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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘suerte’

¿Por qué el término ‘dicha’ es sinónimo de felicidad y suerte?

¿Por qué el término ‘dicha’ es sinónimo de felicidad y suerte?

Decimos que alguien es ‘dichoso’ cuando es feliz o la fortuna le sonríe.

El término ‘dicha’ como sinónimo de felicidad o suerte tiene mucho que ver con el verbo ‘decir’, ya que en la antigüedad se tenía el convencimiento de que cada vez que venía al mundo un recién nacido las deidades paganas pronunciaban unas palabras por las que aventuraban cómo sería la futura vida de ese nuevo ser humano.

De hecho, el vocablo ‘dicha’ proviene etimológicamente del latín ‘dicta’ cuyo significado literal era ‘palabras pronunciadas’ (cosas dichas). Dependiendo de sí los dioses pronunciaban unas palabras al recién llegado éste sería feliz (dichoso) a lo largo de su vida y si no lo hacían sería infeliz (desdichado… no dicho).

 

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Fuente de la imagen: maxpixel

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

Al contrario de lo que muchas personas creen, el término ‘potra’ no ha surgido de la jerga juvenil sino que como vocablo hay constancia de su uso desde hace varios siglos y ya aparece descrito en el Diccionario de Autoridades de 1737, aunque, en sus inicios, a la palabra no se le dio el sentido de buena suerte que se le otorga hoy.

Tal y como se describía en el mencionado diccionario y hoy en día le da la RAE (en sus dos primeras acepciones), la potra era la hernia de una víscera u otra parte blanda o en el escroto (nada que ver con la hembra del potro, cría del caballo).

Dicha dolencia otorgaba a aquel que la tenía un pequeño privilegio (o al menos eso decían quienes la padecían): sentir molestias cuando el tiempo iba a cambiar -semejante a lo que le pasa a algunas personas que tienen problemas en las articulaciones-. A pesar del inconveniente del dolor que suponía, era de apreciar ese ‘sexto sentido’ (como algunos lo llamaban) con el que podían detectar con antelación (incluso de varios días) el cambio meteorológico, la llegada de una tormenta, nevada… El saberlo con suficiente anticipación ayudaba a que muchos agricultores pudiesen salvar sus cosechas.

Así pues, a ese tipo de hernia (la potra) con el tiempo se le comenzó a considerar como algo bueno y de ahí que al que la padecía se le acabó considerando como alguien suertudo, dando lugar con los años a expresiones del tipo ‘menuda potra tiene’, ‘vaya potra he tenido’, ‘a ver si tenemos potra’…

Cabe destacar que el término ‘potra’ se aplica muy a menudo sobre todo para señalar a aquel que ha conseguido/ganado algo de pura casualidad.

 

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

 

Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde surge la creencia y superstición de que una pata de conejo trae buena suerte?

¿De dónde surge la creencia y superstición de que una pata de conejo trae buena suerte?

Como es bien sabido, una superstición es aquel acto o conducta que condiciona la vida de cualquier individuo que hace o deja de hacer algo ante el convencimiento que, de lo contrario, le podría ocurrir una desgracia. Por tal motivo muchos son los elementos que a lo largo de la historia se han convertido en un amuleto con el que atraer la buena suerte: una herradura, un trozo de madera que tocar, una reliquia perteneciente a una parte del cuerpo de una persona que había sido santificada o una simple pata de conejo (entre otras muchísimas cosas).

La creencia de que una pata de conejo trae buena suerte es una de las más antiguas que existen. Se calcula que ya en el siglo VII a.C. los pueblos celtas ya tenían sus propias supersticiones y creencias y entre ellas estaba la que le otorgaban a los conejos, liebres y algunas especies de roedores. El hecho de que habitasen en madrigueras en el subsuelo hacía pensar a los antiguos celtas que éstos animales estaban en contacto con los Dioses y espíritus del inframundo y, por tanto, esos animales les protegerían. De ahí que mucha ropa de abrigo se realizase con sus pieles, su carne fuese muy preciada en platos de la época y sus huesos se convirtieran en amuletos que llevaban encima colgados en collares, pendientes u otros abalorios.

Con el transcurrir del tiempo la liebre y esos otros roedores fueron adquiriendo una connotación negativa en el folklore popular y sin embargo el conejo siguió disfrutando de ese estatus de animal que proporcionaba suerte o alejaba los malos augurios.

En la época de la Antigua Roma y Grecia el conejo adquirió la categoría de ‘curalotodo’ y muchos eran los ungüentos que se realizaban en el que se utilizaba algunos huesos machacados de este animal. También se frotaban partes dolorida o fracturadas con alguna parte de su cuerpo y sobre todo se convirtió en amuleto (como animal doméstico) para proporcionar fertilidad y una gran prole de hijos, debido a su gran y rápida reproducción.

Avanzando en el tiempo nos encontramos que durante la Edad Media se reforzó la superstición alrededor de los poderes curativos y de buena suerte que podían proporcionar los conejos, pero éstos ya dejaron de ser un animal doméstico para ser llevado uno de sus huesos encima (tal y como ya habían hecho los celtas un milenio atrás).

En una época en la que los consejeros místicos y espirituales de grandes reyes tenían una relevancia importantísima en sus decisiones el portar el hueso del conejo se puso más de moda que nunca entre todas las clases sociales.

El hecho que de la noche al día pasase de servir cualquier hueso del conejo como amuleto a ser específicamente una de sus patas no se sabe a ciencia cierta cuándo ocurrió, pero uno de los escritos más antiguos que hay en relación a ello data del siglo XVI y se trata de un pequeño texto que explica cuál era el amuleto infalible y cómo se debe conseguir.

Dicho texto decía que éste debía ser la pata trasera izquierda de un conejo que tendría que haber muerto a medianoche en un cementerio en una noche sin luna de un viernes 13 y a manos de un jinete de piel negra y cabello pelirrojo, zurdo y bizco que iría montado en un caballo blanco.

Evidentemente el texto y los elementos mencionados no dejan de ser un batiburrillo de supersticiones mezcladas y sin sentido alguna, pero que en su época tuvo gran relevancia, por lo que a base de repetirla hizo que se creyera que la parte del conejo que realmente daba buena suerte era su pata trasera izquierda.

La creencia se extendió por prácticamente todo el planeta y ha llegado hasta nuestros días, en el que podemos encontrar que son innumerables las personas que creen a pies juntillas que el portar consigo una pata de conejo la protegerá de malos augurios y le proporcionará protección y buena suerte.

 

 

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Fuentes de consulta: ‘Las cosas nuestras de cada día’ de Charles Panati / scientificamerican / todayifoundout
Fuente de la imagen: Bergadder (pixabay)

¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

A través de la página en Facebook de este blog, Manel Alonso me pregunta de dónde surge decir que a alguien le ha tocado la negra como sinónimo de mala suerte.

Desde la antigüedad el blanco y el negro son colores que han estado destinados para designar la buena y mala suerte, la vida y la muerte. Dependiendo de la cultura y civilización le daban (y siguen dándole) un sentido u otro. En el post que publiqué tiempo atrás sobre la expresión ‘pender de un hilo’ ya os explicaba cómo en la mitología romana, griega y nórdica (por citar tres ejemplos) existían unos personajes llamadas las Parcas (en Roma; Moiras para los griegos y Nornas para los escandinavos) que hilaban el ‘hilo de la vida’ (valga la redundancia). Dependiendo de lo feliz o desdichada que sería la vida de cada individuo lo hilaban de color blanco o negro, colores asociados a la dicha y la desdicha respectivamente.

Respecto a la expresión ‘tocar la negra’, que suele decirse como sinónimo de mala suerte, encontramos que su origen proviene de cuando se preguntaba a los Dioses, al oráculo o simplemente se quería echar algo en suerte a través de coger unas piedras (blancas y negras) que se encontraban dentro de un recipiente. Depende de la pregunta que se formulaba y el color que salía la respuesta era positiva o negativa.

En el caso de las antiguas Roma y Grecia el blanco quería decir fortuna y buena suerte y el negro infortunio y desgracia.

En estas civilizaciones existía la costumbre de elegir a algunos de sus representantes públicos (magistrados, senadores…) a través de meter piedras blancas y negras en una vasija (también se utilizaban habas de esos colores) y cada candidato a ocupar el cargo metía la mano para sacar una. Aquellos que cogían la blanca eran los elegidos y por tanto les sonreía la fortuna, sin embargo ‘al que le tocaba la negra’ tenía el infortunio de no ser elegido y quedar fuera.

 

 

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Fuente de la imagen: Yamanaka Tamaki (Flickr)

¿Sabías que las galletas de la fortuna chinas no se inventaron en China?

¿Sabías que las galletas de la fortuna chinas no se inventaron en China?Cada vez son más los restaurantes chinos en los que, a la hora del postre, sirven unas crujientes galletitas con un original diseño y que llevan en su interior un papelito donde viene algún tipo de predicción o mensaje, siendo conocidas popularmente como ‘galletas de la fortuna’‘galletas de la suerte’.

Al contrario de lo que muchísima gente pueda pensar, estas obleas no se originaron en China ni tienen tras de si una antiquísima tradición milenaria, ya que en realidad se inventó en la primera década del siglo XX en los Estados Unidos.

Además de tener ese ‘reciente’ origen de tan solo un siglo y una ubicación que nada corresponde con lo que ahora nos hacen creer, su inventor tampoco era de origen chino sino que era originario de Japón, aunque llevaba viviendo media vida en Norteamérica.

Makoto Hagiwara regentaba el Japanese Tea Garden, dentro del parque Golden Gate de la ciudad de San Francisco, y en 1909 comenzó a servir como acompañamiento del té unas crujientes galletitas que en su interior escondían distintos mensajes, la mayoría antiquísimos proverbios japoneses y alguna que otra predicción.

El señor Hagiwara se había inspirado en la receta de los senbei, unas galletas de arroz típicas de su Japón natal.

Con los años el salón de té se hizo muy popular, importándose la idea de las galletas de la suerte a otros puntos del planeta.

¿Sabías que las galletas de la fortuna chinas no se inventaron en China?Pero no fue hasta 1989 en el que un empresario de Hong Kong comenzó a comercializarlas en su tienda de artículos de importación y delicatesen y en el que las vendía bajo el eslogan publicitario de ‘Las genuinas galletas de la suerte americanas’, vendiendo grandes cantidades a los turistas que hasta allí viajaban, pero que las adquirían y llevaban a sus países creyendo que habían comprado el souvenir  de un producto típico de China.

A partir de ahí se comenzó a popularizar y comercializar en el resto de China, convirtiéndose en uno de los productos más conocidos, comprados y exportados. La expansión empresarial del país abriendo restaurantes y negocios en cualquier punto del planeta ha ayudado a convertir a las galletas de la fortuna en algo que todo el mundo identifica con ellos, cosa que les ha ido francamente bien, teniendo en cuenta de que no la inventaron ellos ni es originaria de ese país ni cultura.

Hay que destacar que durante algunos años hubo una pugna y debate sobre quién era realmente la persona y el lugar donde se inventaron las galletas de la suerte, disputándole la paternidad del invento de Makoto Hagiwara un hongkonés afincado en Los Ángeles llamado David Jung; aunque cabe decir que los primeros indicios de comercialización por parte de Jung son de 1918, nueve años después de que lo hiciera Hagiwara.

A pesar de esos indicios, no fue hasta el año 1983 en el que se determinó que las galletas de la suerte eran originarias de Makoto Hagiwara y nacieron en San Francisco en 1909.

Como nota curiosa, añadir que muchas son las personas que coleccionan todos los mensajes que van apareciendo dentro de las galletas de la suerte, habiendo foros y páginas especializados donde se publican, intercambian e incluso se hacen auténticos negocios. También hay quien dice que le ha tocado la lotería gracias a jugar a los números que le aparecieron en una galleta.

 

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Fuentes de consulta: snopes / discovernikkei / nytimes / hanascape
Fuente de las imágenes: Angela Mabray (Flickr) / Juan Eduardo Donoso (Flickr)

¿Sabías que el término mascota con el que nos referimos a los animales de compañía significa amuleto?

¿Sabías que el término ‘mascota’ con el que nos referimos a los animales de compañía significa ‘amuleto’?Como bien es sabido una mascota es un animal de compañía, pero también llamamos de ese modo a aquella persona, animal o cosa que sirve como talismán y/o trae buena suerte (por ejemplo, ‘la mascota del equipo’).

Este término llegó hasta nosotros desde el francés ‘mascotte’ cuyo significado es amuleto y se hizo muy popular a raíz de una opereta estrenada en 1880 (inspirada en una historia publicada una década antes por Henri Chivot y Alfred Duru) titulada ‘La mascotte’ (El amuleto), la cual obtuvo un enorme éxito mundial.

La creencia popular sobre los animales de compañía y que éstos aportaban buena suerte a aquellos que los poseían hizo que se les comenzase a conocer como ‘mascotas’.

 

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Fuentes de consulta: capsuladelengua / RAE / etimologias.dechile
Fuente de la imagen: elemenoperica (morguefile)

¿De dónde surge la expresión ‘ser mano de santo’?

¿De dónde surge la expresión ‘ser mano de santo’?Solemos decir ‘esto es mano de santo’ cuando queremos referirnos a que algo tiene un efecto casi milagroso a la hora de curar una dolencia o arreglar un problema y su origen lo encontramos en la antiquísima superstición en la que se tenía el convencimiento de que una reliquia perteneciente a una parte del cuerpo de una persona que había sido santificada y/o era venerada tenía poderes curativos y aportaba buena suerte/protección solo por el hecho de tocarla o tenerla cerca.

Numerosos son los casos de cuerpos de santos y santas que han sido desmembrados y repartidas las diferentes piezas por diferentes iglesias, conventos o particulares que pagaban autenticas fortunas por el hecho de poseer uno de esos miembros.

Como imaginareis, las manos eran las más veneradas y de las que se creía que aportaban una mayor protección, curación y suerte. De ahí que, con el paso del tiempo, se comenzase a utilizar expresiones como ‘es mano de santo’ para referirse al poder curativo y milagroso de algún remedio, medicamento, etc…

Cabe destacar que durante todos los años que se mantuvo al frente de la jefatura del Estado, Francisco Franco tuvo la mano incorrupta de Santa Teresa en la capilla del Palacio del Pardo, con el fin de que le protegiera y guiase (se llegó a comentar que incluso la llevaba consigo en sus desplazamientos y viajes). Tras el fallecimiento del dictador, en 1975 la reliquia fue devuelta al convento de las Carmelitas Descalzas de Ronda.

La imagen que acompaña este post ilustra el momento en el que las religiosas del convento de las Carmelitas Descalzas de Ronda recibieron la mano de Santa Teresa, tras cuatro décadas en poder de Franco.

 

Fuente de la imagen: apostoladodelasreliquias

¿De dónde surge la superstición sobre las herraduras y la buena suerte?

¿De dónde surge la superstición sobre las herraduras y la buena suerte?

Como bien sabréis, las supersticiones son la extraña creencia que tienen algunas personas a pensar que poseer algún objeto, hacer algo concreto o evitar según qué situaciones influirá en su destino, otorgándole buena o mala suerte; todo ello por una rara e inexplicable conjunción mágica fuera de cualquier tipo de razonamiento científico, explicación lógica y coherente o demostración empírica.

Una de las supersticiones más extendidas es la que indica que tener una herradura colgada sobre la puerta de entrada de una casa la protege de la mala suerte, dotando al hogar con la fortuna y alejándolo de cualquier tipo de adversidad.

¿De dónde surge la superstición sobre las herraduras y la buena suerte?El origen a esta creencia, tan arraigada popularmente, se la debemos a una antigua leyenda que surgió en el siglo X alrededor de San Dustan, quien, antes de ser nombrado Arzobispo de Canterbury y ser canonizado tras su fallecimiento, trabajó como herrero en Baltonsborough (suroeste de Inglaterra).

Dicha leyenda explicaba como se le apareció a Dustan una extraña criatura (mitad hombre mitad animal) que le solicitó que le pusiera un par de herraduras, descubriendo el herrero de que se trataba del mismísimo demonio y con gran habilidad se deshizo de él gracias a un ingenioso engaño, clavándole las herraduras de una manera muy dolorosa hasta conseguir que el diablo le suplicase clemencia.

Fue a partir de la divulgación y el boca a boca de esta historia donde surgió todo el aura y simbología que se le ha querido dar a las herraduras como talismán de la buena suerte (muy posiblemente de todos los amuletos el más famoso).

Cabe destacar que en algunos lugares se indica que en tiempos de la Antigua Grecia, estos ya le atribuían dones de buena suerte y fortuna a las herraduras, pero no hay ninguna historia/relato lo suficientemente difundida que pueda demostrar que el origen de esta superstición se debe a los griegos y no a la leyenda de San Dustan.

 

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Fuentes de las imágenes: Leo Reynolds (Flickr)  / Wikimedia commons

¿Por qué llamamos ‘gafe’ a los que traen mala suerte?

¿Por qué llamamos ‘gafe’ a los que traen mala suerte?Actualmente llamamos gafe a aquella persona que trae mala suerte (tanto para sí misma como para los que le rodean), pero antiguamente se utilizaba el término gafo para referirse a aquellos que padecían una enfermedad llamada gafedad, un tipo de lepra que además provoca que los dedos de la mano y, en algunas ocasiones de los pies, se encorven fuertemente.

La lepra estaba considerada como una enfermedad altamente contagiosa, por lo que no era nada aconsejable acercarse a un leproso o gafo, para evitar así contagiarse. Los avances médicos demostrarían que la lepra era una enfermedad infecciosa, pero de nula transmisibilidad.

De ahí que con el pasar del tiempo la palabra pasase de gafo a gafe y se haya acabado utilizado este término para referirse a las personas que tienen y contagian la mala suerte.

 

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¿Cuál es el origen de la expresión ¡¡Mucha Mierda!!?

¿Cuál es el origen de la expresión ¡¡Mucha Mierda!!?

Esta escatológica expresión se utiliza mucho en ambientes teatrales como forma de desear suerte en la función. Hoy en día se ha extendido en otros campos y se le puede desear mucha mierda desde al que se va a examinar hasta a quien tiene que ir a un concurso. El origen de esta expresión tiene dos versiones muy distintas y ninguna de ellas está contrastada, así que queda a criterio del lector elegir la que más le convenza.

Por un lado nos encontramos quienes dicen que el origen de la expresión proviene de la época en la que las personas de clases pudientes acudían al teatro (en aquella época corrales de comedia) en sus coches de caballos. Al llegar a la puerta del recinto, mientras bajaban del coche, el animal hacía sus necesidades allí mismo, por lo que cuando estaba a punto de empezar la representación un miembro de la compañía se asomaba y miraba la cantidad de excremento depositada. Cuanta más había, más gente de dinero se encontraba entre el público; algo muy importante, porque como no se cobraba entrada, su sustento dependía del dinero que, concluida la función, los espectadores lanzasen al escenario. Los miembros de la compañía se agachaban a recoger las monedas lanzaras por el público y de ahí dicen que viene otra expresión teatral de aparente paradójico significado: «rómpete una pierna» (es decir, que tengas mucha suerte y te rompas la pierna de tantas veces que tengas que flexionarla para recoger el dinero recaudado o para saludar al público).

La otra versión especula con que el origen se remonta a la Edad Media, cuando los artistas iban con sus carromatos de pueblo en pueblo. Cuando llegaban a uno, si había mucho estiércol a la entrada, podían saber si (en función de la extensión del mismo) en aquel momento había un mercado, feria u otro acto y merecía la pena detenerse para hacer su espectáculo. El deseo entonces, entre los compañeros de gremio, era que encontrasen mucha mierda en el siguiente pueblo, quedando la expresión abreviada que ha llegado a nuestros días.

 

 

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Fuente de la imagen: freestockphotos