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La bronquiolitis ha vuelto

Moco

Fuente: Pixabay

Cuando te dedicas a la pediatría sabes que durante los meses fríos del año las consultas de los centros de salud y las salas de espera de las urgencias del hospital se ven ocupadas por niños de corta edad a los que les cuesta respirar, muchos de los cuales acabarán ingresando en el hospital para administrarles oxígeno. Durante esos meses ocurre la epidemia de bronquiolitis, una enfermedad provocada por el virus respiratorio sincitial (VRS), la cual tensiona hasta el límite la capacidad asistencial de los sistemas de salud infantiles; de hecho, la bronquiolitis es el motivo de ingreso más frecuente en pediatría.

Sin embargo, durante la temporada 2020-2021 parecía que el VRS se hubiera tomado unas vacaciones, al menos hasta hace unas pocas semanas. Esto de que no hayamos visto bronquiolitis durante los últimos meses es una constante que se ha repetido no solo en España, sino en todo el mundo. Pero es que el invierno 2020-2021 ha sido diferente, ya que desde marzo de 2020 nos encontramos en situación de pandemia por la COVID-19, y con ella se han implementado una serie de medidas para disminuir el contagio de esta enfermedad que también son efectivas para el resto de las infecciones respiratorias (distancia social, higiene de manos frecuente, uso de mascarillas…).

Fijaos si han sido efectivas que, tras el inicio del curso escolar y hasta unas semanas después de las navidades, los episodios de infecciones respiratorias (los típicos catarros) han sido anecdóticos comparados con otras temporadas, incluso este año no ha habido epidemia de gripe (otro virus que pone en jaque al sistema sanitario todos los años). Es como si el verano, época del año en la que no circulan tantos virus respiratorios y en la que los niños suelen encontrarse sanos como robles, se hubiera prolongado durante varias estaciones.

Como os decía, hasta marzo-abril de 2021 la incidencia de infecciones respiratorias ha sido mucho menor que los años pasados, pero desde hace varias semanas estos cuadros están en aumento, y entre ellos la bronquiolitis provocada por el VRS no podía faltar a su cita anual, aunque con retraso. Esta situación ya nos la habían anticipado nuestros colegas que viven en las antípodas, ya que en Australia fueron los primeros en comprobar que tras el inicio de la COVID-19, la epidemia de VRS se desplazaba a la primavera del año siguiente, momento en el que habitualmente ya no hay casos de bronquiolitis provocados por el VRS y empezamos a salir del túnel en el que se ve inmersa la asistencia sanitaria en pediatría cada invierno.

Durante las siguientes semanas es muy probable que los casos de bronquiolitis sigan aumentando, aunque no creo que el número de casos llegue al extremo de un invierno habitual. Mientras tanto, merece la pena hacer un pequeño repaso de en qué consiste esta enfermedad y su tratamiento.

¿Qué es la bronquiolitis?

La definición clásica de bronquiolitis hace referencia al ‘primer episodio de sibilancias y dificultad respiratoria en un niño menor de 2 años en el contexto de una infección viral’.

Esta definición contiene una serie de conceptos que son muy importantes:

  • Hace referencia al ‘primer episodio’. Por tanto, bronquiolitis solo se puede tener una vez en la vida. Los siguientes episodios en los que se auscultan sibilancias, aunque muy similares a una bronquiolitis, por definición no se pueden llamar así, por lo que deberíamos emplear otro término, en general bronquitis o broncoespasmo.
  • Se trata de menores de 2 años. Por tanto, las bronquiolitis son una enfermedad de niño pequeño. De hecho son más frecuentes por debajo del año de vida, sobre todo en los menores de 6 meses.
  • Aparecen en el contexto de una infección viral. Y aquí el VRS es el rey, ya que provoca el 80-90% de los cuadros de bronquiolitis.

El VRS es un virus que se transmite por gotitas, es decir, por contacto directo con las secreciones de un paciente infectado o cuando inhalamos las gotitas que salen de nuestra boca o nariz cuando hablamos, tosemos o estornudamos. Estas gotitas se quedan en suspensión en el ambiente unos pocos segundos, a diferencia de los aerosoles de los que todos habréis odio hablar en los últimos meses debido a que es la forma de transmisión más frecuente del SARS-COV-2, responsable de la enfermedad COVID-19.

Por tanto, la forma de prevenir el virus que más frecuentemente provoca la bronquiolitis es muy sencilla: lavado de manos frecuente y empleo de mascarilla en el caso de que estés acatarrado (este virus en niños mayores y adultos suele provocar solo catarros), además de evitar que los niños con cuadros respiratorios importantes acudan a la escuela infantil o al colegio.

¿Qué síntomas provoca la bronquiolitis?

El cuadro clínico de bronquiolitis es siempre muy similar. En primer lugar, el VRS coloniza la vía respiratoria superior, lo que da lugar a un cuadro catarral, en general con tos y mocos. Durante estos primeros días suele aparecer también fiebre.

Al cabo de dos o tres días, el virus avanza por la vía respiratoria y llega hasta los pulmones, en donde provoca inflamación en los bronquiolos que se acompaña de un aumento de las secreciones a dicho nivel. Esto provoca que cuando el niño coge aire le cueste respirar en mayor o menor medida y en la exploración física detectemos sibilancias en la auscultación.

Dependiendo de la gravedad del episodio, estos síntomas podrán ser tratados de forma ambulatoria o requerirán ingreso hospitalario, esto último mucho más frecuente en los niños por debajo de los tres meses de vida y con antecedentes personales importantes, como la prematuridad o las cardiopatías congénitas.

Si todo va bien, la parte más aguda de la enfermedad tiene una duración de unos siete días, para mejorar después poco a poco. De hecho, es muy frecuente que tras un episodio de bronquiolitis, estos niños arrastren una tos durante varias semanas.

¿Cuál es el tratamiento de la bronquiolitis?

Por desgracia, no existe ningún ensayo clínico que haya demostrado que existe un tratamiento farmacológico eficaz para la bronquiolitis, más allá del tratamiento sintomático de soporte.

Sé que muchos os estaréis llevando ahora las manos a la cabeza porque seguro que en alguna ocasión os han indicado para esta enfermedad salbutamol inhalado, aerosoles o corticoides vía oral. Como decía, no hay ningún estudio que haya demostrado que sean eficaces para tratar a estos niños, aunque a día de hoy todavía hay muchos pediatras que los emplean porque antiguamente era el tratamiento estándar.

A día de hoy, las guías clínicas sobre bronquiolitis recomiendan que el tratamiento de la bronquiolitis se limite a un tratamiento sintomático:

  • Lavados nasales cuando tienen la nariz taponada.
  • Posición semiincorporada cuando están tumbados.
  • Tomas fraccionadas (más frecuentes, pero de menor cantidad).
  • Antitérmicos si hay fiebre o malestar.

En el caso de que estas mediadas de soporte no funcionen o el cuadro respiratorio progrese hasta provocar dificultad respiratoria, el ingreso hospitalario está asegurado, así que no dudéis en acudir a urgencias o a vuestro pediatra si el niño presenta mal estado general, deja de comer o presenta dificultad respiratoria (respira muy deprisa, marca las costillas al respirar…). En estos casos suele ser suficiente con la administración de oxígeno, aunque en algunos casos se requiere el ingreso en UCIP para su tratamiento.

Una reflexión final

He comenzado este texto hablando de lo raro que ha sido que el invierno pasado no viéramos cuadros de bronquiolitis. De hecho, muchos ya cantábamos victoria como si nos hubiésemos librado, al menos por un año, de esta epidemia. Desconozco si el aumento de casos que estamos viviendo ahora continuará hasta alcanzar un pico epidémico tan alto como el de cada invierno o se quedará en una epidemia de menor envergadura. Lo que está claro es que el VRS está entre nosotros.

Es difícil encontrar una explicación a por qué los casos de VRS se han desplazado al final de la primavera, sobre todo si tenemos en cuenta que las medidas higiénicas que nos protegen contra la COVID-19 siguen vigentes y que tan bien han funcionado contra las demás infecciones respiratorias al inicio del curso escolar, incluida la bronquiolitis provocada por VRS.

Quiero pensar que este aumento de casos no se debe a la relajación de estas medidas por parte de los padres en los más pequeños de la casa y que siguen (seguimos) siendo responsables a la hora de no llevar al colegio a nuestros hijos cuando están con fiebre o con un cuadro respiratorio importante, por mucho que se haya realizado un test de antígeno o una PCR para descartar que esa sintomatología la pudiera estar provocando el coronavirus.

Como padres, somos responsables de no llevar enfermos a nuestros hijos al colegio o la escuela infantil, en primer lugar porque no es el lugar más adecuado mientras un niño se encuentra mal, pero también porque no es solidario con el resto de los compañeros de su clase. Si lo seguimos haciendo igual de bien como en los últimos meses, estoy seguro de que los casos de VRS (y de otras infecciones respiratorias) disminuirán y llegaremos al verano libres de mocos.


Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Los niños no cogen frío

Una de las grandes cosas que se ha conseguido en este año y pico que llevamos de pandemia COVID es que la gente entienda que para contagiarse hace falta otra persona que transmita el virus. De hecho, todos sabemos que si entras en contacto estrecho con una persona positiva debes guardar cuarentena durante unos cuantos días por si te has podido contagiar. La verdad es que el esfuerzo divulgativo que se ha hecho a este respecto desde perfiles sanitarios y medios de comunicación ha sido muy grande y, en mi opinión, el mensaje de que este puñetero virus se transmite de persona a persona ha calado muy bien en la sociedad. Es cierto que podríamos discutir y abrir un debate sobre si este virus se transmite más por aerosoles, por gotículas, por fómites o sobre si la mascarilla es realmente necesaria en espacios abiertos en los que podemos mantener la distancia social de seguridad, pero en ese supuesto debate hay una cosa tan clara como el agua de una fuente: si no hay de por medio una persona que tiene el virus y que se lo transmite a otra persona, el contagio no es posible. Es decir, es necesario que el virus pase de una persona a otra.

Perdonad que me haya extendido un poco en la introducción de este post, pero creo que era necesario poner las cosas en contexto, porque hay una cosa que no acabo de comprender: ¿por qué la gente entiende perfectamente que la COVID, que es una enfermedad provocada por un virus, se transmite entre personas, pero sigue pensado que sus hijos han debido coger frío cuando se acatarran, cuando los catarros son también enfermedades infecciosas provocadas por virus?

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¿Por qué mi pediatra siempre dice que es un virus?

Una de las frases más repetidas cuando los padres salen de la consulta del pediatra y llaman a los abuelos para dar noticias de cómo están los peques es la siguiente: “Nada, lo mismo de siempre, que es un virus…”. Da igual por lo que hayan acudido al médico: diarrea, mocos, fiebre, tos, dolor de garganta, manchitas en la piel…, el diagnóstico (casi) siempre es el mismo: un virus.

Muchos padres dudan de este diagnóstico tan poco preciso, sobre todo cuando malinterpretan que, por ejemplo, tener fiebre alta o el moco verde tiene que deberse a una infección provocada por un microorganismo que necesita antibiótico, es decir a una bacteria.

En el post de hoy queremos contaros por qué casi siempre que un niño tiene una infección es por un virus y por tanto, el tratamiento será analgésicos, antipiréticos y muchos cuidados de mamá y papá mientras dura el proceso.

Empecemos por el principio… ¿qué es una infección?

Un error frecuente que comenten los padres es asociar la palabra “infección” con la necesidad de un tratamiento antibiótico, pero nada más lejos de la realidad.

Las infecciones son aquellas enfermedades que están provocadas por un microorganismo, ya sea éste una bacteria, un virus, un parásito o un hongo. Las dos últimas son poco habituales en pediatría, así que nos quedamos con dos tipos de bichos a tener en cuenta: los virus y las bacterias.

¿Y cómo se tratan los virus y las bacterias?

Por fortuna, las infecciones por virus en individuos sanos (incluidos los niños) no precisan tratamiento para que se resuelvan. Es decir, con un poco de paciencia y un tratamiento sintomático, el sistema inmune hará su trabajo y acabará con ellas en unos días. Por el contrario, la mayoría de las infecciones causadas por bacterias requiere de un tratamiento antibiótico para que sean eliminadas, de tal forma que hasta que no se inicia ese tratamiento el paciente no empieza a mejorar.

Parece que está claro, ¿no?. Si es un virus, tratamiento sintomático. Si es una bacteria, tratamos con antibiótico.

Bueno, vale, ¿y cómo diferencia el pediatra los virus de las bacterias?

Los síntomas y signos de las infecciones por virus y por bacterias son, en muchas ocasiones, muy similares. Aquí es donde entra en juego la probabilidad. Si, si, como lo habéis oído: la probabilidad.

Los pediatras sabemos que la gran mayoría de las infecciones de los niños están provocadas por virus. Al decir la gran mayoría, nos referimos a que cerca del 99% de las infecciones están provocadas por virus. Esto significa que, si no hiciéramos nada acertaríamos casi siempre al decir que lo que le pasa a vuestro hijo se debe a un virus y se va a curar solo.

Sin embargo, ese 1% restante de infecciones, el que está provocado por bacterias, es lo suficientemente importante como para que vuestro pediatra, antes de deciros que lo que le pasa a vuestro hijo es por un virus, haga una buena historia clínica y una exploración física completa en busca de algún dato que le oriente definitivamente a que la infección está provocada por un virus o, por el contrario, todo se debe a una bacteria, lo que conllevaría un tratamiento antibiótico.

En algunas ocasiones encontraremos enfermedades provocadas por virus que tienen nombre propio, los sospechosos habituales a los que nos hemos referido con anterioridad en este blog. Sin embargo, cuando la infección se debe a un virus que no tiene nombre propio, el pediatra acabará diciendo a los padres que la infección que tiene su hijo “se debe a un virus”, así a secas. Sin especificar. Un virus mondo y lirondo.

En esto de la probabilidad hay que hacer una salvedad, los niños más pequeños. En niños con fiebre menores de un mes, la probabilidad de una infección por una bacteria es muchisimo más alta, cercana al 20%. Este porcentaje asciende en los menores de una semana de vida hasta el 40%. Esto justifica que en caso de que un niño menor de 3 meses tenga fiebre sea remitido al hospital para realizar alguna prueba complementaria que arroje luz sobre esa probabilidad con la que trabajamos los pediatras.

¿Y por qué hay virus con nombre propio y otros son virus “a secas”?

El ser humano puede enfermar por muchos virus. Miles de virus podríamos decir. Algunos ejemplos son los enterovirus, el adenovirus, el metaneumovirus, el rotavirus, el virus respiratoria sincitial, el virus de la varicela, el virus del sarampión, el virus del herpes…. y así hasta rellenar una lista interminable.

Como decíamos más arriba, algunos de esos virus darán lugar a una enfermedad concreta reconocible por la historia clínica y la exploración. Por ejemplo, cuando un niño tiene fiebre y manchas en la piel vesiculosas en diferentes estadios hablamos de la varicela, la cual está provocada siempre por el virus de la varicela. Lo mismo ocurre con el herpes labial (sensación de quemazón en el labio con unas lesiones vesiculosas), en este caso, debidas solo al virus del herpes simple. En estos casos en los que la enfermedad es reconocible y tiene nombre propio, vuestro pediatra os dirá tiene tal enfermedad y se debe a este virus.

Sin embargo, la gran mayoría de los virus da lugar a enfermedades inespecíficas, es decir, enfermedades que pueden estar provocadas por muchos virus diferentes. Por ejemplo, fiebre, tos y mocos pueden estar causados por cientos de virus y vuestro pediatra, al hacer el diagnóstico, añadirá la mítica coletilla a la que nos referíamos al principio: “parece un catarro, será por un virus”.

En ocasiones la cosa cambia y al final, lo que al principio parecía un virus, acaba siendo una infección por una bacteria…

Muchos estaréis pensando que en alguna ocasión os han dicho que al principio la infección se debe a un virus pero con el paso de los días, el diagnóstico cambia y al final os dicen que no, que se debe a una bacteria y que hay que dar un antibiótico al niño.

Esto no significa que el pediatra que os vio al principio sea un mal profesional que no supo reconocer que vuestro hijo necesitaba antibiótico. Nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que las enfermedades de los niños no son fotos fijas con las que podemos acertar el 100% de lo que les pasa a vuestros hijos en la primera visita. Como me gusta decir, las enfermedades de los niños son películas y hay que verlas hasta el final para saber si la que empezaba como una película de indios y vaqueros acaba como tal o, por el contrario, se convierte en una película romántica.

Os pongo un ejemplo. Volvamos al niño con fiebre, tos y mocos. Asumamos que la exploración en el primer día de la fiebre es normal y en la historia no destaca nada especial. Lo probable es que se deba a un virus cualquiera que está provocando un simple catarro. Sin embargo, con el paso de los días, la fiebre persiste y al acudir de nuevo al pediatra, este escucha unos ruidos en el pecho y os acaba diagnosticando al niño de una neumonía, con la consecuente necesidad de iniciar un tratamiento antibiótico. Esto no significa que el diagnóstico inicial no fuera certero, significa que los síntomas iniciales de un catarro y una neumonía son iguales en la gran mayoría de los casos. Aplicando la “regla” de la probabilidad que os expliqué antes, lo prudente en la primera visita es diagnosticar al niño de un virus y seguir su evolución. En este caso, la película cambia y el paso de los días arroja nueva información que hacer cambiar el diagnóstico hacia el de nuemonía.

De todo esto se desprende una moraleja, a pesar de que lo másfrecuente cuando un niño tiene una infección es que esté provocada por un virus, debemos estar ojo avizor por si la cosa cambia y pasamos a ese pequeño porcentaje de infecciones que requieren antibiótico.


Para acabar, recuerda siempre los signos de alarma para acudir al médico incluso aunque te hayan dicho que la infección de tu hijo se debe a un virus: mal estado general, dificultad respiratoria, manchas en la piel, decaimiento, vómitos que impiden tomar líquidos…

Hola, ¡soy tu moco!

Queremos dar las gracias a los pediatras de este blog por cedernos a nosotros, los mocos, este espacio para poder manifestarnos, ya que el maltrato que sufrimos por vuestra parte, padres de hijos en edad escolar, es insultante. Nos odiáis y os gustaría que no estuviéramos en la nariz de vuestros retoños todo el invierno. Pero tenéis que saber que no somos los malos, sino que somos vuestros aliados, ya que sin nosotros no podríais vivir.

¿Quiénes somos?

Los mocos somos una sustancia pegajosa que segregan las mucosas, esa parte del cuerpo que está expuesta al medio ambiente. Nos puedes encontrar en sitios tan diferentes como la nariz (el más conocido), pero también en el intestino o el pulmón (en este caso nos soléis llamar flemas…).

El motivo por el que existimos es que sin nosotros las mucosas se secarían, ya que una de nuestras principales funciones es mantenerlas hidratadas. Gracias a nosotros permanecen fuertes y sanas. De hecho, aunque vuestros hijos no estén enfermos, las mucosas producen una pequeña cantidad de moco de forma continua, así que ahí estamos siempre.

“Los mocos siempre estamos ahí…”

Pero además, somos la primera línea de defensa que intenta evitar que vuestros hijos se pongan enfermos. Esto se debe a que una de nuestras funciones es hacer de barrera contra agentes extraños como la contaminación. Además, colaboramos en la defensa contra las infecciones.

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A los mocos nos gusta ponernos juguetones y, a veces, hacemos pompas en la nariz.

A los mocos nos encantan las infecciones

Todos sabréis que cuando un niño se coge un catarro empieza a producir moco sin parar. Gracias a nosotros, los leucocitos, unas células del cuerpo que nos defienden de las infecciones, son capaces de llegar al lugar donde se está produciendo el catarro. Por eso, cuando vemos un virus que quiere atacar a vuestros hijos nos ponemos como locos y aumentamos mucho nuestra cantidad para poder ayudar en la defensa de estos microorganismos.

El problema que tenemos los mocos es que somos un poco perezosos. Aunque haya terminado la batalla contra los virus nos gusta saborear la victoria durante un tiempo y, a pesar de que la fiebre ya se haya ido y no quede rastro del virus, nosotros preferimos quedarnos en la nariz de vuestros hijos durante unos días más, entre 10 y 15 días por lo menos.

Y esteremos ahí hasta que llegue el verano

Lo de que somos perezosos no es broma. Pensarás, “bueno, mientras solo estén por aquí 15 días… podremos aguantar a estos pesados”. Sin embargo, te equivocas.

Tu hijo, sobretodo cuando es pequeño, se pilla unas 8-10 infecciones a lo largo del curso escolar. Si tenemos en cuenta que por cada una de ellas estaremos con vosotros unos 15 días…, pues puedes echar cuentas: tu hijo tendrá mocos unos 5 meses durante el año. Vamos, lo que viene siendo todo el invierno. Ahora entenderéis por qué a los niños pequeños se les llama de forma cariñosa mocosos…

Cuando llegue el verano y los virus se vayan, nos tomaremos un descanso y nos iremos de vacaciones. ¡¡Pero ojo!!, con la vuelta al cole, nosotros también volvernos a instalarnos en la nariz de vuestros hijos..

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Un niño con mocos es un niño feliz.

Aunque me ponga verde, da igual que pidas antibiótico, seguiremos en la nariz de tu hijo sí o sí

Una duda que nos asalta a los mocos es por qué diantres os empeñáis en que el pediatra os mande un antibiótico cuando nos ponemos de color verde, ¡con lo bien que nos queda el verde lima o el verde botella!.

Tenéis que entender que cuando cambiamos de color es porque estamos ganando la batalla a los microbios. Esto se debe a que los leucocitos que trasportamos con nosotros segregan unas “enzimas” que destruyen a esos microorganismos. En ese proceso las enzimas oxidan el hierro y se produce el cambio de color, primero amarillo y luego verde.

Por tanto, el cambio de color durante los días que dura un catarro no quiere decir que las cosas estén yendo mal. Significa que estamos en el buen camino. Así que dejadnos hacer nuestro trabajo y no deis el peñazo a los pobres pediatras, que suficiente tienen con explicaros lo de los cólicos del lactante.

Eso sí, si ves que somos muchos y tu hijo no respirara: ¡¡haz un lavado nasal!!

Ya os hemos dicho que en ocasiones somos un poco pesados. Esto es así porque nos esforzamos al máximo para acabar con los virus que provocan los catarros de vuestros hijos. Pero a veces nos pasamos de frenada y nos juntamos tantos que impedimos que el aire entre por la nariz y la obstruimos.

En estos casos puedes hacer un lavado nasal para que tu hijo respire mejor. Hay que hacerlo con un poco de mala leche, que como somos pegajosos, como no metas un buen chorro de suero no saldremos de la nariz y solo conseguirás cabrear a tu hijo.

Este video de aquí te explica estupendamente como hacerlo.

¿Cómo, que quieres usar un aspirador de esos para sacar los mocos?

Sinceramente, no seas guarro.

Los aspiradores de mocos son una guarrería. Ten en cuenta que el que aspira para hacer fuerza eres tú y por tanto, parte del moco podría pasar a tu boca. ¿Te comerías los mocos de tus hijos por afición?, seguro que no. Pues ya tienes la respuesta.

De todas formas, los lavados nasales bien hechos son mucho más efectivos para que nos hagas salir de la nariz que el aspiradorcito ese que te han dicho que es tan imprescindible.

Aquí tienes una foto del kit limpiamocos de los autores de este blog: suero, jeringa, botellitas, unos pañuelos de papel y un poco de alcohol para lavarse las manos. Unos cracks de las limpiezas nasales.

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El kit limpiamocos de un pediatra cualquiera

No luches contra nosotros, ¡¡ÚNETE A NOSOTROS!!

Te lo hemos dicho por activa y por pasiva: no nos vamos a ir. Así que acepta que estaremos por aquí mientras tu hijo tenga infancia. Ya nos echarás de menos cuando llegue el momento…

Pero hasta que ese día llegue, es mejor que te unas a nosotros porque no tenemos solución.

¿Habrás oído hablar de los jarabes y remedios varios para los mocos…?. Pues tampoco sirven para nada. Da igual que en el bote ponga “mucolítico”, somo inmunes contra ellos. Lo único que conseguirás es gastarte un dinero en balde porque nosotros, los mocos, duramos lo mismo con esos jarabes o sin ellos. Además, todos los fármacos tienen efectos secundarios, por lo que es mejor que no expongas a tus hijos a riesgos innecesarios.

Así que acéptalo: ¡¡si no puedes con nosotros, únete a nosotros!!.

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¡¡No nos mires, únete!!


Para finalizar, siete puntos para guardar en la memoria:

  1. Los mocos no somos malos.
  2. Los mocos defendemos de los virus a vuestros hijos.
  3. Los mocos somos muy pesados y podemos estar en la nariz de vuestros hijos varios meses.
  4. Cuando llegue el veranos nos iremos de vacaciones para que estéis tranquilos, pero con la vuelta al cole nos tendréis dando guerra otra vez.
  5. Cuando hacemos nuestro trabajo, los mocos nos ponemos de color verde.
  6. Por mucho antibiótico que des a tu hijo, los mocos seguiremos por aquí.
  7. Si ves que nos hemos pasado y que tu hijo tiene la nariz taponada, no dudes en hacerle un lavado nasal con mala leche para que respire mejor.
  8. A los mocos, los jarabes no nos hacen nada.


El copyrigth de la segunda imagen de este post pertenece a Jason White, la tercera a mlui92 y la cuarta a Whatchumean,  todas ellas bajo una  licencia CC BY-NC-ND 2.0

Sospechosos habituales: exantema infeccioso (megaloeritema)

¿Habéis visto alguna vez a un niño que perece que le han abofeteado y los padres os aseguran que es por un virus? Pues tienen razón. El eritema infeccioso es una enfermedad provocada por un virus que, además de otros síntomas, provoca un exantema (manchas en la piel) muy característico. Es una enfermedad muy frecuente en la infancia y los pediatras la tenemos muy en cuenta ya que pertenece a esos Sospechosos Habituales de los que tanto os hemos hablado en este blog.

¿Quién provoca el Exantema Infeccioso?

El eritema infeccioso está provocado por un virus que se llama Parvovirus B 19. Esta enfermedad recibe varios nombres además de eritema infeccioso, tales como megaloeritema, quinta enfermedad o enfermedad del niño abofeteado.

El virus que lo provoca puede dar lugar al cuadro al que nos referimos aunque en ocasiones puede cursar solo con fiebre. Es frecuente que afecte a niños en edad escolar (6-12 años) aunque  puede ocurrir en cualquier etapa de la infancia. Se estima que la mitad de los adultos están inmunizados contra este virus.

¿Cómo se transmite?

El contagio se produce entre personas ya que es un virus que solo afecta al ser humano. La transmisión se produce al entrar en contacto con las secreciones respiratorias del paciente, incluidas las gotitas que se expelen al toser o estornudar. También es contagioso a través de vasos o cubiertos infectados. La probabilidad de infectarse tras entrar en contacto con el virus se encuentra en torno al 50%.

El periodo de incubación es largo, en general 2-3 semanas. Además, este virus se transmite sobre todo durante este periodo (cuando el niño todavía no tiene síntomas), lo que hace muy difícil controlar un brote en un colegio. Cuando las manchas han aparecido, el niño ya no contagia.

¿Qué síntomas provoca?

El eritema infeccioso es un cuadro clínico que cursa en dos fases.

Una primera en la que se produce un cuadro en el que predomina la fiebre de bajo grado, malestar general, dolor de cabeza y síntomas catarrales.

Al cabo de unos pocos días, cuando estos síntomas empiezan a remitir, aparecen las manchas en la piel. Este exantema suele comenzar por la cara dando el aspecto característico de niño abofeteado. A medida que pasan los días el exantema progresa hacia el tronco y extremidades formando manchas de color rojizo parcheadas. No suele afectar a palmas del las manos ni a plantas de los pies.  Durante esta fase, el niño ya suele encontrase bien. Las lesiones acaban desapareciendo al cabo de un par de semanas.

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Niño con las típicas lesiones en las mejillas (exantema en bofetada) y lesiones en el resto del cuerpo.

La recuperación de los niños suele ser completa sin complicaciones. En ocasiones, algunos niños presentan dolores articulares que también se resuelven en unos días sin complicaciones.

¿Cómo se diagnostica?

El cuadro clínico es muy característico por lo que no se requieren pruebas complementarias. En ocasiones, cuando el niño solo presenta fiebre y malestar es difícil diagnosticarlo, pero con el paso de los días aparecerán las manchas que harán más fácil al pediatra el diagnóstico.

¿Cuál es el tratamiento?

No existe un tratamiento específico contra este virus. Está indicado realizar un tratamiento sintomático con paracetamol/ibuprofeno en caso de fiebre o dolores articulares.

¿Puede mi hijo acudir al colegio o a la guardería?

Como ya hemos comentado, el virus se trasmite sobre todo durante el periodo de incubación. Por ello no tiene sentido apartar a los niños de sus actividades habituales. En caso de que no presenten fiebre y se encuentren bien, pueden acudir sin problemas al colegio o guardería.


El copyrigth de la imagen de cabecera del post pertenece a Cardelen Yangin bajo una licencia CC BY-SA 4.0.

Sospechosos habituales: los moluscos

Aunque parezca mentira, esas pequeñas bolitas perladas con un ombligo en el centro son debidas a una infección y por tanto son contagiosas. Son muy típicas de la infancia y las guarderías por lo que merecen un lugar privilegiado en nuestro salón de la fama: nuestra sección de Sospechosos Habituales.

En este post encontrarás toda la información que necesitas sobre esta patología y cómo actuar para solucionarla.

¿Qué son los moluscos?

El Molluscum contagiosum es un virus que provoca una infección de la piel que da lugar a unas lesiones que se conocen vulgarmente como moluscos. Tienen aspecto de verruga pero característicamente suelen ser de color perlado con un hoyuelo en el centro (lo que en pediatría se conoce como “pápulas umbilicadas”).

¿Cómo se contagia?

Los moluscos son típicos de la infancia, sobre todo de niños de guardería y preescolares. La forma de contagio es por contacto directo con las lesiones, siendo menos frecuente a través de objetos (toallas, pañuelos…). Debido al contacto directo es frecuente la autoinoculación, es decir que un niño se lo pegue a si mismo en varias zonas de su cuerpo por haberse tocado las lesiones.

¿En qué consisten las lesiones?

Las lesiones a las que da lugar este virus son una especie de verrugas pequeñas (3-4 milímetros) con aspecto perlado con un ombliguillo central. Son asintomáticas por lo que ni pican ni duelen. Lo habitual es que se agrupen en una o dos pero en ocasiones pueden aparecer muchas juntas (20-30).

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Típicas lesiones de Molluscum contogiosum

¿Cuál es la evolución natural?

Como la gran mayoría de las infecciones por virus, las lesiones tienden a desaparecer con el tiempo por si solas, aunque a veces han de pasar meses o incluso años.

Debido a esto, el tratamiento dependerá de la intensidad y numero de las lesiones, su localización, la aparición de lesiones nuevas en otras partes del cuerpo…

¿Cómo se diagnostican?

Para el diagnóstico de los moluscos no son necesarias pruebas complementarias. Un pediatra con algo de entrenamiento es capaz de diagnosticarlas nada más verlas. En ocasiones los padres contactan muy pronto lo que puede dar lugar a dudas sobre sin son unas manchitas en la piel sin importancia u otra cosa. En estos casos lo prudente es esperar a ver cómo evolucionan y volverlas a ver.

¿Tienen tratamiento?

Ya hemos explicado que esta infección se cura sola con el tiempo. Sin embargo, en caso de lesiones en algunas zonas del cuerpo o si éstas son muy grandes se pueden emplear diferentes tratamientos para acabar con ellos antes, siempre bajo la supervisión de un pediatra o un dermatólogo.

Los tratamientos más empleados son las “cirugías menores” como el raspado con una cuchilla especial (cureta), extirpación del núcleo, crioterapia (la típica pistola de frío) o electrocoagulación.

También existen tratamientos farmacológicos tópicos (soluciones químicas a diferente concentración) que “queman” la lesión y provocan su caída.

¿Pueden ir mis hijos al colegio con moluscos?

Los moluscos no son una enfermedad de exclusión escolar y pese a que se contagian por contacto directo no suele haber brotes en los colegios, aunque sí casos esporádicos. Esto no debe ser un impedimento para que los niños acudan al colegio o la guardería, ni siquiera para que el centro escolar exija a los padres que traten a los niños.

¿Pueden dar lugar a alguna complicación?

En general esta infección no da lugar a ningún tipo de complicación. En niños que se rascan mucho por curiosidad podrían hacerse una herida y que el molusco se sobreinfectara por una bacteria, en estos caso habría que aplicar una crema antibiótica.


El copyright de la segunda imagen de este post pertenece a Wikimedia Commons bajo una licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0. La primera imagen del post ha sido extraída de Centers for Disease Control and Prevention y no tiene licencia.

Sospechosos habituales: la varicela

La varicela es una enfermedad infecciosa de causa vírica que los pediatras cada vez vemos menos debido a que existe una vacuna que puede prevenirla. Sin embargo, esta enfermedad es un clásico de las consultas de pediatría por la espectacularidad de las manchas que provoca en la piel y su alto índice de contagiosidad (suelen caer varios niños de la clase…). Por ello merece un puesto de honor dentro de nuestra sección de Sospechosos Habituales.

A lo largo del post te explicamos en qué consiste esta enfermedad y qué debes hacer en caso de que tus hijos la estén padeciendo.

¿Quién provoca la Varicela?

La varicela es la enfermedad que ocurre tras la infección con el virus Varicela-Zoster por primera vez. Es una enfermedad muy contagiosa típica de la infancia y, salvo que se vacunen, todos los niños suelen pasarla antes de llegar a la vida adulta.

Puede ocurrir durante todo el año, aunque es más frecuente en invierno.

¿Cómo se contagia?

La forma de transmisión es directa, a través del contacto con las vesículas o lesiones que provocan, pero también a través de las gotitas que se producen al estornudar, toser o hablar. Debido a este último mecanismo es muy probable que todas las personas que no la hayan pasado y que estén en contacto directo con el niño se contagien.

¿Qué síntomas produce?

Lo  que caracteriza a la varicela es su exantema, es decir, las manchitas que produce. Estas empiezan siendo simples rojeces sobre las que aparece una vesícula (pequeña ampolla con líquido) que posteriormente se rompe para dejar una pequeña herida y finalmente una costra. De forma clásica a este exantema se le describe como “gota de rocío sobre pétalo de rosa”, ya que no se debe diagnosticar una varicela hasta que no aparecen las ampollitas.

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Lesión típica de varicela en la que se puede observar la vesícula sobre un once de piel rojizo.

Estas lesiones pueden afectar a cualquier parte del cuerpo incluyendo cara, cuero cabelludo y mucosas (por ejemplo la boca). Además podemos encontrar lesiones en varios estadios (unas con vesículas, otras en costra, otras solo rojizas…). Es muy típico que estas manchitas den lugar a mucho picor.

Además de el exantema pueden padecerse otros síntomas típicos de infecciones virales como fiebre y malestar general incluso desde antes de que aparezcan las manchas.

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Lesiones típicas de varicela de distribución universal.

¿Cómo se diagnostica?

El pediatra con experiencia es capaz de diagnosticar la varicela sin ningún tipo de prueba ya que el cuadro clínico es muy característico. En ocasiones los padres consultan antes de que las manchitas se hayan convertida en vesículas lo que obliga a volver a ver al niño en 1 o 2 días para confirma la infección o descartarla.

¿La Varicela tiene tratamiento?

En general basta con un tratamiento sintomático, es decir, encaminado a que el niño se encuentre mejor. En este sentido se emplearán analgésicos-antitérmicos para bajar la fiebre y un antihistamínico para aliviar el picor. Para las manchas de la piel se puede emplear una solución secante (pregunta a tu pediatra) mientras estén húmedas.

Es muy importante vigilar que el niño no se rasque ya que es muy frecuente que las manchas de la piel se sobreinfecten (complicación más frecuente de la varicela). Una vez que se curan las lesiones debemos evitar que les de el sol (o ponerles protección solar alta) para evitar que dejen marcas en la piel.

Existe un antivírico (el aciclovir) que es activo frente al virus de la varicela-zoster. Sin embargo, en niños sanos no suele emplearse ya que su efecto es limitado y no está exento de efectos secundarios. Normalmente se reserva para utilizarse en adultos o en niños con problemas en sus defensas (cáncer, inmunodeficiencia…). Para que resulte eficaz debe iniciarse en las primeras 24 horas del inicio de la infección.

¿Debo dejar a mi hijo con Varicela en casa?

Como ya hemos comentado, la varicela es una enfermedad muy contagiosa. Los niños que la padecen deben aislarse de los adultos que no la hayan pasado (especialmente las embarazadas). Además se considera una enfermedad de exclusión escolar por lo que no deben acudir al colegio o la guardería hasta que todas las manchitas estén secas (en fase de costra).

¿Qué complicaciones puede tener la Varicela?

La gran mayoría de los niños se curan de la Varicela en unos días sin grandes consecuencias. En ocasiones puede complicarse con la sobreinfección de las manchitas de la piel por lo que se debe evitar el rascado. Existen otras complicaciones más graves pero también muy infrecuentes que suelen ocurrir en niños con pocas defensas.

Sin embargo, en adultos la varicela puede ser muy grave por lo que como hemos dicho debe evitarse el contacto de los niños infectados con los adultos que no la hayan pasado.

¿Me puedo contagiar dos veces de la Varicela?

La inmunidad a la que da lugar la Varicela es permanente, es decir, solo se puede pasar una vez en la vida. Sin embargo, tras la Varicela el virus se queda latente pudiendo dar lugar en adultos (menos frecuentemente en niños) a lo que se conoce como Herpes Zoster. Este cuadro clínico es autolimitado y afecta exclusivamente a una zona de la piel (en general en el costado).

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Aspecto de un herpes Zoster en el costado de una adolescente

¿Existe una vacuna contra la Varicela?

Desde hace ya muchos años existe una vacuna segura y eficaz contra la Varicela. Esta incluida en el calendario de vacuna de la mayoría de los países de Europa y en España está subvencionada por el Sistema Nacional de Salud. Esta vacuna es altamente eficaz previniendo la mayoría de los casos. En ocasiones un niño vacunado puede contagiarse de la Varicela pero suelen ser cuadros muy leves (unos pocos granitos sin fiebre).

La pauta de vacunación recomendada por el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría es: una primera dosis a los 15 meses y un recuerdo entre los 3 y 4 años. Los niños que se hubieran contagiado antes de la Varicela no necesitan vacunarse.


Las fotos empleadas en esta entrada han sido extraídas de la web Wikimedia Commons. La imagen de cabecera no tiene copyright y la segunda puede ser compartida bajo una licencia CC BY-SA 3.0 siendo su autor Zeimusu (basándose en el reclamo del autor por el copyright), la tercera tampoco tiene copyright. Los derechos sobre la última foto pertenece a Dos Pediatras en Casa.

Catarros y mocos: mitos y leyendas

Los catarros y los mocos. Los mocos y los catarros. Viejos conocidos de las consultas de pediatría y tan presentes en los niños pequeños que parece que hubieran nacido con ellos. La cultura popular ha creado muchos mitos y leyendas alrededor de este síntoma banal que no genera nada más que incomodidad a nuestros hijos.

En este post repasamos qué es un catarro y qué son los mocos desmontando sus mitos y leyendas.

1. Los catarros son consecuencia del frío. FALSO

Cierto es que los catarros suelen ocurrir principalmente en los meses fríos del año, sin embargo estos se producen por infecciones por virus. A los niños hay que abrigarles para que no pasen frío, pero no para que no se acatarren.

2. Mi hijo tiene muchos mocos, seguro que le va a salir un diente. FALSO

No hay ninguna base científica en esta afirmación. Ningún estudio de calidad ha conseguido demostrar que la salida de un diente produzca mucosidad nasal. Durante los primeros 2-3 años de vida de un niño salen un montón de dientes de leche por lo que es habitual que coincidan en el tiempo la salida de uno de ellos con un catarro que produzca moco.

3. Mi hijo no puede tener un catarro porque no tiene fiebre. FALSO

La fiebre es un síntoma más de infección. No es imprescindible tener fiebre para que un pediatra diagnostique a un niño de un catarro. Lo habitual es tener tos y mucosidad nasal, y en ocasiones algo de fiebre.

4. Mi hijo está muy enfermo, lleva con mocos varios meses. FALSO

La duración media de la mucosidad durante un catarro son unos 15-20 días. Si tenemos en cuenta que un niño de guardería se contagia de unos 10-12 al año (concentrados en el invierno) lo normal es que siempre esté con mocos.

5. A mi hijo le ha bajado el moco al pecho. FALSO

Las catarros no bajan la pecho, es decir, el moco no gotea por detrás de la garganta, accede a la traquea y llega al pulmón. Eso no ocurre así. Sin embargo, los virus que dan lugar a bronquitis y bronquiolitis empiezan siempre por un cuadro catarrral que con los días evoluciona. Durante estos días el virus que lo provoca va colonizando la vía aérea y al final llega al pulmón. Esa llegada del virus al pulmón es la que genera moco y no al revés.

6. Tengo que “sacarle” los mocos a mi hijo para que no le bajen al pecho. FALSO

Como ya hemos dicho, que se produzca una bronquitis depende de la capacidad de los virus de invadir la vía aérea inferior y no de lo frecuente que los padres limpien los mocos a sus hijos.

7. El moco de mi hijo se ha infectado porque ha cambiado de color a verde y/o amarillo. FALSO

Durante un catarro común el moco cambia y evoluciona de color. Al principio suele ser líquido y trasparente para en unos días hacerse espeso con un color amarillo o verde. Esto ocurre normalmente en cualquier catarro y no es un signo de que esté ocurriendo ninguna complicación.

8. Tengo que limpiar los mocos de mi hijo para que respire mejor. VERDADERO

La nariz  es la zona más estrecha de toda la vía aérea, además muchos niños no saben respirar por la boca. En caso de que los mocos taponen la mitad de la nariz entraría la mitad de aire al respirar. Por eso es muy importante limpiar la nariz de los niños.

9. La mejor forma de limpiar los mocos es con un “sacamocos”. FALSO

Los lavados nasales son la forma más eficaz de limpiar la nariz. Para ello es necesario tener un poco de “mala leche” y hacerlo con fuerza, como si se limpiara una tubería. Los aspiradores de moco resultan poco eficaces ya que no llegan a la orofaringe (parte de atrás de la nariz, donde se junta con la garganta), además de ser poco higiénicos.

10. Para disminuir los catarros es bueno tomar vitaminas. FALSO

Una alimentación sana y normal aporta los nutrientes necesarios para que un niño se desarrolle y mantenga unos niveles de vitaminas adecuados. La toma “extra” de vitaminas no da lugar a que los niños se contagien menos.

11. Para que mi hijo tenga menos mocos le tengo que dar un mucolítico o un antihistaminico. FALSO

No existe ningún estudio científico de calidad que haya demostrado que tomando un jarabe de ningún tipo se tenga menos moco. Si existiera, los pediatras estaríamos encantados de mandarlo a nuestros pacientes. Hasta que alguien lo invente (y demuestre su eficacia) lo adecuado es la limpieza nasal y mantener bien hidratado al niño.

12. Voy a dejar de dar leche a mi hijo porque le produce mocos. FALSO

Este es quizá de los mitos más extendidos. La leche no produce mocos. Al igual que con los dientes, no existen estudios de calidad que hayan demostrado que esa afirmación sea correcta.


El copyright de a imagen de portada de este post pertenece a alterna bajo una licencia CC BY-NC-ND 2.0

¿Debería poner a mi hijo la vacuna del rotavirus?

Todos los años el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría emite un informe en el que se dan una serie de recomendaciones respecto a qué vacunas deberían recibir los niños. Con estas recomendaciones se elabora un calendario vacunal como pauta de vacunación en la infancia.

Una de las vacunas recomendadas es la del rotavirus. En el post de hoy te explicamos por qué deberías vacunar a tus hijos ya que por desgracia esta vacuna, pese a existir una recomendación, no se financia actualmente en España por el Sistema Nacional de Salud lo que implica que son los padres los que deben afrontar el gasto.

¿Qué provoca el rotavirus?

El rotavirus es un microorganismo que da lugar a una gastroenteritis (diarrea) sobre todo en los niños que acuden a la guardería. En general, todos los niños pasados los dos años están inmunizados porque han entrado en contacto con el virus de una forma u otra.

Su trasmisión, como en la mayoría de las infecciones que dan lugar a gastroenteritis, es facal-oral, es decir, a través del contacto con las heces de los niños que la padecen.

Sin embargo, la gastroenteritis por rotavirus no es una gastroenteritis cualquiera siendo la primera causa de ingreso por este motivo en nuestro entorno ya que suele dar lugar a deshidratación. En los paises desarrollados esto se solucionaría con un suero intravenoso, mientras que en los países en subdesarrollados puede llegar a causar la muerte del niño.

¿Por qué es recomendable la vacuna?

Teniendo en cuenta que el rotavirus da lugar a la gastroenteritis más grave que puede tener un niño se entiende que la vacunación para esta infección esté recomendada. En nuestro país la inmunización de estos niños evitará hospitalizaciones  lo que conllevaría también pérdidas de jornadas de trabajo de sus padres.

¿Cuáles son las vacunas que existen en España?

 Actualmente en nuestro país existen dos vacunas comercializadas que se llaman Rotateq® y Rotarix®. Ninguna de las dos está financiadas por el Sistema Nacional de Salud por lo que son los padres los que tienen que comprarla en una farmacia y conservarla en nevara hasta el día de su administración.

La vacuna Rotateq® consiste en 3 dosis mientras que Rotarix® son 2. El precio de la pauta completa de vacunación de ambas es similar.

¿Cuándo debo vacunar a mi hijo frente al rotavirus?

Los padres que decidan vacunar a sus hijos deben saber que la pauta de vacunación comienza después de la semana 6 pero no mas tarde de las 12 semanas de vida. Más tarde de estos 3 meses ya no se puede vacunar del rotavirus por lo que debe decidirse pronto.

Las dosis de deben espaciarse al menos un mes pero además la pauta de vacunación debe haberse terminado antes de la semana 24 en el caso del Rotarix® (antes de los 6 meses) y de la semana 32 en el del Rotateq® (antes de los 8 meses).

¿Como es la vacuna del Rotavirus?

A diferencia de las vacunas que habitualmente se ponen, esta vacuna no es pinchada sino que se da bebida (vía oral). Se recomienda que sea una enfermera o un médico entrenado el que la administre al niño ya que en el caso de que la vomitara sería como si no se hubiera administrado.

¿La vacuna es segura?, ¿tiene efectos secundarios?

Para que una vacuna este comercializada debe haber pasado una serie de controles sanitarios que garanticen la seguridad de éstas y las vacunas del rotavirus no son diferentes. Antes de su aprobación la vacuna del rotavirus se sometió a varios ensayos clínicos con miles de pacientes en los que se comprobó la seguridad de las mismas.

Sin embargo, pueden dar lugar a efectos secundarios leves como un diarrea leve, vómitos y fiebre. Ninguno de ellos de la suficiente entidad como para que no se recomiende su uso.

¿Existe alguna contraindicación?

Esta vacuna no debe ser administrada en caso de anafilaxia a alguno de sus componente. Tampoco en aquellos niños con antecedente de invaginación intestinal ni tampoco en niños con inmunodeficiencias graves.


Si queires saber más puedes visitar la página del Comité Asesor de Vacunas en este Link.

NOTA: Dos Pediatras en Casa no ha recibido ninguna financiación ni ninguna gratificación por hacer este post. Si hemos decidido escribir sobre esta vacuna es porque estamos convencidos de que las vacunas mejoran la salud de los niños.

Sospechosos habituales: la gripe

Todos los años, entre finales de diciembre y primeros de enero, comienza la temida epidemia de gripe estacional en el hemisferio norte. Durante unas 6 semanas, muchas personas, tanto niños como adultos, sufren esta enfermedad vírica que pone en jaque el aguante de padres, pediatras y médicos de adultos, convirtiéndose en uno de esos Sospechosos Habituales de las consultas en esta época del año.

Pese a que no es una enfermedad exclusiva de niños, la gripe es muy frecuente en la edad pediátrica, siendo ellos los que inicialmente padecen la enfermedad y luego se la trasmiten a los adultos, motivo por el que es importante repasar las claves de esta infección.

¿Quién provoca la gripe?

Esta infección está provocada por el virus Influenzae. Existen varios tipos de este virus, pero solo los del grupo A y B son capaces de provocar epidemias en humanos.

¿Quién padece la gripe?

Esta infección puede ser contraída por cualquier persona susceptible, tanto niños como adultos, aunque en general los individuos que más se contagian son más pequeños de la clase. Sin embargo, los niños menores de un año y los ancianos tiene más riesgo de hospitalización y complicaciones. Al final de una epidemia suele haberse contagiado en torno al 20% de la población.

Además, los virus que la provocan mutan ligeramente de año en año lo que no dejen una inmunidad permanente contra la infección, pudiéndose padecer todos los años.

¿Cómo se contrae la gripe?

El virus de la gripe se trasmite por vía aérea a través de partículas de aerosol que se producen al hablar, toser o estornudar, aunque también a través del contacto directo con secreciones respiratorias. Este es el motivo por el que esta infección sea tan contagiosa ya que no requiere de contacto físico entre personas para que el virus “salte” de una a otra. El periodo de incubación de la gripe es de 3-4 días y en general la epidemia comienza en los niños (guarderías y colegios) para luego trasmitirse a los adultos.

Para prevenirla, nada mejor que el lavado de manos, taparnos la boca al toser/estornudar con el codo y usar pañuelos de uno solo uso.

¿Qué síntomas produce?

A diferencia de lo que mucha gente piensa, la gripe no es un catarro u resfriado (donde predominan los síntomas respiratorios). La gripe se caracteriza por fiebre de aparición súbita junto con malestar general y debilidad, además suele acompañarse en menor grado de otros síntomas tos, mucosidad, dolor de cabeza o de garganta. Ocasionalmente pueden aparecer otros síntomas como vómitos, diarrea o dolor abdominal.

¿Cuanto dura la gripe?

El curso clínico es autolimitado resolviéndose la fiebre en torno a los 4-5 días. El malestar general y la tos puede prolongarse durante algunas semanas.

¿Como se diagnostica la gripe?

El diagnóstico suele ser clínico basándose en la historia clínica y la exploración física. En ocasiones se puede emplear un test que detecta el virus en las secreciones para tener la certeza de que el paciente tiene gripe, sin embargo suele estar solo en ambiente hospitalario. Así que no os sorprendáis si vuestro pediatra os dice esa frase que odias tanto: “esto lo que parece es un virus”, sin haceros ninguna prueba.

¿La gripe tiene tratamiento?

El tratamiento es sintomático empleándose antipiréticos-analgésicos para la fiebre y los dolores. También debe aumentarse la ingesta de líquidos para evitar la deshidratación. Los médicos más clásicos suelen decir que “la gripe dura lo mismo con tratamiento que sin tratamiento”, lo que hace referencia a que no existe una tratamiento curativo que sea totalmente efectivo.

En casos seleccionados se emplea algún antivírico. En concreto para la gripe existen 4 fármacos activos control el virus Influenzae: Oseltamivir,  Zanamavir, Amantidine y Rimantadina. En general se reservan para casos graves o para pacientes con factores de riesgo de desarrollar complicaciones. Deben iniciarse siempre en las primeras 48 horas del inicio de los síntomas.

¿Cueles son las complicaciones más habituales de la gripe?

La complicación más frecuente en el contexto de una gripe es una otitis media. Por ello ante la persistencia de la fiebre o el dolor de oído en un paciente con gripe deben ser revisado en consulta para descartar esta complicación.

Además la gripe predispone a exacerbaciones de cuadros respiratorios crónicos como asmaticos o fibrosis quísitica o agudos como neumonías o bronquitis. El resto de complicaciones extrapulmonares son más raras.

¿Existe una vacuna para la gripe?

Ya hemos explicado que la gripe se trata de una infección muy contagiosa, sin embargo existe una vacuna que puede prevenirla.

Entre epidemia y epidemia el virus de la gripe muta lo que provoca que la vacuna tenga que ser rediseñada cada año para que pueda prevenir la infección. Este es el motivo de que la campaña de vacunación se repita cada otoño dirigida a las personas en las que la vacunación contra la gripe está recomendada.

En los mayores de 8 años o aquellos que ya han recibido la vacuna en años anteriores basta con una solo dosis; por el contrario, en niños menores de 8 años o en aquellos que no se hayan vacunado nunca, deben administrase dos dosis separadas un mes. La inmunidad se consigue en torno a los 15 días de la vacunación. La vacuna no esta autorizada en menores de 6 meses.

¿Quién debe vacunarse de gripe?

La vacuna de la gripe debe administrarse según las recomendaciones del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría, en resumen: 1) Pacientes mayores de 6 meses con enfermedades crónicas y 2) Convivientes de pacientes con enfermedades crónicas. En la siguiente tabla se exponen las enfermedades en las que esta recomendada la vacunación. Puedes encontrar información más detallada sobre los grupos de riesgo en esta otra entrada sobre la vacunación de la gripe.

En caso de que tengas dudas sobre si deberían recibir tus hijos la vacuna de la gripe consulta con tu pediatra.

NOTA: la vacuna de la gripe también está recomendada en embarazadas, independiente de en qué mes de gestación se encuentren.