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¿Desde cuándo pueden beber agua los bebés?

Ahora que llega el buen tiempo y empieza a hacer calor, muchas madres se preguntan si sus hijos pequeños pueden beber agua para calmar la sed que creen que tienen, en un intento de resfrescarles un poco el espíritu. Porque quizá en Gijón, con la brisa del mar y alguna que otra tormenta, no haga falta, pero en Sevilla, a 43º a la sombra, ¿quién no le daría un buen lingotazo a la fuente del parque para apaciguar el calor del verano? Seguro que todos.

Antes de meternos en faena vamos a dejar claros un par de conceptos. A lo largo de este post nos referiremos como “bebés” a aquellos niños que todavía toman lactancia (ya sea materna o artificial) como la parte fundamental de su alimentación, que como bien sabréis son los menores de un año. Por tanto, el título de esta entrada se podría cambiar por “¿cuándo pueden beber agua los niños menores de un año?”… De esa edad en adelante haremos mención al final de este artículo. Vamos a ello!!

Las necesidades de líquidos de un bebé

Una de las cosas que te grabas a fuego cuando estudias pediatría es la cantidad de mililitros (mL) que necesita un niño según su peso para cubrir sus necesidades hídricas diarias. Es lo que se conoce como regla de Hollyday y nos sirve a los pediatras, por ejemplo, para calcular el suero que tenemos que poner a un niño al que van a operar de una apendicitis para que no se deshidrate, pero también para calcular qué cantidad de leche debería tomar un bebé para mantenerse bien hidratado y crecer de forma adecuada.

Otra cosa que seguro que sabéis es que hasta los 6 meses de vida, los bebés sanos son capaces de alimentarse solo de leche, ya sea materna o artificial. De ahí que la recomendación tanto de la OMS como de la Asociación Española de Pediatría sea la de esperar hasta esa edad para iniciar la alimentación complementaria, es decir, los alimentos diferentes a la leche.

Os parecerá una tontería, pero ¿cómo puede entonces mantenerse un niño tan pequeño bien hidratado si sólo toma leche? Pues aquí es donde la naturaleza hace su magia, porque ¿sabéis qué? Cerca del 90% de la composición de la leche materna (y también de la artificial) es agua, lo que garantiza que el bebé toma líquidos suficientes siempre y cuando se respete la lactancia a demanda.

Pero si la leche es agua casi en su totalidad, ¿puedo darle entonces agua a mi bebé?

Seguro que a más de uno le habrá saltado esta pregunta a la cabeza y tiene toda su lógica, sobre todo a los que alimentáis a vuestros hijos con leche artificial: si para preparar un biberón pongo unos polvos en un recipiente con agua, ¿que tiene de malo que le de un poco de agua sin más? Parece lógico, ¿verdad? Incluso, “¿qué más dará un lingotazo de agua en vez de la teta de mi mamá? Así la dejo descansar un rato…”.

El problema surge porque los bebés más pequeños notan hambre cuando se les vacía el estómago, a diferencia de los adultos que nos damos cuenta de que queremos comer de forma diferente. Si a un bebé que pide le damos unos buchitos SOLO de agua, su cuerpo pensará que está comiendo y es probable que luego no reclame una toma cuando realmente le toca, ya sea de teta o de biberón.

Por eso los pediatras repetimos como un mantra “la lactancia debe ser a demanda”, lo que garantiza que el niño toma los nutrientes que necesita, pero también los líquidos que le hacen falta. En verano, cuando hace calor y el niño tiene más sed, esta será más frecuente, así como cuando tiene una gastroenteritis ya que las necesidades de líquidos son mayores. Por eso es muy habitual que durante la época estival los bebés reclamen más tomas de lo que hacían habitualmente. Además, recordad que la primera parte de una toma de lactancia materna tiene sobre todo agua, por eso esas tomas “extra” que hacen en verano os puedan parecer solo un chupito comparadas con las que hace cuando os vacían el pecho entero.

¿Y que pasa a partir de los 6 meses?

Entre los 6 y los 12 meses de vida, los niños realizan una transición entre la lactancia exclusiva a comer “de todo”, es decir, como un adulto. En ese proceso la leche va perdiendo protagonismo hasta que, al rededor del año de vida, no representa más del 30% de la ingesta calórica diaria (no os volváis locos que no hace falta que calculéis nada). A este periodo de la vida se le conoce como alimentación complementaria.

Como os podéis imaginar, si la leche, que era la fuente única y principal de líquidos para un niño menor de seis meses empieza a perder protagonismo, algo habrá que hacer para que el niño no se deshidrate. Pero no os preocupéis que está todo pensando.

Los alimentos que acompañan a la leche como parte de la alimentación complementaria también contienen agua. Por ejemplo, las frutas son casi todo agua: las fresas un 91%, la manzana un 84%, la naranja un 88%… Y en cuanto a las verduras: las judías verdes un 90%, el calabacín un 95%, la zanahoria un 88%… Además, ¿quién hace un puré de verduras en seco? Todo esto pone de manifiesto que aunque un niño no tome leche para comer o para merendar, parte de la ingesta hídrica que necesita la compensa con los propios alimentos que ha comido.

De todas formas, sobre todo en los niños que toman lactancia artificial o en aquellos que toman materna y su mamá no está presente, no está de más que a partir de los seis meses se les ofrezca (ojo, ofrecer no es forzar a beber) un poco de agua en las comidas, como parte de los líquidos que deben tomar a diario.

¿Y qué es mejor: con vasito o biberón?

Habréis visto en las tiendas para bebés multitud de cacharros para enseñar a los niños a beber: que si vasitos con boquilla, que si vasitos 360º, que si tazas con asas ergonómicas, que si biberones de agua…

La verdad es que da un poco igual lo que utilicéis cuando llegue el momento de ofrecer agua a vuestro hijo. Sin embargo, tenéis que pensar que no es lo mismo tomar teta o un biberón, que tomar un vaso de agua. Así que cuanto antes empecéis el entrenamiento de “tragar” agua como un niño mayor, pues mejor que mejor.

Tampoco pasa nada por hacerlo poco a poco, pero si que es importante que tengáis en la cabeza que los niños se hacen mayores y cuanto antes les quitemos los vicios de bebé, pues mejor que mejor, que luego queremos hijos autónomos a los que no les hemos dado esa oportunidad.

Y si os estáis preguntando que si hay que hervir el agua o debe ser mineral… supongo que ya sabéis que no es necesario. Basta con que ofrezcáis a vuestros hijos la misma que tomáis vosotros: si es del grifo porque vivís en Madrid y dicen que el agua es maravillosa, pues fenomenal; si vivís en zona de costa y no os gusta el sabor y tomáis embotellada, pues tampoco pasa nada… Normalización y sentido común.

¿Y a partir del año de vida?

Como decíamos, a partir del año de vida los niños están sobradamente preparados para comer como un adulto, y en ese sentido el agua es la bebida que no debe faltar en la mesa cuando se sientan a comer o cenar. No pasa nada porque también les deis un poco de leche como parte de esas comidas, pero recordad que esta “bebida”, además de agua, contiene hidratos de carbono, proteínas y grasas que podrían sobrealimentar a vuestro hijo si es que solo tenía sed. Al fin y al cabo, la leche es una fuente no desdeñable de calorías que se debe dar (si es que esta es vuestra decisión) como parte de un alimentación sana y equilibrada.

El problema que tienen los niños pequeños de uno o dos años es que tienen pocos recursos para pedir lo que necesitan, y podría ocurrir que tengan sed y no tengan acceso al agua. Por eso es muy importante que se la ofrezcáis de vez en cuando (otra vez, ofrecer no es forzar), para que beban si es lo que les apetece (por ejemplo, podéis llevar una cantimplora con un vasito en el carro cuando salgáis de paseo para que no os pille desprevenidos). A media que se vayan haciendo mayores estarán más capacitados para transmitiros lo que quieren, de hecho, la palabra “agua” es de las primeras que aparecen en el vocabulario infantil.


En resumen:

  • Hasta los seis meses de vida no se recomienda que los bebés tomen agua ya que con la leche materna o la artificial se cubren las necesidades diarias de líquidos que un niño necesita.
  • Entre los seis y los doce meses, cuando se comienza con la alimentación complementaría, los bebés pueden empezar a beber agua con las comidas en pequeñas cantidades, manteniendo la leche como el aporte hídrico principal.
  • Una vez cumplidos los doce meses la cosa se invierte y es el agua el principal líquido que un niño debería beber.

NOTA: como habéis podido leer, no hemos mencionado ningún otro liquido que no sea agua o leche, ya que no se recomienda que los niños pequeños (y seguramente tampoco los adultos) tomen bebidas para hidratarse diferentes a estas. Otra cosa es que de forma puntual, nos tomemos un refresco que de vez en cuando sienta de maravilla.

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Los inicios de la lactancia materna (video)

El domingo 26 de abril de 2020 realizamos un directo en Instagram con la Dra. Miryam Triana (pediatra, IBCLC y creadora del blog A Demanda) para hablar de los inicios de la lactancia materna. Este vido lo grabamos porque nos habíamos dado cuenta que durante la pandemia de coronavirus, muchas madres no habían tenido el apoyo necesario para establecer una adecuada lactancia. Esperamos que con él os podamos ayudar un poquito.

¿Qué hago con el pecho si me incorporo al trabajo antes de los 6 meses?

La alimentación complementaria es el periodo de la vida en el que la leche ya no es suficiente para cubrir las necesidades del bebé y se hace necesaria la introducción de nuevos alimentos. Las recomendaciones actuales de la Organización Mundial de la Salud y de todas las asociaciones de pediatría señalan que hasta los 6 meses los niños pueden ser alimentados de forma exclusiva con leche, ya sea materna o artificial; pasada esa edad y de forma progresiva, el resto de alimentos cubrirá las necesidades nutricionales que la leche ya no es capaz de alcanzar. Esta transición acaba alrededor del año de vida en el que los niños pueden (y deben) comer de forma similar a los adultos (con contadas limitaciones).

En el caso de las madres que dan lactancia materna y sus bebés cumplen 6 meses, esta teoría no debería ser muy difícil de aplicar: barra libre de teta y que vayan comiendo de lo demás. De hecho, no debería ser muy diferente a los niños que reciben lactancia artificial si tenemos en cuenta que los biberones también se deben dar a demanda. En el caso de una madre que quiere seguir dando el pecho y se incorpora a trabajar pasados los 6 meses de vida de su bebé, la solución pasaría porque el niño comiera “otras cosas” mientras su madre no está en casa y aproveche cuando vuelva del trabajo para realizar las tomas de lactancia materna.

Todo esto es muy bonito y ojalá todas pudiéramos optar a bajas largas para cuidar a nuestros hijos para hacer de estas recomendaciones un camino de rosas. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Actualmente en España la baja maternal es de 14 semanas y, en algunos casos, se pueden sumar permisos de lactancia (cerca de otro mes) y vacaciones. Con suerte, algunas de vosotras conseguirá acercarse a los 6 meses de vida de vuestro bebé para comenzar entonces con la alimentación complementaria tal y como está recomendado y mantener el pecho si es que esa es vuestra opción.

Sin embargo, el verdadero reto es qué hacer cuando la madre se incorpora al trabajo entre los 4 y los 6 meses de vida de su hijo. Supuestamente no haría falta darle nada más que leche, pero eso, en muchos casos, obligaría a la introducción de una lactancia mixta en la que la madre daría el pecho mientras está con su bebé, entretanto éste toma biberones de fórmula en su ausencia.

Algunas os preguntaréis: ¿sólo hay esa opción? ¿Con lo que me ha costado llegar hasta aquí, ahora me toca darle fórmula? La respuesta es contundente: no siempre es necesario recurrir a una lactancia mixta si la madre se incorpora al trabajo entre los 4 y 6 meses de vida de su bebé.

Veamos que más opciones hay.

La más “sencilla” es la utilización de sacaleches (con muchas comillas). Seguramente es la “más recomendable” (otra vez con muchas comillas) ya que es la que alarga la lactancia materna hasta los 6 meses del bebé (o ya puestos, hasta el infinito) de tal forma que podríamos llegar a esa edad habiendo recibido sólo leche materna. Para ello, la madre debe sacarse leche en el trabajo y guardarla para al día siguiente, mientras su bebé toma biberones con la leche que su madre hubiera dejado el día anterior. Al volver del trabajo, la madre tendría que seguir ofreciendo el pecho a demanda a su hijo, incluyendo la noche.

Las comillas están puestas porque a veces no es fácil sacarse leche en el trabajo para cubrir la necesidades del bebé o simplemente algunas madres no se apañan con él o no están dispuestas a utilizarlo. Seguro que estáis pensando que hacer un pequeño banco de leche desde el nacimiento del retoño para cuando llegue este momento es lo más conveniente y, aunque puede ser útil, es harto complicado cuando el crío pide a demanda y sacarse leche durante esos meses puede hacer que el bebé coma menos de lo que necesite o sobreestimuléis vuestra producción de leche.

La otra opción que podéis valorar es adelantar el inicio de la alimentación complementaria. Como lo habéis oído. Es cierto que se puede esperar a los 6 meses, pero, como indica el documento sobre alimentación complementaria de la Sociedad Europea de Digestivo y Nutrición Infantil, los niños están preparados desde los 4 meses para aceptar una gran variedad de alimentos distintos a la leche. De esta forma, se abre una ventana de oportunidad para mantener el pecho sin que sea necesario recurrir a la fórmula artificial ni al sacaleches para cubrir el tiempoque la madre no esté con su hijo.

Cómo poner en práctica esta última opción es muy sencillo. Basta con empezar a introducir alimentos distintos a la leche unas semanas antes de que la madre se incorpore al trabajo, siempre y cuando el bebé ya tenga 4 meses, para así poder ofrecerle un puré de verduras o una papilla de frutas en las tomas que la madre no esté. Si optáis por el Baby Led Weaning, sería lo mismo pero con los alimentos enteros en vez de pasados por la minipimer, aunque con esta edad es difícil que estén preparados para ello (ya que no suelen estar sentados, haber perdido el reflejo de extrusión…). Con esta opción, los niños recibirán la leche que necesitan cuando su madre vuelve del trabajo, la cual seguiría ofreciendo el pecho a demanda a su bebé al llegar a su domicilio y durante la noche.

Esta opción que acabáis de leer, la de adelantar la alimentación complementaria, es muy útil para las madres que no pueden utilizar sacaleches en su trabajo o simplemente no quieren hacerlo y han decidido mantener el pecho pero no quieren dar leche de formula a sus hijos.


Como veis, no hay una única opción para sustituir al pecho una vez que os incorporéis al trabajo si vuestro crío no ha cumplido 6 meses. En resumen, podríais optar por alguna de  estas formas o incluso combinarlas:

  • Mantener la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses utilizando sacaleches.
  • Optar por una lactancia mixta hasta llegar a los 6 meses.
  • Adelantar la alimentación complementaria, siempre y cuando el bebé ya tenga 4 meses, para cubrir las tomas en las que mamá no esté en casa.

En esta vida cada persona tiene unas necesidades diferentes. Lo que para una madre es la única y mejor opción, para otra puede ser un imposible. De hecho, igual de respetable es la madre que deja el pecho al iniciar el trabajo que aquellas que nunca lo dieron o que lo han decidido mantener hasta que sus bebés decidan dejarlo por ellos mismos

Bibliografía:

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Consejos sobre Lactancia Materna: el destete

Muchas son las dudas que surgen tanto al principio de la lactancia, durante, como al final de la misma. Entre ellas, muchas madres acuden a la consulta preguntando qué deben hacer con las tomas de pecho cuando se incorporan al trabajo y pasarán más horas fuera de casa, o simplemente, quieren dejar de dar el pecho a sus bebés porque consideran que ha llegado el momento.

Con el fin de arrojar algo de luz a esta etapa de la vida del niño, hemos escrito este post en el que os daremos a conocer en qué consiste el destete, cómo debe realizarse teniendo en cuenta las características del niño y cuáles son las mayores dificultades que os vais a encontrar durante el proceso.

¿Qué significa “el destete”? ¿Cuándo ha llegado el momento?

Al proceso de retirar o dejar la alimentación con lactancia materna, sea cual sea la edad del niño, se conoce como “destete”.

Como sabéis, la lactancia materna es la opción recomendada por la OMS como método único y exclusivo de alimentación desde el nacimiento y hasta los 6 meses de vida, y a partir de este momento junto con la alimentación complementaria hasta los 2 años o más, siempre que la madre y el niño quieran.

Sin embargo, la realidad es que las tasas de lactancia materna exclusiva a nivel mundial (datos publicados en 2016 por UNICEF), indican que, globalmente, sólo un 43% (2 de cada 5) de niños continúan recibiendo lactancia materna exclusiva a los 6 meses de vida. Estos porcentajes son incluso más bajos en los países europeos y norteamericanos en comparación con los países del Hemisferio Sur. Probablemente esto se relacione con los estilos de vida de las mujeres en los países de nuestro entorno, donde la mayoría de las mujeres se incorporan a la vida laboral cuando finalizan sus permisos de maternidad, lo que seguramente comprometa la duración de la lactancia materna.

En España, la legislación vigente (Real decreto-ley 6/2019, de 1 de marzo) ofrece la prestación denominada de “nacimiento y cuidado de menor” que otorga 16 semanas de permiso remunerado para la madre biológica y otras 8 semanas para el progenitor diferente de la madre biológica. Periodo al que se suele sumar “el permiso de lactancia” de forma acumulada. Si hacemos cuentas, una madre trabajadora española que ofrece a su bebé lactancia materna exclusiva debe incorporarse al trabajo entre los 4-5 meses de vida del niño; con suerte, algunas conseguirán permisos remunerados hasta los 6 meses “juntando las vacaciones”.

Ante todo decir que el momento de la finalización de la lactancia materna debe ser una decisión personal, sea a los 6 meses, antes o después. A veces, simplemente se tiene la falsa creencia de que combinar lactancia materna y trabajo hace necesario empezar con los biberones. Realmente esto no es así ya que trabajar y seguir dando el pecho a vuestros hijos es posible, pero en estos casos hablaríamos de diferentes alternativas como son la lactancia diferida, la lactancia mixta o dejar las tomas de leche para cuando la madre está en casa. Todas estas son opciones que por sí solas darían lugar a otro post diferente, así que volvamos al destete. Llegados a este punto, cuando de forma informada la madre ha decidido dejar de dar el pecho a su hijo, empieza nuestra labor: aconsejar, de acuerdo a las circunstancias individuales de cada una, cómo podéis realizar el destete, independientemente de la edad del niño.

¿Cómo realizar el destete?

No tiene nada que ver destetar a un bebé de 4 meses, que a uno de 10 o bien a un niño de 2 o 3 años, así que, empecemos por el principio.

En un lactante pequeño, aquel menor de 6 meses, la transición al biberón no suele ser complicada. La teoría dice que cada 2-3 días se sustituya una toma de pecho por una de fórmula. De esta manera, en 2 o 3 semanas habréis realizado el destete completo. Durante este periodo, el pecho irá produciendo cada vez menos leche debido al descenso de la demanda. Así escrito suena ideal, pero la realidad es otra cuando el bebé se niega a tomar el biberón o no sabe chupar la tetina. En general será cuestión de tiempo que se acostumbren y ofrecerlo de forma reiterada nos llevará al éxito. Algunos trucos útiles pueden ser buscar tetinas más flexibles o incluso ofrecer la leche con cuchara o vasito.

A partir de 6 meses coincidiendo con la introducción de la alimentación complementaria será más fácil. Lo habitual es sustituir las tomas de leche materna por otros alimentos, asegurando el aporte lácteo en 2-3 tomas con fórmulas de continuación que pueden tomar en biberón o vasito. Recordad además que a partir de los 9 meses ya pueden incorporar en su dieta el yogur y queso fresco, excelentes fuentes de calcio para los niños.

Cuando abordéis el destete, es muy posible que el niño pida pecho, sobre todo durante los primeros días. Para que no sea una tortura, es adecuado ofrecerle si pide e ir dismuyendo las tomas de pecho de forma paulatina. Llegados a este punto, puede que el número de despertares nocturnos tras la retirada del pecho aumente, ya que es normal que los niños, sobre todo hasta los 2 años, mantengan despertares, ya que estos dependen de la madurez del sueño y no de la cantidad de comida que toman antes de dormir o durante la noche. La succión con chupete puede ser un buen sustituto del pecho para calmar al bebé en estos casos.

Pasado el año de vida la cosa cambia mucho ya que el pecho, además de ser un alimento, funciona como elemento de calma, refugio y protección, por lo que es habitual que lo pidan en situaciones muy diversas. En edades más tempranas, esto también ocurre, pero la retirada del pecho suele ser mejor tolerada y con menos trabas por parte del niño.

En los casos en los que la cosa se complica porque el niño solicita el pecho al margen de la alimentación, la frase “no ofrecer, pero no negar” se debe convertir en un mantra, aunque sabemos que muchas veces es difícil de cumplir. En estos casos, ofrecer alternativas, distracciones e incluso negociar en aquellos que son mayores (por ejemplo “solo en casa” o “solo antes de dormir” a cambio de “salidas divertidas al parque” o “el cuento que más te gusta”) son una buena opción. Ante todo, debéis respetar las necesidades del niño, buscar el mejor momento y armarnos de paciencia porque no es una cosa que se consiga en 3 días.

Independientemente de la duración de tu lactancia, puedes estar contenta y orgullosa una vez que has tomado la decisión, así que enhorabuena por llegar hasta aquí.

Algunos consejos útiles para el destete

A lo largo del post os hemos dado algunas pinceladas y consejos para sobrellevar mejor esta etapa en niños pequeños como son el uso de chupetes, vasitos o incluso ofrecer la leche con cuchara, al que se unirán sin duda muchos mimos y abrazos. En general, con el paso de los días, la situación se regulará y sabréis atender las necesidades de vuestro hijo sin recurrir al pecho.

Para los niños mayores, en los que ya hemos dicho que el proceso es más largo y difícil, puede ser útil recurrir a cuentos ilustrados y dirigidos a niños en los que se narran historias en las que hay tetas que se cansan de lactar (“La teta cansada” de Montse Reverte, link), una fiesta para despedirse de la teta (“La fiesteta” de Miriam Tirado, link) o la “Tetita” de Diana Oliver (link) que habla del destete dirigido cuando ha llegado un nuevo bebé.

En cualquier caso, muchos brazos, amor, presencia, comprensión y, sobre todo, paciencia.

Bibliografia que te puede resultar interesante

Lactancia Materna en cifras: Tasas de inicio y duración de la lactancia en España y en otros países Comité de Lactancia Materna · Asociación Española de Pediatría, 2017 (Link).

Lactancia materna en niños mayores o “prolongada”. Comité de Lactancia Materna. Asociación Española de Pediatría. 2015. (Link).

El colecho, ¿es seguro para mi bebé?: entrevista en Madresfera

El colecho es una opción que cada vez eligen más p/madres para dormir por la noche junto a sus hijos. En este blog ya hemos hablado de ello desde el punto de vista de la seguridad al practicarlo y su relación con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Además, hemos vuelto a participar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar del tema y solucionar dudas. Solo pudo estar presente Gonzalo debido a la reciente maternidad de Elena, que se quedó en la cama apurando las horas de una estupenda noche de lactancia materna.

Podéis escucharlo dándole al play en el reproductor.

Ir a descargar.

O si prefieres escucharlo con video, aquí lo tienes en YouTube.

Disfrutad!!

Consejos sobre Lactancia Materna: el calostro

Tras es el nacimiento de un hijo, las madres que han decidido dar el pecho experimentan unos cambios hormonales que permiten que se establezca la lactancia materna. Para ello, debe desaparecer la progesterona de la sangre (hormona que producía la placenta durante el embarazo), permitiendo entonces que la prolactina (la hormona de la lactancia) de la orden a la glándula mamaria para que produzca leche.

Ese momento se conoce como subida de la leche (o bajada, según el lugar del mundo donde nos leáis) y ocurre de media entre las 48-72 horas tras un parto vaginal. En caso de una cesárea puede ocurrir un poco más tarde.

Durante esos 2-3 primeros días en los que la producción de leche se pone en marcha, el bebé se alimenta de calostro, una sustancia que por sus características especiales merece que le dediquemos un post entero dentro de nuestra sección Consejos sobre Lactancia Materna.

¿Qué es el calostro?

El calostro es la primera “leche” que produce el pecho hasta que acontece la subida. Es una sustancia espesa y amarillenta. Durante estos primeros días, en espera de que la madre comience con la producción de leche madura, el bebé se alimentará de esta sustancia.

Características especiales

Esta leche especial se diferencia de la leche madura, no solo en que el calostro se produce en pequeñas cantidades, sino también en su composición.

Posee una gran cantidad de proteínas, vitaminas e inmunoglobulinas respecto a la leche que posteriormente producirá la mamá, a pesar de su pequeño volumen.

Las inmunoglobulinas son un tipo de moléculas que nos defienden contra las infecciones y juegan un papel muy importante en la inmunidad de los recién nacidos dada la poca madurez que presentan durante los primeros meses de vida. Debido a esta característica, el calostro se conoce como “la primera vacuna”.

Otro de los papeles importantes del calostro es el efecto laxante que posee. Gracias a él, el intestino del recién nacido se pone en marcha después de llevar “parado” varios meses dentro del útero materno permitiendo la expulsión de las primeras deposiciones del niño (meconio).

¿Pero será suficiente?

Como ya hemos dicho, la madre produce poca cantidad de calostro. Sin embargo, es el volumen adecuado para amamantar a un recién nacido durante los primeros días de vida.

Recordad que el estómago de un recién nacido es del tamaño de una canica y con el paso de los días se va haciendo más grande. El pequeño volumen del calostro se adapta perfectamente a ese pequeño estómago que tiene vuestro hijo en el momento de nacer.

Para que no se produzca una perdida de peso excesiva hasta que a la madre le suba la leche, es importante que las tomas sean frecuentes, al menos 10-12 al día.

¿Puedo guardar el calostro para más adelante?

Si tienes un hijo sano, lo que debes hacer es amamantarle desde el nacimiento. No tiene sentido guardar calostro para más adelante.

Sin embargo, los recién nacidos que requieren ingreso al nacer por alguna enfermedad no suelen comer durante las primeras horas/días de vida. En este caso podrías extraerte el calostro y guardarlo en una jeringa para más adelante.

Recuerda que el calostro puede conservarse a temperatura ambiente (27-32ºC) unas 12 horas, en nevera 6 días, en congelador pequeño 2 semanas, en cogelador Combi 6 meses y en congelador indutrial (-20ºC) hasta 12 meses.


En resumen, el calostro es la leche que ha diseñado la naturaleza para los primeros días de vida y permite que el recién nacido realice una adaptación a la vida extrauterina de manera adecuada.

El copyright de la imagen de cabecera de este post pertenece a danielpeinado.photo bajo una licencia CC BY 2.0.

Consejos sobre Lactancia Materna: mastitis

La decisión de realizar lactancia materna como método de alimentación para vuestros hijos está llena de beneficios tanto para la madre como para el recién nacido (visita nuestro post sobre el tema en este link).

Sin embargo, los inicios, sobretodo en madres inexpertas, pueden ser complicados si no se recibe el apoyo, seguimiento y ayuda suficientes, produciéndose una alta tasa de abandono tras las primeras semanas. Una vez superado este tiempo en el que se establece la lactancia, podemos encontrar algún que otro bache durante los primeros meses como son las temidas mastitis. En el siguiente post os explicamos qué son, a qué se deben y qué debemos hacer cuando estamos ante una de ellas.

Mastitis aguda

Se define como el dolor en una región del pecho acompañado de enrojecimiento e induración (se palpa un bulto doloroso) y que en la evolución puede acompañarse de fiebre o sensación gripal. La leche puede cambiar de sabor, aunque sigue siendo apta para su consumo, y puede que el recién nacido llegue a rechazar ese pecho. Ocurre generalmente a partir de la 3ª-4ª semana de lactancia y es más frecuente en los primeros 3 meses.

La leche materna es un producto biológico vivo en el que existen bacterias de forma natural conviviendo en equilibrio entre la madre y la boca-intestino del bebé. En aquellas situaciones en las que no se produce una extracción adecuada y un vaciado eficaz puede desarrollarse un  sobrecrecimiento bacteriano que condicione una infección y finalmente una mastitis.

Y aunque pueden aparecer en cualquier madre que de el pecho a su hijo, las causas o factores predisponentes para desarrollar una mastitis son:

  • Grietas o escoriaciones en el pezón por mal enganche.
  • Tomas escasas o limitadas tanto en tiempo o frecuencia.
  • Obstrucción ductal como consecuencia de presión del pecho (ropa ajustada).
  • Sobreestimulación con sacaleches.
  • Estados de estrés o malnutrición materna.
  • Destete rápido.
  • Inadecuada higiene de manos o de utensilios extractores.
  • Episodios previos de mastitis.

El diagnóstico de la mastitis es clínico a través de los datos de la exploración física y la historia clínica, no siendo necesario recoger cultivo de leche materna en la gran mayoría de los casos.

El principal tratamiento de la mastitis consistirá por tanto en extracción frecuente y adecuada de leche del pecho afectado y antiinflamatorios (por ejemplo, ibuprofeno por vía oral), no siendo recomendable por tanto el destete en este momento. Si a pesar de la adecuada extracción y tratamiento antiinflamatorio los síntomas progresan con mayor dolor, enrojecimiento o aparición de fiebre estaría indicado iniciar tratamiento antibiótico, siempre bajo la valoración de ginecólogo, pediatra y/o experto en lactancia materna.

El destete no está recomendado en caso de mastitis ya que puede empeorar la clínica de la madre

Debido a que muchas de las causas de mastitis se deben a un enganche inadecuado del bebé deberá valorarse siempre cómo realiza una toma el binomio madre-hijo (enganche, existencia de frenillo, anatomía de la mama…) y resolver los problemas que puedan estar originando las grietas o el vaciado ineficaz. Es muy importante respetar la demanda de las tomas que a su vez regulará la producción y que permitirá un excelente funcionamiento de la lactancia.

No es lo mismo mastitis que ingurgitación mamaria

Durante los primeros días tras el nacimiento del bebé se produce lo que se conoce como “subida de la leche”. La mama, glándula que produce la leche materna, tiene que activarse para la misión para la que existe: producir leche y alimentar al bebé. Para ello, se produce un aumento muy importante del volumen global de la glándula así como sensación de inflamación de toda ella con calor, endurecimiento o incluso dolor, fenómeno conocido como ingurgitación mamaria. A diferencia de la mastitis, la sensación de inflamación mejora cuando el bebé finaliza la toma y siempre que éste haga un vaciado eficaz. En general mejoran después de 1 o 2 días.

La ingurgitación mamaria se produce en los primeros días de lactancia a diferencia de las mastitis que suelen aparecen a las 3-4 semanas de vida.

Cuando se produce la ingurgitación mamaria puede ocurrir que ésta sea muy molesta y dolorosa o que el pecho esté tan duro que no sea posible que el bebé realice un buen enganche. Esta situación empeora en caso de que la técnica de amamantamiento no resulte adecuada o la demanda del bebé no está satisfecha. En estos casos será útil la extracción manual (el sacaleches no siempre va a poder realizar la extracción si el pecho está muy congestionado) junto con masaje y aplicación de calor local previo a la toma (por ejemplo con la ducha). Es muy importante pedir ayuda a un experto en lactancia materna si con las primeras medidas no se ha conseguido una mejoría del cuadro clínico.

Abscesos mamarios

Muy ocasionalmente las mastitis pueden complicarse con la aparición de un absceso mamario (zona de pus localizada en el interior de la mama). Suelen ser fallos de tratamiento antibiótico y precisará cirugía en la mayoría de las ocasiones para su curación definitiva, pero la lactancia puede ser continuada sin ningún inconveniente.

Temas controvertidos en la mastitis

  • Cultivo de leche materna: últimamente se ha extendido mucho la creencia de que para el diagnóstico de mastitis aguda debemos recoger un cultivo de leche materna. La realidad es que su interpretación es difícil dado que la leche materna contiene bacterias (generalmente las propias de la piel). Por ello, solo se recomienda en los casos de mastitis repetidas, falta de mejoría del cuadro de mastitis a pesar de adecuado tratamiento antibiótico, cuadros graves o en caso de madres alérgicas a antibióticos de uso habitual.
  • Mastitis subaguda: Se trata de un proceso de dolor con y tras la toma sin otros signos de mastitis (no hay fiebre, no enrojecimiento ni induración) que no mejora a pesar de la corrección de la técnica de amamantamiento. Es un término que está bastante extendido aunque poco reconocido en la literatura internacional. No se conoce bien el origen de este dolor y por ello tampoco cuál es el tratamiento más adecuado. Ante pacientes con estos síntomas debemos ser cautos y valorar si la técnica de amamantamiento es adecuada. Los tratamientos más habituales suelen ser tratamiento con antiinflamatorios o incluso con antibióticos.
  • Uso de probióticos: actualmente existen algunos estudios que han arrojado resultados esperanzadores sobre la toma de lactobacilos como es el Lactobacilus fermentum, para la prevención y/o el tratamiento de la mastitis aguda no complicada. Sin embargo, todavía estos estudios son escasos por lo que actualmente no puede recomendarse su uso de forma generalizada a todas la madres que presentan dolor con la toma.

Como habrás podido comprobar la patología de la mama es compleja y no siempre que presentes dolor al amamantar será que estás sufriendo una mastitis. Como ya te hemos comentado a lo largo del post, en caso de problemas con la lactancia lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda a un experto para intentar solucionar el problema.

Si quieres leer más sobre mastitis puedes consultar los siguientes enlaces:

  1. Documente de la Organización Mundial de la Salud sobre las causas de mastitis y su manejo (Año 2000).
  2. Protocolo de manejo de la mastitis de la Academia Americana de Lactancia materna (Año 2014).
  3. Mastitis, puesta al día. Documento en el que colabora el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (año 2016).

El colecho, ¿es seguro para mi bebé?

Hace poco publicamos en uno de nuestros Pediconsejos, una infografía sobre la muerte súbita del lactante (SMSL, os la hemos dejado al final del post). En ella, entre los factores de riesgo para dicho síndrome, figura el colecho. Much@s os habéis sorprendido y nos habéis preguntado que por qué ocurre esto y que si realmente es peligroso practicar colecho con vuestros hijos. Hemos decidido dedicar un post entero a la relación entre el colecho y la muerte súbita para despejar dudas y que podáis decidir si queréis practicarlo con toda la información a vuestra mano.

Pero vamos por partes…

¿Qué es el colecho?

Como su propio nombre indica, el colecho es compartir regularmente la cama con el bebé para dormir. Esta forma de descansar ha sido practicada desde hace muchíiiisimos años por la humanidad, tanto en culturas antiguas como en actuales. Con ello, el bebé pasa los primeros meses de su vida muy cerca de su madre lo que garantiza un buen apego y facilidad para la lactancia materna.

Últimamente está en boca de todos porque cada vez son más las familias de nuestro entorno que deciden practicarlo, ya no solo como una forma de descanso sino como una parte importante del modelo de crianza que han elegido para sus hijos.

Pero como bien sabéis, éste que leéis no es un blog sobre crianza, es un blog sobre pediatría así que no esperéis una defensa a ultranza sobre si el colecho es mejor para vuestro bebé ni una condena sobre lo malo que puede ser en cuanto a la crianza se refiere.  Eso se lo dejamos a los neuropsicólogos infantiles que saben mucho más sobre el tema: por ejemplo podéis buscar información en internet sobre el tema del colecho de Alvaro Bilbao, autor del blog y el libro El cerebro del niño explicado a los padres, o de Albert Soler, creador de las Píldoras de psicología (una en concreto sobre el colecho que es un buen resumen), ambos muy didácticos y con mensajes claros y directos.

Al final, la decisión de cómo criar a un niño debe ser tomada por sus p/madres después de sopesar qué es lo que creen que es mejor para ellos y elegir un modelo de educación. Por lo que respecta a este blog, solo comentaremos las implicaciones que puede tener en la salud de los niños.

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Mamá y su bebé practicando colecho

¿Y qué es el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante?

Aunque se desconoce la causa, la definición más aceptada es aquella “muerte súbita de un niño de menos de un año de edad, que ocurre aparentemente durante el sueño y que permanece sin explicación después de la realización de una minuciosa investigación postmortem, que incluye la práctica de la autopsia, examen del lugar del fallecimiento y revisión de la historia clínica”. Esta definición la podemos encontrar dentro del Libro Blanco de la Muerte Súbita Infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y que podéis consultar en este Link.

Pese a que no se conoce la causa, se han conseguido identificar algunos factores de riesgo para que ocurra así como otros protectores para no padecerlo. Entre todos ellos, tanto la lactancia materna como poner a los niños a dormir boca arriba son de los más conocidos. De hecho, desde que a finales de los años 90 se hicieron campañas para que los niños durmieran boca arriba se ha conseguido disminuir drásticamente la incidencia, actualmente 0,5-1 casos por cada 1.000 recién nacidos vivos. En España esto significa unas 100 muertes al año.

También se sabe que cuando sucede una muerte súbita coinciden al menos 2 factores de riesgo en el 95% de los casos, lo que pone de manifiesto el origen multifactorial de este síndrome. Pero además, no se puede prever qué niños lo padecerán a pesar de que en ellos concurran muchos de los factores de riesgo y pocos de los protectores.

Otra dato importante sobre el SMSL es que la mayoría de esos factores protectores y de riesgo han sido extraídos de estudios de “poca calidad”. Esto se debe a que, afortunadamente, existen pocos casos de SMSL lo que permite sacar de ellos conclusiones limitadas. Pero además, estos estudios son retrospectivos. En este tipo de estudios estadísticos lo que se hace es evaluar qué ha ocurrido después de que haya acontecido el suceso, y así intentar dar una explicación. Como hemos dicho este tipo de estudios no son los mejores para establecer relaciones pero el SMSL es una patología compleja que en muchos casos no permite hacerlo de otra forma.

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Bebé durmiendo boca abajo, uno de los factores de riesgo más importantes para el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante

¿Y qué pasa entonces con el colecho y la muerte súbita?

El documento antes citado así como las recomendaciones de consenso del Comité de Lactancia Materna de AEP cuenta entre los factores de riesgo para la muerte súbita del lactante al colecho. Este Comité recomienda que los lactantes menores de seis meses duerman en “su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres” como forma más segura para dormir, lo que disminuiría el riesgo de muerte súbita en más del 50%. Esto es así porque en algunos estudios del tipo que os hemos contado se encontró esa relación (quizá el más conocido es éste de aquí, que afirma claramente que existe esa relación directa entre el SMSL y el colecho). Otro organismo importante que opina parecido es la Academia Americana de Pediatría. Os podéis imaginar que por tanto algunos pediatras se laven las manos y digan “no hagáis colecho, que es peligroso”, pero las cosas no son tan fáciles como eso.

El problema (y el debate) se plantea cuando otros estudios afirman que el colecho aumenta las tasas de éxito de lactancia materna. También es conocido que la propia lactancia materna supone un factor protector contra el SMSL. Esto ha llevado a plantearse a otras asociaciones como la IHAN (Iniciativa para la Humanización del Nacimiento y la Lactancia, auspiciada por UNICEF) y la Liga de la Leche, que el colecho realizado en el contexto de lactancia materna quizá no aumentaría ese riesgo de muerte súbita e incluso se podría recomendar como medida que potencie la lactancia materna. En este otro artículo de la Asociación Española de Peditría de Atención Primaria podéis leer más sobre el tema.

No resulta difícil de entender que, si por un lado parece bueno pero por otro malo, en este mundo que vivimos tan polarizado en el que cuesta encontrar el punto medio, hayan salido a la palestra defensores extremos del colecho y sus beneficios y también detractores.

En nuestra opinión, son dos caras de la misma moneda. Nosotros preferimos hablar de “colecho seguro”, ya que lo que sí que parece claro es que el colecho realizado bajo ciertas circunstancias concretas no tendría por qué suponer mayor riesgo para sufrir una muerte súbita. Por ejemplo, estas fotos de abajo son las típicas situaciones en las que el colecho debería de evitarse como veréis más adelante.

¿Qué es lo que tengo qué hacer entonces para que sea seguro hacer colecho con mi bebé?

Si consultamos lo que opinan el Comité de Lactancia de la AEP y la IHAN, como grandes defensores en nuestro país de la lactancia materna, a primera vista podrían parecer contradictorias.

Como hemos dicho, el Comité recomienda que los niños duerman en una cama diferente a sus padres, mientras que la IHAN resalta que no existe evidencia para decir que el colecho se relacione con el SMSL.  Lo más interesante es que ambas asociaciones resaltan que el colecho se debe realizar SOLO bajo ciertas circunstancias y siempre que al bebé se le alimente con lactancia materna y no con artificial, debiendo evitar ciertas situaciones concretas. Es decir, no todas las mamás estarán en posición de poder realizar colecho con todas las garantías.

En este sentido el Comité de Lactancia Materna recomienda que NO se realice colecho en estas circunstancias (y citamos textualmente):

  • Lactantes menores de tres meses de edad.
  • Prematuridad y bajo peso al nacimiento.
  • Padres que consuman tabaco, alcohol, drogas o fármacos sedantes.
  • Situaciones de cansancio, especialmente de cansancio extremo, como el postparto inmediato.
  • Colecho sobre superficies blandas, colchones de agua, sofá o sillones
  • Compartir la cama con otros familiares, con otros niños o con múltiples personas.

En cuanto a la IHAN, ellos recomiendan que el colecho NO lo realicen (y también citamos textualmente) “madres en las que la lactancia natural esté contraindicada por algún motivo (por problema materno o neonatal) o para las que, aun pudiendo amamantar, precisan tomar medicación que pudiera alterar la normalidad del sueño natural”. Además recomiendan que se eviten ciertas prácticas en el caso de que “se decida dormir con el bebé porque pueden convertir el colecho en poco seguro” como:

  • Compartir el sueño con el lactante en superficies poco seguras: colchones blandos, sofás o sillones o con edredones o almohadas en la cama.
  • Ofrecer al recién nacido o lactante leche artificial.
  • Tomar medicación para dormir.
  • Fumar o tomar alcohol o drogas ilegales.
  • Compartir la cama con otras personas que no sean los padres biológicos (otros hijos o la pareja de la madre).

Como habéis podido leer no son posiciones tan enfrentadas como mucha gente os hará creer ya que ambas abogan porque el colecho se realice SOLO si existen las garantías suficientes de que sea una práctica segura.

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Colecho seguro (incluso con el rímel…)

Entonces, ¿Cuál debería ser mi decisión?

Lo que sí está claro es que la decisión última de si una familia quiere hacer colecho debe ser tomada por los padres. Tendrán que ser ellos los que decidan si quieren una forma más cercana de crianza o simplemente prefieren tenerlo en la cama cerca para no levantarse por las noches a coger al niño cuando haya que darle de comer o dormir. Ambas dos son igual de válidas como también lo es la decisión de los padres que prefieren no practicarlo.

Los pediatras somos los que tendremos que asesorar e informar sobre si en las circunstancias concretas de cada pareja supone una práctica segura o no, y nunca juzgarles independientemente de la decisión que tomen.

Por ejemplo, un pediatra nunca debería recomendar el colecho a una familia que alimenta a su hijo con lactancia artificial o que fuma. Tampoco a padres con hijos prematuros o con otras enfermedades. O a una madre que toma un antihistamínico (medicamento para la la alergia que puede provocar sueño). El colecho debería realizarse siempre en una cama firme, boca arriba y no en un sofá para dormir una “siestecita”. Como veis estas son circunstancias que por sí mismas son factores de riesgo para el SMSL y por tanto no deberían combinarse con el colecho.


A modo resumen, esperamos que después de todo lo leído, hayáis entendido que de lo que se trata es de realizar colecho con garantías, en el que no confluyan factores de riesgo y existan el máximo de factores protectores para el SMSL. Bajo estas circunstancias estarías practicando un “colecho seguro”.

En este link tenéis un documento de la Liga de Leche a modo de check list para comprobar si cumplirías con los requisitos para hacer un colecho seguro.

Por cierto, todas estas recomendaciones/advertencias están realizadas para niños menores de un año (y si me apuran de seis meses) ya que el SMSL se produce por debajo de esta edad y se supone que por encima del año no hay riesgo de que ocurra.


Os dejamos aquí el Pediconsejo del que os habíamos hablado y en un futuro haremos un post sobre el SMSL explicando bien qué es y cuáles son sus factores de riesgo.

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El copyright de la imagen de cabecera de este post pertenece a Melanie Parejo McWey bajo una licencia CC BY-NC-ND 2.0. El copyright de las imagines del mosaico pertenece (por orden de arriba abajo y de izquierda a derecha): ex.libris (licencia CC BY-NC-ND 2.0), Ross Burton (licencia CC BY-NC-ND 2.0), Sean Donohue (licencia CC BY-NC-ND 2.0) y Matt (licencia CC BY-ND 2.0).

El chupete, ¿amigo o enemigo?

Una de las grandes preocupaciones de los p/madres de niños pequeños es no saber calmar el llanto de su hijo o que la hora de dormir se prolongue hasta el infinito… En estos casos, el chupete es un gran aliado ya que es capaz de disminuir el dolor de un niño que se ha dado un golpe así como ser una magnífica ayuda para que los niños concilien el sueño. Sin embargo, no todo son bondades ya que está demostrado que puede influir en el fracaso del inicio de la lactancia materna así como dar lugar a problemas en la dentición a largo plazo.

Debido a estas discrepancias sobre si su uso es bueno o malo, existe un debate abierto sobre si los beneficios del empleo del chupete supera a los riesgos. Este debate es terreno abonado para que tanto profesionales como p/madres duden si debe emplearse en bebés o no. Con este post intentaremos despejar dudas y explicaros cuáles son las recomendaciones actuales sobre el empleo del chupete.

El chupete en los primeros días de vida, un enemigo a evitar

La Organización Mundial de la Salud recomienda que durante los primeros 6 meses de vida de un niño reciban de manera exclusiva lactancia materna. Entre todos los factores que pueden influir de forma negativa en que una madre no consiga afianzar la lactancia materna y mantenerla se encuentra el uso del chupete.

Existen estudios en los que se ha relacionado el empleo precoz del chupete con un fracaso de la lactancia materna y también con el destete temprano. Tal es así que la Iniciativa para la Humanización y Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (iHAN, asociación que promueve la lactancia materna a nivel mundial auspiciada por UNICEF) incluye en una de sus directrices “no dar a los niños alimentados al pecho biberones, tetinas o chupetes ” en un intento de proteger y potenciar la lactancia materna.

A esto se añade la hipótesis de que el empleo precoz del chupete supone un marcador de dificultades para la lactancia o de una escasa motivación para dar el pecho. Serían madres que, al afrontar la lactancia sin ganas o con miedo por el dolor u otros aspectos, ofrecen el chupete a sus hijos desde el principio para no sentirse obligadas a dar el pecho frecuentemente en el caso que el niño pidiera mucho.

De esta forma no podemos decir que el empleo del chupete sea bueno desde el primer día ya que estaremos haciendo un flaco favor a una madre que desea amamantar a su bebé y necesita de nuestra ayuda y apoyo para conseguirlo.

El síndrome de confusión tetina-pezón

La forma en la que se succiona un pecho no es igual a la que se emplea para succionar un chupete. Por ello, una madre en la que la lactancia materna no esté bien establecida y el bebé esté todavía “aprendiendo” a engancharse, si le ofrecemos un chupete puede dar lugar a lo que se conoce como “Síndrome de confusión tetina-pezón” e influir negativamente en el establecimiento de la lactancia materna.

Por ello, debemos posponer la introducción del chupete hasta que hayamos comprobado que el bebé se engancha de forma adecuada y la madre tiene una producción de leche suficiente. A este respecto, la mayoría de las sociedades científicas recomiendan esperar hasta el mes de vida para empezar a usarlo, como por ejemplo la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Española de Pediatría (AEP).

El chupete en inglés se llama “pacifier” (pacificador)

Pero no todo lo que concierne al chupete son pegas, hay también demostrados aspectos positivo en su utilización.

La succión no nutritiva (cuando succionamos pero no comemos) da lugar a la secreción de endorfinas, moléculas naturales que hacen que un niño se relaje. Esto sucede tanto en niños mayores que se han podido enrabietar por un golpe o antes de dormir y en aquellos que estén ingresados en un hospital (como los niños prematuros). Quizá por este efecto, la traducción de chupete al ingles es “pacificador”.

Este efecto relajante es especialmente útil en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales donde se recomienda su empleo (siempre que no este la madre para ofrecer el pecho a su hijo) ante cualquier procedimiento doloroso (como son las extracción de un análisis de sangre o las pruebas del talón), como se puede leer en los protocolos sobre el dolor de la Sociedad Española de Neonatología.

El chupete como factor protector de la muerte súbita del lactante

No se conoce cuál es el mecanismo por el que el uso del chupete se encuentra entre los factores protectores frente al síndrome de muerte súbita del lactante, pero existe evidencia suficiente como recomendar su empleo tanto en la siesta como en la noche con ese objetivo. Si tenemos en cuenta que puede interferir con el inicio de la lactancia, lo recomendable seria empezar a ofrecerlo a partir del mes de vida, pero nunca forzando al niño a que lo coja.

Entre otros factores que disminuyen el riesgo de muerte súbita del lactante encontramos el dormir al bebé boca arriba y la lactancia materna, como ya expuso en 2013 la AEP en el libro blanco de esta patología.

El chupete modifica la mordida de los dientes, pero de forma reversible si se retira pronto

Otro de los motivos por los que el chupete está tan perseguido es debido a sus efectos negativos sobre la dentadura de los niños pequeños.

El empleo del chupete, debido a la succión continua que el niño genera sobre él, da lugar a lo que se conoce como mordida abierta, donde los dientes superiores se separan dando un aspecto de dientes de conejo. Para que esto ocurra se debería mantener una succión sobre el chupete de al menos 6 horas al día durante varios meses.

Sin embargo, estos cambios en la dentadura infantil son reversibles siempre y cuando se retire el chupete antes de los 3 años de edad debido a la capacidad de moldeamiento y regresión que tienen los dientes de los niños antes de esta edad como nos recuerda la Sociedad Española de Odontología Pediátrica.

En base a esto, esta sociedad recomienda la retirada del chupete antes de los 3 años de edad mientras que la AEP rebaja esa edad al año de vida. No existe por tanto un consenso médico para decir de forma estricta cuándo es el mejor momento para hacerlo, pero seguramente se encuentre en entre el año y los tres años de vida.

La decisión debe ser tomada por los padres

Lo que si está muy claro es que deben ser los p/madres los que tomen la decisión de si desean que su hijo utilice chupete y cuándo retirarlo. Los pediatras debemos dar la información respecto a los pros y los contras, como los que habéis leído en este post, y tras ello, debemos respetar la decisión que tomen los padres más allá de que nos parezca bien o mal.

También hay que tener en cuenta que existen niños que por mucho que les ofrezcamos el chupete nunca lo cogen y lo escupen. En estos casos lo podemos seguir intentando aunque no está asegurado que acaben empleándolo.

Ante todo, seguridad

Si finalmente habéis decidido utilizar el chupete debéis elegir tanto un chupete como un portachupetes que cumplan con un mínimo de normas de seguridad. Lo mejor que podemos hacer es comprarlo allí donde nos aseguren que cumplen las normas de normas mínimas de fabricación y calidad.

Debemos evitar los chupetes que se desmonten en varias partes para así impedir que el niño se atragante con alguna pieza desprendida. Además, la parte externa del chupete, contará con “agujeros de ventilación” para evitar la asfixia en el raro caso de que el niño se lo trague.

Respecto a los portachueptes no debemos utilizar los que sean muy largos o tipo bucle que permita que se enreden alrededor del cuello y el niño se estrangule. En la cama o la cuna es mejor retirar el portachupetes como medida preventiva.


Teniendo en cuenta los aspectos más importantes de lo que os hemos contado, podemos resumir el empleo del chupete en las siguientes recomendaciones, tal y como nos apunta el Comité de Lactancia Materna de la AEP :

  • Debemos evitar el empleo del chupete en los niños amamantados al pecho hasta el mes de vida.
  • En caso de procedimientos dolorosos (analíticas, pruebas del talón…) ofrecer un chupete (siempre y cuando no esté la madre con el niño para ofrecerle el pecho).
  • Se recomienda el uso del chupete en los niños alimentados con lactancia artificial para disminuir el síndrome de muerte súbita del lactante.
  • La retirada del chupete debe realizarse entorno al año de vida.

Queda pendiente otro post sobre cómo retirar el chupete, cosa que, los que ya lo hayáis intentado, puede resultar agotadora.

Alimentación complementaria: desde cuándo y cómo

Como ya hemos dicho en numerosas entradas de este blog, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y de forma complementaria hasta los 2 años o más. Esto es así porque la lactancia materna exclusiva es suficiente para conseguir que un niño crezca y se desarrolle de manera adecuada durante los primeros 6 meses de vida. Pasados estos 6 meses es necesario comenzar con otros alimentos ya que la leche materna no cubre todas las necesidades nutricionales de los niños a partir de esa edad.

En el post de hoy repasaremos todos los conceptos que necesitáis conocer para guiar a vuestros hijos a lo largo de esta etapa de la vida.

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¿Qué es la alimentación complementaria?

En el año 2001 la OMS publicó un documento en el que se recomendaba la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida. El motivo de esta recomendación es que se observó que los lactantes amantados al pecho crecían y se desarrollaban de forma adecuada solamente con leche materna hasta esa edad. Pasados los 6 meses se inicia un periodo llamado de “alimentación complementaria” en el que los niños deben tomar otros alimentos de manera “complementaria” mientras se mantendría la lactancia materna a demanda. Esos alimentos nuevos cubrirían junto con la leche materna el total de las las necesidades nutricionales del niño.

Este periodo de alimentación complementaria, en el que el niño toma lactancia materna a demanda junto con otros alimentos, se prolonga durante los siguientes 18 meses hasta que el niño se incorpora de manera definitiva a las comidas familiares, más o menos a los 2 años de vida del niño.

Pero, ¿y qué pasa con los niños que toman biberón?

De forma estricta, la alimentación complementaria empezaría cuando un niño come o bebe un alimento diferente a la leche materna. En este sentido, los niños que toman lactancia mixta o artificial antes de los 6 meses de vida, ya habrían empezado la alimentación complementaria.

Dejando de lado este aspecto de la definición, el cual fue pensado para proteger y dar más valor a la alimentación con lactancia materna exclusiva, los niños que son alimentados con biberón (ya sea de forma parcial o total) llegados a los 6 meses de vida deben empezar a tomar otros alimentos ya que la leche de fórmula artificial tampoco cubre sus necesidades más allá de esta edad.

En resumen, independientemente de la leche que tome un niño, las recomendaciones de alimentación complementaria para los niños lactados al pecho son igualmente aplicables para los que toman lactancia artificial.

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¿Y por qué a los 6 meses? La madurez del sistema digestivo, renal y neurológico

Para que un niño sea capaz de metabolizar comida distinta a leche requiere que determinados sistemas maduren. Por un lado, el sistema nervioso debe madurar para permitir que un niño trague alimentos diferentes a leche de forma segura, pero además el tubo digestivo y los riñones deben ser capaces de asimilar y metabolizar esa comida.

Esta maduración suele ocurrir entre los 4 y los 6 meses de vida del lactante. En este sentido, los bebés con más de 4 meses estarían “preparados” para empezar a comer otros alimentos diferentes a la leche.

Sin embargo, no existe ningún estudio que haya demostrado beneficios en introducir la alimentación complementaria a los 4 que a los 6 meses desde un punto de vista médico y nutricional. Esto se debe, como ya hemos explicado, a que la lactancia cubriría las necesidades del niño de forma completa hasta los 6 meses.

Debido a todo esto, la recomendación en un niño sano que toma el pecho y crece de manera adecuada es retrasar la alimentación complementaria lo máximo posible para potenciar la lactancia materna y sus beneficios, pero no más allá de los 6 meses de vida. Sin embargo, en los niños con lactancia artificial o mixta, podría iniciarse entre los 4 y los 6 meses, aunque sin ningún beneficio nutricional.

Antes de seguir, un pequeño inciso. El único beneficio demostrado de comenzar la alimentación complementaria entre los 4 y los 6 meses de vida es que disminuye posibles alergias en niños predispuestos (antecedentes en padres o hermanos alérgicos), ya que el contacto precoz con ciertos alimentos produciría tolerancia. Sin embargo, ese es otro tema que daría para un post entero…

¿Qué alimentos puedo dar a partir de los 6 meses?

Antiguamente era habitual que en las consultas de pediatría se pasara una hoja a los padres de los niños, cuando acudían a la revisión de los 6 meses, en las que se les daban unas pautas estrictas de con qué edad introducir este alimento y cuándo este otro.

Estas recomendaciones se hacían por la creencia de que retrasar el contacto con ciertos alimentos eliminaba el riesgo de padecer una alergia. Como ya hemos dicho, tanto el sistema digestivo como renal están preparados a la edad de 6 meses para recibir cualquier alimento y no existe evidencia para recomendar que tal o cual comida se retrase más allá de los 6 meses de vida (salvo excepciones).

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¿Cómo y con qué alimentos empiezo?

Uno de los motivos por los que la alimentación complementaria debe empezarse a los 6 meses es porque la leche no es suficiente para cubrir las necesidades de hierro de los niños a partir de esa edad. De esta forma, si un niño prolongara la lactancia exclusiva más allá de los 6 meses, rápidamente desarrollaría una anemia junto con otros déficits nutricionales.

Teniendo esto en cuenta, parece lógico que la alimentación complementaria se inicie con alimentos con alto contenido en hierro. En nuestro entorno esto se puede conseguir con cereales (los cuales suelen estar enriquecidos con hierro) e introduciendo las legumbres y la carne lo antes posible.

Aunque podamos dar todos los alimentos a partir de los 6 meses (salvo alguna excepción), debemos hacerlo de forma secuencial, es decir, primero uno y luego otro y otro y así sucesivamente. Esto nos permitirá identificar si el niño manifiesta alguna reacción o alergia a algún alimento concreto. Si después de 2-3 días tomando un alimento nuevo el niño lo tolera podemos pasar al siguiente.

En España, por motivos culturales, un niño pequeño suele comer fruta a media mañana, verduras/legumbres (con algo de proteína) al medio día, más fruta en la tarde y una cena con verduras/legumbres. Este es el objetivo hacia el que los padres deberían de conducir a su hijo para “normalizar” su alimentación respecto a los horarios y el tipo de comida que toman los adultos, pero sabiendo que si alteran el orden, tampoco pasa nada.

Si el niño toma todavía el pecho, habrá que mantenerlo a demanda. Por el contrario, si lo que toma es lactancia artificial,se irán sustituyendo tomas de biberón por otros alimentos hasta llegar a medio litro de leche al día. En general, en estos niños se sustituye una toma de biberón por otra comida hasta reducir a dos tomas de leche al día (mañana y noche).

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¿Y qué pasa con el gluten?

Este tema ya lo tratamos en un post anterior, pero en resumen, la recomendación actual es no introducir el gluten antes de los 4 meses pero tampoco después de los 12. Además, durante el primer mes de contacto con el gluten, no deben darse grandes cantidades.

La textura de los alimentos: purés vs. trocitos

Cuando una madre/padre tiene que empezar con la alimentación complementaria suele plantearse una pregunta: “¿y esto cómo lo hago?, ¿todo en puré?, ¿le puedo dar trocitos?”.

No existe evidencia de que sea más sano empezar la alimentación complementaria con purés o con comida en trocitos que el niño pueda coger con las manos. Este último método se conoce como Baby Led Weaning (traducido al español como “alimentación complementaria guiada por el bebé”) y busca que sea el niño el que decida qué comidas toma para complementar al pecho.

Lo que si que está demostrado es que los niños deberían tomar comidas con texturas grumosas desde los 8-10 meses de edad, ya que el retrasar su introducción pasada esta edad puede conllevar a que se desarrolle en un futuro un trastorno alimenticio con aversión a texturas.

También está claro, independientemente de que sean alimentado con purés o con trocitos, que los padres deben reconocer y respetar el hambre de sus hijos así como la saciedad no forzándoles a comer y evitando utilizar la comida como una recompensa o castigo.

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Pero es que a mi hijo no le gustan las verduras ni la fruta…

Ésta es un consulta muy frecuente en las consultas de pediatría: niños que parecen rechazar un alimento cuando se le introduce por primera vez.

El cerebro de los niños pequeños está programado para tener una predisposición hacia los alimentos dulces y salados. Pero además, los alimentos nuevos suelen requerir hasta de 10 intentos para que el niño no los rechace. Es por ello que los padres deben persistir en el intento de introducir un alimento nuevo a sus hijos pese a que éstos muestren descontento. Tampoco está recomendado añadir sal o azúcar a las comidas.

¿Cuántas comidas debe hacer entonces un niño?

De manera progresiva, los niños lactados al pecho suelen aumentar el número de comidas al día. De forma orientativa, hacia los 6-8 meses conviene que a los niños lactados al pecho se les ofrezca otros alimentos diferentes a la leche en unas 2-3 comidas al día y desde los 9 a los 24 meses unas 3-4 al día. Inicialmente serán tomas escasas que complementan al pecho y progresivamente irán ganando en importancia.

Esto no debería variar mucho de los niños que toman biberón, con la diferencia de que estos suelen reducir las tomas de leche mientras que los lactados al pecho lo siguen tomando a demanda.

Hay que tener en mente que el objetivo final es que los niños acaben incorporándose al horario familiar y coman junto con los adultos.

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Alimentos prohibidos

Como ya hemos dicho, no se debe añadir ni sal ni azúcar a la comida de los niños. Se deben evitar al máximo las comidas precocinadas/envasadas/comerciales (mejor un puré de verduras o papilla de frutas casera que una comercial). También se deben evitar bebidas con sabor dulce.

La introducción de la miel se debe posponer hasta los 12 meses de edad por la posibilidad de botulismo infantil. De todas formas, la miel es un alimento con alto contenido en hidratos de carbono que tampoco es muy recomendable desde el punto de vista nutricional.

Debe retrasarse la introducción de la leche de vaca entera hasta los 12 meses de edad como ya se comentó en un post anterior.

Respecto a las verduras de hoja verde (acelgas o espinacas) se recomienda retrasar su introducción hasta los 12 meses. En caso de que sean utilizadas antes del año de vida no deberían suponer más del 20% de la comida ni darse más de una vez al día.


Si habeís llegado hasta el final de este post es porque estáis lo suficientemente interesados en cómo acompañar a vuestro hijo en este periodo de la vida e intentar hacerlo de la mejor y más sana forma posible. Debido a toda la información que habéis leído puede que necesitéis releer el post un par de veces, pero no queríamos acabar sin un pequeño resumen de las recomendaciones más importantes:

  • La leche, ya sea la materna o la de fórmula, es un alimento suficiente para un niño sano que crece y se desarrolla de forma adecuada hasta los 6 meses de vida.
  • Entre los 4 y los 6 meses de vida se podría iniciar la alimentación complementaria, tanto para los niños lactados la pecho como para los que toman biberón. Sin embargo, si tu hijo crece de forma adecuada, puedes esperar hasta que este cerca de los 6 meses de vida para empezar y siempre individualizando a la situación personal de tu bebé.
  • Los niños que toman pecho lo mantendrán a demanda mientras que los que toman biberón pueden reducir las tomas hasta medio litro de leche al día.
  • Se debe introducir pronto alimentos ricos en hierro (como los cereales, las legumbres o las carnes).
  • No existe ninguna razón médica ni nutricional para retrasar ningún alimento más allá de los 6 meses de vida (salvo miel, leche de vaca o verduras de hoja verde).
  • La introducción de nuevos alimentos debe hacerse de forma ordenada con 2-3 días entre ellos.
  • No se debe añadir azúcar ni sal a la comida de los niños.
  • Tampoco existe ningún motivo para recomendar iniciar la alimentación complementaria con purés o con trocitos. Sin embargo, todos los niños deberían haber empezado a tomar texturas grumosas a los 8-10 meses de vida.
  • Es normal que los niños rechacen alimentos y sabores nuevos. Los padres debemos seguir insistiendo para vencer esa aversión inicial.


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  • Desde la página web de El Corte Inglés: LINK.


NOTA: además de con el documento de la OMS mencionado, este post ha sido desarrollado con las recomendaciones de la Sociedad europea de gastroenterología, hepatología y nutrición pediátricas (Link)

NOTA 2: Si te has quedado con ganas de conocer más del Baby Led Weaning puedes leer más en este link del blog “A demanda” de la Dra. Trina o en este otro link del blog personal de la Dra. Gloria Colli.