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¿Puede un gusano alterar nuestro comportamiento?

Por Santiago Merino (MNCN-CSIC)*

Ser alienado por un parásito insignificante suena a ciencia ficción. De hecho hay algunas películas que parecen haberse basado en un argumento similar. ¿Es solo ficción? Quizá no.

Demostrar que un comportamiento determinado se debe a la influencia de una infección no es sencillo y probablemente sea más complejo aún si los afectados son seres humanos. Sin embargo, podemos mencionar algún caso. Veamos qué sucede cuando una persona contrae la Dracunculiasis, infección causada por el nematodo Dracunculus medinensis, el ‘gusano de guinea’. Las personas se infestan al ingerir agua contaminada por unos minúsculos crustáceos, los copépodos, que llevan en su interior las larvas del gusano. El copépodo muere en la digestión, pero la larva de Dracunculus penetra la pared intestinal de quien ha bebido el líquido y madura. Ejemplares de ambos sexos se aparean en el interior de su hospedador y la hembra fertilizada migra a través de los tejidos hasta la superficie de la epidermis.

Al emerger en el pie del afectado, el gusano genera una úlcera en la piel.

Al emerger en el pie del afectado, el gusano genera una úlcera en la piel / WIKIPEDIA

Aproximadamente un año después de la infección, el gusano empieza a emerger formando una úlcera en la piel, normalmente en piernas y pies. El picor generado por la herida lleva a los infectados a buscar alivio metiendo las piernas en el agua. Es entonces cuando la hembra de Dracunculus aprovecha para liberar larvas. Y es en ese momento, en el agua, cuando puede completar su ciclo vital encontrando nuevos copépodos a los que infectar. Estos minúsculos crustáceos, en países con escasez de agua potable y en los que es frecuente que la población reutilice este recurso, volverán a ser ingeridos por otras personas y el ciclo comenzará de nuevo.

Si el infectado no sintiese picor y no metiese las piernas en agua, el gusano no podría completar su ciclo. Así, podemos ver estos síntomas generados por la infección como una manera del parásito de ‘manipular’ al humano para conseguir su objetivo, es decir, reproducirse con éxito.

 

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Durante muchos años los habitantes de las zonas contaminadas con Dracunculus –países africanos como Chad, Etiopía, Malí y Sudán del Sur– solo podían eliminar la infección esperando a que asomara la hembra del gusano a través de la úlcera. A continuación la ataban a un pequeño palo donde poco a poco iban enrollándola –pueden alcanzar más de un metro de longitud– hasta que lograban sacarla de su cuerpo. No podían hacerlo de una vez ni muy deprisa puesto que si se rompía el gusano al tirar, podía generarse una infección severa. Por eso no era extraño encontrar personas con varios palitos colgando de sus piernas durante el proceso de extracción de gusanos. Afortunadamente hoy en día esta enfermedad está casi erradicada. Ha bastado con filtrar el agua bebida en las zonas contaminadas para evitar la ingestión de copépodos.

 

* Santiago Merino es biólogo y director del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Este artículo es un extracto de su libro Diseñados por la enfermedad. El papel del parasitismo en la evolución de los seres vivos (Editorial Síntesis, 2013).