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¿Sientes rechazo por el olor de algunos bebés ajenos?

Os voy a confesar algo un tanto raro, soy consciente. Algo ligeramente inconfesable y de lo que sólo he hablado con otra madre reciente, con bastante mejor olfato que yo por cierto, que nunca ha experimentado lo mismo. Pero tengo curiosidad por saber si hay más padres y madres recientes por ahí a los que les haya pasado lo mismo.

No hay olor como el de tu bebé cuanto eres madre reciente. No he encontrado a una sola mujer que no identifique ala prefección y prefiera ese aroma por encima de cualquier otro. Mis hijos, con dos años y medio y cinco, siguen teniendo un olor dulce, característico e identificable, pero el olor de cuando eran bebés y la sensación que desencadenaban eran únicos.

Ya os he hablado de eso en el pasado.

Lo curioso, eso que he descubierto que me pasa a mí, es que me he encontrado con relativa frecuencia con bebés en brazos cuyo olor, que seguro hace las delicias de sus madres, a mí me provocaba rechazo.

No se hacía desagradable, pero si molesto. Me impulsaba a devolver el bebé a los brazos de sus progenitores. Y sólo racionalmente lograba descartar ese impulso y disfrutar con ellos.

Somos animales a fin de cuentas.
Y seguro que hay alguna explicación biológica y/o antropológica.

¿A alguno os ha pasado?

Olor a madre

Hace ya bastante tiempo os hablé del delicioso olor de tu bebé, probablemente el mejor aroma del mundo.

Armandilio en su último post me ha hecho reflexionar sobre la otra cara de la moneda: el olor a madre.

Os pongo algún fragmento:

Hace un tiempo Miriam, mi mujer, me sorprendió con una pregunta: “¿Tú recuerdas el olor de tu madre como algo especial?” Y yo, que destaco por tener una increíble carencia de olfato sólo pude responder que “no” (con cara de bobo).

Sin embargo esta conversación se amplió con otras personas y muchas coincidieron en que sí recordaban el olor de su madre y que este recuerdo, el oler prendas de sus madres u olerla a ella directamente les producía un sentimiento de calidez y de seguridad.

o cierto es que la lógica de este fenómeno tan “animal” es aplastante. Los niños nacen con un olfato muy desarrollado y superior al que tenemos los adultos. Este nivel de desarrollo se explica desde la necesidad de asegurarse un alimento adecuado lo antes posible.

A las 24 horas de haber nacido (que es cuando les hicieron los estudios, por lo que quizá sea antes) los bebés son capaces de mostrar rechazo a ciertos alimentos en base a su olor.

Es tal el instinto de supervivencia que se aferran al olor de su madre como si les fuera la vida (bien, de hecho, prácticamente les va la vida). Para que veáis unas muestras de sus capacidades os dejo algunos ejemplos:

* Si una mujer se lava uno de los dos pechos, el bebé preferirá mamar del que mantiene el olor corporal de su madre, el que no ha sido lavado.

* Si a un bebé se le coloca a un lado un objeto con el olor de su madre y al otro un objeto con el olor de otra mujer el bebé gira la cabeza hacia aquel que preserva el olor de su madre. En este caso hablamos del olor de su madre, no exclusivamente del olor a leche materna.

* Cuando un bebé amamantado tiene hambre de noche, es capaz, aunque no tenga luz, de dirigirse al pecho y empezar a mamar guiado por su olfato.

Una vez sus capacidades motrices van perfeccionándose y el resto de sentidos van cogiendo protagonismo el olfato se va perdiendo por desuso.

Yo no tengo un gran olfato pero sí que recuerdo el olor de mi madre. Lo reconozco perfectamente. Recuerdo ese olor en mi infancia. Y hoy día es, junto con mis hijos y mi marido, probablemente el único olor humano que reconocería con los ojos cerrados.

Y será así toda mi vida.

Es curioso que cada ser humano tenga su propio olor pero ya no seamos capaces de distinguirnos de esa manera. No me extrañaría que fuéramos el mamífero que más ha renunciado a esa forma de reconocimiento.

También es curioso que este sentido se active especialmente durante la maternidad.

Armandilio también cuenta en su post que se recomienda a los padres limitar el uso de perfumes cuando tienen un bebé. Algo que yo he hecho por instinto con mis dos hijos. También os lo conté en su momento, y muchas de vosotras en los comentarios también lo habíais vivido.

Resulta hermoso pensar que nuestros hijos nos recordarán, también, por nuestro olor.

¿No os parece?

Las colonias y los recién nacidos

Ayer fui a la farmacia a comprar gel de baño y crema hidratante para Julia.

Su hermano ya puede usar jabones y cremas de bebé normales, pero recuerdo aún cómo al ponerle al poco de nacer una muy anunciada de lavanda que se supone que facilitaba el sueño y que me regalaron, al pobre le hizo reacción por todo el cuerpo.

Por muy hipoalergénicas, testadas dermatológicamente o recomendadas por asociaciones de pediatras que fueran, el enano y su piel atópica se revelaban contra ellas.

Así que Julia, cuando de una vez se decida a venir, ya tiene preparado todo lo preparable pero de farmacia.

Y allí en la farmacia me fijé en las cestas preparadas con productos para el aseo del bebé: esponjas naturales, geles, champús, cremas de cuerpo, cara y culo, colonias…

No es un mal regalo. Los peques consumen mucho esos productos.

Salvo las colonias. Al menos en mi caso. Nunca me ha gustado ponerle colonia al peque. No existe colonia infantil que mejore su olor propio y único de bebé.

Todas las colonias que me regalaron cuando nació siguen intactas dos años y medio después.

Manía mía imagino. Aunque conozco a varias madres recientes que la comparten.

Lo que no tengo idea de si está tan extendida es otra manía que me surgió durante los primeros meses de vida del peque: no me gustaba ponerme ni colonia ni desodorante.

Creo que está relacionado con el haberle dado el pecho. No lo sé. Pero era algo muy visceral. Con la ducha diaria era suficiente. No me gustaba perfumarme.

Probablemente me vuelva a dar por hacerlo mismo. Veremos…

El olfato de las madres futuras y recientes

No tengo ni mucho menos buen olfato en condiciones normales. Soy incapaz de apreciar los perfumes en la gente que me rodea, distinguirlos es ya ciencia ficción.

Siempre he pensado que era una ventaja cuando viajas mucho en metro y autobús.

Pero durante el embarazo, como todas, me convierto en un sabueso.

Lo curioso es que me he dado cuenta de que mi olfato no mejora especialmente a la hora de reconocer la marca de una colonia o el fondo de un ambientador.

Básicamente lo que hago es por una parte localizar rápidamente los olores desagradables, como el tabaco.

Y por otra lo que se me dispara es el reconocimiento de los olores de cada persona.

Todos tenemos un olor característico. Y soy capaz de identificar el de mis seres queridos, mi santo, mi peque, mi madre… sin problemas.

También percibo el olor de los extraños: el otro día me puse una chaqueta prestada y me sentía disfrazada. No era desagradable, pero hubiera preferido ahorrármelo.

De hecho el olor que desprende mi peque es para mí la mejor fragancia del mundo. Es una pena que no se pueda guardar en un frasco. Cuando pienso en ello comprendo perfectamente al protagonista de El Perfume.

Siempre recuerdo en este punto un documental que ví hace años en el que un numeroso grupo de madres recientes con los ojos vendados reconocían por el olfato a sus bebés casi sin margen de error. Con los padres el experimento me temo que no funcionaba tan bien.

No está mal tener este superpoder temporalmente. Aunque haya que viajar en el metro a menudo.

¿Las embarazadas cocinan mejor?

El otro día hice una lasaña de verduras estupenda. Y andaba yo presumiendo de lo bien que me quedaba la comida últimamente cuando un amigo me comentó.

Claro, las embarazadas siempre cocinan mejor.

Y según lo soltó, no pude evitar reírme. He oído muchas cosas relacionadas con el embarazo, desde cuentos chinos hasta teorías con una mínima base, pero ésta era nueva.

¿Eso es como lo de que si tienes la regla se te corta la mayonesa?

No mujer, es que tenéis mejor sentido del olfato. Y eso, si eres de las que te gusta la cocina, se nota.

Es verdad que estando embarazada me siento un poco como los sabuesos de los aeropuertos, detecto a distancia los bloques de edificios con piscina y el tabaco en el aliento a distancia, pero me parece hilar muy fino.

Me ha recordado lo de que las embarazadas estamos más guapas gracias al cóctel de hormonas femeninas que experimentamos.

Yo me veo igual cuando me miro al espejo, con días mejores y peores.

¿Tú que opinas?