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"El fútbol no es una cosa de vida o muerte, es mucho más que eso". Bill Shankly

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A aquellos que se alegran de la lesión de Messi: sin él el Barça ya le metió 0-4 al Madrid… y no hace mucho

Leo Messi, lesionado en el césped del Camp Nou (EFE).

“Ojalá se hubiera roto también la tibia y el peroné”. Esa fue una de las frases que un madridista me espetó cuando se conoció justo el pasado sábado el alcance de la lesión de Leo Messi: estará unas tres semanas de baja por su rotura de radio en el partido ante el Sevilla. En una de las semanas más intensas que le esperan al Barça esta temporada, su talismán se lesionó. Se perdió el partido del miércoles ante el Inter de Milán (Champions) y el Barça ganó. Tampoco estará en el clásico de este domingo ante el Real Madrid (Liga). Pero ese tiempo de baja no es suficiente para quienes se consuelan de la mala racha que atraviesa su equipo con que otros también lo pasen mal. Eso es lo que el refranero español define como: mal de muchos, consuelo de tontos.

Es cierto que lo de consolarse de una derrota con la derrota del otro va implícito en el fútbol. Y todos lo hacemos: perdemos, sí, pero si los otros pierden es menos catástrofe. Pero eso de alegrarse de la lesión de un jugador, ya sea Messi, Cristiano o pepito de los palotes, es muy ruin. Véase el desafortunado tuit de Rufián que ha causado gran polémica en las redes sociales: ¡cómo se nota que es del Espanyol!

Es verdad que está el clásico de por medio pero os aseguro que no tiene que ver con eso. ¿Que Messi se lesiona justo antes de jugar ante el Alavés? Buena noticia. ¿Que Messi se lesiona justo antes de jugar cualquier partido random de Liga de Campeones? Buena noticia. ¿Que Messi se lesiona justo antes de jugar ante la Cultural en Copa? Buena noticia. Para algunos siempre es buena noticia que Leo Messi no juegue porque parece que lleva implícito, entonces, que el Barça pierde. Aunque muchas veces no sea así.

La envidia es muy mala. Es el mejor jugador del mundo, verlo jugar es una delicia y un partido sin él pierde calidad, tanto para los jugadores (cuya motivación es mayor en caso de que Messi juegue) como para los aficionados. No entiendo a quienes prefieren verlo en el banquillo y no sobre el terreno de juego: si tu equipo tiene que ganar, que sea por méritos propios, no porque el rival no tenga a su mayor estrella. Es más, que no esté tampoco asegura la victoria: la última vez que Messi no jugó un clásico de inicio el Barça le metió un 0-4 al Real Madrid. El argentino había estado de baja dos meses por lesión, fue suplente, solo jugó 34 minutos y cuando salió el marcador ya reflejaba un 0-3. Y la última vez que se perdió un partido completo por lesión los blancos solo consiguieron ganar por la mínima.

Es verdad que el Barça sin Messi pierde mucho. Es más, me atrevería a decir que se convierte en un equipo como cualquier otro: sin profundidad y sin gol. Pero también ha demostrado que sabe sobreponerse a una situación como esta. El resto de jugadores tienen que pensar que, ahora, deberán hacer el doble de trabajo para sacar adelante los partidos en los que Messi falten con los mejores resultados posibles. Serán partidos difíciles, pero deberán demostrar que “el Barça no es solo Messi“. O eso dicen.

Las cinco claves de los cuatro pinchazos seguidos del Barça en Liga

Ocho partidos, cuatro victorias, tres empates y una derrota. Este es el balance del Barça en las primeras ocho jornadas de Liga. Está segundo en la clasificación por detrás de un gran Sevilla contra quien jugará el siguiente partido y por delante de un Valencia que este domingo le plantó cara y le arrebató un valioso punto. Es verdad que este año parece más normal (el Real Madrid lleva tres jornadas sin ganar), pero no es habitual que el equipo azulgrana pierda tantos puntos en tan pocos partidos.

Por eso, analizamos al detalle las cinco claves en las que puede estar esta crisis que atraviesa el Barça. ¿Hay algún culpable o son errores de equipo?

  • Luis Suárez: El uruguayo empieza siempre las temporadas en su peor estado de forma. Sin entenderse con sus compañeros y sin encontrarse a sí mismo. No culmina las jugadas, pierde demasiados balones y no entra en las jugadas a tiempo para rematarlas. Su puntería, además, se resiente. Esto viene siendo algo habitual en el comienzo del año futbolero en Luis Suárez. Pero ya hemos pasado la octava jornada y es raro que no haya despertado. Lleva solo tres goles y tres asistencias en lo que va de temporada. Es cierto que lucha y que el último partido lo jugó tocado, pero su acierto no está fino y el promedio de goles que lleva deja mucho que desear tras estar siempre entre los mayores goleadores del equipo. Y Messi solo no puede con todo.
  • La defensa: Los contragolpes están sorprendiendo muy a menudo al Barça en este comienzo de año. Ni Gerard Piqué ni Vermaelen ni Semedo están en su mejor momento. Los fallos entre ellos se están convirtiendo en un habitual y no muestran la solvencia de la pasada temporada, cuando una de las claves de la excelente racha de resultados en Liga fue precisamente esta, ya fuera por el trabajo global o por la inspiración de Ter Stegen. Esta temporada el equipo de Valverde ya ha encajado goles contra el Sevilla (uno), Huesca (dos), Real Sociedad, (uno), Girona (dos), Leganés (dos), Athletic de Bilbao (uno) y Valencia (uno). Siete de ocho partidos encajando.
Piqué se lamenta en el partido ante el Valencia. (EFE)

Piqué se lamenta en el partido ante el Valencia. (EFE)

  • Cansancio y pocos cambios: En el último partido ante el Valencia, Ernesto Valverde no hizo cambios hasta el minuto 83 de juego. Y, además, solo utilizó dos de tres pese a que los jugadores se veían relativamente cansados. Esta fue una de las causas de que el Barça, pese a su insistencia, no hallara huecos en la defensa contraria en el final del partido contra el Valencia y no consiguiera marcar el gol que tanto buscó al final. Insistió, pero el cansancio de sus jugadores no le permitió desbordar y arrancarle tres puntos al conjunto Ché. El cansancio se vio sobre todo reflejado en Coutinho (uno de los sustituidos), que ni fuerza tenía siquiera ya para disparar. Este cansancio, además, podría haber propiciado el gol y la victoria del rival por culpa de un fallo tonto.
  • Mucha posesión, poca eficacia: Es un habitual ya que el Barça controle el balón y, por tanto, tenga mayor posesión que el rival. El juego de toque es su marca propia, pero también es necesario que ese toque termine dentro de la red. No obstante, eso no está pasando. ¿Por qué? El Barça de Valverde pierde muchos balones en el centro del campo, incluso algunos en la defensa, que hacen mucho daño y, casi siempre, terminan siendo una ocasión clara de gol para el contrario. El toque no sirve si no logras culminarlo a tu favor. Hay que controlar los partidos, pero también ganarlos.
  • La Champions: La obsesión del Barça por la Champions es clara. Su objetivo de este año es ganarla. Pero no por ello deben dejar de lado las otras competiciones. Está claro que el nivel del equipo azulgrana en Europa no se parece en nada al que viene demostrando en la Liga. No se si es por falta de motivación o porque guardan sus fuerzas para los partidos continentales. Valverde descartó esto hace unos días en rueda de prensa con un contundente: “Para ganar la Champions tenemos que ganar la Liga”. Pero los esfuerzos no parecen ser los mismos en sendas competiciones.

Messi se cree intocable: le suelta al árbitro un “me estás amenazando”

Sorprendente, relativamente dado que no es la primera vez, la imagen que dejó Leo Messi este sábado tras el partido en el que el Barça volvió a tropezar en Liga ante el Athletic.

Messi discutiendo con el árbitro

Messi discutiendo con el árbitro (EFE).

El argentino fue a protestarle al colegiado, Jaime Latre, tras el pitido final por varias decisiones que no le habían gustado, y el árbitro, cansado de tantas protestas, le dijo que se marchara a los vestuarios.

La respuesta de Messi, como ha mostrado hoy Cuatro, ha sido bastantes chulesca. “Me estás amenazando”, soltó el argentino, chulesco, cual discusión de barra de bar.

El trencilla decidió zanjarlo con una amarilla. La situación ha  recordado a la de la semana pasada, cuando Leo se negó a darle la mano al árbitro al final del encuentro ante el Girona.

El Barça debe ir buscando un sustituto para Messi

Es lo que ningún culé desea escuchar. Pero la hora de la verdad se acerca. ¿Qué pasará en el momento en el que Leo Messi no esté en su mejor momento (valga la redundancia)? ¿En el que pase más tiempo en el banquillo que en campo? ¿En el que no esté a su mejor nivel y quiera irse del club o retirarse definitivamente? Pues en ese instante a todos los culés nos dará un ‘parraque’ pero, para mitigarlo, el Barça debería ir buscando ya un sustituto que tenga, al menos, algunas de sus muchas destrezas. Y deberían empezar, como lo hicieron con él, por las bases.

Es difícil asumirlo y, aunque parezca demasiado pronto, no es nada remoto. Este año ha sido la primera vez en más de una década que el nombre de Leo Messi no estuvo entre el de los tres mejores jugadores para la FIFA pese a su gran rendimiento la pasada temporada, algo que lo coló, eso sí, en el once ideal. Esto, aunque alguna vez tenía que suceder, lastra tanto al argentino como al club, pero también a la afición. Tiene 31 años y su potencial aún es bárbaro. Le quedan años de fútbol, pero no se podrá seguir viviendo de él toda la vida. Messi marca el ritmo del Barça. Y no solo eso. El club depende, me atrevería a decir que casi en su totalidad, de él. Y esto no puede pasarle a uno de los mejores clubes del mundo.

Messi en un partido con el Barça. EFE

Messi en un partido con el Barça de esta temporada. EFE

¿Qué pasará cuando no esté Messi? Esta es unas de las preguntas que contestaré en otro post (porque sino podemos tirarnos aquí una eternidad), pero sí que puedo decir que nada será lo mismo en Can Barça. Messi es el mejor. No veremos a muchos como él. Pero el fútbol tiene que seguir creando estrellas. Y una de ellas deberá ser su sustituto. Por eso, tanto los ojeadores como el equipo técnico del Barça tienen que ponerse las pilas e ir buscando a aquellos jugadores que destaquen en sus equipos amateur, formarlos e inculcarles la filosofía Barça. Porque no vale un Neymar o un Mbappé. El sustituto de Messi tiene que ser de la casa, con sus valores y sus condiciones. Que su afán por ganarlo todo con el Barça valga más que marcharse para triunfar en otros equipos.

La Masía debe volver a crear cracks mundiales. La mejor generación de aquel Barça que lo ganó todo salió de allí. Iniesta, Xavi, Puyol, Piqué, Messi… todos son de la casa, todos son made in Barcelona. Y si el club quiere volver a triunfar de aquella manera tienen que lograr que esa generación, reencarnada en otros jugadores, vuelva. Y que el equipo dependa de gente entregada en cuerpo y alma a su filosofía. Para ello hay que empezar a buscar la pieza clave: el Messi del futuro.

Griezmann es el encargado de destronar a Messi y Cristiano del Balón de Oro

Cristiano y Messi levantan un Balón de Oro.

Cristiano y Messi levantan un Balón de Oro.

Si el Balón de Oro se diera al mejor jugador del mundo y no al mejor jugador de la temporada, siempre se lo llevaría Leo Messi. Es una realidad como una catedral de grande. Pero, claro, no sería ni justo ni atractivo. Su talento es indiscutible (le preguntes a quien le preguntes) y su aportación al Barça totalmente necesaria. Es verdad que con la Albiceleste tiene un gafe que no ha podido quitarse y no triunfa como un jugador de su calaña debería. Y, en año de Mundial, esto juega una mala pasada a la hora de elegir al ganador de trofeo. Esto, previsiblemente es lo que pasará este año.

Messi no se lo llevará, pero tampoco Cristiano Ronaldo, quien los últimos años ha seguido su estela e incluso ha logrado igualarlo con cinco balones dorados sobre su vitrina. Si es verdad que el luso ha ganado una Champions y comenzó la cita mundialista enchufado, pero ni siquiera logró llegar a los cuartos con Portugal. Se acabó la competición entre Messi y Cristiano, tanto en la Liga como en la lucha por el Balón de Oro. Tampoco Neymar —el que se creía que podía ser sucesor de los dos craks— será el que impida que alguno de ellos gane el sexto premio debido a su ‘no descacada’ presencia en Rusia.

Y es que estamos ante una nueva era, siempre que los periodistas que votan lo permitan. Y ojalá que así sea. El Balón de Oro “está considerado como el mayor honor individual a nivel futbolístico del mundo”, afirman desde France Football, la revista especializada que lo otorga. Para obtenerlo, no vale con ganar una Liga o una Champions, tienes que haber ganado algo más difícil, como lo es un Mundial.

En nuestra memoria siempre quedará aquel Balón de Oro que debería haber ganado Andrés Iniesta (2010, cuando España ganó el Mundial de Sudáfrica). Antes, en año mundialista, se lo llevaron Fabio Cannavaro, después de que Italia se alzara como Campeona del Mundo; Ronaldo Nazàrio cuando la ganadora fue Brasil o Zinedine Zidane, con Francia en lo más alto.

Y es que (exceptuando el año 2014 y 2010, que se lo llevó Messi), en años de Mundial, lo habitual es que lo gane algún integrante de la selección campeona. Este año estaba merodeando entre croatas y franceses, y no era desmesurado meter en la quiniela a estrellas del estilo de Mbappé (Francia), Modric o Rakitic (ambos de Croacia). Sin embargo, tras la gran final, el firme candidato que arrasa todas las apuestas es Antoine Griezzman, actual campeón del Mundo con los galos y autor de uno de los cuatro goles que dieron la victoria a su selección. También fue el que provocó el autogol de Mandzukic y el que lanzó el córner que provocó el penalti que marcó. No podía hacer más en 90 minutos y eso podría llevarlo a lo más alto.

De esta manera, por fin, Cristiano y Messi dejan de ser los claros favoritos para ganar el Balón de Oro y…. Griezmann (que también ganó la Europa League este año con el Atlético de Madrid) es un gran sustituto. Lo veremos a final de año, para lo que todavía queda mucho, casi un mundo.

Ni Cristiano es tan bueno, ni Messi es tan malo

El Mundial de Rusia empezó muy diferente para los que seguramente sean los dos mejores jugadores del mundo en este momento. Cristiano puso su objetivo en la portería y en el primer partido (precisamente ante España) se marcó un hat-trick que lo pone como uno de los máximos goleadores y de los mejores de la fase de grupos.

Messi celebra su gol ante Nigeria. EFE

Messi celebra su gol ante Nigeria. EFE

Messi, por su parte, falló un penalti en el primer encuentro en el que su país terminó empatando 1-1 ante Islandia y no pudo solventar la derrota ante Croacia (0-3), lo que avivó los ánimos de sus haters, que ya presagiaban la eliminación de Argentina en la primera ronda. Un desastre que probablemente haría que Leo renunciase (ahora sí que sí) a vestir la camiseta de su selección debido a la presión que recae sobre él; y para Ronaldo un empujón más hacia el Balón de Oro 2018, al que muchos ya lo ven como favorito.

Pero… ni Cristiano es tan bueno, ni Messi es tan malo. El luso falló ayer un penalti ante Irán que puso a Portugal en la cuerda floja y al límite de la eliminación (y apenas se le criticó). Y el mejor Messi apareció hoy ante Nigeria para elevar a Argentina al segundo puesto de su grupo y clasificarla para unos octavos de final que veían muy lejos antes de que el crack marcara el primer gol del partido.

Uno empezó bien y acabó mal, al otro le pasó al revés. Pero los dos están en la misma situación: unos octavos de final que sin ellos no tendrían la misma emoción. En esa ronda eliminatoria se enfrentarán a dos selecciones difíciles y con muchos hombres (y nombres) peligrosos. Portugal se las verá ante la Uruguay de Luis Suárez y Cavani; y Argentina ante la Francia de Griezmann y Mbappé. Dos enfrentamientos que dejarán el Mundial cojo, sin dos de las grandes selecciones candidatas al título, pero que serán la mar de interesantes.

¡A disfrutarlos y que gane el mejor!

¿Cómo defender que Messi es el mejor de la historia después de otro fracaso en Champions?

Leo Messi

Leo Messi (EFE).

Está el mundo del fútbol convulsionado por un árbitraje, y ello ha tapado un tema que merece un repaso más pausado unos días después. ¿Cómo es posible que el equipo de Messi haya perdido otra vez en cuartos de final de LA COMPETICIÓN, la Champions?

Vamos al lío. Leo es, por sensaciones, el mejor del mundo. Nadie puede hacer lo que él. En términos globales, Cristiano le iguala en definición, en gol, pero en generación está a años luz, más ahora con la edad. Y muchos, muchísimos, consideran que el argentino es ya el mejor de la historia.

Ahora, hay un PERO, y con mayúsculas. ¿Se imaginan que Jordan hubiera caído un año tras otro ante rivales menores? Que a Michael le hubieran derrotado los Knicks de Ewing, los Suns de Barkley, los Jazz de Malone y Stockton o incluso los Cavs de Mark Price en los años de plenitud de Sir Air? O que Bolt perdiera la final olímpica varias veces ante Gatlin o Asafa Powell. O a Federer eliminado una vez tras otra por David Ferrer o Davydenko en Grand Slams.

Mientras, su gran rival coetáneo, Cristiano, mete 10 goles de cuartos a la final el año pasado. Y este va camino de algo similar. Hasta se disfraza de Oliver Atom y mete un gol de chilena que creíamos era exclusiva de los dibujos animados.

Cuando el Barça gana, la gloria es de Messi. Y cuando pierde, y son demasiadas veces ya, nadie le señala, la culpa es de los demás, de sus compañeros.

Ser el mejor de la historia implica también ser el mejor en el clutch, meter el gol de tu vida a Inglaterra en un Mundial, no al Getafe en la Copa. Y si Messi no lo hace, si en la Copa del Mundo no tiene una actuación legendaria, su lugar en la historia será de privilegio, pero nunca ocupará el podio ni mirará por encima del hombre a los Maradona, Pelé o Di Stéfano. Lo de Cristiano lo dejamos para otro día.

Yo vi jugar a Leo Messi

Sí, yo vi jugar a Leo Messi. Se lo diremos a nuestros hijos, nietos o biznietos. Yo como culé y tú como aficionado al fútbol que estás leyendo esto. Todos alardearemos alguna vez de ello. Todos. Porque no hay quien no se rinda a este dios del balón. Hace lo que quiere, cuando quiere, con quien quiere y como quiere sobre el terreno de juego. No hay forma de pararlo: ni con estrategias de marcaje al hombre ni con faltas malintencionadas. Nada puede parar a este extraterrestre.

De falta, de cabeza, desde fuera del área, en el uno contra uno, con caños al portero… tiene goles de todos los colores. Y hoy ha sido decisivo en el partido ante el Chelsea. Ha alzado al Barça a otros cuartos de Champions. Lo ha metido entre los 11 mejores equipos de Europa y hace que le tiemblen las piernas a cualquiera que sea el próximo rival. Lo veremos en el sorteo del viernes.

Messi, ante el Chelsea.

Messi, ante el Chelsea. (EFE)

Ha marcado un doblete y anotado su gol 100 en esta competición europea con el equipo azulgrana. Y también ha dado una genial asistencia. Tiene una vista prodigiosa para jugar al balón, para dar pases y para rematarlos.

Da igual quien le acompañe en la delantera, si Dembèlè, Suárez o Alcácer… incluso me puedo remontar al pasado con Neymar, Pedrito, Alexis…. Tiene 30 años y ya ha hecho historia en el fútbol. ¿Qué más podemos esperar de él? Pues yo creo que nada, no se le puede pedir mucho más a un jugador de sus características. Su palmarés con el FC Barcelona lo avala. Y su palmarés individual también. Lo único que le queda es sacarse la espinita con la Selección Argentina en el próximo mundial de Rusia. Algo que seguro le reconcome por dentro.Y, por dios, yo este mundial (a parte de con la roja) iré con la albiceleste.

Aquí les dejo uno de los dos goles del Barça-Chelsea de hoy. Para que se deleiten con el crack. Para que luego digan que Cristiano Ronaldo es mejor.

La afición del Real Madrid quiere vender a Cristiano Ronaldo, lo que jamás le pasará a Messi

La gran diferencia entre Ronaldo y Messi no es lo decisivos que han sido durante su carrera. Menos aún sus goles o los títulos que han logrado. Ni siquiera la evolución de su juego, que parece ser ascendente en el caso del argentino y descendente en el del portugués. Lo que les hace muy, muy distintos es el cariño de su afición: la del Barça, jamás ha querido que Leo se vaya, y probablemente nunca lo desee, mientras que en el caso de Cristiano, hay debate año tras año, y son muchos los seguidores blancos que quieren que el Real Madrid le venda.

Leo Messi y Cristiano Ronaldo

Leo Messi y Cristiano Ronaldo en el clásico. (EFE)

En la encuesta realizada por 20 minutos esta semana sobre si el Real Madrid debería vender al delantero luso, con casi 23.000 votaciones, el 80% (cuando lo he mirado, a las 16.30 horas) había contestado que sí a la pregunta sobre si el club merengue debería venderle a final de temporada. Solo el 13% contestaba que no. Datos demoledores. Y revisando otras encuestas, como por ejemplo la del diario As, hay datos parecidos. Evidentemente, en estas encuestas participan aficionados que no son madridistas, pero no hay más que hablar con hinchas blancos para darse cuenta de que esa es la realidad con Ronaldo a día de hoy.

La relación de Cristiano con el aficionado del Real Madrid es de amor-odio. Ni siquiera su grandiosa actuación en los momentos clave de la pasada Champions (10 goles entre cuartos, semis y final) libran al luso de un juicio implacable. Han bastado cuatro malos meses para que se le quiera vender.

¿Mi opinión? Creo que esas asombrosas actuaciones que tuvo al final de la pasada temporada, las que nos dieron una felicidad absoluta al ganar dos Champions seguidas, es algo que difícilmente va a volver a suceder, solo hay que verle partido tras partido para darse cuenta de que está en la recta final de su carrera. Sus goles disfrazan actuaciones que delatan un evidente declive. Quizás no haya que venderle, pues sigue siendo un muy buen goleador, pero él debe entender que sus mejores noches ya las ha vivido, que pedir un aumento es absurdo y que necesita grandes jugadores a su lado (se llamen Neymar, Hazard, Icardi o Kane) para seguir plantando cara a Leo Messi y su Barça.

La doble vara de medir con Cristiano Ronaldo y por qué es justo ganador del Premio The Best

Como la memoria es frágil, vamos a hacer un recordatorio. Cristiano metió diez goles entre cuartos, semifinales y final de la pasada Champions. Para los que duden de quién merece llevarse hoy el premio The Best de la FIFA, o en enero el Balón de Oro.

Cristiano, con la Champions

Cristiano, con la Champions conquistada en Cardiff (EFE).

Mientras Messi no fue capaz de meterle ni un solo gol a la Juve, Ronaldo le hizo cinco al Bayern. Después, ya con Leo de vacaciones entre semana, el luso le hizo tres al Atlético de Madrid en semifinales. Y en la final, al mismo equipo al que el argentino no fue capaz de hacerle ni un solo tanto en 180 minutos, Cristiano le hizo dos en 90.

Cada año, me canso de repetir una cosa. El Balón de Oro (ahora escindido en dos premios) no elige al mejor jugador del mundo, elige al mejor de ese año. DE ESE AÑO. Es decir, el que ha sido más decisivo en la temporada 2016/17, en el caso de The Best, en 2017, en el caso del premio de la revista L’Equipe.

Como el premio se ha convertido en los últimos años, al menos de momento, en el eterno duelo entre Cristiano y Messi, pues en esta edición de 2017 no hay color. Porque la Champions fue para Ronaldo con una exhibición jamás vista en los partidos decisivos (los cinco últimos) y la Liga, pese al icónico gol de Leo en el Bernabéu, también fue blanca.

Es curiosa la doble vara de medir con Cristiano. Cuando hace un par de años se hinchó a marcar goles a Suecia, al Malmoe, el Espanyol y otros equipos denominados por sus críticos (me incluyo, me incluyo) menores, se decía que ya no estaba para los partidos grandes. Ahora que es Leo el que se luce ante Venezuela, el Espanyol o el Eibar, ni un solo pero. Es que es el mejor. Nadie recuerda lo mal que lo hizo en la pasada Champions cuando llegaron los momentos decisivos.

Hoy, Cristiano ganará el The Best y algunos todavía se atreverán a decir que es injusto, que el mejor es Messi. En fin. En deporte, como en política, cambiar de opinión o reconocer méritos de ‘los rivales’ es pedir un imposible.