Archivo de enero, 2020

El Atleti vuelve a hacer el ridículo por la pésima gestión de sus dirigentes

Enrique Cerezo y Gil Marín dialogan en el césped del Calderón (EFE).

Peor no se puede hacer. La gestión del mercado de invierno que han hecho los dirigentes del Atlético de Madrid ha sido un esperpento, una pantomima, una broma de mal gusto que no tiene ninguna gracia. El club, una vez más, ha hecho el ridículo.

Los dirigentes han sido incapaces de contratar en este mes a un delantero. No ya Cavani, del que los perros viejos ya sabíamos que no iba a venir (“los flecos”, “el representante se ha descolgado con una petición”, “las fórmulas de pago”, “el límite salarial” y otras excusas habituales), sino ni un solo 9, aunque sea un ‘segunda’, para paliar de alguna manera la alarmante falta de gol de un equipo que es el que más ocasiones falla en Primera División. Un delantero que Diego Simeone viene pidiendo por activa y por pasiva.

No contentos con no traer un delantero centro, resulta que el fichaje es Yannick Carrasco. Un jugador que se fue en 2018 un poco por la puerta de atrás, no se sabe muy bien en qué circunstancias, que viene cedido de la Liga china, que no juega desde diciembre y que no es delantero centro.

Pero si la comedia no fuera suficientemente chusca, vemos este viernes que el jugador belga ya estaba entrenando con los compañeros, cuando el club no había hecho oficial nada, ni un solo detalle, hasta alguna hora después de que se vieran las primeras imágenes del extremo entrenando.

Carrasco, todo sea dicho y aparte de su estado físico actual, no me parece en absoluto mal jugador, pero no es desde luego lo que necesita el equipo. Un síntoma inequívoco de la desastrosa planificación deportiva del club. Mientras, todos los rivales directos del equipo se han reforzado.

Dicho esto, todavía me sorprende que haya gente que piense que todo lo malo que le pasa al club sea el Cholo Simeone. Bendito sea el argentino, que con ‘palicos y cañicas’, como dicen en mi tierra, sigue haciendo competir al equipo. Eso sí, este año puede ser el de inflexión, en el que el Cholo se harte de pedir una cosa y que le traigan otra, de ser el parapeto de un palco que tiene cero interés por el fútbol y por sus aficionados, que mientras se muestran incapaces de fichar a un 9 abren franquicias en Canadá. Y el día que se vaya el Cholo, el abismo. Y no tendrán parapeto.

PD: Sobre el Cholo, una reflexión más. No os fiéis de los que le ponen una y otra vez en duda, al menos en el sector periodístico. Sólo tenéis que pensar en qué simpatías deportivas tienen esos periodistas que atizan sin parar a Simeone y ahí tenéis la respuesta.

PD2: Este sábado hay derbi. Con 13 titulares disponibles, puede ser un auténtico drama para el Atlético. Por desgracia, a los del palco les dará igual y los que lo sufrirán serán los hinchas. Como siempre.

Quique Setién ha vendido su moto: cuando prefieres fichar una idea antes que a un gran entrenador

Setién, Bartomeu y Abidal

Quique Setién, Josep Maria Bartomeu y Eric Abidal (EFE).

El Barça no ha fichado a un entrenador, sino una idea. La nostalgia del guardiolismo, y también un poco del cruyffismo, ha hecho que al banquillo culé llegue un entrenador con un palmarés raquítico, sin títulos ni tampoco logros relevantes, pero que ha sabido venderse de la mejor manera posible.

Quique Setién es un talibán del fútbol de posesión, un acérrimo seguidor de la idea del fútbol que impuso Cruyff en el Barça y que sublimó Guardiola. A través de intentar (que no conseguir) imitarlo se hizo famoso y también se ganó una legión de detractores hartos de la radicalidad de los que defienden esa idea de que solo es buen fútbol ese estilo de juego, despreciando todos los demás.

El plan original del Barça era Xavi, pero al exjugador culé no le pareció el momento más oportuno. Sin el máximo representante de esa idea futbolísitica, el hombre que considera que solo la posesión da derecho a ganar partidos y que si no los resultados son impostores, Bartomeu ha optado por un sucedáneo, un Xavi de garrafón, un hombre con mucho menos carisma, un peso que será mucho menor en el vestuario y cuya experiencia europea no va más allá de unos partidos de la fase previa de la Europa League y una eliminación ante el Rennes.

Firma Setién por dos años y medio, una forma de Bartomeu de reforzar su apuesta, pero no es más que un guiño, un brindis al sol, si el cántabro no gana Liga o Champions, no seguirá, pues es una apuesta temporal, lejos de lo que hubiera supuesto una figura como la de Xavi o incluso la de Koeman. Pero lo importante no era el proyecto, era la idea futbolística, como si fichar a un entrenador que apueste por el fútbol de toque fuera a devolver los tiempos en los que los Xavi, Iniesta y Busquets maravillaban al mundo con su dominio de la zona central del campo.

El tiempo dirá si es acertado, pero lo que queda claro que muchas veces funciona mejor vender una moto (no piensen solo en Setién, también en Jémez) que lograr grandes resultados (vean lo que está haciendo, por ejemplo, Bordalás en el Getafe).

El Atleti sale reforzado de la Supercopa de la vergüenza

Diego Pablo Simeone, en la final de la Supercopa (EFE).

Todo estaba mal en este invento de Luis Rubiales. Sobre todo por la sede, un país donde se vulneran una y otra vez los derechos humanos. También, en definitiva, por llevarse el trofeo fuera de España, privando a los aficionados españoles de ver a sus equipos en directo. Podríamos discutir lo del formato, es decir, meter a dos equipos que no han ganado nada a jugar, porque ha dado algo de emoción, pero a costa de perder la justicia de que el trofeo lo disputen campeón (o subcampeón) de Copa y Liga. Pero ni aun aceptando este cambio como algo positivo, se puede mirar con buenos ojos una demostración de que el dinero todo lo puede comprar, pasándose por el arco del triunfo a las aficiones locales. Ha sido la Supercopa de la vergüenza.

Pero más allá de disquisiciones políticas, el Atlético de Madrid debe sacar una lectura positiva de su paso por este torneo. Es difícil hacer esta afirmación cuando el equipo ha caído de nuevo en una espantosamente jugada tanda de penaltis ante su eterno enemigo, pero el fútbol debe mirarse con perspectiva y los del Cholo pueden sacar de Jeddah que vencieron al Barça y que no perdieron (en el tiempo reglamentario) ante el Real Madrid, dos equipos estratosféricos, y que llegaban en mejor forma que los colchoneros a esta cita árabe.

El Cholo ha sacado de nuevo petróleo de una plantilla mermada y corta de efectivos, y ha demostrado que no se ha perdido el colmillo competitivo tras la decepción, por ejemplo, del año pasado ante la Juve. Esta Supercopa debería servir para mirar con menos pesimismo esa montaña gigantesca que parece el invencible Liverpool de Klopp.

Pero para que estas sensaciones se cumplan, es necesario que algunas cosas mejoren. Hay que reforzar al equipo en el mercado de invierno, y sobre todo, recuperar o directamente resucitar a algunos futbolistas que están lejos de lo que se espera de ellos, que son unos cuantos.

Con todo, insisto, el Atleti debe salir de este torneo con la cabeza muy alta. Ojalá pudiéramos decir lo mismo de la RFEF.