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Entradas etiquetadas como ‘vacunas’

El poder de las vacunas

Por Belén Ruiz-Ocaña, desde UNICEF en Cuba

Analía no lo sabe, pero el pinchazo que acaba de causarle un gran berrinche la protege contra tres enfermedades. Hasta que la vacuna ha llegado a su brazo, ha recorrido un largo camino en el que cada paso es fundamental: desde que UNICEF adquiere la vacuna hasta que las enfermeras se la ponen a Analía en un policlínico de La Habana, Cuba, hay que garantizar que la cadena de frío no se rompe, y que la dosis llega en perfectas condiciones.

En el centro donde conozco a Analía y a su madre, Gretel, 160 niños son vacunados cada año. En este barrio la cobertura de vacunación en 2016 llegó al 100%. En todo el país, anualmente se distribuyen 4,8 millones de dosis de 12 tipos de vacunas para prevenir 13 enfermedades. Desde 1962 se han erradicado seis enfermedades, se han eliminado distintas complicaciones y se han reducido las tasas de morbilidad.

El poder de las vacunas

Analía, antes de recibir la vacuna que la protege contra tres enfermedades/ © UNICEF

Los números demuestran el poder de las vacunas, que cada año salvan entre 2 y 3 millones de vidas. El año pasado UNICEF adquirió 2.500 millones de dosis de vacunas, que llegaron a casi la mitad de niños menores de 5 años en todo el mundo. Solo en Cuba, UNICEF adquiere 70.000 dosis de la vacuna PRS (para prevenir la parotiditis, rubeola y sarampión), lo cual supone el 60% de las que se necesitan en todo el país.

Gracias a la aportación de UNICEF y su trabajo junto con la OMS, la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización, la Fundación Bill y Melinda Gates y otros aliados, se han logrado grandes éxitos como la reducción en un 85% y 83%, respectivamente, del número de niños menores de 5 años fallecidos debido al sarampión y al tétanos neonatal. Las vacunas han posibilitado la reducción en un 47% de las muertes por neumonía y un 57% de las causadas por la diarrea. Y sin embargo, el reto hoy es llegar a los 19,5 millones de niños que todavía hoy no reciben la vacuna que podría salvar su vida.

Por eso, cuando termina la Semana Mundial de la Vacunación, la sonrisa de Analía solo un rato después de recibir su dosis de la vacuna PRS nos recuerda una vez más el gran poder de las vacunas.

Somalia: “Aquí los niños por un sarampión pueden morir, quedar sordos o ciegos”

Por Athanas Makundi desde Hudur, UNICEF Somalia.

Las vacunas evitan entre 2 y 3 millones de muertes de niños cada año por enfermedades como difteria, tétanos, tos ferina y sarampión. Somalia es un claro ejemplo de cómo una vacuna puede salvar o cambiar una vida.

Habiba Mohamed Ahmed ha caminado más de 7 kilómetros para llegar a la clínica de salud materno-infantil en Hudur, la capital de la región de Bakool, al suroeste de Somalia. Mientras caminaba trataba de proteger del calor abrasador a su bebé enfermo. Aun así, Suleeqa Mohamed, de 7 meses, llega deshidratada y muy débil al centro.

Hamza esperando ser vacunado.

Hamza esperando ser vacunado.

Está muy pálida, respira con mucha dificultad, y tiene una erupción irregular en la cara. “Mi niña está enferma. No sé qué le pasa”, Habiba explica apenas sin voz tras el agotamiento de la caminata desde su pueblo. “Durante diez días, ha tenido fiebre muy alta, ha estada enferma con diarrea, luego le aparecieron manchas en la carita y se le extendieron por todas partes.”

Tras un rápido examen, el doctor de la clínica, Abdullahi Abdul, enseguida sospecha que Suleeqa tiene el sarampión, la misma enfermedad que ha afectado a unos 7.000 niños somalíes este año.

La ciudad de Hudur fue controlada por grupos armados durante un año, hasta el pasado mes de marzo, y la clínica se cerró. Muchas familias quedaron aisladas y sin ayuda. Con las carreteras para llegar a muchos pueblos aún bloqueadas, algunos aviones de agencias internacionales como UNICEF son los únicos que han podido entregar suministros esenciales a las áreas más necesitadas.

“Ahora que por fin tenemos las vacunas, vamos a empezar una campaña yendo puerta en puerta para que todas las familias sepan que deben llevar a sus hijos al centro de salud para ser vacunados”, explica Abdul. “También vamos a pedir a las madres que lleven a los niños para poder detectar si sufren desnutrición, ya que afortunadamente también nos ha llegado la pasta de cacahuete”.

Mientras descargamos los suministros de emergencia nos volvemos a encontrar con Habiba y su bebé.

Llega el avión con suministros al aeropuerto de Aden Adde en Mogadiscio, Somalia

Llega el avión con suministros al aeropuerto de Aden Adde en Mogadiscio, Somalia

“Por suerte, su sistema inmunológico ha estado luchando contra la infección”, señala Abdul. “Es por eso que ha sobrevivido. De lo contrario, en los casos graves de sarampión, el niño puede morir o se pueden quedar sordos o ciegos“.

Es lo que le pasó a Aden Mohamed con su hijo mediano. Hoy ha traído a su bebé de 9 meses, Hamza Hussein, para que le vacunen contra el sarampión. Será el primero de la familia que reciba una vacuna.

“Teníamos miedo a salir de casa a causa de los combates armados. Sabía que mis hijos estaban enfermos pero estaba aterrorizada“, susurra Aden bajito mientras mira a su alrededor para ver si alguien nos está escuchando. “Cuatro de mis hijos contrajeron el sarampión porque no había servicios de salud cerca, por lo que no pudieron ser inmunizados.”

“El sarampión es una de las principales enfermedades mortales para los niños, especialmente aquellos que son menores de cinco años“, explica Abdinor Hussein, jefe de Salud de UNICEF en Somalia.

La situación de seguridad está mejorando, y esperamos que esto allanará el camino para poder hacer llegar más asistencia. Vemos progresos. Los niños están siendo tratados y las madres reciben atención, pero las necesidades aún son muchas.

Con medidas tan sencillas como una nutrición adecuada y vacunas podemos lograr que ningún niño muera por causas evitables

 

Centro de vacunación de Hudur.

Centro de vacunación de Hudur.

* FOTOS: UNICEF Somalia/2014/Makundi

Irak: “En el campo de Domeez, nuestros propios compañeros también son refugiados”

Sólo unas semanas después de abrir sus puertas por primera vez, el 4 de agosto, la unidad de maternidad en el campo de refugiados Domeez, en el norte del Kurdistán iraquí, ya está llena de mujeres sirias, muchas de ellas a punto de dar a luz. Todas quieren aprovechar la amplia gama de servicios de maternidad – desde controles prenatales a vacunas postnatales – proporcionados por el personal de Médicos Sin Fronteras. La particularidad de  estos trabajadores es que también ellos son refugiados.

Por Talia Bouchareb, periodista de MSF en Domeez.

Ayla Hamdo, nacido el 4 de agosto, fue el primer bebé de la nueva maternidad. Su peso al nacer fue de 3,2 kg y su estatura de 52 cm. Copyright: Gabrielle Klein/MSF
Ayla Hamdo, nacido el 4 de agosto, fue el primer bebé de la nueva maternidad. Su peso al nacer fue de 3,2 kg y su estatura de 52 cm. Copyright: Gabrielle Klein/MSF

 

El Campo de Domeez, que se encuentra a unos 10 km al sur de la ciudad de Dohuk, fue planeado inicialmente para una población de 30.000 personas. Tres años después, alberga el doble de esta cifra, por lo que es ya el mayor campo de refugiados en el Kurdistán iraquí. A medida que los meses van pasando, y con pocas esperanzas de que sus residentes puedan regresar a sus hogares, el campo se parece cada vez más a un animado pueblo sirio, con tuktuks (bici-taxis) llevando personas de un lado a otro y tiendas en las que venden desde shawarma, hasta ordenadores. También hay locales donde se hacen cortes de pelo o se venden vestidos de novia.

Como los matrimonios y los nacimientos se han multiplicado, y la población del campamento ha crecido, también lo ha hecho la necesidad de una unidad médica dedicada a la maternidad. Los estudios que manejamos nos desvelan que uno de cada cinco habitantes del campamento es una mujer en edad reproductiva, y que 2,100 bebés nacen en el campo cada año.

Como resultado de esta situación, hemos decidido ampliar los servicios de salud en el campamento. Llevan ya funcionando dos años, pero hemos creído conveniente dar un paso más en cuanto a la cantidad y a la calidad de los mismos.

Hasta hace poco, nuestra clínica había estado proporcionando servicios básicos de salud reproductiva, pero las mujeres tenían que hacer el largo camino hasta la ciudad para dar a luz en un hospital que está muy saturado. Sin embargo, con la nueva unidad de maternidad en marcha y funcionando, ahora sólo tenemos que referir los partos de alto riesgo a Dohuk, lo que libera mucha de la presión sobre el hospital.

El equipo de MSF felicita a la madre de Ayla. Copyright: Gabrielle Klein/MSF
El equipo de MSF felicita a la madre de Ayla. Copyright: Gabrielle Klein/MSF

Hoy he visitado a Golestan, una orgullosa madre de tres hijos, que está descansando en la cama. Su hijo recién nacido, bien envuelto, duerme junto a ella. “Yo di a luz en el hospital de Dohuk el año pasado, porque mi parto tenía complicaciones que no podían ser atendidas aquí”, me dice. “Sin embargo, esta vez me han animado a permanecer en cama durante unas horas, las enfermeras revisan mi estado a cada rato… es como estar de vuelta en la Siria de hace unos años, sólo que aquí es gratis”, me explica emocionada.

“Ayudar a las mujeres durante el parto es sólo un aspecto de la atención que ofrecemos aquí, pero además de ayudar a las mujeres a dar a luz de forma segura, también nos aseguramos de darles un seguimiento adecuado – desde el comienzo del embarazo hasta el final del proceso, a través de consultas postnatales. Con este enfoque integral también podemos proporcionarles vacunas, ayudar con la lactancia materna y ofrecer consejos de planificación familiar, todos los cuales tienen un gran impacto en el bienestar de las madres y los niños”, me explica Adrián Guadarrama, responsable médico de MSF en Domeez.

Antes de que la unidad de maternidad abriera, muchas mujeres sirias en Domeez optaban por dar a luz en sus tiendas de campaña en el campamento, en lugar de viajar al hospital de Dohuk. Zozan, otra mujer que ya hace siete meses que dio a luz y que hoy ha venido en busca de vacunas para su niño, es uno de los muchos ejemplos que nos hemos encontrado: “Llamé a una partera siria para que me ayudara a dar a luz en casa, y todo fue bien, pero hubiera sido mejor estar cerca de los médicos: en una tienda de campaña siempre hay un riesgo“. Como medida para evitar que las mujeres sigan dando a luz en sus casas, las autoridades locales han dejado de emitir certificados de nacimiento a los bebés que no nacen en los centros asistidos por personal sanitario.

Parteras rellenando el partograma para hacer el seguimiento del primer parto que tuvo lugar en la nueva maternidad de MSF en Domeez. Copyright: Gabrielle Klein/MSF
Parteras rellenando el partograma para hacer el seguimiento del primer parto que tuvo lugar en la nueva maternidad de MSF en Domeez. Copyright: Gabrielle Klein/MSF

“Nuestra unidad de maternidad se creó en un tiempo récord, con la ayuda de las autoridades locales de salud. Todo sucedió muy rápido. Presentamos nuestra propuesta, las autoridades la aprobaron de inmediato y luego proporcionaron los materiales de construcción y todo el equipo médico. Ahora la unidad es gestionada por parteras, y muchos de los nuevos empleados han tenido que adaptarse a una manera diferente de trabajar”, me dice Adrián. “El principal reto ha sido encontrar y capacitar a las parteras porque muchas están acostumbradas a trabajar a la sombra de los médicos. Cuando les dijimos que llegaría un día en el que ellas estarían gestionando el lugar, casi no se lo podían creer, pero ahora aquellas promesas se han convertido en una realidad”.

Margueritte, una de estas parteras, me dice que “el primer paso es siempre darse el tiempo para examinar a las pacientes y escucharlas. Hemos estado enseñando a todas las nuevas parteras un enfoque más completo de cómo atender los partos”.

Lo bueno y novedoso al mismo tiempo es que aquí nuestro personal tiene una estrecha relación con los pacientes, ya que la mayoría de ellos también son refugiados de Siria. Actualmente contamos con un ginecólogo, nueve parteras y cuatro enfermeras, que son las que proporcionan la atención continua.

Un familiar se ocupa de Ayla mientras su madre recibe los cuidados post-parto. Copyright: Gabrielle Klein/MSF
Un familiar se ocupa de Ayla mientras su madre recibe los cuidados post-parto. Copyright: Gabrielle Klein/MSF

Nuestros promotores de salud han recorrido durante estas semanas el campamento para informar a las mujeres acerca de los nuevos servicios que se ofrecen, mientras que el boca a boca también ha sido fundamental para atraer a las mujeres a la nueva unidad. Su apertura también apareció en la primera página del periódico local del campamento (sí, sí, aquí ya han creado hasta un periódico local), así que ahora tenemos a mujeres que ni siquiera estaban en el campo y que vienen desde una cierta distancia para poder dar a luz aquí.

Ahlam, que se prepara para salir de la unidad con su bebé recién nacido, se ha registrado en el campo de refugiados Gowergosk, a unas dos horas en coche de Dohuk. “He oído por mi cuñada que había parteras sirias y una maternidad nueva”, me dice, “así que me mudé aquí hace unas semanas, sólo para poder dar a luz. Una vez me que me sienta más fuerte voy a volver a Gowergosk “.

Y la verdad es que es un placer poder observar lo fácil que resulta el poder devolver un poquito de esperanza a toda esta gente que lo está pasando tan mal y que no saben si algún día podrán vovler a sus casas. Al menos, aquí han construido algo que cada vez se va pareciendo más a un hogar.