Archivo de la categoría ‘Opinión’

Diez objetos que los pediatras no usamos con nuestros hijos

Bebé

Fuente: Pixabay

Una de las cosas que más me molesta como pediatra es ver cómo muchos padres y muchas madres se rinden al marketing para bebés y acaban comprando cosas que no son necesarias para criar a un hijo, sobre todo desde el punto de vista de la salud. Es frecuente escuchar en la consulta frases como ‘Ya tenemos tal cosa…’ o ‘Nuestra prima Maricarmen nos ha regalado esta otra y nos ha dicho que es imprescindible ahora que ya somos papás’. Sin, embargo, la mayoría de estos objetos no tendrán un impacto que mejore la salud de sus hijos, por lo que al final se traducen en perdida de dinero y en la falsa sensación de que hay que tener algo para que todo vaya bien.

En este sentido, los pediatras huimos de ciertos productos que no son necesarios y no los tenemos en nuestro catálogo de cosas que usamos durante la infancia de nuestros hijos. En este post me propongo explicaros cuáles son esos cacharros para que lo tengáis en cuenta cuando veáis algún anuncio de no sé qué producto o para cuando os recomienden en el parque el no va más para los más pequeños de la casa.

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¿Cuándo es el mejor momento para poner pendientes a mi bebé?

Pendientes

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Aunque las cosas han cambiado y ya son muchas las madres y los padres que deciden no colocar pendientes a sus hijas nada más nacer, la realidad que vemos en consulta es que todavía a la mayoría de las niñas se les ponen pendientes en las orejas en los primeros meses de vida.

Para la escritura de este post hemos revisado qué evidencia científica hay al respecto, y la verdad es que es muy escasa, así que en los siguientes párrafos vais a encontrar mucha opinión personal desde el punto de vista médico sobre cuál es el mejor momento para la colocación de pendientes, qué complicaciones pueden tener y otras curiosidades sobre este tema que esperamos os resulte útil si es que habéis decidido poner pendientes a vuestras hijas (o hijos), que como os podéis imaginar no es obligatorio.

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¿Se inmunizan los bebés del COVID-19 con la leche de las madres vacunadas?

Lactancia materna

Fuente: Pixabay

En las últimas semanas, la velocidad a la que se están administrando vacunas en España contra el coronavirus ha cogido velocidad de crucero. Gracias a ello, hemos pasado de enero de 2021, donde se priorizaba la vacunación de los más vulnerables, las personas de mayor edad, y de los trabajadores sanitarios que están en primera fila, a julio de 2021, donde la inmensa mayoría de esos colectivos ya han recibido la pauta de vacunación completa. Parece que ahora sí, el turno de los jóvenes ha llegado.

Y como no puede ser de otra manera, en ese grupo de jóvenes se encuentran las madres que dan el pecho a sus hijos. No sin parte de razón, todas esas madres se hacen preguntas sobre estas nuevas vacunas, sobre su seguridad, su efectividad y sobre si al vacunarse, sus bebés reciben de algún modo a través de la leche materna parte de esa vacuna. Recordemos que, a día de hoy, no hay ninguna vacuna contra el coronavirus autorizada en menores de 12 años, por lo que a los más pequeños de la casa les toca esperar a que se concluyan los estudios que se están llevando a cabo actualmente y que esperamos finalicen con esa autorización por parte de las administraciones sanitarias.

Desde el inicio de la vacunación contra el coronavirus, muchas madres lactantes han recibido alguna de las vacunas del coronavirus, al principio las médicas que estaban en primera línea y que, además, estaban dando el pecho a sus hijos en esos momentos. Desde entonces se han publicado varios artículos científicos sobre la presencia de anticuerpos contra el coronavirus en la leche materna, tanto de aquellas que pasaron el COVID-19 como de las que se han vacunado. Pero la pregunta del millón sería: ¿protegen realmente esos anticuerpos a los niños que toman esa leche?

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La nueva normalidad y los bebés pandemials

bebe

Fuente: Pixabay

Después de un 2020 que a todos nos impactó, entristeció y nos puso sobre las cuerdas, empezamos el 2021 llenos de ilusión y esperanza porque por fin empezaba la campaña de vacunación contra la COVID 19. Hemos visto imágenes de los primeros vacunados y conforme avanzaba la campaña hacia los más jóvenes caían las hospitalizaciones y los contagios, y con ello los fallecidos. Por fin podemos decir que realmente queda menos para el final e incluso el gobierno de nuestro país ya ha puesto fecha al fin de la obligatoriedad de usar mascarillas al aire libre (seguramente el 26 de junio), lo cual supone un gran avance. Este virus no se ha marchado del todo, pero lo que sí que parece claro es que no volveremos a como nos encontrábamos en marzo de 2020, ni a la situación de la segunda y tercera ola, momentos en los que todavía no se había iniciado la vacunación.

Gracias a la gran labor divulgativa realizada a través de los medios de comunicación y de muchos perfiles en redes sociales a todos se nos grabó a fuego que había que proteger a los más vulnerables de la infección por este nuevo coronavirus, sobre todo a nuestros mayores, a las personas con enfermedades crónicas que cursan con inmunodepresión y a los pequeños de la casa, en especial a los menores de doce meses, ya que ellos eran los más susceptibles de sufrir los estragos de esta enfermedad.

Y llegados a este punto en el que la vacunación avanza, pero todavía queda para que llegue el momento de los niños (ya están en marcha estudios para conocer la efectividad y la seguridad de la vacuna en niños mayores de 6 meses de edad), aparecen gran cantidad de preguntas: ¿pueden coger a mi bebé las personas vacunadas?, ¿tiene sentido que siga dejando en casa a mi hijo sin ir a la escuela infantil?, ¿realmente la infección por COVID en niños no es grave?… Con el ánimo de poder aclarar unas cuantas dudas respecto a este tema nos hemos animado a escribir este sencillo post que esperamos que os resulte de utilidad. Lee el resto de la entrada »

Atención Temprana: dando una posibilidad al desarrollo neurológico

Bebé mano

Fuente: Pixabay

El 16 de junio se celebra el Día de la Atención Temprana, un tipo de terapia muy concreta que va dirigida de forma individualizada a los niños con trastornos del nuerodesarrollo y que tiene por objetivo dar respuesta a las necesidades especiales que presentan estos niños. Días como el de hoy nos permiten visibilizar estos tratamientos que resultan fundamentales para muchos niños y sus familias.

El desarrollo neurológico es un proceso que se inicia desde mucho antes del nacimiento y que poco a poco y de forma progresiva dota al ser humano de las diferentes estructuras neurológicas y habilidades, tanto motoras como psicológicas y sociales, que le permiten desenvolverse con normalidad durante su vida. En muchas ocasiones podemos prever qué niños sufrirán un trastorno en el desarrollo, como por ejemplo los niños con antecedentes de prematuridad o con síndromes neurológicos, y en otras será la observación de los hitos del desarrollo en las consultas programadas del niño sano lo que nos pongan sobre la pista de que algo no va bien. En todos estos casos, la atención temprana resulta fundamental para potenciar sus capacidades de desarrollo, lo que posibilitará una mayor integración en el mundo en el que vivimos.

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La bronquiolitis ha vuelto

Moco

Fuente: Pixabay

Cuando te dedicas a la pediatría sabes que durante los meses fríos del año las consultas de los centros de salud y las salas de espera de las urgencias del hospital se ven ocupadas por niños de corta edad a los que les cuesta respirar, muchos de los cuales acabarán ingresando en el hospital para administrarles oxígeno. Durante esos meses ocurre la epidemia de bronquiolitis, una enfermedad provocada por el virus respiratorio sincitial (VRS), la cual tensiona hasta el límite la capacidad asistencial de los sistemas de salud infantiles; de hecho, la bronquiolitis es el motivo de ingreso más frecuente en pediatría.

Sin embargo, durante la temporada 2020-2021 parecía que el VRS se hubiera tomado unas vacaciones, al menos hasta hace unas pocas semanas. Esto de que no hayamos visto bronquiolitis durante los últimos meses es una constante que se ha repetido no solo en España, sino en todo el mundo. Pero es que el invierno 2020-2021 ha sido diferente, ya que desde marzo de 2020 nos encontramos en situación de pandemia por la COVID-19, y con ella se han implementado una serie de medidas para disminuir el contagio de esta enfermedad que también son efectivas para el resto de las infecciones respiratorias (distancia social, higiene de manos frecuente, uso de mascarillas…).

Fijaos si han sido efectivas que, tras el inicio del curso escolar y hasta unas semanas después de las navidades, los episodios de infecciones respiratorias (los típicos catarros) han sido anecdóticos comparados con otras temporadas, incluso este año no ha habido epidemia de gripe (otro virus que pone en jaque al sistema sanitario todos los años). Es como si el verano, época del año en la que no circulan tantos virus respiratorios y en la que los niños suelen encontrarse sanos como robles, se hubiera prolongado durante varias estaciones.

Como os decía, hasta marzo-abril de 2021 la incidencia de infecciones respiratorias ha sido mucho menor que los años pasados, pero desde hace varias semanas estos cuadros están en aumento, y entre ellos la bronquiolitis provocada por el VRS no podía faltar a su cita anual, aunque con retraso. Esta situación ya nos la habían anticipado nuestros colegas que viven en las antípodas, ya que en Australia fueron los primeros en comprobar que tras el inicio de la COVID-19, la epidemia de VRS se desplazaba a la primavera del año siguiente, momento en el que habitualmente ya no hay casos de bronquiolitis provocados por el VRS y empezamos a salir del túnel en el que se ve inmersa la asistencia sanitaria en pediatría cada invierno.

Durante las siguientes semanas es muy probable que los casos de bronquiolitis sigan aumentando, aunque no creo que el número de casos llegue al extremo de un invierno habitual. Mientras tanto, merece la pena hacer un pequeño repaso de en qué consiste esta enfermedad y su tratamiento.

¿Qué es la bronquiolitis?

La definición clásica de bronquiolitis hace referencia al ‘primer episodio de sibilancias y dificultad respiratoria en un niño menor de 2 años en el contexto de una infección viral’.

Esta definición contiene una serie de conceptos que son muy importantes:

  • Hace referencia al ‘primer episodio’. Por tanto, bronquiolitis solo se puede tener una vez en la vida. Los siguientes episodios en los que se auscultan sibilancias, aunque muy similares a una bronquiolitis, por definición no se pueden llamar así, por lo que deberíamos emplear otro término, en general bronquitis o broncoespasmo.
  • Se trata de menores de 2 años. Por tanto, las bronquiolitis son una enfermedad de niño pequeño. De hecho son más frecuentes por debajo del año de vida, sobre todo en los menores de 6 meses.
  • Aparecen en el contexto de una infección viral. Y aquí el VRS es el rey, ya que provoca el 80-90% de los cuadros de bronquiolitis.

El VRS es un virus que se transmite por gotitas, es decir, por contacto directo con las secreciones de un paciente infectado o cuando inhalamos las gotitas que salen de nuestra boca o nariz cuando hablamos, tosemos o estornudamos. Estas gotitas se quedan en suspensión en el ambiente unos pocos segundos, a diferencia de los aerosoles de los que todos habréis odio hablar en los últimos meses debido a que es la forma de transmisión más frecuente del SARS-COV-2, responsable de la enfermedad COVID-19.

Por tanto, la forma de prevenir el virus que más frecuentemente provoca la bronquiolitis es muy sencilla: lavado de manos frecuente y empleo de mascarilla en el caso de que estés acatarrado (este virus en niños mayores y adultos suele provocar solo catarros), además de evitar que los niños con cuadros respiratorios importantes acudan a la escuela infantil o al colegio.

¿Qué síntomas provoca la bronquiolitis?

El cuadro clínico de bronquiolitis es siempre muy similar. En primer lugar, el VRS coloniza la vía respiratoria superior, lo que da lugar a un cuadro catarral, en general con tos y mocos. Durante estos primeros días suele aparecer también fiebre.

Al cabo de dos o tres días, el virus avanza por la vía respiratoria y llega hasta los pulmones, en donde provoca inflamación en los bronquiolos que se acompaña de un aumento de las secreciones a dicho nivel. Esto provoca que cuando el niño coge aire le cueste respirar en mayor o menor medida y en la exploración física detectemos sibilancias en la auscultación.

Dependiendo de la gravedad del episodio, estos síntomas podrán ser tratados de forma ambulatoria o requerirán ingreso hospitalario, esto último mucho más frecuente en los niños por debajo de los tres meses de vida y con antecedentes personales importantes, como la prematuridad o las cardiopatías congénitas.

Si todo va bien, la parte más aguda de la enfermedad tiene una duración de unos siete días, para mejorar después poco a poco. De hecho, es muy frecuente que tras un episodio de bronquiolitis, estos niños arrastren una tos durante varias semanas.

¿Cuál es el tratamiento de la bronquiolitis?

Por desgracia, no existe ningún ensayo clínico que haya demostrado que existe un tratamiento farmacológico eficaz para la bronquiolitis, más allá del tratamiento sintomático de soporte.

Sé que muchos os estaréis llevando ahora las manos a la cabeza porque seguro que en alguna ocasión os han indicado para esta enfermedad salbutamol inhalado, aerosoles o corticoides vía oral. Como decía, no hay ningún estudio que haya demostrado que sean eficaces para tratar a estos niños, aunque a día de hoy todavía hay muchos pediatras que los emplean porque antiguamente era el tratamiento estándar.

A día de hoy, las guías clínicas sobre bronquiolitis recomiendan que el tratamiento de la bronquiolitis se limite a un tratamiento sintomático:

  • Lavados nasales cuando tienen la nariz taponada.
  • Posición semiincorporada cuando están tumbados.
  • Tomas fraccionadas (más frecuentes, pero de menor cantidad).
  • Antitérmicos si hay fiebre o malestar.

En el caso de que estas mediadas de soporte no funcionen o el cuadro respiratorio progrese hasta provocar dificultad respiratoria, el ingreso hospitalario está asegurado, así que no dudéis en acudir a urgencias o a vuestro pediatra si el niño presenta mal estado general, deja de comer o presenta dificultad respiratoria (respira muy deprisa, marca las costillas al respirar…). En estos casos suele ser suficiente con la administración de oxígeno, aunque en algunos casos se requiere el ingreso en UCIP para su tratamiento.

Una reflexión final

He comenzado este texto hablando de lo raro que ha sido que el invierno pasado no viéramos cuadros de bronquiolitis. De hecho, muchos ya cantábamos victoria como si nos hubiésemos librado, al menos por un año, de esta epidemia. Desconozco si el aumento de casos que estamos viviendo ahora continuará hasta alcanzar un pico epidémico tan alto como el de cada invierno o se quedará en una epidemia de menor envergadura. Lo que está claro es que el VRS está entre nosotros.

Es difícil encontrar una explicación a por qué los casos de VRS se han desplazado al final de la primavera, sobre todo si tenemos en cuenta que las medidas higiénicas que nos protegen contra la COVID-19 siguen vigentes y que tan bien han funcionado contra las demás infecciones respiratorias al inicio del curso escolar, incluida la bronquiolitis provocada por VRS.

Quiero pensar que este aumento de casos no se debe a la relajación de estas medidas por parte de los padres en los más pequeños de la casa y que siguen (seguimos) siendo responsables a la hora de no llevar al colegio a nuestros hijos cuando están con fiebre o con un cuadro respiratorio importante, por mucho que se haya realizado un test de antígeno o una PCR para descartar que esa sintomatología la pudiera estar provocando el coronavirus.

Como padres, somos responsables de no llevar enfermos a nuestros hijos al colegio o la escuela infantil, en primer lugar porque no es el lugar más adecuado mientras un niño se encuentra mal, pero también porque no es solidario con el resto de los compañeros de su clase. Si lo seguimos haciendo igual de bien como en los últimos meses, estoy seguro de que los casos de VRS (y de otras infecciones respiratorias) disminuirán y llegaremos al verano libres de mocos.


Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Si te ha gustado lo que has leído, hemos publicado un libro con explicaciones sencillas y amenas sobre las cuestiones de salud más importantes de la infancia. Podéis adquirirlo en puntos de venta habituales o a través de los siguientes enlaces:

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Ojalá no hubiera existido el primo cachas que tomaba zumos

Zumo

Fuente: Pixabay

Para entender lo que van a leer a continuación debemos hacer primero un viaje en el tiempo. Un viaje que nos sitúa a principio de los años 80 del siglo pasado. Una época marcada por el cambio y la apertura de la sociedad española al ritmo de la música de la movida madrileña y eventos como el Mundial de Fútbol de 1982, el cual se jugaba en nuestro país y que tenía por mascota a una graciosa fruta como emblema nacional: Naranjito. Sin embargo, en esa década sucedió algo que sigue grabado a fuego en el cerebro de muchos padres y madres que tenían hijos por aquella época y que se podría resumir en esta frase: si quieres que tu descendencia crezca sana y fuerte, lo mejor que puedes hacer es darle zumo de frutas.

Y es que en el año 1986 salía al mercado una línea nueva de productos: zumos procedentes de fruta 100% exprimida que se pasteurizaba para luego envasarse en unos modernos tetrabrick y así aumentar su tiempo de conservación. Creo que no es necesario recordarles que la imagen de la campaña de marketing de dichos productos era un chavalote alto y fornido que sujetaba en sus manos un ejemplar de dicho zumo y que parecía que lo bebía a todas horas. Lo que viene siendo un Popeye, pero con zumo en vez de espinacas. Ese adolescente era representado en los anuncios como el primo alto y fuerte de un niño más joven que él.

Hay que reconocer que la campaña de marketing asociada a este producto es magnífica. En 30 segundos de anuncio vemos como un niño delgaducho esta recibiendo las burlas de un niño más grande que él; burlas de las que se defiende diciendo que va a avisar a su primo, un primo que bebía zumo (‘pero mucho, mucho…’). A continuación se suceden los eslóganes típicos de este tipo de campañas publicitarias ‘…bebe fruta, bebe energía, puro zumo de frutas con toda la energía del sol…’, acompañadas de imágenes de frutas (naranjas y piñas). Después de que esas palabras se hayan instalado en nuestra cabeza, aparece el primo adolescente marcando músculo y con un tetabrick en la mano de la mencionada marca, lo que provoca que el niño abusador se achante y se vaya.

En esos 30 segundos de anuncio nos cuelan la idea de que tomar zumo es muy saludable y que conseguir que pasemos de ser un niño delgaducho y bajito a un adolescente cachas y guapetón que mide dos metros es cuestión de meterte unos cuantos zumos entre pecho y espalda. No quiero que piensen que esta campaña de marketing fue una iniciativa individual de esta marca, ya que mensajes publicitarios similares fueron lanzados a la sociedad desde otras marcas tanto, nacionales como internacionales.

Ahora, treinta y cinco años después, me aventuro a decir que esta campaña de marketing resultaría imposible que viera la luz. Sin embargo, los efectos de la campaña original, la de 1986, perduran hasta nuestros días. Los padres y las madres de aquella época, que a buen seguro son ahora abuelos y abuelas, siguen pensando que beber zumo (‘pero mucho, mucho…’) es saludable, como si fuera lo mismo que zamparse una naranja a bocados. De hecho, muchos de los que ahora son padres, y que eran niños en aquella época, piensan exactamente lo mismo.

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Vacuna del papiloma en niños

chico movil

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En el año 2008 se incorporó al calendario sistemático en España la vacunación en niñas frente al virus del papiloma humano (VPH). Este virus constituye la enfermedad de transmisión sexual más frecuente, estimándose en diferentes estudios que puede llegar a afectar hasta un 80% de mujeres a lo largo de su vida. Por fortuna, es una infección que en la mayoría de los casos es transitoria sin que de lugar a ningún tipo de síntomas. Sin embargo, hasta en un 10% de esas mujeres la infección se hacer persistente, lo que constituye un factor de riesgo para la aparición de neoplasias, sobre todo a nivel de cuello de utero. De hecho, en el 100% de estos cánceres (el segundo tipo de cáncer más frecuente en mujeres después del de mama) está implicada esta infección, lo que traducido en datos supone cerca de 700 muertes al año en España por esta causa. Pero, además, el VPH está implicado en la aparición de verrugas genitales, tanto en mujeres como en varones.

En este contexto, la vacuna contra el VPH nació con un claro objetivo: disminuir la incidencia de este tipo de cáncer en mujeres. A esta estrategia se sumaría un cribado de detección precoz del VPH, lo que junto a la vacunación universal de las mujeres podría evitar para el año 2050 cinco millones de muertes al año a nivel mundial y la disminución de la incidencia de esta patología en un 47%, según datos de la Organización Mundial de la Salud. A día de hoy, más de 100 países en todo el mundo están ya vacunando a las niñas contra este virus.

Hay que reconocer que esta estrategia de vacunación universal a niñas es un gran avance, pero si tenemos en cuenta que el trasmisor habitual de la infección a la mujer es el varón, cuanto menos parece que falta algo: la vacunación de los niños. En este sentido, multitud de asociaciones, como la Asociación Española de Pediatría, la Asociación Española de Vacunología y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, por nombrar solo algunas a nivel nacional, se han posicionado sobre la importancia de vacunar también a los niños como parte de esa estrategia para disminuir la infección por VPH en mujeres.

Pero además, no hay que desdeñar que los varones también pueden sufrir los efectos del VPH, ya que ellos también son susceptibles a la aparición de verrugas y de otros cánceres, como todos aquellos de cabeza y cuello y de ano, en los que este virus juega un papel fundamental.

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Los niños no cogen frío

Una de las grandes cosas que se ha conseguido en este año y pico que llevamos de pandemia COVID es que la gente entienda que para contagiarse hace falta otra persona que transmita el virus. De hecho, todos sabemos que si entras en contacto estrecho con una persona positiva debes guardar cuarentena durante unos cuantos días por si te has podido contagiar. La verdad es que el esfuerzo divulgativo que se ha hecho a este respecto desde perfiles sanitarios y medios de comunicación ha sido muy grande y, en mi opinión, el mensaje de que este puñetero virus se transmite de persona a persona ha calado muy bien en la sociedad. Es cierto que podríamos discutir y abrir un debate sobre si este virus se transmite más por aerosoles, por gotículas, por fómites o sobre si la mascarilla es realmente necesaria en espacios abiertos en los que podemos mantener la distancia social de seguridad, pero en ese supuesto debate hay una cosa tan clara como el agua de una fuente: si no hay de por medio una persona que tiene el virus y que se lo transmite a otra persona, el contagio no es posible. Es decir, es necesario que el virus pase de una persona a otra.

Perdonad que me haya extendido un poco en la introducción de este post, pero creo que era necesario poner las cosas en contexto, porque hay una cosa que no acabo de comprender: ¿por qué la gente entiende perfectamente que la COVID, que es una enfermedad provocada por un virus, se transmite entre personas, pero sigue pensado que sus hijos han debido coger frío cuando se acatarran, cuando los catarros son también enfermedades infecciosas provocadas por virus?

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¿Desde cuándo pueden los niños usar almohada?

Almohada

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Una de las recomendaciones que más se repite cuando se da alta a un recién nacido del hospital es que debe dormir boca arriba y alejado de objetos que estén sueltos cerca de él, como por ejemplo una almohada, un peluche o unos cojines. Esta recomendación no es un capricho de los pediatras, si no que responde a las recomendaciones internacionales para prevenir la muerte súbita del lactante. Cuando los padres y las madres reciben esta información, la aceptan -y comprenden- de buen grado, pero llega un momento en el que, a medida que sus hijos crecen, se plantean cuándo les podrán ofrecer una almohada para que sus pequeñas cabecitas duerman sobre ella, al igual que hacen ellos. No en vano, la gran mayoría de los adultos la usamos para el descanso nocturno. La gran pregunta sería entonces cuándo pasan los niños de dormir sin almohada a dormir con ella.

En este post encontraréis recomendaciones sobre cuándo pueden los niños empezar a usar almohada y cuáles son los materiales ideales para ello.

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