¿Quieres participar en el calendario científico de 2020? ¡Envía tu efeméride!

Por Mar Gulis (CSIC)

El 7 de noviembre podría dedicarse a Marie Curie. Ese día, en 1867, nació esta científica, Premio Nobel de física y química y descubridora del polonio y el radio. / Imagen extraída de un panel de la exposición Entre moléculas.

Un 3 de octubre de 1916 nació Mª Ángeles Alvariño González, primera mujer científica que trabajó a bordo de un buque británico de investigación. Diez años después, el día 17 de agosto, lo hacía Margaret Hamilton, matemática que desarrolló el programa informático de navegación del Programa Apolo de la NASA. Estas y otras efemérides aparecerán en un calendario que también recogerá conmemoraciones de hallazgos e inventos destacables, pasados o de épocas recientes. Así, el 16 de noviembre podría reflejar que ese día, pero del año 1989, los investigadores del CSIC Javier Borderías y Margarita Tejada patentaron el procedimiento para fabricar las famosas gulas, mientras que el 21 de junio de 2002 recogería que, gracias a las vacunas, Europa logró erradicar la poliomielitis.

Lo decimos en condicional porque este calendario científico está en proceso de elaboración. El proyecto, coordinado por el investigador Pablo G. Toral, del Instituto de Ganadería de Montaña (CSIC-Universidad de León), se inspira en las versiones existentes en Rumanía y Escocia, pero el objetivo es incluir contenidos adaptados a nuestro contexto. “A partir de la información que tenemos de otros calendarios científicos, hemos preparado un primer borrador que está disponible online”, explica Toral. Su idea es que cualquiera pueda aportar información para incluir en la versión final. “Vamos a dar de plazo hasta el próximo 6 de septiembre para que la gente envíe sus propuestas. Si conseguimos varios aniversarios para un mismo día, haremos una selección con los temas prioritarios. El resto se aprovecharán en futuras versiones del calendario, pues nace con vocación de continuar”. Ya sabes, si se te ocurre alguna efeméride relacionada con la ciencia, este es el sitio para contarla.

¿Y para qué un almanaque de estas características? El principal objetivo es acercar la cultura científica a la población más joven –especialmente al alumnado de primaria y ESO– y crear referentes que le resulten cercanos. Por esta razón, el calendario científico escolar hace hincapié en mostrar personas y descubrimientos del presente, y en visibilizar a las investigadoras para promover las vocaciones científico-técnicas entre las niñas y adolescentes. Otro de sus propósitos es divulgar la actividad de los centros de investigación españoles y aprovechar el 150º aniversario de la creación de la tabla periódica de los elementos químicos para incluir contenidos relacionados con este icono de la ciencia. Para lograrlo, el calendario irá acompañado de guías didácticas que podrán utilizarse en las aulas.

Y como la idea es llegar a cuanto más público, mejor, todos los materiales estarán disponibles online para su descarga gratuita y se traducirán, además, al  euskera, catalán, gallego y asturiano.

Este proyecto cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Asimismo, asociaciones enfocadas a promover la divulgación de la ciencia y el pensamiento crítico, y profesionales del ámbito educativo, respaldan la propuesta. A su vez, el calendario se basa en las versiones existentes en Rumanía, donde esta iniciativa se desarrolla desde 2011, y Escocia, en la que el Daily Discovery Calendar se ha popularizado más recientemente.

¡Busca tu efeméride y participa!

Crímenes con rigor químico: los venenos de Agatha Christie

Por Pilar Goya (CSIC), José Elguero (CSIC) y Pascual Román (UPV/EHU)*

Agatha Christie, veneno, talio, arsénico

La escritora británica Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, en una imagen de archivo. / Wikipedia

En las novelas de Agatha Christie (1890-1976) se puede morir de muy diversas formas, pero el veneno era sin duda su arma preferida, ya fuese un solo elemento químico o complejas sustancias naturales. La escritora plasmó en su obra los conocimientos de química que había adquirido en las dos guerras mundiales, al trabajar como enfermera en los dispensarios de los hospitales de Torquay y del University College de Londres, una experiencia que ayudó a que los protagonistas de sus historias fueran asesinados con mucho rigor químico.

En un libro sobre ella escrito por Kathryn Harkup, titulado A is for arsenic: the poisons of Agatha Christie, su autora analiza las novelas en las que el agente homicida es un veneno.

Agatha Christie se basaba generalmente en datos lo más exactos posibles en términos de disponibilidad y trazabilidad de sus venenos, que conocía bien por su trabajo en la farmacia. Hay que recordar que algunos elementos tóxicos como el arsénico y el talio estaban presentes en determinadas for­mulaciones médicas en los primeros años del siglo XX.

El elemento que más aparece en sus novelas es el arsénico, “el veneno de los reyes y el rey de los venenos”. Ocho personajes de cuatro novelas y de cuatro cuen­tos cortos mueren por ingerirlo. El arsénico es conocido como veneno desde la Antigüedad, aunque en realidad el agente letal no es el elemento puro, sino el trióxido de arsénico, que se absorbe más fácilmente por el organismo. Este compuesto no se disuelve en agua fría, pero sí en agua caliente, lo que lo hace muy apto para ser camuflado en infusiones.

Diversas traduccciones de obras de Agatha Christie. / Jour~commonswiki

Diversas traduccciones de obras de Agatha Christie. / Jour~commonswiki

Cuenta la leyenda que cuando Cleopatra decidió acabar con su vida ensayó distin­tos venenos en sus sirvientas, entre ellos el arsénico, pero al final optó por la mordedura de áspid (una especie de víbora) porque le pareció una muerte menos desagradable. El en­venenamiento por arsénico fue popular durante el Renacimiento, en particular entre los Borgia. Parece ser que añadían arsénico a las entrañas de un cerdo sacrificado y lo dejaban pudrir. Esa masa se secaba y el polvo resultante, llamado “la cantarella”, se incorporaba a la comida o bebida, de forma que lo que no hacía el veneno lo remataban las toxinas del animal. Entre las ventajas de esta sustancia estaba que, sorprendentemente, era bastante insípida y que los síntomas se confundían con los del cólera o la disentería. En general, el envenenamiento por ar­sénico puede identificarse erróneamente con causas naturales. Además, en la época en la que transcurren las primeras novelas de Agatha Christie era fácil comprar compuestos de ar­sénico en el Reino Unido, como herbicidas, matarratas e incluso tónicos que contenían este elemento.

Otro elemento venenoso al que hace referencia la autora británica es el talio, que aparece en su novela El misterio de Pale Horse. El talio es conocido como el “veneno de los envenena­dores” y también produce síntomas que pueden atribuirse a causas naturales. Christie solo utiliza el talio como veneno en esta novela, que trata de una organización criminal que ofrece ase­sinatos “a demanda”. El libro dio cierta notoriedad al talio, ya que en la fecha de su publicación, 1961, esta forma de enve­nenamiento era poco conocida, si bien en la novela de Ngaio Marsh, Final Curtain, escrita en 1947, ya aparece este elemento como veneno. El misterio de Pale Horse suscitó cierta polémica, ya que se sugirió que podía haber inspirado algunos asesinatos en la vida real pero, sin embargo, su minuciosa descripción de los síntomas del envenenamiento con talio fue útil para salvar algunas vidas.

El primer caso de un envenenamiento real con talio fue el de Molly Young, ocurrido en el Reino Unido en 1962, solo unos meses después de que se publicara la novela. Graham Young, autor de este crimen y otros más, negó haber leído la novela, lo que probablemente fuera cierto, ya que Young era un verdadero experto en venenos.

A favor de la novelista está otro caso real. En 1977, después de que ella hubiera fallecido, una niña de 19 meses fue llevada a un hospital de Londres con síntomas de una enfermedad extraña. La enferme­ra Marsha Maitland, que había leído El misterio de Pale Horse, sugirió que podía tratarse de un envenenamiento con talio. Se analizaron muestras en el laboratorio forense de Scotland Yard y se encontró efectivamente la presencia de este elemento. El ori­gen parecía ser un producto utilizado por los padres para aca­bar con cucarachas y ratas, al que la niña de alguna forma había tenido acceso y había ingerido. Finalmente, la pequeña se recuperó y en el artículo que apareció en el British Journal of Hospital Medicine los autores agradecen a “Agatha Christie sus excelentes descripciones clínicas y a la enfermera por mantenerles al día con la bibliografía”.

 

* Este post se basa en varios fragmentos del libro La tabla periódica (Editorial CSIC-Los libros de la Catarata), escrito por José Elguero Bertolini, Pilar Goya Laza (ambos, investigadores del Instituto de Química Médica del CSIC) y Pascual Román Polo (Universidad del País Vasco).

Cremas solares: ¿una amenaza para el Mediterráneo?

Por Antonio Tovar (CSIC)*

¿Sabías que España es, sólo por detrás de Francia, el segundo destino mundial en cuanto a visitantes extranjeros? Cada año batimos nuestro récord, con 82,6 millones de visitantes en 2018, casi el doble de la población española. La mayoría buscan un turismo de sol y playa: cerca de la mitad se concentran en las zonas costeras, muy particularmente en la costa mediterránea durante los meses de verano. Si contamos los turistas que reciben otros países del área (por ejemplo, Italia, Francia, Turquía, Grecia, Croacia o Marruecos) veremos que en 2016 se alcanzaron en el Mediterráneo 329,2 millones de visitas, cifra equivalente a la población del tercer país más poblado del mundo, Estados Unidos. Esta afluencia afecta positivamente a la economía de estos países –la actividad turística generó a la Unión Europea 1,1 billones de euros durante 2016–, pero supone también un impacto en el medio ambiente, especialmente en el medio marino, que requiere de una urgente atención.

Crema solar

Entre los múltiples impactos que tiene el turismo sobre los mares, la contaminación por el uso de las cremas solares está recibiendo especial atención de la comunidad científica, ya que nos encontramos ante un problema de alcance global. Las pruebas que sustentan esta afirmación son:

  • La creciente preocupación en las últimas décadas sobre los riesgos asociados con la exposición de la piel a la radiación ultravioleta (UV) se traduce en un incremento en el uso de protectores solares. Estos productos acaban en el mar, bien durante el baño o indirectamente a través de las plantas de aguas residuales.
  • El aumento del turismo de sol y playa lleva aparejado un incremento del consumo de cosméticos. De hecho, el valor de los protectores solares en el mercado alcanzó en 2018 los 7.350 millones de euros y se pronostica que llegará a los 10.430 millones de euros en 2025.
  • Se trata de cosméticos en cuya formulación se incluyen multitud de ingredientes químicos, no todos específicamente indicados en sus etiquetas.
  • Estudios científicos recientes han demostrado la toxicidad de las cremas solares en su conjunto o de alguno de sus ingredientes (como el dióxido de titanio, el óxido de zinc, o la oxibenzona) sobre organismos del ecosistema marino (microalgas, mejillones, erizos, crustáceos, peces, corales, etc.).
  • Se han encontrado ingredientes químicos usados en la formulación de las cremas solares en multitud de animales, como peces, delfines o huevos de aves, y en lugares muy remotos del planeta, como la Antártida.

Todo apunta, por tanto, a que nos encontramos con un problema real, de alcance global y con efectos de magnitud aún desconocida. Ante tales ‘pistas’, algunos gobiernos ya han adoptado medidas sin precedentes para tratar de proteger sus ecosistemas. Así, el estado de Hawái (Estados Unidos) aprobó en 2018 una ley para prohibir la venta y distribución de protectores solares que contengan entre sus ingredientes oxibenzona y sus derivados, que resultan tóxicos para los corales. En el mismo año, y por el mismo motivo, el archipiélago de Palaos (Micronesia) aprobó una ley para prohibir por completo el uso de cremas solares, convirtiéndose en el primer país del mundo en adoptar dicha medida. Sin embargo, existen otras zonas del planeta, como el Mediterráneo, donde el problema puede estar especialmente magnificado, y donde no se ha adoptado ninguna medida encaminada a evaluar o minimizar el impacto de las cremas solares en sus ecosistemas marinos.

Punto caliente de biodiversidad

A pesar de que este impacto no ha sido aún evaluado, el Mediterráneo presenta una serie de características físicas, químicas, biológicas y socioeconómicas que hace que sus ecosistemas sean, desde el punto de vista de la contaminación, unos de los más amenazados del mundo.

Este mar es una cuenca semi-cerrada donde la pérdida de agua por evaporación supera la entrada por precipitaciones y descargas de los ríos. Esto genera un déficit hídrico que se compensa parcialmente con un intercambio limitado de agua con el océano Atlántico a través del Estrecho de Gibraltar (de tan solo 12,8 km de ancho y unos 300 metros de profundidad), y que es la única conexión con el océano abierto. Todo ello hace que la renovación del agua del Mediterráneo sea mucho más lenta que la de cualquier otra zona oceánica, y por tanto el efecto de cualquier contaminante, como podrían ser las cremas solares, permanezca en sus aguas durante más tiempo.

Posidonia

Posidonia oceanica. / Alberto Romeo (CC BY-SA 2.5).

Con más de 17.000 especies marinas, el Mediterráneo es uno de los puntos calientes de biodiversidad del planeta, con especies endémicas de gran valor ecológico y muy sensibles a la contaminación, como las praderas de Posidonia oceanica. A pesar de su riqueza biológica, es un mar oligotrófico, es decir, su producción primaria es muy baja como resultado de la escasa concentración de determinados nutrientes disueltos en sus aguas, principalmente el fósforo. Esta característica confiere a sus aguas un aspecto azulado y cristalino.

Además tiene una media de 250 días de sol al año, el clima es suave y húmedo durante el invierno, y cálido y seco durante el verano. Todo esto, junto con un rico patrimonio cultural y una situación sociopolítica favorable, crea en las regiones costeras mediterráneas un escenario idílico que atrae a millones de turistas cada año.

Nos encontramos, por tanto, ante una región que recibe de manera masiva turistas atraídos en buena parte por las características medioambientales y ecológicas del medio. Esto genera una gran riqueza económica, pero a la vez perjudica y amenaza los recursos ambientales. Es una responsabilidad de los gobiernos buscar alternativas que garanticen un turismo sostenible que priorice la conservación de los ecosistemas y evitar que el crecimiento turístico del que presumimos se convierta en víctima de su propio éxito. La búsqueda de dichas alternativas requiere ineludiblemente de la cooperación entre la comunidad científica, empresas cosméticas y farmacéuticas, gestores ambientales y políticos.

 

* Antonio Tovar es investigador en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, del CSIC.

De Granada a la Luna: cuatro décadas de astrofísica en Andalucía

Por Manuel González (CSIC)*

El 20 de julio de 1969 una persona pisó por primera vez la superficie de nuestro satélite. “Un pequeño salto para el hombre, un gran paso para la humanidad”, como afirmó Neil Armstrong, el artífice de una hazaña -o por lo menos su cara más visible-, de la que ahora se cumplen 50 años. Tras años de estudios, pruebas, misiones de exploración y algún que otro fracaso, por fin se conseguía hacer llegar la nave Apolo XI a la Luna. Aunque aquella vez no fue la única (entre 1969 y 1972 otras cinco misiones cumplieron el objetivo de transportar astronautas a nuestro satélite) sí fue la más icónica. Habíamos logrado abandonar nuestro planeta, posarnos en el cuerpo más cercano del Sistema Solar y volver. Algo impensable a principios del siglo XX.

El astronauta Buzz Aldrin durante el primer aterrizaje lunar, el 20 de julio de 1969./ NASA/ Neil A. Armstrong

Quizás una de las consecuencias que tuvo esa misión, y en particular la foto de la bandera americana ondeando sobre nuestro satélite, es que cada vez que se habla de la exploración espacial se tiende a pensar únicamente en Estados Unidos. Algunas personas también pensarán en la antigua Unión Soviética y China. Sin embargo, son varios los países que han participado desde hace años en misiones espaciales cuyo objetivo es desentrañar los misterios de los cuerpos del sistema solar. Sí, España también forma parte de la carrera espacial.

De cohetes estratosféricos a la superficie de Venus

En esta carrera, el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA) del CSIC ha jugado un importante papel desde su fundación en 1975. El 20 de julio de 1969 el IAA todavía no existía. Seis años después, en julio de 1975, este centro se inauguró en el palacio de la Madraza, un edificio histórico junto a la catedral de Granada, con un puñado de científicos y científicas dispuestos a hacer ciencia de la mejor calidad. En poco más de 40 años, el Instituto de Astrofísica de Andalucía ha participado activamente en la exploración de los cuerpos más importantes del Sistema Solar: la atmósfera de nuestra Tierra, el Sol, la mayoría de los planetas, algunas lunas, e incluso en un cometa. También fuera de nuestro Sistema Solar, ya que ha conseguido detectar planetas que orbitan alrededor de otras estrellas.

Uno de los primeros proyectos consistió en estudiar la luminiscencia nocturna en 1976. Se trataba de efectuar una exploración de la alta atmósfera terrestre con cohetes de sondeo. Se lanzaron varios desde el Arenosillo, Huelva, que ascendían unos kilómetros y que medían y caracterizaban la atmósfera terrestre según caían al mar. Este proyecto pionero daba el pistoletazo de salida al IAA en su aventura espacial.

Años después, tras estudiar la atmósfera de nuestro planeta, se saltó a la de Marte. La sonda Mars 96, lanzada en 1996, tenía como uno de sus objetivos el estudio de ciertas moléculas en la atmósfera marciana. Esta misión nunca llegó a Marte porque no consiguió abandonar la órbita terrestre, pero sentó las bases para construir un satélite que sí lograría su objetivo, Mars Express. Esta segunda misión, que comenzó en 2003 fue todo un éxito. Lanzó un orbitador que ha estado realizando investigaciones científicas desde entonces. La mayor parte de la instrumentación de este satélite es europea, con importante participación del IAA.

Entre Mars 96 y Mars Express el instituto participó en Cassini-Huygens, un proyecto para estudiar el planeta Saturno y sus lunas que data de 1997. La nave contaba con una sonda denominada Cassini que orbitaba alrededor del planeta, y de un módulo de descenso, Huygens, para estudiar la atmósfera de Titán. Huygens fue el primer objeto que aterrizó en una luna que no fuera la terrestre, y cumplió con éxito la mayoría de sus objetivos científicos.

Tras este hito, la misión Rosetta, lanzada en 2004 hacia el cometa 67P/Churiumov-Gerasimenko, fue el siguiente proyecto en el que se embarcó el instituto granadino. El desafío era mayúsculo. Por primera vez en la historia, la humanidad colocó un artefacto en un cometa: el módulo de aterrizaje Philae se posó sobre 67P en 2014. Pese a que el aterrizaje de Philae fue accidentado, porque rebotó y terminó posándose en una zona más escarpada de lo previsto, consiguió obtener muchas imágenes durante el aterrizaje y tomar datos sobre la superficie del cometa.

La misión Venus Express, lanzada en 2005, permitió estudiar la atmósfera y la superficie de Venus. Por su parte, CoRoT iniciada en 2006, estaba dedicada a la búsqueda de planetas extrasolares. Ambas también contaron con la participación tecnológica y científica del IAA.

 

La sonda Venus Express, sobre una imagen real de las ondas atmosféricas de Venus. / IAA

 Júpiter y exoplanetas: los retos del futuro

La Unidad de Desarrollo Instrumental y Tecnológico (UDIT) del IAA, un equipo dedicado especialmente al desarrollo de instrumentación, ha crecido considerablemente a lo largo de las últimas décadas. En su agenda se suman proyectos como Exomars o BepiColombo, lanzadas en 2016. La primera es una misión espacial a Marte que intentará averiguar si hubo vida en el planeta rojo en un pasado (o si la hay ahora). La segunda tiene como objetivo el estudio de Mercurio, uno de los planetas menos explorados hasta el momento.

¿Qué nos deparará el futuro? El año que bien comenzará el vuelo de Solar Orbiter, el primer satélite que observará los polos del Sol. Parte de su instrumentación ya fue probada con éxito en otro proyecto del centro, Sunrise, un globo que estudió en dos ocasiones (en 2009 y 2013) nuestra estrella desde la Tierra. Además, el IAA está fuertemente implicado científica y tecnológicamente en JUICE, prevista para 2022, que explorará tanto Júpiter como sus satélites Ganímedes, Europa y Calisto. Y en PLATO, que comenzará en 2026 y buscará y caracterizará planetas extrasolares rocosos alrededor de estrellas similares al Sol.

Esta exitosa actividad espacial ha contribuido a que el IAA sea reconocido como centro de excelencia Severo Ochoa, el único de Andalucía con esta distinción a día de hoy. Todo esto no habría sido posible sin el empeño y esfuerzo de unos científicos y científicas que, desde su despacho de la Madraza, quizás inspirados por los pasos de Neil Armstrong sobre la Luna, soñaron un día con conquistar el cielo.

* Manuel González trabaja en la Unidad de Cultura Científica del Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC y es responsable, entre otros proyectos de divulgación, del videoblog El astrónomo indignado.

¿Por qué oímos hasta con los oídos tapados?

Por Mar Gulis (CSIC)

Imagina que oyes de repente un ruido muy molesto, como una alarma a todo volumen, un pitido intenso que no cesa durante minutos o que estás en medio de una conversación bulliciosa entre varias personas. Seguramente lo primero que vas a hacer es taparte los oídos, pero te darás cuenta de que lo vas a seguir oyendo… aunque sea de una forma más leve. ¿Por qué ocurre esto?

Nuestros oídos son un laberinto para el sonido. Un laberinto dividido en tres partes: oído externo, medio e interno. El recorrido comienza cuando el sonido llega al oído externo y golpea al tímpano, haciéndolo vibrar, y esa vibración se transmite a través de la cadena de huesecillos (martillo, yunque y estribo) que se encuentran en el oído medio. Las vibraciones continúan hasta la cóclea, en el oído interno y en forma de espiral, también conocida como caracol, donde se convierten en impulsos electroquímicos que viajan hasta el cerebro, capaz de interpretar y entender a través de las terminaciones nerviosas del ganglio auditivo. Esto es lo que nos permite oír.

oído, sonido, sordera

Así lo explican la investigadora Isabel Varela Nieto, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (CSIC-UAM), y el otorrinolaringólogo Luis Lassaletta Atienza, autores del libro La sordera, de la colección ¿Qué sabemos de? (Editorial CSIC – Los Libros de la Catarata). La energía acústica se transmite desde el exterior hasta la cóclea, y toda esa cadena “proporciona una amplificación a la señal sonora de unos 35 decibelios (dB)”. Oímos, incluso aunque tengamos los oídos tapados, porque el sonido puede llegar hasta la cóclea a través de la vía ósea. De esta forma la vibración sonora se transmite a través del cráneo, que pone en marcha los líquidos del laberinto de nuestro oído.

Exposición constante al ruido: trauma acústico y la sordera del siglo XXI

La explosión de un petardo, un disparo o la música de una discoteca a todo volumen. Estos son algunos de los ruidos que si escuchas de forma intensa o prolongada podrían pasarte factura: desde provocar lesiones en el oído hasta el conocido como trauma acústico, que se produce cuando el deterioro es irreversible, señalan los investigadores. Por ello, advierten sobre una serie de factores a tener en cuenta para prevenir estos trastornos: la intensidad sonora (límite de 80 dB), el tiempo de exposición, la frecuencia de ruido (las más lesivas, comprendidas entre 2.000 y 3.000 Hz) y la susceptibilidad de cada persona.

De hecho, hay personas que por su profesión están más expuestas al ruido, incluso a más de 80 dB, como por ejemplo armeros, militares o personal de una discoteca. Sobrepasar este límite “produce de forma característica una pérdida de audición bilateral con afectación inicial en 4.000 Hz que con el tiempo afecta al resto de frecuencias”. Y peor aún, el impacto sonoro puede desembocar en hipoacusia neurosensorial –que responde a problemas en el receptor auditivo, la cóclea o en las vías nerviosas– o en acúfenos, es decir, la sensación de oír ruidos dentro de la cabeza.

El ruido es, por tanto, la principal causa evitable de sordera en el mundo. Aunque no siempre llega del exterior: el uso de dispositivos de audio a una intensidad alta durante varias horas también puede derivar en esta dolencia. Por ello, los autores destacan que “el mejor tratamiento para el trauma acústico es la prevención”, ya que todavía no existe un tratamiento específico, lo que constituye uno de los retos de la medicina del siglo XXI. De hecho, evitar el ruido puede ser una opción recomendable.

 

* Puedes leer más en el libro La sordera (Editorial CSIC – Los Libros de la Catarata), de la colección ¿Qué sabemos de?

Arte y ciencia se alían contra la contaminación urbana

Por Fernando del Blanco Rodríguez (CSIC)*

Zabol, Onitsha, Peshawar, Gwalior… Tal vez a un oído europeo no le diga mucho el nombre de estas ciudades. Sin embargo, cada una de ellas se encuentra representada en uno de los doce relojes que conforman la instalación artística conTIMEminación, que se exhibe el Centro de Investigación y Desarrollo de Barcelona (CID-CSIC). ¿Por qué?

conTIMEminacio

Pues precisamente porque estas ciudades presentan algunos de los índices de polución ambiental más altos del mundo si atendemos a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2016 sobre calidad de aire y, en concreto, a los indicadores de presencia de material particulado en suspensión (PM).

Este material particulado al que alude la OMS y que es posible detectar en la atmósfera de nuestras ciudades se suele clasificar en dos grupos según el tamaño de las partículas que lo constituyen: por un lado, las partículas de diámetro aerodinámico igual o inferior a los 10 micrómetros (µm) –un micrómetro equivale a una milésima parte de un milímetro–, denominadas PM10; y, por otro, la fracción respirable más pequeña, las partículas de diámetro aerodinámico inferior o igual a los 2,5 micrómetros, a las que nos referimos como PM2,5.

El tamaño no supone la única diferencia entre ambos grupos. Las PM2,5, consideradas las más potencialmente peligrosas para la salud, se originan sobre todo en fuentes de combustión creadas por los seres humanos, como las emisiones de los motores diésel. Mientras, una parte significativa de las partículas de mayor tamaño suele ser de tipo metálico o mineral, ya sea de origen antrópico (humano) o natural.

La instalación conTIMEminación, creada por el artista Francisco Martínez Gómez, explora los problemas derivados de la presencia de estas partículas en nuestros entornos. Consta de doce relojes en funcionamiento, cada uno de los cuales ha sido inyectado con un producto metafóricamente tóxico que detendrá su mecanismo a medida que la agujas ya no sean capaces de superar la resistencia creciente e incesante de la sustancia extraña que las entorpece.

El proyecto, que cuenta con la colaboración de los investigadores del CSIC Xavier Querol y Sergi Díez, propone una reflexión en torno al volumen de contaminación al que estamos sometidos los habitantes de los núcleos urbanos y esboza el desenlace alegórico al que nos abocaría no comprender la magnitud de este riesgo.

Cada reloj representa una ciudad: Zabol (Irán), Onitsha (Nigeria), Peshawar (Pakistán), Riyadh (Arabia Saudí), Gwalior (India), Guangzhou (China), Moscú (Rusia), Estambul (Turquía), Buenos Aires (Argentina), París (París), Barcelona (España) y Lima (Perú). El artista y los investigadores matizan que la instalación no pretende reflejar los datos científicos de forma precisa, sino ilustrar la dimensión global del problema. Estas ciudades sufren significativos problemas de polución, aunque no todas presentan los indicadores más altos de contaminación.

Tendencias opuestas

“La tendencia de la calidad del aire en el mundo puede llegar a seguir evoluciones temporales opuestas en función del desarrollo económico”, explica Querol. “Mientras en Europa, Australia, EEUU, Japón y otras sociedades desarrolladas, la calidad ha mejorado drásticamente en las últimas décadas, en algunas ciudades de Irán, Pakistán, India y China se evidencia un empeoramiento muy marcado”, aclara este investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC.

Concentración de material particulado con diámetro aerodinámico igual o menor a 2,5 micrómetros (PM2,5) en cerca de 3.000 áreas urbanas, 2008-2015. / Organización Mundial de la Salud, 2016

Mapa PM 10

Concentración de material particulado con diámetro aerodinámico igual o menor a 10 micrómetros (PM10) en cerca de 3.000 áreas urbanas, 2008-2015. / Organización Mundial de la Salud, 2016

El caso de España está en sintonía con el europeo. Si en 2005 en nuestro país 49 zonas incumplían la normativa para PM, en la actualidad solo lo hace una (Avilés). Esta tendencia ha reducido notablemente las muertes prematuras anuales atribuibles a la mala calidad del aire en la Unión Europea: según la Agencia Europea de Medio Ambiente, se ha pasado de una estimación de un millón de muertes al año en 1990 a otra de 400.000 en 2016.

Querol considera que “los países y ciudades más avanzados en política ambiental han asumido social y políticamente que la calidad del aire no es un tema solamente de ecologismo, sino que lo es de salud pública en primer lugar”. Sin embargo, estos avances no han servido para alcanzar metas como la estrategia europea inicial en materia ambiental. “Prueba de ello es que desde 2010 debíamos cumplir una legislación en dióxido de nitrógeno que se ha infringido ampliamente en toda la Europa urbana; o que aún no se han adoptado como normativos los valores guía para PM de la OMS, a pesar de que la primera directiva de calidad del aire en Europa establecía que esto debía hacerse en 2010”, afirma el investigador.

A su juicio, para reducir la contaminación urbana es necesario adoptar medidas que “afectan al vehículo privado y la distribución de mercancías”. En esta dirección se enfoca el proyecto europeo Airuse Life +, galardonado como el mejor proyecto `Ciudades Verdes´ de 2018 y coordinado por este especialista. La iniciativa propone una reformulación urbanística, logística y del transporte muy profunda como estrategia para conseguir reducir la contaminación del aire en nuestras ciudades.

Mientras esto pasa en Europa, conTIMEminación se pregunta si estas medidas –en caso de que se implementen– llegarán a tiempo, y si lo harán en aquellos entornos –como los de los países en desarrollo– donde sus habitantes sufren un tipo de pobreza aun escasamente contemplada como un fenómeno de desigualdad geoeconómica: la pobreza ambiental. La imposibilidad de respirar aire digno.

Zabol, Onitsha, Peshawar, Gwalior…

* Fernando del Blanco Rodríguez es bibliotecario en el Centro de Investigación y Desarrollo del CSIC.

¡Atención! Depredadores de la ciencia. Te contamos por qué son peligrosos y cómo combatirlos

Por Mariano Campoy Quiles (CSIC)*

Todas las personas que nos dedicamos a la ciencia recibimos diariamente correos electrónicos invitándonos a supuestos congresos científicos o a escribir artículos en revistas de reciente creación y editorial de dudosa fiabilidad. En mi caso, recibo literalmente entre 40 y 50 invitaciones de este tipo a la semana. Estos mails no reflejan en ningún caso la calidad de la investigación que se lleva a cabo en mi grupo, ni siquiera hacen referencia a mi área de estudio.  Se trata de invitaciones realizadas por editoriales y entidades conocidas como depredadoras, cuyo objetivo no es el avance de la ciencia, sino, única y exclusivamente, el lucro. Estas revistas y congresos ‘depredadores’ surgen de la actual situación de altísima competencia para conseguir becas y plazas en el sistema científico internacional, unida al cambio gradual hacia revistas de acceso abierto en las cuales paga el que escribe, no el que lee. Hasta hace poco simplemente borraba los correos sin darle mayor importancia, pero estas prácticas pueden resultar mucho más dañinas que un simple spam, por eso conviene saber identificarlas e intentar combatirlas. Comparto algunas claves que pueden ser útiles.

Investigadores e investigadoras emplean mucho tiempo en filtrar y eliminar mensajes engañosos sobre congresos y revistas que se anuncian como científicos pero, en realidad, no buscan el avance de la ciencia sino el lucro de los organizadores. / Alejandro Santos.

¿Cómo reconocer a los depredadores científicos?

  • Usan vocabulario pomposo en textos llenos de faltas ortográficas. Los depredadores utilizan un vocabulario muy rimbombante en sus invitaciones, elogiando en exceso a los investigadores. Sin embargo, los correos y las webs suelen tener un estilo muy pobre, con faltas de ortografía, diseño poco profesional, y textos que muestran desconocimiento de cómo funcionan las revistas y congresos. Además, suelen usar estrategias comerciales incluyendo expresiones como “oferta de lanzamiento de la revista X”, “gratis para artículos publicados este año” o “descuento si te registras esta semana”.
  • Piden dinero cuando no toca. El pago por hacer un artículo de acceso abierto se hace siempre una vez aceptado el artículo, más o menos cuando se están gestando las pruebas de imprenta, nunca antes. En los congresos hay un Early birth registration y una inscripción normal abierta hasta en el mismo sitio del congreso. Si te piden dinero antes, sospecha. Los depredadores solicitan un pago antes de saber si tu contribución está aceptada, o para poder enviar el abstract, o incluso piden pagar unos supuestos “gastos de gestión” para que un artículo vaya a revisión por pares. No conozco ningún congreso legítimo que utilice estas prácticas.
  • Los responsables de la organización no son entidades científicas ni universidades. La invitación a estas actividades te llega de un supuesto “gestor” del congreso o revista, normalmente con nombre un poco raro, tipo Snowy Wang, Sofía Loren, etc. No hay un investigador que firme el mensaje como parte del comité organizador, ni una universidad o asociación profesional que lo respalde, ni un comité científico que asegure su calidad. A veces hay comités inventados en los cuales no conoces a nadie, porque se usa un mismo comité para cientos de revistas/congresos a la vez. Tampoco puedes hablar directamente con ellos, ya que en la web o en el mail no hay una dirección postal o un teléfono.
  • Anuncian lugares idílicos sin especificar el alojamiento. Los congresos se organizan en lugares peculiares, como cruceros, playas o ciudades emblemáticas. Si bien esto no es malo de por sí, sí que podría ser un indicio de que ofrecen un destino en vez de un contenido científico. A veces te confirman la ciudad, y te dicen que el hotel será revelado cuando te registres.

Los correos de eventos/revistas depredadoras oscilan diariamente entre el 10 % y el 30 % de los correos útiles. Esta gráfica muestra el número de correos electrónicos recibidos en mi cuenta durante dos semanas elegidas de forma aleatoria. En azul están los correos útiles, después de quitar los correos de congresos y revistas depredadoras (en rojo), así como spam genérico y publicidad. / Mariano Campoy

¿Por qué hay que combatirlos?

  • Porque son un timo. Estas revistas y congresos son creadas por entidades privadas, que lanzan decenas de miles de títulos simultáneamente inventando comités científicos o utilizando los nombres de los científicos sin su permiso. En cuanto a las revistas, normalmente no están indexadas, o literalmente se inventan su factor de impacto. A pesar de lo que aseguran, está demostrado que no revisan los artículos por pares, y desvirtúan el concepto de acceso abierto al hacer del escritor su cliente: como no se paga por leer, no es necesario que la revista sea de calidad, ni siquiera que se lea. Los congresos son también un fraude. Copian los nombres de congresos oficiales y organizan eventos que, bajo el paraguas de ser multidisciplinares, incluyen un grupo de científicos que hablan de temas totalmente distintos.
  • Porque nos hacen perder tiempo, dinero y oportunidades. Si tienes la mala suerte de que te consigan embaucar, perderás varios cientos de euros en un congreso que no te reportará ningún beneficio científico, o en un artículo en una revista que nadie leerá jamás. Pero aún si no te engañan, cuestan dinero, porque hay que dedicar un tiempo, bastante elevado si hacemos los cálculos anualmente, a filtrar y eliminar este tipo de mensajes. Tiempo que deberíamos usar para investigar, no para huir de estafadores. Además, te pueden llevar a borrar por error invitaciones legítimas.
  • Porque hacen tambalear los cimientos del sistema científico. El avance científico se basa en la diseminación de resultados y el intercambio fructífero de conocimiento en revistas y congresos. Si no se asegura el sistema de revisión por pares y de selección por comisiones y asociaciones especializadas, se acabarán desvirtuando las actividades mismas que hacen posible el sistema científico. Por ejemplo, bajo la gran presión que hay actualmente en el mundo académico, habrá quien embellezca su currículum a base de pagar por publicar o por que le inviten a dar una charla en un congreso de pega.

 ¿Cómo luchar contra los depredadores científicos?

  • Que todo el mundo lo sepa. Existen listas de congresos y revistas depredadoras donde informar de estas prácticas.
  • Hacer spam back. Un punto débil de las empresas detrás de estas editoriales y gestoras de congresos es que, a pesar de estar organizadas muy bien, son empresas muy pequeñas, con poco personal. Imagina que todos los investigadores respondemos a sus invitaciones con peticiones peculiares: recibirían miles de correos y no sabrían cuales son de científicos despistados, científicos conscientes que siguen el juego y cuáles de spam. Y como explica el escritor James Veitch, todo el tiempo que dediquen a contestarte, no estarán timando a nadie más.
  • Vigilar y penalizar estas prácticas. El personal investigador que esté en un comité de evaluación debería estar atento y penalizar a los candidatos que participen en actividades organizadas por entes depredadores. No evalúes positivamente ni contrates a alguien con un currículo burbuja.

* Mariano Campoy Quiles es investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB).

Si los muros del Metro hablaran… ¿Qué nos dicen los azulejos de una ‘estación fantasma’?

Por Elena Mercedes Pérez Monserrat y Mar Gulis (CSIC)*

El Metro de Madrid cumple 100 años en 2019. Esta red de Metro, que hoy es una de las mejores del mundo y cuenta con 302 estaciones a lo largo de 294 kilómetros de recorrido, fue inaugurada en 1919 por el rey Alfonso XIII con una sola línea Norte-Sur que iba desde Puerta del Sol a Cuatro Caminos (el germen de la que hoy se denomina Línea 1), con un total de 8 estaciones y que no llegaba a cubrir 3,5 kilómetros.

En los años 60 del siglo XX, cuando la compañía Metropolitano decidió alargar los trenes, se reformaron las estaciones para que los andenes pasaran de tener 60 a 90 metros. Pero hubo una estación en la que, por su situación en curva y por la cercanía a las paradas colindantes, no se pudo acometer esta reforma y acabó siendo clausurada por el Ministerio de Obras Públicas: la estación de Chamberí.

 

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

Tras más de 40 años cerrada y siendo objeto de curiosidades varias, la estación de Chamberí, después de una importante actuación de limpieza, restauración y conservación, fue reabierta en 2008 como centro de interpretación visitable del Metro de Madrid. Durante esas décadas en las que la “estación fantasma” permaneció cerrada al público, los accesos exteriores fueron vallados, hecho que permitió que se conservaran muchos de los objetos cotidianos de la época, como carteles publicitarios, tornos, papeleras… así como las cerámicas que recubrían toda la estación. Es decir, lo excepcional del lugar es que se trata de la única estación del Metropolitano que conserva su estado original casi en su práctica totalidad.

Luz y color para el Metropolitano de Madrid

En 1913 los ingenieros Carlos Mendoza (1872-1950), Miguel Otamendi (1878-1958) y Antonio González Echarte (1864-1942) presentaban un proyecto de red de metro para la ciudad de Madrid. El arquitecto Antonio Palacios (1874-1945) fue el encargado de diseñar las estaciones, los accesos y los edificios del proyecto. Se buscaba integrar el uso de materiales tradicionales en un entorno tecnológico completamente nuevo, dando un resultado muy decorativo de marcado estilo español. Con la aplicación de azulejería en el suburbano se pretendía proporcionar luminosidad y color a unos nuevos espacios -bajo tierra- que iban a ser utilizados por personas acostumbradas a la luz natural. La rica variedad de cerámicas de las diversas regiones españolas facilitó poner en práctica este empeño.

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

En Madrid, la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura tuvo su máximo apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX. Entonces, la azulejería publicitaria -especialmente en las estaciones del Metropolitano- y la urbana cobraron un especial significado. Este material favoreció el auge de las industrias cerámicas de los principales centros productores. Así, en la arquitectura madrileña de principios del siglo XX la cerámica vidriada desempeñaba un papel esencial desde la concepción inicial de los proyectos; y cabe resaltar la apuesta por seleccionar materias primas nacionales para su elaboración. En cuanto a las piezas de reposición que se han elaborado recientemente para las labores de restauración, se han respetado los aspectos formales de las originales, pero utilizando materiales y tecnologías que incrementan su resistencia.

El uso de la cerámica vidriada respondía también al apogeo en la época de la publicidad alicatada, así como a las condiciones de buena conservación y fácil limpieza que presenta la azulejería. Tras la Guerra Civil española (1936-1939) la publicidad en cerámica de la estación fue cubierta por tela y papel, que protegieron las cerámicas.

Qué nos dice el análisis científico de las cerámicas vidriadas de Chamberí

Un estudio multidisciplinar coordinado por personal investigador del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM) ha permitido conocer las materias primas y las tecnologías de fabricación de unas cerámicas vidriadas extraordinarias, especialmente elaboradas para este emplazamiento excepcional: la estación de Metro de Chamberí (Madrid). El conocimiento adquirido pretende apostar por la conservación y puesta en valor de estos materiales, tanto de las piezas originales como de las de reposición.

Conforme a la función que desempeñan en la estación, las piezas estudiadas se agrupan en:

  • Azulejos blancos y lisos, que revisten la práctica totalidad de los paramentos y desempeñan una función esencialmente práctica, al otorgar luminosidad y resultar de fácil limpieza.
  • Piezas con reflejo metálico y superficies adornadas, con un carácter marcadamente decorativo, resaltando los encuentros de los planos y el enmarcado de la publicidad alicatada en los andenes.
Piezas originales. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas originales. Arriba: azulejos blancos, elaborados en Onda (Castellón). Abajo: piezas con reflejo metálico, elaboradas en Triana (Sevilla). Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Los azulejos blancos originales fueron fabricados en Onda (Castellón) a partir de mezclas arcillosas muy ricas en carbonatos y cocidas a unos 950 ºC. Presentan un vidriado plúmbico alcalino cuya opacidad es en gran parte otorgada por partículas ricas en plomo y arsénico. Las piezas originales de carácter decorativo -con reflejo metálico- fueron elaboradas en Triana (Sevilla) a partir de arcillas illíticas calcáreas y cocidas entre 850-950 ºC. Se cubrieron con vidriados plúmbicos transparentes, con la adición de cobre y estaño.

Piezas de reposición. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas de reposición, elaboradas en Madrid. Arriba: azulejos blancos. Abajo: piezas con reflejo metálico. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Las piezas de reposición se elaboraron según el aspecto de las originales y se apostó por la utilización de materiales y técnicas que otorgaran especial resistencia a las piezas. Se fabricaron en Madrid con materias primas principalmente procedentes de Barcelona, Castellón y Teruel. Las blancas, a partir de arcillas illítico-caoliníticas y calcáreas ricas en cuarzo cocidas a >950 ºC, aplicando un vidriado alcalino muy rico en zircona y alúmina. Las nuevas piezas con reflejo se elaboraron a partir de arcillas illítico-caoliníticas muy alumínicas cocidas a <850 ºC y con la importante adición de una chamota especialmente refractaria, cubriéndose con un vidriado plúmbico-potásico rico en alúmina.

 

* Este proyecto de investigación ha sido realizado por un equipo multidisciplinar del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM), la Universidad de Granada, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Puedes leer el artículo completo aquí.

SOS: estos elementos químicos están en peligro de extinción

Por Pilar Goya (CSIC)*

La tabla periódica constituye un verdadero icono de la ciencia y la cultura. La Sociedad Europea de Química (EuchemS, por sus siglas en inglés) ha contribuido al “Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos”, que se está celebrando en 2019, con la elaboración de su propia tabla, presentada en el Parlamento Europeo el pasado 22 de enero.

Junto con su estética colorista, esta tabla incorpora un mensaje claramente conservacionista: no todos los elementos tienen la misma presencia en la corteza terrestre y los más escasos merecen un cuidado especial; no se pueden malgastar.

 

 

Esta tabla está basada en la diseñada por W. F. Sheehan, pero se ha modificado para reflejar la abundancia de los elementos a escala logarítmica, y se ha coloreado para llamar la atención sobre aquellos que pueden estar en peligro de desaparición a corto plazo. La tabla recoge los 90 elementos naturales constitutivos de todas las cosas, desde las maravillas de la naturaleza hasta los dispositivos electrónicos más sofisticados. A ellos se han sumado el tecnecio y el prometio, que son elementos radiactivos sintéticos, de los que, sin embargo, se han hallado trazas en la naturaleza. No figuran, por el contrario, los elementos transuránidos. La estructura de la tabla no deja espacio entre el berilio y el boro, ni entre el magnesio y el aluminio. Los lantánidos aparecen en su posición correcta.

El código de colores hace referencia a la disponibilidad y vulnerabilidad de los diferentes elementos. En rojo aparecen 12 elementos químicos cuya disponibilidad será considerablemente menor en los próximos 100 años: el helio, el zinc, el galio, el germanio, el arsénico, el estroncio, el itrio, la plata, el indio, el telurio, el hafnio y el tántalo. Por poner algún ejemplo, el helio se utiliza para la resonancia magnética nuclear, las sales de estroncio se añaden a los fuegos artificiales y bengalas para producir el color rojo, mientras que el galio se emplea en dispositivos optoelectrónicos y células solares, y el indio forma parte de la mayoría de las pantallas táctiles.

Los colores naranja y amarillo alertan sobre el riesgo que corren los correspondientes elementos si continuamos con su uso creciente; por ejemplo, el litio, cuya demanda aumenta progresivamente a causa de su presencia en baterías recargables para automóviles, aunque es un metal que puede ser reciclado de manera bastante sencilla. En verde se muestran los elementos químicos más abundantes.

Finalmente, hay cuatro elementos que aparecen en negro: el estaño, el tántalo, el wolframio y el oro, porque frecuentemente se obtienen de minerales extraídos en las denominadas zonas de conflicto.

Además, se ha incluido un icono de un teléfono móvil en las casillas de los 31 elementos que forman parte de los smartphones (algunos autores discrepan de esta cifra). La existencia de muchos de estos elementos estará en riesgo si seguimos usándolos con la frecuencia con la que lo hacemos en este momento. Solo en Europa se sustituyen unos 10 millones de teléfonos móviles al mes. Es cierto que una buena parte de ellos se envían a países en desarrollo para su uso o para su reciclaje, aunque sobre la eficacia de estos envíos hay dudas más que razonables.

En definitiva, el mensaje de esta tabla periódica es que hay que hacer todo lo posible para proteger y reciclar los elementos químicos amenazados. Además, quienes investigamos en química debemos trabajar en la búsqueda de alternativas que permitan utilizar elementos abundantes para sustituir aquellos que están en peligro, ya sea por su uso creciente o por su escasa disponibilidad.

* Pilar Goya es investigadora del CSIC en el Instituto de Química Médica y coautora del libro La tabla periódica de los elementos químicos . Este texto está extraído del artículo “La tabla periódica de EuChemS”, publicado en un número monográfico dedicado al Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos por la revista Anales de Química.

La EuChemS es una organización supranacional que engloba a 42 sociedades químicas de 33 países y que representa a más de 160.000 químicos. En España, pertenecen a la EuChemS, la Real Sociedad Española de Química (RSEQ), la Asociación Nacional de Químicos de España (ANQUE), la Societat Catalana de Química (SCQ) y la Sociedad de Química Analítica (SEQA).

Blockchain, tierras raras, aceleradores de partículas… El CSIC lleva la actualidad científica a la Feria del Libro

Por Mar Gulis (CSIC)

¿Sabes cómo funcionan el bitcoin y otras criptomonedas? Si quieres algunas pistas, el martes 11 de junio en la Feria del Libro de Madrid David Arroyo, Jesús Díaz y Luis Hernández presentarán su libro Blockchain. Los autores explicarán al público los entresijos de esta tecnología y sus aplicaciones en la denominada criptoeconomía.

Como cada año, investigadores e investigadoras del CSIC acudirán a esta emblemática cita para dar a conocer los últimos libros publicados en las colecciones ‘¿Qué sabemos de?’ y ‘Divulgación’ (CSIC-Catarata), que acercan la ciencia al público general. El mismo día 11, además de criptoeconomía, se hablará del futuro de la óptica; el LHC, el mayor acelerador de partículas del mundo; y las tierras raras, 17 elementos químicos omnipresentes en las sociedades tecnológicamente avanzadas y, sin embargo, poco conocidos.

El 12 de junio, la investigadora Pilar Ruiz Lapuente se ocupará de la energía oscura, del posible final “frío y estéril” del cosmos y de otras cuestiones relacionadas con la astrofísica que aborda en su libro La aceleración del universo. En la misma jornada tendrán cabida temas como la tabla periódica de los elementos químicos, el albinismo y otras mutaciones genéticas o el papel de las áreas protegidas en la sostenibilidad ambiental.

En total, el CSIC y la editorial Los Libros de la Catarata, presentarán ocho obras de divulgación a través de las intervenciones de sus propios autores.

Estas son las coordenadas

Las presentaciones se realizarán los días 11 y 12 de junio, a partir de las 12:30 horas, en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales, situado en las proximidades de los jardines de Cecilio Rodríguez del parque de El Retiro. De acceso libre, estas citas son una oportunidad para escuchar y plantear preguntas a los protagonistas de la ciencia.

Quienes busquen actividades para público más joven, el sábado 8 de junio tienen además una cita en el Pabellón infantil. Allí, investigadores del CSIC que han participado en la obra Descubriendo la luz. Experimentos divertidos de óptica realizarán demostraciones para niños y niñas. Las sesiones, de entrada libre y una duración de 15 minutos, se prolongarán desde las 12:30 hasta las 15:00 horas.

Y si la prioridad es llevarte tu libro con dedicatoria incluida, pásate por la caseta del CSIC (número 19) o la de Los Libros de la Catarata (número 336). Durante toda la feria, los autores de las novedades editoriales estarán en firmando ejemplares.

La información de las firmas se puede consultar aquí.