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Curiosidades, anécdotas e historias sorprendentes para ser cada día un poco más listos.

Entradas etiquetadas como ‘pan’

El curioso, mitológico y sexual origen del término ‘pánico’

El curioso, mitológico y sexual origen del término ‘pánico’

Conocemos como ‘pánico’ al estado de miedo intenso y el cual, en ocasiones, se convierte en colectivo o contagioso.

Para encontrar su origen etimológico debemos acudir a la Mitología Griega en la que nos encontramos con Pan, Dios de la fertilidad y sexualidad masculina, quien estaba dotado de un insaciable apetito sexual y vigorosidad.

Según relatan las fábulas mitológicas, una de las mayores aficiones del Dios Pan era perseguir a las Ninfas de los bosques con el fin de poseerlas sexualmente. También disfrutaba asustando a todo aquel con el que se cruzaba y había perturbado el sueño de su siesta.

De ahí que surgiera el término ‘pánico’ para referirse al momento de terror intenso. Al castellano llegó a través del latín ‘panicus’ y a éste desde el griego ‘panikós’ (Πανικός) compuesto por ‘Pan’ (nombre del mencionado Dios) y el sufijo ‘iκός’ (relativo a).

Cabe destacar que, a partir de la Edad Media, la imagen de Pan se utilizó en los aquelarres y rituales de brujería, representándolo como un macho cabrío y asociándolo a menudo con el propio diablo.

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde proviene la expresión ‘No sólo de pan vive el hombre’?

¿De dónde proviene la expresión ‘No sólo de pan vive el hombre’?

Suele utilizarse la expresión ‘No solo de pan vive el hombre’ para indicar que los seres humanos tenemos otras muchas necesidades que las meramente alimenticias (muchas veces es dicha como clara referencia al sexo).

Pero la locución no se refiere a necesidades físicas de las personas sino a las espirituales, debido a que la expresión fue tomada de un pasaje del Evangelio (Mateo 4 y Lucas 4) en el que se describe el momento en el que Jesús es llevado al desierto (por el Espíritu Santo en forma de paloma) para ser tentado por el diablo y, tras cuarenta días y noches de ayuno, éste retó al Mesías a que, si realmente era el hijo de Dios –tal y como aseguraba- convirtiera unas piedras en pan.

Es en el versículo de Mateo 4:4 y Lucas 4:4 donde Jesús responde: – Escrito está: ‘No de solo pan vive el hombre, sino de toda palabra o disposición que sale de la boca de Dios’ –

La referencia que (según Mateo y Lucas) hacía Jesús con el ‘escrito está’ era al ‘Deuteronomio’ (o Libro Quinto de Moisés) en donde se puede leer en el capítulo VIII lo siguiente: Él te humilló y te hizo sufrir hambre, pero te sustentó con maná, comida que tú no conocías ni tus padres habían conocido jamás. Lo hizo para enseñarte que no solo de pan vivirá el hombre, sino que el hombre vivirá de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR.

 

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿Sabes qué es una poya?

 

¿Qué es una poya? (Horno de poya)

Posiblemente a muchos de los lectores y lectoras de este blog, tal y como han leído la palabra ‘poya’ en el título del post, le ha venido a la mente y lo han relacionado con el órgano sexual masculino, pero no, el modo de llamar al pene de forma vulgar es polla, con doble ele (o ‘elle’ como algunos, consciente aunque incorrectamente, la llamamos) y el término del cual voy a hablar hoy en esta entrada nada tiene que ver y además es con i griega (la RAE se empeña en llamarla ‘ye’).

La ‘poya’ era el pago que se realizaba por utilizar un horno común.

Muchos eran los pueblos en los que antiguamente no se permitía disponer de horno en las casas particulares, por lo que para hornear el pan debían acudir a uno comunitario. Ese lugar era conocido como ‘horno de poya’.

Este tipo de locales donde se encontraba el horno para uso común surgió alrededor del siglo XVI y solía estar en una casa propiedad de uno de los señores feudales o del Concejo municipal siendo una persona (el hornero) la encargada de mantener el horno encendido y preparado (durante todos los días del año) para su uso por todos aquellos lugareños que lo necesitasen, teniendo éstos que pagar por el derecho de uso (que podía ser en especies: parte del pan horneado o con dinero), este acto de remunerar al hornero es lo que se conocía como ‘poyar’.

Anualmente, mediante subasta pública, se elegía al hornero que se ocuparía de tener el horno de poya listo durante todos los siguientes 365 días.

Etimológicamente el término poya tiene la misma procedencia que poyo -del que os hablé en el post ¿Cuál es el origen de la expresión ‘Montar un poyo’?– (podĭum en latín)  y cuyo diferentes significados son podio (tribuna/tarima en la que subirse), banco de piedra junto a la pared a la entrada de muchas casas de campo/pueblo y también (que es la que nos interesa en este caso) la tabla o banco de piedra utilizado como encimera que se colocaba en las cocinas (seguro que más de uno/a le llamáis o habéis escuchado a alguien llamarlas poyos o poyetes).

En los hornos de poya esa encimera (poyo) estaba colocada junto al horno y ahí era donde se dejaba la masa para que se asentase antes de introducirla para ser horneada.

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

 

 

Nota: Este post es mi aporte a la iniciativa #LunesPollas convocada por Francis R. Villatoro (@emulenews) a través del portal Naukas y en el que un gran número de blogueros y divulgadores publicaran posts relacionados con el pene (desde el lado científico del tema, evidentemente). Se trata de la continuación del de la semana pasada #LunesTetas y en el que publiqué el post “¿De dónde surge la expresión ‘Tiran más dos tetas que dos carretas’?”. En esta ocasión he querido aprovechar la confusión y juego que trae dicha palabra (polla/poya).

El curioso origen de la palabra ‘compañero’

El curioso origen de la palabra ‘compañero’

Días atrás publicaba el post sobre el origen de la expresión ‘hacer buenas migas’ en el que os explicaba que este famoso modismo provenía de cuando antiguamente los pastores trashumantes solían juntarse para comer juntos y en el que cada uno de ellos aportaba algo para ese rico plato compuesto principalmente de pan, embutido o tocino, ajos, aceite y agua. Ese acto de compañerismo y camaradería entorno a este ágape fue lo que originó dicha expresión.

Y es que en un acto similar es donde nace la palabra ‘compañero’ y su curiosa etimología.

El término compañero etimológicamente procede del latín ‘cumpanis’ (cum: con panis: pan), cuya traducción literal es ‘con pan’ dándole el  significado de ‘compartiendo el pan’ o ‘los que comparten el pan’, ‘comer de un mismo pan’, llegando hasta nosotros como ‘compañero’.

Al respecto del momento histórico en el que pudo originarse hay discrepancias entre los expertos, encontrándonos quien lo sitúa en ‘la Última Cena’ en la que Jesucristo compartió el pan con sus compañeros de mesa (los doce Apóstoles), siendo una costumbre trasladada a los religiosos que difundieron su mensaje evangelizador, tomando el pan la forma de ‘hostia consagrada’.

Hay quien apunta a San Ignacio de Loyola, fundador de la orden religiosa de la Compañía de Jesús en el siglo XVI.

Sin embargo, otros sitúan el momento en el que se originó en los trashumantes y aquellos viajeros que compartían su pan con otros, naciendo de ahí un acto de fraternidad y compañerismo.

El término aparece por primera vez en las ‘Glosas Silenses’ unas notas medievales de finales del siglo XI escritas en lengua romance en los márgenes de libros en latín y que fueron encontradas en el monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

 

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Fuentes de consulta: etimologias.dechile / elcastellano / Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas / elalmanaque /
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Cuál es el origen de la expresión ‘No está el horno para bollos’?

¿Cuál es el origen de la expresión ‘No está el horno para bollos’?

A través de twitter, @Rafa_Rockymetal me realizó tiempo atrás varias preguntas que tenía pendientes de responder y que trataré de contestar en las próximas semanas (disculpa por la tardanza). La primera de sus consultas era sobre el origen de la expresión ‘No está el horno para bollos’.

Cuando queremos indicar que no es un momento propicio para hacer algo solemos utilizar la expresión ‘no está el horno para bollos’.

El bollo al que hace referencia esta locución se trata de un panecillo dulce elaborado a base de harina y azúcar y que se horneaba solo en ocasiones especiales, no siendo algo que se realizase con asiduidad como podía ser el pan. Para que la cocción de estos bollos fuese perfecta hacía falta que el horno tuviese una temperatura específica, lo que hacía que no se pudiese cocinar o meter en cualquier momento, ya que no se garantizaba el éxito a la hora de elaborarlos.

De ahí que quedase relacionado el hecho de que una situación no es propicia para realizar algo concreto (pedir un favor, hacer una broma, explicar algo…) y la antigua costumbre de tener preparado el horno a una temperatura adecuada y en una ocasión especial para cocinar los bollos.

 

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Fuentes de consulta: Diccionario de refranes, dichos y proverbios de Luís Junceda / 1de3
Fuente de la imagen: library.nuim.ie

¿Por qué el pan se pone duro tan pronto y antes duraba más?

¿Por qué el pan se pone duro tan pronto y antes duraba más?A través de la página en facebook de este blog, Irene Moratalla me pregunta sobre el porqué el pan se pone duro tan pronto y me comenta que años atrás recuerda que una barra podía durar blanda un par de días, pero que actualmente en unas pocas horas ya está prácticamente incomible.

El motivo por el que hoy en día una barra de pan se endurece mucho más rápidamente que antes es por el tiempo de cocción al que es sometido, ya que éste es inferior al de antaño. Esto ocurre desde que se estableció un baremo para el pan que se regía por el peso y no el tamaño de la pieza.

Al estar menos cocida queda un exceso de humedad en la barra que ayuda a que esta pese más, por lo que se obtienen unas barras que están dentro del peso establecido pero utilizando algo menos de harina.

Puede parecer ridículo que ese minúsculo ahorro de harina aporte algún beneficio al panadero/comercio, pero si es multiplicado por cientos de barras que puede hacer/vender la jugada sí que sale a cuenta.

Ese exceso de humedad que provoca que se endurezca y seque más rápidamente (debido a que  se humedece con el vapor de agua del ambiente) es el mismo motivo por el que si ponemos una barra un rato dentro del horno y la calentamos obtendremos pan como si estuviera recién hecho.

Para alargar la vida del pan es aconsejable guardarlo en el frigorífico (de este modo el pan mal cocido retiene su exceso de agua), envuelto en un trapo o bolsa de plástico o metido en un recipiente cerrado herméticamente (así queda aislado de la humedad ambiente).

Afortunadamente todavía queda un buen número de panaderías artesanales que siguen haciendo el pan como años atrás, notándose en la calidad final del producto, aunque esto les supone unos costes de elaboración elevados, siendo cada vez son más los comercios que acaban recurriendo a despachar barras de pan adquiridas ya pre-cocidas (y un gran número de veces congeladas) a panificadoras industriales y terminando la cocción en hornos eléctricos que allí disponen, pareciendo que está recién hecho por ellos.

 

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Portada Vuelve el listo que todo lo sabe

 

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Fuentes de consulta:  francis.naukas.com / elforodelpan
Fuente de la imagen: Alfred López @yelqtls

Olfateando átomos [Anécdota]

En cierta ocasión, una luz se encendió en la mente de Demócrito (470 – 400 a. de C.) tras oler un pan recién horneado. Al preguntarse de qué modo el pan dejaba notar su presencia en el interior de la nariz, el filósofo risueño, pues así era llamado por sus amigos, llegó a la conclusión de que en el aire flotaban diminutas partículas que transportaban las propiedades de este alimento. Dedujo que las partículas eran invisibles para el ojo humano, pero perceptibles por el olfato. También llegó a la conclusión de que era posible fraccionar un trozo de pan en migas cada vez más pequeñas, pero no de forma indefinida. A estas partículas indivisibles las llamó átomos, que en griego significa precisamente indivisibles.

 

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(Extraído de: ¡Que divertida es la Ciencia! suplemento de la revista MUY INTERESANTE nº 249 correspondiente a febrero de 2002)