre las dificultades pero también las bendiciones de ser madres y padres. En la que se aborde la necesidad de plantearse la propia maternidad y paternidad como una cuestión fundamental: ¿Qué significa formar una familia? ¿Deseo crearla? ¿Cuándo sabré que el momento de crearla ha llegado? ¿Qué tipo de vínculos son necesarios? ¿Cómo cultivarlos para que funcionen? ¿Qué apoyos vamos a necesitar? ¿Qué organización logística? ¿Cómo compaginaremos la maternidad/paternidad con el desarrollo profesional de ambos?

Mi deseo es que estas preguntas lleguen a las familias, a las aulas, a las políticas. Que te lleguen a ti y a través tuyo a todas las personas de tu entorno, para abordar la vida y su continuación con el cuidado, la honestidad, la creatividad y la responsabilidad que verdaderamente se merecen.

 

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Tú y el instante después del orgasmo

Sin previo aviso, el deseo llega al mayor órgano del cuerpo: tu piel. Te preguntas cuando será el instante propicio. No dices, ni haces nada. Tu cuerpo, conectado con el resto de cuerpos más de lo que nunca sabrás, lo hace por ti.

Persona con puntos dorados

(Christopher Campbell, UNSPLASH)

Transcurre el día y el deseo es tu sombra. Le susurra al amante y prende el suyo. Más pronto de lo que creías, os encontráis.

Sin agenda, entras en el juego de la piel. Dos ríos de cauce oscilante. El placer discurre salvaje hasta disolverte, hasta disolveros en el revuelto mar del orgasmo.

No hay rastro de aquello que crees que eres. Los poros de tu piel bajaron sus defensas y ya no son tu frontera. Vacío y permeable estás en todas partes. Permaneces un instante en ese estado de consciencia. Sin saberlo, acaricias la iluminación, rozas a Dios.

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Cuando el sexo lo es todo: activa tu deseo con estas tres pautas

El sexo no es tan importante. ¿De veras? Durante mi adolescencia, recuerdo una conversación sobre sexualidad con mi madre en la que me decía algo como, «bueno el sexo realmente no es tan importante. A veces es más gozoso una caricia o una muestra de ternura que el sexo en sí». La escuché tomando nota, diciéndome que vale pero que lo averiguaría por mi misma.

En Occidente, se mezclan una visión de la sexualidad que convierte los cuerpos en objetos y la práctica sexual en un mero deporte, con un poso de menosprecio por el cuerpo y lo sexual de raíces religiosas. En cambio en otras concepciones como la del Budismo o del Taoísmo el sexo se considera una dimensión sagrada que nos conecta profundamente a la vida, y a la que acercarse con respeto y devoción.

En mi acompañamiento de coach integral, la sexualidad es una dimensión más a explorar y a menudo a trabajar. Las personas que están desconectadas de su sexualidad, están desconectadas de su deseo: no saben lo que quieren y por tanto no pueden crearlo.

Recientemente acompañaba a través del coaching a una persona preocupada por cómo se había deteriorado su relación de pareja. Me explicaba como los encuentros sexuales se habían, sin quererlo, caído de la agenda. «Bueno, yo me voy a dormir más tarde, mi pareja más pronto y mira, no nos encontramos», me decía. Ninguno de los dos se responsabilizaba del estado de las cosas.

Pies en la cama

(Womanizer WOW tech, UNSPLASH)

CUANDO EL SEXO CAE DE LA AGENDA

Aunque común en muchas parejas – yo caigo en él de forma periódica – olvidar la práctica sexual es un error garrafal. Las relaciones sexuales no son algo que ocurren y ya, como en las películas. Son algo a cultivar. A nutrir. A explorar. Una dimensión de la pareja en constante evolución y que la mantiene en contacto íntimo más allá de los encuentros en si. Aunque en la pareja, el sexo no lo es todo, sin él, la pareja no prospera.

TRES PAUTAS PARA ACTIVAR TU DESEO

Por ello te doy tres pautas para activar tu deseo sexual y compartirlo con tu pareja como la más sublime de las invitaciones:

  • Conecta con tu deseo e intención. Siéntelo en tu cuerpo. Expándelo a todas tus células a través de la respiración. Lleva el deseo en tu piel como la mejor ropa.
  • Quítale a tu mente las llaves de tu sexualidad y dáselas a tu cuerpo. Deja que él sea tu embajador y hable por ti. Goza de los gestos, las caricias, las miradas…son el camino que, sabio, tu cuerpo está trazando.
  • Recibe aquello que viene a ti. Es tan importante desear, como darnos permiso para recibir aquello deseado. Tu deseo ha generado una respuesta en tu pareja que ahora viene a ti. Recíbela abierto: sin juicios ni comparaciones.

El deseo sexual no es deseo sin más. Es la misma fuerza del universo del que formamos parte, pulsando a través nuestro. Por ello, honrar esta fuerza dándole el lugar en que se merece en nuestro día a día es honrar la vida.

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