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“Siempre tendremos París… al menos en estas 6 novelas”

Ah, aquí estamos otra vez mis licencias biblio-cinéfilas y yo, queridos. Pero es que es muy, muy difícil pensar en París y no visualizar a Rick Blaine (Humphrey Bogart) soltándole a Ilsa Lund (Ingrid Bergman) ese mítico “Siempre tendremos París” en los últimos fotogramas de la no menos legendaria Casablanca.

(Casablanca, 1942 / Warner Bros)

(Casablanca, 1942 / Warner Bros)

Pues bien, imaginar que esto no es reginaexlibrislandia sino un aeródromo en plena noche. ¿Ya? Añadirle niebla. ¿Lo tenéis? Ahora visualizarme con el pelucón apelmazado dentro de un sombrero de ala, el rostro humphreybogarizado y dirigiéndome entre desesperado y decidido a vosotros, mis legiones de reginaexlibrislandianos, todos embutidos en la piel de la Bergman. ¿Listo?

Pues entonces es ahora cuando os derrito con mi “Siempre tendremos París, al menos en estas 6 novelas”. Sí, una selección reginaexlibrislandiana de títulos donde la eterna “Ciudad de la Luz” es aún más que un simple escenario para una trama, puesto que es un personaje en sí misma. París se vive, se imagina, se recrea y, por supuesto, se lee más allá del punto y final de una de las novelas parisinas por excelencia: Los Miserables, de Victor Hugo.

Y esta selección temático-parisina es mi itinerario libresco particular dedicado a María, una de mis reginaexlirbrislandianas de pro, que necesitaba pegarse un viajecito de libros a la capital francesa. Y, ya puestos, pues nos vamos todos con ella ;P

1.  París. Edward Rutherfurd. Roca. Legiones de lectores rutherfurdmaniacos se sumergen sin titubear en cada uno de los destinos que al señor Rutherford le da por ficcionar, siempre articulando sus libros sobre hechos reales y sobre criaturas de la intrahistoria de la ciudad, o del país de turno. Y, claro, París no iba a ser menos. Así que adentraros sin temor a un París diseccionado a través de las pasiones, lealtades, traiciones y secretos que mueven a personajes ficticios y reales, que habitan esta gloriosa ciudad y la hacen ser lo que es. De la construcción de Notre Dame a las peligrosas maquinaciones del cardenal Richelieu; de la resplandeciente corte de Versalles a la violencia de la Revolución francesa; del hedonismo de la Belle Époque al horror de la  Primera Guerra Mundial; de los escritores de la Generación Perdida a la ocupación nazi, los luchadores de la Resistencia y la revuelta estudiantil de mayo de 1968… Un mosaico impresionante, sensual, trepidante y tan arrebatador como la propia ciudad que lo inspira.

París

París

2. París era una fiesta. Ernest Hemingway. Lumen. Publicada póstumamente en 1964, es la obra más personal y reveladora de Hemingway, quien, ya en el crepúsculo de su vida, narra aquí los dorados, salvajes y fructíferos años de su juventud en el París de los años veinte, en compañía de escritores como Zelda y Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Joyce o Ezra Pound, la llamada «generación perdida». Crónica de la formación de un joven escritor, retrato de una ciudad perdida, oda a la amistad y verdadero testamento literario, es uno de los libros capitales para entender el siglo XX, así como el universo y la personalidad de uno de sus más grandes creadores. El amor, la amistad, el deseo, la resaca continua, las ganas de vivir al límite y, sobre todo, las calles de París llenan las páginas de este testamento literario que te sumerge en cafés y rincones de un París tan mágico como real y agridulce. “París es una fiesta que nos sigue”, decía Hemingway, y ese es el espíritu que destila en cada salto de línea.

París era una fiesta

París era una fiesta

3. La elegancia del Erizo. Muriel Barberi. Seix Barral. El gran milagro de la literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura y píldoras sobre el amor, la sociedad, el arte y la felicidad. Sus protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino japonés para poner sus existencias patas arriba. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y divertida, cargada de verdades veladas que todos miramos, pero que sólo algunos ven, a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora, divertida y deliciosamente inesperada.

La elegancia del erizo

La elegancia del erizo

4. En el café de la juventud perdida. Patrick Modiano. Anagrama. París, años sesenta. En el café Condé se reúnen poetas malditos y estudiantes fascinados por la bohemia parisina. Y aunque la nostalgia de aquellos años perdidos parecería ser el tema central de la novela, Modiano le da un giro sorprendente. Porque En el café de la juventud perdida es también una novela de misterio. Todos los personajes, todas las historias, confluyen en la enigmática Louki. Cuatro hombres nos cuentan sus encuentros y desencuentros con la hija de una trabajadora del Moulin-Rouge. Algunos la buscan, otros la aman, y para casi todos ellos la chica encarna el inalcanzable objeto del deseo. Louki, como todos los que la acompañan en su vagabundeo por un París espectral, es un personaje sin raíces, que vive inventando identidades, renaciendo una y otra vez, luchando por construir un presente perpetuo. Modiano recrea alrededor de la fascinante y conmovedora figura de Louki el París de su juventud, al mismo tiempo que construye con su estilo inconfundible una hermosísima novela sobre el poder de la memoria y la búsqueda de la identidad, dos grandes ejes de la obra del escritor francés.

En el café de la juventud perdida

En el café de la juventud perdida

5. La delicadeza. David Foenkinos. Seix Barral. Nathalie es una mujer afortunada. Está felizmente casada con François, y pasa los días rodeada de amor, de risas y de libros. Pero todo cambia cuando su marido muere de forma repentina. Ese momento es un punto de inflexión para Nathalie, que empieza a languidecer entre las paredes de su casa y se vuelca en la oficina. Pero justo cuando ha dejado de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla y revelarse en su forma más maravillosa. La delicadeza es la novela de la esperanza y la imaginación, la novela de ese París fascinante en el que el dolor y la vulgaridad se transforman en poesía. Un libro que querrás tener siempre cerca, para deleitarte de nuevo con su elegancia literaria o sonreír con su mordaz ingenio, pero, sobre todo, para recordar que siempre, incluso en los momentos más inesperados, cualquier cosa es posible. Y especialmente en París.

La Delicadeza

La Delicadeza

6. Fluye el Sena. Fred Vargas. Siruela. Cargadas de un humor delicioso y estrafalario, de investigaciones tan absorbentes como perfectamente construídas y protagonizadas por el carismático comisario Adamsberg, estas tres historias policiacas tienen el común denominador de tener el Sena, los clochards y los bajos fondos parisinos como elementos esenciales de sus tramas. En «Salud y libertad», un estrafalario vagabundo se instala en un banco, con todo su ajuar, ante la comisaría de Adamsberg mientras éste recibe misteriosos anónimos amenazadores y una mujer aparece muerta sobre las vías del tren. En «La noche de los brutos», Danglard y el comisario investigan la extraña muerte de una mujer que aparece ahogada debajo de un puente del Sena. En «Cinco francos unidad», un estrambótico vendedor ambulante de esponjas presencia el intento de asesinato a una rica dama, y el comisario conseguirá que colabore con la policía de un modo realmente ingenioso. Otra forma de redescubrir un París que, aún contemplándolo desde sus lugares más sórdidos y con el hilo de las más bajas pasiones, resplandece y cautiva por igual.

Fluye el Sena

Fluye el Sena

¡Bibliófilos del mundo, a por Los Miserables!

Es 14 de julio, soplan vientos revolucionarios en mi librería y si no lo digo reviento: hacernos un favor a mi y a vuestra bibliofagia y correr a pegaros un atracón con Los Miserables, de Victor Hugo.

Beauty's Lot, W. Humphrey

Beauty’s Lot, W. Humphrey

Sí, queridos, hoy. ¿Qué mejor momento? ¿Imagináis mejor excusa? Si hace 228 años ardió París y el pueblo en masa se echó a la calle, tomó La Bastilla y descabezó la opulencia con pelucón, talco y encajes en cascada vosotros bien podéis bramar  ¡AHOOOORAAAAA! y haceros con más de mil trescientas páginas de Literatura con Mayúsculas. A ser posible en la edición de Edhasa, eso sí, que a día de hoy es una de las mejores traducciones que pululan por los anaqueles.

No, queridos, no permitáis que las buenas gentes del cine, el teatro, la animación o los musicales inoculen en vuestro imaginario sus versiones tridimensionales para arrebataros una de las experiencias lectoras más alucinantes que la Providencia Librera tuvo a bien ofrendarnos.

Porque con Los Miserables Víctor Hugo pulverizó sus límites creativos y levantó a palabras un fresco emocional y realista de las entrañas y el corazón del París de finales del S.XVIII y principios del XIX poblado por personajes aplastados por la pobreza, la injusticia y las situaciones límite en plena convulsión histórica: la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la Restauración.

Los Miserables, Edhasa

Los Miserables, Edhasa

Y es en esa Francia que era una olla a presión desde el punto de vista político, social y espiritual, en la que Victor Hugo cocina a fuego lento una maravillosa historia de pasiones, sacrificio, misericordia, dignidad, redención, sueños quebrados y desamores mientras los parisinos buscan su identidad por entre los escombros de sus ideales y al pie de la recién inventada guillotina.

Este novelón es una clase magistral de literatura y de historia, y una impecable disección del alma humana. Una pieza colosal y absorbente, de esas que, además de conmover y de agitar conciencias por igual, te reconcilian con el universo.

Así que, reginaexlibrislandianos del mundo, mejor dejar lo que estéis haciendo y preparaos para emprender un viaje literario alucinante que NADIE debería perderse. Y menos aún vosotros. Y ahora os dejo que me voy a poner un ratito a desgañitarme con La Marsellesa ;P

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Miserables? ¿Qué os pareció?
  • Nota de Regina: gracias a los amigos de El Desvelo por editar La vida me sienta mal, de Alberto Santamaría. Un ensayo exquisito sobre el Romanticismo con una portada gloriosa que me ha ilustrado visual e ideológicamente en este post.
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¿Y por qué La elegancia del erizo?

Mi pelucón y yo llevamos horas en ‘modo peonza’, dándole vueltas y más vueltas a un reginaexlibrislandazo que hemos dado esta mañana.

El miedo a haber patinado en la elección de una sugerencia bibliófila nos tiene total y absolutamente paralizadas, con la mirada fija en la nada y disparándole al vacío la misma frase, como si en lugar de boca tuviéramos una escopeta de repetición y necesitáramos vaciar el cargador a toda costa:

¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo? ¿Y por qué La elegancia del erizo?…

Ha sido otro de mis libreros el que se ha decidido a arrancarme de mi estado de flagelación mántico-librera:

– Librero: ¿Regina? ¡OYE, RE-GI-NAA!- Regina: ¿Qué, qué, QUEEEEEEEE?

– L.: ¿Te pasa algo? Llevas ahí un rato, farfullando algo de un erizo. Cualquiera que te vea te toma por chiflada.

– R.: Es que no se me va de la cabeza, no se me va, ¿te lo puedes creer?

– L.: ¿El qué?

– R.: Pues esta mañana, que ha venido una chica con ojos llorosos a pedirme un libro.

– L.: ¿Y?

– R.: Me dijo que no era para ella, sino para un primo suyo que tiene leucemia y que esta tarde se internaba para someterse a un tratamiento. No sabía qué libro llevarle, a ella no le gustaba mucho leer, pero por lo visto a él si.

– L.: Vaya. ¿Y te dijo algo más?

– R.: Que le dijera uno yo, que no podía pensar. Me contó que como su primo sí lee no quería algo ‘muy bestseller’, y tampoco algo que le hundiera. Literalmente me dijo: ‘algo divertido, oh, bueno, irónico. Juan es muy irónico. Y profundo.’

– L.: Bueno, ¿y qué le diste?

– R.: Pues La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. No sé por qué, sólo podía pensar en él. Otras veces se me ocurren varios y dejo que la otra persona opine, pero ésta vez no sé por qué lo único que veía cuando volvía la mirada hacia adentro era La elegancia del erizo.

– L.: ¿Y se lo llevó?

– R.: Si. Pero antes me preguntó: ¿crees de veras que a él le gustará, que le irá bien ahora?

– L.: ¿Y qué respondiste?

– R.: Que sí, que creía de veras que, por lo que ella me había dicho, era el libro adecuado para su primo.

– L.: Entonces, ¿cuál es el problema?

– R.: No sé, estaba muy segura. Pero fue irse ella y a mi se me agrietó el firme suelo librero sobre el que suelo corretear. Me aterra que no le guste o que no sea el libro adecuado para su estado anímico, que si está en un precario equilibrio emocional una lectura inadecuada le remate…

– L.: Regina, eso no está en tu mano. Tú has hecho lo que has podido y con la mejor intención, ¿no?

– R.: Si

– L.: ¡Pues ya está!

Decidí sacudirme la inquietud espiritual moviendo unas cuantas cajas.

Mientras lo hacía reflexioné sobre el fenómeno de La elegancia del erizo, una de las lecturas que más me ha impresionado en los últimos dos años y que, por suerte, sigue circulando sin cesar y por obra y gracia del ‘boca a boca’ y del ‘ojo al ojo’, que es como llamo yo al fenómeno de recomendación silenciosa y anónima vía ver un desconocido enfrascado en la novelita en cuestión.

Y vosotros, queridos, ¿leísteis La elegancia del erizo? ¿Cómo llegasteis a ella? ¿Qué lectura le hubierais sugerido a la chica? ¿Acerté? ¿Patiné?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: El gran milagro de la Literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura, humor y píldoras sobre el amor, la sociedad, la amistad, el Arte y la felicidad. Sus dos protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino que desencadenará la catarsis espiritual de estas dos almas gemelas. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y tremendamente divertida, cargada de esas verdades veladas que todos miramos pero que sólo algunos ven a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora y deliciosamente inesperada.