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Por aquí han pasado cooperantes de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN
Internacional, Farmamundi, Amigos de Sierra
Leona y Arquitectura sin Fronteras.

La primera referencia del día

por Niklas Bergstrand (Médicos Sin Fronteras, Sierra Leona)

Como os decía, cruzamos un puente… Varias personas se bañan en las azules aguas del río, se limpian los dientes y lavan la ropa. En la distancia, pequeñas chozas de adobe con techo de paja puntúan el paisaje.

Cuando llegamos al otro lado, la radio crepita y el operador pide a Paul que se dirija urgentemente al centro de salud Jimi Bagbo. Paul aprieta el acelerador y se mete a toda velocidad en una sucio y estrecho camino que corta la verde exhuberancia que nos rodea, haciendo todo lo posible por sortear los baches.

Al llegar al centro de salud, vemos a una mujer que aprieta a un niño contra el pecho. Los ojos de la mujer están muy abiertos, con una mezcla de miedo y confusión. El niño respira muy rápido y pesadamente. Tiene malaria severa y anemia, y necesita ser ingresado en el hospital con urgencia. Suben a la ambulancia, la puerta cierra y salimos de inmediato para un trayecto de una hora de baches hasta el centro de referencia Gondama.

“Me gusta mucho mi trabajo, e gusta conducir”, me explica Paul tras dejar al niño y a su preocupada madre en la sala de urgencias del hospital. “Estas ambulancias suponen un gran beneficio para la comunidad, porque la gente puede llegar gratuitamente al hospital cuando están enfermos. Si no hubiera ambulancias, ¿cómo podrían permitirse el dinero que cuesta el transporte?”.

Durante la guerra civil en Sierra Leona, Paul fue testigo de más atrocidades de las que quiere recordar. Se acuerda de las bandas de niños drogados que eran utilizados como máquinas de matar y que entraban arrasando en aldeas y ciudades. Aunque a lo largo de los años también ha compartido buenos momentos con sus colegas de trabajo, y ha ayudado a salvar innumerables vidas de mujeres y niños.

“Durante la guerra, toda esta carretera estaba plagada de controles”, me cuenta mientras volvemos a Sumbuya. “Era habitual encontrarse muchos cadáveres a lo largo de la carretera entre Bo y Freetown. Cada vez que tenía que cogerla, no era capaz de dormir la noche anterior. Había ataques y mataban a mucha gente”.

Médicos Sin Fronteras trabajó en Sierra Leona durante la guerra civil, en numerosas localidades a lo largo del país. La guerra duró once años y se llevó más de 50.000 vidas, muchas de ellas de civiles inocentes. Las actividades de MSF iban desde la cirugía de guerra, hasta la asistencia primaria de salud para personas que no podían pagarse la atención médica.

Hoy, MSF se centra en la atención obstétrica y en el tratamiento de niños con desnutrición y malaria tanto en Bo como en sus alrededores. Cada mes, los equipos atienden a más de 700 niños y asisten un centenar de partos.

“Ese pueblo que ves ahí fue incendiado durante la guerra”, recuerda Paul señalándome un grupo de chozas y edificios en la distancia. “El hospital local que está un poco más adelante también fue incendiado, y MSF ayudó a reconstruirlo”.

Las caras sonrientes de los escolares, los animados corrillos en los puestos callejeros y el tranquilo devenir de la vida que observo me hacen difícil imaginar que todo eso ocurrió hace no mucho más de diez años.

“Ahora estamos mejor. Puedes ir a cualquier sitio, la gente es amistosa –cuenta Paul–. Cuando tengo el día libre, en los fines de semana, me gusta ver el fútbol. Soy forofo del Manchester United.”

A medida que las sombras se alargan y que el día se acerca a su fin, Paul me deja en el recinto de MSF. Le espera un último viaje, tiene que ir a buscar a otro paciente antes de acabar su turno, otro niño con malaria severa cuyo futuro sería incierto sin la ayuda de Paul y del resto del equipo de MSF en Bo.

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Foto 1: Cruzando el puente de camino al centro de salud Jimi Bagbo (© Niklas Bergstrand).

Foto 2: Paul lleva urgentemente al hospital de Gondama a un niño con malaria severa y anemia, y a su madre (© Niklas Bergstrand).

Foto 3: Hospital de MSF en Gondama (© Niklas Bergstrand).

4 comentarios

  1. Dice ser antonio larrosa

    Cuando leo estas cosas , no tengo palabras para expresar mi indignación al pensar que si el dinero necesario para ayudar a esas personas tan necesitadas de salud y alimentos estubiera mejor repartido y no en manos de seres mezquinos que lo atesoran egoistamente , el mundo sería un paraiso, pero que le vamos a hacer si la vida es así , solo la unión de los hambrientos quizá en un futuro que adivino cercano intente solucionar este conflicto de clases, aunque estoy seguro que en ese caso las cabezas que sufriran los recortes segurán siendo las de los pobres.

    Clica sobre mi nombre

    28 mayo 2012 | 16:10

  2. Dice ser Arturo Gomez

    Hay alguna mujer alli que tenga menos de 3 hijos

    Eso es, yo no voy a tener hijos asi les mandare mas dinero a esta genmte para que sigan pariendo diez cada una

    28 mayo 2012 | 17:49

  3. Dice ser Ruben

    Hola Arturo, tan solo decirte que no tienes ni idea de lo que ocurre allí.
    Enhorabuena a todos los que trabajáis por mejorar este mundo, no os desaniméis nunca.

    29 mayo 2012 | 22:58

  4. Dice ser Cocu

    Arturo, si te preocupa el problema de la superpoblación, lo entiendo, a mi también pero entonces lo que hay que hacer es trabajar para concienciar a la Humanidad, y especialmente a las grandes religiones y a los Estados, del enorme problema que significa.

    Pero me temo que eso no es lo que te preocupa a ti, ¿verdad?, solo es una excusa…

    30 mayo 2012 | 12:50

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