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¡Atención! Depredadores de la ciencia. Te contamos por qué son peligrosos y cómo combatirlos

Por Mariano Campoy Quiles (CSIC)*

Todas las personas que nos dedicamos a la ciencia recibimos diariamente correos electrónicos invitándonos a supuestos congresos científicos o a escribir artículos en revistas de reciente creación y editorial de dudosa fiabilidad. En mi caso, recibo literalmente entre 40 y 50 invitaciones de este tipo a la semana. Estos mails no reflejan en ningún caso la calidad de la investigación que se lleva a cabo en mi grupo, ni siquiera hacen referencia a mi área de estudio.  Se trata de invitaciones realizadas por editoriales y entidades conocidas como depredadoras, cuyo objetivo no es el avance de la ciencia, sino, única y exclusivamente, el lucro. Estas revistas y congresos ‘depredadores’ surgen de la actual situación de altísima competencia para conseguir becas y plazas en el sistema científico internacional, unida al cambio gradual hacia revistas de acceso abierto en las cuales paga el que escribe, no el que lee. Hasta hace poco simplemente borraba los correos sin darle mayor importancia, pero estas prácticas pueden resultar mucho más dañinas que un simple spam, por eso conviene saber identificarlas e intentar combatirlas. Comparto algunas claves que pueden ser útiles.

Investigadores e investigadoras emplean mucho tiempo en filtrar y eliminar mensajes engañosos sobre congresos y revistas que se anuncian como científicos pero, en realidad, no buscan el avance de la ciencia sino el lucro de los organizadores. / Alejandro Santos.

¿Cómo reconocer a los depredadores científicos?

  • Usan vocabulario pomposo en textos llenos de faltas ortográficas. Los depredadores utilizan un vocabulario muy rimbombante en sus invitaciones, elogiando en exceso a los investigadores. Sin embargo, los correos y las webs suelen tener un estilo muy pobre, con faltas de ortografía, diseño poco profesional, y textos que muestran desconocimiento de cómo funcionan las revistas y congresos. Además, suelen usar estrategias comerciales incluyendo expresiones como “oferta de lanzamiento de la revista X”, “gratis para artículos publicados este año” o “descuento si te registras esta semana”.
  • Piden dinero cuando no toca. El pago por hacer un artículo de acceso abierto se hace siempre una vez aceptado el artículo, más o menos cuando se están gestando las pruebas de imprenta, nunca antes. En los congresos hay un Early birth registration y una inscripción normal abierta hasta en el mismo sitio del congreso. Si te piden dinero antes, sospecha. Los depredadores solicitan un pago antes de saber si tu contribución está aceptada, o para poder enviar el abstract, o incluso piden pagar unos supuestos “gastos de gestión” para que un artículo vaya a revisión por pares. No conozco ningún congreso legítimo que utilice estas prácticas.
  • Los responsables de la organización no son entidades científicas ni universidades. La invitación a estas actividades te llega de un supuesto “gestor” del congreso o revista, normalmente con nombre un poco raro, tipo Snowy Wang, Sofía Loren, etc. No hay un investigador que firme el mensaje como parte del comité organizador, ni una universidad o asociación profesional que lo respalde, ni un comité científico que asegure su calidad. A veces hay comités inventados en los cuales no conoces a nadie, porque se usa un mismo comité para cientos de revistas/congresos a la vez. Tampoco puedes hablar directamente con ellos, ya que en la web o en el mail no hay una dirección postal o un teléfono.
  • Anuncian lugares idílicos sin especificar el alojamiento. Los congresos se organizan en lugares peculiares, como cruceros, playas o ciudades emblemáticas. Si bien esto no es malo de por sí, sí que podría ser un indicio de que ofrecen un destino en vez de un contenido científico. A veces te confirman la ciudad, y te dicen que el hotel será revelado cuando te registres.

Los correos de eventos/revistas depredadoras oscilan diariamente entre el 10 % y el 30 % de los correos útiles. Esta gráfica muestra el número de correos electrónicos recibidos en mi cuenta durante dos semanas elegidas de forma aleatoria. En azul están los correos útiles, después de quitar los correos de congresos y revistas depredadoras (en rojo), así como spam genérico y publicidad. / Mariano Campoy

¿Por qué hay que combatirlos?

  • Porque son un timo. Estas revistas y congresos son creadas por entidades privadas, que lanzan decenas de miles de títulos simultáneamente inventando comités científicos o utilizando los nombres de los científicos sin su permiso. En cuanto a las revistas, normalmente no están indexadas, o literalmente se inventan su factor de impacto. A pesar de lo que aseguran, está demostrado que no revisan los artículos por pares, y desvirtúan el concepto de acceso abierto al hacer del escritor su cliente: como no se paga por leer, no es necesario que la revista sea de calidad, ni siquiera que se lea. Los congresos son también un fraude. Copian los nombres de congresos oficiales y organizan eventos que, bajo el paraguas de ser multidisciplinares, incluyen un grupo de científicos que hablan de temas totalmente distintos.
  • Porque nos hacen perder tiempo, dinero y oportunidades. Si tienes la mala suerte de que te consigan embaucar, perderás varios cientos de euros en un congreso que no te reportará ningún beneficio científico, o en un artículo en una revista que nadie leerá jamás. Pero aún si no te engañan, cuestan dinero, porque hay que dedicar un tiempo, bastante elevado si hacemos los cálculos anualmente, a filtrar y eliminar este tipo de mensajes. Tiempo que deberíamos usar para investigar, no para huir de estafadores. Además, te pueden llevar a borrar por error invitaciones legítimas.
  • Porque hacen tambalear los cimientos del sistema científico. El avance científico se basa en la diseminación de resultados y el intercambio fructífero de conocimiento en revistas y congresos. Si no se asegura el sistema de revisión por pares y de selección por comisiones y asociaciones especializadas, se acabarán desvirtuando las actividades mismas que hacen posible el sistema científico. Por ejemplo, bajo la gran presión que hay actualmente en el mundo académico, habrá quien embellezca su currículum a base de pagar por publicar o por que le inviten a dar una charla en un congreso de pega.

 ¿Cómo luchar contra los depredadores científicos?

  • Que todo el mundo lo sepa. Existen listas de congresos y revistas depredadoras donde informar de estas prácticas.
  • Hacer spam back. Un punto débil de las empresas detrás de estas editoriales y gestoras de congresos es que, a pesar de estar organizadas muy bien, son empresas muy pequeñas, con poco personal. Imagina que todos los investigadores respondemos a sus invitaciones con peticiones peculiares: recibirían miles de correos y no sabrían cuales son de científicos despistados, científicos conscientes que siguen el juego y cuáles de spam. Y como explica el escritor James Veitch, todo el tiempo que dediquen a contestarte, no estarán timando a nadie más.
  • Vigilar y penalizar estas prácticas. El personal investigador que esté en un comité de evaluación debería estar atento y penalizar a los candidatos que participen en actividades organizadas por entes depredadores. No evalúes positivamente ni contrates a alguien con un currículo burbuja.

* Mariano Campoy Quiles es investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB).

Si los muros del Metro hablaran… ¿Qué nos dicen los azulejos de una ‘estación fantasma’?

Por Elena Mercedes Pérez Monserrat y Mar Gulis (CSIC)*

El Metro de Madrid cumple 100 años en 2019. Esta red de Metro, que hoy es una de las mejores del mundo y cuenta con 302 estaciones a lo largo de 294 kilómetros de recorrido, fue inaugurada en 1919 por el rey Alfonso XIII con una sola línea Norte-Sur que iba desde Puerta del Sol a Cuatro Caminos (el germen de la que hoy se denomina Línea 1), con un total de 8 estaciones y que no llegaba a cubrir 3,5 kilómetros.

En los años 60 del siglo XX, cuando la compañía Metropolitano decidió alargar los trenes, se reformaron las estaciones para que los andenes pasaran de tener 60 a 90 metros. Pero hubo una estación en la que, por su situación en curva y por la cercanía a las paradas colindantes, no se pudo acometer esta reforma y acabó siendo clausurada por el Ministerio de Obras Públicas: la estación de Chamberí.

 

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

La icónica decoración de las estaciones del Metro de Madrid, incluidos vestíbulos, andenes o bocas de acceso, fue diseño del arquitecto Antonio Palacios. / Laura Llera

Tras más de 40 años cerrada y siendo objeto de curiosidades varias, la estación de Chamberí, después de una importante actuación de limpieza, restauración y conservación, fue reabierta en 2008 como centro de interpretación visitable del Metro de Madrid. Durante esas décadas en las que la “estación fantasma” permaneció cerrada al público, los accesos exteriores fueron vallados, hecho que permitió que se conservaran muchos de los objetos cotidianos de la época, como carteles publicitarios, tornos, papeleras… así como las cerámicas que recubrían toda la estación. Es decir, lo excepcional del lugar es que se trata de la única estación del Metropolitano que conserva su estado original casi en su práctica totalidad.

Luz y color para el Metropolitano de Madrid

En 1913 los ingenieros Carlos Mendoza (1872-1950), Miguel Otamendi (1878-1958) y Antonio González Echarte (1864-1942) presentaban un proyecto de red de metro para la ciudad de Madrid. El arquitecto Antonio Palacios (1874-1945) fue el encargado de diseñar las estaciones, los accesos y los edificios del proyecto. Se buscaba integrar el uso de materiales tradicionales en un entorno tecnológico completamente nuevo, dando un resultado muy decorativo de marcado estilo español. Con la aplicación de azulejería en el suburbano se pretendía proporcionar luminosidad y color a unos nuevos espacios -bajo tierra- que iban a ser utilizados por personas acostumbradas a la luz natural. La rica variedad de cerámicas de las diversas regiones españolas facilitó poner en práctica este empeño.

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

Estado actual de la estación de Metro de Chamberí (Madrid), alicatada con azulejos blancos y decorada con piezas coloreadas y/o con reflejo metálico. / Laura Llera

En Madrid, la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura tuvo su máximo apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX. Entonces, la azulejería publicitaria -especialmente en las estaciones del Metropolitano- y la urbana cobraron un especial significado. Este material favoreció el auge de las industrias cerámicas de los principales centros productores. Así, en la arquitectura madrileña de principios del siglo XX la cerámica vidriada desempeñaba un papel esencial desde la concepción inicial de los proyectos; y cabe resaltar la apuesta por seleccionar materias primas nacionales para su elaboración. En cuanto a las piezas de reposición que se han elaborado recientemente para las labores de restauración, se han respetado los aspectos formales de las originales, pero utilizando materiales y tecnologías que incrementan su resistencia.

El uso de la cerámica vidriada respondía también al apogeo en la época de la publicidad alicatada, así como a las condiciones de buena conservación y fácil limpieza que presenta la azulejería. Tras la Guerra Civil española (1936-1939) la publicidad en cerámica de la estación fue cubierta por tela y papel, que protegieron las cerámicas.

Qué nos dice el análisis científico de las cerámicas vidriadas de Chamberí

Un estudio multidisciplinar coordinado por personal investigador del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM) ha permitido conocer las materias primas y las tecnologías de fabricación de unas cerámicas vidriadas extraordinarias, especialmente elaboradas para este emplazamiento excepcional: la estación de Metro de Chamberí (Madrid). El conocimiento adquirido pretende apostar por la conservación y puesta en valor de estos materiales, tanto de las piezas originales como de las de reposición.

Conforme a la función que desempeñan en la estación, las piezas estudiadas se agrupan en:

  • Azulejos blancos y lisos, que revisten la práctica totalidad de los paramentos y desempeñan una función esencialmente práctica, al otorgar luminosidad y resultar de fácil limpieza.
  • Piezas con reflejo metálico y superficies adornadas, con un carácter marcadamente decorativo, resaltando los encuentros de los planos y el enmarcado de la publicidad alicatada en los andenes.
Piezas originales. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas originales. Arriba: azulejos blancos, elaborados en Onda (Castellón). Abajo: piezas con reflejo metálico, elaboradas en Triana (Sevilla). Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Los azulejos blancos originales fueron fabricados en Onda (Castellón) a partir de mezclas arcillosas muy ricas en carbonatos y cocidas a unos 950 ºC. Presentan un vidriado plúmbico alcalino cuya opacidad es en gran parte otorgada por partículas ricas en plomo y arsénico. Las piezas originales de carácter decorativo -con reflejo metálico- fueron elaboradas en Triana (Sevilla) a partir de arcillas illíticas calcáreas y cocidas entre 850-950 ºC. Se cubrieron con vidriados plúmbicos transparentes, con la adición de cobre y estaño.

Piezas de reposición. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos). Superior: azulejos blancos. Inferior: piezas decorativas con reflejo metálico

Piezas de reposición, elaboradas en Madrid. Arriba: azulejos blancos. Abajo: piezas con reflejo metálico. Perspectivas: a simple vista, imágenes de microscopia óptica de polarización (vidriados y soporte cerámico) y electrónica de barrido (soportes cerámicos).

Las piezas de reposición se elaboraron según el aspecto de las originales y se apostó por la utilización de materiales y técnicas que otorgaran especial resistencia a las piezas. Se fabricaron en Madrid con materias primas principalmente procedentes de Barcelona, Castellón y Teruel. Las blancas, a partir de arcillas illítico-caoliníticas y calcáreas ricas en cuarzo cocidas a >950 ºC, aplicando un vidriado alcalino muy rico en zircona y alúmina. Las nuevas piezas con reflejo se elaboraron a partir de arcillas illítico-caoliníticas muy alumínicas cocidas a <850 ºC y con la importante adición de una chamota especialmente refractaria, cubriéndose con un vidriado plúmbico-potásico rico en alúmina.

 

* Este proyecto de investigación ha sido realizado por un equipo multidisciplinar del Instituto de Geociencias (CSIC/UCM), la Universidad de Granada, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) y la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Puedes leer el artículo completo aquí.

De la investigación a tu casa: ¿cómo controlar el gas radón?

Por Borja Frutos Vázquez* y Mar Gulis (CSIC)

Llega el día en el que por fin decides mudarte a otra vivienda. Has escogido una bonita casa ubicada en la sierra, alejada de la gran ciudad, el tráfico, el bullicio y la contaminación. La situación te parece idílica y vives con ilusión el cambio hasta que un día, hablando con tus nuevos vecinos, descubres que vivir en ella te podría acarrear serios problemas de salud. Te informas y descubres que la mayoría de las casas construidas en esa zona tienen, en su interior, concentraciones de un gas que es considerado cancerígeno y que este se adentra en la vivienda de manera natural a través del suelo… ¿verdad que la situación ha empeorado bastante?

Esto nos podría suceder a cualquiera que decidamos ir a vivir a alguna de las zonas consideradas de potencial riesgo por presencia de radón según los mapas publicados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Esta cartografía representa, para todo el territorio nacional, los posibles niveles de presencia de gas radón según tres categorías.

Mapa de exposición potencial al radón elaborado por el CSN que muestra las tres zonas de riesgo, siendo la categoría 2 (color naranja) la de máximo riesgo

Pero tratemos de conocer mejor este gas, cómo puede estar presente en nuestros hogares y cómo podría afectar a nuestra salud.

El isótopo del radón Rn-222 aparece en la naturaleza como producto de la desintegración natural del radio-226, común en la corteza terrestre. La cantidad de este gas que puede exhalar viene definida, por un lado, por el contenido de radio del sustrato (por ejemplo, los graníticos), y por otro, por la permeabilidad del mismo, que facilita la movilidad a través de los poros. El radón, como elemento gaseoso, posee una alta movilidad y puede penetrar en los edificios a través de fisuras o grietas o por la propia permeabilidad de los materiales que estén en contacto con el terreno. Así, puede entrar fácilmente en el interior de la vivienda, atravesando los forjados, soleras y muros.

Caminos de mayor entrada de gas radón, que suelen coincidir con los puntos débiles de estanquidad de la envolvente en contacto con el terreno, fisuras, juntas, cámara de aire, chimeneas, conductos de saneamiento o materiales de cerramiento/ Elaboración propia

La acumulación de este gas en los recintos cerrados puede elevar las concentraciones y constituir un riesgo para la salud de las personas que lo inhalen. La OMS advierte de sus efectos, situándolo como agente cancerígeno de grado uno (es decir, probado), y alerta de que se trata de la segunda causa de cáncer de pulmón, detrás del tabaquismo. En otros documentos, como los publicados por la Agencia Estadounidense para la Protección Ambiental (EPA), se ofrecen datos de muertes asociadas a la inhalación de gas radón del mismo orden que las atribuidas a los accidentes de tráfico.

Dada la gravedad de la problemática y a partir de la percepción del riesgo derivada de estudios médicos epidemiológicos, algunos países han establecido unos niveles de concentración de radón de referencia, por encima de los cuales se recomienda, o se obliga según el caso, a una intervención arquitectónica para reducir los niveles. La concentración de este gas se expresa en bequerelios (número de desintegraciones subatómicas por segundo) por metro cúbico de aire y los valores límite que se están manejando a nivel internacional oscilan entre 100 y 300 Bq/m3, publicados en documentos de la OMS, la EPA o la Comisión Europea, mediante la Directiva 2013/59/EURATOM. Sobrepasados los niveles citados, resulta necesario realizar actuaciones correctoras para reducir las concentraciones.

¿Cómo se puede actuar frente al radón en las viviendas?

El CSN ha publicado una guía sobre las diferentes técnicas que se pueden emplear. Estas actuaciones se pueden clasificar en tres categorías. Ordenadas de mayor a menor eficacia, serían las siguientes:

  • Técnicas de despresurización del terreno. Se centran en drenar el gas contaminado en el terreno mediante redes o puntos de captación insertados en el subsuelo con conexión al ambiente exterior. Suelen usarse equipos de extracción para mejorar el rendimiento y radio de acción. Es una técnica de alta eficacia, aunque requiere de técnicos especializados.
  • Técnicas de barreras frente al radón. Se basan en la instalación de barreras estancas frente al paso del gas en todo elemento constructivo que separe el edificio del terreno. La colocación idónea es bajo la solera y por el exterior de los muros de sótano, por lo que suele usarse en proyectos en fase de ejecución y no en viviendas existentes.
  • Técnicas de ventilación. Mediante el intercambio de aire con el exterior se consigue reducir la concentración por dilución. Esta técnica puede requerir altas tasas de intercambio de aire que en muchos de los casos puede perjudicar la eficiencia energética por pérdidas de confort térmico. Se aconseja para situaciones de concentración baja o moderada.

Desde la identificación del radón como agente cancerígeno se ha incrementado el interés por el desarrollo de técnicas de protección. Durante las últimas dos décadas, se han venido probando soluciones y estudiando sus efectividades. En nuestro país, hace ya tiempo que se llevan a cabo estudios relacionados con la medida del gas, las concentraciones, los mecanismos de transporte o los efectos sobre la salud. Sin embargo, la investigación sobre las técnicas de protección y las experiencias de aplicación son aún escasas. En esta línea, en el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja del CSIC se están desarrollando, en la actualidad, dos proyectos con el objetivo de controlar con mayor precisión la eficacia y optimizar el diseño de técnicas de protección. En concreto, el proyecto RADONCERO, busca obtener datos de optimización de los sistemas de protección frente a la entrada de gas radón en edificios para desarrollar una metodología de intervención que tenga en cuenta la diversidad de terrenos, las tipologías edificatorias más comunes en España y el uso que se les vaya a dar.

Para ello, en primer lugar, se evalúa la penetración de radón en edificios existentes analizando varias tipologías de terrenos y técnicas constructivas. En segundo lugar, se estudian los sistemas de protección como las barreras y los basados en extracciones de gas y ventilaciones (mediante el uso de herramientas informáticas que permiten simular procesos de movimiento del gas en todo el recorrido, desde el terreno hasta el interior del edificio). La última fase del proyecto consiste en la intervención en los edificios previamente analizados, aplicando el método resultante de los estudios de simulación antes citados y el método que ha sido propuesto para la protección frente al radón.

Dado que, a pesar de su importancia, aún no existe una reglamentación específica al respecto en nuestro país, los resultados de este proyecto constituyen una referencia técnica para el documento básico de protección frente al gas radón que se encuentra en la actualidad en fase de desarrollo en el ámbito del Código Técnico de la Edificación.


* Borja Frutos Vázquez es investigador del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc), del CSIC y lidera el proyecto RADONCERO.

¿En qué consiste un estudio clínico nutricional? Te invitamos a participar en uno

Por Jara Pérez Jiménez (CSIC)*

A menudo nos llegan mensajes que hablan de la última dieta milagrosa o del alimento que no debe faltar en nuestra alimentación para evitar alguna enfermedad. Pero lo cierto es que el proceso de investigación en nutrición, hasta llegar a una conclusión trasladable al público general, es bastante lento y riguroso.

La investigación en nutrición suele combinar distintas etapas. La primera se basa en estudios in vitro, por ejemplo en células aisladas, donde se puede hacer una primera selección de alimentos potencialmente interesantes en relación a cierto proceso biológico, o evaluar los mecanismos de acción de un compuesto alimentario una vez entra en la célula. También se realizan experimentos en animales, que pueden ser útiles para determinar si un compuesto se acumula en determinados órganos, que se convertirían en reservorios del mismo. Finalmente, llegamos a los estudios en humanos. Dentro de estos últimos, a veces se desarrollan estudios observacionales, donde grupos de individuos proporcionan información sobre su dieta habitual y se evalúa cómo ésta se asocia con distintos marcadores de salud. En otras ocasiones, se trata de estudios clínicos nutricionales. Vamos a ver en qué consisten, y te propondremos participar en uno de ellos relacionado con la uva.

En los estudios clínicos nutricionales se pretende evaluar los efectos que se producen en la salud al incorporar cierto alimento a la dieta o al seguir unas pautas alimentarias concretas. Si has oído hablar de los estudios clínicos con medicamentos, a lo mejor estás pensando “ah, es lo mismo, pero en lugar de con una medicina, con un alimento”. La respuesta es “sí, pero no”, ya que los estudios clínicos nutricionales tienen algunas características específicas.

Las dificultades de investigar en nutrición

En la investigación con medicamentos es relativamente fácil preparar un placebo, por ejemplo, produciendo una cápsula con un aspecto semejante al de la medicina que se está probando, pero sin incorporar el principio activo. Sin embargo, ¿cómo se prepara el placebo de una manzana? Y lo cierto es que en los estudios nutricionales también se produce el efecto placebo.

Otra diferencia es que, si se está testando un nuevo medicamento que se ha sintetizado en el laboratorio, los investigadores médicos pueden tener la certeza de que los sujetos no están tomando este producto por ninguna otra vía. Pero, ¿cómo hacemos con los alimentos, que contienen múltiples compuestos, muchos de los cuales forman parte a su vez de otros alimentos? Por esta razón, los participantes en los estudios nutricionales suelen recibir instrucciones sobre cómo debe ser el conjunto de su dieta durante el estudio o qué alimentos no pueden consumir, todo ello para intentar que el grupo sea lo más homogéneo posible.

Y además, resulta que mientras de un medicamento se pueden probar dosis elevadas si no implican efectos secundarios relevantes, en nutrición existe un límite en las dosis que se pueden emplear. Éste viene fijado, entre otros, por el máximo que resulte razonable consumir en una dieta habitual; es poco relevante evaluar el efecto de consumir un kilo al día de salmón porque resulta bastante improbable que alguien haga eso de por vida.

Buscamos personas voluntarias para un estudio

Investigar en nutrición no es fácil pero, a pesar de ello, se sigue avanzando en este campo, para lo que son clave los estudios clínicos y, por supuesto, las personas que forman parte de los mismos. Porque a lo mejor te estarás preguntando quiénes son los que participan en estudios clínicos nutricionales. Pues son voluntarios, que pueden tener distintas características según lo que se investigue en cada estudio: a veces se centran en personas de una determinada edad, con cierta patología o que practiquen un deporte en concreto.

En el grupo de investigación ‘Polifenoles no extraíbles, antioxidantes y fibra dietética en salud’, del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN), un centro del CSIC, estamos buscando voluntarios para un nuevo estudio nutricional. En concreto, buscamos personas con obesidad, que no presenten enfermedades cardiovasculares ni diabetes, ni tomen medicación relacionada con la glucosa, el colesterol o la tensión.

Estamos desarrollando un proyecto de investigación financiado por la Comisión de la uva de mesa de California para evaluar si ciertos compuestos de la uva -los polifenoles- permiten regular el metabolismo de las grasas y azúcares después de comer. Y es que a continuación de cada comida, como es lógico, en nuestro cuerpo se producen aumentos de estos compuestos en sangre. Pero en función de cómo ocurra esto (durante cuánto tiempo se mantengan altos esos niveles o a qué valores lleguen), puede aumentar nuestro riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2. De ahí el interés en comprender mejor este proceso y evaluar si hay componentes de la dieta que lo puedan modular.

Y como lo que queremos es evaluar los efectos de la uva cuando se toma en una comida, los participantes en nuestro estudio han de tomar un desayuno y una comida que irán acompañados o de uva en polvo o de un producto placebo (una forma que tenemos para resolver el problema de cómo encontrar un placebo adecuado para los alimentos es proporcionarlos en polvo). A distintos tiempos se irán haciendo extracciones de sangre y en esas muestras podremos medir las diferencias en el metabolismo cuando se toma la uva o cuando se consume el placebo. De esta manera, podremos seguir avanzado para proporcionar información nutricional rigurosa y basada en la investigación.

Si crees que cumples los requisitos o quieres contactar con el equipo de esta investigación, puedes enviar un mensaje a uvasalud@ictan.csic.es.

* Jara Pérez Jiménez es investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición (ICTAN), del CSIC.

La importancia de salirse de la norma: las proteínas dúctiles

Por Inmaculada Yruela (CSIC)*

A mediados del siglo XX se pensaba que las proteínas que no podían adoptar una determinada organización espacial y una estructura definida no podían realizar una función. Pero, a veces, los fenómenos que no encajan con el paradigma dominante del momento acaban convirtiéndose en la pieza central de un nuevo paradigma. Este es el caso de algunas observaciones que se hacían en el campo de la biología molecular a finales del siglo XX: las proteínas dúctiles o conocidas en inglés como Intrinsically Disordered Proteins (IDPs). Este tipo de proteínas, lejos de haber sido olvidadas por la comunidad científica debido a lo irregular y desordenado de su estructura, son cada día más populares gracias a su carácter moldeable y flexible (dúctil) y al papel que juegan tanto en los procesos de desarrollo y adaptación de los organismos a los cambios medioambientales como en la aparición de enfermedades como el cáncer, el Alzheimer, el Parkinson o la diabetes, entre otras.

Ejemplo de una proteína compacta y estructurada con varios módulos. Cada módulo se representa en un color diferente. Fuente: RCSB Protein Data Bank (https://www.rcsb.org) PDB 2VGB (Valentini et al. 2002)

Ejemplo de proteína compacta y estructurada con varios módulos. Cada uno en un color diferente. / Fuente: RCSB Protein Data Bank – PDB 2VGB (Valentini et al. 2002)

Desde los años sesenta del pasado siglo podemos explicar muchas de las propiedades de las proteínas, incluyendo su funcionamiento. Esto se consigue mediante el conocimiento de sus estructuras tridimensionales obtenidas a partir de la cristalografía y la difracción de rayos X. El año 1962 marcó un hito a este respecto cuando se concedió el premio Nobel en Química a John Kendrew y Max Perutz, investigadores que resolvieron las primeras estructuras de proteínas. Se trataba de dos proteínas humanas esenciales: la hemoglobina de los glóbulos rojos de la sangre y la mioglobina de los músculos. Actualmente, el número de estructuras resueltas se acerca a las 150.000, la mayoría en humanos y animal bovino.

A finales del siglo XX se observó que algunas proteínas escapaban de estos procedimientos experimentales, no pudiéndose resolver sus estructuras con las técnicas disponibles. Sin embargo, en los últimos veinte años las investigaciones han sido decisivas en este terreno para establecer que, en contra de lo aceptado en el pasado siglo, las proteínas no requieren adoptar formas rígidas y bien estructuradas en el espacio tridimensional para realizar sus funciones en la célula, sino que, por el contrario, la flexibilidad y la ductilidad en las proteínas es una propiedad que a menudo resulta crucial para su funcionamiento. Las proteínas dúctiles son esenciales para el ciclo celular, para la señalización celular y la regulación de los genes y las proteínas. Se considera que pueden haber desempeñado un papel clave durante la formación de los organismos multicelulares y la evolución.

Ejemplo de una proteína dúctil con un módulo estructurado (verde) y un módulo flexible (rojo). Fuente: RCSB Protein Data Bank (https://www.rcsb.org) PDB 2ME9 (Follis et al. 2014).

Ejemplo de proteína dúctil con un módulo estructurado (verde) y un módulo flexible (rojo). / Fuente: RCSB Protein Data Bank – PDB 2ME9 (Follis et al. 2014)

Se estima que, por ejemplo, en los animales, humanos y plantas, más de una tercera parte de las proteínas se hallan total o parcialmente desestructuradas, es decir, son proteínas que carecen, en su conjunto o en alguna de sus partes, de una estructura tridimensional estable en condiciones fisiológicas, aunque realizan importantes funciones biológicas. Por tanto, las proteínas no son entidades estructuralmente tan homogéneas como se pensaba, dado que presentan un nivel relevante de heterogeneidad. De esta manera, la estructura de una proteína no ha de considerarse como algo rígido, sino como algo dinámico. La transición entre diferentes formas, llamados estados conformacionales, que transcurre por estados sucesivos de completa estructuración y diferente grado de desestructuración, es necesaria para el reconocimiento y la interacción entre biomoléculas y para una función óptima.

Las proteínas con regiones dúctiles facilitan muchos procesos biológicos en la célula. Sin embargo, a menudo, la falta de organización estructural o plegamiento da lugar a la formación de agregados, que pueden acumularse en los órganos y tejidos del organismo dando lugar a ciertas enfermedades. Las características singulares de las proteínas dúctiles también hacen que su protagonismo trascienda a otras disciplinas científicas, tales como la medicina regenerativa, la nanotecnología, la agricultura o la tecnología de alimentos. El futuro que se abre en estos campos es estimulante y prometedor.

 

* Inmaculada Yruela Guerrero es investigadora en la Estación Experimental de Aula Dei (CSIC). Es autora del libro Las proteínas dúctiles (2016) en la colección ¿Qué sabemos de? (Editorial CSIC – Los Libros de la Catarata) y del espectáculo artístico-científico de danza, música y ciencia Molecular Plasticity: la relevancia de las proteínas dúctiles, producido en colaboración con la Ciència Al Teu Món y con la ayuda de la FECYT. Molecular Plasticity recorrerá distintos espacios abiertos a la divulgación científica en el territorio español.

¿Te atreves a fotografiar la ciencia? ¡Participa en la 16ª edición de FOTCIENCIA!

Por Mar Gulis (CSIC)

Prepara el objetivo y dispara. Tienes hasta el próximo 8 de febrero de 2019 (a las 12:00 a.m., hora peninsular española) para enviarnos tus fotos. Un año más, FOTCIENCIA pretende seleccionar las mejores imágenes relacionadas con la ciencia y la tecnología, con el objetivo de producir un catálogo y una exposición itinerante que recorrerá museos y centros culturales de toda España en 2019/20. Hay varias modalidades y la temática es casi infinita. ¡Las mejores imágenes serán remuneradas hasta con 1.500€!

Las fotos pueden estar relacionadas con la investigación científica o sus aplicaciones, reflejar aspectos concretos de algún fenómeno científico, mostrar el objeto de estudio de una investigación o las personas que la realizan, su instrumentación e instalaciones, los resultados de un avance científico, etc. Las imágenes han de presentarse junto con un texto propio y divulgativo que explique su contenido. A partir de criterios técnicos y estéticos, un jurado elegirá las mejores fotografías en las diferentes categorías.

FOTCIENCIA, una iniciativa organizada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con el apoyo de la Fundación Jesús Serra, celebra este año su 16ª edición. Como en otras ocasiones, las imágenes seleccionadas formarán parte de un catálogo y una exposición itinerante. Consulta aquí las normas de participación y toda la información.

Acrilamida, el contaminante que podemos reducir de nuestras patatas fritas

Por Marta Mesías, Cristina Delgado Francisco J. Morales, (CSIC)*

La acrilamida es un contaminante químico que se produce de forma natural cuando se cocinan determinados alimentos a elevadas temperaturas (más de 120°C) y baja humedad. Se encuentra sobre todo en el café tostado, los cereales horneados y las patatas fritas. En general, los alimentos de origen vegetal contienen tanto azúcares como un aminoácido llamado asparagina, por lo que cuando se tuestan, se hornean o se fríen, se desarrolla una reacción llamada reacción de Maillard que, además de generar el aroma y el color apetecible de los alimentos procesados, da lugar a la formación de acrilamida.

Pero, ¿por qué debemos preocuparnos precisamente ahora por la acrilamida? En el año 2002 se descubrió su presencia en los alimentos procesados y se comprobó que la dieta es la principal fuente de exposición a este contaminante. Además, la acrilamida se encuentra tanto en alimentos procesados en la industria, como en alimentos cocinados en restaurantes y en nuestros hogares.

Años más tarde, en 2015, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA por sus siglas en inglés), tras consider las investigaciones aportadas hasta la fecha, concluyó que la presencia de acrilamida en los alimentos puede aumentar la probabilidad de desarrollar determinados tipos de cáncer y, por tanto, la ingesta de este compuesto puede suponer un riesgo para el consumidor. Durante este tiempo se han desarrollado numerosos estudios para comprender por qué se forma la acrilamida y cómo podemos reducir su aparición en los alimentos.

El pasado mes de abril entró en vigor el Reglamento de la Comisión Europea donde se establecen medidas concretas que obligan a las empresas alimentarias a controlar y reducir la presencia de acrilamida en los alimentos. Además, se fijan niveles de referencia para las principales fuentes de exposición (café, cereales y patatas fritas) y, en especial, para los alimentos infantiles, ya que los niños de corta edad, por su menor peso corporal y una dieta más monótona, tienen mayores tasas de exposición que la población adulta.

¿Cómo reducir la formación de acrilamida en las patatas fritas?

La buena noticia es que en nuestros hogares podemos reducir la formación de acrilamida y, en consecuencia, bajar los niveles globales de exposición. Sólo hay que seguir unas sencillas recomendaciones durante la manipulación y fritura de la patata:

  • En primer lugar debemos seleccionar patatas frescas sanas, no dañadas, sin zonas verdes, sin heridas y sin brotes.
  • Las patatas no deben almacenarse a bajas temperaturas, ya que el frío favorece la degradación del almidón a azúcares sencillos, que incrementarán la formación de acrilamida durante la fritura.
  • Después de pelar y cortar las patatas, debemos lavarlas bien debajo del grifo.
  • Una vez lavadas, hay que dejarlas en remojo en agua al menos 10 minutos, lo que favorecerá la eliminación de un posible exceso de azúcares. Esta acción es especialmente recomendable si utilizamos patatas de conservación. El objetivo es reducir el contenido en azúcares en la patata fresca, ya que se formará menos acrilamida durante la fritura.
  • Por último, hay que freír a temperaturas inferiores a 175°C y sólo durante el tiempo necesario para conseguir un color dorado. Conviene seguir el lema de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), “dorado, pero no pasado”, ya que la acrilamida se relaciona con la aparición del color tostado en los alimentos procesados.

El proyecto de investigación SAFEFRYING, que se desarrolla en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC, trabaja en identificar los puntos críticos de formación de acrilamida durante las operaciones de fritura en el ámbito doméstico y de restauración colectiva. La investigación se ha centrado principalmente en las patatas fritas, ya que su fritura es habitual en nuestras cocinas y los niveles de acrilamida pueden variar hasta en un 80% dependiendo del tipo de elaboración.

 

Marta Mesías, Cristina Delgado, Francisco J. Morales son investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC. Su grupo de investigación CHEMPROFOOD desarrolla el proyecto SAFEFRYING.

 

Emigrar a la ciudad, precaria solución para aves amenazadas

Por Álvaro Luna (CSIC) *

Cuando se piensa en una ciudad, rara vez se hace desde el punto de vista de la naturaleza que alberga. Sin embargo, hoy se estima que el 20% de especies de aves del mundo está presente en ciudades, y cada vez conocemos más casos de plantas y animales en peligro de extinción que encuentran un insospechado refugio en ecosistemas altamente humanizados.

Un ejemplo que recientemente hemos dado a conocer tiene como protagonistas a dos psitácidas (especies normalmente llamadas loros o papagayos). Se trata de dos aves autóctonas de La Española, isla caribeña que engloba a República Dominicana y Haití: la cotorra Amazona ventralis y el perico Psittacara chloropterus.

Pericos de La Española anidan en la ciudad de Santo Domingo. / Álvaro Luna

Pericos de La Española anidan en la ciudad de Santo Domingo. / Álvaro Luna

La transformación del hábitat para uso ganadero y agrícola fue relegando a estos animales a zonas cada vez más recónditas. Para más inri, han sido y son cazados al acudir a comer a los cultivos y, últimamente, el ‘mascotismo’ se ha unido al resto de factores que han llevado al límite a estos loros, convirtiéndose en un terrible problema que diezma las escasas poblaciones restantes a través de la captura ilegal, que se da incluso dentro de espacios protegidos.

Un estudio llevado a cabo por un grupo de investigación de la Estación Biológica de Doñana del CSIC ha profundizado en la alarmante situación de la cotorra y el perico de la isla La Española en sus ecosistemas originarios, y ha detectado escasos ejemplares incluso en las zonas mejor conservadas del país (se visitaron 12 espacios protegidos y todo tipo de hábitats), un escenario que resulta ser aún peor de lo que se estimaba.

Esta situación contrasta con las poblaciones de dichas especies que se han descubierto en las grandes ciudades de República Dominicana, único lugar donde se observa con facilidad a estos animales. Por ejemplo, en Santo Domingo se han censado dormideros con unos 1.500 ejemplares de perico, y en Santiago otro de 50 cotorras. En la naturaleza, por establecer una comparación, en un dormidero encontrado en la reserva de la biosfera, donde a priori están las mejores poblaciones, se contaron solo 137 pericos y 15 cotorras. Así, los datos obtenidos sobre observaciones de estas especies a lo largo y ancho del país arrojan que el perico es 6 veces más abundante en la ciudad que en entornos naturales, y 3 veces más en el caso de la cotorra.

Hábitat de cría usado por las poblaciones de loros urbanos en ciudades de República Dominicana. /Álvaro Luna

Hábitat de cría usado por las poblaciones de loros urbanos en ciudades de República Dominicana. / Álvaro Luna

No obstante, más allá de números, no hay que desatender el hecho de que estas especies realizan unas funciones ecológicas en la naturaleza que además, en el caso actual de esta isla, no pueden desarrollar otras especies, como es la dispersión de semillas de árboles. A modo de ejemplo, durante este estudio se recolectaron 306 semillas pertenecientes a 11 especies diferentes de árboles (el 99.5% aptas para germinar) que habían sido dispersadas por estos loros, y se midieron las distancias entre las semillas y el árbol más cercano de su misma especie. La distancia mínima media de dispersión fueron 37 metros, siendo el 93% de los casos dispersiones en un rango de entre 20-60 metros, con algunos casos de mayores distancias. Prácticamente todos los casos fueron en ciudad, dada la ausencia de las dos especies en el medio natural.

Se podría decir que para estas aves amenazadas puede que la ciudad sea su última baza para evitar la extinción, pero la desaparición de poblaciones viables de su hábitat real y originario acarreará también la extinción de funciones ecológicas en sus ecosistemas naturales, algo sobre lo que casi nadie está reparando. El hecho de que estos loros estén ecológicamente extintos en los bosques de la isla afectará a la estructura y dinámica de los mismos, con repercusiones presentes y futuras negativas.

 

* Álvaro Luna es investigador doctorando en la Estación Biológica de Doñana del CSIC y autor del libro Un leopardo en el jardín. La ciudad: un nuevo ecosistema (Tundra)

Todavía no vivimos en el Antropoceno

Por Valentí Rull  y Mar Gulis, CSIC*

A pesar de lo habitual y extendido de su uso, ‘Antropoceno’ es un término informal, es decir, pendiente de homologación científica. Los seres humanos hemos cambiado la configuración y el funcionamiento de la Tierra a escala global, de eso no hay duda. Pero, ¿existen suficientes diferencias geológicas para justificar que el Holoceno, la época en la que vivimos actualmente, ha terminado y hemos pasado a otra nueva? Actualmente solo podemos hablar del ‘Antropoceno’ como candidata a época geológica, ya que la comunidad científica, en concreto un grupo de trabajo de la Comisión Internacional de Estratigrafía (CIE), está en pleno estudio para añadir, o no, esta nueva época a la tabla cronoestratigráfica internacional. ¿Cómo se valida científicamente una época geológica? ¿Qué cuestiones hay que demostrar? Lo intentamos aclarar a continuación respondiendo a estas y otras preguntas:

Las primeras huellas geológicas de la influencia de las actividades humanas sobre la Tierra, ¿son globales y sincrónicas como requieren las normas estratigráficas vigentes? Son globales pero no sincrónicas. Las primeras evidencias de influencia humana sobre la Tierra como sistema son las correspondientes a la Revolución Neolítica, es decir, la deforestación general y el surgimiento y la expansión global de la agricultura y la ganadería. Estas evidencias ocurrieron en todos los continentes, pero en distintas fechas, desde más o menos 8.000 hasta 5.000 años antes del presente, por eso no se pueden utilizar para argumentar el cambio de época geológica.

¿Existen otras manifestaciones geológicas de la influencia humana sobre la Tierra que sean globales y sincrónicas? Sí, pero son mucho más recientes. Existen eventos cuya huella es muy clara, como son la revolución industrial (iniciada a finales del siglo XVIII) y las primeras pruebas nucleares, a mitad del siglo XX. Estos acontecimientos han dejado huellas globales y algunas de ellas sincrónicas en las rocas y sedimentos, como por ejemplo cenizas volantes producto de la quema de combustibles fósiles, aparición de contaminantes (fluorocarbonos, plástico) o incremento de elementos radiactivos como consecuencia de explosiones nucleares.

El incremento de elementos radiactivos (sobre todo isótopos de carbono y plutonio) debido a explosiones nucleares como la prueba con armas nucleares que se ve en la imagen son un ejemplo de la huella geológica humana sobre la Tierra.

¿Cuál es el estado actual de la formalización del ‘Antropoceno’ como la supuesta nueva época geológica en la que vivimos? Actualmente el Grupo de Trabajo del Antropoceno (GTA) perteneciente a la CIE, organismo encargado de definir la historia geológica de la Tierra, está elaborando la propuesta formal que entregará entre 2019 y 2020. Una vez ultimada, esta propuesta será sometida a votación por expertos y expertas de la CIE y tendrá que ratificarse por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas en un Congreso Geológico Mundial.

¿Cuáles son las principales críticas que se le hacen a la propuesta del ‘Antropoceno’? Las posiciones críticas se muestran incrédulas con respecto a la posibilidad de que el ‘Antropoceno’ logre adaptarse a las exigencias de la reglamentación estratigráfica. Algunos de los defensores de esta postura consideran que el concepto actual de ‘Antropoceno’ es más una cuestión política que científica y que no es competencia de la estratigrafía como ciencia, una rama de la geología.

¿Hace falta definir formalmente el ‘Antropoceno’ para cambiar de actitud con respecto a las relaciones de la humanidad con el sistema Tierra? Este es uno de los principales argumentos del GTA y sus seguidores, quienes están convencidos de que el ‘Antropoceno’, una vez formalizado, sería un instrumento muy valioso para ejercer la presión política necesaria de cara a cambiar nuestra relación con el planeta. Los críticos, sin embargo, creen que el impacto humano sobre la Tierra es algo suficientemente conocido y bien incorporado a la conciencia social, a nivel global, y el hecho de tener un ‘Antropoceno’ oficial no repercutiría en una mayor concienciación en este sentido.

Habrá que esperar hasta 2020, como mínimo, para saber si podemos quitarle las comillas simples a este término para referirnos a una nueva época oficial del tiempo geológico. Lo que sí parece cierto es que si no cambiamos de actitud con respecto a la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación, la acumulación de residuos, etc., la situación será insostenible a corto o medio plazo, independientemente de que el ‘Antropoceno’ sea aceptado como una nueva época geológica.

Valentí Rull es investigador en el Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera del CSIC y autor del libro El Antropoceno (Editorial CSIC-Los Libros de la Catarata), de la colección ¿Qué sabemos de?.

Mientras la igualdad real sea un espejismo, necesitamos el 8 de marzo

Por Concha Roldán (CSIC)*

La alemana Clara Zetkin propuso en 1910 la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora / Wikipedia

En 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Hasta entonces ya llevaba más de 50 años (desde 1911) celebrándose bajo la denominación de Día Internacional de la Mujer Trabajadora: la propuesta había sido realizada por la maestra alemana Clara Zetkin (1857-1933) en la II Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague en 1910, y fue aceptada por unanimidad.

Pero ¿por qué elegir el 8 de marzo para esta celebración? En 1857 y en 1908 se produjeron en Nueva York dos huelgas de trabajadoras textiles (los operarios textiles eran ya entonces en su mayoría mujeres muy mal remuneradas). Al parecer, ambas tuvieron lugar un 8 de marzo y la segunda de ellas ha pasado a la historia de la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres, dramáticamente recordada por la muerte de 120 mujeres en el incendio de la fábrica, donde habían sido encerradas por los dueños.

Clara Zetkin luchó toda su vida por los derechos fundamentales de las mujeres y sus convicciones feministas fueron de la mano de un socialismo que para ella rimaba con el pacifismo. Por eso, cuando el partido socialdemócrata alemán secundó la entrada de Alemania en la Primera Guerra Mundial, tanto ella como su amiga Rosa Luxemburgo (1871-1919) y su discípula Alejandra Kollontai (1872-1952) se refugiaron en las filas del comunismo ruso, que criticaba la familia patriarcal burguesa y quería “trasladar el hogar a la sociedad instaurando guarderías y casas-cuna”. Pero el verdadero rostro del patriarcado asomó tras las filas progresistas cuando Kollontai empezó a hablar de liberación sexual, como explica Ana de Miguel. Las ideologías patriarcales cosificaban y siguen cosificando los cuerpos de las mujeres, y detrás de ello emerge continuamente la violencia de género, que incluye la mutilación genital, la prostitución, la violencia obstétrica, los vientres de alquiler, las granjas de mujeres, etc. Algunos refranes castellanos son ilustrativos de lo que digo: “la maté porque era mía”, “la mujer, la pata quebrada y en casa”, etc.

Las mujeres estaban vinculadas “por naturaleza” a las tareas domésticas y de cuidado, destinadas al servicio y goce de los varones. Esto es algo que subrayan la mayoría de los filósofos occidentales, desde Aristóteles hasta Nietzsche, pasando por Kant, Kierkegaard o Schopenhauer. Las mujeres eran excluidas del estudio, del desempeño de tareas en la vida pública, de los derechos, de la ciudadanía, sencillamente porque eran consideradas inferiores a los varones: el “sexo débil” o “segundo sexo”, como denunciara Simone de Beauvoir (1908-1986) en su conocido libro. De ahí que las economías y políticas capitalistas sigan teniendo un trato desigual con las mujeres: me refiero a la precariedad de los empleos, la brecha salarial o al denominado techo de cristal, que se ha convertido en techo de acero impenetrable para la mayoría de las mujeres.

‘Escritos sobre la igualdad y en defensa de las mujeres’, de Marie de Gournay, es uno de los títulos de la colección Clásicos del Pensamiento del CSIC

Como ya puso de manifiesto en nuestro país Celia Amorós (Hacia una crítica de la razón patriarcal), el tejido social –tanto en las sociedades occidentales como en las orientales– se nutre de un humus androcéntrico. Y la vuelta de las políticas conservadoras lleva aparejado el retorno de una ideología patriarcal, de forma que la igualdad real sigue siendo un espejismo (Amelia Valcárcel, Feminismo en un mundo global), a pesar de los aparentes avances jurídicos. En este sentido, he denominado al patriarcado en algunos de mis escritos como “Alien, el octavo pasajero”. A pesar de creernos que lo hemos erradicado, siempre resurge pregnante y viscoso a través de rejillas y hendiduras para terminar anidando dentro de nosotros/as mismos/as…

Desde la filosofía queremos reivindicar a las mujeres como sujetos autónomos e independientes, defender que #lasMujeresTambiénPiensan. Por eso la actual presidenta de la Red Española de Filosofía, María José Guerra, ha lanzado una campaña para dar a conocer a las pensadoras, para combatir la invisibilidad, la falta de reconocimiento y hasta de legitimidad de las mujeres filósofas, a las que se ha hurtado un lugar en las historias de la filosofía durante siglos. Además, las filósofas que nos consideramos feministas queremos reivindicar nuestra propia genealogía, denunciar la masculinización de la filosofía y construir un “canon feminista”. Sin duda, son muchos los feminismos y está bien que prolifere esa pluralidad, siempre y cuando –a mi entender – todas sigamos defendiendo “un feminismo”, en singular, en el sentido de Alisson Jaggar: “Lo común a las diversas formulaciones de la teoría feminista es su compromiso por terminar con la subordinación, marginación y dominación de las mujeres”.  Acaso esta sea la razón última por la que diferentes mujeres de 177 países hemos decidido secundar una huelga general.

 

*Concha Roldán es investigadora y directora del Instituto de Filosofía del CSIC.