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Alimentos con alto riesgo de atragantamiento

La muerte de un niño es siempre un acontecimiento trágico, pero todavía lo es más cuando se podría haber evitado. Este es el caso de la mayoría de los atragantamientos, los cuales se producen en circunstancias en las que el niño intenta tragar algo que no ha podido masticar bien y que le acaba obstruyendo la vía aérea. Sin duda alguna esta situación es de las que más pánico genera a lo padres, sobre todo cuando toca iniciar la alimentación complementaria y los niños empiezan a probar cosas distintas a la leche.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en el 2018 (último año con datos actualizados) fallecieron en España dos niños menores de 14 años a causa de un atragantamiento con algún tipo de alimento, lejos de los 166 adultos que fallecieron por este mismo motivo. Está claro que esta cifra es el último eslabón dentro de una cadena en la que el desenlace no siempre es fatal, ya que muchos niños se atragantan todos los días y no les pasa nada, aunque en algunos casos sí que es es necesario que sean atendidos de urgencia por especialistas para que les extraigan ese trozo de alimento que fue a alojarse a la vía respiratoria y que obstruía parcialmente la entrada de aire al pulmón.

Estos datos ponen de manifiesto dos cosas. Por un lado tranquiliza saber que esta tragedia ocurre en niños de forma muy poco frecuente, pero por otro refuerza la idea de que debemos seguir informando a los padres para que eviten situaciones que ponen en peligro a sus hijos. En este post encontrarás información útil sobre los atragantamientos y sobre qué alimentos se deben evitar en niños pequeños.

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Los collares de ámbar: ni funcionan ni son seguros

De cuando en cuando vemos como a nuestra consulta acuden padres con niños pequeños preocupados por los síntomas que suelen acompañar la salida de los dientes, tales como dolor en las encías, malestar, irritabilidad, alteración del sueño, pérdida de apetito o babeo. Y aunque son síntomas menores que mejoran en pocas semanas, no dejan de ser molestos, provocando en muchos casos una búsqueda a cargo de los padres del “mejor” remedio para que sus hijos pasen ese trance lo mejor posible.

Aunque no es lo más habitual, algunos de ellos, ya sea porque lo han leído en algún sitio, se lo haya comentado una amiga o, simplemente, por la desesperación de ver a un hijo que se encuentra mal, acaban recurriendo a unos collares de ámbar muy vistosos que prometen la mejoría de todos esos síntomas que mencionábamos.

Sin embargo, que alguien diga que una cosa funciona, incluso aunque la haya probado, no quiere decir que realmente lo haga, ya que para ello debe demostrarse científicamente y no  quedarse solo en una hipótesis. Pero además, los collares de ámbar no son seguros y pueden provocar accidentes conduciendo a la asfixia y/o estrangulación del niño. Os lo explico todo en este post para que no os queden dudas.

Los collares de ámbar no son eficaces

No miento si os digo que he tenido que indagar un poco para saber en qué se basan las supuestas propiedades de los collares de ámbar para la dentición. En primer lugar, los defensores de este tipo de terapia insisten en que tiene que ser ámbar y no vale una piedra cualquiera recogida en el parque o en la playa. De hecho, el ámbar debe ser de origen báltico y no de otra localización del planeta.

Como muchos sabréis por la película Jurasic Park, el ámbar se forma cuando cristaliza la resina de los árboles. Es decir, cuando esa materia viscosa se pone muy dura. Una parte de la composición molecular del ámbar es el ácido succínico, que es justo al que se le atribuyen las propiedades curativas de los famosos collares de ámbar. A esta molécula se le presuponen propiedades antiinflamatorias, pero por mucho que he repasado los libros de farmacología de la carrera no he encontrado por ningún lado que tenga esa propiedad. De hecho, si buscas en PubMed (la biblioteca virtual más grande a nivel mundial donde se publican la inmensa mayoría de artículos médicos) las palabras “succinic acid“, te encontrarás con unas 20 entradas y en ninguna de ellas se habla de que tenga poder antiinflamatorio.

Pero vayamos un poco más allá y busquemos si existe médicamente algún fármaco que utilice este principio activo en la vida real. En la página de la Agencia Española del Medicamentos y Productos Sanitarios no existe ningún fármaco que contenga ácido succínico en su composición. Ninguno. ¿No creéis que si esta molécula realmente fuera tan maravillosa, alguna empresa farmacéutica hubiera diseñado ya algún medicamento para venderla a precio de oro? En el buscador de esta agencia sí que podemos encontrar dos moléculas con nombres parecidos (ácido dimercaptosuccínico y ácido dihidroxisuccínico). La primea de ellas se utiliza como contraste para pruebas de imagen y la segunda como laxante. No parecen tener mucha relación con el ámbar y los dientes, la verdad.

Sin embargo, los que defienden el empleo de estos collares de ámbar atribuyen al acido succínico el poder curativo del collar. Supuestamente, esta molécula se liberaría al chupar el ámbar y ejercería su acción a nivel local en las encías. Digo supuestamente porque, como he mencionado en el párrafo anterior, esta molécula realmente no tiene ningún poder antiinflamartorio demostrado. Además, habría que creerse que el hecho de chupar una piedra liberaría una molécula en cantidad suficiente como para ejercer una acción que, además, no posee.

¿Y qué dice PubMed de los collares de ámbar? Pues tampoco hay ningún estudio publicado que confirme que funcionen. Así que, si no era suficiente con tener que creernos la teoría de que una molécula que no tiene ninguna función antiinflamatoria puede ayudar con los dientes de los bebés, tampoco existe nadie que haya realizado un estudio con calidad científica como para demostrar sus efectos. En resumen, el que diga que el ámbar funciona se lo está inventando.

Me gustaría pensar que solo con estos datos ya os he convencido y que os habréis dado cuenta de que emplear collares de ámbar para los dientes de los niños no es más que un engaño. Si no es así, os animo a que sigáis leyendo ya que los collares de ámbar, además de no ser eficaces, pueden resultar muy peligrosos.

Los collares de ámbar son peligrosos

Si los argumentos sobre la eficacia de un collar que no funciona para lo que pretende no han sido suficientes, os presentaré a la artillería pesada para terminar de convenceros: los collares son peligrosos y pueden causar la muerte del niño que los lleve.

No lo he dicho antes, pero ¿sabéis lo que sí que aparece en PubMed si buscas “amber necklace”? (collar de ámbar en inglés). Pues aparecen varios artículos en los que se habla sobre la posibilidad tanto de asfixia como de estrangulamiento al utilizar uno de estos collares (link). Si esto no os ha parecido suficiente, busca en Google: existe más de una noticia en la que se cuenta la muerte de un niño por esta causa (link).

Quizá estéis pensando: “bueno, estos son solo unos pocos casos desafortunados”. Pues fijaos: organismos tan importantes como la Food and Drugs Administration americana tiene publicado un documento de posicionamiento en el que alerta sobre la (falta de) seguridad de este tipo de collares (link). De forma similar, la página web EnFamilia de la Asociación Española de Pediatría, en su entrada sobre los síntomas que provocan la salida de los dientes, nos alerta también de su peligrosidad (link).

Esperamos que con lo que habéis leído haya sido suficiente y terminaros de convencer para que no uséis nunca estos collares. En el caso de que no los uséis pero conozcáis a alguien que sí que los usa, confiamos en que le hagáis ver que comete un error al utilizarlo con sus hijos. No concemos a ningún padre o madre que no quiera lo mejor para sus hijos, cosa que nos hace pensar que si alguien utiliza este tipo de collares o cualquier otro tipo de artilugio sin eficacia y potencialmente peligroso para un niño es por desconocimiento, y ahí es donde vosotros podéis jugar un papel muy importante. Si nosotros no somos capaces de llegar a esa mamá o ese papá para que deje de usar estos collares de ámbar, quizá vosotros sí que se lo podáis hacer ver desde vuestra amistad con esa persona.

Lo que realmente funciona para calmar la salida de los dientes

En todo esto de los dientes y los collares hay una cosa que sí que es cierta. Los dientes “duelen” cuando salen y, por fortuna, sí que hay remedios que ayudan a mitigar ese malestar que sienten muchos niños. Estos tratamientos sí que son recomendables además de ser seguros, así que apuntarlos para tenerlos en cuenta cuando llegue el momento:

  • Ibuprofeno y paracetamol: si las encías están inflamadas o tu hijo realmente siente dolor, podéis administrarle una dosis de estos fármacos. Pero ojo, lo de frotárselos en la encía no sirve de nada. Debe emplearse la dosis habitual que utilizáis cuando vuestros hijos tienen fiebre o les duele un oído.
  • Juguetes para morder: una de las cosas que calma los síntomas de la salida de los dientes es morder juguetes de plásticos o de goma. Existen muchos mordedores que podéis encontrar en el mercado y que son seguros, a diferencia de los collares ámbar.
  • Frío local: es otro remedio que alivia las inflamación de las encías, como cuando usas frío local en un tobillo torcido. Para ello podéis meter en el congelador toallas pequeñas húmedas o un trapillo mojado; una vez congeladas puedes ofrecérselas a mordisquear a vuestro bebé.  Los típicos juguetes pensados para congelar suelen ser muy duros para que un niño los muerda.
  • Masaje de la encía: esta acción suele aliviar mucho el dolor de los bebés, al igual que dejarles que mordisqueen vuestros nudillos o algún dedo. Recordad que debéis lavaros las manos antes de hacerlo.

Nota: Los geles o las cremas para adormecer que contienen benzocaína no son recomendadas para los bebés.


Y hasta aquí la entrada de hoy. Sé que muchos estaréis pensado eso de “pues a mí me funciona” y no estaréis dispuestos a cambiar de opinión. Solo os pedimos una cosa: pensad en la seguridad de vuestros hijos, no nos lamentemos después por algo que podríamos haber evitado. La salida de los dientes es muy molesta, todo el que ha sido padre lo sabe. Pero como decía una de nuestras maestras: los dientes cuando salen duelen, pero luego nos ayudan a comer. Así que tengamos paciencia que ya llegará el momento de preocuparnos por cosas realmente importantes.

Cómo actuar ante un golpe en la cabeza de un niño

Los golpes en la cabeza son uno de los motivo de consulta más frecuentes en las consultas de pediatría, y aunque la mayoría de los golpes son leves, algunos de ellos pueden condicionar graves lesiones. El verano, debido que es la época del año en la que los niños realizan más actividades al aire libre de carácter lúdico, es la época del año en la que más se producen.

Es fundamental que conozcáis como actuar ante los golpes en la cabeza de vuestros hijos para que sepáis detectar a aquellos niños que puedan precisar atención médica. También podéis visitar esta otra entrada sobre los mitos y leyendas de los golpes en la cabeza que escribimos hace tiempo.

¿Qué es un trauma craneal?

El trauma craneal es la forma técnica que tenemos los pediatras de referirnos a los golpes en la cabeza. Este tipo de golpes se refiere a aquellos que se producen en los huesos del cráneo, por tanto excluyendo la cara y el cuello.

Aunque la palabra “trauma craneal” te parezca que hace referencia a un golpe muy grave, esto no es así, ya que los traumatismos craneales se dividen en leves (la gran mayoría y, en general, sin consecuencias), moderados y graves, y pueden afectar tanto a los huesos (estructurar óseas de la cabeza) como a su contenido, el cerebro.

Lo que nos preocupa realmente a los médicos cuando alguien se da un golpe en la cabeza es que el golpe sea de tal intensidad que provoque algo más que un simple impacto en los huesos del craneo y acabe afectando al cerebro (en general por un sangrado o una contusión).

El trabajo del pediatra en estos casos será diagnosticar ante qué situación estamos. Por ello, contamos con protocolos para poder diferenciar qué niños se pueden beneficiar de una prueba radiológica como el scanner craneal (prueba a realizar en caso de sospecha de traumatismo craneal complicado) ya que las radiografías en estos casos no nos dan mucha información.

Los síntomas, la clave de todo

Tras un golpe en la cabeza, van a aparecer una serie de síntomas que se correlacionan con la gravedad del golpe y la posibilidad de que se produzca el mencionado sangrado o contusión cerebral. A estos síntomas se unen las características de cómo se produjo, ya que no es lo mismo, por ejemplo, un niño que tiene un accidente de bicicleta sin casco que un niño que va andando y se choca de frente contra la pared.

Es muy importante que os acordéis de esas circunstancias en las que se ha producido el golpe para que podáis relatárselas al médico: altura de la caída, zona del golpe, vehículos, sistemas de seguridad que llevaba el niño…

De igual forma, lo que ocurre tras el golpe es muy importante. Los pediatras siempre os preguntaremos qué hizo el niño tras el golpe (se puso a llorar, perdió el conocimiento, convulsionó….) así como si después del golpe habéis notado que se comporta raro, ha comenzado a vomitar, se os queda adormilado o le duele mucho la cabeza.

Con todos estos datos, junto con una buena exploración física, se dará una de estas tres circunstancias: que el pediatra os mande a casa, que os quedéis en observación o que indique de manera inmediata alguna prueba. En general, debido que los niños pequeños son más vulnerables a los golpes en la cabeza, somos más conservadores con los niños menores de dos años, en los que, a pesar de encontrarse bien en la primera atención, preferimos dejarlos en observación unas horas para comprobar que todo en el niño se encuentra bien en unas horas.

Por el contrario, los niños mayores suelen ser más “resistentes” y un golpe que en un niño pequeño nos puede preocupar, quizá no lo sea en uno mayor.

Los chichones no siempre marcan la gravedad

En general, el motivo por el que acuden los padres al hospital no suele ser que su hijo se encuentre con mal estado general o con alguno de los síntomas arriba mencionados. El motivo que condiciona esa visita a Urgencias en muchísimos casos es la aparición de un chichón que les alarma.

Por forturna, casi nunca que se produce un chichón existe a la vez una lesión cerebral. A diferencia de lo que creen los padres, no es porque “la sangre esté saliendo para fuera en vez de irse hacia el cerebro”. Eso no es correcto ya que la anatomía de la cabeza no funciona así. Cuando aparece un chichón es porque hay un sangrado por encima de los huesos del craneo y por tanto es imposible que ese sangrado afecte al cerebro.

Sin embargo, debajo de un chichón puede hacer una fractura craneal que es la que si que podría condicionar un sangrado cerebral. De nuevo, los síntomas y la exploración física serán los que condicionen las necesidades de realizar una prueba para descartar estas situaciones.

Hay que dar gracias a la naturaleza, que es muy lista, y diseñó la cabeza para resistir a los golpes. El hueso de la frente es el más duro de todos ya que es el que suele recibir más golpes, sin embargo, los golpes laterales de la cabeza y en la parte de atrás son más peligrosos porque en esa zona de la cabeza los huesos son menos resistentes a los golpes.

Lo que tenéis que observar en casa

Lo primero que tenéis que hacer en casa es decidir si el golpe que ha recibido vuestro hijo es de la suficiente entidad como para que tengáis que acudir a ver al médico. Los síntomas que os hemos relatado (convulsiones, tendencia al sueño, perdida de conocimiento, vómitos, comportamiento extraño, dolor de cabeza intenso en niños mayores o irritabilidad en los pequeños, chichones en los laterales de la cabeza) hacen obligatorio que solicites atención. Por el contrario, si vuestro hijo se encuentra bien tras el golpe es prudente observarle en casa antes de acudir al médico.

Independientemente de que os quedeis en casa o acudais al médico, en la siguientes horas tras un golpe en la cabeza debéis observar que esos síntomas a los que nos referíamos no aparezcan. En general, el periodo de observación que os recomendamos tras un golpe para volver a la “normalidad” es de 24 horas. Podéis dejar dormir al niño, pero es prudente que cada 4 horas comprobéis que se despierta con normalidad y que no presenta ninguna alteración.

La otra cosa que debéis hacer en casa tras un golpe es administrar un analgésico a vuestro hijo como el paracetamol o el ibuprofeno. Con ello conseguiréis que les duela menos la cabeza ya que, al fin y al cabo, se han dado un golpe. Para conseguir que salga menos chichón, lo más adecuado es aplicar un poco de hielo. Y tened en cuenta que las barritas de árnica no han demostrado ser eficaces.


Si quieres saber más de qué es lo que tienes que vigilar en caso de que tu hijo se haya dado un golpe en la cabeza, puedes consultar la hoja de padres de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría en este link.

Si te ha gustado lo que has leído, hemos publicado un libro con explicaciones sencillas y amenas sobre las cuestiones de salud más importantes de la infancia. Sale a la venta en librerías y puntos de venta habituales el 13 de enero de 2021. Podéis adquirió en puntos de venta habituales o a través de los siguientes enlaces:

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El corte de digestión, un clásico del verano

Muchos de vosotros tendréis guardado en la memoria esos ratos de verano después de comer en los que nuestras madres y abuelas nos prohibían bañarnos. Al grito de “¡¡Manolito!!, no te metas en el agua…” empezaban unas horas que se hacían interminables hasta que, por fin, nuestros mayores nos autorizaban a zambullirnos en la piscina, el río o el mar. Eso si, poco a poco, no se nos fuera a cortar la digestión.

No sin parte de razón, os preguntaréis si eso de dejar a los niños en casa tranquilos o bajo la sombrilla en la playa después de comer era una excusa para que ellos pudieran echarse la siesta o realmente estaba justificado desde el punto de vista médico. Os diremos que si, que los cortes de digestión existen (también llamados hidrocución, que es el nombre médico con el que se les conoce) y por tanto debemos tener una serie de precauciones en cuenta con nuestros hijos en verano, ya que en esta época es mucho más frecuente.

¿Qué es un corte de digestión?

Después de una comida, el organismo dirige parte de sus esfuerzos a digerir los alimentos que hemos consumido. Para ello aumenta el riego sanguíneo al intestino, ya que es allí en donde se necesita más energía en ese momento. El corte de digestión ocurrirá cuando, por diferentes motivos, ese proceso de digestión del que hablamos no se realice de forma adecuada, debido a una falta de la energía necesaria para llevarla a cabo.

Esos motivos de los que hablamos son la clave del proceso. En general son circunstancia en las que exigimos al cuerpo que haga un determino esfuerzo, es decir que destine parte de la energía que producimos a realizar una actividad concreta y con ello se aumente el riego sanguíneo, por ejemplo, a los músculos o a otros órganos que en ese momento lo necesiten. Como ya os habréis podido dar cuenta, si la sangre no se dirige al intestino, no podremos hacer la digestión de forma adecuada y con ello se producirá el corte de digestión.

¿Qué síntomas produce?

El espectro de síntomas de un corte de digestión es muy variado. En general, se caracteriza por dolor abdominal, malestar general, vómitos y mareo. En los casos más graves se puede llegar a la perdida de conocimiento.

¿Qué actividades lo pueden desencadenar?

Como ya hemos dicho, varias son las circunstancias que pueden forzar al organismo a aumentar el consumo energético y “robárselo” al intestino para hacer la digestión.

El más conocido de ellos es el de tomarse un baño, sobre todo si nos metemos de golpe y el agua está fría. Cuando entramos en contacto con el agua, se producen una serie de cambios en nuestro cuerpo para adaptarnos al medio acuático. Por ejemplo, para contrarrestar la pérdida de calor, debemos dirigir la sangre a la piel para que no se enfríe en exceso. Si esto ocurre durante la digestión estaríamos dejando de destinar esa energía allí donde se necesita y se produce el conocido corte de digestión.

Pero no solo bañarse puede dar lugar a un corte de digestión. Otras actividades que realicemos después de comer, como hacer deporte o tomar el sol si hace mucho calor, pueden desencadenarlo. Además, es más frecuente cuanto más copiosa haya sido la comida.

¿Cómo prevenirlo?

Lo que tenéis que hacer es evitar que vuestros hijos hagan esas actividades después de las comidas. Lo adecuado es descansar, tomar una siesta o hacer una actividad relajada.

El tiempo que debéis esperar variará en función de cómo de pesada haya sido la comida. En el caso de una comida ligera se debe esperar al menos una hora, mientras que si la comida ha sido muy abundante ese tiempo debe aumentar hasta las dos o tres horas.

Es también importante que cuando vuestros hijos se metan en el agua lo hagan lentamente para que la adaptación sea lo más progresiva posible y no se produzca el corte de digestión. Lo mismo para el deporte, empezar poco a poco y luego ir aumentado la intensidad.

Por fortuna, los cortes de digestión son poco frecuentes, pero ya sabéis que es mejor prevenir que curar, así que no expongáis a vuestros hijos a riesgo innecesarios.

¿Y qué hago si tengo un corte de digestión?

En caso de que alguno de los síntomas mencionados aparezca, lo que debéis hacer es interrumpir la actividad que estuviera realizando vuestro hijo: le diremos que salga del agua o que deje de hacer deporte. Además, es muy recomendable que el niño se tumbe con las piernas ligeramente en alto. También es adecuado que beba líquidos para mantenerle bien hidratado, pero sin forzarle.

En caso de que estos síntomas persistan tras realizar estas medidas iniciales, debéis acudir con vuestros hijos al hospital para que sean valorados.


Así que ya sabéis, la abuela Felisa tenía razón y debemos decir a nuestros hijos que no deben bañarse después de comer o ponerse a correr por toda la playa. Buscad alguna actividad tranquila como leer un libro, hacer unos puzzles, ver una película en familia o simplemente dormir la siesta. Con un poco de suerte, vuestros hijos no se pondrán muy pesados y os dejarán descansar un rato.

¡¡Se me olvidaba!!, los cortes de digestión también los podemos sufrir los adultos así que a aplicarse los mismos consejos ¡¡Feliz verano a todos!!

#OJOPEQUEALAGUA: prevención de ahogamientos infantiles

Con la llegada del buen tiempo y la temporada estival, miles de piscinas abren sus puertas para que los niños puedan refrescarse y disfrutar de un chapuzón que les haga más entretenidas las vacaciones escolares.

Sin embargo, y a pesar de que todos sabemos que un niño en una piscina (o en la playa, o en el lago, o en un río…) es un peligro, la verdad es que en España la tragedia de varias muertes infantiles por ahogamiento se repite año tras año.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2018 fallecieron en España por esta causa 43 menores de 14 años, la mayoría de ellos con una edad por debajo de los cuatro años de edad (25 de esas 43 muertes). Quizá no te parezca una gran cifra, pero tenéis que saber que en nuestro país ocupa una de las primeras causas de mortalidad infantil, lo que manifiesta la importancia del problema.

La mayoría de niños que sufren un ahogamiento tiene menos de cinco años”

El siguiente gráfico representa la evolución de las muertes por ahogamiento desde el año 1980 hasta 2018 en la edad infantil en España. Como se puede observar, el panorama ha mejorado mucho pasando de casi 400 casos anuales a los actuales 43, lo que supone una reducción del 91%. Sin duda alguna, esta evolución se debe a las diferentes campañas de prevención de accidentes que se han realizado en nuestro país y aunque esa disminución de casos ha sido un gran logro, todavía queda mucho camino por recorrer hasta el que debería ser objetivo final: ningún niño muerto por ahogamiento.

Defunciones por ahogamiento en edades pediátricas en España. Números absolutos. Periodo 1980-2018. Fuente Instituto Nacional de Estadística.

Desde hace ya unos años, la Asociación Nacional de Seguridad Infantil lanzó una campaña titulada #OJOPEQUEALAGUA con el objetivo de difundir la importancia del problema de las muertes por ahogamiento en la edad infantil y por otro aportar soluciones para aumentar la seguridad en este tema.

¿Y sabéis de quién depende que consigamos que no fallezca ningún niño en la piscina o en la playa…?. De todos nosotros, sus padres, que somos quiénes debemos velar por su seguridad en todo momento. A continuación encontrarás consejos útiles de la mencionada campaña para que las vacaciones de verano no se conviertan en una tragedia completamente prevenible.

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Seguridad en Piscinas

Uno de los datos más importantes respecto a las muertes infantiles por ahogamiento es que éstas se producen en su mayoría en piscinas privadas, lo que pone de manifiesto la importancia de que seáis vosotros los que pongáis a punto las medidas de seguridad oportunas para que no se produzca una situación de riesgo.

Las medidas a adoptar podríamos dividirlas en tres grupos: aquellas a realizar antes de que el niño acuda a la piscina, las que realizaremos mientras estemos en la piscina pero sin bañarnos y las que debemos cumplir durante el baño del niño.

Entre las medidas a realizar antes de que el niño se bañe se encuentras todas aquellas que dan como resultado una piscina más segura:

  • Todas las piscinas deberían incorporar dispositivos que impidan que el niño llegue solo al agua en un descuido. El ejemplo más claro sería una valla que rodea la piscina y que impide que el niño llegue solo al agua. También los cobertores de invierno, ya que los ahogamientos no son exclusivos del verano.
  • En todas las piscinas (publicas o privadas) debería haber un salvavidas, una pértiga y un teléfono que permita ponerse en contacto con los servicios de emergencia lo antes posible.
  • La piscina debe estar en perfecto estado. Se deben revisar drenajes y realizar un mantenimiento periódico que garantice su buen funcionamiento. Los niños deben permanecer alejados de ellos para no acabar atrapados en los mismos.
  • Adultos y niños deberían conocer las secuencias básicas de reanimación cardiopulmonar para que estas sean iniciadas lo antes posible ante un accidente.
  • Es adecuado que los niños reciban clases de natación para que les enseñen a flotar y nadar. Este trabajo debería realizarse antes de la temporada estival.

Mientras permanezcamos en la piscina pero sin bañarnos prestaremos especial atención a los siguientes puntos:

  • Evalua los riesgos constantemente. Observa si tu hijo podría ser capaz de llegar a la piscina en un descuido tuyo.
  • Aleja juguetes y objetos llamativos de la piscina. Los niños podrían querer cogerlos y caerse al agua en un traspiés.

Durante el baño es de vital importancia que pongas en práctica las siguientes actuaciones:

  • Cuando un niño está en el agua debe estar SIEMPRE vigilado por un adulto.
  • Mira a la piscina al menos cada 10 segundos y no te alejes de ella (deberías poder llegar en menos de 20 segundos).
  • Los flotadores y los manguitos pueden ser útiles pero no sustituyen a la supervisión un adultos. Desconfía de ellos.
  • No utilices el movil mientras tus hijos estén en el agua.

Los puntos antes reflejados pueden resumirse en el siguiente decálogo:

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Recordad que los niños más vulnerables en cuanto a los ahogamientos son los menores de 5 años, por lo que es en ellos en quiénes debemos extremar las medidas antes mencionadas.

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Seguridad en playas

Con suerte, muchos de los que nos leéis os escaparéis a la playa estas vacaciones para disfrutar del sol y el buen tiempo. Pero al igual que en las piscinas, en la playa puede ocurrir un ahogamiento. Además, en la playa suele haber mucha gente lo que hace que en un despiste pierdas de vista tu hijo, así que supervisión el 100% del tiempo. Es fundamental que sigas las indicaciones generales de las piscinas y otras más específicas:

  • No permitas NUNCA, NUNCA, NUNCA que los niños vayan solos a las playas. Los niños no son adultos y no valoran el riesgo igual que nosotros.
  • Las playas con servicio de socorrismo son más seguras. Es preferible acudir a una de ellas. Respeta sus indicaciones y banderas.
  • Si los niños no saben nadar, es preferible un chaleco a un flotador. Las colchonetas y otros inflables no aportan más seguridad por el hecho de nadar con ellos.
  • Los socorristas no son niñeras ni las torres de vigilancia guarderías. Respeta sus decisiones, ellos lo hacen por tu seguridad, no para fastidiar.
  • Tirarse desde las rocas de cabeza es peligroso. No se lo enseñes a tus hijos y predica con el ejemplo.
  • Si por desgracia ocurre un accidente, avisa al socorriste o al 112.

Estas recomendaciones están resumidas en este otro decálogo:

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Ojo con las piscinas hinchables y para bebés

Existe la falsa creencia de que en una piscina pequeña, de ésas que se llenan con una manguera y un cubo y se ponen en el suelo, no puede suceder un accidente. Además, está muy popularizado que para que un niño se ahogue necesita que la profundidad del agua sea de al menos 30 centímetros. Es completamente falso.

Bastan 10 centímetros de profundidad para que la nariz y la boca de un bebé queden cubiertas y no pueda respirar. Así que ya sabéis, no pongamos mucha agua para nuestros hijos pequeños y ojo con las piscinas hinchables que no son inofensivas.

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En las piscinas pequeñas también debemos vigilar a los niños.

Esta recomendación es extensible a la pozas que se forman en muchas playas cuando baja la marea. Parecen seguras porque no hay olas y los niños chapotean con gusto, pero eso no quita para que no deban estar supervisados.


A lo mejor después de leer este texto estarás pensando que exageramos. Que la magnitud del problema no es tan grande. Sin embargo, reiteramos que las muertes por ahogamiento en niños son muertes PREVENIBLES. Si ponemos las medidas de seguridad adecuadas podemos conseguir el objetivo de muertes cero por ahogamiento.

El colecho, ¿es seguro para mi bebé?: entrevista en Madresfera

El colecho es una opción que cada vez eligen más p/madres para dormir por la noche junto a sus hijos. En este blog ya hemos hablado de ello desde el punto de vista de la seguridad al practicarlo y su relación con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Además, hemos vuelto a participar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar del tema y solucionar dudas. Solo pudo estar presente Gonzalo debido a la reciente maternidad de Elena, que se quedó en la cama apurando las horas de una estupenda noche de lactancia materna.

Podéis escucharlo dándole al play en el reproductor.

Ir a descargar.

O si prefieres escucharlo con video, aquí lo tienes en YouTube.

Disfrutad!!

El chupete, ¿amigo o enemigo?

Una de las grandes preocupaciones de los p/madres de niños pequeños es no saber calmar el llanto de su hijo o que la hora de dormir se prolongue hasta el infinito… En estos casos, el chupete es un gran aliado ya que es capaz de disminuir el dolor de un niño que se ha dado un golpe así como ser una magnífica ayuda para que los niños concilien el sueño. Sin embargo, no todo son bondades ya que está demostrado que puede influir en el fracaso del inicio de la lactancia materna así como dar lugar a problemas en la dentición a largo plazo.

Debido a estas discrepancias sobre si su uso es bueno o malo, existe un debate abierto sobre si los beneficios del empleo del chupete supera a los riesgos. Este debate es terreno abonado para que tanto profesionales como p/madres duden si debe emplearse en bebés o no. Con este post intentaremos despejar dudas y explicaros cuáles son las recomendaciones actuales sobre el empleo del chupete.

El chupete en los primeros días de vida, un enemigo a evitar

La Organización Mundial de la Salud recomienda que durante los primeros 6 meses de vida de un niño reciban de manera exclusiva lactancia materna. Entre todos los factores que pueden influir de forma negativa en que una madre no consiga afianzar la lactancia materna y mantenerla se encuentra el uso del chupete.

Existen estudios en los que se ha relacionado el empleo precoz del chupete con un fracaso de la lactancia materna y también con el destete temprano. Tal es así que la Iniciativa para la Humanización y Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (iHAN, asociación que promueve la lactancia materna a nivel mundial auspiciada por UNICEF) incluye en una de sus directrices “no dar a los niños alimentados al pecho biberones, tetinas o chupetes ” en un intento de proteger y potenciar la lactancia materna.

A esto se añade la hipótesis de que el empleo precoz del chupete supone un marcador de dificultades para la lactancia o de una escasa motivación para dar el pecho. Serían madres que, al afrontar la lactancia sin ganas o con miedo por el dolor u otros aspectos, ofrecen el chupete a sus hijos desde el principio para no sentirse obligadas a dar el pecho frecuentemente en el caso que el niño pidiera mucho.

De esta forma no podemos decir que el empleo del chupete sea bueno desde el primer día ya que estaremos haciendo un flaco favor a una madre que desea amamantar a su bebé y necesita de nuestra ayuda y apoyo para conseguirlo.

El síndrome de confusión tetina-pezón

La forma en la que se succiona un pecho no es igual a la que se emplea para succionar un chupete. Por ello, una madre en la que la lactancia materna no esté bien establecida y el bebé esté todavía “aprendiendo” a engancharse, si le ofrecemos un chupete puede dar lugar a lo que se conoce como “Síndrome de confusión tetina-pezón” e influir negativamente en el establecimiento de la lactancia materna.

Por ello, debemos posponer la introducción del chupete hasta que hayamos comprobado que el bebé se engancha de forma adecuada y la madre tiene una producción de leche suficiente. A este respecto, la mayoría de las sociedades científicas recomiendan esperar hasta el mes de vida para empezar a usarlo, como por ejemplo la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Española de Pediatría (AEP).

El chupete en inglés se llama “pacifier” (pacificador)

Pero no todo lo que concierne al chupete son pegas, hay también demostrados aspectos positivo en su utilización.

La succión no nutritiva (cuando succionamos pero no comemos) da lugar a la secreción de endorfinas, moléculas naturales que hacen que un niño se relaje. Esto sucede tanto en niños mayores que se han podido enrabietar por un golpe o antes de dormir y en aquellos que estén ingresados en un hospital (como los niños prematuros). Quizá por este efecto, la traducción de chupete al ingles es “pacificador”.

Este efecto relajante es especialmente útil en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales donde se recomienda su empleo (siempre que no este la madre para ofrecer el pecho a su hijo) ante cualquier procedimiento doloroso (como son las extracción de un análisis de sangre o las pruebas del talón), como se puede leer en los protocolos sobre el dolor de la Sociedad Española de Neonatología.

El chupete como factor protector de la muerte súbita del lactante

No se conoce cuál es el mecanismo por el que el uso del chupete se encuentra entre los factores protectores frente al síndrome de muerte súbita del lactante, pero existe evidencia suficiente como recomendar su empleo tanto en la siesta como en la noche con ese objetivo. Si tenemos en cuenta que puede interferir con el inicio de la lactancia, lo recomendable seria empezar a ofrecerlo a partir del mes de vida, pero nunca forzando al niño a que lo coja.

Entre otros factores que disminuyen el riesgo de muerte súbita del lactante encontramos el dormir al bebé boca arriba y la lactancia materna, como ya expuso en 2013 la AEP en el libro blanco de esta patología.

El chupete modifica la mordida de los dientes, pero de forma reversible si se retira pronto

Otro de los motivos por los que el chupete está tan perseguido es debido a sus efectos negativos sobre la dentadura de los niños pequeños.

El empleo del chupete, debido a la succión continua que el niño genera sobre él, da lugar a lo que se conoce como mordida abierta, donde los dientes superiores se separan dando un aspecto de dientes de conejo. Para que esto ocurra se debería mantener una succión sobre el chupete de al menos 6 horas al día durante varios meses.

Sin embargo, estos cambios en la dentadura infantil son reversibles siempre y cuando se retire el chupete antes de los 3 años de edad debido a la capacidad de moldeamiento y regresión que tienen los dientes de los niños antes de esta edad como nos recuerda la Sociedad Española de Odontología Pediátrica.

En base a esto, esta sociedad recomienda la retirada del chupete antes de los 3 años de edad mientras que la AEP rebaja esa edad al año de vida. No existe por tanto un consenso médico para decir de forma estricta cuándo es el mejor momento para hacerlo, pero seguramente se encuentre en entre el año y los tres años de vida.

La decisión debe ser tomada por los padres

Lo que si está muy claro es que deben ser los p/madres los que tomen la decisión de si desean que su hijo utilice chupete y cuándo retirarlo. Los pediatras debemos dar la información respecto a los pros y los contras, como los que habéis leído en este post, y tras ello, debemos respetar la decisión que tomen los padres más allá de que nos parezca bien o mal.

También hay que tener en cuenta que existen niños que por mucho que les ofrezcamos el chupete nunca lo cogen y lo escupen. En estos casos lo podemos seguir intentando aunque no está asegurado que acaben empleándolo.

Ante todo, seguridad

Si finalmente habéis decidido utilizar el chupete debéis elegir tanto un chupete como un portachupetes que cumplan con un mínimo de normas de seguridad. Lo mejor que podemos hacer es comprarlo allí donde nos aseguren que cumplen las normas de normas mínimas de fabricación y calidad.

Debemos evitar los chupetes que se desmonten en varias partes para así impedir que el niño se atragante con alguna pieza desprendida. Además, la parte externa del chupete, contará con “agujeros de ventilación” para evitar la asfixia en el raro caso de que el niño se lo trague.

Respecto a los portachueptes no debemos utilizar los que sean muy largos o tipo bucle que permita que se enreden alrededor del cuello y el niño se estrangule. En la cama o la cuna es mejor retirar el portachupetes como medida preventiva.


Teniendo en cuenta los aspectos más importantes de lo que os hemos contado, podemos resumir el empleo del chupete en las siguientes recomendaciones, tal y como nos apunta el Comité de Lactancia Materna de la AEP :

  • Debemos evitar el empleo del chupete en los niños amamantados al pecho hasta el mes de vida.
  • En caso de procedimientos dolorosos (analíticas, pruebas del talón…) ofrecer un chupete (siempre y cuando no esté la madre con el niño para ofrecerle el pecho).
  • Se recomienda el uso del chupete en los niños alimentados con lactancia artificial para disminuir el síndrome de muerte súbita del lactante.
  • La retirada del chupete debe realizarse entorno al año de vida.

Queda pendiente otro post sobre cómo retirar el chupete, cosa que, los que ya lo hayáis intentado, puede resultar agotadora.

Cómo transportar a tu bebé de forma segura

Carrito, capazo, silla de paseo, mochila, pareo, Maxi-Cosi… ¿Cuántas formas más se os ocurren para llevar a vuestros pequeños de un lado a otro?.

En el post de hoy os explicamos las ventajas e inconvenientes de los sistemas más frecuentes de transporte en los niños pequeños.

Cochecito de Paseo

Como habréis podido comprobar vosotros mismos, existen cientos de modelos de carritos para elegir tanto por estética como por precio.

Independientemente del modelo que elijáis, los niños más pequeños (los que todavía no son capaces de sujetar la cabeza o sentarse con apoyo) precisan un carrito que mantenga su espalda recta y permita que estén colocados en decúbito supino (es decir, boca arriba), ya que esta postura previene el síndrome de muerte súbita del lactante. El modelo más conocido que cumple estas características es el capazo; sin embargo, este tipo de carrito no suele tener un arnés por lo que el niño está suelto sin sujeción.

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Bebé en un capazo. Este tipo de carritos no suele llevar sujeciones.

Existen otros tipos de carritos similares al capazo que permiten sujetar al lactante pequeño que todavía no se sienta a través de un arnés, además de mantener la espalda recta y al niño boca arriba. Este tipo de modelos son más seguros que el clásico capazo ya que al disponer de algún tipo de sujeción resulta muy complicado que se caiga en un traspiés o si el carrito chocará con algo.

Por último, existen adaptadores que permiten que las sillas del Grupo 0 (ejemplo Maxi- Cosi)  que se utilizan en el coche sean colocadas en los carritos de paseo. Pese a lo cómodo que resulta sacar de nuestro vehículo a nuestro hijo y colocarlo en el carrito directamente, su uso no está recomendado para el paseo ya que la posición en flexión del tronco (que da lugar a que el cuerpo del bebé forme una C) no se ajusta a las recomendaciones de descanso de los niños pequeños (recordad con espalda recta y boca arriba siempre).

A medida que los niños crecen suelen preferir una posición que les permita interaccionar con el mundo. En el momento en que sean capaces de sujetar la cabeza y mantenerse sentados con apoyo es adecuado cambiar del carrito a una silla de paseo (en la cual irán sentados y con al espalda recta). Es importante que desde pequeños el arnés este bien atado incluyendo las tiras de los hombros ya que ésta es la forma segura de ponerlo.

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Madres con carritos estilo silla. Los niños que se trasporten con este sistema deben ser capaces de sujetar la cabeza y mantenerse sentados con apoyo.

Porteo: mochilas y pareos porta-bebés

Otra forma de trasportar a los niños es “llevarlos  encima”. Este sistema es tan antiguo como la humanidad y se practica en todo el mundo, pero en el siglo en el que vivimos se han desarrollado diferentes sistemas que permiten que este porteo se haga de una forma cómoda y ergonómica. Pero además, en los últimos años se han reconocido diferentes beneficios de estos sistemas.

Con el porteo, los recién nacidos se sienten muy cerca de su madre, se tranquilizan con su voz, su olor o el sonido de su corazón. Todo ello favorece el apego y el vínculo entre el bebé y su porteador, ya sea su mamá o su papá. Además hay quienes postulan que los niños con cólicos (los que presentan llanto sin causa clara) reducen el número de horas que lloran si son porteados. Además, los bebés con reflujo gastroesofágico precisan que se mantenga la postura erguida tras la toma, lo cual se conseguiría tanto con mochilas como con pareos de porteo.

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Mamá porteando a su hijo en mochila. Estos sistemas se pueden emplear desde recién nacidos hasta niños más mayores.

Transporte en coche

Las sillitas o alzadores de los niños para el coche son uno de los retos a los que se enfrenta un padre. Surgen mil dudas de si esta o aquella silla es la adecuada.

Las recomendaciones actuales según el peso y edad las podéis encontrar en la guía elaborada por la Dirección General de Tráfico en este Link. Nosotros os recomendamos que además, a la hora de elegir la silla, comprobéis si esta es compatible con vuestro vehículos (sistemas Isofix, Top Tether…) y la probéis con vuestros hijos antes de comprarla. Otra cosa que no se debe olvidar es chequear si las sillas están homologadas y cumplen las normas actuales de seguridad.

Actualmente, la legislación española obliga a que las sillas de los menores de 15 meses y/o 86 centímetros viajen a CONTRA MARCHA (mirando para atrás). Pero además, el beneficio de esta posición se mantiene pasada esta edad y hasta los 4 años por lo que es muy recomendable que se mantengan en esta posición el máximo tiempo posible.

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Bebé en sillita de coche. Por su edad debe viajar siempre ene el sentido contrario de la marcha.

Accidentes domésticos

La importancia de los traumatismos

Los traumatismos son la causa más frecuente de muerte en niños en los países desarrollados, siendo responsables de la mitad de los fallecimientos infantiles. El término “traumatismo”  hace referencia a todas las situaciones en las que el cuerpo se ve agredido, como son los golpes y las caídas pero también las intoxicaciones quemaduras. La mayoría de los traumatismos graves son consecuencia de accidentes de tráfico pero no es desdeñable el número de accidentes que ocurren en casa.

Qué niños son los más vulnerables

La mayoría de los niños accidentados en casa tiene una edad menor de 5 años. Esto se debe a dos motivos. El primero de ellos es la falta de conciencia que tienen los niños pequeños respecto a las consecuencias de sus actos (subirse a una ventana, tomarse unas pastillas…) junto con la ausencia de temor a realizar ciertas acciones, y en segundo lugar a la falta de destreza motora. A esto se suma que cuanto más pequeño es el niño más probable que un golpe o una intoxicación sea más grave.

Tipo de medidas a adoptar

La prevención de los accidentes es una tarea que puede resultar sencilla y es competencia de los padres llevar a cabo tantas medidas como sean necesarias para proteger a los más pequeños de la casa.

En el ámbito de la prevención se entiende como prevención primaria a las actuaciones que se ponen en marcha antes de que ocurra el suceso, evitando así las consecuencias de que éste hubiera sucedido. Dentro de las medidas a adoptar, las que se conocen como medidas pasivas resultan más eficaces porque tratan de modificar el entorno y no dependen de un error humano.

Por todo ello, debemos realizar una serie de actuaciones que estén encaminadas a evitar que se produzca el accidente.

Caídas y golpes

Las caídas, sobre todo desde cierta altura, son la principal causa de traumatismo craneal en los niños. En casa debemos modificar el entorno para que los más pequeños no puedan subirse a sillas o mesas, poner en marcha sistemas de seguridad que impidan la apertura de ventanas y en la medida de lo posible evitar que duerman en camas con cierta altura desde la que podrían caerse (en caso de que tengas una cama-nido o una litera puedes colocar una barrera). Si tu casa tiene escaleras debes proteger a tus hijos colocando puertas pequeñas tanto en el inicio como en la parte de arriba para evitar que los más pequeños traten de subirlas o bajarlas sin que te des cuenta.

Tambien evitaremos que en el suelo de casa haya objetos con los que los niños puedan tropezar. Ten en cuenta que para un niño de dos años una caja de zapatos es tan grande como para ti un baúl: el traspié puede ser tremendo. En caso de que tengáis alfombras pequeñas puedes poner debajo algún tipo de material antideslizante que impida que se muevan al pisarlas.

Pero aunque estas medidas pueden evitar un alto porcentaje de accidentes, muchos niños se caen porque están dando sus primeros pasos o echan a correr cuando todavía no controlan totalmente su cuerpo.  Para evitar el impacto contra una esquina en una caída tonta podemos cubrir con un cubresquinas los bordes de los muebles más bajos de casa, también podríamos recubrir con papel de burbujas y celo estas esquinas. Puede que no te guste porque no son bonitos pero piensa que es una medida temporal y pronto tu casa volverá a ser como era antes de que nacieran tus hijos  (aunque llena de juguetes…)

Intoxicaciones

En casa hay dos tipos de productos que podrían ocasionar una intoxicación en un niño: los productos de limpieza y las medicinas.

La solución para ambas es muy simple: no dejes nada a su altura y si pueden estar guardados bajo llave mejor. También es posible instalar mecanismos antiapertura comerciales que impiden que las puertas o cajones sean abiertas por niños.

Un error frecuente que puede dar lugar a una intoxicación es el cambio de un producto de limpieza a un recipiente sin etiquetar. Esta práctica es extremadamente peligrosa ya que algún niño podría pensar que está ante agua o algún tipo de zumo y darle un sorbo.

Los botes de los medicamentos suelen traer tapones anti-niño, pese a éstos es mejor que los escondas de su alcance.

Quemaduras

Las quemaduras en casa pueden ocurrir por calor (agua, fuego, aparatos de calefacción o cocina…), electricidad (enchufes, bombillas…) o por productos químicos (estos muy raros en un entorno urbano).

Actualmente existen griferías que controlan la salida del agua. Poseen un sistema de seguridad que impide la salida del agua por encima de 38ºC con lo que se evitaría la quemadura. Este tipo de grifos son los llamados termostáticos.

En las cocinas debemos evitar que los más pequeños puedan acceder a placas vitroceramicas o fuegos de gas. Lo más adecuado es bloquear los mandos para impedir que puedan ser manipulados. Además debemos colocar el mango de cazuelas o sartenes sin que sobresalgan de la encimera para evitar que un niño pequeño tenga acceso a ellas. Los aparatos de calefacción deberían estar cubiertos con algún tipo de mueble que, permitiendo que sigan calentando, impida el acceso a ser tocados.

Respecto a la instalación eléctrica lo más sencillo es tapar los enchufes para que los niños más pequeños no introduzcan los dedos o algún objeto estrecho. Con ello evitaremos electrocuciones y  quemaduras por electricidad. Como es lógico no deben dejarse cables o casquillos de bombilla enchufados a la vista de los niños.

La supervisión como regla principal

Todas estas medidas no serán efectivas si no realizas una supervisión activa de tus hijos. Por mucho que tapemos enchufes, cambiemos griferías o cerremos ventanas, de nada servirá si no estamos pendientes de ellos.

Si sigues estos consejos y aplicas el sentido común conseguirás reducir a un número muy pequeño las situaciones en que tu hijo está en peligro.