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Pedro Sánchez, la nueva víctima de los gestos dominantes de Trump

 

La comunicación no verbal siempre habla, pero con Trump grita. Todo lenguaje corporal en él está elevado a la máxima potencia, convirtiendo cada gesto en un mensaje que da la vuelta al mundo.

En el día de hoy Pedro Sánchez ha coincidido con Donald Trump en la Cumbre del G20. Fijaos bien, tal y como se observa en la imagen, el líder del PSOE está de espaldas a Trump y parece que Sánchez se da la vuelta, no sé si porque lo ve por el rabillo del ojo o porque incluso Trump llame su atención tocándole la espalda (y que no se podría apreciar porque lo taparía el propio Sánchez con su cuerpo).

La breve conversación no dura ni 5 segundos entre ambos, no podemos saber el contenido pero inmediatamente Trump señala fuertemente con el dedo índice el asiento que le correspondía a Sánchez en base a la representación española que indicaba un cartel en la mesa.

El significado del gesto se mide siempre por el contexto y la intensidad del mismo. Cuanto más rápido, inmediato y enérgico sea el movimiento más despectivo se vuelve. Y éste lo ha sido, más que déspota, es muy dominante, marca registrada del estilo Trump.

El gesto es ejecutado a modo de orden, (puede sonar impactante el ejemplo) pero es muy visual y los que tenéis animales domésticos lo reconoceréis fácilmente, el gesto es exactamente igual que el que hacemos a nuestras mascotas cuando queremos que se sienten. En mi opinión, no creo que sea algo personal contra Pedro Sánchez concretamente, sino que Trump marca con sus movimientos y gestos el orden a su alrededor.

Siempre quiere dejar constancia de que él es quien manda, el que dispone a ‘sus invitados’ a la mesa, el que controla y supervisa todo lo que ocurre en su presencia, el líder de la manada, actuando bajo el instinto más primitivo.

De hecho, Sánchez no parece tomarlo mal, se ríe de forma sincera tras el gesto.

No vemos vergüenza, ni humillación, ni cara de circunstancia (como en otras ocasiones). Realmente le hace gracia. Creo que le deja tan alucinado que lo hace sin más, le hace caso, se sienta y se ríe de sus, ya más que conocidas, salidas de tono socialmente inadecuadas.