Archivo de la categoría ‘Ciencias de la Tierra’

Arte y ciencia se alían contra la contaminación urbana

Por Fernando del Blanco Rodríguez (CSIC)*

Zabol, Onitsha, Peshawar, Gwalior… Tal vez a un oído europeo no le diga mucho el nombre de estas ciudades. Sin embargo, cada una de ellas se encuentra representada en uno de los doce relojes que conforman la instalación artística conTIMEminación, que se exhibe el Centro de Investigación y Desarrollo de Barcelona (CID-CSIC). ¿Por qué?

conTIMEminacio

Pues precisamente porque estas ciudades presentan algunos de los índices de polución ambiental más altos del mundo si atendemos a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2016 sobre calidad de aire y, en concreto, a los indicadores de presencia de material particulado en suspensión (PM).

Este material particulado al que alude la OMS y que es posible detectar en la atmósfera de nuestras ciudades se suele clasificar en dos grupos según el tamaño de las partículas que lo constituyen: por un lado, las partículas de diámetro aerodinámico igual o inferior a los 10 micrómetros (µm) –un micrómetro equivale a una milésima parte de un milímetro–, denominadas PM10; y, por otro, la fracción respirable más pequeña, las partículas de diámetro aerodinámico inferior o igual a los 2,5 micrómetros, a las que nos referimos como PM2,5.

El tamaño no supone la única diferencia entre ambos grupos. Las PM2,5, consideradas las más potencialmente peligrosas para la salud, se originan sobre todo en fuentes de combustión creadas por los seres humanos, como las emisiones de los motores diésel. Mientras, una parte significativa de las partículas de mayor tamaño suele ser de tipo metálico o mineral, ya sea de origen antrópico (humano) o natural.

La instalación conTIMEminación, creada por el artista Francisco Martínez Gómez, explora los problemas derivados de la presencia de estas partículas en nuestros entornos. Consta de doce relojes en funcionamiento, cada uno de los cuales ha sido inyectado con un producto metafóricamente tóxico que detendrá su mecanismo a medida que la agujas ya no sean capaces de superar la resistencia creciente e incesante de la sustancia extraña que las entorpece.

El proyecto, que cuenta con la colaboración de los investigadores del CSIC Xavier Querol y Sergi Díez, propone una reflexión en torno al volumen de contaminación al que estamos sometidos los habitantes de los núcleos urbanos y esboza el desenlace alegórico al que nos abocaría no comprender la magnitud de este riesgo.

Cada reloj representa una ciudad: Zabol (Irán), Onitsha (Nigeria), Peshawar (Pakistán), Riyadh (Arabia Saudí), Gwalior (India), Guangzhou (China), Moscú (Rusia), Estambul (Turquía), Buenos Aires (Argentina), París (París), Barcelona (España) y Lima (Perú). El artista y los investigadores matizan que la instalación no pretende reflejar los datos científicos de forma precisa, sino ilustrar la dimensión global del problema. Estas ciudades sufren significativos problemas de polución, aunque no todas presentan los indicadores más altos de contaminación.

Tendencias opuestas

“La tendencia de la calidad del aire en el mundo puede llegar a seguir evoluciones temporales opuestas en función del desarrollo económico”, explica Querol. “Mientras en Europa, Australia, EEUU, Japón y otras sociedades desarrolladas, la calidad ha mejorado drásticamente en las últimas décadas, en algunas ciudades de Irán, Pakistán, India y China se evidencia un empeoramiento muy marcado”, aclara este investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC.

Concentración de material particulado con diámetro aerodinámico igual o menor a 2,5 micrómetros (PM2,5) en cerca de 3.000 áreas urbanas, 2008-2015. / Organización Mundial de la Salud, 2016

Mapa PM 10

Concentración de material particulado con diámetro aerodinámico igual o menor a 10 micrómetros (PM10) en cerca de 3.000 áreas urbanas, 2008-2015. / Organización Mundial de la Salud, 2016

El caso de España está en sintonía con el europeo. Si en 2005 en nuestro país 49 zonas incumplían la normativa para PM, en la actualidad solo lo hace una (Avilés). Esta tendencia ha reducido notablemente las muertes prematuras anuales atribuibles a la mala calidad del aire en la Unión Europea: según la Agencia Europea de Medio Ambiente, se ha pasado de una estimación de un millón de muertes al año en 1990 a otra de 400.000 en 2016.

Querol considera que “los países y ciudades más avanzados en política ambiental han asumido social y políticamente que la calidad del aire no es un tema solamente de ecologismo, sino que lo es de salud pública en primer lugar”. Sin embargo, estos avances no han servido para alcanzar metas como la estrategia europea inicial en materia ambiental. “Prueba de ello es que desde 2010 debíamos cumplir una legislación en dióxido de nitrógeno que se ha infringido ampliamente en toda la Europa urbana; o que aún no se han adoptado como normativos los valores guía para PM de la OMS, a pesar de que la primera directiva de calidad del aire en Europa establecía que esto debía hacerse en 2010”, afirma el investigador.

A su juicio, para reducir la contaminación urbana es necesario adoptar medidas que “afectan al vehículo privado y la distribución de mercancías”. En esta dirección se enfoca el proyecto europeo Airuse Life +, galardonado como el mejor proyecto `Ciudades Verdes´ de 2018 y coordinado por este especialista. La iniciativa propone una reformulación urbanística, logística y del transporte muy profunda como estrategia para conseguir reducir la contaminación del aire en nuestras ciudades.

Mientras esto pasa en Europa, conTIMEminación se pregunta si estas medidas –en caso de que se implementen– llegarán a tiempo, y si lo harán en aquellos entornos –como los de los países en desarrollo– donde sus habitantes sufren un tipo de pobreza aun escasamente contemplada como un fenómeno de desigualdad geoeconómica: la pobreza ambiental. La imposibilidad de respirar aire digno.

Zabol, Onitsha, Peshawar, Gwalior…

* Fernando del Blanco Rodríguez es bibliotecario en el Centro de Investigación y Desarrollo del CSIC.

Si los muros del Metro hablaran… ¿Qué nos dicen los azulejos de una ‘estación fantasma’?

Por Elena Mercedes Pérez Monserrat y Mar Gulis (CSIC)*

El Metro de Madrid cumple 100 años en 2019. Esta red de Metro, que hoy es una de las mejores del mundo y cuenta con 302 estaciones a lo largo de 294 kilómetros de recorrido, fue inaugurada en 1919 por el rey Alfonso XIII con una sola línea Norte-Sur que iba desde Puerta del Sol a Cuatro Caminos (el germen de la que hoy se denomina Línea 1), con un total de 8 estaciones y que no llegaba a cubrir 3,5 kilómetros.

En los años 60 del siglo XX, cuando la compañía Metropolitano decidió alargar los trenes, se reformaron las estaciones para que los andenes pasaran de tener 60 a 90 metros. Pero hubo una estación en la que, por su situación en curva y por la cercanía a las paradas colindantes, no se pudo acometer esta reforma y acabó siendo clausurada por el Ministerio de Obras Públicas: la estación de Chamberí.

 

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

Tras más de 40 años cerrada y siendo objeto de curiosidades varias, la estación de Chamberí, después de una importante actuación de limpieza, restauración y conservación, fue reabierta en 2008 como centro de interpretación visitable del Metro de Madrid. Durante esas décadas en las que la “estación fantasma” permaneció cerrada al público, los accesos exteriores fueron vallados, hecho que permitió que se conservaran muchos de los objetos cotidianos de la época, como carteles publicitarios, tornos, papeleras… así como las cerámicas que recubrían toda la estación. Es decir, lo excepcional del lugar es que se trata de la única estación del Metropolitano que conserva su estado original casi en su práctica totalidad.

Luz y color para el Metropolitano de Madrid

En 1913 los ingenieros Carlos Mendoza (1872-1950), Miguel Otamendi (1878-1958) y Antonio González Echarte (1864-1942) presentaban un proyecto de red de metro para la ciudad de Madrid. El arquitecto Antonio Palacios (1874-1945) fue el encargado de diseñar las estaciones, los accesos y los edificios del proyecto. Se buscaba integrar el uso de materiales tradicionales en un entorno tecnológico completamente nuevo, dando un resultado muy decorativo de marcado estilo español. Con la aplicación de azulejería en el suburbano se pretendía proporcionar luminosidad y color a unos nuevos espacios -bajo tierra- que iban a ser utilizados por personas acostumbradas a la luz natural. La rica variedad de cerámicas de las diversas regiones españolas facilitó poner en práctica este empeño.

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

En Madrid, la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura tuvo su máximo apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX. Entonces, la azulejería publicitaria -especialmente en las estaciones del Metropolitano- y la urbana cobraron un especial significado. Este material favoreció el auge de las industrias cerámicas de los principales centros productores. Así, en la arquitectura madrileña de principios del siglo XX la cerámica vidriada desempeñaba un papel esencial desde la concepción inicial de los proyectos; y cabe resaltar la apuesta por seleccionar materias primas nacionales para su elaboración. En cuanto a las piezas de reposición que se han elaborado recientemente para las labores de restauración, se han respetado los aspectos formales de las originales, pero utilizando materiales y tecnologías que incrementan su resistencia.

El uso de la cerámica vidriada respondía también al apogeo en la época de la publicidad alicatada, así como a las condiciones de buena conservación y fácil limpieza que presenta la azulejería. Tras la Guerra Civil española (1936-1939) la publicidad en cerámica de la estación fue cubierta por tela y papel, que protegieron las cerámicas.

Qué nos dice el análisis científico de las cerámicas vidriadas de Chamberí

Un estudio multidisciplinar coordinado por personal investigador del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM) ha permitido conocer las materias primas y las tecnologías de fabricación de unas cerámicas vidriadas extraordinarias, especialmente elaboradas para este emplazamiento excepcional: la estación de Metro de Chamberí (Madrid). El conocimiento adquirido pretende apostar por la conservación y puesta en valor de estos materiales, tanto de las piezas originales como de las de reposición.

Conforme a la función que desempeñan en la estación, las piezas estudiadas se agrupan en:

  • Azulejos blancos y lisos, que revisten la práctica totalidad de los paramentos y desempeñan una función esencialmente práctica, al otorgar luminosidad y resultar de fácil limpieza.
  • Piezas con reflejo metálico y superficies adornadas, con un carácter marcadamente decorativo, resaltando los encuentros de los planos y el enmarcado de la publicidad alicatada en los andenes.
Piezas originales. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas originales. Arriba: azulejos blancos, elaborados en Onda (Castellón). Abajo: piezas con reflejo metálico, elaboradas en Triana (Sevilla). Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Los azulejos blancos originales fueron fabricados en Onda (Castellón) a partir de mezclas arcillosas muy ricas en carbonatos y cocidas a unos 950 ºC. Presentan un vidriado plúmbico alcalino cuya opacidad es en gran parte otorgada por partículas ricas en plomo y arsénico. Las piezas originales de carácter decorativo -con reflejo metálico- fueron elaboradas en Triana (Sevilla) a partir de arcillas illíticas calcáreas y cocidas entre 850-950 ºC. Se cubrieron con vidriados plúmbicos transparentes, con la adición de cobre y estaño.

Piezas de reposición. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas de reposición, elaboradas en Madrid. Arriba: azulejos blancos. Abajo: piezas con reflejo metálico. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Las piezas de reposición se elaboraron según el aspecto de las originales y se apostó por la utilización de materiales y técnicas que otorgaran especial resistencia a las piezas. Se fabricaron en Madrid con materias primas principalmente procedentes de Barcelona, Castellón y Teruel. Las blancas, a partir de arcillas illítico-caoliníticas y calcáreas ricas en cuarzo cocidas a >950 ºC, aplicando un vidriado alcalino muy rico en zircona y alúmina. Las nuevas piezas con reflejo se elaboraron a partir de arcillas illítico-caoliníticas muy alumínicas cocidas a <850 ºC y con la importante adición de una chamota especialmente refractaria, cubriéndose con un vidriado plúmbico-potásico rico en alúmina.

 

* Este proyecto de investigación ha sido realizado por un equipo multidisciplinar del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM), la Universidad de Granada, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Puedes leer el artículo completo aquí.

Blockchain, tierras raras, aceleradores de partículas… El CSIC lleva la actualidad científica a la Feria del Libro

Por Mar Gulis (CSIC)

¿Sabes cómo funcionan el bitcoin y otras criptomonedas? Si quieres algunas pistas, el martes 11 de junio en la Feria del Libro de Madrid David Arroyo, Jesús Díaz y Luis Hernández presentarán su libro Blockchain. Los autores explicarán al público los entresijos de esta tecnología y sus aplicaciones en la denominada criptoeconomía.

Como cada año, investigadores e investigadoras del CSIC acudirán a esta emblemática cita para dar a conocer los últimos libros publicados en las colecciones ‘¿Qué sabemos de?’ y ‘Divulgación’ (CSIC-Catarata), que acercan la ciencia al público general. El mismo día 11, además de criptoeconomía, se hablará del futuro de la óptica; el LHC, el mayor acelerador de partículas del mundo; y las tierras raras, 17 elementos químicos omnipresentes en las sociedades tecnológicamente avanzadas y, sin embargo, poco conocidos.

El 12 de junio, la investigadora Pilar Ruiz Lapuente se ocupará de la energía oscura, del posible final “frío y estéril” del cosmos y de otras cuestiones relacionadas con la astrofísica que aborda en su libro La aceleración del universo. En la misma jornada tendrán cabida temas como la tabla periódica de los elementos químicos, el albinismo y otras mutaciones genéticas o el papel de las áreas protegidas en la sostenibilidad ambiental.

En total, el CSIC y la editorial Los Libros de la Catarata, presentarán ocho obras de divulgación a través de las intervenciones de sus propios autores.

Estas son las coordenadas

Las presentaciones se realizarán los días 11 y 12 de junio, a partir de las 12:30 horas, en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales, situado en las proximidades de los jardines de Cecilio Rodríguez del parque de El Retiro. De acceso libre, estas citas son una oportunidad para escuchar y plantear preguntas a los protagonistas de la ciencia.

Quienes busquen actividades para público más joven, el sábado 8 de junio tienen además una cita en el Pabellón infantil. Allí, investigadores del CSIC que han participado en la obra Descubriendo la luz. Experimentos divertidos de óptica realizarán demostraciones para niños y niñas. Las sesiones, de entrada libre y una duración de 15 minutos, se prolongarán desde las 12:30 hasta las 15:00 horas.

Y si la prioridad es llevarte tu libro con dedicatoria incluida, pásate por la caseta del CSIC (número 19) o la de Los Libros de la Catarata (número 336). Durante toda la feria, los autores de las novedades editoriales estarán en firmando ejemplares.

La información de las firmas se puede consultar aquí.

De la investigación a tu casa: ¿cómo controlar el gas radón?

Por Borja Frutos Vázquez* y Mar Gulis (CSIC)

Llega el día en el que por fin decides mudarte a otra vivienda. Has escogido una bonita casa ubicada en la sierra, alejada de la gran ciudad, el tráfico, el bullicio y la contaminación. La situación te parece idílica y vives con ilusión el cambio hasta que un día, hablando con tus nuevos vecinos, descubres que vivir en ella te podría acarrear serios problemas de salud. Te informas y descubres que la mayoría de las casas construidas en esa zona tienen, en su interior, concentraciones de un gas que es considerado cancerígeno y que este se adentra en la vivienda de manera natural a través del suelo… ¿verdad que la situación ha empeorado bastante?

Esto nos podría suceder a cualquiera que decidamos ir a vivir a alguna de las zonas consideradas de potencial riesgo por presencia de radón según los mapas publicados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Esta cartografía representa, para todo el territorio nacional, los posibles niveles de presencia de gas radón según tres categorías.

Mapa de exposición potencial al radón elaborado por el CSN que muestra las tres zonas de riesgo, siendo la categoría 2 (color naranja) la de máximo riesgo

Pero tratemos de conocer mejor este gas, cómo puede estar presente en nuestros hogares y cómo podría afectar a nuestra salud.

El isótopo del radón Rn-222 aparece en la naturaleza como producto de la desintegración natural del radio-226, común en la corteza terrestre. La cantidad de este gas que puede exhalar viene definida, por un lado, por el contenido de radio del sustrato (por ejemplo, los graníticos), y por otro, por la permeabilidad del mismo, que facilita la movilidad a través de los poros. El radón, como elemento gaseoso, posee una alta movilidad y puede penetrar en los edificios a través de fisuras o grietas o por la propia permeabilidad de los materiales que estén en contacto con el terreno. Así, puede entrar fácilmente en el interior de la vivienda, atravesando los forjados, soleras y muros.

Caminos de mayor entrada de gas radón, que suelen coincidir con los puntos débiles de estanquidad de la envolvente en contacto con el terreno, fisuras, juntas, cámara de aire, chimeneas, conductos de saneamiento o materiales de cerramiento/ Elaboración propia

La acumulación de este gas en los recintos cerrados puede elevar las concentraciones y constituir un riesgo para la salud de las personas que lo inhalen. La OMS advierte de sus efectos, situándolo como agente cancerígeno de grado uno (es decir, probado), y alerta de que se trata de la segunda causa de cáncer de pulmón, detrás del tabaquismo. En otros documentos, como los publicados por la Agencia Estadounidense para la Protección Ambiental (EPA), se ofrecen datos de muertes asociadas a la inhalación de gas radón del mismo orden que las atribuidas a los accidentes de tráfico.

Dada la gravedad de la problemática y a partir de la percepción del riesgo derivada de estudios médicos epidemiológicos, algunos países han establecido unos niveles de concentración de radón de referencia, por encima de los cuales se recomienda, o se obliga según el caso, a una intervención arquitectónica para reducir los niveles. La concentración de este gas se expresa en bequerelios (número de desintegraciones subatómicas por segundo) por metro cúbico de aire y los valores límite que se están manejando a nivel internacional oscilan entre 100 y 300 Bq/m3, publicados en documentos de la OMS, la EPA o la Comisión Europea, mediante la Directiva 2013/59/EURATOM. Sobrepasados los niveles citados, resulta necesario realizar actuaciones correctoras para reducir las concentraciones.

¿Cómo se puede actuar frente al radón en las viviendas?

El CSN ha publicado una guía sobre las diferentes técnicas que se pueden emplear. Estas actuaciones se pueden clasificar en tres categorías. Ordenadas de mayor a menor eficacia, serían las siguientes:

  • Técnicas de despresurización del terreno. Se centran en drenar el gas contaminado en el terreno mediante redes o puntos de captación insertados en el subsuelo con conexión al ambiente exterior. Suelen usarse equipos de extracción para mejorar el rendimiento y radio de acción. Es una técnica de alta eficacia, aunque requiere de técnicos especializados.
  • Técnicas de barreras frente al radón. Se basan en la instalación de barreras estancas frente al paso del gas en todo elemento constructivo que separe el edificio del terreno. La colocación idónea es bajo la solera y por el exterior de los muros de sótano, por lo que suele usarse en proyectos en fase de ejecución y no en viviendas existentes.
  • Técnicas de ventilación. Mediante el intercambio de aire con el exterior se consigue reducir la concentración por dilución. Esta técnica puede requerir altas tasas de intercambio de aire que en muchos de los casos puede perjudicar la eficiencia energética por pérdidas de confort térmico. Se aconseja para situaciones de concentración baja o moderada.

Desde la identificación del radón como agente cancerígeno se ha incrementado el interés por el desarrollo de técnicas de protección. Durante las últimas dos décadas, se han venido probando soluciones y estudiando sus efectividades. En nuestro país, hace ya tiempo que se llevan a cabo estudios relacionados con la medida del gas, las concentraciones, los mecanismos de transporte o los efectos sobre la salud. Sin embargo, la investigación sobre las técnicas de protección y las experiencias de aplicación son aún escasas. En esta línea, en el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja del CSIC se están desarrollando, en la actualidad, dos proyectos con el objetivo de controlar con mayor precisión la eficacia y optimizar el diseño de técnicas de protección. En concreto, el proyecto RADONCERO, busca obtener datos de optimización de los sistemas de protección frente a la entrada de gas radón en edificios para desarrollar una metodología de intervención que tenga en cuenta la diversidad de terrenos, las tipologías edificatorias más comunes en España y el uso que se les vaya a dar.

Para ello, en primer lugar, se evalúa la penetración de radón en edificios existentes analizando varias tipologías de terrenos y técnicas constructivas. En segundo lugar, se estudian los sistemas de protección como las barreras y los basados en extracciones de gas y ventilaciones (mediante el uso de herramientas informáticas que permiten simular procesos de movimiento del gas en todo el recorrido, desde el terreno hasta el interior del edificio). La última fase del proyecto consiste en la intervención en los edificios previamente analizados, aplicando el método resultante de los estudios de simulación antes citados y el método que ha sido propuesto para la protección frente al radón.

Dado que, a pesar de su importancia, aún no existe una reglamentación específica al respecto en nuestro país, los resultados de este proyecto constituyen una referencia técnica para el documento básico de protección frente al gas radón que se encuentra en la actualidad en fase de desarrollo en el ámbito del Código Técnico de la Edificación.


* Borja Frutos Vázquez es investigador del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc), del CSIC y lidera el proyecto RADONCERO.

25.000 especies están amenazadas: ¿cómo nos afecta esta pérdida de biodiversidad?

Por Mar Gulis (CSIC)*

Cerca de 25.000 especies están amenazadas por el cambio global causado por el ser humano. Más concretamente, el cambio climático amenaza la extinción de entre el 15 y el 37% de todas las especies terrestres de aquí a 2050. Estas son algunas de las cifras que recoge el libro colectivo Cambio global. Una mirada desde Iberoamérica, una publicación de LINCglobal en la que han participado una decena de investigadores e investigadoras del CSIC.

Las cascadas de Houpeton (Australia), póximas al Otway National Park, forman parte de un entorno de extraordinario valor ecológico por su gran biodiversidad. / David Iliff

La comunidad científica coincide en que vivimos en un periodo de extinción masiva de especies. Esta pérdida de biodiversidad es una de las consecuencias más perniciosas del denominado cambio global, referido al conjunto de transformaciones que la actividad humana está provocando a escala planetaria, y que ha llevado a algunas voces expertas denominar al actual momento como la Era del Antropoceno.

Pero este proceso comenzó hace mucho tiempo. Como explica el libro, “en los últimos 11.000 años (…), la humanidad se ha venido apropiando, de forma creciente y continuada, de los recursos biológicos y de la productividad natural de la tierra y el mar, para generar crecimiento y expandir las civilizaciones”. Como resultado, más de la mitad de la superficie habitable de la tierra ha sido significativamente modificada por la actividad humana. Hemos alterado la naturaleza, y por tanto la biodiversidad, a través de la agricultura, la silvicultura y la pesca; la sobreexplotación de las especies de valor comercial; la destrucción, conversión, fragmentación y degradación de hábitats; la introducción de especies exóticas; la contaminación del suelo, el agua y la atmósfera, etc. Nuestro modelo de “desarrollo” es insostenible, pues se apoya en la explotación de recursos naturales y en la generación de todo tipo de desechos sobre los sistemas naturales. Esa actividad frenética va acompañada de una mayor producción y consumo de energía, un aumento de contaminantes y un incremento de las temperaturas.

Las deforestaciones realizadas en la Amazonía ponen en peligro a muchas especies que habitan en esta región. / Aaron Martin

Pero, ¿qué efectos tiene la pérdida de la biodiversidad para la humanidad? Este concepto va mucho más allá de la diversidad de especies; se refiere a todas las variaciones de las formas de vida en una determinada región, lo que incluye también la diversidad genética, de formas, de atributos funcionales, de interacción entre especies e incluso de ecosistemas. Por ello, la pérdida de biodiversidad, en  cualquiera de sus formas, tiene consecuencias muy perjudiciales para la humanidad a corto y a largo plazo. Sectores como la producción de alimentos, el suministro de agua potable y la producción de medicamentos dependen directamente de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos. Por ejemplo, la sobreexplotación de los océanos puede poner en peligro la pesca y afectar a la soberanía alimentaria de muchas comunidades, como sucede en la costa chilena, donde las pesquerías están prácticamente en colapso. También la deforestación y consiguiente pérdida de los bosques promueve la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y puede alterar el ciclo hidrológico. Esta situación se observa en la Amazonía a través de los llamados ‘ríos voladores’, expresión que alude al vapor de agua generado por el bosque y que regula la precipitación en diferentes regiones del continente. Dicha regulación garantiza a su vez el agua necesaria para el consumo humano, la agricultura, la ganadería y la electricidad, de ahí que la pérdida de diversidad biológica sea tan nociva.

Junto a lo anterior, la obra se refiere a los efectos en el ecoturismo. Esta actividad, importante fuente de riqueza para muchas regiones, puede comprometerse si se pierde biodiversidad y se degradan los paisajes. Lógicamente, el deterioro del sector conllevaría la destrucción de empresas y puestos de trabajo relacionados con el turismo sostenible.

Aunque aún no conocemos el papel exacto de la biodiversidad en el mantenimiento de los procesos ecológicos, el debate científico en torno a esta cuestión se ha intensificado. Tanto es así que la ONU ha declarado el 22 de mayo Día Internacional de la Diversidad Biológica.

Como señala la obra Cambio global. Una mirada desde Iberoamérica, “asignar un valor a la biodiversidad no es sencillo, no podemos establecer un valor monetario, pero sin ninguna duda su mantenimiento y conservación son esenciales para el bienestar humano en el planeta”.

LiquenCity: busca líquenes urbanitas y conoce la calidad del aire de tu ciudad

Por Mar Gulis (CSIC)

La clasificación de los líquenes fotografiados es la base de este proyecto de ciencia ciudadana.

“En 1866, William Nylander fue el primer investigador que observó la desaparición de los líquenes según se adentraba en el centro de París durante el auge de la revolución industrial”, señala la web del proyecto LiquenCity. En efecto, durante décadas la comunidad científica ha utilizado los denominados epífitos, que crecen en la corteza de los árboles, para conocer el grado de contaminación atmosférica.

¿Por qué los líquenes? Estos organismos, formados por la unión simbiótica de un hongo y, al menos, un organismo fotosintético (un alga verde o una cianobacteria), son muy sensibles a los cambios ambientales en general y a la contaminación atmosférica en particular; por eso son buenos bioindicadores. “A diferencia de las plantas, no tienen estructuras activas para regular la entrada y salida del agua y los gases del aire, por lo que las sustancias que hay en la atmósfera, entre ellas las contaminantes, se acumulan fácilmente en su interior. Esto provoca síntomas de deterioro mucho más rápido que en otros organismos, lo que les convierte en excelentes centinelas de problemas potenciales para nuestra salud”, explica la misma web. De hecho, “se han publicado más de 2.000 trabajos científicos basados en el uso de líquenes como bioindicadores de la calidad del aire y los niveles de contaminación por dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, metales pesados… en los 5 continentes”.

Si te interesa saber cuál es la calidad del aire de tu ciudad o cómo varía de unos distritos a otros, quizá puedas participar en LiquenCity. En este proyecto de ciencia ciudadana, cuyo investigador principal es el liquenólogo Sergio Pérez Ortega, cualquiera puede identificar líquenes urbanos que servirán después para medir la contaminación atmosférica.

El equipo que impulsa la iniciativa, del Real Jardín Botánico (RJB) del CSIC y el Nodo Nacional de Información de la Biodiversidad (GBIF), trabaja bajo la hipótesis de que, tras analizar los datos recopilados, se confirmará que cuanta mayor diversidad de líquenes se observe en un área, mejor será la calidad del aire, y viceversa. Sin embargo, no todas las especies de líquenes tienen la misma sensibilidad hacia la contaminación. Algunas desaparecen al menor atisbo de polución en el aire, mientras que otras son capaces de medrar en áreas muy contaminadas. De momento, LiquenCity se basa en una selección de especies que viven en Madrid y Barcelona con distinta resistencia a la contaminación.

¿Cómo puedes participar?

Dos estudiantes toman una muestra de líquen.

Muestrear líquenes es sencillo. Solo tienes que buscarlos en los troncos de los árboles de tu ciudad, hacerles una foto y colgarla en Natusfera a través de su página web o la app móvil. La comunidad de Natusfera –que incluye a expertos del RJB y de la Universidad de Barcelona– te ayudará a identificar la especie que hayas visto. El proyecto se ha diseñado para que la ciudadanía, de forma voluntaria, realice el monitoreo de los líquenes. Acompañados por alguien experto, los participantes, lupa en mano, acuden a un punto de la ciudad para buscar ejemplares y obtener muestreos en distintas zonas. De momento, LiquenCity se ha centrado en el ámbito educativo: desde el pasado octubre, esta iniciativa se ha presentado en más de 50 centros escolares, donde ha llegado a más de 2.000 estudiantes que han realizado unas 4.000 observaciones. Estos datos se han volcado en Natusfera y han permitido identificar más de 30 especies de líquenes.

También se busca la participación del público general. Por ejemplo, en Madrid LiquenCity ha reunido a grupos de 50 personas de diversos perfiles en la Casa de Campo y el Parque del Oeste para que, durante unas horas, se convirtieran en ‘buscadoras de líquenes’.

Ahora el proyecto está en la segunda fase, que consiste en analizar la información recopilada para elaborar mapas de contaminación de varios distritos de Madrid y Barcelona. Estos mapas se basarán en el cruce de datos sobre la diversidad de líquenes detectada y los niveles de contaminación registrados por los medidores que gestionan los respectivos ayuntamientos. Uno de los objetivos de LiquenCity es dar recomendaciones para que se adopten medidas que mitiguen la contaminación en las zonas más afectadas.

Si te interesa lo que has leído hasta ahora, echa un ojo a la web del proyecto. En los próximos meses, el equipo de LiquenCity pretende ampliar su radio de acción, así que previsiblemente se necesitarán más personas dispuestas a detectar líquenes urbanitas en otras ciudades como Zaragoza, Pontevedra, Pamplona y Oviedo.

Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la FECYT, y en ella participan también el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio-UB), todos en Barcelona.

Cometas: el terror que vino del cielo

Por Montserrat Villar (CSIC)*

Concebidos como profetas de la muerte, los cometas han inspirado terror en muchas culturas a lo largo de más de veinte siglos. Aparecían de pronto y se mantenían en el cielo durante semanas o incluso meses, perturbando su armonía. Se consideraban portadores de grandes desventuras: lluvias de sangre, animales nacidos con dos cabezas, enfermedades mortales… Una larga lista de horrores fue atribuida a los cometas hasta el Renacimiento. El pavor que causaban impulsó su observación, registro y clasificación para tratar de descifrar su significado y prepararse para las fatalidades que anunciaban.

China, siglo II antes de nuestra era. El aristócrata y político Li Cang, su esposa Xin Zhui y su hijo renacen tras la muerte y emprenden el viaje hacia la inmortalidad. Más de 2000 años después, en la década de 1970, se descubren sus tumbas en el yacimiento arqueológico de Mawangdui. Entre los miles de objetos encontrados, se halla un delicado lienzo de seda manuscrito. Contiene los dibujos de alrededor de 30 cometas, cada uno acompañado por un texto breve que previene sobre el mal concreto que causará (hambruna, derrota en una batalla, epidemia…).

En 1587 se publicaba el manuscrito Libro sobre cometas, con hermosas ilustraciones. El texto, anónimo, describe la materia de los cometas, su conexión con los planetas y su significado según la forma, color y posición. Así, cuando el cometa Aurora aparece sobre oriente habrá sequía, incendios y guerra. En la ilustración, una ciudad es devastada por las llamas bajo su auspicio sangriento. El resplandor de la conflagración ilumina la escena, mientras el brillo de Aurora se refleja en las nubes. El artista, por tanto, identifica los cometas como fenómenos atmosféricos. Diez años antes de la edición de este libro, el Gran Cometa de 1577 apareció en los cielos de Europa asombrando a sus gentes durante semanas. Tras estudiar sus movimientos, el astrónomo danés Tycho Brahe confirmó que se trataba de un acontecimiento celeste situado mucho más allá de la luna, y no de un fenómeno atmosférico, como creían numerosos eruditos de la época.

A principios del siglo XIV un joven pintor florentino rompía con la tradición. Cumpliendo el encargo de decorar el interior de la capilla de los Scrovegni en Pádova (Italia), Giotto de Bondone cubrió sus paredes de maravillosos frescos referentes a la vida de Jesús y de la Virgen María. En La adoración de los Reyes Magos representa la estrella de Belén como un cometa. Es probable que el artista viera el cometa Halley en 1301 y se inspirara en su aspecto. En este caso el mensaje es de esperanza: Cristo ha venido a salvar el mundo. Seis siglos después, en 1985, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó la misión Giotto, con cuyo nombre rendía tributo al artista. Se acercó a unos 600 kilómetros del cometa Halley, del que obtuvo imágenes espectaculares.

En octubre de 1858 el artista escocés William Dyce pasó unos días de descanso en Pegwell Bay, un popular lugar de vacaciones en la Inglaterra de la Reina Victoria. En su obra Pegwell Bay, Kent – Recuerdo del 5 de Octubre de 1858, el artista representa una escena entrañable en la que su familia pasea por la playa mientras recoge piedras y conchas. El esbozo apenas perceptible del cometa Donati descubierto ese año se aprecia en el cielo de la tarde. Es un elemento más del paisaje, ya no simboliza desgracias venideras: en el siglo XIX los cometas habían perdido su aura de terror. Desde el siglo XVII, las investigaciones de científicos como Edmund Halley habían ido desenmascarando la inocuidad de estos astros. Su significado en la obra de Dyce es aún más profundo: ese trazo sutil en el cielo sugiere que la existencia del ser humano es efímera, casi instantánea.

Obra de la artista rusa Ekaterina Smirnova

Obra de la artista rusa Ekaterina Smirnova

Comenzaba el año 2015 cuando la artista rusa Ekaterina Smirnova aprendía a producir agua pesada mediante electrólisis. Quería conseguir una composición similar a la hallada unos meses antes en forma de hielo en el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko por la misión Rosetta-Philae de la ESA. Con esta agua, Smirnova creó una serie de acuarelas de considerables dimensiones a partir de las imágenes del cometa obtenidas por la exitosa misión. Además, utilizó pigmentos oscuros mezclados a mano para recrear el bajo albedo (capacidad reflectora) de la superficie del cometa. Smirnova se sumerge en la ciencia para crear una obra bella e inspiradora, retrato de un astro distante y frío.

Decía Séneca en sus Cuestiones Naturales en el siglo I: “¡Tan natural es admirar lo nuevo más que lo grande! Lo mismo acontece con los cometas. Si se presenta alguno de estos cuerpos inflamados con forma rara y desacostumbrada, todos quieren saber lo que es; se olvida todo lo demás para ocuparse de él; ignórase si se debe admirar o temblar, porque no faltan gentes que difunden el terror, deduciendo de estos hechos espantosos presagios”. Dos mil años después, el mensaje cifrado de los cometas, esos ‘misteriosos’ cuerpos celestes compuestos por hielo, polvo y rocas que orbitan alrededor del Sol, nos habla de mundos primitivos y helados, del origen del Sistema Solar e incluso, quizás, de la propia vida.

 

* Montserrat Villar es investigadora del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). Coordina ‘Cultura con C de Cosmos’, un proyecto que surge del diálogo entre el estudio del universo y su reflejo en las diferentes manifestaciones artísticas a lo largo de la historia.

¿Conoces las tierras raras? Son 17 y algunas te acompañan cada día

Por Mar Gulis (CSIC)*

¿Has oído hablar del europio? ¿Y del gadolinio? ¿O quizá te suene el neodimio? Si alguna de tus respuestas es afirmativa, seguramente querrás saber más de estos y otros elementos de las tierras raras. Si no has escuchado nunca esos nombres, te sorprenderá averiguar que el europio está presente en tus billetes de euro para evitar falsificaciones, que el gadolinio se inyecta a los pacientes durante las resonancias magnéticas para detectar un cáncer, o que el neodimio entra en contacto con nuestras orejas cuando usamos auriculares. El investigador del CSIC Ricardo Prego Reboredo cuenta estas y otras muchas curiosidades en su libro Las tierras raras (Editorial CSIC-Los libros de la Catarata), donde se remonta a los primeros hallazgos de estos elementos químicos.

Fue a finales del siglo XVIII cuando, en el pequeño pueblo de Ytterby (Suecia), se abrió una mina para extraer feldespato, un mineral utilizado en la industria cerámica y del vidrio. Prego relata que un joven teniente del ejército sueco, Karl Arrhenius, visitó la mina y se fijó en un extraño trozo de roca negra que parecía carbón. Tras muchas vicisitudes y los trabajos de varios químicos, a partir de ese trozo de mineral se aislaron por primera vez varios elementos de las tierras raras: itrio, terbio y erbio. Pese a los avances, en el siglo XIX aún reinaba el desconcierto entre los mineralogistas y químicos que investigaban los nuevos elementos químicos y trataban de descifrar sus propiedades para ubicarlos en la tabla periódica. Tuvo que comenzar el siglo XX para que pudiera completarse “el mágico número de 17 elementos” de esta curiosa familia química: escandio, itrio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometio, samario, europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Según la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, todos ellos, excepto el escandio y el itrio, pertenecen al grupo de los lantánidos, situados en la parte inferior de la tabla periódica.

 

Este año se conmemora el 150º aniversario de la creación de la tabla periódica por el científico ruso Dimitri Mendeleiev. La Asamblea General de la ONU ha proclamado 2019 como el Año Internacional de la Tabla Periódica / Tximitx

En cualquier caso, no fue hasta después de la II Guerra Mundial cuando se avanzó en las aplicaciones de estos minerales. Desde entonces, la utilización de las tierras raras -denominadas así porqueen un principio los minerales que las contenían eran muy escasos y, además, todos ellos había que buscarlos en Escandinavia- se ha multiplicado exponencialmente, utilizándose en medicina y todo tipo de procesos industriales y desarrollos tecnológicos. Por ejemplo, el cerio aún se usa en cremas para el tratamiento de quemaduras, y también en catalizadores. El escandio forma parte de aleaciones empleadas para fabricar componentes de la industria aeroespacial. Uno de los elementos menos abundantes es el tulio, demandado como fuente de radiación en equipos de rayos X portátiles y láseres de estado sólido. El neodimio, el holmio y el disprosio son necesarios en algunos tipos de cristales de láser. Igualmente han sido exitosos los antiinflamatorios basados en compuestos con samario, y, en general, son varias las tierras raras utilizadas en la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores, baterías, imanes y electrodomésticos.

Desde los años 60, las transformaciones económicas y tecnológicas han ido de la mano de la explotación de estos minerales, hoy considerados esenciales para las tecnologías del futuro. He aquí la paradoja: dependemos de ellos, pero pocas personas los conocen. “Las tierras raras están omnipresentes en nuestra sociedad de alta tecnología hasta el punto de que se podría hablar de una Edad de las Tierras Raras con la misma propiedad que lo hacemos de las edades de Bronce o de Hierro”, explica Prego. “Sin embargo, esos elementos químicos no ocupan portadas en los periódicos”, agrega.

Desde el centro superior, en el sentido de las agujas del reloj: praseodimio, cerio lantano, neodimio, samario y gadolinio / Peggy Greb, US department of agriculture

La atención mediática podría aumentar, pues son minerales estratégicos para los Estados. Tanto es así que su explotación genera crisis económicas y tensiones geopolíticas entre países. Ese ‘lado oscuro’ de las tierras raras tiene distintas ramificaciones; por ejemplo, su utilización por la industria militar para la fabricación de los misiles teledirigidos. Pero quizá sea la dimensión ambiental la más preocupante. Aunque los elementos de las tierras raras se emplean en las denominadas tecnologías verdes (en la fabricación de aerogeneradores, paneles fotovoltaicos, coches eléctricos o iluminación LED), su extracción y procesamiento provocan graves impactos ambientales. Precisamente por ello, en Galicia, donde hay una importante concentración, Prego no ve de momento factible su explotación.

Las tierras raras se extraen de minas a cielo abierto –China concentra la mayor producción– a través de procesos en los que se emiten gases contaminantes a la atmósfera, se utilizan agresivos productos químicos y se filtran aguas residuales a ríos y lagos. A partir de ahí, puede darse el círculo vicioso que ya conocemos: deterioro del entorno natural y la producción agroalimentaria, problemas de salud en las zonas afectadas y desplazamientos masivos de población. Pero todo esto daría para varios post.

 

* Este post se basa en varios fragmentos del libro Las tierras raras (CSIC-Los libros de la Catarata), escrito por el investigador Ricardo Prego Reboredo, del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

Canibalismo… y otras formas de interacción galáctica

Por Mariano Moles y Mar Gulis (CSIC)*

Las galaxias son sistemas de estrellas, gas y polvo encerrados en un enorme halo de materia oscura. La mayoría de ellas forman sistemas múltiples en los que viven y evolucionan. De hecho, es complicado encontrar galaxias verdaderamente aisladas, es decir, que hayan evolucionado fuera de la influencia de otras, al menos durante los últimos dos mil millones de años. La interacción de las galaxias con otras del entorno, aun si esta no es violenta ni destructiva, juega un papel esencial en sus propiedades.

Vamos a considerar tres situaciones que nos permiten visualizar, brevemente, lo que puede significar esta interacción gravitatoria para la evolución de las galaxias.

Interacción secular

En las regiones externas de los cúmulos de galaxias o de grupos dispersos, la interacción entre galaxias no es en general violenta sino que va actuando a lo largo del tiempo, produciendo transformaciones paulatinas. Incluso las galaxias que están en situación de interacción suave presentan propiedades claramente distintas a las de las galaxias aisladas en las masas, los tamaños e incluso los colores fotométricos. Las galaxias aisladas son más pequeñas, menos masivas y más azuladas.

Galaxy Cluster Abell 1689. Los cúmulos de galaxias, en tanto que entidades gobernadas por la interacción gravitatoria, son lugares ideales para estudiar la evolución de las galaxias bajo los efectos de esa interacción. / hubblesite

Galaxy Cluster Abell 1689. Los cúmulos de galaxias, en tanto que entidades gobernadas por la interacción gravitatoria, son lugares ideales para estudiar la evolución de las galaxias bajo los efectos de esa interacción. / hubblesite

Choques de galaxias

Aunque no es muy frecuente, en los cúmulos también se producen agrupamientos y hasta colisiones destructivas de galaxias. Esto suele ocurrir en las etapas iniciales de la formación de la parte central del cúmulo. Pero hay casos, como el de la galaxia IC 1182, en los que la colisión de dos galaxias se produce en etapas posteriores.

¿Qué sucede en estas colisiones galácticas? Sabemos que las estrellas por su lado y la materia oscura por el suyo solo responden a las fuerzas gravitatorias. Además, lo que podríamos llamar gas de estrellas, es decir, el conjunto de todas las estrellas con sus velocidades respectivas, es de muy baja densidad. En efecto, la distancia media entre dos estrellas es más de un millón de veces superior al tamaño medio de estas. De modo que la probabilidad de colisión entre estrellas de una galaxia es, por lo general, muy baja.

Cuando dos galaxias colisionan, sus respectivos gases de estrellas pueden pasar uno a través del otro casi inalterados salvo por efectos de larga escala cuando una de ellas es capturada por otra y empieza a orbitar en espiral a su alrededor. Entonces pueden producirse largas colas o apéndices que se extienden a gran distancia de la galaxia y que evidencian la interacción. También el gas puede ser arrancado del cuerpo de la galaxia y formar apéndices y estructuras de gran escala. Magníficas muestras de esos procesos son la galaxia que se denomina, por su forma, del renacuajo (Tadpole Galaxy), catalogada como NGC 4676; y la galaxia llamada de los ratones (Mice Galaxy).

La galaxia IC 1182 está ya en una fase avanzada del proceso de fusión. La larga cola de marea atestigua la violencia del choque. / eso

La galaxia IC 1182 está en una fase avanzada del proceso de fusión. La larga cola de marea atestigua la violencia del choque. / eso.org

Por otra parte, la interacción violenta altera fuertemente el ritmo de formación estelar de una galaxia y provoca una aceleración notable de su evolución. Quizá uno de los ejemplos más espectaculares de este proceso es el que puede apreciarse en la galaxia de las Antenas. La extensión total abarcada por las dos antenas es de casi cuatro veces la dimensión de nuestra Galaxia (Vía Láctea). En la zona central capturada por el telescopio espacial Hubble se observa una intensísima formación estelar, con más de 1.000 cúmulos jóvenes de estrellas.

El resultado final de esas grandes colisiones es una única galaxia de forma esferoidal, relajada y exhausta, evolucionando tranquilamente a medida que sus estrellas jóvenes desaparecen y las demás van envejeciendo. A veces ocurre que las colisiones no sólo dan lugar a nuevas estrellas, sino también a nuevas galaxias que se van construyendo en las colas de marea o en los aledaños de la zona más directamente afectada por la interacción. Estas galaxias, llamadas enanas de marea, por producirse en esas situaciones, se han detectado en el apéndice de IC1182 o en las colas producidas en el Quinteto de Stephan.

Canibalismo galáctico

Cuando una de las galaxias que interaccionan es mucho mayor que la otra puede ocurrir que la segunda acabe siendo engullida por la primera, sin que se produzcan los fenómenos que acabamos de ilustrar, propios de colisiones entre dos galaxias más o menos similares. Los signos de este canibalismo galáctico son mucho menos espectaculares y difíciles de detectar. Por eso el estudio de este fenómeno y su importancia para la evolución de las galaxias es reciente.

Simulación por ordenador del proceso de canibalismo: una galaxia enana está siendo desorganizada para ser luego engullida por una galaxia como la Vía Láctea. / astro.virginia.edu

Simulación por ordenador del proceso de canibalismo: una galaxia enana está siendo desorganizada para ser luego engullida por una galaxia como la Vía Láctea. / astro.virginia.edu

En nuestro Grupo Local de galaxias hay tan solo tres masivas: Andrómeda, la Vía Láctea y M33 (mucho menos masiva que las otras dos), mientras que existen cerca de 50 galaxias enanas, poco masivas, pequeñas, meros satélites de las dominantes. A lo largo de la evolución del sistema puede ocurrir que una de esas galaxias sea atrapada definitivamente por una de las masivas y acabe siendo tragada por ella. Las estrellas de la galaxia canibalizada van a constituir una corriente estelar en la galaxia grande, que solo con muy sofisticados medios se puede detectar, medir y caracterizar. Aunque de momento solo podemos conjeturarlo, ese parece ser el caso de la galaxia enana Sagitario, que podría estar siendo engullida por nuestra galaxia.

 

* Este texto está basado en contenidos del libro de la colección ¿Qué sabemos de? (Editorial CSIC – Los Libros de la Catarata) ‘El jardín de las galaxias’, escrito por Mariano Moles.

Tu ciudad no necesita más árboles

Por Mariano Sánchez García (CSIC)*

En 1785, el historiador Antonio Ponz describió en su libro Viajes por España los desfigurados olmos del Paseo del Prado de Madrid. Debido a podas inadecuadas, los árboles se asemejaban a patas de araña. Hoy, casi tres siglos después, vemos exactamente lo mismo en esta calle.

Las imágenes aéreas de muchas localidades españolas reflejan terrenos muy verdes, pero esta percepción no siempre es correcta. Si miramos de abajo a arriba los árboles que componen estas arboledas, comprobaremos que, en la mayoría de los casos, éstos presentan un estado bastante mejorable.

Paseo del Prado de Madrid, con los olmos a los que se refería Antonio Ponz.

Las palabras ‘árbol’ y ‘ciudad’ parecen estar rodeadas de polémica, bien porque los árboles se caen, se podan o se talan, o bien porque se plantan o dejan de plantarse, poniendo o quitando sombras, molestando el tránsito peatonal u obstaculizando la circulación de vehículos, etc. Terminar con estas discusiones pasa por desarrollar una correcta gestión, disponer en cada localidad de un plan director de sus arbolados y facilitar información al ciudadano. Veamos algunas claves a tener en cuenta.

Una de ellas es que la calidad y la cantidad casan mal cuando hablamos de árboles en las ciudades; en contra de lo que suele pensarse, hay que optar por la calidad. Un árbol debe tener el mayor número de hojas posible, ya que son las encargadas de filtrar el aire y aportar oxígeno. Pero si el número de árboles es excesivo, las ramas se rozarán y entrarán en las viviendas, lo que obligará a podar cada cierto tiempo. El año que se pode, el número de hojas será menor, y por tanto menor la calidad medioambiental. Además, los cortes terminan generando pudriciones en ramas y tronco, y con el tiempo esto se traduce en riesgo de caída de ramas. La solución no es plantar más, algo que agrava el problema futuro, sino gestionar y seleccionar bien la especie para retrasar o hacer innecesaria la poda. Es mejor plantar 30 árboles que crezcan bien, con muchas hojas y que no requieran mantenimiento, que plantar 60 que haya que podar.

Las alineaciones son otra de las claves. Es curioso ver que en todas las ciudades españolas la distancia entre árboles es siempre la misma, 4 o 5 metros, independientemente de la especie de la que se trate. Sin embargo, una especie puede tener 30 metros de diámetro de copa y otra solo 8. Por ejemplo, si entre una sófora y otra se precisan 8 metros para que éstas puedan desarrollarse correctamente, es fácil deducir que en una calle con sóforas plantadas a 4-5 metros de distancia entre sí, sobra el 50% de los árboles. Igual ocurre en el caso de una calle con plátanos. Si entre un ejemplar y otro debería haber al menos 12 metros de distancia, con este criterio de plantación nos sobra un 70%. Este dato es extrapolable a todo el arbolado urbano de alineación. Si parece que no sobran árboles en las ciudades, es porque se podan ramas periódicamente, y acabamos de comentar que estos cortes conllevan riesgo de caída de ramas. Tampoco se tiene en cuenta, al decidir qué especies se plantan, si una ciudad es fría o cálida, si se encuentra cerca del mar o es continental.

Una clave más: nunca se debe talar masivamente una arboleda. La retirada de los árboles ha de ser progresiva, debe realizarse durante varios años antes de que se produzcan daños, y estar sujeta a un plan de gestión. Un plátano de paseo puede llegar a vivir 400 años, pero en la ciudad vive en buen estado unos 140 años como máximo. Una alineación urbana de Ulmus pumila llega a la senectud a los 40-60 años de ser plantada (según la ciudad y las podas realizadas). Pasado este tiempo, hay que retirarla progresivamente.

Plátanos del Paseo del Prado plantados con la separación correcta / Mariano Sánchez  García

La solución a la disyuntiva calidad versus cantidad es sencilla. Cada ciudad, según su clima y otras características, debe establecer una normativa con las especies que pueden ser plantadas, donde se indique la distancia idónea entre un árbol y otro, según el ancho de la calle y de la acera, y se fijen unos criterios de plantación. Por ejemplo, la prohibición de plantar pinos o árboles de grandes copas en praderas sin sistemas específicos de plantación. Los árboles plantados en pradera reciben el abonado anual y el riego frecuente y superficial que el césped necesita, y esto genera raíces superficiales que compiten por el agua y los nutrientes del césped con el que cohabita. En el caso de perennifolios como pinos y cedros plantados en pradera, sus raíces se despegan ligeramente de la tierra cuando llueve. Si coincide que hace viento, sus copas oponen resistencia y, al estar las raíces ligeramente sueltas, se pueden despegar de la tierra con el peligro de que el árbol llegue a volcar.

En las ciudades podemos mantener el mismo número de árboles siempre que cambiemos algunas especies de gran tamaño por otras de tamaño medio o pequeño, como ocurre en Tokio. En cualquier caso, la retirada de ejemplares y la plantación de un menor número de árboles, o de árboles de otros tamaños, no suponen una merma en la calidad del aire de la ciudad. Al contrario: si se realizan con criterio, mejorarán la calidad medioambiental y la seguridad de los ciudadanos y reducirán el presupuesto de mantenimiento; pero, además, habrá menos podas, residuos, floraciones (reduciendo así brotes de alergias) y disfrutaremos de más sombra todos los años sin depender del ciclo de poda.

 

Mariano Sánchez García es conservador del Real Jardín Botánico (RJB-CSIC).