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La Gripe A no existe

Fuente: Pixabay

Hace unos días a la salida del colegio de mis hijos escuche cómo una madre decía que en el aula de su hijo había algún caso de gripe A, a lo que otra madre respondía asustada si esa gripe era muy mala. Como las conocía y saben que soy pediatra, les comenté que esa era la gripe de toda la vida y que no tenían que preocuparse mas de la cuenta.

Sin embargo, volví a casa dándole vueltas a lo que había ocurrido. Por ejemplo, me preguntaba si esas madres se hubieran asustado de igual forma si se hubieran enterado que en el aula había algún niño con gripe a secas, sin que les hubieran especificado el tipo de virus que la provocaba, en este caso el influenza A. O por qué el pediatra que diagnosticó a ese niño con gripe les contó a los padres que era gripe A sin ponerlo en contexto o explicándoles por qué especificaba de qué tipo de gripe se trataba.

En las últimas semanas estamos viendo un aumento de casos de gripe. Esto es algo normal, ya que todos los años durante los meses fríos asistimos a una epidemia de gripe estacional (bueno, todos no, ya en la temporada 2020-2021 no hubo gripe, seguramente por las necesarias restricciones debidas a la pandemia mundial por COVID-19). Quizá este año viene un poco retrasada porque ya estamos en primavera y no sabemos cómo de alto va a ser el pico de contagios (algo parecido pasó en España el verano del año 2021 con una pequeña epidemia de bronquiolitis por VRS, que era inusual para la época del año). Pero lo que es seguro es que durante las próximas semanas habrá algún caso más de gripe en vuestro entorno, tanto en niños como en adultos.

En este post intentaré explicaros qué es la gripe y por qué no debemos decir gripe A, al menos sin explicar nada más, como dando importancia a haber puesto un apellido con esa A a un cuadro infeccioso. Lee el resto de la entrada »

¿Quién es el Virus Respiratorio Sincitial?

Lavado nasal

Fuente: GTRES

De entre todos los virus habituales de los que se puede contagiar un niño pequeño, el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) es el rey, pero no un rey bueno y benévolo, sino un rey de los que te dejan un mal recuerdo. No en vano, este virus es el responsable de la bronquiolitis, la cual es el motivo de ingreso más frecuente en pediatría y que año tras año pone en jaque al sistema sanitario debido al gran número de niños que requieren atención médica derivada de esta enfermedad.

Muchas familias desconocen qué es el VRS y la bronquioltis, sobre todo si no tienen hijos escolarizados o que tengan hermanos mayores. Sin embargo, la epidemia de VRS se concentra durante el final del otoño y principios del invierno, por lo cual, mientras leéis estas líneas, estoy convencido de que muchos padres y madres verán reconocido en este texto lo que les pasa a sus hijos.

En este post os explicamos qué es el VRS, en qué consiste la bronquiolitis y cuál es su tratamiento.

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Doce cosas que (quizá) no sabías de la tos y los mocos

Moco

Fuente: Pixabay

Es inevitable que con la vuelta al cole nuestros hijos, antes o después, se empiecen a contagiar de los virus que circulan por los colegios y las escuelas infantiles. Algunos darán lugar a dolor de garganta, otros a una diarrea y algunos a manchitas en la piel. Pero entre todo ellos, un cuadro clínico es el rey: el catarro.

Este tipo de infección está caracterizado por un cuadro respiratorio de vías altas, en el cual los mocos y la tos son los síntomas más habituales. A lo largo de post descubrirás un montón de cosas que te harán afrontar con mayor tranquilidad (y conocimiento) esos catarros que a buen seguro se acabarán cogiendo tus hijos durante la infancia.

1. Los mocos nos defienden de las infecciones

Las vías respiratorias son unos conductos que llevan el aire del ambiente a los pulmones para que podamos absorber el oxígeno que nuestro cuerpo necesita. Para que todo funcione adecuadamente, esos conductos tienen que estar lubricados, y para ello las células que tapizan las vías respiratorias producen moco, aunque ese moco no sea perceptible a simple vista. Además, los mocos son la primera línea de defensa contra las infecciones, ya que en ellos flotan un montón de moléculas y células que nos ayudan a acabar con los microbios que quieren acceder a nuestro cuerpo. Por todo ello, cuando un niño se contagia de un catarro se pone a producir moco hasta el punto de que son visibles a simple vista.

2. La tos es un reflejo

Para que las vías respiratorias no se acaben encharcando de moco, el cuerpo humano está dotado de un mecanismo que nos sirve para movilizar esas secreciones que aparecen cuando estamos acatarrados: la tos. Esta aparece por un acto reflejo cuando en esos conductos de aire están más obstruidos de lo normal, por lo que la tos no es un síntoma de que la cosa vaya mal, al contrario, nos ayuda a superar el catarro.

3. A veces hay tos y mocos con fiebre (y otras no)

Además de la tos y los mocos, en ocasiones puede aparecer fiebre acompañando a un catarro , pero que esta aparezca no quiere decir que el catarro se esté complicando, simplemente es un síntoma más que aparece en el contexto de una infección. Como comprenderéis, si aparece la fiebre, es normal que el niño se encuentre más molesto que si solo tuviera tos y mocos, pero no es nada que no se pueda solucionar con un antitérmico.

4. La tos y los mocos pueden durar muchos días

El periodo más agudo de un catarro suelen ser los primeros tres o cuatro días, momento en el que la fiebre puede estar presente. Tras esa primera etapa, es normal que los síntomas respiratorios persistan durante varios días, incluso semanas, lo que a muchos padres les hará pensar que el catarro de sus hijos no se está curando. De media, la duración de la tos y los mocos debido a una infección respiratoria es de unos quince días, y lo que ocurre muchas veces es que antes de que desaparezcan totalmente, el niño se contagie del siguiente virus que ronde a su alrededor, encadenando un proceso con otro y dando la sensación de que todo el rato están malos.

5. Los mocos son incómodos

Lo que está claro es que no es agradable respirar con la nariz taponada por los mocos, seamos un niño o un adulto. Los que ya somos mayorcitos tenemos la fortuna de saber utilizar un pañuelo para sonarnos, cosa que hasta que un niño no tiene cierta edad es incapaz de hacer. Hasta que llegue ese momento, los lavados nasales con suero fisiológico serán vuestro mejor aliado para despejar la nariz de los más pequeños de la casa.

6. El color del moco evoluciona a medida que se cura el catarro

Una creencia popular muy extendida es que si los mocos se ponen verdes es que el catarro se está complicando. Nada más lejos de la realidad. Al inicio de un catarro, los mocos suelen ser fluidos y transparentes, pero a medida que pasa el tiempo es normal que se vuelvan espesos y cambien de color amarillos o verdes. Esto se debe a que las defensas que flotan en los mocos están destruyendo a los microbios que provocan el catarro y en ese proceso las secreciones respiratorias dejan de ser transparentes. Por tanto, el cambio de color de los mocos de los catarros no es un signo de complicación, sino un signo de que nuestras defensas están actuando.

7. Los mocos no bajan al pecho

No existe un ascensor de mocos que los lleve de la nariz al pecho en un viaje de moco pa’rriba, moco pa’bajo. Sin embargo, ciertos virus tienen la capacidad de infectar no solo la zona de la nariz y la garganta, sino también los bronquios (las bifurcaciones de las vías respiratorias en los pulmones). Cuando esto ocurre, nuestro cuerpo se pone a producir moco allí donde lo necesita, y dado que los microbios entran por la nariz y en unos días es cuando llegan a los pulmones, esto puede dar la sensación de que los mocos han bajado al pecho. A pesar de ello, no hay nada que se pueda hacer para que esos microbios no bajen al pecho, ya que si lo hacen es porque tienen la capacidad para hacerlo, no que hayamos dejado de hacer algo que lo podría haber evitado.

8. El sonido de la tos nos importa poco a los pediatras

Es curiosos ver como los padres describen la tos cuando vienen a consulta: que si tos de viejo que fuma, que si tos irritativa, que si tos de perro… Incluso muchos piden al niño que tosa en ese momento para que escuchemos esa música celestial. La verdad es que el sonido de la tos nos da poca información a los pediatras, al menos para decidir si hacer una cosa u otra con el niño en cuestión. Al final, lo que nos importa es cómo está la auscultación pulmonar y si el niño tiene dificultad respiratoria, ya que la clasificación clásica de la tos (productiva, no productiva, irritativa…) no la tenemos mucho en cuenta. Quizá el único caso que sí que nos ayuda a conocer cómo es la tos es cuando esta suena a perro que ladra, a foca o a pato, ya que en estos casos sí que podemos afirmar que lo que le pasa al niño es que tiene una laringitis.

9. La tos y los mocos no se curan con antibiótico

Si has estado atento mientras leías este texto, te habrás dado cuenta que tanto la tos como los mocos son síntomas de una infección respiratoria, que en el caso de los niños, en la gran mayoría de las ocasiones, será consecuencia de un catarro provocado por un virus. Por tanto, por mucho que demos antibiótico a un niño con un catarro, no vamos a conseguir que su tos y sus mocos mejoren, incluso aunque los mocos sean verdes, ya que estos dependen de una infección provocada por un virus que se cura sola sin que el antibiótico sea necesario. En otras ocasiones, como es el caso de las neumonías u otro tipo de infecciones respiratorias causadas por bacterias, la tos y los mocos si que mejoran al dar antibiótico, pero porque el problema subyacente (la neumonía) sí que es un proceso que necesita de este tratamiento.

10. Los jarabes para la tos y los mocos no sirven para nada

Siento si con esto estoy rompiendo la burbuja de jabón en la que vuestra mente cree que este tipo de remedios son eficaces para paliar los síntomas de los catarros, pero tanto los antitusivos como los mucolíticos como los expectorantes no han demostrado una verdadera eficacia frente a los síntomas que pretenden mejorar. Por ello, ninguno de ellos figura como parte del tratamiento de los catarros de ninguna sociedad científica pediátrica contrastada. De hecho, la mayoría de estos jarabes no están autorizados en ficha técnica por debajo de los dos años, motivo añadido para no recomendarlos en caso de que un niño tenga tos y mocos. Con lo único que habría que hacer una excepción es con la miel, ya que ésta sí que ha demostrado cierta eficacia para mejorar las horas de descanso cuando un niño tienen tos. Recordad que la miel se puede dar a un niño a partir del año de vida, pero al contener muchos azúcares debéis lavarle luego los dientes.

11. Los niños con tos y mocos pueden tener otitis (pero no siempre)

La otitis es una infección del oído que da lugar a dolor o irritabilidad y, sobre todo en niños pequeños, fiebre. La mayoría de las otitis están causadas por una bacteria que se llama neumococo, y que en ocasiones requiere antibiótico para su curación (cuando los niños tienen menos de dos años o presentan algún signo de gravedad como la fiebre alta o la superación). Lo que si que suele ocurrir antes de que se produzca el cuadro de fiebre y dolor de oído es que casi todas la otitis van precedidas de un cuadro catarral, el cual sirve de caldo de cultivo perfecto, con sus mocos por todos lados, para que el dichoso neumococo haga de las suyas. De todas maneras, esto no quiere decir que siempre que un niño tenga un catarro vaya a acabar en otitis, pero sería una cosa a vigilar y tener en cuenta.

12. No os fijéis tanto en la tos y la mocos y observad si a vuestro hijo le cuesta respirar

Para finalizar, lo más importante que debéis hacer cuando vuestros hijos tengan tos y mocos es aprender a diferenciar si estos síntomas se acompañan de dificultad respiratoria (si respiran deprisa, si hacen ruido al respirar, si marcan las costillas o utilizan los músculos del cuello en cada respiración…) ya que esto es lo que realmente nos importa a los pediatras. Si vuestros hijos tienen tos y mocos, pero se encuentran bien y no les cuesta respirar, incluso aunque tengan fiebre, podéis esperar a que vuestro pediatra os atienda cuando tenga cita. Pero en el caso de que detectéis dificultad respiratoria debéis acudir a Urgencias sin demora.


Y hasta aquí este repaso a la tos y los mocos, síntomas que a buen seguro vuestros hijos tendrán más de una vez (y más de dos) a lo largo de la infancia.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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La bronquiolitis ha vuelto

Moco

Fuente: Pixabay

Cuando te dedicas a la pediatría sabes que durante los meses fríos del año las consultas de los centros de salud y las salas de espera de las urgencias del hospital se ven ocupadas por niños de corta edad a los que les cuesta respirar, muchos de los cuales acabarán ingresando en el hospital para administrarles oxígeno. Durante esos meses ocurre la epidemia de bronquiolitis, una enfermedad provocada por el virus respiratorio sincitial (VRS), la cual tensiona hasta el límite la capacidad asistencial de los sistemas de salud infantiles; de hecho, la bronquiolitis es el motivo de ingreso más frecuente en pediatría.

Sin embargo, durante la temporada 2020-2021 parecía que el VRS se hubiera tomado unas vacaciones, al menos hasta hace unas pocas semanas. Esto de que no hayamos visto bronquiolitis durante los últimos meses es una constante que se ha repetido no solo en España, sino en todo el mundo. Pero es que el invierno 2020-2021 ha sido diferente, ya que desde marzo de 2020 nos encontramos en situación de pandemia por la COVID-19, y con ella se han implementado una serie de medidas para disminuir el contagio de esta enfermedad que también son efectivas para el resto de las infecciones respiratorias (distancia social, higiene de manos frecuente, uso de mascarillas…).

Fijaos si han sido efectivas que, tras el inicio del curso escolar y hasta unas semanas después de las navidades, los episodios de infecciones respiratorias (los típicos catarros) han sido anecdóticos comparados con otras temporadas, incluso este año no ha habido epidemia de gripe (otro virus que pone en jaque al sistema sanitario todos los años). Es como si el verano, época del año en la que no circulan tantos virus respiratorios y en la que los niños suelen encontrarse sanos como robles, se hubiera prolongado durante varias estaciones.

Como os decía, hasta marzo-abril de 2021 la incidencia de infecciones respiratorias ha sido mucho menor que los años pasados, pero desde hace varias semanas estos cuadros están en aumento, y entre ellos la bronquiolitis provocada por el VRS no podía faltar a su cita anual, aunque con retraso. Esta situación ya nos la habían anticipado nuestros colegas que viven en las antípodas, ya que en Australia fueron los primeros en comprobar que tras el inicio de la COVID-19, la epidemia de VRS se desplazaba a la primavera del año siguiente, momento en el que habitualmente ya no hay casos de bronquiolitis provocados por el VRS y empezamos a salir del túnel en el que se ve inmersa la asistencia sanitaria en pediatría cada invierno.

Durante las siguientes semanas es muy probable que los casos de bronquiolitis sigan aumentando, aunque no creo que el número de casos llegue al extremo de un invierno habitual. Mientras tanto, merece la pena hacer un pequeño repaso de en qué consiste esta enfermedad y su tratamiento.

¿Qué es la bronquiolitis?

La definición clásica de bronquiolitis hace referencia al ‘primer episodio de sibilancias y dificultad respiratoria en un niño menor de 2 años en el contexto de una infección viral’.

Esta definición contiene una serie de conceptos que son muy importantes:

  • Hace referencia al ‘primer episodio’. Por tanto, bronquiolitis solo se puede tener una vez en la vida. Los siguientes episodios en los que se auscultan sibilancias, aunque muy similares a una bronquiolitis, por definición no se pueden llamar así, por lo que deberíamos emplear otro término, en general bronquitis o broncoespasmo.
  • Se trata de menores de 2 años. Por tanto, las bronquiolitis son una enfermedad de niño pequeño. De hecho son más frecuentes por debajo del año de vida, sobre todo en los menores de 6 meses.
  • Aparecen en el contexto de una infección viral. Y aquí el VRS es el rey, ya que provoca el 80-90% de los cuadros de bronquiolitis.

El VRS es un virus que se transmite por gotitas, es decir, por contacto directo con las secreciones de un paciente infectado o cuando inhalamos las gotitas que salen de nuestra boca o nariz cuando hablamos, tosemos o estornudamos. Estas gotitas se quedan en suspensión en el ambiente unos pocos segundos, a diferencia de los aerosoles de los que todos habréis odio hablar en los últimos meses debido a que es la forma de transmisión más frecuente del SARS-COV-2, responsable de la enfermedad COVID-19.

Por tanto, la forma de prevenir el virus que más frecuentemente provoca la bronquiolitis es muy sencilla: lavado de manos frecuente y empleo de mascarilla en el caso de que estés acatarrado (este virus en niños mayores y adultos suele provocar solo catarros), además de evitar que los niños con cuadros respiratorios importantes acudan a la escuela infantil o al colegio.

¿Qué síntomas provoca la bronquiolitis?

El cuadro clínico de bronquiolitis es siempre muy similar. En primer lugar, el VRS coloniza la vía respiratoria superior, lo que da lugar a un cuadro catarral, en general con tos y mocos. Durante estos primeros días suele aparecer también fiebre.

Al cabo de dos o tres días, el virus avanza por la vía respiratoria y llega hasta los pulmones, en donde provoca inflamación en los bronquiolos que se acompaña de un aumento de las secreciones a dicho nivel. Esto provoca que cuando el niño coge aire le cueste respirar en mayor o menor medida y en la exploración física detectemos sibilancias en la auscultación.

Dependiendo de la gravedad del episodio, estos síntomas podrán ser tratados de forma ambulatoria o requerirán ingreso hospitalario, esto último mucho más frecuente en los niños por debajo de los tres meses de vida y con antecedentes personales importantes, como la prematuridad o las cardiopatías congénitas.

Si todo va bien, la parte más aguda de la enfermedad tiene una duración de unos siete días, para mejorar después poco a poco. De hecho, es muy frecuente que tras un episodio de bronquiolitis, estos niños arrastren una tos durante varias semanas.

¿Cuál es el tratamiento de la bronquiolitis?

Por desgracia, no existe ningún ensayo clínico que haya demostrado que existe un tratamiento farmacológico eficaz para la bronquiolitis, más allá del tratamiento sintomático de soporte.

Sé que muchos os estaréis llevando ahora las manos a la cabeza porque seguro que en alguna ocasión os han indicado para esta enfermedad salbutamol inhalado, aerosoles o corticoides vía oral. Como decía, no hay ningún estudio que haya demostrado que sean eficaces para tratar a estos niños, aunque a día de hoy todavía hay muchos pediatras que los emplean porque antiguamente era el tratamiento estándar.

A día de hoy, las guías clínicas sobre bronquiolitis recomiendan que el tratamiento de la bronquiolitis se limite a un tratamiento sintomático:

  • Lavados nasales cuando tienen la nariz taponada.
  • Posición semiincorporada cuando están tumbados.
  • Tomas fraccionadas (más frecuentes, pero de menor cantidad).
  • Antitérmicos si hay fiebre o malestar.

En el caso de que estas mediadas de soporte no funcionen o el cuadro respiratorio progrese hasta provocar dificultad respiratoria, el ingreso hospitalario está asegurado, así que no dudéis en acudir a urgencias o a vuestro pediatra si el niño presenta mal estado general, deja de comer o presenta dificultad respiratoria (respira muy deprisa, marca las costillas al respirar…). En estos casos suele ser suficiente con la administración de oxígeno, aunque en algunos casos se requiere el ingreso en UCIP para su tratamiento.

Una reflexión final

He comenzado este texto hablando de lo raro que ha sido que el invierno pasado no viéramos cuadros de bronquiolitis. De hecho, muchos ya cantábamos victoria como si nos hubiésemos librado, al menos por un año, de esta epidemia. Desconozco si el aumento de casos que estamos viviendo ahora continuará hasta alcanzar un pico epidémico tan alto como el de cada invierno o se quedará en una epidemia de menor envergadura. Lo que está claro es que el VRS está entre nosotros.

Es difícil encontrar una explicación a por qué los casos de VRS se han desplazado al final de la primavera, sobre todo si tenemos en cuenta que las medidas higiénicas que nos protegen contra la COVID-19 siguen vigentes y que tan bien han funcionado contra las demás infecciones respiratorias al inicio del curso escolar, incluida la bronquiolitis provocada por VRS.

Quiero pensar que este aumento de casos no se debe a la relajación de estas medidas por parte de los padres en los más pequeños de la casa y que siguen (seguimos) siendo responsables a la hora de no llevar al colegio a nuestros hijos cuando están con fiebre o con un cuadro respiratorio importante, por mucho que se haya realizado un test de antígeno o una PCR para descartar que esa sintomatología la pudiera estar provocando el coronavirus.

Como padres, somos responsables de no llevar enfermos a nuestros hijos al colegio o la escuela infantil, en primer lugar porque no es el lugar más adecuado mientras un niño se encuentra mal, pero también porque no es solidario con el resto de los compañeros de su clase. Si lo seguimos haciendo igual de bien como en los últimos meses, estoy seguro de que los casos de VRS (y de otras infecciones respiratorias) disminuirán y llegaremos al verano libres de mocos.


Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Los niños no cogen frío

Una de las grandes cosas que se ha conseguido en este año y pico que llevamos de pandemia COVID es que la gente entienda que para contagiarse hace falta otra persona que transmita el virus. De hecho, todos sabemos que si entras en contacto estrecho con una persona positiva debes guardar cuarentena durante unos cuantos días por si te has podido contagiar. La verdad es que el esfuerzo divulgativo que se ha hecho a este respecto desde perfiles sanitarios y medios de comunicación ha sido muy grande y, en mi opinión, el mensaje de que este puñetero virus se transmite de persona a persona ha calado muy bien en la sociedad. Es cierto que podríamos discutir y abrir un debate sobre si este virus se transmite más por aerosoles, por gotículas, por fómites o sobre si la mascarilla es realmente necesaria en espacios abiertos en los que podemos mantener la distancia social de seguridad, pero en ese supuesto debate hay una cosa tan clara como el agua de una fuente: si no hay de por medio una persona que tiene el virus y que se lo transmite a otra persona, el contagio no es posible. Es decir, es necesario que el virus pase de una persona a otra.

Perdonad que me haya extendido un poco en la introducción de este post, pero creo que era necesario poner las cosas en contexto, porque hay una cosa que no acabo de comprender: ¿por qué la gente entiende perfectamente que la COVID, que es una enfermedad provocada por un virus, se transmite entre personas, pero sigue pensado que sus hijos han debido coger frío cuando se acatarran, cuando los catarros son también enfermedades infecciosas provocadas por virus?

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¿Por qué mi pediatra siempre dice que es un virus?

Pediatra

Fuente: Pixabay

Una de las frases más repetidas cuando los padres salen de la consulta del pediatra y llaman a los abuelos para dar noticias de cómo están los peques es la siguiente: «Nada, lo mismo de siempre, que es un virus…». Da igual por lo que hayan acudido al médico: diarrea, mocos, fiebre, tos, dolor de garganta, manchitas en la piel…, el diagnóstico (casi) siempre es el mismo: un virus.

Muchos padres dudan de este diagnóstico tan poco preciso, sobre todo cuando malinterpretan que, por ejemplo, tener fiebre alta o el moco verde tiene que deberse a una infección provocada por un microorganismo que necesita antibiótico, es decir a una bacteria.

En el post de hoy queremos contaros por qué casi siempre que un niño tiene una infección es por un virus y por tanto, el tratamiento será analgésicos, antipiréticos y muchos cuidados de mamá y papá mientras dura el proceso.

Empecemos por el principio… ¿qué es una infección?

Un error frecuente que comenten los padres es asociar la palabra «infección» con la necesidad de un tratamiento antibiótico, pero nada más lejos de la realidad.

Las infecciones son aquellas enfermedades que están provocadas por un microorganismo, ya sea éste una bacteria, un virus, un parásito o un hongo. Las dos últimas son poco habituales en pediatría, así que nos quedamos con dos tipos de bichos a tener en cuenta: los virus y las bacterias.

¿Y cómo se tratan los virus y las bacterias?

Por fortuna, las infecciones por virus en individuos sanos (incluidos los niños) no precisan tratamiento para que se resuelvan. Es decir, con un poco de paciencia y un tratamiento sintomático, el sistema inmune hará su trabajo y acabará con ellas en unos días. Por el contrario, la mayoría de las infecciones causadas por bacterias requiere de un tratamiento antibiótico para que sean eliminadas, de tal forma que hasta que no se inicia ese tratamiento el paciente no empieza a mejorar.

Parece que está claro, ¿no?. Si es un virus, tratamiento sintomático. Si es una bacteria, tratamos con antibiótico.

Bueno, vale, ¿y cómo diferencia el pediatra los virus de las bacterias?

Los síntomas y signos de las infecciones por virus y por bacterias son, en muchas ocasiones, muy similares. Aquí es donde entra en juego la probabilidad. Si, si, como lo habéis oído: la probabilidad.

Los pediatras sabemos que la gran mayoría de las infecciones de los niños están provocadas por virus. Al decir la gran mayoría, nos referimos a que cerca del 99% de las infecciones están provocadas por virus. Esto significa que, si no hiciéramos nada acertaríamos casi siempre al decir que lo que le pasa a vuestro hijo se debe a un virus y se va a curar solo.

Sin embargo, ese 1% restante de infecciones, el que está provocado por bacterias, es lo suficientemente importante como para que vuestro pediatra, antes de deciros que lo que le pasa a vuestro hijo es por un virus, haga una buena historia clínica y una exploración física completa en busca de algún dato que le oriente definitivamente a que la infección está provocada por un virus o, por el contrario, todo se debe a una bacteria, lo que conllevaría un tratamiento antibiótico.

En algunas ocasiones encontraremos enfermedades provocadas por virus que tienen nombre propio, los sospechosos habituales a los que nos hemos referido con anterioridad en este blog. Sin embargo, cuando la infección se debe a un virus que no tiene nombre propio, el pediatra acabará diciendo a los padres que la infección que tiene su hijo «se debe a un virus», así a secas. Sin especificar. Un virus mondo y lirondo.

En esto de la probabilidad hay que hacer una salvedad, los niños más pequeños. En niños con fiebre menores de un mes, la probabilidad de una infección por una bacteria es muchisimo más alta, cercana al 20%. Este porcentaje asciende en los menores de una semana de vida hasta el 40%. Esto justifica que en caso de que un niño menor de 3 meses tenga fiebre sea remitido al hospital para realizar alguna prueba complementaria que arroje luz sobre esa probabilidad con la que trabajamos los pediatras.

¿Y por qué hay virus con nombre propio y otros son virus «a secas»?

El ser humano puede enfermar por muchos virus. Miles de virus podríamos decir. Algunos ejemplos son los enterovirus, el adenovirus, el metaneumovirus, el rotavirus, el virus respiratoria sincitial, el virus de la varicela, el virus del sarampión, el virus del herpes…. y así hasta rellenar una lista interminable.

Como decíamos más arriba, algunos de esos virus darán lugar a una enfermedad concreta reconocible por la historia clínica y la exploración. Por ejemplo, cuando un niño tiene fiebre y manchas en la piel vesiculosas en diferentes estadios hablamos de la varicela, la cual está provocada siempre por el virus de la varicela. Lo mismo ocurre con el herpes labial (sensación de quemazón en el labio con unas lesiones vesiculosas), en este caso, debidas solo al virus del herpes simple. En estos casos en los que la enfermedad es reconocible y tiene nombre propio, vuestro pediatra os dirá tiene tal enfermedad y se debe a este virus.

Sin embargo, la gran mayoría de los virus da lugar a enfermedades inespecíficas, es decir, enfermedades que pueden estar provocadas por muchos virus diferentes. Por ejemplo, fiebre, tos y mocos pueden estar causados por cientos de virus y vuestro pediatra, al hacer el diagnóstico, añadirá la mítica coletilla a la que nos referíamos al principio: «parece un catarro, será por un virus».

En ocasiones la cosa cambia y al final, lo que al principio parecía un virus, acaba siendo una infección por una bacteria…

Muchos estaréis pensando que en alguna ocasión os han dicho que al principio la infección se debe a un virus pero con el paso de los días, el diagnóstico cambia y al final os dicen que no, que se debe a una bacteria y que hay que dar un antibiótico al niño.

Esto no significa que el pediatra que os vio al principio sea un mal profesional que no supo reconocer que vuestro hijo necesitaba antibiótico. Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que las enfermedades de los niños no son fotos fijas con las que podemos acertar el 100% de lo que les pasa a vuestros hijos en la primera visita. Como me gusta decir, las enfermedades de los niños son películas y hay que verlas hasta el final para saber si la que empezaba como una película de indios y vaqueros acaba como tal o, por el contrario, se convierte en una película romántica.

Os pongo un ejemplo. Volvamos al niño con fiebre, tos y mocos. Asumamos que la exploración en el primer día de la fiebre es normal y en la historia no destaca nada especial. Lo probable es que se deba a un virus cualquiera que está provocando un simple catarro. Sin embargo, con el paso de los días, la fiebre persiste y al acudir de nuevo al pediatra, este escucha unos ruidos en el pecho y os acaba diagnosticando al niño de una neumonía, con la consecuente necesidad de iniciar un tratamiento antibiótico. Esto no significa que el diagnóstico inicial no fuera certero, significa que los síntomas iniciales de un catarro y una neumonía son iguales en la gran mayoría de los casos. Aplicando la «regla» de la probabilidad que os expliqué antes, lo prudente en la primera visita es diagnosticar al niño de un virus y seguir su evolución. En este caso, la película cambia y el paso de los días arroja nueva información que hacer cambiar el diagnóstico hacia el de nuemonía.

De todo esto se desprende una moraleja, a pesar de que lo másfrecuente cuando un niño tiene una infección es que esté provocada por un virus, debemos estar ojo avizor por si la cosa cambia y pasamos a ese pequeño porcentaje de infecciones que requieren antibiótico.


Para acabar, recuerda siempre los signos de alarma para acudir al médico incluso aunque te hayan dicho que la infección de tu hijo se debe a un virus: mal estado general, dificultad respiratoria, manchas en la piel, decaimiento, vómitos que impiden tomar líquidos…

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Además, en septiembre de 2021 echó a rodar «Sin Cita Previa», un podcast del que somos presentadores y que seguro que también te pude gustar. Puedes escucharlo en:

Hola, ¡soy tu moco!

Moco

Fuente: Pixabay

Queremos dar las gracias a los pediatras de este blog por cedernos a nosotros, los mocos, este espacio para poder manifestarnos, ya que el maltrato que sufrimos por vuestra parte, padres de hijos en edad escolar, es insultante. Nos odiáis y os gustaría que no estuviéramos en la nariz de vuestros retoños todo el invierno. Pero tenéis que saber que no somos los malos, sino que somos vuestros aliados, ya que sin nosotros no podríais vivir.

¿Quiénes somos?

Los mocos somos una sustancia pegajosa que segregan las mucosas, esa parte del cuerpo que está expuesta al medio ambiente. Nos puedes encontrar en sitios tan diferentes como la nariz (el más conocido), pero también en el intestino o el pulmón (en este caso nos soléis llamar flemas…). El motivo por el que existimos es que sin nosotros las mucosas se secarían, ya que una de nuestras principales funciones es mantenerlas hidratadas. Gracias a nosotros permanecen fuertes y sanas. De hecho, aunque vuestros hijos no estén enfermos, las mucosas producen una pequeña cantidad de moco de forma continua, así que ahí estamos siempre.

«Los mocos siempre estamos ahí…»

Pero además, somos la primera línea de defensa que intenta evitar que vuestros hijos se pongan enfermos. Esto se debe a que una de nuestras funciones es hacer de barrera contra agentes extraños como la contaminación. Además, colaboramos en la defensa contra las infecciones.
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A los mocos nos gusta ponernos juguetones y, a veces, hacemos pompas en la nariz.

A los mocos nos encantan las infecciones

Todos sabréis que cuando un niño se coge un catarro empieza a producir moco sin parar. Gracias a nosotros, los leucocitos, unas células del cuerpo que nos defienden de las infecciones, son capaces de llegar al lugar donde se está produciendo el catarro. Por eso, cuando vemos un virus que quiere atacar a vuestros hijos nos ponemos como locos y aumentamos mucho nuestra cantidad para poder ayudar en la defensa de estos microorganismos. El problema que tenemos los mocos es que somos un poco perezosos. Aunque haya terminado la batalla contra los virus nos gusta saborear la victoria durante un tiempo y, a pesar de que la fiebre ya se haya ido y no quede rastro del virus, nosotros preferimos quedarnos en la nariz de vuestros hijos durante unos días más, entre 10 y 15 días por lo menos.

Y esteremos ahí hasta que llegue el verano

Lo de que somos perezosos no es broma. Pensarás, «bueno, mientras solo estén por aquí 15 días… podremos aguantar a estos pesados». Sin embargo, te equivocas. Tu hijo, sobretodo cuando es pequeño, se pilla unas 8-10 infecciones a lo largo del curso escolar. Si tenemos en cuenta que por cada una de ellas estaremos con vosotros unos 15 días…, pues puedes echar cuentas: tu hijo tendrá mocos unos 5 meses durante el año. Vamos, lo que viene siendo todo el invierno. Ahora entenderéis por qué a los niños pequeños se les llama de forma cariñosa mocosos… Cuando llegue el verano y los virus se vayan, nos tomaremos un descanso y nos iremos de vacaciones. ¡¡Pero ojo!!, con la vuelta al cole, nosotros también volvernos a instalarnos en la nariz de vuestros hijos..
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Un niño con mocos es un niño feliz.

Aunque me ponga verde, da igual que pidas antibiótico, seguiremos en la nariz de tu hijo sí o sí

Una duda que nos asalta a los mocos es por qué diantres os empeñáis en que el pediatra os mande un antibiótico cuando nos ponemos de color verde, ¡con lo bien que nos queda el verde lima o el verde botella!. Tenéis que entender que cuando cambiamos de color es porque estamos ganando la batalla a los microbios. Esto se debe a que los leucocitos que trasportamos con nosotros segregan unas «enzimas» que destruyen a esos microorganismos. En ese proceso las enzimas oxidan el hierro y se produce el cambio de color, primero amarillo y luego verde. Por tanto, el cambio de color durante los días que dura un catarro no quiere decir que las cosas estén yendo mal. Significa que estamos en el buen camino. Así que dejadnos hacer nuestro trabajo y no deis el peñazo a los pobres pediatras, que suficiente tienen con explicaros lo de los cólicos del lactante.

Eso sí, si ves que somos muchos y tu hijo no respirara: ¡¡haz un lavado nasal!!

Ya os hemos dicho que en ocasiones somos un poco pesados. Esto es así porque nos esforzamos al máximo para acabar con los virus que provocan los catarros de vuestros hijos. Pero a veces nos pasamos de frenada y nos juntamos tantos que impedimos que el aire entre por la nariz y la obstruimos. En estos casos puedes hacer un lavado nasal para que tu hijo respire mejor. Hay que hacerlo con un poco de mala leche, que como somos pegajosos, como no metas un buen chorro de suero no saldremos de la nariz y solo conseguirás cabrear a tu hijo. Este video de aquí te explica estupendamente como hacerlo.
https://youtu.be/qbIibS4z0d4

¿Cómo, que quieres usar un aspirador de esos para sacar los mocos?

Sinceramente, no seas guarro. Los aspiradores de mocos son una guarrería. Ten en cuenta que el que aspira para hacer fuerza eres tú y por tanto, parte del moco podría pasar a tu boca. ¿Te comerías los mocos de tus hijos por afición?, seguro que no. Pues ya tienes la respuesta. De todas formas, los lavados nasales bien hechos son mucho más efectivos para que nos hagas salir de la nariz que el aspiradorcito ese que te han dicho que es tan imprescindible. Aquí tienes una foto del kit limpiamocos de los autores de este blog: suero, jeringa, botellitas, unos pañuelos de papel y un poco de alcohol para lavarse las manos. Unos cracks de las limpiezas nasales.
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El kit limpiamocos de un pediatra cualquiera

No luches contra nosotros, ¡¡ÚNETE A NOSOTROS!!

Te lo hemos dicho por activa y por pasiva: no nos vamos a ir. Así que acepta que estaremos por aquí mientras tu hijo tenga infancia. Ya nos echarás de menos cuando llegue el momento… Pero hasta que ese día llegue, es mejor que te unas a nosotros porque no tenemos solución. ¿Habrás oído hablar de los jarabes y remedios varios para los mocos…?. Pues tampoco sirven para nada. Da igual que en el bote ponga «mucolítico», somo inmunes contra ellos. Lo único que conseguirás es gastarte un dinero en balde porque nosotros, los mocos, duramos lo mismo con esos jarabes o sin ellos. Además, todos los fármacos tienen efectos secundarios, por lo que es mejor que no expongas a tus hijos a riesgos innecesarios. Así que acéptalo: ¡¡si no puedes con nosotros, únete a nosotros!!.
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¡¡No nos mires, únete!!

Para finalizar, siete puntos para guardar en la memoria:
  1. Los mocos no somos malos.
  2. Los mocos defendemos de los virus a vuestros hijos.
  3. Los mocos somos muy pesados y podemos estar en la nariz de vuestros hijos varios meses.
  4. Cuando llegue el veranos nos iremos de vacaciones para que estéis tranquilos, pero con la vuelta al cole nos tendréis dando guerra otra vez.
  5. Cuando hacemos nuestro trabajo, los mocos nos ponemos de color verde.
  6. Por mucho antibiótico que des a tu hijo, los mocos seguiremos por aquí.
  7. Si ves que nos hemos pasado y que tu hijo tiene la nariz taponada, no dudes en hacerle un lavado nasal con mala leche para que respire mejor.
  8. A los mocos, los jarabes no nos hacen nada.

El copyrigth de la segunda imagen de este post pertenece a Jason White, la tercera a mlui92 y la cuarta a Whatchumean,  todas ellas bajo una  licencia CC BY-NC-ND 2.0

Sospechosos habituales: exantema infeccioso (megaloeritema)

¿Habéis visto alguna vez a un niño que perece que le han abofeteado y los padres os aseguran que es por un virus? Pues tienen razón. El eritema infeccioso es una enfermedad provocada por un virus que, además de otros síntomas, provoca un exantema (manchas en la piel) muy característico. Es una enfermedad muy frecuente en la infancia y los pediatras la tenemos muy en cuenta ya que pertenece a esos Sospechosos Habituales de los que tanto os hemos hablado en este blog.

¿Quién provoca el Exantema Infeccioso?

El eritema infeccioso está provocado por un virus que se llama Parvovirus B 19. Esta enfermedad recibe varios nombres además de eritema infeccioso, tales como megaloeritema, quinta enfermedad o enfermedad del niño abofeteado.

El virus que lo provoca puede dar lugar al cuadro al que nos referimos aunque en ocasiones puede cursar solo con fiebre. Es frecuente que afecte a niños en edad escolar (6-12 años) aunque  puede ocurrir en cualquier etapa de la infancia. Se estima que la mitad de los adultos están inmunizados contra este virus.

¿Cómo se transmite?

El contagio se produce entre personas ya que es un virus que solo afecta al ser humano. La transmisión se produce al entrar en contacto con las secreciones respiratorias del paciente, incluidas las gotitas que se expelen al toser o estornudar. También es contagioso a través de vasos o cubiertos infectados. La probabilidad de infectarse tras entrar en contacto con el virus se encuentra en torno al 50%.

El periodo de incubación es largo, en general 2-3 semanas. Además, este virus se transmite sobre todo durante este periodo (cuando el niño todavía no tiene síntomas), lo que hace muy difícil controlar un brote en un colegio. Cuando las manchas han aparecido, el niño ya no contagia.

¿Qué síntomas provoca?

El eritema infeccioso es un cuadro clínico que cursa en dos fases.

Una primera en la que se produce un cuadro en el que predomina la fiebre de bajo grado, malestar general, dolor de cabeza y síntomas catarrales.

Al cabo de unos pocos días, cuando estos síntomas empiezan a remitir, aparecen las manchas en la piel. Este exantema suele comenzar por la cara dando el aspecto característico de niño abofeteado. A medida que pasan los días el exantema progresa hacia el tronco y extremidades formando manchas de color rojizo parcheadas. No suele afectar a palmas del las manos ni a plantas de los pies.  Durante esta fase, el niño ya suele encontrase bien. Las lesiones acaban desapareciendo al cabo de un par de semanas.

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Niño con las típicas lesiones en las mejillas (exantema en bofetada) y lesiones en el resto del cuerpo.

La recuperación de los niños suele ser completa sin complicaciones. En ocasiones, algunos niños presentan dolores articulares que también se resuelven en unos días sin complicaciones.

¿Cómo se diagnostica?

El cuadro clínico es muy característico por lo que no se requieren pruebas complementarias. En ocasiones, cuando el niño solo presenta fiebre y malestar es difícil diagnosticarlo, pero con el paso de los días aparecerán las manchas que harán más fácil al pediatra el diagnóstico.

¿Cuál es el tratamiento?

No existe un tratamiento específico contra este virus. Está indicado realizar un tratamiento sintomático con paracetamol/ibuprofeno en caso de fiebre o dolores articulares.

¿Puede mi hijo acudir al colegio o a la guardería?

Como ya hemos comentado, el virus se trasmite sobre todo durante el periodo de incubación. Por ello no tiene sentido apartar a los niños de sus actividades habituales. En caso de que no presenten fiebre y se encuentren bien, pueden acudir sin problemas al colegio o guardería.


El copyrigth de la imagen de cabecera del post pertenece a Cardelen Yangin bajo una licencia CC BY-SA 4.0.

Sospechosos habituales: los moluscos

Aunque parezca mentira, esas pequeñas bolitas perladas con un ombligo en el centro son debidas a una infección y por tanto son contagiosas. Son muy típicas de la infancia y las guarderías por lo que merecen un lugar privilegiado en nuestro salón de la fama: nuestra sección de Sospechosos Habituales.

En este post encontrarás toda la información que necesitas sobre esta patología y cómo actuar para solucionarla.

¿Qué son los moluscos?

El Molluscum contagiosum es un virus que provoca una infección de la piel que da lugar a unas lesiones que se conocen vulgarmente como moluscos. Tienen aspecto de verruga pero característicamente suelen ser de color perlado con un hoyuelo en el centro (lo que en pediatría se conoce como «pápulas umbilicadas»).

¿Cómo se contagia?

Los moluscos son típicos de la infancia, sobre todo de niños de guardería y preescolares. La forma de contagio es por contacto directo con las lesiones, siendo menos frecuente a través de objetos (toallas, pañuelos…). Debido al contacto directo es frecuente la autoinoculación, es decir que un niño se lo pegue a si mismo en varias zonas de su cuerpo por haberse tocado las lesiones.

¿En qué consisten las lesiones?

Las lesiones a las que da lugar este virus son una especie de verrugas pequeñas (3-4 milímetros) con aspecto perlado con un ombliguillo central. Son asintomáticas por lo que ni pican ni duelen. Lo habitual es que se agrupen en una o dos pero en ocasiones pueden aparecer muchas juntas (20-30).

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Típicas lesiones de Molluscum contogiosum

¿Cuál es la evolución natural?

Como la gran mayoría de las infecciones por virus, las lesiones tienden a desaparecer con el tiempo por si solas, aunque a veces han de pasar meses o incluso años.

Debido a esto, el tratamiento dependerá de la intensidad y numero de las lesiones, su localización, la aparición de lesiones nuevas en otras partes del cuerpo…

¿Cómo se diagnostican?

Para el diagnóstico de los moluscos no son necesarias pruebas complementarias. Un pediatra con algo de entrenamiento es capaz de diagnosticarlas nada más verlas. En ocasiones los padres contactan muy pronto lo que puede dar lugar a dudas sobre sin son unas manchitas en la piel sin importancia u otra cosa. En estos casos lo prudente es esperar a ver cómo evolucionan y volverlas a ver.

¿Tienen tratamiento?

Ya hemos explicado que esta infección se cura sola con el tiempo. Sin embargo, en caso de lesiones en algunas zonas del cuerpo o si éstas son muy grandes se pueden emplear diferentes tratamientos para acabar con ellos antes, siempre bajo la supervisión de un pediatra o un dermatólogo.

Los tratamientos más empleados son las «cirugías menores» como el raspado con una cuchilla especial (cureta), extirpación del núcleo, crioterapia (la típica pistola de frío) o electrocoagulación.

También existen tratamientos farmacológicos tópicos (soluciones químicas a diferente concentración) que «queman» la lesión y provocan su caída.

¿Pueden ir mis hijos al colegio con moluscos?

Los moluscos no son una enfermedad de exclusión escolar y pese a que se contagian por contacto directo no suele haber brotes en los colegios, aunque sí casos esporádicos. Esto no debe ser un impedimento para que los niños acudan al colegio o la guardería, ni siquiera para que el centro escolar exija a los padres que traten a los niños.

¿Pueden dar lugar a alguna complicación?

En general esta infección no da lugar a ningún tipo de complicación. En niños que se rascan mucho por curiosidad podrían hacerse una herida y que el molusco se sobreinfectara por una bacteria, en estos caso habría que aplicar una crema antibiótica.


El copyright de la segunda imagen de este post pertenece a Wikimedia Commons bajo una licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0. La primera imagen del post ha sido extraída de Centers for Disease Control and Prevention y no tiene licencia.

Sospechosos habituales: la varicela

La varicela es una enfermedad infecciosa de causa vírica que los pediatras cada vez vemos menos debido a que existe una vacuna que puede prevenirla. Sin embargo, esta enfermedad es un clásico de las consultas de pediatría por la espectacularidad de las manchas que provoca en la piel y su alto índice de contagiosidad (suelen caer varios niños de la clase…). Por ello merece un puesto de honor dentro de nuestra sección de Sospechosos Habituales.

A lo largo del post te explicamos en qué consiste esta enfermedad y qué debes hacer en caso de que tus hijos la estén padeciendo.

¿Quién provoca la Varicela?

La varicela es la enfermedad que ocurre tras la infección con el virus Varicela-Zoster por primera vez. Es una enfermedad muy contagiosa típica de la infancia y, salvo que se vacunen, todos los niños suelen pasarla antes de llegar a la vida adulta.

Puede ocurrir durante todo el año, aunque es más frecuente en invierno.

¿Cómo se contagia?

La forma de transmisión es directa, a través del contacto con las vesículas o lesiones que provocan, pero también a través de las gotitas que se producen al estornudar, toser o hablar. Debido a este último mecanismo es muy probable que todas las personas que no la hayan pasado y que estén en contacto directo con el niño se contagien.

¿Qué síntomas produce?

Lo  que caracteriza a la varicela es su exantema, es decir, las manchitas que produce. Estas empiezan siendo simples rojeces sobre las que aparece una vesícula (pequeña ampolla con líquido) que posteriormente se rompe para dejar una pequeña herida y finalmente una costra. De forma clásica a este exantema se le describe como “gota de rocío sobre pétalo de rosa”, ya que no se debe diagnosticar una varicela hasta que no aparecen las ampollitas.

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Lesión típica de varicela en la que se puede observar la vesícula sobre un once de piel rojizo.

Estas lesiones pueden afectar a cualquier parte del cuerpo incluyendo cara, cuero cabelludo y mucosas (por ejemplo la boca). Además podemos encontrar lesiones en varios estadios (unas con vesículas, otras en costra, otras solo rojizas…). Es muy típico que estas manchitas den lugar a mucho picor.

Además de el exantema pueden padecerse otros síntomas típicos de infecciones virales como fiebre y malestar general incluso desde antes de que aparezcan las manchas.

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Lesiones típicas de varicela de distribución universal.

¿Cómo se diagnostica?

El pediatra con experiencia es capaz de diagnosticar la varicela sin ningún tipo de prueba ya que el cuadro clínico es muy característico. En ocasiones los padres consultan antes de que las manchitas se hayan convertida en vesículas lo que obliga a volver a ver al niño en 1 o 2 días para confirma la infección o descartarla.

¿La Varicela tiene tratamiento?

En general basta con un tratamiento sintomático, es decir, encaminado a que el niño se encuentre mejor. En este sentido se emplearán analgésicos-antitérmicos para bajar la fiebre y un antihistamínico para aliviar el picor. Para las manchas de la piel se puede emplear una solución secante (pregunta a tu pediatra) mientras estén húmedas.

Es muy importante vigilar que el niño no se rasque ya que es muy frecuente que las manchas de la piel se sobreinfecten (complicación más frecuente de la varicela). Una vez que se curan las lesiones debemos evitar que les de el sol (o ponerles protección solar alta) para evitar que dejen marcas en la piel.

Existe un antivírico (el aciclovir) que es activo frente al virus de la varicela-zoster. Sin embargo, en niños sanos no suele emplearse ya que su efecto es limitado y no está exento de efectos secundarios. Normalmente se reserva para utilizarse en adultos o en niños con problemas en sus defensas (cáncer, inmunodeficiencia…). Para que resulte eficaz debe iniciarse en las primeras 24 horas del inicio de la infección.

¿Debo dejar a mi hijo con Varicela en casa?

Como ya hemos comentado, la varicela es una enfermedad muy contagiosa. Los niños que la padecen deben aislarse de los adultos que no la hayan pasado (especialmente las embarazadas). Además se considera una enfermedad de exclusión escolar por lo que no deben acudir al colegio o la guardería hasta que todas las manchitas estén secas (en fase de costra).

¿Qué complicaciones puede tener la Varicela?

La gran mayoría de los niños se curan de la Varicela en unos días sin grandes consecuencias. En ocasiones puede complicarse con la sobreinfección de las manchitas de la piel por lo que se debe evitar el rascado. Existen otras complicaciones más graves pero también muy infrecuentes que suelen ocurrir en niños con pocas defensas.

Sin embargo, en adultos la varicela puede ser muy grave por lo que como hemos dicho debe evitarse el contacto de los niños infectados con los adultos que no la hayan pasado.

¿Me puedo contagiar dos veces de la Varicela?

La inmunidad a la que da lugar la Varicela es permanente, es decir, solo se puede pasar una vez en la vida. Sin embargo, tras la Varicela el virus se queda latente pudiendo dar lugar en adultos (menos frecuentemente en niños) a lo que se conoce como Herpes Zoster. Este cuadro clínico es autolimitado y afecta exclusivamente a una zona de la piel (en general en el costado).

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Aspecto de un herpes Zoster en el costado de una adolescente

¿Existe una vacuna contra la Varicela?

Desde hace ya muchos años existe una vacuna segura y eficaz contra la Varicela. Esta incluida en el calendario de vacuna de la mayoría de los países de Europa y en España está subvencionada por el Sistema Nacional de Salud. Esta vacuna es altamente eficaz previniendo la mayoría de los casos. En ocasiones un niño vacunado puede contagiarse de la Varicela pero suelen ser cuadros muy leves (unos pocos granitos sin fiebre).

La pauta de vacunación recomendada por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría es: una primera dosis a los 15 meses y un recuerdo entre los 3 y 4 años. Los niños que se hubieran contagiado antes de la Varicela no necesitan vacunarse.


Las fotos empleadas en esta entrada han sido extraídas de la web Wikimedia Commons. La imagen de cabecera no tiene copyright y la segunda puede ser compartida bajo una licencia CC BY-SA 3.0 siendo su autor Zeimusu (basándose en el reclamo del autor por el copyright), la tercera tampoco tiene copyright. Los derechos sobre la última foto pertenece a Dos Pediatras en Casa.