En la prehistoria no había chupetes

Chupete

Fuente: Pixabay

Una de las características que más define a la especie humana es la capacidad de inventar herramientas para hacernos la vida más fácil. Estaréis de acuerdo conmigo que, por ejemplo, la rueda, el libro o las nuevas tecnologías digitales son avances que han provocado un cambio en nuestra sociedad y que se han quedado con nosotros desde el mismo momento en que fueron ideados. El campo de la crianza de los hijos no es ajeno a estos inventos y durante toda la historia de la humanidad han surgido artilugios que prometen a los que somos padres hacernos la infancia de nuestros hijos un poquito más fácil.

De entre todos ellos, el que quizá tenga más arraigo social y esté más extendido es el chupete. Pero, ¿cuándo se ideó este objeto para que los niños dejaran de llorar? ¿Es algo reciente o los hombres de las cavernas ya lo utilizaban? Y sobre todo, ¿en respuesta a qué necesidad se pensó que esa tetina artificial con forma de pezón podía ser una buena idea?

En este post recorremos la historia del chupete y os desvelamos los secretos de este invento que a día de hoy es utilizado por miles de niños en todo el mundo.

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Los 7 mitos más extendidos sobre lactancia materna

Lactancia

Fuente: Pixabay

En numerosas ocasiones hemos publicado información y evidencia científica actualizada en relación a la lactancia materna, tema de gran interés para la mayoría de las madres y padres que se estrenan como primerizos o bien que deciden ampliar su información durante la lactancia de sus bebés.

En esta ocasión y para revisar los puntos más importantes sobre la lactancia materna traemos un post muy sencillo y ameno de leer sobre falsos mitos en la lactancia materna, que a buen seguro os resolverán muchas de las preguntas que a menudo os hacéis mientras practicáis este método de alimentación con vuestros hijos. Lee el resto de la entrada »

Cómo evitar que los niños lloren con las vacunas

Vacuna

Fuente: Dos Pediatras en Casa

Las vacunas son uno de los mayores avances de la medicina. Gracias a ellas se han evitado millones de muertes, además de muchas secuelas de enfermedades como la viruela, el sarampión o la meningitis, por mencionar solo algunas de ellas. Actualmente, la Asociación Española de Pediatría recomienda la vacunación sistemática contra 17 enfermedades bajo un esquema de vacunación que se concreta en un calendario en el que el niño recibe las diferentes vacunas durante la infancia para que al llegar a la adolescencia esté inmunizado completamente. Además, debido a la alta eficacia para prevenir enfermedades, hay en marcha múltiples estudios para desarrollar nuevas vacunas, como por ejemplo contra el virus respiratorio sincitial.

Todas las vacunas tiene un perfil de seguridad muy bueno, donde los efectos secundarios graves son prácticamente inexistentes, ya que lo que el balance riesgo beneficio está muy a favor del beneficio, tanto individual como colectivo (sí, vacunar a un niño es también proteger a los demás). Y entre los efectos secundarios leves, los más frecuentes son la fiebre y el dolor en el brazo tras el pinchazo, nada que no se resuelva con un analgésico o un antipirético.

Lo que es casi inevitable es que un niño pequeño llore cuando se le pone una vacuna, los más pequeños por el dolor agudo del pinchazo, pero también por el miedo al propio pinchazo cuando se hacen más mayores. Y aunque nuestras magníficas compañeras, las enfermeras de pediatría, lo hacen con el máximo cuidado y cariño, alguna lagrimilla es irremediable que aparezca. En este post os damos consejos para que, en la medida de lo posible, el acto de administrar una vacuna sea lo más llevadero para vuestros hijos.

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¿Quién es el Virus Respiratorio Sincitial?

Lavado nasal

Fuente: GTRES

De entre todos los virus habituales de los que se puede contagiar un niño pequeño, el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) es el rey, pero no un rey bueno y benévolo, sino un rey de los que te dejan un mal recuerdo. No en vano, este virus es el responsable de la bronquiolitis, la cual es el motivo de ingreso más frecuente en pediatría y que año tras año pone en jaque al sistema sanitario debido al gran número de niños que requieren atención médica derivada de esta enfermedad.

Muchas familias desconocen qué es el VRS y la bronquioltis, sobre todo si no tienen hijos escolarizados o que tengan hermanos mayores. Sin embargo, la epidemia de VRS se concentra durante el final del otoño y principios del invierno, por lo cual, mientras leéis estas líneas, estoy convencido de que muchos padres y madres verán reconocido en este texto lo que les pasa a sus hijos.

En este post os explicamos qué es el VRS, en qué consiste la bronquiolitis y cuál es su tratamiento.

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¿Existen los principios de neumonía?

Auscultación

Fuente: GTRES

La pediatría es la especialidad de los diminutivos, los muñequitos en el fonendo y las batas de colores, o por lo menos eso es lo que está en el imaginario de mucha gente. Y quizá, en muchas ocasiones, asumimos que la información que damos a los padres y las madres tras atender a uno de sus hijos debe ir igual de edulcorada para suavizar un diagnóstico y que no se preocupen más de la cuenta.

Pero, ¿qué es un principio de neumonía? La verdad es que me debí de perder la clase de microbiología en la que se hablaba de esta patología, porque que yo recuerde a mi me explicaron las neumonías a secas, no los principios ni finales como si esta enfermedad fuera una obra de teatro en tres actos. La neumonía es una enfermedad frecuente en pediatría y en nuestro medio suele resolverse sin mayores complicaciones con un tratamiento antibiótico en domicilio.

En este post repasamos qué es una neumonía y qué la provoca, así como sus síntomas principales y tratamientos. Por último, os daremos nuestra opinión sobre si los pediatras debemos decir a los padres que sus hijos tienen un principio de neumonía.

¿Qué es una neumonía?

La neumonía es una infección respiratoria en la que se afecta principalmente el pulmón, es decir, la palabra neumonía hace referencia a la localización en donde los microorganismos están proliferando. Al fin y al cabo, lo que hacemos los médicos es utilizar el órgano afectado para entendernos al hacer un diagnóstico y decirnos con una sola palabra dónde está la infección. De hecho, lo hacemos en el caso de las otitis (infección en el odio), las faringitis (en la faringe), las gastroenteritis (en el tubo digestivo) o las celulitis (en la piel).

Los microorganismo que pueden dar lugar a una neumonía son varios y la frecuencia de unos u otros depende sobre todo de la edad. Por debajo de los cuatro o cinco años, la causa más frecuente de neumonía son los virus. De entre las bacterias, el nuemococo es la más frecuentes en niños pequeños, mientras que en mayores de cinco años el Mycoplasma, una bacteria que cursa con síntomas atípicos, es la más habitual.

Que un médico sepa cuál es la causa de la neumonía es muy complicado, ya que las pruebas que podemos hacer en el contexto de una neumonía no nos dicen cuál es el bicho que la está provocando, así que nos basamos en los síntomas y la edad del niño para indicar un tratamiento u otro. Lo que está claro es que, independientemente de la causa, cuando los médicos decimos que un niño tiene una neumonía es tiene infección en el pulmón.

Algunos os habréis asustado con lo de infección en el pulmón, porque suena como muy rotundo y grave, sin embargo, se estima que hasta un 5% de los niños sanos padece una neumonía a lo largo del año y como habéis podido leer en la introducción suele ser una infección leve que se resuelve en domicilio con tratamiento oral hasta en un 90% de los casos.

¿Qué síntomas provoca una neumonía?

Como cualquier infección respiratoria, los síntomas principales de una neumonía son la tos y los mocos, habitualmente asociados a síntomas generales como la fiebre y el malestar.

Al inicio de un cuadro clínico respiratorio es muy difícil saber si lo que tiene un niño es un catarro, porque tiene tos, mocos y fiebre, o es una neumonía, en la que también puede hacer tos, mocos y fiebre. El paso de las horas será lo que nos permita ver en la exploración si hay algo que nos sugiere que el niño tiene algo más que un simple catarro, ya que al principio los síntomas de ambos cuadros clínicos son indistinguibles.

En las neumonías, cuando ha pasado tiempo suficiente, normalmente más de 24 o 48 horas tras el inicio de la fiebre, podemos observar en la auscultación que el niño tienen ruidos en el pecho, a diferencia de un catarro en el que la auscultación es limpia. Los ruidos que escuchamos en una neumonía suelen estar localizados en una sola zona de uno de los pulmones, como un pegote de moco que estuviera por ahí rondando, no las típicas sibilancias que se oyen en una bronquitis y que están dispersas por todos lados.

Por tanto, para poder diagnosticar a un niño de una neumonía necesitamos unos síntomas compatibles (la tos, los mocos y la fiebre) y algún hallazgo en la exploración física que descarte el resto de infecciones respiratorias y que nos apunte hacia esta infección. Si habéis estado atentos, en el caso de que vuestro hijo tenga tos, mocos y fiebre y se encuentre bien, es preferible esperar dos o tres días a ver si los síntomas desaparecen solos, que es lo que ocurre en los catarros, y en el caso de que no sea así pedir una valoración con el pediatra, pero habiendo dado tiempo suficiente para que al explorarle podamos distinguir una cosa de otra.

¿Hace falta una radiografía para diagnosticar una neumonía?

Seguro que muchos estaréis pensando que para diagnosticar una neumonía es necesario hacer una radiografía. Es cierto que si estas en un servicio de urgencias y ves a un niño en el que sospechas una neumonía, lo habitual es solicitar una radiografía para confirmar tu sospecha diagnóstica. Sin embargo, no siempre es posible pedir una radiografía cuando sospechas una neumonía, sobre todo en las consultas de atención primaria.

Además, en muchos casos no somos capaces de ver una neumonía en la radiografía por mucho que la clínica y la exploración del niño apunten a una neumonía. Estos suele ocurrir porque los cambios radiológicos tardan en aparecer una 24 horas tras los hallazgos clínicos, es decir, que aun estando la neumonía plantada el pulmón hay algunos casos en los que no se ve en la radiografía, por decirlo de otra forma, es como si la radiografía la hubiéramos hecho pronto.

De todas formas, en el caso de que se sospeche una neumonía, lo más adecuado es tratarla como tal, independientemente de que se haya hecho una radiografía o si en ella se ve la neumonía.

¿Cuál es el tratamiento de las neumonías?

El tratamiento de una neumonía típica, la que cursa con fiebre alta, síntomas respiratorios y el pegote de moco en la auscultación al que antes hacíamos referencia, es con amoxicilina a altas dosis durante una semana, ya que con este tratamiento se consigue eliminar al neumococo, que como hemos dicho causa este tipo de neumonías.

Por otro lado, si lo que se sospecha es una neumonía atípica, la que decíamos que afectaba a niños más mayores y en al que no suele aparecer fiebre o esta es baja y cursa con un cuadro pseudogripal, el tratamiento de elección esta azitromicina o la claritromicina.

La necesidad de ingreso vendrá establecida por que el niño presente mal estado general o necesite algún tipo de soporte respiratorio, como el oxígeno, cosa que no suele ser lo habitual (menos del 10% de los casos).

Y entonces, ¿existen los principios de neumonía?

Y por fin llegamos a la pregunta que daba título a este post. Perdonad si nos hemos extendido para llegar hasta aquí, pero creemos que era necesario para que entendierais que los principios de neumonía no existen.

Porque, ¿cuando alguien dice ‘lo que tiene el niño es un principio de neumonía’ a qué se refiere?

A mi modo de ver es una neumonía que se ha diagnosticado al inicio de los síntomas, cuando todavía el niño está bien y es raro que se complique, y que para que los padres no se preocupen en exceso se les dice que es un principio de neumonía, pero al fin y acabo eso es una neumonía. También puede ocurrir que algún pediatra se refiera a principio de neumonía a esos casos en los que la clínica es compatible, pero no conseguimos ver el pegotón de moco en la radiografía.

Entiendo perfectamente que en ocasiones queramos suavizar un diagnóstico para que los padres no se preocupen más de la cuenta por lo que le pasa a sus hijos, pero creo que con una explicación sencilla y diciéndoles que lo habitual es que su hijo se cure con un tratamiento oral y quedándose en casa un par de días, no hace falta utilizar eufemismos infantiles como lo de principio de neumonía.


Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Además, en septiembre de 2021 echó a rodar “Sin Cita Previa”, un podcast del que somos presentadores y que seguro que también te pude gustar. Puedes escucharlo en:

Diez objetos que los pediatras no usamos con nuestros hijos

Bebé

Fuente: Pixabay

Una de las cosas que más me molesta como pediatra es ver cómo muchos padres y muchas madres se rinden al marketing para bebés y acaban comprando cosas que no son necesarias para criar a un hijo, sobre todo desde el punto de vista de la salud. Es frecuente escuchar en la consulta frases como ‘Ya tenemos tal cosa…’ o ‘Nuestra prima Maricarmen nos ha regalado esta otra y nos ha dicho que es imprescindible ahora que ya somos papás’. Sin, embargo, la mayoría de estos objetos no tendrán un impacto que mejore la salud de sus hijos, por lo que al final se traducen en perdida de dinero y en la falsa sensación de que hay que tener algo para que todo vaya bien.

En este sentido, los pediatras huimos de ciertos productos que no son necesarios y no los tenemos en nuestro catálogo de cosas que usamos durante la infancia de nuestros hijos. En este post me propongo explicaros cuáles son esos cacharros para que lo tengáis en cuenta cuando veáis algún anuncio de no sé qué producto o para cuando os recomienden en el parque el no va más para los más pequeños de la casa.

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Citomegalovirus: una infección muy frecuente en la infancia

Virus

Fuente: Pixabay

La infección por citomegalovirus es de esas infecciones que mucha gente desconoce, pero que los pediatras siempre la tenemos en mente, de hecho, es una de las causas de la conocida enfermedad del beso, tan frecuente durante la adolescencia.

Muchas veces nos habéis preguntado en redes sociales qué es este virus y qué se puede hacer para prevenirlo, ya que a muchos os suena que puede tener graves consecuencias en el caso de que sea una mamá embarazada la que se contagie de él. Así que hemos decidido escribir este post con el que esperamos que se vean resueltas todas estas dudas, y de forma sencilla y práctica recojáis toda la información que necesitáis en relación a este tema, que a nuestro parecer, es tan interesante.

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¿Qué es la dislexia?

Niño leyendo

Fuente: Pixabay

La dislexia es un trastorno que a mucha gente le suena, pero que la mayoría desconoce en qué consiste realmente. Que si los disléxicos alteran el orden de las letras, que si no saben diferenciar derecha de izquierda, que si eres disléxico es porque eres muy inteligente… Sin embargo, la dislexia es un trastorno de la lectoescritura muy complejo en el que el cerebro no es capaz de pasar del lenguaje escrito al oral y viceversa con normalidad. Las estadísticas apuntan a que una de cada diez personas la sufre, con todas las implicaciones que puede generar, como, por ejemplo, bajo rendimiento escolar, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayoría de ellas no son diagnosticadas.

En el post de hoy te explicamos de forma sencilla en qué consiste la dislexia, cuales son sus síntomas principales y a quién debes pedir ayuda si crees que tú o tu hijo puede que sufráis dislexia.

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Doce cosas que (quizá) no sabías de la tos y los mocos

Moco

Fuente: Pixabay

Es inevitable que con la vuelta al cole nuestros hijos, antes o después, se empiecen a contagiar de los virus que circulan por los colegios y las escuelas infantiles. Algunos darán lugar a dolor de garganta, otros a una diarrea y algunos a manchitas en la piel. Pero entre todo ellos, un cuadro clínico es el rey: el catarro.

Este tipo de infección está caracterizado por un cuadro respiratorio de vías altas, en el cual los mocos y la tos son los síntomas más habituales. A lo largo de post descubrirás un montón de cosas que te harán afrontar con mayor tranquilidad (y conocimiento) esos catarros que a buen seguro se acabarán cogiendo tus hijos durante la infancia.

1. Los mocos nos defienden de las infecciones

Las vías respiratorias son unos conductos que llevan el aire del ambiente a los pulmones para que podamos absorber el oxígeno que nuestro cuerpo necesita. Para que todo funcione adecuadamente, esos conductos tienen que estar lubricados, y para ello las células que tapizan las vías respiratorias producen moco, aunque ese moco no sea perceptible a simple vista. Además, los mocos son la primera línea de defensa contra las infecciones, ya que en ellos flotan un montón de moléculas y células que nos ayudan a acabar con los microbios que quieren acceder a nuestro cuerpo. Por todo ello, cuando un niño se contagia de un catarro se pone a producir moco hasta el punto de que son visibles a simple vista.

2. La tos es un reflejo

Para que las vías respiratorias no se acaben encharcando de moco, el cuerpo humano está dotado de un mecanismo que nos sirve para movilizar esas secreciones que aparecen cuando estamos acatarrados: la tos. Esta aparece por un acto reflejo cuando en esos conductos de aire están más obstruidos de lo normal, por lo que la tos no es un síntoma de que la cosa vaya mal, al contrario, nos ayuda a superar el catarro.

3. A veces hay tos y mocos con fiebre (y otras no)

Además de la tos y los mocos, en ocasiones puede aparecer fiebre acompañando a un catarro , pero que esta aparezca no quiere decir que el catarro se esté complicando, simplemente es un síntoma más que aparece en el contexto de una infección. Como comprenderéis, si aparece la fiebre, es normal que el niño se encuentre más molesto que si solo tuviera tos y mocos, pero no es nada que no se pueda solucionar con un antitérmico.

4. La tos y los mocos pueden durar muchos días

El periodo más agudo de un catarro suelen ser los primeros tres o cuatro días, momento en el que la fiebre puede estar presente. Tras esa primera etapa, es normal que los síntomas respiratorios persistan durante varios días, incluso semanas, lo que a muchos padres les hará pensar que el catarro de sus hijos no se está curando. De media, la duración de la tos y los mocos debido a una infección respiratoria es de unos quince días, y lo que ocurre muchas veces es que antes de que desaparezcan totalmente, el niño se contagie del siguiente virus que ronde a su alrededor, encadenando un proceso con otro y dando la sensación de que todo el rato están malos.

5. Los mocos son incómodos

Lo que está claro es que no es agradable respirar con la nariz taponada por los mocos, seamos un niño o un adulto. Los que ya somos mayorcitos tenemos la fortuna de saber utilizar un pañuelo para sonarnos, cosa que hasta que un niño no tiene cierta edad es incapaz de hacer. Hasta que llegue ese momento, los lavados nasales con suero fisiológico serán vuestro mejor aliado para despejar la nariz de los más pequeños de la casa.

6. El color del moco evoluciona a medida que se cura el catarro

Una creencia popular muy extendida es que si los mocos se ponen verdes es que el catarro se está complicando. Nada más lejos de la realidad. Al inicio de un catarro, los mocos suelen ser fluidos y transparentes, pero a medida que pasa el tiempo es normal que se vuelvan espesos y cambien de color amarillos o verdes. Esto se debe a que las defensas que flotan en los mocos están destruyendo a los microbios que provocan el catarro y en ese proceso las secreciones respiratorias dejan de ser transparentes. Por tanto, el cambio de color de los mocos de los catarros no es un signo de complicación, sino un signo de que nuestras defensas están actuando.

7. Los mocos no bajan al pecho

No existe un ascensor de mocos que los lleve de la nariz al pecho en un viaje de moco pa’rriba, moco pa’bajo. Sin embargo, ciertos virus tienen la capacidad de infectar no solo la zona de la nariz y la garganta, sino también los bronquios (las bifurcaciones de las vías respiratorias en los pulmones). Cuando esto ocurre, nuestro cuerpo se pone a producir moco allí donde lo necesita, y dado que los microbios entran por la nariz y en unos días es cuando llegan a los pulmones, esto puede dar la sensación de que los mocos han bajado al pecho. A pesar de ello, no hay nada que se pueda hacer para que esos microbios no bajen al pecho, ya que si lo hacen es porque tienen la capacidad para hacerlo, no que hayamos dejado de hacer algo que lo podría haber evitado.

8. El sonido de la tos nos importa poco a los pediatras

Es curiosos ver como los padres describen la tos cuando vienen a consulta: que si tos de viejo que fuma, que si tos irritativa, que si tos de perro… Incluso muchos piden al niño que tosa en ese momento para que escuchemos esa música celestial. La verdad es que el sonido de la tos nos da poca información a los pediatras, al menos para decidir si hacer una cosa u otra con el niño en cuestión. Al final, lo que nos importa es cómo está la auscultación pulmonar y si el niño tiene dificultad respiratoria, ya que la clasificación clásica de la tos (productiva, no productiva, irritativa…) no la tenemos mucho en cuenta. Quizá el único caso que sí que nos ayuda a conocer cómo es la tos es cuando esta suena a perro que ladra, a foca o a pato, ya que en estos casos sí que podemos afirmar que lo que le pasa al niño es que tiene una laringitis.

9. La tos y los mocos no se curan con antibiótico

Si has estado atento mientras leías este texto, te habrás dado cuenta que tanto la tos como los mocos son síntomas de una infección respiratoria, que en el caso de los niños, en la gran mayoría de las ocasiones, será consecuencia de un catarro provocado por un virus. Por tanto, por mucho que demos antibiótico a un niño con un catarro, no vamos a conseguir que su tos y sus mocos mejoren, incluso aunque los mocos sean verdes, ya que estos dependen de una infección provocada por un virus que se cura sola sin que el antibiótico sea necesario. En otras ocasiones, como es el caso de las neumonías u otro tipo de infecciones respiratorias causadas por bacterias, la tos y los mocos si que mejoran al dar antibiótico, pero porque el problema subyacente (la neumonía) sí que es un proceso que necesita de este tratamiento.

10. Los jarabes para la tos y los mocos no sirven para nada

Siento si con esto estoy rompiendo la burbuja de jabón en la que vuestra mente cree que este tipo de remedios son eficaces para paliar los síntomas de los catarros, pero tanto los antitusivos como los mucolíticos como los expectorantes no han demostrado una verdadera eficacia frente a los síntomas que pretenden mejorar. Por ello, ninguno de ellos figura como parte del tratamiento de los catarros de ninguna sociedad científica pediátrica contrastada. De hecho, la mayoría de estos jarabes no están autorizados en ficha técnica por debajo de los dos años, motivo añadido para no recomendarlos en caso de que un niño tenga tos y mocos. Con lo único que habría que hacer una excepción es con la miel, ya que ésta sí que ha demostrado cierta eficacia para mejorar las horas de descanso cuando un niño tienen tos. Recordad que la miel se puede dar a un niño a partir del año de vida, pero al contener muchos azúcares debéis lavarle luego los dientes.

11. Los niños con tos y mocos pueden tener otitis (pero no siempre)

La otitis es una infección del oído que da lugar a dolor o irritabilidad y, sobre todo en niños pequeños, fiebre. La mayoría de las otitis están causadas por una bacteria que se llama neumococo, y que en ocasiones requiere antibiótico para su curación (cuando los niños tienen menos de dos años o presentan algún signo de gravedad como la fiebre alta o la superación). Lo que si que suele ocurrir antes de que se produzca el cuadro de fiebre y dolor de oído es que casi todas la otitis van precedidas de un cuadro catarral, el cual sirve de caldo de cultivo perfecto, con sus mocos por todos lados, para que el dichoso neumococo haga de las suyas. De todas maneras, esto no quiere decir que siempre que un niño tenga un catarro vaya a acabar en otitis, pero sería una cosa a vigilar y tener en cuenta.

12. No os fijéis tanto en la tos y la mocos y observad si a vuestro hijo le cuesta respirar

Para finalizar, lo más importante que debéis hacer cuando vuestros hijos tengan tos y mocos es aprender a diferenciar si estos síntomas se acompañan de dificultad respiratoria (si respiran deprisa, si hacen ruido al respirar, si marcan las costillas o utilizan los músculos del cuello en cada respiración…) ya que esto es lo que realmente nos importa a los pediatras. Si vuestros hijos tienen tos y mocos, pero se encuentran bien y no les cuesta respirar, incluso aunque tengan fiebre, podéis esperar a que vuestro pediatra os atienda cuando tenga cita. Pero en el caso de que detectéis dificultad respiratoria debéis acudir a Urgencias sin demora.


Y hasta aquí este repaso a la tos y los mocos, síntomas que a buen seguro vuestros hijos tendrán más de una vez (y más de dos) a lo largo de la infancia.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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¿Por qué le pinchan vitamina K a los niños al nacer?

Recién nacido

Fuente: Pixabay

No sé si os habéis fijado que cuando nace un niño, al rato de que todo sean llantos de emoción y gritos de alegría, la matrona se acerca al retoño y le planta una inyección en medio del muslo. La mayoría lo recordaréis perfectamente, ya que lo habitual es explicar por qué se administra esta inyección, ya sea en ese momento o incluso antes del parto, pero puede que otros os estéis planteando si a vuestros hijos se la llegaron a poner después de nacer.

Si os encontráis en este último grupo, os invito a repasar los informes de alta del hospital y buscar si entre tanto dato técnico hay una frase parecida a esta: profilaxis con vitamina K. Me juego una mano a que la encontráis.

Los más estudiados sabréis perfectamente para que sirve esa inyección con vitamina K, pero si sois de los que no sabéis el porqué, permitidme haceros el spoiler de que esa simple inyección ha salvado la vida de muchos recién nacidos.

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