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¿De dónde surge la expresión ‘La casualidad es la décima musa’?

Recibo un mensaje Inés M. Salvador donde me pregunta de dónde surge la expresión ‘La casualidad es la décima musa’ y en el que también quiere saber quiénes eran las otras ‘nueve musas’.

¿De dónde surge la expresión ‘La casualidad es la décima musa’?

Según la mitología griega, existían nueve deidades femeninas, conocidas como ‘musas’, que eran las encargadas de dotar de talento e inspirar a los artistas y escritores.

Estas eran hijas de Zeus (un Dios considerado por los griego como el padre de los dioses y los hombres’) y de Mnemosine (Diosa de la memoria). Los relatos mitológicos recogieron que a lo largo de nueve noches  mantuvieron relaciones, engendrando en un parto múltiple a nueve hijas cuya misión encomendada era ser las patrocinadoras de todas las artes (de la antigüedad).

Calíope era la musa de la retórica y la poesía; Clío, de la historia; Erato, de la elegía; Euterpe, de la música; Melpómene, de la tragedia; Polimnia, de la lírica; Talia, de la comedia; Terpsícore, de la danza y Urania, de la astronomía y astrología.

Con el término ‘musa’ también se ha conocido a la inspiración o ingenio que ha tenido un artista o escritor y frecuentes han sido las ocasiones en las que el no tener una buena idea para plasmar en una obra ha sido achacada por estos a que  no habían sido visitados por las musas.

Fue el célebre escritor y dramaturgo español, Enrique Jardiel Poncela, quien acuñó el aforismo ‘La casualidad es la décima musa’, siendo incluida en su obra ‘Máximas mínimas’, publicada en 1937.

Jardiel Poncela destacó por ser uno de los grandes y más productivos autores del llamado ‘teatro del absurdo’, siendo muy prolífica su obra literaria (autor de docenas de obras, guiones cinematográficos, novelas, narrativa corta e infinidad de artículos periodísticos), algo que, a menudo, achacaba a la casualidad, haciendo un paralelismo entre esta y la musas, de ahí que lo encasillase como la décima de ellas.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde proviene el término ‘serendipia’?

¿De dónde proviene el término ‘serendipia’?

Se denomina como ‘serendipia’ al hallazgo que se realiza de manera inesperada o accidental y cuyo resultado es de gran valor (por ejemplo descubrir la vacuna para una enfermedad de forma casual).

El término surgió a raíz del antiquísimo cuento tradicional persa ‘Los tres príncipes de Serendip’, el cual hacía referencia a la isla de Ceilán (actualmente llamada Sri Lanka), pero la popularización del vocablo se la debemos al escritor inglés Horace Walpole, quien utilizó  el término ‘serendipity’ para hacer referencia a un hallazgo fortuito en el campo de la ciencia.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿Cuál es el origen del término ‘azar’?

Muchas son las personas que están convencidas de que las cosas ocurren por ‘azar’. Este término suele estar vinculado a la casualidad y al acto de tener suerte, aunque en realidad puede ser a la buena o mala suerte. También se denomina así a las apuestas, de ahí que se conozcan como ‘juegos de azar’.

¿Cuál es el origen del término ‘azar’?

Etimológicamente proviene del árabe hispánico ‘azzahr’ y hacía alusión a una flor, la misma que se pintaba en una taba (hueso utilizado antiguamente para jugar a algo parecido a los dados). Si salía el lado donde aparecía dibujada la flor se ganaba o perdía (dependiendo de la apuesta realizada), de ahí que finalmente la palabra azar se relacionara con la buena o mala fortuna.

Varios son los países (entre ellos Portugal) donde se utiliza el término azar como sinónimo de ‘infortunio’ o ‘mala suerte’.

 

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Fuente de la imagen: pxfuel

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

¿De dónde proviene utilizar el término ‘potra’ para indicar que alguien tiene buena suerte?

Al contrario de lo que muchas personas creen, el término ‘potra’ no ha surgido de la jerga juvenil sino que como vocablo hay constancia de su uso desde hace varios siglos y ya aparece descrito en el Diccionario de Autoridades de 1737, aunque, en sus inicios, a la palabra no se le dio el sentido de buena suerte que se le otorga hoy.

Tal y como se describía en el mencionado diccionario y hoy en día le da la RAE (en sus dos primeras acepciones), la potra era la hernia de una víscera u otra parte blanda o en el escroto (nada que ver con la hembra del potro, cría del caballo).

Dicha dolencia otorgaba a aquel que la tenía un pequeño privilegio (o al menos eso decían quienes la padecían): sentir molestias cuando el tiempo iba a cambiar -semejante a lo que le pasa a algunas personas que tienen problemas en las articulaciones-. A pesar del inconveniente del dolor que suponía, era de apreciar ese ‘sexto sentido’ (como algunos lo llamaban) con el que podían detectar con antelación (incluso de varios días) el cambio meteorológico, la llegada de una tormenta, nevada… El saberlo con suficiente anticipación ayudaba a que muchos agricultores pudiesen salvar sus cosechas.

Así pues, a ese tipo de hernia (la potra) con el tiempo se le comenzó a considerar como algo bueno y de ahí que al que la padecía se le acabó considerando como alguien suertudo, dando lugar con los años a expresiones del tipo ‘menuda potra tiene’, ‘vaya potra he tenido’, ‘a ver si tenemos potra’…

Cabe destacar que el término ‘potra’ se aplica muy a menudo sobre todo para señalar a aquel que ha conseguido/ganado algo de pura casualidad.

 

 

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¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

¿De dónde surge decir que a alguien ‘le ha tocado la negra’ como sinónimo de mala suerte?

A través de la página en Facebook de este blog, Manel Alonso me pregunta de dónde surge decir que a alguien le ha tocado la negra como sinónimo de mala suerte.

Desde la antigüedad el blanco y el negro son colores que han estado destinados para designar la buena y mala suerte, la vida y la muerte. Dependiendo de la cultura y civilización le daban (y siguen dándole) un sentido u otro. En el post que publiqué tiempo atrás sobre la expresión ‘pender de un hilo’ ya os explicaba cómo en la mitología romana, griega y nórdica (por citar tres ejemplos) existían unos personajes llamadas las Parcas (en Roma; Moiras para los griegos y Nornas para los escandinavos) que hilaban el ‘hilo de la vida’ (valga la redundancia). Dependiendo de lo feliz o desdichada que sería la vida de cada individuo lo hilaban de color blanco o negro, colores asociados a la dicha y la desdicha respectivamente.

Respecto a la expresión ‘tocar la negra’, que suele decirse como sinónimo de mala suerte, encontramos que su origen proviene de cuando se preguntaba a los Dioses, al oráculo o simplemente se quería echar algo en suerte a través de coger unas piedras (blancas y negras) que se encontraban dentro de un recipiente. Depende de la pregunta que se formulaba y el color que salía la respuesta era positiva o negativa.

En el caso de las antiguas Roma y Grecia el blanco quería decir fortuna y buena suerte y el negro infortunio y desgracia.

En estas civilizaciones existía la costumbre de elegir a algunos de sus representantes públicos (magistrados, senadores…) a través de meter piedras blancas y negras en una vasija (también se utilizaban habas de esos colores) y cada candidato a ocupar el cargo metía la mano para sacar una. Aquellos que cogían la blanca eran los elegidos y por tanto les sonreía la fortuna, sin embargo ‘al que le tocaba la negra’ tenía el infortunio de no ser elegido y quedar fuera.

 

 

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Fuente de la imagen: Yamanaka Tamaki (Flickr)