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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Archivo de la categoría ‘Curiosidades Históricas’

El curioso origen del término ‘filatelia’

El curioso origen del término ‘filatelia’

Conocemos como ‘filatelia’ al coleccionismo de sellos de correo u otros objetos (como sobres) relacionados con los envíos postales.

Al castellano llegó desde el francés ‘philatélie’ y este vocablo fue acuñado en 1864 por Gustave Herpin, quien introdujo el término en un artículo de prensa  en la publicación ‘Le Collectionneur de timbres-poste’.

Herpin se había convertido en toda una autoridad y experto en sellos desde que, dos décadas antes, habían surgido las primeras estampillas postales y se dedicó a coleccionarlas.

Al igual que él, muchos otros eran quienes se habían iniciado a ese tipo de coleccionismo, lo que llevó a buscar un modo adecuado para definir esa emergente afición.

Algunos fueron quienes propusieron nombres como ‘timbrología’ o ‘timbrofilia’, debido a que en sus orígenes a los sellos se les conocía como ‘timbre’ (hoy en día también hay quien los llama así) e incluso hubo quien propuso ‘filotelia’.

Pero finalmente se impuso el neologismo filatelia (a pesar de estar muy discutido) y el cual provenía de juntar las palabras griegas ‘philo’ (amor/amigo/amante) y ‘atéleia’ (exento de impuestos/tributo).

No se puede determinar quién fue la primera persona que se dedicó a coleccionar sellos (su aparición fue en 1840 en el Reino Unido y en pocos años ya se usaban en los envíos postales de gran parte del planeta), pero cabe destacar que un año después de ponerse en circulación los primeros sellos en Inglaterra, en el periódico The Times apareció un curioso anuncio en el que una joven londinense deseaba recibir correspondencia de otras personas y lugares para poder coleccionar sellos usados.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

 

 

Fuentes de consulta: timbreposte / christianboyer (1) / christianboyer (2) / etimologias.dechile
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

El curioso origen de la expresión ‘Leer la cartilla’

El curioso y militar origen de la expresión ‘Leer la cartilla’

Se conoce como ‘leer la cartilla’ (e incluso también se conoce la expresión como ‘cantarle a uno la cartilla’) al acto de reprender a alguien y advirtiéndole sobre lo que debe hacer en algún asunto, normalmente porque ha hecho algo incorrecto o se ha saltado alguna norma.

Al contrario de lo que muchas personas piensan, la cartilla a la que se refiere la expresión no es el cuaderno con el que los niños aprenden a leer y escribir ni tampoco se refiere a la libreta bancaria en el que se anota el saldo de una cuenta de ahorro, sino a un tratado en el que venían impresas las normas de comportamiento y obligaciones de un cuerpo militar.

El hecho de leerle la cartilla a alguien era específicamente recordarle cuáles eran las normas del cuerpo y/o cuartel debido a que las habría incumplido por algún motivo.

Algunas fuentes indican  que dicha locución comenzó utilizándose en la Guardia Civil, debido a que su fundador (duque de Ahumada) encargó en 1844 elaborar un reglamento militar que inculcase a los futuros guardias los valores del cuerpo y al que se llamó ‘cartilla’, pero existe constancia de escritos en los que ya se mencionaba dicha expresión dos siglos antes de crearse el cuerpo de la Benemérita, entre ellos en la obra del año 1624 ‘El donado hablador: Vida y aventuras de Alonso, mozo de muchos amos’ una novela picaresca escrita por Jerónimo de Alcalá Yáñez y Ribera:

[…] nos fuimos los dos a la posada, y en el camino me leyó la cartilla de lo que había de hacer […]

 

 

Te puede interesar leer el post: ¿Por qué la Guardia Civil es conocida como la Benemérita?

 

 

Fuentes de consulta: archive.org / liceohispanico / etimologias.dechile / muyinteresante / Rae
Fuente de la imagen: airman

¿Sabías que Mark Twain fue el primer autor en presentar a su editor un libro escrito a máquina?

¿Sabías que Mark Twain fue el primer autor en presentar a su editor un libro escrito a máquina?

El libro Vida en el Misisipi de Mark Twain está considerado como la primera obra presentada por un autor a su editor escrita íntegramente en una máquina de escribir. El libro fue enviado en 1883 y hasta esa fecha no hay constancia de que ningún otro escritor lo hubiera hecho antes.

Hasta entonces era costumbre presentarlo escrito de puño y letra, de ahí que se llame manuscrito [del latín ‘manu scriptum’: escrito a mano], un término que hoy en día se utiliza aunque la inmensa mayoría de autores ya no lo presenten de ese modo.

Mark Twain había adquirido una máquina de escribir Remington Sholes & Glidden en 1874 y pagó por ella la friolera de 125 dólares de la época. Al año siguiente el autor envió una carta a la compañía Remington para decirles que la máquina corrompía su moral y jurando no volver a utilizarla nunca más.

Por lo visto fue un calentón momentáneo, ya que ocho años después presentó Vida en el Misisipi íntegramente escrita a máquina.

 

 

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¿Sabías que la ‘Plaza Roja de Moscú’ no se llamaba originalmente así por el color rojo?

¿Sabías que la ‘Plaza Roja de Moscú’ no se llamaba originalmente así por el color rojo?

Sin lugar a dudas, uno de los lugares más emblemáticos que existen en Rusia es la conocida como ‘Plaza Roja’ (Krásnaya plóshchad) que se encuentra en el kilómetro cero de su capital Moscú.

Una impresionante plaza que fue testigo, a lo largo de gran parte del siglo XX, de numerosos desfiles militares organizados por la extinta Unión Soviética y que, debido a su pasado comunista muchas son las personas que están convencidas de que el nombre ‘Plaza Roja’ la recibe debido a que este color es el que simbolizaba al socialismo soviético.

Pero ese no es el motivo por el que se le conozca por ese nombre y tampoco lo es por el color encarnado de los ladrillos de algunas de las edificaciones que en ella se encuentran.

Originalmente (en el siglo XV) aquel lugar fue llamado ‘Mercado Grande’ (Torg Veliky) debido a que durante largo tiempo fue el centro neurálgico en el que se realizaban las transacciones comerciales más importantes. Tras producirse un incendio quedar asolada dicha plaza, empezó a ser conocida como ‘Pozhar’ (cuyo significado es ‘Quemado’) y no fue hasta varias décadas después de la construcción de la famosa Catedral de San Basilio (que fue terminada a mediados del siglo XVI) cuando se cambió el nombre por el de  ‘Krásnaya plóshchad’, que literalmente significaba ‘Plaza bonita’ y que todavía conserva.

Y es que en aquel tiempo el término Krásnaya se utilizaba para referirse a algo que era bonito (en este caso la mencionada catedral) y no al rojo, pero el continuo uso y asociación de la plaza con el color que predominaba en ella provocó que con el tiempo el idioma ruso adoptara un nuevo uso para el vocablo Krásnaya y acabe utilizándose también para referirse al rojo.

Así fue como la Krásnaya plóshchad pasó de llamarse Plaza bonita a Plaza Roja sin haber cambiado el nombre en su grafía rusa (aunque sí en la del resto de idiomas).

 

 

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Fuentes de consulta: moscow.info / 21wonders / elrincondesele
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¿De dónde surge decir que alguien es ‘de medio pelo’ para indicar que es de poca importancia?

¿De dónde surge decir que alguien es ‘de medio pelo’ para indicar que es de poca importancia? Utilizamos la frase ‘de medio pelo’ para referirnos a alguien (o algo) que es de poca importancia, tiene poco mérito y quiere aparentar más de lo que realmente es.

El origen de la expresión lo encontramos en Hispanoamérica, donde es un modismo que se utiliza con mucha frecuencia, y que se data hacia mediados del siglo XVIII. En aquella época muchos eran los indianos (personas que habían ido al continente americano a hacer fortuna) y los criollos (aquellos que nacieron en América y eran descendientes de los colonos pioneros) que tras hacer fortuna encargaban hacerse unos sombreros que estaban confeccionados con pelo de castor.

Había dos tipos de sombreros, el llamado de pelo centro, mucho más caro y de mejor calidad, y el de medio pelo, más barato y simple.

Muchas eran las personas que querían aparentar una buena posición social y económica y sin embargo portaban un sombrero más rústico y de medio pelo. Por eso comenzó a utilizarse este término para señalar la condición de clase baja a la que pertenecía, aunque quisieran aparentar más de lo que eran y tenían en realidad.

Hoy en día se utiliza para describir cualquier cosa o persona de poca importancia, valor o mérito.

 

 

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El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonio

Actualmente es una práctica cada vez más en desuso y considerada por muchos como obsoleta y arcaica (aunque todavía hay quien lo sigue realizando), pero hasta hace apenas unas décadas era común e imprescindible que cuando un hombre quería contraer matrimonio con una mujer se presentara frente al padre de ésta (o tutor en caso de faltar)  y le pidiera oficial y formalmente su mano.

Quien decidía si la muchacha se casaba o no era la figura del progenitor y así ha sido (y lamentablemente continua siendo) en la mayoría de las culturas y religiones a lo largo de la Historia.

Pero el concepto de ‘pedir la mano’, tal y como lo conocemos hoy y que se ha practicado durante tantísimo tiempo, proviene de una antigua tradición recogida en el Derecho Romano, por el cual las mujeres tenían una serie de derechos (en muchos aspectos muy amplios), pero la potestad sobre éstas pertenecía al padre, bajo un precepto conocido como ‘manus’ (vocablo latino que significa mano) y que vendría a designar el poder judicial que un varón tenía sobre una hembra (hija o esposa).

El acto de pedir la mano (o sea, el ‘manus’) era para que le fuera transferido al pretendiente ese control sobre la mujer con la que se iba a casar. A partir del momento que se hacía tal petición, si era aceptada por el progenitor, el prometido pasaba a tener la potestad sobre la novia y quedaba sellado el acuerdo a través de una celebración previa al matrimonio conocida como ‘esponsales’ (fiesta de compromiso cuyo término proviene del vocablo en latían ‘sponsus’ –usado para referirse a aquel que asumía un compromiso- y de donde derivó también el término ‘esposa’ y el significado que se le da a las manillas (esposas) que usa la policía).

Por tanto, el hecho de pedir a un padre la mano de su hija para contraer matrimonio traía implícito el solicitar el control y potestad jurídica sobre ésta, un acto y tradición machista que hoy en día todavía sigue estando vigente en algunas culturas (afortunadamente cada vez menos).

El curioso, histórico y machista origen del acto de ‘pedir la mano’ para contraer matrimonioCabe destacar que este post trata sobre el acto de pedir la mano (permiso para casarse) al progenitor, no del hecho de que un novio ‘hinque rodilla’ y proponga matrimonio a su novia.

Y ya para finalizar, y como nota curiosa, indicar que el término ‘manus’ -como sinónimo de potestad sobre alguien- no solo se aplicaba para las mujeres, sino también para referirse a los esclavos y personas en propiedad de alguien; por lo que una ‘manumisión’ en la Antigua Roma era el acto de liberar/dejar libre a un esclavo o sirviente.

 

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Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons / pixabay

¿De dónde viene llamar ‘pasma’ a la policía?

¿De dónde viene llamar ‘pasma’ a la policía?

Muchas son las palabras que hemos heredado de la lengua de la germanía (argot usado comúnmente por ladrones, rufianes y gente de mala vida), y el término ‘pasma’ con el que se nombra a la ‘policía’ es uno de ellos, aunque llegó a nosotros, al igual que otros muchos vocablos, a través del caló (lengua de la etnia gitana).

Hoy en día se utiliza pasma para referirse, de modo coloquial o despectivo, a cualquier miembro del cuerpo policial, pero en sus orígenes el término tan sólo se utilizaba para hablar de la policía secreta o los agentes que iban de paisano.

 

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¿Cuál es el origen del término ‘marrano’?

¿Cuál es el origen del término ‘marrano’?

Posiblemente el animal comúnmente conocido como ‘cerdo’ sea uno de los que tiene más formas para referirse a él, entre las que encontramos: puerco, cochino, gocho, lechón o marrano.

Y va a ser en el origen del último término (marrano) en la que voy a centrar el post de hoy.

La etimología de marrano nos llega a través del proviene del árabe ‘muḥarrám’ y su significado original era ‘cosa prohibida’, un vocablo utilizado para referirse a aquello que no se podía hacer o comer por cuestiones religiosas, entre ellas la tan extendida prohibición del consumo de cerdo en la religión musulmana pero también en la judía.

Y fue precisamente a partir de la expulsión, tanto de judíos como de musulmanes de España, cuando empezó a utilizarse el vocablo marrano como un insulto hacia los judeoconversos; judíos que habían preferido convertirse al cristianismo en lugar de marcharse de la Península Ibérica pero que seguían practicando en secreto sus costumbres y ritos religiosos, entre ellos el no comer cerdo.

Por su parte, a los musulmanes conversos se les llamó ‘moriscos’ y aunque nos parezca un término menos hiriente o peyorativo que marrano se hacía con la misma intención discriminatoria y ofensiva.

Así pues, a pesar de tener otros términos con los que referirse al cerdo, el termino marrano se popularizó entre la población llegando hasta nuestros días como uno de los muchos sinónimos que existen para aludir a este animal pero también para indicar que alguien es desaseado, sucio, mugriento o asqueroso.

 

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El histórico origen de la expresión ‘dar las cuentas del Gran Capitán’

El histórico origen de la expresión ‘dar las cuentas del Gran Capitán’

Gonzalo Fernández de Córdoba fue un noble militar que conquistó para la España de los Reyes Católicos el Reino de Nápoles. Sus triunfos en las batallas en las que participó hicieron que fuese conocido como Gran Capitán surgiendo un sinfín de leyendas a su alrededor.

Una de ellas es la que apunta que, tras su regreso de Nápoles, Fernando de Aragón le solicitó las cuentas detalladas de todo lo que había supuesto el gasto de la guerra en tierras italianas, algo que ofendió de manera sobresaliente al insigne militar, quien presentó al monarca (según dice la leyenda que está sin confirmar) las siguientes cuentas:

«Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados»

Desde entonces, la expresión ‘dar las cuentas del Gran Capitán’ se convirtió en sinónimo de tener que dar explicaciones de mala gana y para ello uno se inventa los conceptos y cantidades, justificando gastos incoherentes y desorbitados.

 

 

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El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

El curioso e histórico origen del término ‘Mamotreto’

Suele utilizarse el término ‘mamotreto’ para referirse a algo (armatoste) que resulta un estorbo debido a su gran tamaño y peso, además de la poca utilidad que se le puede dar (habitualmente a cierto tipos de libros muy voluminosos pero insustanciales en su contenido). Algunos ejemplos de expresiones en los que se puede usar este vocablo son: ‘A ver cuándo me quitas este mamotreto de enmedio que no nos podemos ni mover’, ‘El último libro que me he comprado además de aburrido es un mamotreto que no me cabe en ningún estante del mueble’.

En su origen este término nada tenía que ver con objetos o libros sino con personas: aquellos niños que crecían grandes y rollizos. Y es que se tenía la convicción de que este tipo de niños salían así porque habían sido criados por sus abuelas o, mejor dicho, malcriados, pues se creía que aquellas que se ocupaban a la crianza de sus nietos les daban excesivamente de comer (de ahí que estuvieran regordetes) y les permitían todo tipo de caprichos (por lo que solían salir bastante vagos e inservibles para cierto tipo de labores cuando se hacían adultos).

Durante la Edad Media hubo una gran producción literaria en la que se escribieron libros que tenían una larga extensión y eran de gran volumen, motivo por el que se les acabó llamando mamotreto.

Este término se acuñó en la Antigua Grecia a raíz del vocablo ‘mammóthreptos’ (μαμμόθρεπτος) cuyo significado literal era ‘criado/alimentado por su abuela’ (mámme: abuela – thretos: criar). De ahí pasó al latín tardío ‘mammothreptus’ y posteriormente se extendió a otros idiomas con influencia latina.

En castellano la palabra mamotreto se registró por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1734 y donde se le dio como única acepción a este término: ‘El libro o quaderno que sirve para apuntar y annotar las cosas, que se necessitan tener presentes para ordenarlas después’.

 

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de Autoridades de 1734 / Fundeu / etimologias.dechile / Rae
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