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“Quiero volver a casa”

por Alsham, traductora de Médicos Sin Fronteras en Turquía*

Rezo todos los días por el alma de los que murieron y leo el Corán cada mañana. Pero algo en mi corazón no marcha bien”. La mujer que habla es madre de tres niños, y emigró con su familia hacia Estambul desde la ciudad costera de Latakia, donde vivían.

Aunque nosotros somos  de un pueblo de la zona montañosa kurda de Jabal Al-akrad. Mi casa fue bombardeada, como la mayoría de las casas de las montañas. Perdí  a muchos vecinos, entre los que había muchos jóvenes. Quiero mucho a mi pueblo porque nací allí y porque cada vez que voy allí vuelvo a los recuerdos de mi infancia. Me pregunto qué tipo de conversación podría tener ahora con las mujeres de mi pueblo si volviese allí. Muchas de ellas han perdido a algún ser querido. ¿Cómo podemos hablar de cosas normales ahora?

Emigraron a Estambul hace unos meses, y ha sido difícil para ella afrontar el hecho de estar en nuevo país y quizá una nueva vida.

Refugiados en Estambul. Turquía (© Susana Girón).

Refugiados en Estambul. Turquía (© Susana Girón).

Como de costumbre en las casas sirias, el canal Aljazeera acompaña a los sirios la mayor parte de la tarde.  Ella nos acaba de preparar un delicioso pastel de espinacas. Yo le digo que en Damasco solemos añadir granadas a ese pastel. Y empieza a hacer bromas sobre el exceso de granadas que solemos usar en todas las comidas en Damasco y de lo mal que cocinamos.

Nos contamos varios chistes sobre la cocina damascena, y comentamos en broma que la cocina casera de Damasco no está a la altura del paladar de la gente de la costa. Nos reímos con ganas y al final, ella concluye: “todos somos iguales en Siria, simplemente nos gusta hacer bromas sobre nosotros a la mínima oportunidad”.

Y aquí está lo que parece el primer hallazgo del levantamiento en Siria: que empezamos a conocernos los unos a los otros. Durante los últimos 40 años se han producido muchas fisuras dentro de la sociedad siria, causando una gran división.

Le pregunto si no le importa que me fume un cigarro y nos acercamos juntas a la ventana. Su familia vive en un quinto en el barrio de Findikzade y tiene una magnífica vista de la mezquita de Al-suelymaninh. Se me acerca y me dice: “mi hijo encontró este sitio porque había que encontrar algo rápido cuando llegamos aquí. No me gusta mucho. Mi hogar en Latakia es mucho mejor

Le pregunto si tienen planes de establecerse en Estambul. “No lo sé”, me dice. “Esperaremos a que termine la guerra. Quiero volver a casa, pero aquí, al menos, estamos a salvo”.

* Alsham es una joven investigadora siria de 26 años. Se encuentra realizando un master en Estambul. Colabora como traductora con el equipo de Médicos Sin Fronteras en Turquía para ayudar a la población migrante a acceder a los servicios de ayuda y de atención en salud mental. Ha impartido clases en la Universidad de Damasco.  Su pasión es la poesía y se inspira en las historias de la gente que la rodea. Vive de cerca la lucha de las familias de sus compatriotas que huyeron a Turquía a causa del conflicto.  Cuando termine sus estudios, Alsham desea regresar a Siria para ayudar a los suyos.

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