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CURIOSIDADES CIENTÍFICAS PARA COMPARTIR

Archivo de la categoría ‘Historia y Ciencias Sociales’

El Sarmiento de Gamboa rescata de 1804 al ‘Nuestra Señora de las Mercedes’

El buque Sarmiento de Gamboa puede que no se parezca al DeLorean de ‘Doc’ y ‘Marty McFly’, pero este 17 de ha zarpado desde Cádiz para realizar un auténtico viaje en el tiempo: una campaña de arqueología subacuática que transportará a su personal científico, técnico y tripulantes al 5 de octubre de 1804, día del hundimiento de la fragata de la armada española Nuestra Señora de las Mercedes. Con sus 70 metros de eslora y 16 metros de manga, el buque oceanográfico del CSIC surcará las aguas del golfo gaditano, pero en esta ocasión su misión no será la circulación oceánica global o evaluar la biodiversidad, sino recuperar piezas patrimoniales de este pecio histórico.

Buque Sarmiento de Gamboa. / CSIC

Hace doscientos años…

Trescientas personas zarparon el 9 de agosto de 1804 desde Montevideo rumbo a Cádiz a bordo de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Su misión era llevar a la malograda y necesitada Hacienda de Carlos IV miles de monedas de plata y oro recaudadas en las colonias. La ‘Mercedes’, junto a otras tres fragatas, ‘Medea’, ‘Fama’ y ‘Santa Clara’, conformaba la flota comandada por José de Bustamante y Guerra, reconocido marino que incluso había ocupado el cargo de gobernador de Montevideo y que había colaborado con el célebre Alejandro Malaspina en su expedición científica.

La fragata ‘Mercedes’, capitaneada por José Manuel de Goicoa y Labart, transportaba en sus bodegas cerca de dos millones de pesos entre monedas y pasta de plata y oro (según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). A estos valores hay que añadir barras de bronce, lana de vicuña, cubertería de plata e incluso un cargamento de plantas medicinales muy apreciadas en la época. Cuando apenas faltaba un día de navegación para llegar a Cádiz, pasando justo frente al cabo Santa María en el Algarve portugués, la flota fue atacada por navíos de la armada británica. En medio de la batalla fue alcanzada la ‘santabárbara’, o recámara de custodia de la pólvora, de la fragata ‘Mercedes’, saltando por los aires la embarcación y yendo a parar al fondo del mar todo su valioso cargamento. Este hecho tuvo como consecuencia el final del acuerdo de paz de Inglaterra y España, y fue el preludio de la batalla de Trafalgar.

La misión

Los trabajos de arqueología se llevarán a cabo a más de mil metros profundidad, utilizando un equipamiento considerado como el más moderno de la flota oceanográfica financiada por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.  Entre estos equipos de vanguardia se encuentra un ROV (Remote Operated Vehicle) de altas profundidades del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y un AUV (Autonomous Underwater Vehicle). Estos sofisticados artilugios servirán para bajar en busca de tesoros como los cañones de la fragata, que podrían estar en riesgo de desaparición, bien por la fragilidad debida al paso del tiempo o por su difícil ubicación, a más de mil metros de profundidad.

Con esta campaña también se busca seguir documentando el estado actual de los restos del pecio y las condiciones en las que se encuentra toda la extensión del sitio arqueológico, especialmente tras el sonado altercado en mayo de 2007 a causa del expolio de la empresa de ‘cazatesoros’ norteamericana Odyssey Marine Exploration. Tras la comprobación de que el cargamento fue extraído de la fragata Mercedes, las autoridades españolas determinaron que se trataba de patrimonio español. Después del litigio, finalizado en septiembre de 2011, el Tribunal de Apelaciones de Atlanta ordenó que la empresa entregara el tesoro a España. Las 17 toneladas de monedas y otros objetos viajaron desde Florida hasta su actual destino, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena.

Historia del Sarmiento de Gamboa

El buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa ya ha cumplido diez años dedicados a la ciencia, realizado más de 70 misiones en diferentes proyectos de investigación marina y recorrido más de 250.000 millas náuticas, equivalente a dar la vuelta al mundo por el ecuador diez veces. Construido y botado en los Astilleros Freire de Vigo en 2006, la variedad de misiones en las que se emplea este buque ha incluido desde monitorizar la sismicidad de la región en la falla de Al-Idrissi, en el Mar de Alborán, hasta el salvamento de 194 refugiados sirios en diciembre de 2014 cerca de las aguas de Sicilia.

El buque realizó su primera campaña de investigación oficial en 2007 y desde esa fecha ha conseguido hitos como el despliegue del primer laboratorio submarino (GEOSTAR) para alertas de tsunamis en el Golfo de Cádiz; la instalación del primer laboratorio submarino cableado de España (OBSEA) en la costa catalana; la participación en la expedición de circunnavegación Malaspina, o la primera obtención de imágenes de la corteza terrestre de la zona de colisión de Eurasia/África.

El capitán del Sarmiento de Gamboa, Pablo Fernández (izda.). / Miguel A. Jiménez

Bajo el mando de su actual capitán, Pablo Fernández (Argovejo, León, 1982), sus últimas misiones fueron las actividades de apoyo logístico al proyecto de remodelación de la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I, empleando un total de 323 días fuera de su puerto base. La campaña de 2017 cubrirá un amplio espectro de investigaciones marinas, como el estudio de procesos ecológicos y demográficos de la merluza, el impacto antrópico en las zonas de pesca o la dinámica de las masas de aguas oceánicas.

El Sarmiento de Gamboa es una de las cuatro embarcaciones dedicadas a la investigación científica en las que participa el CSIC. A la lista de buques oceanográficos que gestiona el Consejo hay que sumar el Hespérides (propiedad de la Armada española), el García del Cid y el Mytilus. Todos ellos prestan servicios tanto a equipos científicos de diferentes centros del CSIC, como a otras instituciones nacionales e internacionales, pero además tanto el Hespérides como el Sarmiento de Gamboa, por sus particulares dimensiones, características y costes, son considerados ‘Infraestructuras Científicas y Tecnológicas Singulares (ICTS)’, instalaciones únicas y excepcionales con un alto coste de inversión y gracias a las cuales es posible la materialización de proyectos de vanguardia.

 

 

Ciencia, literatura y viaje: ¡coge tu cámara y participa!

Por Mar Gulis (CSIC)

Julio Verne, Ida Pfeiffer y Marco Polo. / Wikimedia

Ya en el siglo XIII, el mercader veneciano Marco Polo viajó a lugares tan remotos –y entonces desconocidos– como las tierras de Oriente Medio y Asia. Sus aventuras le llevaron a China, Japón, India o Sri Lanka, entre otros países. Aquellas experiencias quedaron luego plasmadas en obras como El libro del millón, conocido en castellano como Los viajes de Marco Polo. Estos relatos dieron a conocer en la Europa medieval de la época las lejanas tierras y civilizaciones de oriente. Varios siglos más tarde, Daniel Defoe primero y Julio Verne después se convirtieron en referentes de una literatura de viajes que cristalizó en títulos como Robinson Crusoe y La vuelta al mundo en ochenta días. Y en el siglo XIX el espíritu aventurero llevó al científico Charles Darwin a emprender una expedición por todo el mundo que quedaría plasmada en El viaje del Beagle y numerosos documentos  gráficos.

Siempre menos conocidas y a menudo olvidadas por la historia, mujeres como la escritora y viajera austriaca Ida Pfeiffer, que dio dos veces la vuelta al mundo, la exploradora y etnóloga Mary Kingsley, que se marchó sola a África en 1893, o Isabella Bird, naturalista inglesa del siglo XIX, contaron también sus vivencias en diferentes continentes.

Estos y otros nombres evocan y representan la fascinación del ser humano por conocer y explorar nuevos territorios. Precisamente esa idea es la que subyace en Ciencia, literatura y viaje, el título del concurso de fotografía convocado por la biblioteca Tomás Navarro Tomás del CSIC. Su objetivo es homenajear la literatura de viajes, el viaje científico y sus protagonistas animando a participar en el certamen y a descubrir, cámara en mano, lugares, personajes y acontecimientos recogidos en las novelas de aventuras y las expediciones científicas. (Pincha en la imagen de debajo para ver el vídeo del certamen).

Para participar en esta iniciativa, que se enmarca en la Semana de la Ciencia de 2017, solo tienes que fotografiar y realizar composiciones fotográficas sobre elementos, lugares, monumentos, libros, paisajes, etc., relacionados con esta temática. Eso sí, en las imágenes no podrán aparecer retratadas personas cuyos rostros puedan ser identificados.

Las fotografías ganadoras recibirán un lote de libros de la Editorial CSIC y una selección de las imágenes recibidas se exhibirán en una exposición en el Centro de Ciencias Sociales y Humanas del CSIC.

El plazo de presentación de los trabajos se iniciará el 1de septiembre y finalizará el 17 de octubre. Puedes consultar las bases del concurso aquí.

¡Prepara tu cámara y participa!

La ayahuasca: un brebaje chamánico convertido en reclamo turístico

Por José Antonio López Sáez (CSIC)*

Entre algunos colectivos urbanos cercanos a la filosofía New Age, la ayahuasca ha adquirido cierta notoriedad en nuestros días. Sin embargo, debido a sus efectos psicoactivos, en numerosos pueblos indígenas del Amazonas su uso religioso y ritual tiene miles de años de historia y aún se mantiene en países con cierta libertad de culto. Fuera de este contexto, la venta, distribución y consumo del antiguo brebaje están penados por las leyes internacionales.

Preparación de la ayahuasca. / Awkipuma.

La ayahuasca es una liana o bejuco del Amazonas, Banisteriopsis caapi, de la familia malpigiáceas. Esta vigorosa enredadera habita en las selvas de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Pero la ayahuasca es también una bebida chamánica que se elabora cociendo a fuego lento porciones de tronco de caa­pi y hojas del arbusto conocido como chacruna (Psychotria viridis). El término ‘ayahuasca’ deriva de dos palabras quechua: aya (muerto) y huasca (soga); por eso, al caapi también se le conoce como soga de los muertos, enredadera de las almas u ombligo de la tierra. Los efectos alucinógenos de esta bebida se deben fundamentalmente a un alcaloide triptamínico pre­sente en ambas especies, dimetiltriptamina o DMT, aunque Banisteriopsis caapi también cuenta con otros β-carbolínicos como harmina, te­trahidroharmina y harmalina.

Vid de ayahuasca en Iquitos (Perú). / Apollo.

Su uso ritual está ligado a la cosmovisión de las tribus indígenas amazónicas, que consideran al yagé –otro de sus nombres comunes– una planta sagrada, espiritual y medicinal capaz de provocar visiones y cambios perceptuales notables. De hecho, se está considerando seriamente su uso terapéutico fren­te a trastornos psiquiátricos de tipo depresivo, así como en el tratamiento de problemas de adicción. En algunos lugares de la selva amazónica están prospe­rando clínicas de desintoxicación mediante tratamientos con ayahuasca. Incluso existen centros que publicitan experiencias extraordinarias con esta droga visionaria y que se ofre­cen dentro de paquetes turísticos por medio de agencias de viajes. Sin entrar en la veracidad de los tratamientos, que en algunos casos han sido constatados como muy beneficio­sos y efectivos mediante ensayos clínicos, lo cierto es que este tipo de turismo está alentando una concepción del mito de la ayahuasca muy diferente y alejada de que la que tuvieron y tienen los chamanes amazónicos. Algunos de ellos incluso han llegado a formar parte de este mercado, renunciando así a la vertiente ritual y espiritual en pos de otra exclusivamente lúdica o recreativa.

Los chamanes amazónicos consideran a la ayahuasca como un vehículo para contactar con los espíritus y el mundo sobrenatural, permitiéndoles a su vez ejercer un poder sanador diagnosticando las causas de las enferme­dades y estableciendo la cura preceptiva. La ayahuasca les dicta los cánticos ceremoniales o ícaros que deben entonar, y los conduce a estados alte­rados de conciencia plagados de visiones que los acercan a un estado de muerte del que renacen como personas nuevas. Visiones que recrean seres ancestrales, míti­cos y sobrenaturales, inclusive con formas animales entre las que predominan los felinos.

Mapa de las zonas de cultivo de ayahuasca. / ayahuasca.com

Los efectos derivados del consumo de ayahuasca com­prenden tres fases. En la primera aparecen síntomas como mareos, salivación, temblor, náuseas, aumenta la pre­sión arterial y la frecuencia cardiaca y se entra ya en un estado alterado de la conciencia, con los primeros efectos psicodéli­cos. A continuación se intensifican los cambios visuales, con visiones de tipo cósmico o místico, fenómenos de tipo geomé­trico y caleidoscopios de colores. Finalmente, el chamán o un potencial consumidor entran en un profundo estado de introspección muy emotivo, donde las ideas fluyen y la me­moria se conserva. También son frecuentes las sinestesias: se escuchan colores y la música fluye como ondas rítmicas en for­ma de extrañas nubes que flotan sobre el cuerpo.

Es importante señalar que la DMT por sí sola, ingerida por vía oral, resulta prácticamente inactiva, pues se degrada muy rápidamente en los intestinos y el hígado; de ahí que ne­cesite las β-carbolinas, que inhiben la enzima que degrada la DMT, para ejercer su efecto alucinógeno. Inhalada, fumada o inyectada, la DMT provoca efectos a los pocos minutos, si bien estos duran menos de una hora.

* José Antonio López Sáez es investigador del Instituto de Historia del CSIC y autor del libro Los alucinógenos de la colección ¿Qué sabemos de?, disponible en la Editorial CSIC y Los Libros de la Catarata.

Una de libros científicos para la Feria de Madrid

Cada junio los libros acuden a una cita obligada en el Parque de El Retiro de Madrid. La ciencia también tiene hueco en este encuentro anual entre textos y lectores. La Editorial CSIC y Los Libros de la Catarata presentan las novedades de sus colecciones ¿Qué sabemos de? y Divulgación, ambas escritas por investigadores e investigadoras con el fin de acercar al gran público temas de actualidad científica de forma sencilla y amena. Este año los microbios que habitan en nuestro intestino, las algas como alimento, el olfato y la participación de las mujeres en la Primavera Árabe protagonizan algunos de los títulos que se presentarán en el pabellón de actividades culturales de la Feria del Libro.

El jueves 1 de junio a las 12:30 horas, la ciencia de lo diminuto aparece en escena. En pocos años la nanotecnología se ha incorporado a un ritmo frenético en múltiples ámbitos, pero, como toda tecnología, la capacidad de controlar el nanomundo también tiene su ‘lado oscuro’. Marta Bermejo y Pedro Serena intentan centrar el debate sobre las aplicaciones y los posibles daños que puede comportar esta actividad en Los riesgos de la nanotecnología.

Uno de los retos a los que se enfrenta la sociedad en el siglo XXI es el de ser capaz de alimentar a una creciente población mundial, y las algas –uno de los recursos marinos más abundantes y menos explotados- son una posibilidad para paliar este problema. Elena Ibáñez y Miguel Herrero describen en Las algas que comemos algunas de las características únicas que poseen estos organismos vivos para convertirse en la base de la alimentación del futuro.

¿Quién no ha pasado tardes enteras jugando al ajedrez? Su complejidad, su profundidad e incluso su belleza nos siguen atrayendo como el mejor de los retos. La inserción de las matemáticas en el estudio del juego ha supuesto una simbiosis perfecta que alimenta, por un lado, el avance hacia la partida de ajedrez perfecta y, por otro, el desarrollo de nuevas mejoras en campos como el de la programación informática o la inteligencia artificial. Razvan Iagar habla de este juego milenario en Matemáticas y ajedrez.

El proceso reproductivo tiene una importancia vital en cada una de sus fases. El libro La reproducción en la Prehistoria de la colección Divulgación busca contribuir a valorar este proceso social básico, que además es susceptible de regulación y control. Sus autores Assumpció Vila-Mitjà, Jordi Estévez, Francesca Lugli y Jordi Grau, sostienen que este proceso no se limita a lo biológico y, apoyándose en un ilustrativo recorrido fotográfico, transmiten que ha estado regulado por normas sociales que permitían garantizar la continuidad de las sociedades desde la Prehistoria.

 

 

Tardes de feria con ciencia

El lunes 5 de junio a las 18:00 horas, Carmen Peláez y Teresa Requena, autoras de La microbiota intestinal, explicarán la importancia de las bacterias que habitan en nuestro intestino y contribuyen a mantenernos saludables. La microbiota intestinal nos ayuda a digerir los alimentos, coopera con nuestro sistema inmune y optimiza el aprovechamiento energético de la dieta. Pero además, investigaciones recientes están tratando de descifrar en qué medida estos seres microscópicos también pueden afectar a nuestra actividad cerebral.

Por su parte, El olfato nos habla del más desconocido de nuestros cinco sentidos, a pesar de que es el más directo, el que más recuerdos evoca y el que más perdura en nuestra memoria. Sus autores Laura López-Mascaraque y José Ramón Alonso expondrán como el olfato puede ser una nueva herramienta diagnóstica para algunas enfermedades.

M. Valderrama presentará Los desiertos y la desertificación. En su texto, el investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas aclara las diferencias entre ambos términos, explicando qué es un desierto y qué no lo es, identifica las causas que lo originan y expone cómo se produce el proceso de degradación del territorio.

Cierra esta tarde de presentaciones La isla de Pascua, de la colección Divulgación. Escrito por Valentí Rull, la publicación sobre el lugar habitado más remoto del planeta responde a cuestiones como quiénes fueron los pobladores originarios de este lugar y con qué fin construyeron los moai, o cuándo y por qué desapareció esta civilización de la isla.

Las presentaciones se realizarán en el Pabellón Bankia de actividades culturales. Puedes consultar aquí la programación detallada. Además, los autores de las colecciones firmarán sus libros en las casetas de la Editorial CSIC (número 14) y de la editorial Los libros de la Catarata (número 149).

De los indígenas olmecas a las tropas aliadas en la II GM: historia del chocolate

Por María Ángeles Martín Arribas (CSIC)*

Muy pocos productos han sufrido tantas transformaciones a lo largo de su historia como el chocolate. Y no solo ha experimentado cambios en su producción; el chocolate ha llegado a cambiar su nombre, estatus, temperatura, sabor, forma, color y hasta sus ingredientes con el paso de los siglos. Para explicar un poco más en profundidad esta compleja transformación remontémonos a su origen.

Fruto y semillas de cacao. /Jing

El chocolate, tal y como lo conocemos hoy, es un producto derivado del cacao cuyos primeros cultivadores fueron los indígenas olmecas. Esta civilización acabó siendo absorbida por el imperio Maya, que denominó este preciado grano como kakaw, por el color rojo del fruto y las ideas de fuerza y fuego que los indígenas asociaban a él. Posteriormente, la palabra se transformó en lengua náhuatl en cacáhuatl o ‘agua de cacao’, una bebida limitada al consumo de nobles y comerciantes debido a su alto precio y su origen divino, ya que según la creencia, el dios Quetzalcóatl robó a sus hermanos el ‘árbol del cacao’ o queachahuatl. El paso del cacao al chocolate, o más bien del cacáhuatl al xocoatl (agua amarga), se produjo al combinar ambas bebidas, el ‘agua de cacao’ y el ‘agua amarga’ a base de maíz molido, extendiendo así, tras su abaratamiento,  el uso del xocoatl a todas las clases sociales. Tras la colonización española, el xocoatl derivó en ‘chocolate’, que fue el nombre que se extendió al resto de países y continentes.

Hernán Cortés fue el primer español en degustar la bebida de cacao en un banquete en honor de Moctezuma II, y tras quedar asombrado por su sabor y sus posibilidades en el continente europeo, decidió enviar un cargamento de cacao a España en 1528. Fue en el monasterio de Piedra de Nuévalos, en Zaragoza, donde se cree que se preparó el primer chocolate de Europa gracias a fray Jerónimo de Aguilar, monje que viajaba en la expedición de Cortés, quien envió cacao al abad del monasterio, Don Antonio de Álvaro, con instrucciones para su elaboración. Fueron precisamente los monjes españoles los que adoptaron la bebida al gusto de la aristocracia europea y convirtieron el frío, amargo y fuerte sabor del cacao en una bebida caliente aderezada con miel, vainilla, canela y azúcar.

Ración del ejército de EE.UU. /KingaNBM

Con el chocolate expandido ya por Europa, fue en Inglaterra donde la familia Fry construyó la primera fábrica en 1728, usando maquinaria hidráulica para moler el cacao. Ya en el siglo XIX se dio el paso definitivo para producir lo que hoy conocemos como chocolate. En 1828, el maestro chocolatero holandés,Conrad Van Houten inventó una prensa que permitía la separación de la manteca del cacao de la pasta, eliminando así su acidez y amargura y haciendo más fácil su disolución en agua. El segundo paso llegó en 1875, cuando el suizo Daniel Peter utilizó la leche en polvo de Henri Nestlé para mezclarla con cacao y crear el primer chocolate con leche del mundo y dar comienzo así a la fama del chocolate suizo. Posteriormente, en 1880, Rudolphe Lindt desarrolló una máquina de ‘conchar’ el chocolate que permitió un refinado del mismo que mejoraba su gusto, textura y cremosidad.

Ya en el siglo XX, el chocolate se abarató enormemente debido a la caída de precios del cacao y el azúcar, por lo que se hizo asequible para un número aún mayor de personas en todo el mundo. Incluso el ejército de los Estados Unidos llegó a incluirlo en las raciones de combate de la II Guerra Mundial, debido a su alto valor energético, su poco peso y su mínimo tamaño. Y así, tras el conflicto bélico, los soldados que regresaban a casa siguieron consumiéndolo y ayudaron a afianzar el mercado del chocolate.

Diferentes variedades de chocolate. /Max Pixel

En la actualidad, este alimento se ha diversificado en multitud de formatos para atender a todos los gustos y exigencias con variedades de chocolate más saludable (negro y puro), orgánico, vegano, blanco, con frutas, con frutos secos, en polvo, líquido, etc. No obstante, las sequías del África ecuatorial, las plagas de América Central y del Sur y su sustitución por cultivos más rentables pueden derivar en una previsible escasez de cacao hacia el año 2020, debido también al continuo aumento de su demanda y la incapacidad de los países productores de crear las infraestructuras necesarias para su elaboración. Como apunte final, un dato preocupante: del total del mercado del chocolate, estimado en 110.000 millones de dólares anuales, tan solo el 6% del precio final revierte en los países cultivadores.

* Esta información ha sido extraída del  ‘El chocolate’ (CSIC-Catarata) de la investigadora María Ángeles Martín Arribas, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición ICTAN-CSIC .

 

Ciencia en el Barrio: un proyecto para la igualdad de oportunidades

Por Mar Gulis (CSIC)

Según la última encuesta de Percepción social de la ciencia de la FECYT, cerca de un 5% de ciudadanas y ciudadanos participan en actividades de divulgación científica durante la Semana de la Ciencia y la Tecnología y hasta un 16% visita al menos una vez al año algún museo de ciencia. La mayoría de las participantes son personas que ya tienen un interés previo, muchas de ellas incluso son asiduas y otras constituyen lo que se conoce como público cautivo: alumnas y alumnos que asisten a actividades organizadas por sus centros escolares durante la jornada escolar. Incluso en estos casos, este público cautivo pertenece a institutos de secundaria habituales en las actividades que inundan cada año nuestras ciudades. La dificultad está en llegar a aquellas personas que no solo no acuden sino que ni siquiera conocen estas iniciativas.

‘Ciencia en el Barrio. Divulgación científica para el desarrollo social y la igualdad de oportunidades’ es un proyecto que busca cubrir esta laguna y facilitar el acceso a las actividades de divulgación científica a segmentos de la población que por sus características socioeconómicas hasta ahora no participaban de ellas. La iniciativa, puesta en marcha por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que cuenta con el apoyo económico de la FECYT, se está desarrollando en cinco distritos de Madrid: Puente de Vallecas, Hortaleza, Carabanchel, Villaverde y San Blas. En ellos, a través de la colaboración de seis Institutos de Educación Secundaria de la red pública, el CSIC ha organizado cerca de medio centenar de actividades sobre temas de actualidad científica con diferentes formatos: talleres experimentales, conferencias, clubes de lectura, exposiciones y visitas guiadas a centros de investigación punteros. En su fase piloto han participado más de un millar de estudiantes de 4º de la ESO, nivel en el que el alumnado aún no ha tenido que elegir de forma definitiva el itinerario docente con la clásica separación de letras y ciencias. El resto de alumnas y alumnos del centro, así como las comunidades educativa y vecinal, también pueden participar en algunas de las actividades.

Ciencia en el Barrio

Durante un año, las chicas y los chicos han tenido la oportunidad de hablar de tú a tú con el personal investigador y técnico del CSIC; desmontar mitos y estereotipos sobre la ciencia; hacer preguntas y experimentar con todos sus sentidos. Catas de chocolate, talleres de cocina macromolecular, charlas sobre las aplicaciones de la luz o sobre cómo se forman las ideas, son algunas de las actividades en las que han participado. También han dialogado con los autores en clubes de lectura sobre libros de temas tan diversos como los neandertales, los robots o la vida de Alan Turing.

Y han sabido aprovechar la oportunidad. Han preguntado y debatido hasta dejar pasar el tiempo del recreo y alargar las horas programadas inicialmente para las actividades.

En la nueva etapa del proyecto, que comenzará este próximo abril, el CSIC aumentará el número de institutos y estudiantes implicados y fomentará la participación de las vecinas y vecinos de los distritos. Una de las principales novedades será la organización de una feria de divulgación científica en la que un grupo de chicas y chicos explicarán a otros estudiantes, familiares y vecinos los experimentos desarrollados en sus aulas con la tutela del CSIC.  Esperemos que sea la primera de muchas ferias.

 

Cinco mentiras científicas sobre las mujeres

Por Mar Gulis (CSIC)

Estereotipos victorianos como que los machos son por naturaleza activos, competitivos y promiscuos, mientras que las hembras son pasivas, tímidas, criadoras y cuidadoras, se han basado en falsas tesis científicas. Algo que no ha impedido que estas ideas lleguen a nuestros días asumidas como verdades basadas en la evidencia.

En el libro Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres, las autoras S. García Dauder (Universidad Rey Juan Carlos) y Eulalia Pérez Sedeño (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) han analizado afirmaciones y teorías sobre mujeres a lo largo de la historia, que en muchas ocasiones se han considerado el ‘conocimiento autorizado’. En la obra sacan a la luz falsedades manifiestas, invisibilizaciones y ocultaciones (más o menos intencionadas) o directamente invenciones. Veamos algunas de ellas aprovechando que hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer.

  1. Mujer = hombre no evolucionado

El recurso a la ‘naturaleza’ de la mujer ha sido uno de los más asentados para defender las teorías sobre las limitaciones intelectuales y sociopolíticas de las féminas. Aunque en los siglos XVIII y XIX la biología comenzó a buscar las diferencias sexuales, fueron los darwinistas sociales quienes proclamaron que la mujer era un hombre que, ni física ni mentalmente, había evolucionado. En Darwin se encuentran citas sin base científica que ahondan en esta falsedad como que ellos las superan en coraje, energía y agresividad, así como en las facultades intelectuales de abstracción, razón e imaginación. Ellas, en cambio, serían más intuitivas, de percepción más rápida y más imitativas. Darwin también continuó la hipótesis aristotélica de que las mujeres tenían el cerebro menos evolucionado porque debían dedicar parte de sus energías a la procreación (desde la creación de óvulos hasta la gestación y la crianza), mientras que el macho sólo necesita un poco de energía para generar su semen. Darwin no se quedó ahí y añadió una perspectiva racista a sus planteamientos machistas: en su teoría de la evolución lineal los hombres blancos estaban por encima de las mujeres blancas y estas, por encima de los hombres negros y de las mujeres negras.

  1. Mujeres fieles y hombres promiscuos

Otras de las falsedades científicas más extendidas son las que se construyen sobre supuestos universales aplicables tanto a animales como a humanos, como el que establece la existencia de una promiscuidad masculina frente a una fidelidad femenina. Este planteamiento se basa en la idea de que el macho reparte su semen a través de una variedad de relaciones, mientras que las hembras dejan de interesarse por el apareamiento una vez que han sido fertilizadas. Esto lleva a los biodeterministas a afirmar otro supuesto: que las hembras sólo están interesadas en el sexo por la reproducción.

The Book of Fortune published in 1935

Imagen de The Book of Fortune, publicado en 1935, que siguen las teorías frenológicas. / Paul Walker/Flickr

El primer planteamiento, el de la varianza reproductiva mayor en hombres que en mujeres, fue supuestamente ‘probado’ con un experimento sobre moscas de la fruta. Sin embargo, estudios posteriores sobre otras especies y sobre las sociedades humanas desmontaron esta tesis. Con respecto al supuesto relacionado con el interés de las hembras por el sexo, las primeras en demostrar su falsedad fueron las primatólogas. Cuando las mujeres comenzaron a estudiar el comportamiento de los primates, descubrieron la falsa fidelidad de las hembras: vieron que la hembra podía aparearse con distintos machos para tener a varios proveyéndola y cuidando de su progenie. También aportaron otras teorías que alejan aún más la idea de la mujer fiel, como que múltiples apareamientos con orgasmos benefician fisiológicamente a las hembras.

  1. La violación de hembras como estrategia reproductiva evolutiva

En el extremo de estas teorías biológicas están las tesis que afirman que la violación es una estrategia reproductiva evolutiva entre los machos humanos y no humanos, mediante la cual machos que de otro modo no podrían tener éxito reproductivo propagan sus genes. Así lo afirmaban el biólogo Randy Thornill y el antropólogo Craig Palmer en su obra A Natural History of Rape, publicada en el año 2000. Sin embargo, García Dauder y Pérez Sedeño señalan que “en el caso de los animales no humanos, el sexo forzado siempre tiene lugar con hembras fértiles, pero no sucede así con las violaciones humanas, pues en muchos casos las víctimas son demasiado jóvenes o demasiado mayores para ser fértiles”. Por tanto no se podría hablar de estrategia reproductiva en estos casos, ni tampoco cuando en la violación se utiliza preservativo, va seguida del asesinato o cuando se produce entre varones, añaden.

  1. Capacidad innata para las matemáticas de los hombres

Otra falsedad muy sonada es aquella que busca explicar supuestas diferencias cognitivas entre los sexos basándose en una capacidad ‘innata’ para las matemáticas de los hombres. Es habitual oír que los hombres son más espaciales y las mujeres más verbales y que ellos tienen más aptitudes para las matemáticas. Esta afirmaciones suelen basarse en estudios que analizan por ejemplo las pruebas matemáticas como la que realizan los estudiantes en Estados Unidos para el acceso a la Universidad, examen conocido como SAT (Scholastic Aptitude Test). En dicha prueba los hombres puntúan más alto de media que las chicas. También hay más chicos entre las puntuaciones más altas (casi el doble que chicas), pero también hay más chicos entre las más bajas (aunque de esto se suela hablar menos). Según un análisis más pormenorizado, parece ser que las diferencias no se deben a una situación ‘innata’ de partida, sino a otras razones. Para empezar, hay más chicas que chicos que realizan esa prueba. Además, ellos proceden de media de familias con mayores ingresos y de escuelas privadas de Estados Unidos, algo que en ese país es sinónimo de mejores estudios. De hecho, en pruebas similares realizadas sólo con estudiantes de escuelas privadas apenas hay diferencias entre chicos y chicas.

Además, también incide cómo se plantea el enunciado del problema, generalmente vinculado a situaciones o contextos más masculinizados como negocios, deportes o actividades militares. Por lo visto también hay una cuestión cultural, ya que pruebas similares hechas en Japón o Singapur no arrojan diferencias (incluso, en Islandia ellas obtienen mejores puntuaciones). En definitiva, afirman las autoras, “esas pruebas no miden algo innato o inmutable, sino algo sobre la enseñanza que han tenido los estudiantes”. Es más, tampoco predicen los resultados futuros académicos o profesionales.

  1. El cerebro masculino es mayor que el femenino

Seguro que a más de una y a más de uno les suena haber escuchado que el cerebro de los hombres es más grande que el de las mujeres. En efecto, con ayuda de diferentes tecnologías para la toma de imágenes, se ha afirmado que existen algunas disparidades, como que los hombres tienen una amígdala mayor y que su cerebro es un 11% mayor que el de las mujeres, mientras que estas presentan más materia gris. “Sin embargo, las diferencias cerebrales entre los miembros del mismo sexo suelen ser superiores a las que hay entre los dos sexos”, desmontan Pérez Sedeño y García Dauder.

PORTADA LAS MENTIRAS CIENTIFICAS DE LAS MUJERES

Imagen de la cubierta de Marina Núñez, Sin título (Locura), de 1995

Un estudio de 2015 publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Science pone en cuestión las diferencias. A través de imágenes cerebrales por resonancia magnética de más de 1.400 personas, el equipo liderado por Daphna Joel, investigadora de la Universidad de Tel Aviv, midió el volumen de materia gris (el tejido oscuro que contiene el núcleo de las células nerviosas) y el de materia blanca (los haces de fibras nerviosas que transmiten las señales por el sistema nervioso). Aunque encontraron ligeras diferencias entre hombres y mujeres, había un solapamiento importante entre ambos sexos. Sólo entre el 0 y el 8% tenían estructuras cerebrales completamente femeninas o masculinas, es decir, con los rasgos más comunes o más repetidos en mujeres o en hombres. Compararon estos datos con conductas estereotipadas como jugar a la videoconsola o ver telenovelas.  “Solo el 0,1% de las personas con cerebro ‘plenamente masculino’ o ‘plenamente femenino’ mostraron una conducta estereotípicamente masculina o femenina”. Conclusión: no se puede hablar de dos clases de cerebro humano según el sexo.

Para más mentiras, ocultaciones e invisibilizaciones sobre las mujeres: Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres, de S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño (Catarata).

La Isla de Pascua y los misterios más remotos del planeta

Por Valentí Rull (CSIC)*

2.000 kilómetros separan a la Isla de Pascua del lugar habitado más cercano, y más de 3.600 la aíslan del continente más próximo, Sudamérica. Situada en pleno océano Pacífico, cerca del Trópico de Capricornio, es el lugar de origen de las misteriosas figuras de piedra conocidas como moai que habitan toda la isla y que, con el paso de los años, se han convertido en su símbolo. No obstante, éste no es su único enigma.

La diminuta Isla de Pascua, llamada así por el día en que los europeos llegaron a ella en 1722, pertenece a la región chilena de Valparaíso desde 1888 y cuenta con una población no superior a los 6.000 habitantes. Sin embargo, su historia comenzó muchos siglos atrás. El aislamiento de este territorio ha sido, en gran parte, el catalizador de una historia ambiental y cultural muy peculiar y controvertida que todavía requiere de años de investigación.

‘Moai’ en fila en la Isla de Pascua. / Valentí Rull

Como decíamos, el primer gran enigma científico de la Isla de Pascua (‘Rapa Nui’ en idioma aborigen), desconocida por la civilización occidental hasta la llegada de los holandeses en el siglo XVIII, fue la presencia de los imponentes moai, más de 900 estatuas gigantes de piedra que pueblan la isla y le confieren su imagen más emblemática. Dado que los moai no forman parte de las manifestaciones culturales actuales, se ha supuesto que fueron erigidos por una civilización anterior prácticamente desconocida. Además, las dimensiones de estas esculturas (algunas alcanzan 20 m de altura y más de 250 toneladas de peso) plantean un problema tecnológico importante relacionado con su transporte y emplazamiento. Por otra parte, dada la posición intermedia de la isla entre América y Polinesia, se han propuesto estos dos posibles orígenes para la civilización ancestral de la isla. El momento de esta colonización inicial también sigue siendo una incógnita, igual que la fecha y el porqué de la desaparición de aquella civilización original.

Hasta finales del siglo XX, las evidencias utilizadas para descifrar el pasado cultural de la Isla de Pascua procedían principalmente de la Arqueología, con aportes procedentes de la Antropología física, la tradición oral y la Lingüística. A partir de 1980, se inició una nueva etapa en la investigación científica de Rapa Nui, caracterizada por la posibilidad de reconstruir los climas y ecosistemas del pasado a través de la Paleoecología. El resultado más espectacular de estos estudios fue el descubrimiento de que la isla, actualmente tapizada por praderas de gramíneas, había estado totalmente cubierta de bosques dominados por palmeras desde, por lo menos, 40 milenios atrás. Pero el otro hallazgo sorprendente fue la desaparición súbita de estos bosques hacia el siglo XV, algo que produjo un cambio radical en la historia ecológica y cultural de la isla. A partir de ese momento, el gran reto científico fue explicar la supuesta deforestación masiva y repentina de la isla.

Distribución de los ‘moai’ en la isla. / Eric Gaba.

Hasta ahora se han planteado dos teorías principales que explicarían este suceso. En la primera, la coincidencia aproximada de la deforestación con el fin de la cultura de los moai se interpretó como una evidencia de que los antiguos habitantes de Rapa Nui habían sobreexplotado los recursos naturales de la isla hasta deforestarla, lo cual provocó no sólo un colapso ecológico sino también cultural, en otras palabras, un ‘ecocidio’. La segunda teoría sugiere la posibilidad de que el colapso ecológico no fuera la causa directa de la desaparición de la sociedad ancestral, que habría permanecido más o menos estable a pesar de la deforestación. Sin embargo, a principios del siglo XIX, esta sociedad habría sido víctima del contacto prolongado con la civilización occidental, y desembocaría en la desaparición casi total de la población insular por la introducción de enfermedades infecciosas desconocidas en la isla (viruela, sífilis…) y la práctica del esclavismo, hipótesis que se conoce como del ‘genocidio’. Estudios recientes han podido constatar que la deforestación no fue súbita, sino gradual, y que no ocurrió en toda la isla al mismo tiempo. Hasta hace un par de décadas, la deforestación de Rapa Nui se asociaba exclusivamente con actividades humanas, bien sea directa o indirectamente, pero nuevas evidencias corroboran que en esa época también se produjeron cambios climáticos relevantes en forma de sequías pronunciadas, que podrían haber jugado un papel importante en la deforestación y en la sociedad insular.

‘Moai’ al atardecer en el costa de Rapa Nui. / Valentí Rull

La historia de la Isla de Pascua trasciende el interés local, ya que puede considerarse un modelo a pequeña escala, un experimento natural en un sistema prácticamente cerrado, aplicable a muchos otros lugares del planeta y posiblemente también a nivel global. Los grandes cambios experimentados por el clima, los ecosistemas y la sociedad de la isla a través de milenios pueden servir de modelo para pronosticar nuestro posible destino y el de nuestro planeta frente a las alteraciones ambientales y culturales que se avecinan en un futuro cercano. Este remoto territorio nos proporciona información básica para optimizar nuestras predicciones, pues nos permite conocer de primera mano las respuestas ecológicas y culturales a los cambios ambientales, así como diferenciar los factores naturales de los antrópicos (producidos por el ser humano) como causas de cambios socioecológicos. Esto es posible gracias a disciplinas como la Paleoecología o la Arqueología, que ayudan a reconstruir fenómenos ecológicos y culturales imposibles de estudiar de otra manera, sin cometer ecocidios o genocidios experimentales. Además, estas paleociencias, al ser empíricas, contribuyen a evitar la proliferación de especulaciones infundadas que a veces se utilizan para defender posiciones extremas, como el catastrofismo o la pasividad interesadas, en temas ambientales y de conservación.

 

*Valentí Rull es investigador del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA – CSIC)
** Este post ha sido extraído del libro ‘La isla de Pascua’, disponible en la editorial CSIC y La Catarata.

FOTCIENCIA14: estas son las mejores imágenes de 2016

Por Mar Gulis (CSIC)

Un chorro de agua que cambia su trayectoria y curvatura al entrar en contacto con un dedo, resina fosilizada de conífera, una imagen microscópica de un medallón del siglo XIV, esferas de carbono que parecen una ciudad futurista… Estos son algunos de los temas abordados en las propuestas que han resultado elegidas en la 14 edición de FOTCIENCIA.

Si quieres verlas, mira este vídeo:

Estas imágenes, junto a otras que se elegirán entre las 666 presentadas, serán incluidas en un catálogo y formarán parte de una exposición que recorrerá diferentes museos y centros de España durante 2017. Dos copias de la muestra itinerante estarán disponibles para su préstamo gratuito.

FOTCIENCIA es una iniciativa de ámbito nacional organizada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con la colaboración de la Fundación Jesús Serra. El objetivo es acercar la ciencia a la ciudadanía a través de fotografías que abordan cuestiones científicas desde una visión artística y estética. Cada imagen va acompañada de un comentario escrito por su autor/a en el que explica el interés científico de lo que ilustra.

Toda la información relativa a FOTCIENCIA está disponible en la web www.fotciencia.es

 

Tecnología punta de principios del siglo XX: instrumentos de los Curie en el CSIC

Por Esteban Moreno Gómez (CSIC)* esteban_moreno_autor-blog

¿Sabías que el CSIC conserva instrumentos científicos que se encontraban a la vanguardia de la ciencia y la tecnología entre 1900 y 1920? Algunos de ellos fueron aparatos desarrollados por el matrimonio Curie. Su interés histórico y científico es indudable y los convierte en un patrimonio que debemos conservar y difundir, pues es la prueba del conocimiento y la práctica científica de aquella época.

El CSIC posee un amplio patrimonio instrumental que ha utilizado a lo largo de su historia o que ha heredado de instituciones científicas anteriores.  De la

Pierre y Marie Curie en su laboratorio. / Wikimedia Commons

Pierre y Marie Curie en su laboratorio. / Wikimedia Commons

antaño Universidad Central, en concreto del antiguo Laboratorio de Radiactividad, proceden los aparatos de los que vamos a hablar hoy. Pero antes, pongámoslos en su contexto.

Entre 1896 y 1897 se realizaron una serie de hallazgos de gran importancia para la ciencia: el descubrimiento de la radiactividad por Bequerel, del electrón por Thomson y de los rayos X por Roentgen. Con ellos se inicia el desarrollo de una nueva física que, en último lugar nos llevaría a conocer la naturaleza más elemental de la materia: el átomo.

Los científicos de aquella época eran conscientes de que la radiactividad (y los rayos X) ionizaban los gases, es decir, hacían que el aire condujera la electricidad. El matrimonio Curie (Marie y Pierre) decidieron utilizar este fenómeno para estudiar la radiactividad de distintas sustancias.

Los Curie pronto se dieron cuenta de que necesitaban aparatos muy sensibles dado que pretendían medir corrientes eléctricas muy pequeñas, del orden del picoamperio, es decir,  0,000000000001 amperios (un hogar convencional suele contratar de 10 a 30 amperios).

Como siempre ocurre, la investigación científica puntera contribuye al desarrollo de tecnología innovadora y esto no fue una excepción en el laboratorio de

Generador piezoeléctrico conservado en el MNCN del CSIC. / Museo Virtual de la Ciencia del CSIC.

Generador piezoeléctrico conservado en el MNCN del CSIC. / Roberto Moreno y Ana Romero, Museo Virtual de la Ciencia del CSIC.

los Curie. Pierre, Marie y otros colaboradores diseñaron y construyeron diversos aparatos para generar y medir corrientes extremadamente pequeñas, y lo consiguieron. Unos pocos años después algunos de estos aparatos llegaron a España.

A principios del siglo XX la radiactividad era un fenómeno muy prometedor no solo en física, sino también en otros campos como la química, la medicina o la agricultura.
En nuestro país se creó en 1904 el Laboratorio de Radiactividad, donde se llevaban a cabo todo tipo de estudios sobre este nuevo campo. Este laboratorio adquirió instrumentación directamente de la Societé Centrale de Produits Chimiques, creada por Pierre Curie para construir y vender aparatos científicos. Entre ellos tenemos un generador piezoeléctrico (cuarzo piezoeléctrico) conservado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, que aprovechaba un fenómeno descubierto por Pierre Curie (y su hermano), la piezoelectricidad, para generar pequeñas corrientes eléctricas. Otros aparatos diseñados por Pierre y conservados en el CSIC son varios electroscopios que se utilizaron para determinar la radiactividad de muestras de rocas, suelos y aguas, iniciando así la cartografía radiológica de la península ibérica.

Otro de los colaboradores de los Curie, Bela Szilard, huyendo de la Primera Guerra Mundial trabajó durante unos años en el Laboratorio (ahora Instituto de Radiactividad). Szilard también desarrolló instrumentos científicos de precisión para sus investigaciones, algunos de los cuales se construyeron en los talleres del Laboratorio de Automática de Torres Quevedo. Uno de los instrumentos de mayor valor y que, probablemente, el propio Szilard trajo consigo a España, es un electrómetro diseñado por él y que se conserva en el Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información Leonardo Torres Quevedo (ITEFI) del CSIC.

Electrómetro de Szilard conservado en el ITEFI. / Esteban Moreno, Museo Virtual de la Ciencia del CSIC.

Electrómetro de Szilard conservado en el ITEFI. / Esteban Moreno, Museo Virtual de la Ciencia del CSIC.

Desde hace dos años el CSIC ha implementado un Plan para la Recuperación de Aparatos de Interés Histórico que está consiguiendo catalogar y difundir instrumentos en línea con otras instituciones científicas internacionales. La conservación de este patrimonio instrumental siempre ha dependido, en primera instancia, de la sensibilidad de los investigadores y gerentes de los distintos centros de investigación. Gracias a estas personas, y a los trabajos de catalogación, recuperación y restauración del instrumental científico-histórico, es por lo que podemos contar hoy con estas valiosas piezas de la historia de la ciencia.

 

* Esteban Moreno Gómez trabaja en la Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica del CSIC y  coordina la Recuperación de Instrumentación Científica de Interés Histórico de este organismo y el programa El CSIC en la Escuela.