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Hay errores médicos imposibles de perdonar

He conocido a dos parejas que han tenido que afrontar un aborto de un embarazo deseando pasado el sexto mes, cuando el feto ya tiene sexo, nombre y se hace sentir en todos los sentidos.

En un caso fue espontáneo en otro no quedaba más remedio
que programar la intervención. En los dos a los padres se les rompió el corazón.

Recuerdo aún a una de esas madres decir “es una sensación horrorosa, es como si te arrancaran algo, es sentirte vacía luego durante mucho tiempo”.

Un aborto con el embarazo avanzado es algo terrible que te acompañará toda la vida. Independientemende de si tienes otros hijos, siempre tendrás presente esa pérdida.

Y lo recuerdo al leer una noticia en teletipo que me deja helada. Imagino lo que la pareja que abortó por indicación médica hubiera sufrido si un informe posterior indicase que el niño estaba completamente sano.

Hay errores médicos difíciles de superar. Imposibles de perdonar.

La asociación El Defensor del Paciente ha pedido a la Fiscalía que investigue el caso de una mujer de Málaga que abortó el pasado junio a los seis meses de gestación tras ser informada de que el bebé tenía una malformación fetal grave, y días después recibió una carta por correo que decía que estaba sano.

El matrimonio mantiene que fue informado el pasado 31 de mayo, cuando la mujer estaba de 23 semanas y dos días de gestación de que el bebé que esperaban tenía “artrogriposis múltiple congénita”, una enfermedad difícil de detectar y que, según los médicos, probablemente desarrollaría en grado elevado porque nunca movió los pies ni las manos pese a que presionaban el vientre constantemente.

Además, el feto tenía totalmente flexionadas sus extremidades y hasta que no naciera no podrían saber si tendría alguna otra discapacidad, pero podía tener problemas cardíacos, según señala la pareja afectada que le comunicaron los médicos.

Ante esta situación, les recomendaron hacer una amniocentesis y empezar el protocolo para interrumpir el embarazo, sin que les dieran -aseguran- ningún porcentaje de error-, por lo que decidieron hacerlo en ese momento para que un tribunal médico les permitiera abortar pasadas las 22 semanas de gestación.

Aunque el matrimonio fue informado de que posiblemente el tribunal le haría una ecografía a la mujer para confirmar y contrastar el diagnóstico, “eso no fue necesario” y bastó con el informe de la doctora y en una llamada les dieron la cita para acudir a una clínica de Sevilla el pasado 3 de junio para detener la gestación.

El doctor que intervino en el proceso rellenó un informe en el que ponía “malformación fetal grave sin posibilidad de tratamiento”, documento que los afectados entregaron en el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga, y en el que fue ingresada la mujer y tuvo lugar la expulsión del feto en dos días, relatan.

Tras el aborto, la mujer estaba de baja médica por depresión y cuando intentaban “dejar esta tragedia atrás”, recibieron por correo ordinario en su casa una carta del Hospital Virgen de la Victoria del servicio de Anatomía con un informe del que interpretan que el bebé estaba sano o no tenía anomalías graves como para interrumpir el embarazo.

Con el fin de corroborar su impresión, aprovecharon la cita médica que tenían con su doctora de cabecera para que leyera la carta, y ésta también interpretó que, al parecer no había ninguna anomalía.

La pareja, que el próximo 26 de julio tiene una cita en el hospital para recoger los resultados de la amniocentesis, espera una explicación al respecto, ya que aunque les dijeron que les iban a llamar, aún no ha sucedido, señala El Defensor del Paciente, que solicita a la Fiscalía una investigación de oficio por supuesta negligencia.

Los errores que cometemos como padres recientes

Creo que es algo inevitable: por muy buena voluntad que pongas, por mucho que te quieras esforzar, por muy bien informado que estés, nuestros primogénitos siempre pagan el pato de nuestros errores por ser los primeros.

Y los padres recientes que somos dados a la autocrítica reconocemos esas equivocaciones y nos prometemos a nosotros mismos no volver a cometerlas con nuestro segundo hijo.

Tal vez lo consigamos, pero no me cabe duda que erraremos en otros asuntos.

Puede que teniendo ocho o nueve hijos, al final lograsemos reducir los errores al mínimo. Pero me da a mí que no. Cada niño es tan distinto que siempre podríamos meter la pata en algo nuevo.

El pequeño primer error con el peque fue insistir en que durmiera en su cuna el primer mes. Con la niña ya somos unos fervorosos seguidores del colecho desde hace años y ella se ha ahorrado el tener que insistir en dormir con nosotros.

Pero siendo sincera, son dos los errores importantes que hemos cometido con él. Reconocerlo es el primer paso para arreglarlo. Y en ello estamos.

Uno ha sido darle de comer antes, no sentarle en su trona a comer con nosotros. Era algo que sabíamos que había que hacer, pero el otro sistema se había convertido en una rutina y sin darnos cuenta fueron pasando los meses unos detrás de otros.

Siempre fue muy buen comedor, en cuanto a cantidad y variedad, pero a resultas de nuestro error apenas masticaba y no cogía la cuchara.

Lo bueno es que los niños aprenden rápido: a los tres días de comer todos juntos ya estaba agarrando él la cuchara y masticando más y mejor.

El otro fallo importante ha sido no pasar demasiado tiempo con otro niños. Hemos paseado horas y horas a diario, con calor y con frío, hemos ido al parque a columpiarnos, hemos leído cuentos hasta saberlos de memoria y hemos cantado hasta acabar roncos.

Pero no hemos estado apenas con otros bebés. Además del primer hijo ha sido el primer nieto y el primer sobrino. Ha sido durante dos años y medio el único bebé en una familia que llevaba muchos años sin ellos. Y tampoco nos hemos visto más que de Pascuas a Ramos con otros amigos y familiares con niños.

Tendríamos que habernos esforzado más para que jugase con niños. Parece que el retraso que tiene en el habla puede venir de ahí..

Imagino que vosotros también tenéis vuestra propia colección de meteduras de pata.

Nosotros seguiremos acumulando errores según cumplan años. Seguro. Procuraremos estar atentos para intentar corregirlos rápido. Es lo mejor, lo único que podemos hacer.

Lo único en lo que no nos gustaría equivocarnos nunca es en sentar las bases para que sean buenas personas y en lograr que se sientan durante toda su infancia seguros y amados.