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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

En la segunda vuelta electoral, sí toca hablar de energía

Por Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Algo ha cambiado y para bien en la política española en materia energética. Si analizamos estos casi cuatro meses de legislatura hemos podido ver como en el Parlamento se han discutido y votado iniciativas y Proyectos No de Ley (PNL) que eran impensables en los anteriores periodos de sesiones en los que tanto el Partido Popular como el PSOE habían mantenido un perfil bajo en la adecuación de nuestro modelo energético.

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Las razones de por qué hemos vivido un proceso tan inmovilista hay que buscarlas, por un lado, en la servidumbre política en el mantenimiento de los privilegios del sector energético tradicional y, por otro, en la inexistencia de un compromiso con la sostenibilidad.

La energía es un bien básico, cuyo acceso universal no está garantizado en España principalmente porque la liberalización, mediante un proceso de desregularización del sector energético, ha supuesto anteponer la libertad del mercado a su consideración como bien de utilidad pública. Podríamos decir que ha primado el negocio frente a la cobertura de las necesidades sociales.

La energía también es el motor del desarrollo económico y su incorporación como coste en la producción de bienes y servicios es uno de los elementos principales que define la competitividad de nuestra economía.

España es uno de los países energéticamente más dependientes de nuestro entorno económico, con más de 20 puntos porcentuales de diferencia con la media de los países de la Unión Europea. En los últimos años más del 75% de la energía que consumimos la tenemos que comprar al exterior, con el consiguiente déficit de nuestra balanza comercial y con las incertidumbres añadidas por depender de fuentes de energía con alta volatilidad en precio. Nos gastamos más de 60.000 millones de euros todos los años en energía como producto final y las importaciones han llegado a superar el 4% de nuestro PIB.

No pretendo hablar del pasado sino de la necesidad de que la energía sea uno de los elementos que configuren el compromiso de los distintos partidos políticos con la sociedad en estas próximas elecciones. La composición del futuro Parlamento exigirá, afortunadamente, un mayor diálogo y consenso, también en materia energética, pero apostar por el consenso y por el dialogo no es suficiente, necesitamos saber cuál es el compromiso y las posiciones de partida de cada uno de los grupos políticos que se presentan a las elecciones y cuáles son los elementos que configuran su propuesta energética.

Propuestas y compromisos que permitan erradicar la pobreza energética mediante el establecimiento de una tarifa social para las rentas más bajas y que conviertan a la electricidad en el vector energético de futuro, con una profunda revisión de las normas de funcionamiento del sistema eléctrico y de la configuración y composición del precio de la electricidad.

Propuestas y compromisos que fijen objetivos con carácter vinculante en materia de ahorro y eficiencia energética, porque la estructura de consumo en España es ineficiente y con las tecnologías disponibles podríamos reducir la demanda en más de un 40%, actuando principalmente en la edificación y el transporte que suponen las dos terceras partes del consumo.

Necesitamos una apuesta clara por el desarrollo de las energías renovables y su integración como base de la oferta de energía, así como establecer un nexo de unión con el consumidor mediante la aprobación de una regulación que apoye el autoconsumo y la generación distribuida.

La aprobación de la PNL a favor del carbón nacional por parte de todos los grupos políticos por motivos electoralistas iba en contra de muchas de las promesas anteriormente realizadas. Soy consciente de la necesidad de procurar el desarrollo económico y social de las actuales cuencas mineras, pero este desarrollo no está en mantener el uso del carbón unos años más para abandonarlo cuando las elecciones ya estén olvidadas. Necesitamos proyectos de reactivación de estas zonas que sean sostenibles en el tiempo y quemar carbón no es uno de ellos. La capitalización de las ayudas que se pretenden aprobar sería suficiente para reactivar y regenerar esas zonas.

No es lícita la ambigüedad que se mantiene con respecto a la energía nuclear y al tratamiento de los residuos radiactivos y para analizar las posibilidades de consenso entre fuerzas políticas tenemos que exigir compromisos de cierre de las centrales o si se pretende que su futuro sea indeterminado solamente sujeto, como hasta ahora, a la rentabilidad de su mantenimiento en operación por decisión de sus propietarios.

La pasada legislatura el Parlamento aprobó la Ley 15 de 2012 de medidas fiscales para la sostenibilidad energética en la que se asevera que: “la sociedad ha de hacerse cargo de una serie de responsabilidades derivadas de los aspectos específicos que inciden en dicha generación, tales como la gestión de los residuos radiactivos generados”. Este tipo de postulado no puede tener cabida en un estado de derecho y debemos exigir el compromiso de que los costes los asuma quien tiene los beneficios.

Siempre que hablamos de política energética tendemos a hacerlo de la electricidad y nos olvidamos de que el petróleo y el gas cubren un 70% de la demanda de energía. Tenemos que reducir el consumo y solamente lo podremos hacer mediante la puesta en marcha de una política de eficiencia energética y con señales de precio claras que “desaconsejen” su consumo.

Necesitamos conocer cuáles van a ser las propuestas en política fiscal con relación a la energía y los compromisos de la lucha contra el cambio climático. Ningún partido ha tomado posición en esta materia que es la llave para cambiar nuestro modelo económico.

Hemos visto durante estos cuatro meses de configuración no bipartidista del Congreso avances para favorecer el autoconsumo, en el posicionamiento nuclear, con denuncias sobre el funcionamiento del Consejo de Seguridad Nuclear, en la erradicación de la pobreza energética o en la prohibición del fracking, pero también retrocesos anclados en la vieja política como han sido las aprobaciones por todos los grupos de las PNL sobre el carbón nacional.

En las próximas elecciones nos jugamos poner en marcha una nueva política energética, que cuente con el consenso de la mayoría de las fuerzas políticas con el fin de garantizar su continuidad en el futuro. Y para que el consenso nos represente es de vital importancia conocer de forma explícita y con garantías cuáles son las propuestas con que se presentan a las elecciones del próximo 26 de junio cada una de las formaciones políticas.

Si no exigimos el compromiso previo en los programas electorales en temas como la erradicación de la pobreza energética, la transparencia de la tarifa eléctrica, el apoyo a la eficiencia y a las energías renovables, el cierre del carbón y de las nucleares, la necesidad de una política fiscal y la desincentivación al consumo de combustibles fósiles, el resultado final estará más cerca de la condescendía con el mantenimiento del estatus actual del sector energético tradicional que con resolver las necesidades que la sociedad tiene.

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser El_Soberano

    Creo que hablo en nombre de muchos diciendo que los sectores estratégicos como energía, deberían estar en manos del estado a fin de reducir el coste lo máximo posible, igual que pasa con el agua.

    No se pueden abrir negocios pagando 300 euros de luz al mes.

    12 Mayo 2016 | 09:49

  2. Dice ser Petren27

    Y por qué no se habla de la posibilidad de construir centrales nucleares como sí se hace en otros países de nuestro entorno?. Abarataría enormemente la factura eléctrica y reducirían drásticamente la dependencia exterior. Ni el articulista se digna a nombrar la posibilidad

    12 Mayo 2016 | 11:09

  3. Dice ser Augusto

    El problema de las energías renovables es que en su mayoría son CARAS, por lo que simplemente trasladaríamos un problema de coste de un lado a otro. Que tenga que pasar década y media o más para amortizar un panel solar es un disparate, y ya ni hablemos de los gigantes molinos que cuestan millones de euros. Hace falta o bien un avance importante en esta materia, o bien invertir en otros medios de energía mucho más productivos. Pero claro, para esto último probablemente habría que ir en contra de todos los que no quieren ni oír hablar de cosas como la nuclear.

    Esto no tiene una solución fácil, si no ya se habría hecho.

    12 Mayo 2016 | 13:31

  4. Dice ser romario da souza

    Cerramos ya las minas, las térmicas y las nucleares. Imagino que también los ciclos de gas que emiten CO2 y NOx. Instalamos 15.000 MW de molinos y paneles solares que, como todo el mundo sabe se fabrican e instalan sin ningún impacto ambiental. Y recolocamos a todos los mineros y trabajadores de las centrales en los maravillosos nuevos empleos que se crearán en las comarcas mineras con sólo capitalizar las ayudas. ¿Qué empresa no quiere tener su sede en La Pola de Gordón, Bembibre, Tineo o Aliaga? Si son las zonas mejor comunicadas y con mejores infraestructuras de Europa… Mienten ustedes, desprecian a los trabajadores a los que abocan a la emigración o la pobreza, engañan a quien crea que sin nucleares y sin térmicas podremos mantener nuestro nivel de vida actual y que hasta será beneficioso. Elogian la prohibición del fracking por ideología, pues no saben de qué va el tema, los residuos nucleares estarán ahí aunque cierren mañana las centrales, algo hay que hacer ya con ellos. Y sobre todo es que la gente merece un futuro en el lugar donde nació. Es genial ser ecologista en un despacho en Madrid y hablar a la ligera del trabajo ajeno. La PNL del carbón es mala porque condena al sector a seguir viviendo de ayudas, en lugar de penalizar la huella ecológica del carbón importado y obligar a la inversión en desnitrificación y en captura de CO2, pero los fundamentalismos energéticos son un error y en ningún país de nuestro entorno se trabaja en esa dirección. Cuando se habla de carbón o de petróleo, son lobbies, si se defiende la burbuja de la fotovoltaica es que somos unos progres… Enhorabuena

    12 Mayo 2016 | 13:52

  5. Dice ser Idolop

    “la estructura de consumo en España es ineficiente y con las tecnologías disponibles podríamos reducir la demanda en más de un 40%, actuando principalmente en la edificación y el transporte que suponen las dos terceras partes del consumo.”

    A continuación del párrafo anterior continua con: “Necesitamos una apuesta clara por el desarrollo de las energías renovables y su integración como base de la oferta de energía, así como establecer un nexo de unión con el consumidor mediante la aprobación de una regulación que apoye el autoconsumo y la generación distribuida.”

    Es decir, que nos habla de una serie de cifras que no tienen que ver con la energía eléctrica, para a continuación hablar de ella e intentar vendernos su producto, las energías renovables.

    12 Mayo 2016 | 14:25

  6. Dice ser Contestación a Romario da Souza

    Lamentó que responsabilice a la defensa de las renovables de despreciar a los trabajadores del sector minero y abocarles a la emigración, cuand la única justificación es la falta de competitividad del sector ?, lamentablemente la mala calidad de nuestro carbón es la que nos ha llevado a que durante más de 20 años estemos concediendo ayudas para el plan d cierre dl sector . Como se va a penalizar la huella ecológica dl carbón importado y exonerar la nuestra?, volvemos a la autarquía ?

    12 Mayo 2016 | 14:48

  7. Dice ser Cristina

    ¿¿Qué SEGUNDA VUELTA?? Porque parece que nos estamos haciendo todos los tontos. En España NO HAY ninguna segunda vuelta en las Elecciones. Estas son OTRAS Elecciones porque de las primeras no salió nada. ¿Si hay que repetirlas una tercera vez nos vamos a INVENTAR lo de una tercera vuelta?

    12 Mayo 2016 | 16:34

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