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Protección solar en la infancia (vídeo)

El sol tiene muchos efectos beneficiosos para el cuerpo humano, pero en la piel puede dar lugar a fotoenvejecimiento, quemaduras y cancer. Por ello, proteger a nuestros hijos desde que son pequeños es muy importante. Recordad que su piel es más sensible y, además, el 80% de la radiación solar que recibimos durante nuestra vida nos llega en a la piel durante la infancia.

En este directo de Instagram estuvimos hablando con al Dra. Ana Molina (dermatóloga en la Fundación Jimenez Diaz y conocida en IG como @dr.anamolina y su blog es http://www.dranamolina.com) sobre cómo proteger a los niños del sol. Es un directo largo pero merece la pena verlo entero (aunque sea a ratos) porque repasamos todo lo que tenéis que saber sobre este tema. Si tuviéramos que resumirlo en unos pocos tips serían los siguientes:

  • Por debajo de los seis meses los niños no deben recibir luz solar de forma directa.
  • Para exposiciones prolongadas (paseos, playa, montaña, actividades deportivas o todas aquellas que vayan a durar mas de 15-20 minutos) los niños deben ponerse un protector solar.
  • El factor de protección debe ser de al menos 50 SPF.
  • Aunque los filtros físicos son menos irritantes que los químicos, las cremas suelen utilizar ambos productos en su formulación.
  • El formato cream es mejor que el del spray para los niños. – La ropa ayuda a protegernos del sol, sobre todo si son 50 UPF.
  • Y utilizad el sentido común (ver que indice ultravioleta hay cada día, utilizar gorros, ropa de manga larga…).

Esperamos que os guste!!

Gafas de sol para niños, ¿son necesarias?

En este blog ya hemos hablado en varias ocasiones de los efectos dañinos de la radiación solar, pero nos hemos centrado casi siempre en la piel y cómo podemos protegernos de sus efectos (os hemos dejado los links al final de este texto). Si sois gente aplicada sabréis que la radiación solar ultravioleta puede provocar quemaduras cutáneas a corto plazo, así como envejecimiento prematuro de la piel y cáncer con el paso del tiempo. De ahí que sea primordial que protejáis a vuestros hijos con un fotoprotector adecuado cuando sea necesario.

Pero, ¿y los ojos? Al fin y al cabo también están expuesto a la luz del sol… ¿Es necesario protegerlos como hacemos con la piel? Y en tal caso, ¿cuáles serían las medidas que debemos emplear? En este post resolvemos todas vuestras dudas para que, ahora que llega el buen tiempo, salgáis a dar paseos con la lección bien aprendida.

Efectos de la radiación solar en los ojos

La luz del sol la podemos dividir según su longitud de onda; de esta forma tendríamos varias regiones entre las que encontramos la luz visible, el infrarojo y, la que nos importa para este tema, la radiación ultravioleta (UV). Esta a su vez podemos dividirla en ultravioleta B (UVB) y ultravioleta A (UVA). Además también existe la radiación ultravioleta C (UVC), pero que, por fortuna, no llega a la tierra al quedar atrapada en la capa de ozono.

Por su parte, la radiación UVB al llegar al ojo es absorbida principalmente por la cornea (esa parte del ojo que está por delante del iris) y, por tanto, los efectos que puede producir serán a este nivel. La exposición intensa a radiación UVB puede provocar una fotoqueratitis (algo parecido a las quemaduras cutáneas porexposición solar pero en los ojos), con todo lo que ello conlleva (picor ocular, sensación de cuerpo extraño…), muy típica cuando acudimos a la montaña o a la nieve y no nos ponemos gafas de sol. Además, la exposición prolongada a este tipo de radiación puede dar lugar al deposito de material traslucido en la cornea así como a la aparición de cataratas, con el consecuente déficit de visión que provocarían.

Por el contrario, la radiación UVA es capaz de atravesar la córnea y llegar hasta la retina. Sus efectos en el ojo son similares a las radiación UVB, pero además se la ha relacionado con degeneración macular (un tipo de enfermedad de la retina asociada a la edad que puede dar lugar a ceguera), aunque los estudios no son del todo concluyentes.

¿Debemos proteger los ojos de la radiación solar?

Si vamos a estar expuestos un tiempo largo a luz del sol, debemos porteger nuestros ojos de alguna forma como hacemos habitualmente con la piel cuando nos echamos crema. Para ello, lo mejor es emplear gafas de sol con filtros protectores contra la radiación solar como recomiendan la Asociación Español de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría, entre otras muchas sociedades científicas.

Pero antes de meternos en los tipos de filtros y demás, apliquemos el sentido común.

A diferencia de la piel, el momento del día en que más radiación solar reciben nuestros ojos no es cuando el sol esta en lo más alto del cielo, sino cuando los rayos del sol son paralelos al suelo (por ejemplo, en las horas siguientes al amanecer). Ademas, el cuerpo humano está diseñado para que el sol (salvo en momentos muy concretos del día) no impacte directamente en los ojos. Por eso existen las cejas y las orbitas donde se aloja el globo ocular; de hecho, si os fijáis, los ojos de las personas casi siempre están a la sombra que producen los diferentes relieves de la cara. Si a esto añadimos un gorro, estaremos contribuyendo a que la exposición de los ojos a la radiación solar sea menor. De todas maneras, aunque los ojos estén a cubierto pueden seguir recibiendo radiación por lo que esto no quita para que se empleen gafas.

Además, la radiación solar no es la misma en las diferentes estaciones del año y varía mucho según donde viváis. Para poder graduarla, se creó hace años el “índice ultravioleta”, una forma de medir cuánta radiación solar hay en el ambiente. Para conocerlo podéis buscar en la Agencia Española de Meteorología o incluso muchas apps para móvil incluyen este dato entre la previsión meteorológica. Este índice ultravioleta tiene en cuenta muchos parámetros además de la intensidad del sol (por ejemplo, hay días nublados que son muy luminosos y en los que este índice puede ser muy alto). Se considera que la radiación solar es lo suficientemente intensa como para necesitar gafas de sol cuando el índice ultravioleta es superior a 2 y la exposición va a ser prolongada (como cuando se da un paseo largo). Este índice también os puede servir para saber cuándo tenéis que echar crema al realizar una actividad al aire libre.

Interpretación del Indice Ultravioleta. Fuente: AEMET.

¿Y los niños son diferentes a los adultos? Supongo que habéis aplicado la lógica y habréis llegado a la conclusión de que si un adulto se protege, pues un niño también debería. Lo mismo pasa con la piel: tanto los niños como los adultos deben echarse crema en las mismas circunstancias.

¿Qué tipo de gafas de sol hay que emplear en los niños?

Como ya hemos dicho, los niños (y los adultos) deben emplear gafas de sol con filtros que bloqueen la radiación solar. No todos los filtros bloquean la misma cantidad de radiación por lo que cuando vayáis a comprar unas gafas os tendréis que fijar en la categoría del filtro que llevan.

Lo recomendable es que el filtro de las gafas sea al menos categoría 4, ya que esto garantiza que bloquean al menos el 90% de la radiación solar. Este es el tipo de filtro que solemos encontrar en las gafas que se publicitan para actividades en montaña, como el ski, o el mar. En ocasiones, en la publicidad de las gafas pone que bloquean el 100% de la radicación; esto correspondería a un filtro de categoría 4 que debería estar especificado en la parte técnica de la información de las gafas o en el etiquetado.

Es cierto que las gafas con filtros de categoría 3 también son muy buenas (bloquean entre el 80 y 90% de la radiación solar) y valdrían para los quehaceres de la vida diaria (dar un paseo cerca de casa, ir al parque…), pero ya que vais a hacer un desembolso de dinero para adquirir unas para vuestros hijos, mejor comprar las que te valen para cualquier actividad, ¿no?

NOTA ACLARATORIA: aunque todo esto es aplicable a los adultos, las gafas con filtros de categoría 4 (las que bloquean mucha radiación) son muy oscuras por lo que no deben usarse para conducir. Por eso los adultos solemos tener unas gafas con filtro categoría 3 para el día a día y unas de tipo 4 para esas actividades en donde hay mucha radiación.

También es importante que sepáis que por que unas gafas sean “baratas” no tienen por que ser peores que unas de un precio muy elevado. Lo que si es importante es que se ajusten a la norma europea 2016/425 y a la certificación ISO 12312-1:2013. Tanto la categoría del filtro como la norma a la que se ajustan deben figurar en la etiqueta de las gafas junto al típico símbolo CE que indica que cumple la normativa europea.

El empleo de gafas de sol en la playa es muy recomendable ya que es una zona en la que el índice ultravioleta suele ser más alto.

Muchos estaréis pensando que para los niños más pequeños no hay muchas gafas donde elegir (por no decir que no hay), ya que sus cabezas son pequeñas y tampoco es que aguanten mucho con algo puesto en la cara, y no os falta razón. De todas formas, podéis probar hasta encontrar unas que ajusten a la cabeza de vuestros hijos. En torno a los dos años suelen llevarlo bastante bien y no se las quitan constantemente. Una búsqueda rápida por internet en esa tienda deportiva que a todos os habrá venido a la cabeza en estos momentos os mostrará que tienen un modelo de 6 meses a 2 años y bastantes más a partir de esa edad y que el filtro de radiación solar es el adecuado (todas de categoría 4) por un precio que ronda los 10€. Ya veréis que monos están cuando se las probéis ¡Hasta parecen pequeños hipsters!

¿Hay que poner gafas de sol a los niños siempre que salen a la calle?

La respuesta es no. Aunque este post recomienda su empleo, debemos usar el sentido común como hacemos con la crema y la piel cuando nuestros hijos salen a la calle (no siempre que salen de casa les ponemos protector solar si la actividad no va a ser larga). El uso de gafas siempre será recomendable, pero si el día no es muy luminosos (acordaos de lo del índice ultravioleta) y vais a realizar una actividad corta al aire libre, como por ejemplo ir a comprar a la vuelta de la esquina, las gafas no son imprescindibles.


En resumen, cuando la radiación solar es alta los niños deben emplear gafas de sol con filtros solares (al igual que un fotoprotector cutáneo) si van a realizar actividades prolongadas al aire libre. Es recomendable que el filtro sea de categoría 4.

Este directo de Instagram es un resumen sobre todo lo que tenéis que saber sobre protección solar en la infancia.

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Bibliografía:

Cremas de protección solar para niños

Con la llegada del buen tiempo, una de las preocupaciones de los padres que tienen hijos pequeños es qué medidas deben tomar para protegerlos de los efectos dañinos de la radiación solar. Preguntas como qué crema deben elegir, el tipo de filtro, cada cuánto hay que volver a aplicarla o el factor de protección son habituales en las consultas de pediatría de atención primaria.

En este post realizaremos un repaso sobre todo lo que debéis tener en cuenta a la hora de elegir un protector solar para los más pequeños de la casa.

¿Por qué los niños deben protegerse del sol?

Por todos es sabido que la radiación solar, tanto la tipo UVB como UVA, tiene efectos negativos sobre la salud, sobre todo envejecimiento cutáneo prematuro, quemaduras e hiperpigmentación, además de ser uno de los factores más relacionados con el cáncer de piel.

Por este motivo, todas las personas, independientemente de lo oscura que sea su piel, deben protegerse aplicando diferentes mecanismos para disminuir la radiación que reciben a lo largo de los años. Esta recomendación, si cabe, es mucho más importante en los niños debido a que su organismo está en desarrollo y su piel es más sensible a los efectos dañinos que comentábamos.

Para protegernos del sol podemos emplear varios mecanismos, desde evitar salir a la calle en las horas centrales del día o permanecer a la sombra, hasta utilizar ropa de manga larga y gorro (ya hablaremos un día de qué tipo de ropa es la más adecuada porque no toda vale) o emplear un protector solar en forma de crema o loción.

Tipos de filtros solares

Actualmente existen dos tipos de filtros solares. Los que reflejan la radiación y los que la absorben. Ambos mecanismos funcionan de forma similar, impidiendo que la radiación llegue a la piel y, por tanto, no ejerza sus efectos dañinos. En el mercado existen dos tipos de filtros: orgánicos (también llamados filtros químicos) y no orgánicos (llamados filtros físicos).

1. Filtros químicos u orgánicos

Estos filtros son protectores solares que absorben la radiación solar y la transforman en otro tipo de energía que no provoca daño en la piel. Son compuestos químicos diseñados en el laboratorio para absorber un tipo de radiación concreta: UVB o UVA. Existen muchos en el mercado, como por ejemplo los cinamatos, el octinoxante o las benzopenonas. Todos ellos presentan como ventaja que son estéticamente muy tolerables ya que no dejan la típica capa blanca cuando se aplican.

Son filtros solares muy seguros aunque en un porcentaje pequeño (menos del 0,1%) pueden dar lugar a reacciones adversas como fotosensibilidad, alergias locales o dermatitis de contacto.

2. Filtros físicos o no orgánicos

En este caso reflejan la radiación solar, además de servir tanto para la radiación tipo UVB como UVA. Antiguamente eran muy poco estéticos ya que dejaban un capa blanca visible en la piel, pero el desarrollo de nuevos productos ha conseguido que casi no dejen marca después de ser aplicados.

Los compuestos más utilizados como filtros físicos son el oxido de zinc y el dióxido de titanio. Presentan como ventaja frente a los filtros químicos que son más tolerables a nivel cutáneo ya que no provocan irritación local. Por este motivo, son los preferidos en niños pequeños.

3. Los protectores de “amplio espectro”

Debido a que muchos de los compuestos que se utilizan para fabricar un protector solar solo bloquean un tipo de radiación, la gran mayoría de las marcas comerciales fabrican cremas o lociones combinando varios de estos productos con el fin de conseguir una protección efectiva tanto para radiación UVB como UVA.

Antiguamente esta combinación se conocía como “amplio espectro” (O broad spectrum), sin embargo, la nomenclatura actual ha cambiado. Actualmente la legislación internacional exige que figure en el envase el tipo de radiación contra la que protege la crema. En concreto, el SPF hace referencia al factor de protección frente a UVB. Si además en el envase aparecen las siglas UVA con un círculo rodeándolas, significa que ese producto ofrece al menos 1/3 de protección frente a esta radiación respecto al SPF (que es la recomendación actual de la Unión Europea).

Esta sería la nomenclatura actual para designar una crema de “amplio espectro”.

¿Qué factor de protección elijo para mi hijo?

Una vez que hemos elegido el tipo de filtro que vamos a emplear, debemos fijarnos en el factor de protección o SPF. Al fin y al cabo esto revela cómo de concentrado está el tipo de filtro que contiene la crema y refleja la protección que nos aporta. Para que sea fácil de entender, sería la cantidad de veces que la piel esta protegida frente a no llevar crema. Es fácil de entender que cuanto mayor sea el SPF, mayor va a ser la protección ya que evita en mayor medida la llegada de la radiación a la piel.

Tanto la Academia Americana de Pediatría como la Asociación Española de Pediatría recomiendan que en niños se empleen productos con una protección de al menos 30 SPF. Sin embargo, debido a que la cantidad de crema que suelen emplear los padres es escasa, podrían utilizarse cremas con 50 SPF para contrarrestar la poca crema que se suele aplicar a los niños. Por otro lado, no está demostrado que las cremas con 50+ SPF protejan más que las fabricadas “solo” con 50 SPF.

Otra dato a tener en cuenta a la hora de elegir una crema para un niño es que debe ser “resistente al agua” (o water resistant) ya que garantizan que la protección se mantenga al menos durante los siguientes 40 minutos tras un baño en la piscina o en el mar. Las llamados “waterproof”, protegen el doble de tiempo.

En cuanto a el tipo de producto, es preferible el empleo de cremas o lociones frente a geles o sprays, ya que estos últimos contienen productos irritantes para la piel.

¿Qué cantidad de crema debo aplicar?

Se considera que un adulto está protegido contra el sol si emplea 30 ml de crema repartida por todo el cuerpo. Como os podéis imaginar, el cuerpo de un niño es más pequeño y, por tanto, la cantidad debe ser menor.

Una buena regla para saber si lo estamos haciendo bien es aplicar la cantidad de una “cucharada” pequeña por cada parte del cuerpo como cara, cuello y brazos. Para el pecho, la espalda y piernas emplearemos dos cucharadas para cada lado.

Es también importante recordar que la crema debe aplicarse 15-30 minutos antes de la exposición solar y repetirse cada 2 horas y siempre después del baño.

Por último, recordad siempre echar crema en las orejas y el cuello, que suelen ser los lugares en donde más quemaduras solares se producen en niños. Otro lugar que no debe olvidarse son los labios, pero ojo, para estas localizaciones existen unos productos especiales.

Y como producto cosmético que son las cremas de protección solar, una vez abiertas tienen un periodo de vida útil determinado (PAO, “period after opening”). Así que tendréis que ver qué cremas os sirven de un año para otro. Podéis comprobar cuál es si os fijáis en el numerito que hay dentro del icono con forma de bote de crema que hay en el envase del protector que hayáis comprado.

Ejemplos del PAO. La letra M significa meses.

¿Qué pasa con los niños menores de 6 meses?

Los pediatras solemos repetir como un mantra que los niños por debajo de los 6 meses no deben estar expuestos al sol. Esto se debe a que la barrera cutánea de estos niños es muy inmadura y los efectos del sol en esta edad son todavía más dañinos. Para evitar esta exposición al sol debemos emplear ropa de manga larga y gorro, así como permanecer a la sombra la mayor parte del tiempo.

Además, debido a esta inmadurez, los efectos secundarios de los protectores solares son más frecuentes, motivo por el que no debemos emplear este tipo de productos de forma habitual por debajo de ésta edad.

En el caso de que no pudiéramos evitar cierta exposición solar a un bebé menor de 6 meses, podemos emplear un protector solar con al menos 15 SPF en zonas pequeñas como la cara y las manos, eligiendo en primer lugar filtros no orgánicos por ser menos irritantes.

¿Y qué pasa con la vitamina D y las cremas solares?

La vitamina D es fundamental para el organismo y se sintetiza en la piel gracias a la exposición solar. En este sentido, muchos habréis leído que el empleo de cremas solares puede disminuir su síntesis. Sin embargo, esto solo ha sido demostrado en experimentos en laboratorios pero no existe ningún estudio de calidad en personas que haya confirmado que los protectores solares disminuyan la producción de la piel de vitamina D.

Teniendo esto en cuenta y que, además, los padres pecamos en echar menos crema de la que deberíamos a nuestros hijos, no os volváis locos con si debéis dejar a vuestros hijos al sol 10 minutos cada día antes de aplicarles la crema. Seguro que con la cantidad de sol que reciben a diario es más que suficiente para sintetizar la vitamina D que necesitan cada día..

En resumen…

A la hora de elegir un protector solar de un niño debemos:

  • Elegir filtros de “amplio espectro”, preferiblemente filtros físicos/no orgánicos.
  • Elegir cremas con factor de protección de al menos 30 SPF.
  • Aplicar la crema de 15-30 minutos antes de la exposición solar en cantidad suficiente y repetir la operación cada 2 horas y después del baño.
  • Evitar al máximo la exposición solar en niños menores de 6 meses. Si no fuera posible, aplicar poca cantidad con al menos 15 SPF en zonas expuestas.

Si quieres saber más sobre los efectos del sol puedes consultar esta otra entrada de nuestro blog (link). Y si lo que buscabas es algo sobre los golpes de calor en los niños puedes hacerlo en este otro link.

Y por último, quien mejor te puede ayudar a elegir una crema para un niño es tu farmacéutico del barrio, ya que es quién mejor conoce este tipo de productos.

En este directo de Instagram tenéis un resumen de todo lo que tenéis que sabe sobre protección solar en la infancia.

Protección solar en niños, ¿cómo lo hago?

Con la llegada del buen tiempo, los padres se empiezan a plantear cómo proteger a sus hijos del sol y las quemaduras. No es raro que en la consulta del pediatra nos hagáis preguntas al respecto: ¿esta crema es buena?, ¿qué factor de protección debo poner a mi hijo?, ¿si estoy a la sombra debo ponerle crema?, ¿y mi bebé de 4 meses…?.

A decir verdad, la protección contra el sol se debe realizar a lo largo de todo el año pero, debido a que en verano los niños juegan más tiempo al aire libre y que hay más horas de sol, es en esta época cuando hay que tenerla más en cuenta.

En este post encontrarás los consejos necesarios para proteger de manera eficaz a tus hijos de los efectos dañinos del sol.

Efectos de la radiación solar en la piel

Desde hace tiempo se sabe que gracias a la atmósfera y a la capa de ozono, parte de la radiación que emite el sol no llega a la tierra. Sin embargo, una parte de esa radiación, conocida como ultravioleta, sí que es capaz de atravesarla y provocar efectos dañinos en la piel.

Esta radiación llega a la tierra durante todo el año pero es en el verano y en días despejados cuando más incide en la piel. Además, la arena de playa o la nieve de la montaña devuelven parte de esa radiación lo que hace más probable que esos efectos dañinos aparezcan si realizas actividades en esos lugares.

Las lesiones que es capaz de generar la radiación ultravioleta, tanto en niños como en adultos, son lesiones que se conocen como inmediatas (enrojecimiento de la piel, aumento de la pigmentación y quemaduras), pero también aquellas que aparecen con el paso del tiempo (envejecimiento prematuro de la piel y aumento del riesgo de cáncer de piel). A nivel ocular son capaces de generar cataratas a largo plazo.

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Quemadura solar tras exposición prolongada sin medidas de fotoprotección adecuadas.

¿Y todas las personas son iguales para el sol?

Los efectos de la radiación solar los sufren todas las personas, por ello la protección solar debemos realizarla tanto niños como adultos. Sin embargo, hay una serie de características que dan lugar a que existan personas con mayor riesgo de padecer las lesiones antes mencionadas. Son las siguientes:

  • Aquellos de piel muy clara.
  • Antecedentes familiares de cáncer de piel.
  • Antecedentes de exposición solar prolongada durante los primeros años de vida.
  • Presencia de lunares o pecas por el cuerpo.

Una mención aparte merecen los niños menores de 3 años, ya que son los más sensibles a los efectos dañinos de la luz solar debido a las características especiales de la piel a esta edad. Si además tenemos en cuenta que la mayoría de la exposición solar que recibe una persona ocurre durante la infancia y la adolescencia, parece evidente que la protección solar debe ser una prioridad para prevenir en los niños tanto las quemaduras como el cáncer de piel a lo largo de su vida.

¿En qué consiste la protección solar?

El cuerpo humano dispone de mecanismos para reducir el daño de la exposición a la radiación ultravioleta. Es lo que se conoce como protección solar endógena y depende mucho de la genética de cada persona. Sin embargo, ésta no resulta suficiente por lo que es necesario aplicar una serie de medidas que se conocen como protección exógena.

Este último tipo de protección solar es de vital importancia que la conozcáis ya que es la que podemos aplicar a nuestros hijos para protegerlos.

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El gorro de ala ancha es una muy buena medida de protección exógena para disminuir la radiación solar que llega a la piel de los niños.

¿Qué medidas de protección solar puedo poner en marcha?

Entre estas medidas de protección exógena se encuentran todas aquellas acciones encaminadas a reducir la radiación solar que llega a la piel y, por tanto, sus efectos. Las medidas más importantes son:

  • Evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, sobre todo entre las 11 y las 16 horas.
  • Evitar exposiciones solares prolongadas.
  • Buscar sombras en las que poder realizar actividades o utilizar sombrillas.
  • Utilizar ropa de manga larga y gorros de ala ancha para cubrir la piel del niño.
  • Emplear gafas con protección solar.
  • Utilizar cremas con filtros solares.

A pesar de que es durante el verano cuando más radiaciones recibimos, estas medidas de fotoprotección deberían realizarse durante todo el año.

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Niña con prendas preparadas adecuadas para que la exposición solar sea menos dañina. El empleo de gafas también es una buena medida.

¿Qué crema debo elegir para proteger la piel de mi hijo?

Seguro que estabas esperando este apartado para conocer qué crema debes comprar para aplicarla a tu hijo. Sin embargo, antes de la crema debes aplicar el resto de medidas que te hemos explicado. De nada sirve untarle de arriba a abajo con crema si luego va a estar 3 horas al sol recibiendo un montón de radiación. Por ello es muy importante que utilices las medidas antes mencionadas de forma conjunta con la crema protectora.

La función de estas “cremas filtro” es evitar que la radiación solar llegue a la piel y por tanto reducir el daño que provoca. Para ello, lo que hacen estos fotoprotectores es absorber la radiación, disiparla o repelerla. Serían el último escudo antes de que la radiación golpeara en las células de la piel.

El factor de protección (FPS) debe ser de al menos 30 FPS, aunque lo ideal es utilizar el máximo posible (en nuestro país 50+FPS). Esto se debe a que la mayoría de las padres cuando extiende la crema a su hijo lo hace de forma escasa lo que disminuye notablemente la protección de las mismas. Esto se compensa parcialmente aumentando el factor de protección.

Las cremas que apliquemos a nuestros hijos deben cumplir además una serie de requisitos como son la resistencia al agua (waterproof), al sudor y al roce. Además, no deben contener irritantes y ser de fácil aplicación. Debemos utilizarlas al menos 15 minutos antes de la exposición solar y aplicarlas de forma “generosa” por lo que ya hemos explicado. Debemos volver a aplicar crema cada 30 minutos si la exposición solar continúa y siempre después del baño.

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En niños es mejor evitar los geles ya que suelen contener alcohol.

¿Y qué pasa con los bebes menores de 6 meses?

Hasta los 6 meses de edad el niño no posee esos mecanismos endógenos de protección contra la radiación solar por lo que es muy importante evitar la exposición directa a la luz del sol lo máximo posible. Además, el empleo de cremas en esta edad está desaconsejado por posibles efectos tóxicos debidos a la mayor absorción de la piel de estados productos en estos niños.

De esta forma, lo mejor que puedes hacer en caso de que decidas ir a la playa o de paseo con un niño pequeño es mantenerlo el máximo tiempo posible a la sombra con ropa de manga larga que no le abrigue en exceso.


En resumen, la piel de los niños es más sensible a la exposición solar por lo que debes extremar las medidas de fotoprotección. Estas medidas se centrarán por un lado en que el niño reciba la menor luz solar posible (sombrillas, gorros, ropa…) y por otro, a través de la aplicación de cremas protectoras.

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Recordad, los niños en la playa mejor con manga larga y gorro.

En este directo de Instagram tenéis un resumen de todo lo que tenéis que saber sobre protección solar en la infancia.

El copyright de la imagen de la quemadura cutánea pertenece a DermNet NZ bajo una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 (New Zealand).