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El test de las golosinas ¿te resistirás a hacérselo a tu hijo?

Otra vez citando a Armandilio, pero es que su blog me encanta y me muestra con frecuencia temas que me sorprenden.

Por ejemplo, que parece que el suplemento de hierro que nos recetan por norma a casi todas las embarazadas puede hacer más mal que bien. Y no hablo del estreñimiento que ocasiona (al menos a mí y a todas las embarazadas que conozco), sino de que incrementa el riesgo de parto prematuro y de bebés con bajo peso.

Aquí tenéis el post si os interesa leerlo completo.

Pero no es de eso de lo que quería hablaros sino de otro post en el que este padre, enfermero y periodista (sí Armandilio, así te considero también), nos habla de un test creado en los sesenta por Walter Mischel para estudiar el autocontrol de los niños de cuatro años.

Para llevar a cabo su investigación hizo que una persona adulta le dijera a cada niño lo siguiente: “ahora debo marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos”.

Está claro que para un niño de cuatro años, tal situación es una verdadera odisea. Una lucha contra sus deseos, contra su autocontrol. De hecho recuerdo haber visto un documental en que ponían a niños en la misma situación y era muy curioso verles taparse la cara, los ojos, tumbarse en el suelo, cantar y mil cosas para evitar pensar en esa gominola que les esperaba en la mesa. También fue curioso ver a otros niños que simplemente, cogieron la gominola y se la comieron (más vale pájaro en mano…).

Unos años más tarde, cuando estos niños llegaron a la edad adolescente, fueron valorados nuevamente para buscar una asociación directa entre su capacidad de controlar los impulsos y el tipo de persona en que se habían convertido.

Según Mischel los que a los cuatro años resistieron la tentación y esperaron a tener dos golosinas eran socialmente más competentes, más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida.

Y aquí es cuando uno se pregunta: “¿Yo habría esperado?” o “¿mi hijo esperaría?”. En el caso de mi hijo, no lo sé, le falta algo más de un año para los cuatro. En mi caso, no sé qué pensar. Muchas cosas de mi comportamiento actual me dicen que yo sería de los de coger la golosina, muchas otras me dicen que esperaría. Lo mejor es que nunca lo sabré. O quizá eso sea lo peor…

En mi caso creo que habría esperado, era una niña obediente y tranquila. Y no especialmente golosa (de hecho no me comería nada de lo que hay en la imagen, no como mi santo que se lo zamparía todo). Pero como dice Armandilio, no podría poner la mano en el fuego.

Y también para mi hijo hay que esperar bastante para enfrentarle a las chuches.

Lo que tengo claro es que si se acaba haciendo por curiosidad, tampoco hay que tomarse el resultado muy en serio.

¿No creéis?