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Virus y bacterias: entrevista en Madresfera

Los virus y las bacterias son los microorganismos que más frecuentemente provocan infecciones en los niños. En nuestro blog puedes encontrar un montón de entradas hablando de muchas de ellas. Hace unos días publicamos una entrada que llevaba por título “¿Por qué mi pediatra siempre dice que es un virus?” en la que os explicábamos cómo trabajamos los pediatras para diferenciar unas infecciones de otras.

Queramos o no, los niños se contagian de un montón de virus y esto hace que cuando son pequeños estén enfermos practicante todo el periodo escolar, ya sea un catarro, una gastroenteritis o un virus cualquiera que da manchitas en la piel. Vuestro pediatra sabrá diferenciar estas infecciones banales provocadas por virus de las provocadas por bacterias ya que tienen tratamientos diferentes.

Y como este es un tema superinteresante que siempre genera muchas dudas hemos vuelta a colaborar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar del tema.

Puedes escuchar el programa completo dandole al play en el reproductor:

También puedes escucharlo en este video de YouTube (aunque esta vez falló la imagen y no se nos ven las caras):

Esperamos que os guste!!

Día de la Pediatría (#DíaP)

El pasado día 10 de octubre se celebró el Día de la Pediatría. Un día creado por la Asociación Española de Pediatría para poner en valor nuestra especialidad.

Este año se celebraba la 5ª edición con el lema “Orgullosos de ser pediatras” para potenciar el sentimiento de pertenencia y unión de todos los pediatras, gracias a lo cual es posible que en España gocemos de un modelo de asistencia pediátrica de altísima calidad. Un día en el que, entre otros aspectos, se quería recordar la importancia de que todos los niños y adolescentes hasta los 18 años sean atendidos por pediatras en cualquier nivel asistencial, independientemente de su lugar de residencia, y se sientan protegidos en un entorno humano y afable en el que no sufran. En este marco, los pediatras reclamamos el reconocimiento de las áreas de capacitación específicas pediátricas, que actualmente corresponden a 23 especialidades pediátricas.

Con motivo de este día se convocó un acto en la Agencia EFE. Durante el mismo se hizo entrega del premio del “Concurso de Dibujo infantil y juvenil “Día P” 2018” así como el premio  ‘Salud y Calidad’ a la Fundación Atresmedia por el Índice de Humanización de Hospitales Infantiles (IHHI).

Tras la entrega de premios se realizó un debate sobre “La humanización de la atención médica en Pediatría” en el que participaron la directora general de Humanización de la Consejería de Sanidad de Madrid, Ana Dávila Ponce de León; la presidenta de la AEP, la Dra. María José Mellado; la directora de la Fundación Atresmedia, Carmen Bieger y la representante de la Plataforma de Organización de Pacientes (POP) Carina Escobar. Nosotros fuimos invitados a participar para aportar la visión de las Redes Sociales a la humanización del acto médico, Gonzalo fue quien subió al estrado para poner en palabras lo que pensamos.

El acto fue retransmitido en streaming a través de YouTube. Podéis verlo en este vídeo (el debate está al final):

En este enlace podéis leer la reseña que realizó la agencia EFE con motivo del acto.

Prevención antes de verano: entrevista en Madresfera

Esta mañana hemos vuelto a colaborar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hacer un repaso a un montón de temas de interés para que vosotros y vuestros hijos paséis un verano sin sobresaltos.

Como ya pasó la anterior vez, Elena se quedó en la cama descansando de una bonita noche de lactancia materna y fue Gonzalo el que se levantó para dar respuesta a todas esas dudas que han ido surgiendo. Hemos hablado del famosos corte de digestión, de las insolaciones, de las gastroenteritis, de las picaduras y los repelentes de mosquito, de qué hacer para que un niño no se deshidrate…

Podéis escucharlo dándole al play en el reproductor.

Ir a descargar.

O si preferís lo podéis escuchar y ver en este enlace de YouTube.

Disfrutad!!

¿Debería hablar en inglés a mi hijo si no soy bilingüe?

Desde hace tiempo hemos observado como cada vez más padres y madres se dirigen a sus hijos en inglés en su día a día pese a no ser su lengua materna. Nosotros lo hemos notado tanto en la consulta, cuando atendemos a un niño por una determinada dolencia, como cuando bajamos al parque con nuestros propios hijos. Vemos como los padres gritan a sus hijos mientras juegan “Pablo, take the ball!!” o les dicen después de que les miremos los oídos “Don´t cry, the doctor is good” .

Esta moda de hablar a nuestros hijos en otro idioma sin que seamos bilingües lleva entre nosotros desde hace años. En parte se debe a la globalización en la que vivimos, donde el saber inglés (o cualquier otro idioma) te puede abrir las puertas a un mejor trabajo o simplemente muchos contenidos que se encuentran en Internet en idiomas diferentes al español.

Si a esto le unimos que aprender un idioma cuando eres niño es más fácil, parece que la ecuación se cierra sola: cuanto más ingles reciba o escuche mi hijo desde pequeño, mejor y más rápido lo aprenderá. Y con este argumento muchos padres se lanzan a hablar a sus hijos en inglés aún sin ser bilingües.

Pero quizá deberíamos plantearnos si ésta es la mejor forma de que nuestros hijos aprendan otro idioma, más allá de que nuestro conocimiento del conocimiento de esa lengua sea bueno (o incluso muy bueno).

Este es un tema que a nosotros nos preocupa dado que somos padres de dos niños pequeños y creemos firmemente que el aprendizaje de un idioma enriquece a las personas y, muy seguramente, te prepara para afrontar retos y problemas en el futuro de una manera mejor. Sin embargo, poco o nada podemos aportar nosotros desde el conocimiento que tenemos como pediatras al tema, más allá de que sabemos que por debajo de los siete años, los niños tienen una gran facilidad para aprender un idioma.

Así que, antes de lanzarnos a hablarlo con nuestros hijos quisimos profundizar un poco más sobre si esta forma de enseñar un idioma es adecuada. Tenemos la suerte de contar con dos amigos que viven en Berlín, tienen un hijo en común y, además, uno de ellos es filólogo y da clases de español en Alemania. Pensamos que podíamos hacer un post en común para tratar el tema y que conozcáis cuál es la opinión de un experto sobre si una persona no bilingüe debería hablar en su lengua no materna a sus hijos. Os anticipamos que no, no es la mejor opción…

Antes de exponeros sus opiniones, es de justicia presentarlo. Se llama Jorge Corrales y estudió Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, formación que completó con un master en Lingüística aplicada a la Enseñanza de Español como Lengua Extranjera. Actualmente vive en Berlín desde hace 6 años y allí trabaja como profesor de español en la Universidad Técnica de Berlín, la Universidad Humboldt y para el Instituto Cervantes. Habla tres idiomas, español como lengua materna junto con inglés y alemán. Nos cuenta que el inglés lo aprendió en Copenhague gracias a la inmersión lingüística durante un año con una beca Erasmus, sin embargo, reconoce que el alemán lo aprendió de una forma más caótica con “un curso en una escuela, que no podía compatibilizar con el trabajo, por los que pasé por un periplo de profesores particulares, tándems, trabajo autodidacta y sobre todo charlas con mis propios alumnos”. Cómo os podéis imaginar y dado su bagaje, cuenta con la formación y la experiencia suficiente como para poder darnos la opinión de un experto sobre si es adecuado o no que los padres hablemos en otro idioma a nuestros hijos si no somos nativos.

El aprendizaje de un idioma desde pequeños: ¿es necesario?

Como ya hemos apuntado en la introducción, una de las cuestiones que se hace un padre cuando tiene un hijo es si debe iniciar a su hijo en el aprendizaje de otro idioma distinto a su lengua materna desde pequeños. Cuando preguntamos a Jorge por si cree imprescindible que los niños aprendan un segundo idioma, nos contesta “no sé si necesario es la palabra adecuada, pero en el mundo que vivimos, existen tantas interrelaciones en otras lenguas que es difícil convivir sabiendo solo una de ellas“.  Añade que “internet ha abierto un mundo nuevo en el que fácilmente podemos encontrarnos con nuevas lenguas y nuevas formas de comunicarnos. Ya no vivimos en la época en la que escuchar otro idioma era exótico, todos nos enfrentamos en nuestro día a día con otras lenguas. Nuestros hijos, en un futuro se irán enfrentando más y más a otros lenguajes, otras culturas, y por tanto para ellos será necesario saber cómo enfrentarse a esos problemas“. Parece claro por tanto que el aprendizaje de uno (o varios idiomas) es importante para los niños del futuro ya que con ellos pondrán resolver situaciones a las que se enfrenten en el mundo globalizado en el que ya vivimos.

Lo que la neurociencia ha demostrado es que los niños por debajo de los 7 años de edad tienen mucha facilidad para aprender un idioma. Es lo que muchos llaman una ventana de oportunidad. Sin embargo, ” una lengua (incluso la materna) siempre es complicada de aprender. Los miles de códigos, excepciones, matices que tiene una lengua no es comparable a nada que aprendamos en nuestra vida” nos  dice Jorge aunque reconoce que “si comparamos adultos y niños, un adulto tiene más dificultades para aprender un idioma. Hay muchos estudios que debaten el porqué, muchas teorías, pero en mi experiencia yo me quedo con un detalle que en mi opinión es diferencial: un niño está aprendiendo constantemente, 24 horas al día, 7 días a la semana. Que un niño con uno o dos años pueda verbalizar sus sentimientos, es un milagro, pero hay que tener en cuenta que lleva un año aprendiendo sin pausa a hacerlo. Nos estudian, nos entienden y nos copian. Al contrario, un adulto dedica unas horas a la semana a aprender y lo hace como un complemento, no es vital para él, solo una forma más para comunicarse”. Este detalle vendría a dar explicación de por qué nos referimos muchas veces cuando decimos que los niños son “esponjas”. Como bien sabéis, aprenden de todo lo que les rodea y el aprender una lengua no es una excepción.

Jorge también nos dice que el querer enseñar un segundo idioma a un hijo “no es una modernez en absoluto. Los padres siempre hemos querido dar las mejores herramientas a nuestros hijos. Hace años, todos los padres querían que sus hijos fueran a la escuela para tener un futuro mejor, ahora se busca un futuro mejor en los idiomas. Si hablas más idiomas, mejores armas tendrás para vivir como adulto”.

Con todo esto, parece evidente que el querer enseñar a vuestros hijos un segundo idioma desde pequeños es adecuado. Les servirá en el futuro, y lo que es mejor, no les costará aprenderlo tanto como a los adultos. Lo que nos tenemos que plantear es si enseñárselo nosotros mismos es lo más adecuado.

La importancia de cómo enseñar un idioma

Donde Jorge pone el foco es en el método que utilicemos, “ahí radica la importancia, no todas las formas de enseñar una lengua ayudan a nuestros hijos en su futuro. A veces, el afán de los padres por dotarles de herramientas produce efectos negativos en ellos. Desde hace un tiempo, muchos padres se dedican a enseñar una lengua que no es su lengua materna. Digámoslo claro, muchos padres enseñan inglés como segundo idioma a sus hijos sin ser ellos bilingües. Desde mi punto de vista es un tremendo error, no por si el padre habla mejor o peor esa lengua (muchos padres se ofenden cuando hablo de este tema, porque creen que estoy menospreciando su nivel de idiomas), ese no es el punto. El problema es que, si un no nativo enseña un lengua, le está robando a los niños una posibilidad preciosa: la de aprender otra cultura“.

Además añade que “está comprobado que una lengua no solo es lo que verbalizamos, también es todo acto comunicativo que lo acompaña. Un dato que se me quedó grabado durante mis años de estudio, es que de todo lo que un ser humano transmite en la comunicación, solo un 10% es verbal, el resto, un 90%, es no verbal. La gestualización, la entonación, los movimientos, la cercanía del hablante y cientos de pequeños códigos más, tienen que ver con la cultura de la lengua que aprendemos. Los niños tienen la habilidad de copiarlo todo, todos esos códigos, y cuando digo todo es todo. Un niño no racionaliza la lengua, simplemente copia la forma de transmitir información, pero si esa información viene de una persona que no conoce la lengua, va a copiar erróneamente todos esos códigos. Es decir, le vamos a dar un 10% de esa lengua y le vamos a robar el otro 90%. Y digo robar, porque una vez que esos códigos se han adquirido ya no pueden ser renovados“.

Con todo esto, Jorge nos quiere trasmitir que si enseñamos a nuestros hijos una lengua de la que no somos bilingües, se la estaremos enseñando con unos códigos erróneos para comunicarse. Cierto es que sabrán utilizar las palabras y construir frases, pero no lo harán de forma correcta, como lo haría un niño o un adulto que es nativo de esa lengua.

Pero en donde hay un problema siempre hay una solución. Jorge nos dice que “la mejor manera de aprender otro idioma es de una persona que tenga ese idioma como lengua materna”. Lamentablemente, esto a muchos padres les parece una actitud snob y como dice Jorge “no es raro escuchar el famoso comentario “a mí, con que se entienda, me vale”. Sin embargo, “el problema es que entenderse, no significa comprenderse. Jamás podremos integrarnos en otra cultura, si no podemos comprenderla. La mayoría de rechazos, problemas culturales, etc… vienen precedidos de un problema lingüístico. Si alguien quiere hablar mi idioma, pero rompe con todos los códigos de mi lengua, va a suponer un sobreesfuerzo a nuestro cerebro y eso va a suponer un rechazo o al menos un cansancio. Por eso, como padre, yo puedo generar un futuro problema a mi hijo si le enseño por mis propios medios una lengua que no me es propia “.

Un ejemplo sería un niño español que ha aprendido inglés de boca de sus padres no nativos y se va de vacaciones a Londres. Seguramente baje al parque a jugar con otros niños ingleses y no sería raro que intentara comunicarse con el inglés que ha aprendido de sus padres. Les pediría la pelota para jugar con ellos: “The ball, please!!”. Esa frase iría cargada con un 10% de cultura inglesa, pero con un 90% de cultura española. Como todos sabéis, los españoles hablamos con un tono de voz muy alto, robamos la palabra en una conversación, somos muy cercanos al hablar, nos reímos a carcajadas… códigos que hemos aprendido porque forman parte de nuestra cultura. Sin embargo, los ingleses no son así y pensarán que ese niño que pide la pelota con toda su buena intención es un maleducado que solo sabe pedir las cosas a gritos. ¿Y sabéis de quién será la culpa?: del que decidió enseñarle un idioma sin conocerlo correctamente.

¿Es realmente posible buscar una forma barata para que nuestros hijos aprendan un idioma de forma correcta?

Todo esto está muy bien y parece claro que la mejor forma de aprender un idioma es a través de un nativo. Cuando le preguntamos a Jorge sobre si cree que es factible, y sobre todo barato, nos puntualiza que “enseñar un idioma siempre supone un esfuerzo, tanto económico como de tiempo, pero por suerte Internet nos ha abierto las fronteras de todo el mundo y hoy en día es mucho más fácil contactar con una persona que habla otro idioma para aprender de ellos”.

Algún ejemplo de ello sería contratar a un “canguro” de nacionalidad inglesa, una buena forma de solucionar dos problemas a la vez: los padres pueden disponer de su tiempo y a la vez nuestro hijo estaría en contacto con otra lengua. A esto se podría añadir el contactar con personas a través de Internet para obtener un tiempo de charla en ese idioma. O llevar a nuestros hijos a un colegio bilingüe con profesores nativos (opción que puede resultar muy cara). Jorge reconoce que “es un tema candente y espero que en el futuro se vayan creando nuevas formas de resolver este tema”.

El hijo de Jorge tiene la suerte de tener un montón de profesores particulares nativos que le pueden enseñar alemán de una forma más que correcta simplemente con bajar al parque o ir a la escuela, cosa que dista mucho de lo que la mayoría de los que leéis este post tenéis a vuestro alcance. Le insistimos y le preguntamos sobre si no cree que es suficiente con que de pequeños empiecen a hacer oído y se aprendan unas palabras o unas canciones en la guardería. Nos contesta con otra pregunta: “¿Qué es hablar una segunda lengua?”, nos afirma que “estrictamente es aprender otro código para comunicarse y por tanto, ¿para qué vamos a aprender unas palabras o unas canciones, si no tenemos a nadie con quién comunicarnos en ese idioma?. Si mi profesora me enseña unas palabras en ingles pero luego se comunica conmigo en español, no sirve de nada“.

Jorge nos pone un ejemplo: “Me gusta mucho una escena de Never let me go de Ishiguro. Sin hacer mucho spoiler, unos jóvenes se preparan para vivir en sociedad y aprenden como ir a comprar a una tienda. Hacen una pequeña simulación con un guión, la repiten una y otra vez hasta que la memorizan. Cuando por fin van a la tienda, una tienda real, no simulada, comienzan a recitar el guión que han aprendido, pero al poco el tendero les saca de su guión y no saben cómo actuar. Con los niños pasa igual, les enseñamos que pelota se dice “ball” en inglés, se lo repetimos mil veces, lo aprenden, pero cuando se acerca un niño inglés y les dice “The ball, please” no saben a qué se refiere, porque la idea que se han formado en su cabeza de la palabra pelota no es real, es una idea que les hemos transmitido hablantes de lengua no materna.  Entonces, ¿qué sentido tiene enseñarles la palabra “ball” ficticiamente, si luego no van a poder usarla en un contexto real?”

Le preguntamos también sobre si cree adecuado que, por lo menos, los dibujos o películas que vean los niños en la tele sean en otro idioma. Para ser justos, estarán en el idioma original del dibujo y por tanto, todos esos códigos de los que nos ha hablado, estarían trasmitidos de una forma correcta. En su opinión, “el tema de los vídeos y audios en una otro idioma siempre es tema muy polémico. Hay estudios que demuestran que no sirven para nada, porque al no producirse una interacción, no se registra tan bien en nuestro cerebro como hablar con otra persona. Ahora, no creo que sea contraproducente, al contrario, pero tendría que ir acompañado de conversaciones con personas en ese idioma”. Quizá nuestros hijos no se conviertan en bilingües por ver a la Paw Patrol en vez de a la Patrulla Canina, pero al menos es mejor que si les cantamos nosotros el famoso “Head, shoulders, knees and toes…”.

La experiencia de un padre que habla varios idiomas y vive en el extranjero con un hijo pequeño

Para terminar con este post, hemos querido conocer cómo actúan Jorge y su pareja (también española) con su hijo de 2 años en su día a día, ya que nos pueden servir de ejemplo de todo estos conceptos de los que os hemos hablado. Ellos se enfrentan a diario a un hijo que, por un lado está aprendiendo alemán de todo lo que le rodea (en la escuela, en el parque, con los amigos, en las tiendas de su ciudad…) pero que en casa tiene a unos padres que solo hablan español como lengua materna. Ellos podrían optar por hablar con él en alemán para enseñarle más, pero no es así.

Nos cuenta Jorge que ellos siempre hablan en español a su hijo, a pesar de que hablan un alemán más que correcto. “Somos seguidores de la idea de “una persona, un idioma”, es decir cada adulto va a utilizar solo su lengua materna, sin mezclar con otras que no le son propias” y añade “mucha gente cree que es para no generar confusión en el pequeño, pero eso es solo parcial, también lo hacemos porque es beneficioso para el niño: si yo me comunico con mi hijo en mi lengua única y exclusivamente, le voy a dar el máximo de códigos posibles sobre mi lengua materna, mi cultura y la forma de socializar de esa cultura“. Nos confiesa que a todo eso se añade un factor afectivo muy importante, “como dice un amigo español que vive en Alemania “si ya es difícil ser padre, no quiero imaginarme como será ser padre en un idioma que no es el tuyo”. Sentencia que “un padre o una madre tiene que cumplir con su papel, no con el de profesor. Comprender, ayudar, apoyar, solucionar problemas… todo eso se vuelve una carga más pesada si tenemos que hacerlo en una lengua que no es nuestra lengua materna”.

Pero,  ¿cómo actuará su hijo?, ¿mezclará los dos idiomas, corregirá a sus padres?. No sin cierta emoción Jorge nos dice que “¡Por supuesto que nuestro hijo nos corrige! Aún creo que no sé pronunciar correctamente la mitad de los nombres de sus amigos de la escuela, pero eso no es un problema. Él conoce los dos contextos lingüísticos y sabe cómo son realmente, pero también sabe que yo no hablo alemán correctamente y que me equivoco. Por eso él nos habla a nosotros solo en español (salvo si se traba con una palabra muy difícil, que entonces nos la dice en alemán, para que le recordemos como es en español) porque sabe que es nuestro contexto y cómo funciona. Pero lo fascinante no es eso, lo fascinante es que es capaz de diferenciar si una persona habla español o alemán sin escucharle hablar. Nuestra forma de movernos, de sonreír, de gesticular, nos delata”. Porque como ya os hemos ido trasmitiendo a lo largo de este post, hablar un idioma no es solo saberse bien el vocabulario y la gramática de una lengua, es conocer una cultura.

A modo de colofón, a Jorge, parafraseando a un experto que trabaja en el Instituto Cervantes de Berlín, le gustaría hacer una analogía: “la lengua es como una orquesta, tenemos la parte verbal que sería un instrumento, pero contamos con otros tantos instrumentos que serían la entonación, los gestos, el volumen, el timbre, etc… Imaginaos una sinfonía grandiosa, en la que tocan todos los instrumentos, eso sería un hablante de lengua materna. Ahora, imaginad que vosotros queréis enseñarles a vuestros hijos esa composición, pero solo tenéis un instrumento, por ejemplo, la guitarra ¿Se puede tocar la Quinta Sinfonía a la guitarra? Seguro que sí, pero al tocar esa melodía, nuestro hijo va a pensar que esa es la melodía original y se va a perder todo lo demás. Creo que todo padre busca siempre lo mejor para su hijo y en este caso, lo mejor es que habléis a vuestro hijo en vuestra lengua materna“.

¿Influyen mis emociones al bebé durante el embarazo?

No es raro escuchar en boca de mucha gente frases como “habla con tu bebé, aunque esté dentro de la tripa de escucha” o “tu estado emocional durante el embarazo puede influir en el desarrollo de tu hijo”. pero, ¿cuánto de cierto hay en ellas?.

Estas afirmaciones podrían tener sentido ya que el feto se trata de un ser vivo en formación con la capacidad de sentir y percibir ciertos estímulos incluso semanas antes del nacimiento. No en vano, los recién nacidos prematuros sienten dolor cuando se les extrae una analítica o se tranquilizan al hacer canguro con sus padres aunque hubieran nacido varios meses antes de lo que les tocaba. Esto pone de manifiesto que los fetos perciben de alguna forma los estímulos que reciben dentro del vientre de sus madres.

Pero no solo son sensibles a estímulos como un sonido fuerte o un golpecito en la tripa. Todo lo que les rodea dentro de útero materno es capaz de dar lugar a un cambio en el futuro ser. En esta línea podemos leer en la web de la Asociación Española de Psicología Perinatal que “todo lo que ocurre en el embarazo, parto y postparto influye en la vida de las personas”, debido a la adaptabilidad que presenta el cerebro a los cambios en el entorno que les rodea, incluso desde antes del nacimiento.

Desde hace ya muchos años existe un gran interés en estudiar el desarrollo humano invirtiéndose en él grandes esfuerzos científicos. Con ello, se busca fomentar una buena salud, además de prevenir la enfermedad, tanto en el ámbito de la medicina como en el de la psicología. En este último, ha sido hace pocos años cuando los estudios han ampliado su foco de observación y análisis a cómo la predisposición genética de cada uno se ve afectados por factores ambientales antes del nacimiento. En este contexto surge la llamada psicología gestacional y perinatal, aquella que se interesa por todos los aspectos psicoafectivos relacionados con la concepción, el embarazo, el parto, el postparto y la crianza temprana.

A nosotros, tanto como padres como pediatras que estamos frecuentemente en contacto con futuras madres, este tema siempre nos ha resultado muy interesante. Pero como sabéis, no nos gusta escribir o publicar en este blog temas en los que no somos especialistas y carecemos de las herramientas para poder hacer una búsqueda de información en condiciones. Por fortuna, la hermana de Elena, Cristina Blanco Iglesias, es psicóloga y se ofreció a preparar un texto para conocer cuánto de cierto hay en eso de “mi bebé me siente desde antes de nacer” y cómo pueden influir las emociones en la relación de una madre embarazada con su futuro niño. Esperamos que os guste.


El embarazo, punto de partida en la relación madre-hijo

El embarazo es el punto de partida de un proceso de adaptación psicológica y emocional en el que las personas comienzan la construcción de una nueva identidad, como futuras madres o futuros padres. Son 9 meses en los que imaginan, reflexionan, se proyectan diciendo y haciendo, cambian actitudes… Y con una naturalidad que, a veces, queda inadvertida, también experimentan cambios en sus emociones. Sienten alegría, miedo, ilusión, preocupación, amor, desconcierto -entre otras muchas cosas- de una forma nueva y en relación con un futuro ser que, sin conocerlo, ya forma parte de sus vidas.

La idea de que la mente y el cuerpo están conectados -y que el equilibrio entre ambas partes es fundamental- ha de estar especialmente presente durante todo el embarazo. Si la madre se siente bien, es decir, si su estado físico y mental es bueno, sus relaciones son positivas y su entorno resulta favorable, es fácil deducir que el feto se verá favorecido por ello.

Por ello, se recomienda que durante el embarazo se preste una atención especial a cuestiones tan importantes como la alimentación, la actividad física y el descanso. Asimismo, cada vez es más frecuente que estas recomendaciones vayan acompañadas de un cuidado del estado emocional de las futuras mamás, y de un control de su nivel de activación, de tal manera que se reduzcan al máximo las situaciones estresantes.

El estrés materno influye en el feto

Cuando las personas nos vemos ante situaciones que sentimos que nos sobrepasan -a nivel físico, emocional, o ambas- nuestro cuerpo libera entre otras una sustancia llamada cortisol. Esta sustancia es conocida como la hormona del estrés y su función es llevar al cuerpo a un estado de activación que nos ayude a enfrentarnos a esas situaciones estresantes. Sin embargo, es sabido que unos niveles en sangre demasiado altos de esta hormona, o durante periodos prolongados, puede llegar a ser nociva para el organismo que lo produce.

Vivette Glover es una reputada psicobióloga perinatal, una de las más importantes investigadoras contemporáneas en este campo. Tras diversos estudios científicos, afirma de manera sólida que “el modo en que un feto se desarrolla en el útero afecta al futuro niño durante toda la vida”.  Uno de los pilares sobre los que se sustenta esta afirmación son sus investigaciones sobre los niveles de cortisol maternos, producidos en respuesta al estado emocional y físico de la madre durante el embarazo. En sus estudios ha llegado a asociar los niveles de cortisol presentes en la placenta con alteraciones en la capacidad de aprendizaje durante la infancia junto a otras dificultades y trastornos psicoafectivos (link), extendiendo también la asociación a la relación de apego entre la madre y su bebé (link). Esta experta tiene frases tan contundentes como que “se ha visto que cuanto más alto es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el coeficiente intelectual del futuro niño. Es una prueba de que los niveles altos de cortisol afectan al cerebro en formación y, por ende, a la capacidad de aprendizaje”.

Un campo todavía por explorar

Hoy por hoy, se siguen llevando a cabo investigaciones que puedan determinar de qué manera y en qué medida esto ocurre.

Un ejemplo de ello es el estudio de la relación de pareja y el impacto que tiene ésta para el feto durante el periodo gestacional (link). En este sentido se ha demostrado que el apoyo paterno durante el embarazo –o falta de él- influye directamente en el bienestar físico y mental de la madre, y por tanto en el del futuro bebé.

En este sentido se están desarrollando multitud de estudios que buscan asociar una situación concreta que ocurre durante el embarazo con posibles alteraciones en el futuro bebé. Ejemplos de ello serían la forma y el estrés en la que el parto se produce (link) o los efectos del estrés derivado de la dedicación laboral de las mujeres profesionales embarazadas (link, link, link). La Dra. Glover apunta a la necesidad de continuar investigando para permitir elevar conclusiones suficientemente contrastadas, de manera que sean tenidas en cuenta a la hora de diseñar e implementar procedimientos y protocolos de atención integral a las mujeres y sus bebés durante el embarazo.

¿Y qué podemos hacer nosotras que estamos embarazadas?

Seguro que habéis escuchado en varias ocasiones que ponerle música al feto es bueno; hay estudios que así lo apuntan (link). ¿Pero habéis pensado alguna vez que besar y abrazar la barriga de la madre también puede serlo?

En este sentido, la Vivette Glover ha llegado a afirmar que “hoy en día existen muchas pruebas, muchas investigaciones que demuestran que el modo en que el bebé se desarrolla en el útero afecta al niño durante toda la vida. Y la manera en que el bebé se desarrolla en éste depende del estado de la madre, de su alimentación y de sus emociones” y que ” la ansiedad sufrida durante el embarazo duplica el riesgo de que el niño padezca ansiedad o trastornos de conducta durante la infancia”.

Somos muchos los profesionales de la psicología que pensamos que el estrés puede llegar a tener un efecto negativo sobre el desarrollo neurológico del feto. Si por el contrario, le exponemos a estados relajados y a emociones positivas muy probablemente podremos evitarlo. Es una más de esas pequeñas acciones que madres y padres podéis llevar a cabo antes del nacimiento de vuestras hijos, que además de generar bienestar, contribuirá a construir los cimientos de una relación positiva entre vosotros.

“Hablad y acariciad a vuestros hijos con amor y tranquilidad, incluso antes del nacimiento”

Si os ha interesado este tema, os recomendamos ver la entrevista llevada a cabo por Eduardo Punset a Vivette Glover, en el programa REDES (2012).


Tambien podeis consutlar los siguientes recuersos:

El colecho, ¿es seguro para mi bebé?: entrevista en Madresfera

El colecho es una opción que cada vez eligen más p/madres para dormir por la noche junto a sus hijos. En este blog ya hemos hablado de ello desde el punto de vista de la seguridad al practicarlo y su relación con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Además, hemos vuelto a participar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar del tema y solucionar dudas. Solo pudo estar presente Gonzalo debido a la reciente maternidad de Elena, que se quedó en la cama apurando las horas de una estupenda noche de lactancia materna.

Podéis escucharlo dándole al play en el reproductor.

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O si prefieres escucharlo con video, aquí lo tienes en YouTube.

Disfrutad!!

Baby Led Weaning: alimentación complementaria dirigida por el bebé

Como ya hemos comentado en este blog, a partir de los 6 meses de edad es necesario que los bebés empiecen a tomar alimentos diferentes a la leche, ya que ésta no cubre correctamente las necesidades de un niño para que crezca y se desarrolle de manera adecuada. A partir de esa edad comenzaría el periodo que se conoce como “alimentación complementaria” en donde el lactante complementaría las tomas de leche con otros alimentos. Este periodo se extiende durante muchos meses hasta que el niño se incorpora de manera definitiva a las comidas familiares en torno a los 18-24 meses.

Los purés, en los que se mezclan todas las verduras o frutas que se ofrecen a un niño en una toma, es la forma tradicional con la que seguramente todos los que leéis este post os iniciasteis en la alimentación complementaria. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, existe una (no tan) nueva tendencia que se conoce como Baby Led Weaning (BLW). Este método fue desarrollado por la nutricionista Gill Reapley en 2002/2003; con él, los lactantes de más de seis meses de edad se alimentarían ellos mismos tomando la comida directamente del plato lo que les conferiría un mayor control de lo que consumen. De hecho, ya figura como una opción válida para llevar a cabo la alimentación complementaria según las recomendaciones de 2017 de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátricas).

Nosotros la conocemos tanto como padres, ya que la hemos utilizado en nuestro hijo, y también como pediatras, ayudando a aquellos que han decidido utilizarla en sus hijos, pero para este post hemos preferido contar con la Dra. Miryam Triana Junco, (pediatra, consultora de lactancia IBCLC, autora del blog A Demanda y una gran amiga) para desgranar en qué consiste eso de que los niños pequeños coman a trocitos, ya que ella conoce el método a las mil maravillas. Este post no es una guía sobre el BLW aunque podrás extraer un montón de ideas sobre como este método puede encajar en la forma en que das de comer a tu hijo. A continuación puedes leer lo más interesante de lo que hablamos tras quedar con ella para tratar el tema.

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En el BLW, los niños son los que se llevan la comida a la boca

Qué significa Baby Led Weaning

Podemos leer en el blog de Miryam que “la traducción exacta de Baby Led Weaning es destete guiado por el bebé”; sin embargo, se prefiere el término alimentación complementaria dirigida por el bebé para no caer en el error de que el método pretende destetar a los niños. Consistiría en “ofrecer alimentos sanos al bebé y dejar que sea él quien decida cuánto, qué y cómo comer” en cada momento.

Desde cuándo se puede practicar BLW

Para poder dar de comer según el método BLW, los niños han de cumplir una serie de requisitos:

  • Haber cumplido los 6 meses.
  • Ser capaz de sentarse solo (en el regazo de una persona o en una trona).
  • Mostrar interés por la comida.
  • Ser capaz de sujetar alimentos y llevárselos a la boca.
  • Haber perdido el reflejo de extrusión.

Si tu bebé cumple estos criterios podrías utilizar este método para la alimentación complementaria, si no es así deberías esperar. Miryam añade que los niños que empezaron con purés también podrían pasarse al BLW, aunque en tal caso prefiere el nombre de “transición a sólidos“.

Y, ¿es imprescindible hacerlo en todas las comidas?

Para hablar estrictamente del método BLW, debería emplearse en todas las comidas. Sin embargo, Miryam afirma que “los niños que no pueden hacer BLW en todas las comidas (por ejemplo, porque acuden a guardería o los cuidan los abuelos) pueden beneficiarse de aplicar el BLW en algunos momentos del día“. Desde su punto de vista, ofrece ventajas frente a los que solo realizan la alimentación complementaria de forma tradicional.

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El brócoli es una opción habitual en los niños que se alimentan según el BLW

¿Se necesita algo especial para hacer BLW?

Para dar de comer a tu hijo según el método BLW no se necesita nada especial al igual que tampoco lo necesitan los padres que han optado por los purés. Sin embargo, Miryam apunta que lo único que realmente necesita un padre que ha optado por el BLW es informarse bien antes de empezar. “Es muy importante que sepamos cuándo está preparado nuestro hijo para empezar, qué alimentos debemos utilizar y cuáles no, cómo debemos prepararlos para evitar el riesgo de atragantamiento…”, afirma. Para ello recomienda que los padres leen y se informen sobre el método antes de comenzar, no descartando una consulta con algún pediatra (u otro profesional sanitario) que les pueda guiar en cómo llevarlo a cabo.

Muchos padres tiene miedo de que sus hijos se atraganten cuando les toca empezar con la alimentación complementaria y, por este motivo, muchos optan por los purés que mantienen hasta pasado el año de vida. En este punto Miryam es tajante ya que “no está demostrado que los niños que practican BLW de manera adecuada presenten más atragantamientos que los que se aliementan con purés” y nos cita un articulo publicado en la revista Pediatrics de la Asociación Americana de Pediatría (link). En este sentido, no sería necesario que los padres que han optado por el BLW recibieran un curso de primeros auxilios en el que se explicara cómo atender un atragantamiento. Sin embargo, tanto Miryam como nosotros, creemos oportuno que todos los padres, empleen el método que empleen para dar de comer a sus hijos, tengan unas nociones básicas de cómo atender a sus hijos ante un evento como éste. Un buen comienzo sería la Guía Práctica de Primeros Auxilios para Padres del Hospital Infantil Universitario del Niño Jesús (link) o la guía de Cómo Actuar ante un Accidente Infantil de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (link).

“…no está demostrado que los niños que practican BLW de manera adecuada presenten más atragantamientos que los que se aliementan con purés…”

Y aunque nada es imprescindible para hacer BLW, existen muchos cachivaches que podéis ver en este post de Miryam (link).

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Una buena trona facilita mucho las cosas

¿Cómo debe ser la comida que se ofrece en Baby Led Weaning?

Los alimentos en sí no tienen que ser diferentes. Si has leído nuestro blog, sabrás que puedes ofrecer cualquier alimento a tu hijo a partir de los 6 meses de vida, como te comentamos en nuestro post de alimentación complementaria.

Lo que diferencia el BLW con la alimentación con purés es la forma en la que ofrecemos los alimentos al niño. Miryam tiene claro que “deben estar adaptados al desarrollo psicomotriz de cada niño, por ejemplo, siempre será más fácil que un niño de 8 meses agarre alimentos en tiras que muy troceados y siempre deben ser de consistencia blanda y no resbaladiza”. En su blog podemos encontrar ejemplos como brócoli cocido, tiras de verduras (calabacín a la plancha, patata cocida, la zanahoria siempre cocinada, nunca cruda), sandía, melón, aguacate, plátano, pera o el pan. Y recordad, que nunca estén muy calientes para que vuestro hijo no se queme.

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Fruta cortada en tiras, una de las opciones más habituales en el BLW cuando el niño es pequeño

Como norma general, y mientras vuestro hijo no tenga muelas o dientes para poder masticar alimentos duros de forma eficaz, deberíais ofrecerle solo alimentos que sean capaces de aplastar con las encías o con la lengua contra el paladar. Por ejemplo, evitaríamos la manzana o la zanahoria cruda.

Pero ojo, no debemos perder de vista que “entre los 6 meses y el año de vida la leche sigue siendo el alimento principal del niño y que se debe seguir respetando que la lactancia sea a demanda” como nos puntualiza Miryam. Para aquéllos que toman fórmula artificial, el método es igualmente válido, debiendo mantener los biberones a demanda. Añade que “debido a que la leche materna no aporta mucho hierro, debemos dar prioridad a alimentos ricos en este mineral y aprender a combinarlos para favorecer su absorción”.

¿Qué es lo que hace el niño en el método BLW?

Una de las grandes diferencias entre la alimentación complementaria tradicional con purés frente al BLW es que en este último “el niño se guía por la sensación de hambre y saciedad ya que los adultos ponemos a su alcance alimentos saludables para que decidan qué quieren comer y en cuánta cantidad, siendo él en todo momento quién se lleva los trocitos a la boca” según nos cuenta Miryam. En resumen, el bebé participa del acto de comer y no es un mero espectador de unas cuantas cucharadas de puré que sus padres le introducen en la boca quiera o no. Miryam nos insiste que un niño que come según el BLW también podría tomar un puré si es lo que sus padres han decidido que toca ese día para comer, pero será él el que decida cuánto quiere comer llevándose la cuchara a la boca.

Otro punto importante: con el BLW el niño aprende a identificar sabores y texturas. Miryam opina que “cuando un padre prepara un puré está mezclando 4-5 alimentos diferentes haciendo que todo sepa casi siempre igual, además la textura es siempre la misma, sin embargo, con el BLW el pollo sabe a pollo y el brócoli a brócoli“.

Es habitual que un niño al empezar la alimentación complementaria con el método BLW coma poco o casi nada, pero con el tiempo comerán más y mejor. Recordad que es el niño el que debe llevarse la comida a la boca, si sois vosotros los que le metéis los trocitos en la boca a vuestro hijo no estaréis respetando su sensación de hambre y saciedad.

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Esto no es BLW… La mamá le está metiendo la comida en la boca al niño.

Beneficios del BLW

Ya hemos comentado que el BLW respeta la autonomía del niño, pudiendo evitar la sobrealimentación y creando hábitos saludables. A nosotros nos gusta trasmitir a los padres de nuestros pacientes que lo importante es enseñar a los niños a comer de forma saludable, es decir, además de ofrecer alimentos sanos, es imprescindible inculcar unos hábitos alimentarios adecuados y en ese sentido el BLW es una muy buena opción.

Otro punto a favor del BLW según Miryam es que “permite la integración de los niños en la mesa familiar y les ayuda a entender la comida como un acto social. Además, los niños realizan muchas acciones por imitación y si nos ven comer sano, como fruta o verdura, tienden a comer lo mismo que nosotros, hábitos que perduran de por vida”.

Además, desde hace años se sabe que los niños que introducen los sólidos más tarde de los 15 meses pueden presentar problemas al hacer la transición a sólidos. En este sentido, el BLW es el método perfecto para evitarlo.

Miryam apunta que “no se ha demostrado por el momento que los niños que hacen BLW presenten menos tasas de obesidad que los que realizan alimentación tradicional, la cuál no está reñida con que un niño reciba una alimentación sana”. Sin embargo, los niños que realizan BLW suelen aceptar de buen grado alimentos saludables que otros niños rechazan como el brócoli troceado o la merluza a la plancha.

Con el BLW no existen muchas desventajas, salvo la duda de si el niño estará comiendo suficientes nutrientes. Por ello, es importante que realicéis un seguimiento con el pediatra para garantizar que vuestro hijo come todo lo que necesita y crece de manera adecuada. Y eso sí, preparaos para limpiar porque los niños suelen mancharse mucho aunque con el tiempo se soluciona. Tenéis que tener en cuenta que un niño que realiza BLW también puede emplear cubiertos siempre y cuando sea él el que los utilice para llevarse la comida a la boca, aunque suele ser difícil que un niño de 6-7 meses sepa utilizarlos correctamente, pero con el tiempo aprenderá.

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En el BLW los cubiertos no están prohibidos…

El BLW como modelo de crianza

En experiencia de Miryam “los padres que tienden a interesarse por el BLW son aquéllos que han optado por crianzas a las que ahora se las llama “respetuosas”. Además, en muchos casos son madres que mantienen la lactancia materna durante largos periodos de tiempo y tienen la suerte de poder quedarse en casa con sus hijos durante el primer año de vida”.  Sin embargo, es falsa la creencia de que el BLW está pensada solo para un tipo de familia concreto con cierto nivel social o modelo de crianza ya que podría ser empleada por cualquier familia.

Nosotros compartimos la opinión de que el BLW no es un método reservado para unos pocos. El dar de comer con trocitos encaja con cualquier p/madre que quiera favorecer la autonomía de sus hijos.

Miryam también nos cuenta que no cree que “nuestras abuelas y bisabuelas, que solían tener muchísimos hijos, se pudieran permitir el lujo de preparar 4-5 comidas diferentes para cada uno de ellos según su edad. Seguro que lo que hacían era sentar al pequeño en su regazo e irle ofreciendo comida poco a poco hasta que se apañaran”. Esto nos tiene que hacer ver el BLW no como una modernidad sino más bien como un vuelta a los orígenes. Una forma de simplificar las cosas.

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“Mamá, gracias por dejarme hacerlo solo”

El BLW es una opción válida

Esperamos que después de lo que has leído te plantees al menos que el BLW es una opción válida para dar de comer a tus hijos. Como sabéis, nosotros respetamos mucho las decisiones de los padres y no nos atreveríamos a decirte que es imprescindible que lo practiquéis. Debéis ser vosotros los que tras plantearos qué queréis para vuestros hijos toméis una decisión que seguro será muy válida decidáis lo que decidáis.


Por último, además del blog de Miryam, nos gustaría comentaros algún recurso que os puede resultar útil en caso de que os estéis planteando realizar BLW:

  1. El niño ya come solo“, de Gill Rapley. Es el libro de la creadora del método BLW y un must si estáis planteándoos esta opción.
  2. Se me hace bola“, de Julio Basulto. No es un libro exclusivo de BLW pero merece la pena leerlo si os interesa la alimentación infantil.
  3. Mi niño no me come“, del pediatra Carlos González en el que también se aborda la alimentación infantil.

Si habláis inglés, este articulo sobre la evidencia científica del método BLW es muy interesante (Link).

En Internet y en RRSS podéis encontrar muchos recursos para coger ideas sobre cómo preparar comidas adaptadas al BLW y encontrar grupos de apoyo, pero tened precaución ya que no toda la información con la que os topéis es 100% fiable. También podéis acudir a algún taller presencial (sobre todo en ciudades grandes) que os pueden servir de punto de inicio.


La imagen de cabecera del post no tiene copyrigth. El copyrigth del resto de las imágenes pertenece a (según orden de aparición): 1) Gail (licencia CC BY 2.0); 2) Simon Wheatley (licencia CC BY-SA 2.0); 3) S0MEBODY 3LSE (licencia CC BY 2.0); 4) Renee Ya (licencia CC BY-NC 2.0); 5) Gail (licencia CC BY 2.0); 6) Tess Dixon (licencia CC BY-NC-ND 2.0); 7) Simon Wheatley (licencia CC BY-SA 2.0).

¿Son los mocos los malos de la peli?: entrevista en Madresfera

Hace unos días publicamos en le blog un par de post sobre los mocos y los catarro. El primero de ellos en nuestra sección de Mitos y Leyendas y el segundo sobre la necesidad de no administrar un antibiótico cuando los mocos de los niños se vuelven verdes. Y para completar la trilogía sobre los mocos hemos participado en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera.

En esta ocasión hemos podido estar los dos resolviendo dudas y dando consejos. Como siempre, fantásticos Mónica y Sunne.

Si quereis escucharlo dale al play de este reproductor:

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O si prefieres oírlo y vernos las caras (con un poco de sueño matutino…) puedes hacerlo en este video de YouTube:

Esperamos que os guste 😉

La fiebre en los niños: entrevista en Madresfera

Hace unos días colaboramos en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar sobre la fiebre y dudas frecuentes como las convulsiones febriles o si es adecuado alternar Ibuprofeno y Paracetamol.

Por desgracia Elena no pudo estar presente pero Gonzalo estuvo al pie del cañón resolviendo todas las dudas que iban surgiendo.

Si quieres escucharlo dale al play:

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Esperamos que os guste y os sea útil 😉