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Doce cosas que (quizá) no sabías de la tos y los mocos

Moco

Fuente: Pixabay

Es inevitable que con la vuelta al cole nuestros hijos, antes o después, se empiecen a contagiar de los virus que circulan por los colegios y las escuelas infantiles. Algunos darán lugar a dolor de garganta, otros a una diarrea y algunos a manchitas en la piel. Pero entre todo ellos, un cuadro clínico es el rey: el catarro.

Este tipo de infección está caracterizado por un cuadro respiratorio de vías altas, en el cual los mocos y la tos son los síntomas más habituales. A lo largo de post descubrirás un montón de cosas que te harán afrontar con mayor tranquilidad (y conocimiento) esos catarros que a buen seguro se acabarán cogiendo tus hijos durante la infancia.

1. Los mocos nos defienden de las infecciones

Las vías respiratorias son unos conductos que llevan el aire del ambiente a los pulmones para que podamos absorber el oxígeno que nuestro cuerpo necesita. Para que todo funcione adecuadamente, esos conductos tienen que estar lubricados, y para ello las células que tapizan las vías respiratorias producen moco, aunque ese moco no sea perceptible a simple vista. Además, los mocos son la primera línea de defensa contra las infecciones, ya que en ellos flotan un montón de moléculas y células que nos ayudan a acabar con los microbios que quieren acceder a nuestro cuerpo. Por todo ello, cuando un niño se contagia de un catarro se pone a producir moco hasta el punto de que son visibles a simple vista.

2. La tos es un reflejo

Para que las vías respiratorias no se acaben encharcando de moco, el cuerpo humano está dotado de un mecanismo que nos sirve para movilizar esas secreciones que aparecen cuando estamos acatarrados: la tos. Esta aparece por un acto reflejo cuando en esos conductos de aire están más obstruidos de lo normal, por lo que la tos no es un síntoma de que la cosa vaya mal, al contrario, nos ayuda a superar el catarro.

3. A veces hay tos y mocos con fiebre (y otras no)

Además de la tos y los mocos, en ocasiones puede aparecer fiebre acompañando a un catarro , pero que esta aparezca no quiere decir que el catarro se esté complicando, simplemente es un síntoma más que aparece en el contexto de una infección. Como comprenderéis, si aparece la fiebre, es normal que el niño se encuentre más molesto que si solo tuviera tos y mocos, pero no es nada que no se pueda solucionar con un antitérmico.

4. La tos y los mocos pueden durar muchos días

El periodo más agudo de un catarro suelen ser los primeros tres o cuatro días, momento en el que la fiebre puede estar presente. Tras esa primera etapa, es normal que los síntomas respiratorios persistan durante varios días, incluso semanas, lo que a muchos padres les hará pensar que el catarro de sus hijos no se está curando. De media, la duración de la tos y los mocos debido a una infección respiratoria es de unos quince días, y lo que ocurre muchas veces es que antes de que desaparezcan totalmente, el niño se contagie del siguiente virus que ronde a su alrededor, encadenando un proceso con otro y dando la sensación de que todo el rato están malos.

5. Los mocos son incómodos

Lo que está claro es que no es agradable respirar con la nariz taponada por los mocos, seamos un niño o un adulto. Los que ya somos mayorcitos tenemos la fortuna de saber utilizar un pañuelo para sonarnos, cosa que hasta que un niño no tiene cierta edad es incapaz de hacer. Hasta que llegue ese momento, los lavados nasales con suero fisiológico serán vuestro mejor aliado para despejar la nariz de los más pequeños de la casa.

6. El color del moco evoluciona a medida que se cura el catarro

Una creencia popular muy extendida es que si los mocos se ponen verdes es que el catarro se está complicando. Nada más lejos de la realidad. Al inicio de un catarro, los mocos suelen ser fluidos y transparentes, pero a medida que pasa el tiempo es normal que se vuelvan espesos y cambien de color amarillos o verdes. Esto se debe a que las defensas que flotan en los mocos están destruyendo a los microbios que provocan el catarro y en ese proceso las secreciones respiratorias dejan de ser transparentes. Por tanto, el cambio de color de los mocos de los catarros no es un signo de complicación, sino un signo de que nuestras defensas están actuando.

7. Los mocos no bajan al pecho

No existe un ascensor de mocos que los lleve de la nariz al pecho en un viaje de moco pa’rriba, moco pa’bajo. Sin embargo, ciertos virus tienen la capacidad de infectar no solo la zona de la nariz y la garganta, sino también los bronquios (las bifurcaciones de las vías respiratorias en los pulmones). Cuando esto ocurre, nuestro cuerpo se pone a producir moco allí donde lo necesita, y dado que los microbios entran por la nariz y en unos días es cuando llegan a los pulmones, esto puede dar la sensación de que los mocos han bajado al pecho. A pesar de ello, no hay nada que se pueda hacer para que esos microbios no bajen al pecho, ya que si lo hacen es porque tienen la capacidad para hacerlo, no que hayamos dejado de hacer algo que lo podría haber evitado.

8. El sonido de la tos nos importa poco a los pediatras

Es curiosos ver como los padres describen la tos cuando vienen a consulta: que si tos de viejo que fuma, que si tos irritativa, que si tos de perro… Incluso muchos piden al niño que tosa en ese momento para que escuchemos esa música celestial. La verdad es que el sonido de la tos nos da poca información a los pediatras, al menos para decidir si hacer una cosa u otra con el niño en cuestión. Al final, lo que nos importa es cómo está la auscultación pulmonar y si el niño tiene dificultad respiratoria, ya que la clasificación clásica de la tos (productiva, no productiva, irritativa…) no la tenemos mucho en cuenta. Quizá el único caso que sí que nos ayuda a conocer cómo es la tos es cuando esta suena a perro que ladra, a foca o a pato, ya que en estos casos sí que podemos afirmar que lo que le pasa al niño es que tiene una laringitis.

9. La tos y los mocos no se curan con antibiótico

Si has estado atento mientras leías este texto, te habrás dado cuenta que tanto la tos como los mocos son síntomas de una infección respiratoria, que en el caso de los niños, en la gran mayoría de las ocasiones, será consecuencia de un catarro provocado por un virus. Por tanto, por mucho que demos antibiótico a un niño con un catarro, no vamos a conseguir que su tos y sus mocos mejoren, incluso aunque los mocos sean verdes, ya que estos dependen de una infección provocada por un virus que se cura sola sin que el antibiótico sea necesario. En otras ocasiones, como es el caso de las neumonías u otro tipo de infecciones respiratorias causadas por bacterias, la tos y los mocos si que mejoran al dar antibiótico, pero porque el problema subyacente (la neumonía) sí que es un proceso que necesita de este tratamiento.

10. Los jarabes para la tos y los mocos no sirven para nada

Siento si con esto estoy rompiendo la burbuja de jabón en la que vuestra mente cree que este tipo de remedios son eficaces para paliar los síntomas de los catarros, pero tanto los antitusivos como los mucolíticos como los expectorantes no han demostrado una verdadera eficacia frente a los síntomas que pretenden mejorar. Por ello, ninguno de ellos figura como parte del tratamiento de los catarros de ninguna sociedad científica pediátrica contrastada. De hecho, la mayoría de estos jarabes no están autorizados en ficha técnica por debajo de los dos años, motivo añadido para no recomendarlos en caso de que un niño tenga tos y mocos. Con lo único que habría que hacer una excepción es con la miel, ya que ésta sí que ha demostrado cierta eficacia para mejorar las horas de descanso cuando un niño tienen tos. Recordad que la miel se puede dar a un niño a partir del año de vida, pero al contener muchos azúcares debéis lavarle luego los dientes.

11. Los niños con tos y mocos pueden tener otitis (pero no siempre)

La otitis es una infección del oído que da lugar a dolor o irritabilidad y, sobre todo en niños pequeños, fiebre. La mayoría de las otitis están causadas por una bacteria que se llama neumococo, y que en ocasiones requiere antibiótico para su curación (cuando los niños tienen menos de dos años o presentan algún signo de gravedad como la fiebre alta o la superación). Lo que si que suele ocurrir antes de que se produzca el cuadro de fiebre y dolor de oído es que casi todas la otitis van precedidas de un cuadro catarral, el cual sirve de caldo de cultivo perfecto, con sus mocos por todos lados, para que el dichoso neumococo haga de las suyas. De todas maneras, esto no quiere decir que siempre que un niño tenga un catarro vaya a acabar en otitis, pero sería una cosa a vigilar y tener en cuenta.

12. No os fijéis tanto en la tos y la mocos y observad si a vuestro hijo le cuesta respirar

Para finalizar, lo más importante que debéis hacer cuando vuestros hijos tengan tos y mocos es aprender a diferenciar si estos síntomas se acompañan de dificultad respiratoria (si respiran deprisa, si hacen ruido al respirar, si marcan las costillas o utilizan los músculos del cuello en cada respiración…) ya que esto es lo que realmente nos importa a los pediatras. Si vuestros hijos tienen tos y mocos, pero se encuentran bien y no les cuesta respirar, incluso aunque tengan fiebre, podéis esperar a que vuestro pediatra os atienda cuando tenga cita. Pero en el caso de que detectéis dificultad respiratoria debéis acudir a Urgencias sin demora.


Y hasta aquí este repaso a la tos y los mocos, síntomas que a buen seguro vuestros hijos tendrán más de una vez (y más de dos) a lo largo de la infancia.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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¿Por qué tienen tos los niños?

niño médico

Fuente: GTRES

Creo que no me equivoco si digo que todas las personas que hay en el mundo han tenido tos alguna vez. Y si no la han tendido todavía, estoy convencido de que toserán en algún momento a lo largo de su vida. Al fin y al cabo, la tos es un mecanismo fisiológico del que está dotado el cuerpo humano para aclarar las secreciones respiratorias, de tal forma que no nos convirtamos en un saco lleno de moco del que no nos podemos desprender.

Además, la infancia es la época de la vida en la que más infecciones respiratorias se producen, por lo que es habitual ver que un niño tose de manera frecuente mientras le asoman por la nariz un par de mocos transparentes, incluso aunque no tenga fiebre.

¿Pero, desde el punto de vista médico, qué significa la tos? ¿Cuáles son los mecanismo últimos por los que se produce? ¿Podemos sacar alguna conclusión acerca de qué le pasa al niño si la tos es seca o es productiva? ¿Existe algún tratamiento realmente eficaz para que los niños tosan menos? En este post encontraréis respuesta a todas estas cuestiones.

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Laringitis: cuando los niños tienen tos de perro

No hay Otoño en el que, cuando bajan las temperaturas y empiezan las lluvias, las urgencias y las consultas de pediatría no se llenen de niños que tosen como si un perro estuviera ladrando o una foca soltara alaridos. Además, muchos de ellos suelen estar afónicos y, en algunos casos, también presentan otros síntomas respiratorios como los mocos. Este cuadro clínico, sin tener que investigar mucho más, es una laringitis, y los pediatras somos capaces de (casi) reconocerlo cuando escuchamos como se acercan los niños a la consulta y tosen de esa forma tan especial.

La laringitis en una enfermedad autolimitada que, en la gran mayoría de los casos, esta provocada por virus. Sin embargo, en un pequeño porcentaje de pacientes, la inflamación de la laringe puede obstruir la vía aérea provocando que al niño le cueste respirar. En este post te contamos todo lo que tienes que saber sobre ella para que sepas cómo actuar cuando le pase a tu hijo.

¿Qué es una laringitis?

Como su propio nombre indica, una laringitis es la inflamación de la laringe, una parte de la vía aérea que se encuentra por debajo de la garganta y justo antes de la traquea.

Entre otras muchas cosas, en la laringe se encuentran las cuerdas vocales que, como veremos luego, son responsables de los síntomas de los niños con laringitis.

En ocasiones, a esta enfermedad, también se la denomina “croup”, un término médico que realmente hace referencia a varias enfermedades de la vía aérea superior, entre ellas y sobre todo la laringitis. Así que no es raro que en ocasiones os digan que vuestro hijo tiene una laringitis y en otras un croup ante los mismos síntomas.

De lo que no hay duda es de que TODAS las laringitis están provocadas por virus. Así que ya os anticipamos que nunca se tratan con antibióticos. Como ya sabéis, los virus son más frecuentes en las épocas del año en las que hace frío, por lo que es habitual que se presenten durante los meses de otoño e invierno.

Las laringitis son típicas de niños pequeños, sobre todo entre los 6 meses y los 6 años, aunque es posible padecerla a cualquier edad, incluso en adultos.

¿Qué síntomas provoca?

Los síntomas típicos de una laringitis son la tos laringea -esa tos especial, metálica, que suena a un perro ladrando o una foca cuando habla- y la afonía. También es frecuente el estridor, un ruido que los niños pueden hacer al respirar cuando la vía aérea se obstruye y el aire entra a los pulmones.

La triada típica de la laringitis es tos perruna, afonía y estridor

Por lo demás, la exploración de los niños con laringitis suele ser normal, incluida la auscultación pulmonar (ya que lo ruidos que emiten provienen de más arriba) y el aspecto de la garganta (ya que la laringe no puede ser ve a simple vista al asomarse a la garganta del niño).

Debido a que las laringitis están provocadas por virus, tampoco es raro que se acompañen de otros síntomas respiratorios, como los mocos, o generales, como la fiebre o el malestar general.

La tos de la laringitis es especial porque, al estar las cuerdas vocales inflamadas, el ruido que emiten al toser estos niños es inolvidable, de ahí que los pediatras podamos diagnosticar esta enfermedad casi sin explorarlos. En el siguiente video podéis escuchar a un niño con laringitis tosiendo.

Las primeras 48-72 horas de una laringitis son las peores. Son momentos en los que el niño tose tanto que es difícil que concilie el sueño y que la fiebre esté en todo su esplendor, en el caso de que hubiera aparecido. Pasados esos primeros días, la cosa empieza a remitir, aunque en la mayoría de los casos la tos puede llegar a durar dos o tres semanas.

¿Cuál es el tratamiento de una laringitis?

El tratamiento de los síntomas generales de una laringitis se debe realizar con analgésicos/antipiréticos para el dolor, el malestar o la fiebre. Además, en el caso de que el niño tenga muchos mocos, no le vendrá mal un lavado nasal para que pueda respirar mejor por la nariz.

Por otro lado, mientras el proceso viral mejora solo, las laringitis se tratan con corticoides orales con el objetivo de que la inflamación de las cuerdas vocales no progrese hasta el punto en el que el aire entre con dificultad a los pulmones. Pero ojo, este tratamiento no esta dirigido a quitar la tos -cosa que a veces sí ocurre-, sino a disminuir la gravedad del episodio. Dependiendo de la disponibilidad, lo más habitual es emplear dexametasona, ya que solo se requiere una dosis y su efecto dura tres días. En algunos casos, pueden emplearse otros corticoides vía oral como la prednisolona o la prednisona, aunque, debido a la duración del efecto, se requiere mantener el tratamiento dos o tres días.

Además del tratamiento farmacológico, las laringitis mejoran en ambientes húmedos y fríos. Por ello, es muy frecuente que los niños mejoren al bajar a la calle camino de Urgencias o, como hacían las abuelas, saliendo al balcón o asomándose a la ventana en medio de la noche a tomar el aire. Por ello, la calefacción en casa no debe estar muy alta, se debe ventilar bien antes de dormir y mantener cierto grado de humedad en la habitación. Para esto último, se puede emplear un humidificador o también puede valer mojar unos trapos en agua y colgarlos a “secar” dentro de dónde duerma el niño.

¿Se pueden complicar las laringitis?

Cuando la laringe se inflama mucho puede ocurrir que el aire entre con dificultad a los pulmones. Con dijimos antes, el niño, en este momento, empezará a hacer un ruido que se llama estridor. En el siguiente video podéis escuchar cómo suena.

El estridor suena “al entrar el aire en los pulmones”.

En la gran mayoría de los casos, la dificultad para la entrada de aire se compensa con un aumento de la frecuencia respiratoria o con mayor esfuerzo al respirar. Sin embargo, en unos pocos casos no se consigue y la gravedad del proceso obliga un ingreso hospitalario para administrar al niño un soporte respiratorio. En estos niños, se suele añadir al tratamiento adrenalina inhalada.

Por último, en algunos casos, los virus que provocan la laringitis pueden afectar también a la traquea y los bronquios, dando lugar a lo que se conoce como laringotraqueobronquitis. En estos casos se emplea salbutamol inhalado además de los corticoides orales.

¿Y qué es el Croup Espasmódico?

Decíamos hace unos párrafos que las laringitis están todas provocadas por virus. Para ser justos, esto no es verdad ya que hay niños que pueden presentar un croup de forma súbita sin que esté provocado por una infección viral.

A diferencia de las laringitis virales, el croup espasmódico aparece de forma súbita durante la noche y suele desaparecer a las pocas horas sin que se asocie fiebre ni otros síntomas salvo tos perruna, afonía y, cuando el cuadro se agrava, estridor.

El tratamiento es el mismo que las laringitis virales: un corticoide oral junto con frío y humedad ambiental. En ocasiones, si los síntomas son tan recortados en el tiempo que cuando el niño aparece en Urgencias a media noche y es valorado por el médico sin que ya presente tos, no suele ser necesario el empleo de medicación

¿Cuándo debo acudir al médico?

Los niños con laringitis que solo presentan tos y afonía, pueden pedir cita tranquilamente con su pediatra. Sin embargo, cuando aparece el estridor, sobre todo si va a más o aparece cuando el niño está en reposo o durmiendo, deben ser evaluados en ese momento por lo que, si no hay cita en el Centro de Salud, es adecuado acudir a Urgencias.


En resumen, la laringitis es una enfermedad fácil de reconocer que se caracteriza por tres síntomas (tos perruna, afonía y estridor) que está provocada por virus. Debido a sus síntomas tan diferentes es fácil reconocerla para el pediatra experimentado. En general, se resuelve en unos pocos días sin complicaciones, aunque en algunos casos se requiere ingreso hospitalario ya que puede dar lugar a dificultad respiratoria.

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