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Lunares y niños, ¿qué debo vigilar?

Nevus melanocítico

Fuente: DermNet NZ (CC BY-NC-ND 3.0 NZ)

No creo que haya un sola persona sobre la faz de la tierra  que en su piel no tenga algún que otro lunar. Bueno, quizá estamos exagerando un poco, ya que la piel de los recién nacidos no suele estar salpicada de esos puntitos de color marrón, aunque lo habitual es que con el paso del tiempo acabe apareciendo alguno que otro sobre su piel. La gran pregunta que se hacen muchos padres cuando llega ese momento es si esas manchitas serán lunares ‘malos’ o simplemente lunares como los que tenemos todos.

Porque otra cosa es segura, (casi) todos hemos oído hablar del melanoma, el tipo más grave de cáncer de piel, el cual suele aparecer sobre una lesión melanocítica, es decir, sobre una zona de la piel en la que hay un acúmulo de melanocitos, como es el caso de los lunares. Sin embargo, tener un lunar no es equivalente a tener cáncer de piel, así que tampoco nos agobiemos en exceso.

En este post os contamos qué son los lunares y por qué aparecen, además de explicaros qué debéis vigilar en ellos para que así sepáis cuándo consultar al pediatra o al dermatólogo.

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Protección solar en la infancia (vídeo)

El sol tiene muchos efectos beneficiosos para el cuerpo humano, pero en la piel puede dar lugar a fotoenvejecimiento, quemaduras y cancer. Por ello, proteger a nuestros hijos desde que son pequeños es muy importante. Recordad que su piel es más sensible y, además, el 80% de la radiación solar que recibimos durante nuestra vida nos llega en a la piel durante la infancia.

En este directo de Instagram estuvimos hablando con al Dra. Ana Molina (dermatóloga en la Fundación Jimenez Diaz y conocida en IG como @dr.anamolina y su blog es http://www.dranamolina.com) sobre cómo proteger a los niños del sol. Es un directo largo pero merece la pena verlo entero (aunque sea a ratos) porque repasamos todo lo que tenéis que saber sobre este tema. Si tuviéramos que resumirlo en unos pocos tips serían los siguientes:

  • Por debajo de los seis meses los niños no deben recibir luz solar de forma directa.
  • Para exposiciones prolongadas (paseos, playa, montaña, actividades deportivas o todas aquellas que vayan a durar mas de 15-20 minutos) los niños deben ponerse un protector solar.
  • El factor de protección debe ser de al menos 50 SPF.
  • Aunque los filtros físicos son menos irritantes que los químicos, las cremas suelen utilizar ambos productos en su formulación.
  • El formato cream es mejor que el del spray para los niños. – La ropa ayuda a protegernos del sol, sobre todo si son 50 UPF.
  • Y utilizad el sentido común (ver que indice ultravioleta hay cada día, utilizar gorros, ropa de manga larga…).

Esperamos que os guste!!

Cremas de protección solar para niños

Con la llegada del buen tiempo, una de las preocupaciones de los padres que tienen hijos pequeños es qué medidas deben tomar para protegerlos de los efectos dañinos de la radiación solar. Preguntas como qué crema deben elegir, el tipo de filtro, cada cuánto hay que volver a aplicarla o el factor de protección son habituales en las consultas de pediatría de atención primaria.

En este post realizaremos un repaso sobre todo lo que debéis tener en cuenta a la hora de elegir un protector solar para los más pequeños de la casa.

¿Por qué los niños deben protegerse del sol?

Por todos es sabido que la radiación solar, tanto la tipo UVB como UVA, tiene efectos negativos sobre la salud, sobre todo envejecimiento cutáneo prematuro, quemaduras e hiperpigmentación, además de ser uno de los factores más relacionados con el cáncer de piel.

Por este motivo, todas las personas, independientemente de lo oscura que sea su piel, deben protegerse aplicando diferentes mecanismos para disminuir la radiación que reciben a lo largo de los años. Esta recomendación, si cabe, es mucho más importante en los niños debido a que su organismo está en desarrollo y su piel es más sensible a los efectos dañinos que comentábamos.

Para protegernos del sol podemos emplear varios mecanismos, desde evitar salir a la calle en las horas centrales del día o permanecer a la sombra, hasta utilizar ropa de manga larga y gorro (ya hablaremos un día de qué tipo de ropa es la más adecuada porque no toda vale) o emplear un protector solar en forma de crema o loción.

Tipos de filtros solares

Actualmente existen dos tipos de filtros solares. Los que reflejan la radiación y los que la absorben. Ambos mecanismos funcionan de forma similar, impidiendo que la radiación llegue a la piel y, por tanto, no ejerza sus efectos dañinos. En el mercado existen dos tipos de filtros: orgánicos (también llamados filtros químicos) y no orgánicos (llamados filtros físicos).

1. Filtros químicos u orgánicos

Estos filtros son protectores solares que absorben la radiación solar y la transforman en otro tipo de energía que no provoca daño en la piel. Son compuestos químicos diseñados en el laboratorio para absorber un tipo de radiación concreta: UVB o UVA. Existen muchos en el mercado, como por ejemplo los cinamatos, el octinoxante o las benzopenonas. Todos ellos presentan como ventaja que son estéticamente muy tolerables ya que no dejan la típica capa blanca cuando se aplican.

Son filtros solares muy seguros aunque en un porcentaje pequeño (menos del 0,1%) pueden dar lugar a reacciones adversas como fotosensibilidad, alergias locales o dermatitis de contacto.

2. Filtros físicos o no orgánicos

En este caso reflejan la radiación solar, además de servir tanto para la radiación tipo UVB como UVA. Antiguamente eran muy poco estéticos ya que dejaban un capa blanca visible en la piel, pero el desarrollo de nuevos productos ha conseguido que casi no dejen marca después de ser aplicados.

Los compuestos más utilizados como filtros físicos son el oxido de zinc y el dióxido de titanio. Presentan como ventaja frente a los filtros químicos que son más tolerables a nivel cutáneo ya que no provocan irritación local. Por este motivo, son los preferidos en niños pequeños.

3. Los protectores de “amplio espectro”

Debido a que muchos de los compuestos que se utilizan para fabricar un protector solar solo bloquean un tipo de radiación, la gran mayoría de las marcas comerciales fabrican cremas o lociones combinando varios de estos productos con el fin de conseguir una protección efectiva tanto para radiación UVB como UVA.

Antiguamente esta combinación se conocía como “amplio espectro” (O broad spectrum), sin embargo, la nomenclatura actual ha cambiado. Actualmente la legislación internacional exige que figure en el envase el tipo de radiación contra la que protege la crema. En concreto, el SPF hace referencia al factor de protección frente a UVB. Si además en el envase aparecen las siglas UVA con un círculo rodeándolas, significa que ese producto ofrece al menos 1/3 de protección frente a esta radiación respecto al SPF (que es la recomendación actual de la Unión Europea).

Esta sería la nomenclatura actual para designar una crema de “amplio espectro”.

¿Qué factor de protección elijo para mi hijo?

Una vez que hemos elegido el tipo de filtro que vamos a emplear, debemos fijarnos en el factor de protección o SPF. Al fin y al cabo esto revela cómo de concentrado está el tipo de filtro que contiene la crema y refleja la protección que nos aporta. Para que sea fácil de entender, sería la cantidad de veces que la piel esta protegida frente a no llevar crema. Es fácil de entender que cuanto mayor sea el SPF, mayor va a ser la protección ya que evita en mayor medida la llegada de la radiación a la piel.

Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Asociación Española de Pediatría recomiendan que en niños se empleen productos con una protección de al menos 30 SPF. Sin embargo, debido a que la cantidad de crema que suelen emplear los padres es escasa, podrían utilizarse cremas con 50 SPF para contrarrestar la poca crema que se suele aplicar a los niños. Por otro lado, no está demostrado que las cremas con 50+ SPF protejan más que las fabricadas “solo” con 50 SPF.

Otra dato a tener en cuenta a la hora de elegir una crema para un niño es que debe ser “resistente al agua” (o water resistant) ya que garantizan que la protección se mantenga al menos durante los siguientes 40 minutos tras un baño en la piscina o en el mar. Las llamados “waterproof”, protegen el doble de tiempo.

En cuanto a el tipo de producto, es preferible el empleo de cremas o lociones frente a geles o sprays, ya que estos últimos contienen productos irritantes para la piel.

¿Qué cantidad de crema debo aplicar?

Se considera que un adulto está protegido contra el sol si emplea 30 ml de crema repartida por todo el cuerpo. Como os podéis imaginar, el cuerpo de un niño es más pequeño y, por tanto, la cantidad debe ser menor.

Una buena regla para saber si lo estamos haciendo bien es aplicar la cantidad de una “cucharada” pequeña por cada parte del cuerpo como cara, cuello y brazos. Para el pecho, la espalda y piernas emplearemos dos cucharadas para cada lado.

Es también importante recordar que la crema debe aplicarse 15-30 minutos antes de la exposición solar y repetirse cada 2 horas y siempre después del baño.

Por último, recordad siempre echar crema en las orejas y el cuello, que suelen ser los lugares en donde más quemaduras solares se producen en niños. Otro lugar que no debe olvidarse son los labios, pero ojo, para estas localizaciones existen unos productos especiales.

Y como producto cosmético que son las cremas de protección solar, una vez abiertas tienen un periodo de vida útil determinado (PAO, “period after opening”). Así que tendréis que ver qué cremas os sirven de un año para otro. Podéis comprobar cuál es si os fijáis en el numerito que hay dentro del icono con forma de bote de crema que hay en el envase del protector que hayáis comprado.

Ejemplos del PAO. La letra M significa meses.

¿Qué pasa con los niños menores de 6 meses?

Los pediatras solemos repetir como un mantra que los niños por debajo de los 6 meses no deben estar expuestos al sol. Esto se debe a que la barrera cutánea de estos niños es muy inmadura y los efectos del sol en esta edad son todavía más dañinos. Para evitar esta exposición al sol debemos emplear ropa de manga larga y gorro, así como permanecer a la sombra la mayor parte del tiempo.

Además, debido a esta inmadurez, los efectos secundarios de los protectores solares son más frecuentes, motivo por el que no debemos emplear este tipo de productos de forma habitual por debajo de ésta edad.

En el caso de que no pudiéramos evitar cierta exposición solar a un bebé menor de 6 meses, podemos emplear un protector solar con al menos 15 SPF en zonas pequeñas como la cara y las manos, eligiendo en primer lugar filtros no orgánicos por ser menos irritantes.

¿Y qué pasa con la vitamina D y las cremas solares?

La vitamina D es fundamental para el organismo y se sintetiza en la piel gracias a la exposición solar. En este sentido, muchos habréis leído que el empleo de cremas solares puede disminuir su síntesis. Sin embargo, esto solo ha sido demostrado en experimentos en laboratorios pero no existe ningún estudio de calidad en personas que haya confirmado que los protectores solares disminuyan la producción de la piel de vitamina D.

Teniendo esto en cuenta y que, además, los padres pecamos en echar menos crema de la que deberíamos a nuestros hijos, no os volváis locos con si debéis dejar a vuestros hijos al sol 10 minutos cada día antes de aplicarles la crema. Seguro que con la cantidad de sol que reciben a diario es más que suficiente para sintetizar la vitamina D que necesitan cada día..

En resumen…

A la hora de elegir un protector solar de un niño debemos:

  • Elegir filtros de “amplio espectro”, preferiblemente filtros físicos/no orgánicos.
  • Elegir cremas con factor de protección de al menos 30 SPF.
  • Aplicar la crema de 15-30 minutos antes de la exposición solar en cantidad suficiente y repetir la operación cada 2 horas y después del baño.
  • Evitar al máximo la exposición solar en niños menores de 6 meses. Si no fuera posible, aplicar poca cantidad con al menos 15 SPF en zonas expuestas.

Si quieres saber más sobre los efectos del sol puedes consultar esta otra entrada de nuestro blog (link). Y si lo que buscabas es algo sobre los golpes de calor en los niños puedes hacerlo en este otro link.

Y por último, quien mejor te puede ayudar a elegir una crema para un niño es tu farmacéutico del barrio, ya que es quién mejor conoce este tipo de productos.

En este directo de Instagram tenéis un resumen de todo lo que tenéis que sabe sobre protección solar en la infancia.

Protección solar en niños, ¿cómo lo hago?

Con la llegada del buen tiempo, los padres se empiezan a plantear cómo proteger a sus hijos del sol y las quemaduras. No es raro que en la consulta del pediatra nos hagáis preguntas al respecto: ¿esta crema es buena?, ¿qué factor de protección debo poner a mi hijo?, ¿si estoy a la sombra debo ponerle crema?, ¿y mi bebé de 4 meses…?.

A decir verdad, la protección contra el sol se debe realizar a lo largo de todo el año pero, debido a que en verano los niños juegan más tiempo al aire libre y que hay más horas de sol, es en esta época cuando hay que tenerla más en cuenta.

En este post encontrarás los consejos necesarios para proteger de manera eficaz a tus hijos de los efectos dañinos del sol.

Efectos de la radiación solar en la piel

Desde hace tiempo se sabe que gracias a la atmósfera y a la capa de ozono, parte de la radiación que emite el sol no llega a la tierra. Sin embargo, una parte de esa radiación, conocida como ultravioleta, sí que es capaz de atravesarla y provocar efectos dañinos en la piel.

Esta radiación llega a la tierra durante todo el año pero es en el verano y en días despejados cuando más incide en la piel. Además, la arena de playa o la nieve de la montaña devuelven parte de esa radiación lo que hace más probable que esos efectos dañinos aparezcan si realizas actividades en esos lugares.

Las lesiones que es capaz de generar la radiación ultravioleta, tanto en niños como en adultos, son lesiones que se conocen como inmediatas (enrojecimiento de la piel, aumento de la pigmentación y quemaduras), pero también aquellas que aparecen con el paso del tiempo (envejecimiento prematuro de la piel y aumento del riesgo de cáncer de piel). A nivel ocular son capaces de generar cataratas a largo plazo.

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Quemadura solar tras exposición prolongada sin medidas de fotoprotección adecuadas.

¿Y todas las personas son iguales para el sol?

Los efectos de la radiación solar los sufren todas las personas, por ello la protección solar debemos realizarla tanto niños como adultos. Sin embargo, hay una serie de características que dan lugar a que existan personas con mayor riesgo de padecer las lesiones antes mencionadas. Son las siguientes:

  • Aquellos de piel muy clara.
  • Antecedentes familiares de cáncer de piel.
  • Antecedentes de exposición solar prolongada durante los primeros años de vida.
  • Presencia de lunares o pecas por el cuerpo.

Una mención aparte merecen los niños menores de 3 años, ya que son los más sensibles a los efectos dañinos de la luz solar debido a las características especiales de la piel a esta edad. Si además tenemos en cuenta que la mayoría de la exposición solar que recibe una persona ocurre durante la infancia y la adolescencia, parece evidente que la protección solar debe ser una prioridad para prevenir en los niños tanto las quemaduras como el cáncer de piel a lo largo de su vida.

¿En qué consiste la protección solar?

El cuerpo humano dispone de mecanismos para reducir el daño de la exposición a la radiación ultravioleta. Es lo que se conoce como protección solar endógena y depende mucho de la genética de cada persona. Sin embargo, ésta no resulta suficiente por lo que es necesario aplicar una serie de medidas que se conocen como protección exógena.

Este último tipo de protección solar es de vital importancia que la conozcáis ya que es la que podemos aplicar a nuestros hijos para protegerlos.

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El gorro de ala ancha es una muy buena medida de protección exógena para disminuir la radiación solar que llega a la piel de los niños.

¿Qué medidas de protección solar puedo poner en marcha?

Entre estas medidas de protección exógena se encuentran todas aquellas acciones encaminadas a reducir la radiación solar que llega a la piel y, por tanto, sus efectos. Las medidas más importantes son:

  • Evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, sobre todo entre las 11 y las 16 horas.
  • Evitar exposiciones solares prolongadas.
  • Buscar sombras en las que poder realizar actividades o utilizar sombrillas.
  • Utilizar ropa de manga larga y gorros de ala ancha para cubrir la piel del niño.
  • Emplear gafas con protección solar.
  • Utilizar cremas con filtros solares.

A pesar de que es durante el verano cuando más radiaciones recibimos, estas medidas de fotoprotección deberían realizarse durante todo el año.

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Niña con prendas preparadas adecuadas para que la exposición solar sea menos dañina. El empleo de gafas también es una buena medida.

¿Qué crema debo elegir para proteger la piel de mi hijo?

Seguro que estabas esperando este apartado para conocer qué crema debes comprar para aplicarla a tu hijo. Sin embargo, antes de la crema debes aplicar el resto de medidas que te hemos explicado. De nada sirve untarle de arriba a abajo con crema si luego va a estar 3 horas al sol recibiendo un montón de radiación. Por ello es muy importante que utilices las medidas antes mencionadas de forma conjunta con la crema protectora.

La función de estas “cremas filtro” es evitar que la radiación solar llegue a la piel y por tanto reducir el daño que provoca. Para ello, lo que hacen estos fotoprotectores es absorber la radiación, disiparla o repelerla. Serían el último escudo antes de que la radiación golpeara en las células de la piel.

El factor de protección (FPS) debe ser de al menos 30 FPS, aunque lo ideal es utilizar el máximo posible (en nuestro país 50+FPS). Esto se debe a que la mayoría de las padres cuando extiende la crema a su hijo lo hace de forma escasa lo que disminuye notablemente la protección de las mismas. Esto se compensa parcialmente aumentando el factor de protección.

Las cremas que apliquemos a nuestros hijos deben cumplir además una serie de requisitos como son la resistencia al agua (waterproof), al sudor y al roce. Además, no deben contener irritantes y ser de fácil aplicación. Debemos utilizarlas al menos 15 minutos antes de la exposición solar y aplicarlas de forma “generosa” por lo que ya hemos explicado. Debemos volver a aplicar crema cada 30 minutos si la exposición solar continúa y siempre después del baño.

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En niños es mejor evitar los geles ya que suelen contener alcohol.

¿Y qué pasa con los bebes menores de 6 meses?

Hasta los 6 meses de edad el niño no posee esos mecanismos endógenos de protección contra la radiación solar por lo que es muy importante evitar la exposición directa a la luz del sol lo máximo posible. Además, el empleo de cremas en esta edad está desaconsejado por posibles efectos tóxicos debidos a la mayor absorción de la piel de estados productos en estos niños.

De esta forma, lo mejor que puedes hacer en caso de que decidas ir a la playa o de paseo con un niño pequeño es mantenerlo el máximo tiempo posible a la sombra con ropa de manga larga que no le abrigue en exceso.


En resumen, la piel de los niños es más sensible a la exposición solar por lo que debes extremar las medidas de fotoprotección. Estas medidas se centrarán por un lado en que el niño reciba la menor luz solar posible (sombrillas, gorros, ropa…) y por otro, a través de la aplicación de cremas protectoras.

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Recordad, los niños en la playa mejor con manga larga y gorro.

En este directo de Instagram tenéis un resumen de todo lo que tenéis que saber sobre protección solar en la infancia.

El copyright de la imagen de la quemadura cutánea pertenece a DermNet NZ bajo una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 (New Zealand).