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¿Qué aroma desprendes al hablar?

Que las palabras contienen emociones por sí mismas es innegable. Continuamente asociamos sensaciones a todo lo que escuchamos, y es que las palabras pueden usarse también para transportarnos; tienen vida. Podemos usar este poder o no, todo dependerá de nuestro objetivo. Nuestra ya conocida experta en este blog, Carmen Acosta, psicóloga, máster en comportamiento no verbal/logopedia y fundadora de OHLAVOZ.com nos desvela en este artículo que nuestra comunicación puede evocar mucho más que simple información objetiva y transformarnos en armas persuasivas.

Espero que su aportación os fascine tanto como a mí.

Hay palabras que desprenden aromas embriagadores mientras que otras son frías e inodoras como el acero. Las palabras que embriagan lo hacen evocando imágenes, sensaciones, colores, emociones… mientras que las inodoras se limitan a transportar, de la manera más aséptica posible, el significado.

La poesía es el reino de las palabras olorosas, mientras que la ciencia o el BOE lo son de las inodoras. Dependiendo del contexto y de nuestras intenciones será interesante utilizar unas u otras. Y esto es muy importante, porque si nuestro modo de expresarnos implica la preferencia constante por un tipo de palabras o por el otro, podremos tener serios problemas comunicativos. “Amanecer” desprende más aromas que “salir el sol”. Significan lo mismo, pero su poder evocador es diferente. Y eso puede facilitar o entorpecer la comunicación dependiendo de la situación en la que nos encontremos.

Cuanto más delimitado está el significado, menos espacio para la evocación queda, la expresión se vuelve más objetiva y, por tanto, menos sugerente. Pierde capacidad emocional, pero gana concreción. De las palabras olorosas nos servimos cuando queremos poner en juego las emociones. Así para seducir, persuadir o crear un slogan acudimos a buscarlas en la poesía y no en un acta notarial.

Sin embargo, si estamos sumidos en una discusión, redactando un comunicado o vamos a abordar temas no personales, será mejor que limitemos y vigilemos las palabras que puedan resultar más embriagadoras, porque no sabemos qué tipo de evocación van a producir en la mente de los interlocutores. “Amaneció a la vida” transporta más contenidos y más potencial de desencadenar emociones , que “nació”, pero los contenidos de “nació” son más claros y compartidos que los de su versión metafórica. Por eso las metáforas son tan útiles para disparar los aromas y con ellos las emociones.

Usar metáforas implica asumir el riesgo que supone abrir la caja de los vientos en la mente de nuestro interlocutor, pero tiene la enorme ventaja de permitirnos mover las emociones de quienes nos escuchan. En cada situación comunicativa deberemos valorar cuánto riesgo queremos y podemos asumir.

 

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Usar máscaras emocionales para lograr el engaño

Las emociones son recursos para expresar lo que sentimos o lo que queremos que los demás ‘crean’ que sentimos. Sobre todo la sonrisa es un arma letal para manipular a los demás en una primera toma de contacto, su poder puede ser muy beneficioso para conseguir lo que deseamos; y no solo de adultos… ¡lo hacemos desde que somos bebés! Hay estudios que demuestran que los bebés sonríen cuando se sienten felices pero también expresan la mejor de sus sonrisas deliberadamente para complacer, despertar la atención y para que los demás incluso repitan conductas que quieren ver de nuevo; dulce y tierno, pero es una forma más de sutil persuasión.

Cualquier expresión emocional puede ser falsificada y utilizada para ocultar cualquier otra emoción. La máscara de la sonrisa, que es la más utilizada de las máscaras emocionales, sirve como la expresión opuesta de las emociones negativas: miedo, ira, angustia, disgusto, etc. Esta máscara se utiliza a menudo porque muchas mentiras requieren de alguna señal de felicidad o similar para lograr engañar con éxito. Otra razón por la que la sonrisa se usa como máscara es porque la sonrisa forma parte de muchos saludos estándares y, por tanto, tenemos asimilado que significa cortesía en la mayoría de los intercambios sociales.

Las máscaras emocionales funcionan porque la ignorancia es felicidad. Parece que, independientemente de conocer las diferencias entre una sonrisa real y una sonrisa falsa, los verdaderos sentimientos de una persona no se detectan. Esto no se debe a que la sonrisa sea una máscara infalible, sino a que en las relaciones sociales superficiales, rara vez nos importa cómo se siente realmente la otra persona; todo lo que se espera es un pretexto de amabilidad y agrado sin más.

Este ‘engaño’ (no) se realiza siempre con mala intención. En raras ocasiones las sonrisas se escudriñan con atención, la gente está acostumbrada a pasar las mentiras por alto en el contexto de un simple saludo cortés. Uno podría argumentar que es incorrecto llamar a estas máscaras emocionales “mentiras” debido a la regla implícita de que la mayoría de los saludos educados no permiten la expresión de emociones verdaderas y negativas. Quizás hemos tenido un día horrible pero no queremos contarlo a una persona con la que no tenemos confianza, o simplemente no nos apetece dar explicaciones y respondemos que ‘estamos bien’ con una sonrisa fingida. Otra razón, quizás más sencilla que todas las anteriores, de la popularidad de usar la sonrisa como máscara sea que se trata de la expresión facial emocional más automática y fácil de realizar de forma voluntaria.

 

 

*Fuente: “Telling Lies” de Paul Ekman

¿No debería estar el humor más presente en el discurso político?

Cómo echo de menos un ataque de risa entre nuestros políticos españoles, pero uno de los de verdad, a lo Boris Yeltsin y Bill Clinton en los años 90. No me digáis que no se os contagia la risa cuando veis el vídeo…

Utilizar el humor como recurso es una práctica habitual en los buenos discursos. Si esto es así, el humor debería estar más presente en el discurso político. Transmitir emociones positivas de esta forma tan espontánea ‘siempre’ favorece. Los políticos son humanos, no robots, deberían sentir y mostrar, emocionarse, enfadarse cuando toca, pero también llorar de alegría, reírse a carcajadas. Mejorará la percepción que tienen los demás de ellos, pero también su auto-percepción, todos los que hablamos en público sabemos que es una situación que siempre genera más o menos tensión, utilizar el humor o simplemente sonreír ayuda a ‘soltarse’ y crear un ambiente favorable para el éxito del discurso.

Beaming Smiling ManTenemos la suerte de que el humor está presente en todas las culturas, requiere del uso del lenguaje, de la empatía y de complejos mecanismos. En la evolución de los homínidos el reírse en grupo remplazó a lo que en otros primates era el acicalarse, como podía ser peinarse mutuamente. La función primordial del humor es la de crear vínculos o reforzar los existentes. Por lo tanto, la risa se utiliza como un mecanismo de reforzamiento de la unión dentro de un grupo. El motivo que nos lleva a sentirnos más vinculados a aquellos que se ríen con nosotros, que nos provocan una carcajada, o que se ríen de nuestras bromas son las endorfinas. Al reírnos segregamos endorfinas, un neurotransmisor que juega un papel clave en la creación de vínculos.

El humor y la política tienen en común el uso de la retórica, en ambos se tiene que utilizar la palabra, las metáforas, la ironía, para defender una postura concreta, defender un argumento, o hacer reír. La retórica se define según el filósofo Aristóteles como “la facultad de observar, en cada situación, cuáles son los medios disponibles para la persuasión”. Esta persuasión verbal es, tanto para el político como para el humorista, la manera de encontrar soluciones creativas a situaciones o públicos que se resisten a aceptar una premisa concreta.

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